Declaración No soy dueña de ninguno de los personajes.

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Wicked Game

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Capítulo

II

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Go ahead and cry little girl

Nobody does it like you do

I know how much it matters to you

I know that you got daddy issues

And if you were my little girl

I'd do whatever I could do

I'd run away and hide with you

I love that you got daddy issues

And I do too

The Neighbourhood - Daddy Issues

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Los días transcurrieron con relativa normalidad para Sakura, entre el ajetreo de sus materias y algunas prácticas su tiempo se vio muy reducido, sin embargo, aún con todo su tiempo prácticamente consumido por todos sus deberes cotidianos su mente tendía a divagar hacía un asunto muy particular.

No había podido lograr sacarse de la cabeza a Uchiha Sasuke, o más bien las intenciones de este, se encontraba inquieta y nerviosa desde ese desagradable encuentro. Era la primera vez que trataba con un miembro de la familia Uchiha frente a frente y fue todo menos tranquilizador.

Sasuke no se había ido por las ramas y le dejó muy en claro que sabía quién era ella y que no la quería cerca de Madara.

Una sensación agobiante se formaba en el pecho de Sakura mientras más pensaba en ello y es que le era imposible no hacerlo. ¿Sería posible que ahora después de tanto tiempo quisieran intervenir entre Madara y ella?

Ambos eran personas adultas y tenían la libertad de hacer con sus vidas lo que les plazca, sin embargo existían muchos factores fuera de las manos de ambos que complicaban mucho las cosas entre ellos, y la familia de Madara era lo que más atormentaba a Sakura de cierta forma.

Ella podía dejar todo a un lado por Madara, pero él siendo un hombre tan importante como lo era, con toda una vida construida y llevando a cuestas grandes deberes, sería quien se viera más perjudicado.

Desde comenzó su relación con Madara ni una sola vez se había cruzado con algún miembro de su familia, ocasionalmente leía sobre ellos o más bien sobre la empresa familiar en algún artículo suelto pero nada más, ninguno de ellos tenía una vida pública llamativa, todo lo contrario, eran bastante discretos, lo que implicaba que tenían una imagen de la que cuidar.

Fueron escasas las veces que se atrevió a preguntar a Madara sobre el tema directamente, él se había encargado de brindarle una seguridad que hacía que nada más allá de ellos importara, claro que la curiosidad algunas veces se hacía presente, después de todo eran la familia del hombre que amaba y necesitaba saber más de ellos, pero se había vuelto una especie de tabú hablar sobre ello para Sakura.

Quizás también influyera la siempre presente inseguridad der ser la otra.

Con el tiempo Sakura fue olvidándose el tema, mas no faltaba ocasión para que alguna pregunta sobre ellos le viniese a la cabeza, entre ellas si acaso ellos sabrían de su relación con Madara, o si quiera conocían su existencia.

Después de su encuentro con el joven Uchiha le había quedado claro que sí lo hacían y que ni de lejos la aprobaban, al menos por parte de Sasuke y dudaba que algún miembro de los Uchiha no concordara con él.

Ella no podía esperar otra cosa ciertamente, era tan solo la amante de Madara y por más farsa que fuese su matrimonio con Mito o cuanto ella lo amara, lo que hacían no era correcto.

Sakura suspiró en lamento revolviéndose los cabellos con frustración, tenía tanto tiempo en el que no había pensado en esas cosas, lastimosamente era una realidad que no podía continuar relegando al olvido, no permitiría que esas inquietudes mermaran más en ella y se convirtieran en un problema entre ambos.

"¿Sucede algo?" Le preguntó Ino apareciendo de la nada frente a ella, aunque lo más seguro fue que no la había notado acercarse por estar tan abstraída en sus pensamientos.

La joven de larga cabellera platinada amarrada en una cola de caballo y con un flequillo cubriéndole parte del rostro tomó asiento frente a Sakura dejando su bolso sobre la alargada mesa de madera.

"No fuiste a nuestras dos últimas clases." Comentó curiosa, Sakura tan responsable como es no faltaría a sus clases sin una buena razón.

La pelirosa se puso inquieta cosa que Ino notó de inmediato.

Sakura había decidido rehuir de algunas clases al verse rebasada por sus inquietudes cuando ya no pudo concebir concentrarse correctamente entre tanta habladuría de los doctores, pero Ino no tenía por qué saberlo.

Dubitativa y con rapidez Sakura le contestó: "No, nada. Quería estudiar sola".

Ino bufó desconforme, apoyó sus antebrazos sobre la mesa reclinándose hacia adelante y esperó unos momentos más antes de hablar.

"¿Comenzaras a mentirme ahora?" Soltó con reproche.

La rubia se acomodó algunos cabellos tras su oreja para mirarla con más claridad, unos segundos bastaron para que hiciera un gesto con los labios molesta. Odiaba que le mintieran y era obvio para Ino que algo malo le había sucedido a Sakura; si no fuese así no se hubiese escondido en la parte más solitaria de la biblioteca -donde siempre iba a refugiarse- hecha toda un ovillo sobre la silla, con el rostro decaído y jugueteando con su bolígrafo sin siquiera prestar atención a los libros en la mesa.

"No te miento." Aseguró Sakura con más seguridad que antes para que Ino no comenzara a hacerse de ideas en la cabeza.

Ino era su mejor amiga, seguramente en otras circunstancias no hubiese dudado en contarle todo ni por un segundo, pero ahora no podía hacerlo, cuando algo estaba relacionado con Madara sabía que no podía contar con ella.

"Ho, vamos." Soltó incrédula " Tu rostro dice otra cosa" Ino la tomó de las manos sobre la mesa y las apretó suavemente. "Dime la verdad… ¿Él te hizo algo?"

Sakura frunció el ceño al instante.

"¡Ino!" Reprendió Sakura molesta y con un tono alto en la voz.

¿Por qué siempre tenía que hacerlo?

Ino no dejaba pasar una sola ocasión para de un modo u otro atacar a Madara, Sakura amaba a su amiga y le afligía esa actitud en ella; mucho menos deseaba molestarse con Ino cuando ella mostraba preocupación por su bienestar, aunque fuese a su forma.

"No dije nada." Aclaró la rubia alzando ambas manos para apaciguarla. "Algo te sucedió y no quieres contármelo, sólo puede ser por ese tipo." Comentó de malagana rolando los ojos.

"Por favor, no empecemos de nuevo." Suplicó Sakura desganada bajando los pies de la silla y soltándose del agarre de su amiga, lo que menos necesitaba ahora era que Ino y ella comenzaran una discusión.

La de cabello patinado observó cómo Sakura se hundía en el asiento, ahora el rostro de su amiga mostraba con más obviedad la tristeza en ella.

"Lo siento" Se disculpó con sinceridad, no deseaba mortificar a su amiga pero le era difícil contenerse para no soltar todo lo que pensaba de aquel sujeto. "Al menos dime si te pasó algo malo, quiero ayudarte".

Sakura suspiró resignada.

"Hace unos días alguien me dijo cosas desagradables." Admitió la pelirosa sin especificar mucho.

Ino comprendió, Sakura era puntualmente abordada por algún idiota, él o la cual había escuchado rumores sobre su relación con Madara, y ansiaban hacerle saber lo que opinaban sobre ella y así hacerle pasar un mal rato.

La Yamanaka había atestiguado de primera mano aquellos comentarios malintencionados y siempre que estuvo presente no dudo en salir en defensa de su amiga para cerrarles la boca.

"Ignóralos, ellos no te conocen, son un montón de imbéciles con mucho tiempo libre." Afirmó la rubia consolando a su amiga.

Sakura se mordisqueó el labio inferior deseando que en verdad fuese solo eso.

"Sabes como son, seguramente no volverás a verlo nunca más." Continuó intentando animar a su amiga.

"Eso espero." Deseó Sakura con todas sus fuerzas.

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La luz diurna entraba por las grandes ventanas de vidrio, a través de ellas se podía ver el centro de la ciudad, los edificios que se alzaban casi tan altos como en el que se encontraba, las calles congestionadas que parecían diminutas y uno que otro parque lleno de verdor en aquella gris metrópolis.

Él se encontraba dándole la espalda al paisaje que ya no albergaba nada curioso para sus ojos, su atención era acaparada por los papeles sobre su escritorio, mientras bebía café sentado cómodamente en su asiento tapizado de cuero negro.

Una vez terminó de leer hizo los papeles a un lado molesto, no fue de buen agrado lo que encontró en ellos pero su molestia ya venía de otra parte, los resultados que esperó conseguir al hablar con Sakura no le dejaron buen sabor de boca y no habia podido quitarse el mal sabor de boca hasta entonces.

De hecho, le había dejado contrariado, las expectativas que tenía sobre Sakura distaban de lo que la realidad le había mostrado, confrontarla tan directamente fue un error que tendría que enmendar de alguna manera, tenia que ser más sutil, más certero.

Claro que aún no debía dar por sentado nada, la experiencia le había demostrado que las remotas posibilidades albergaban grandes sorpresas y si bien Sakura demostró tener un verdadero interés por su tío todavía no podía, ni debía asegurarlo.

Ahora, el verdadero problema radicaba en que si la aparentemente inocente Sakura estaba realmente enamorada de Madara -que era inverosímil desde cualquier punto de vista que quisiese verlo- lo cual complicaría y por mucho el sacarla de su camino.

Una chica enamorada podía volverse un problema mayor que una simple caza fortunas que con el monto adecuado de dinero podía esfumarse con facilidad, además Sakura con plena convicción se negó a alejarse de Madara de buen acuerdo.

Sasuke agarró otros papeles de su escritorio que había dejado pendientes hace varios días, leyó las primeras líneas un par de veces, lo intentó de nuevo y se vio frustrado al no poder seguir en su trabajo porque el hilo de sus pensamientos divagaban hacia otras cosas.

Madara no era hombre cualquiera, reconocía que él mismo sintió una gran admiración y respeto por él cuando ara más joven.

Él representaba aquello en lo que deseaba convertirse, un hombre que doblegaba a cualquiera a su voluntad sin que nada le importara, él poseía todo aquello que cualquier hombre de negocios deseaba tener. No era la clase de hombre que se preocupara por nimiedades como una amante -aunque tuviese muchas- o que siquiera le importase alguna mujer en específico más allá de lo sexual.

¿Qué atractivo podría encontrar ella en Madara sino es su riqueza y poder?, algo fuera de eso era inimaginable pero ella, aparentemente, lo había logrado.

Bebió un trago de su bebida.

Sasuke decidió hacer sus reflexiones sobre Sakura a un lado, al fin y al cabo nada de eso terminaba importando cuando ya tenía decidido que haría con ella.

Ha, la pobre chica no podía siquiera imaginar lo que se le venía. Si tan solo aquel romance hubiese quedado como tal, sin representar un conflicto en sus intereses o los de Mito, pero ahora Haruno Sakura se había convertido en un objetivo que debía ser removido de sus vidas lo más pronto posible y sin importar el medio para lograrlo.

Pero debía de irse con cuidado, la sola idea de que Madara se en enterase de sus planes, hacía que un frio helado le recorriera la espalda como también una incitante sensación de reto.

"¿Dónde estuviste todos estos días?" Reprochó una pelirroja entrando a su oficina con toda la intención de buscar atención y la cual no se molestó en disfrazar su claro enojo.

"Ahora no, Karin."

"Ahora sí, yo tuve que hacer casi todo tu trabajo todo este tiempo." Informó altanera, poniéndose frente a su escritorio de brazos cruzados.

Sasuke resopló fastidiado, comprendía un poco la molestia de Karin pero tampoco estaba de buen humor para escucharla. Se frotó la sien recostándose un poco en el respaldar de su asiento. "Tengo una secretaria, no era necesario que hicieras nada". Le aclaró con obviedad y sin molestarse en verla.

Eran pocas las veces que la pelirroja lograba molestarlo o que se comportaba de esa manera, intrusiva, normalmente mantenía una estricta distancia con él y eso la hacía más llevadera que la mayoría de las mujeres con las que se relacionaba, a demás Mito era la madrina de Karin por lo que tenían que compartir cosas más allá del trabajo, su relación se había vuelto más estrecha por ello de cierta forma, pero no lo suficiente como para que ella intentara imponerse a él con sus caprichos y exigencias.

"Fue tu secretaria la que fue a buscarme, necesitaba autorizaciones especiales". Se justificó tomando asiento frente a él, determinada a quedarse. "¿Dónde estuviste?" volvió a preguntar con insistencia.

"No es tu problema, vete." Habló con voz firme para que comprendiera.

Karin continuó en su lugar firme y sin inmutarse, se acomodó un poco los lentes y habló: "¿Tiene que ver con esa chica, cierto?" Soltó burlona pero muy curiosa.

Sasuke dejó a un lado su casi apática actitud, Karin mencionó un tema que era escabroso incluso para ella. "Te dije que no es tu problema." Su voz se tornó más áspera y sutilmente amenazante. No le importaba lo que Karin hiciese o pensase mientras no se entrometiera donde no la llamaban.

"Lo es, tengo que recordarte que Mito es mi madrina." Continuó ahí, renuente a ser excluida o menoscabada por Sasuke.

Karin no se marcharía fácilmente, no al menos hasta que le dijera lo que quería escuchar. Se recordó una vez más que ella era muy importante para Mito y así no la sacaría de su oficina de mala manera.

"No te metas en mis asuntos."Le advirtió.

La pelirroja gruñó irritada, después de unos segundos se inclinó sobre su escritorio para quedar más cerca de él.

"Sasuke, mi madrina dijo que Madara está buscando una manera para divorciarse. ¿Eso es verdad?" Continuó indagando.

"No puede hacerlo" Le recordó.

"Pero si él quiere podría…"

"Es imposible." Recalcó completamente hastiado de la mujer frente a él.

"Buscaste a esa chica, eso para mí significa que ella es un peligro para mi madrina." Aseguró Karin convencida de que no se equivocaba.

"Mito está segura y eso es todo lo que te diré, ahora largo." Le ordenó señalando la puerta. "No hagas que te saque por la fuerza".

Karin rechinó los dietes insatisfecha pero no tuvo más alternativa que hacer lo que Sasuke pedía, ya encontraría ella misma una forma para saber lo que quería.

Una vez Sasuke estuvo a solas de nuevo y más molesto que antes cogió su celular y presionó un número del discado rápido, Karin no se quedaría quieta y debía asegurarse que no hiciera nada que lo perjudicase con el tiempo, no tuvo que esperar más de unos segundos para que contestaran.

"Ya no podías esperar más, he." Escuchó una voz burlesca y fanfarrona al otro lado de la línea.

"¿Ya tienes lo que te pedí?" Preguntó directo.

Escuchó un bufido antes de que contestaran.

"Dame un respiro." Se quejó. "¿No fue útil la información que ya envié?"

"Lo fue."

"¿Entonces cuál es la prisa?" Quiso saber.

"Nada que te interese, pero si Karin te pide lo mismo encárgate de que no lo tanga."

"¿La roja también está metida en esto?" Preguntó con más curiosidad.

"Suigetsu."Sasuke pronunció su nombre con advertencia.

"Bien, sí, ella no sabrá nada." Habló perezoso. "Y precisamente ahora te estoy enviando el resto de la información que pediste."

"Eso era todo." Se dispuso a cortar la llamada.

"Espera, Sasuke aún no pagaste mis honorarios. Soy un investigador privado y una de las razones por las que eres mi cliente favorito no es porque seas mi amigo, sino porque pagas bien." Reclamó, Sasuke por un momento pudo imaginarse al de ojos lilas con una sonrisa de oreja a oreja ante su comentario.

"Hmp." Colgó.

No perdió tiempo y encendió su laptop, ya le había llegado el correo electrónico de Suigetsu, por fin tenía todo lo que necesitaba saber sobre Haruno Sakura.

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En cuento escuchó el sonido de las llaves Sakura se levantó de un salto del sofá dejando caer el mando del televisor en la alfombra, a travesó toda la sala en pocos segundos justo a tiempo para brincarle encima al recién llegado, su pequeño pijama le permitió la libertad de envolver sus piernas desnudas en la cadera de Madara y rodear con sus brazos el cuello de este.

Él la sostuvo de inmediato abrazando su cintura con su brazo derecho.

"¿Y este recibimiento?" Se escuchó divertido.

"Es porque no te vi en todo el día." Canturreó alegre de por fin tenerlo en casa solo para ella. "Bienvenido a casa." Dijo mientras depositó un dulce beso en la comisura de sus labios.

El rostro de Madara se tornó relajado, cerró la puerta tras de él con el pie y con Sakura aún en sus brazos comenzó a adentrarse al departamento mientras ella continuaba donde cortos besos por su rostro y cuello.

Sakura se veía risueña a su lado, como si fuese una pequeña niña que acaba de recibir el mejor regalo de cumpleaños, sin embargo sus ojos brillantes estaban traslucidos, Sakura era tan fácil de leer que era imposible no saber cuando algo acontecía a su alrededor.

La llevó hasta la habitación que compartían donde la depositó en la cama con suavidad quedando encima de Sakura.

Él arremetería contra ella devorando los suaves labios rosados de ella, le quitaría esas dos delgadas piezas de tela de un tirón y la haría suya con toda la pación abrazadora que despertaba en él, más no lo hizo. La observó con calma, llevó una de sus manos a su fino cuello y con su dedo pulgar acarició su mejilla esperando paciente a que Sakura hablara.

"Dilo." Incitó Madara con voz profunda pero paciente.

"Yo…" parpadeó un par de veces "quiero" extrañamente las palabras no lograban formularse correctamente en su boca.

¿Por qué le era tan difícil hablar sobre ese tema en específico? ¿Sus inseguridades respecto a ello crecieron tanto?

Cuando la impotencia en el rostro de Sakura se tornó angustioso, Madara se apartó de ella dándole un poco de espacio, a Sakura no pareció gustarle aquello porque inmediatamente se abrió paso cerca suyo, acomodándose en sus regazo quedando a horcajadas sobre él.

"Hablemos después" pidió ella con ternura comenzando a desanudar su corbata.

Madara la detuvo en sus acciones tomándola con ambas manos el dulce rostro de la joven. "Si algo te molesta dímelo." No sonó demandante o a una orden, sino como una petición amable.

Sakura reafirmó su seguridad una vez más, porque ella podía sentir esa intangible fuerza que Madara y ella compartían, algo que le hacía saber que más allá de las palabras ambos estaban conectados.

"Estás en casa conmigo y eso es lo único que me importa ahora." Lo besó cerrando los ojos y entregándose por completo a él.

Madara la envolvió en sus brazos degustando el sabor dulzón en los labios de la pelirosa, la apretó contra su musculoso torso dejando que ella comenzara a desabotonar su camisa y aflojara la hebilla de su cinturón.

Esa noche Sakura nuevamente dejó a un lado sus dudas y preguntas, lo único realmente importante era que ella y Madara estaban juntos.

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N/A: Muchas gracias a todas aquellas personas que me dejaron un comentario, añadieron esta historia a sus favoritos y los que la siguen.