Sé que deben estar odiándome por no actualizar en meses, es que es estado trabajando en otras cosas y a veces simplemente se me olvidan cosas, perdón, no me vayan a golpear, por favor, ya me dieron con una pelota hoy en la nariz xD u.u
Los personajes no son míos, son de la maravillosa Stephanie Meyer, pero me los presta.
Todos creían que la vida de Renesmee Cullen era perfecta, capitana de las porristas, su novio el capitán de fútbol americano, tenía una de las mejores calificaciones de la escuela, todos querían ser sus amigos, los chicos babeaban por ella, mientras que las chicas la envidiaban.
Cuan equivocados estaban al pensar que su vida estaba, aunque sea cerca de la perfección.
Nadie lo notaba, ó tal vez lo hacían, pero simplemente no les importaba. Cada vez que se veía al espejo, se aborrecía cada vez más. Nunca podía estar conforme. No sabía por qué su novio estaba con ella, no era bonita, ni delgada, era lo que los demás deberían mirar, arrugar la nariz y marcharse. Esa era su opinión.
No tenía nadie con quién hablar. Sus "amigas" de lo único que podían hablar era ropa, maquillaje y de lo guapo que era el profesor de biología. A pesar de estar rodeada de gente, estaba sola.
No tenía salida, debía mantener su imagen de "abeja reina", de reina escolar. No importaba cuanto se quebrara por dentro, debía ser fuerte.
Quería ser como su hermano. Él había tenido toda una reputación en la escuela; chico malo, rompecorazones, problemático y, aunque pareciera imposible, alumno estrella. Y después de toda su rebeldía escolar, se convirtió en uno de los detectives más respetados —y codiciados por las solteras, e incluso algunas que ni siquiera eran solteras—. Orgullo de la familia y ejemplo a seguir.
Había pensado en tantas formas de encontrar una salida; auto infligirse heridas, vomitar, hacer dietas extremas, lo que sea. Era tan solo para ver que aún era humana. Aún haciendo todo eso, esa chispa no volvía.
Princesa de hielo. Así había sido como la había llamado su novio, Seth, la última vez que salieron. Lo había dicho al hecho de que Nessie había comentado que amaba patinar, pero para ella tuvo otro significado. Al detestarse tanto a ella misma, se había alejado de otros sentimientos, todo para ella era una actuación, frente a sus amigos, novio, familia, todos. Era solo una simple y retorcida actuación, merecía un Óscar. Era una princesa de hielo.
Estaba desesperada por sentir de nuevo una emoción, pero un día llegó su salvación. Había ido hasta las partes más peligrosas de Seattle, un chico de la escuela le había comentado dónde conseguir algo de droga. Ella primero se había resistido, ¿podría llegar tan bajo?
Mientras conducía calle abajo en su Audi r8 —regalo de cumpleaños número dieciséis—, tan sólo ya a dos metros del lugar, se pudo contestar. Llegaría hasta lo más bajo.
El barrio no era nada pulcro, se podía notar a kilómetros que allí ocurrían cosas para nada legales. Pero a ella eso le importaba un comino, tenía un solo propósito y estaba lista para cumplirlo.
Jacob Black. Ese era el nombre del proveedor. Por alguna razón su nombre le dio un tipo de sospecha, como una premonición. Decidió ignorar el sentimiento y concentrarse.
Estacionó su auto, tomó el dinero de su bolso Prada, se quitó las gafas de sol —no tenía ni idea de por qué las usó, pero según sus amigas eso era algo "genial"— y abrió la puerta del auto.
El edificio no era nada lujoso, gente entraba y salía, con la rapidez de que Lauren cambiaba de novio. Al caminar dentro del lugar, varios hombre se le quedaron mirando de una mirada tan pervertida, que daba nauseas. Se sentó en uno de los taburetes frente a la barra, mientras la camarera —que aparentaba unos dieciocho— servía unos cuantos tragos a los dos hombres que estaban sentadas a unos cuantos asientos de ella.
La camarera la quedó mirando. — ¿No eres un poco joven para venir a un lugar así? —preguntó. Eso la tomó por sorpresa. ¿Lo era? ¿Era demasiado joven? También podía ser demasiado joven, para perder la sensación de vivir y no sentir nada, pero aún así esa era su situación, lo que significaba que tampoco era demasiado joven para estar en ese lugar.
—Tal vez —respondió, mientras se encogía de hombros. La camarera la miró con cuidado. —Soy Bella.
—Renesmee —sonrió, por primera vez de verdad, hace tanto tiempo que no lo hacía, pero esa chica emanaba una sensación de cariño y comprensión. Lo que ella anhelaba con toda su alma.
Bella sonrió. —Lindo, pero ¿algo más corto? —preguntó con una pequeña sonrisa.
—Ness o Nessie, da igual —contestó, mientras que Bella asentía, quitándose un rebelde mechón de cabello castaño.
—Bueno, Ness ¿Qué haces aquí? No pareces el tipo de chicas que vienen a lugares como estos —comentó. Nessie esbozó una pequeña sonrisa. Aún, pensó.
—Estaba buscando a Jacob Black —dijo. Bella la miró con sus orbes cafés como platos, no podía creer que una chica así —de buen vestir, ropa cara— lo buscará a él. Aunque no era la primera niña rica que él "ayudaba", era la primera que parecía decidida y no demasiado ansiosa. Sus ojos cafés se encontraron con los pardos de ella, viendo así que no estaba mintiendo. — ¿Sabes dónde está? —preguntó, sacando del letargo a la mayor.
Balbuceó una respuesta, mientras indicaba una puerta oscura cerca de la mesa de billar. —Gracias—dijo, mientras se dirigía al lugar. Bella sólo esperaba que la muchacha recapacitara y se diera cuenta que estaba a punto de cometer uno de los peores errores de su vida. No lo hizo. Renesmee Carlie Cullen nunca cambiaba de opinión.
Renesmee caminó segura por la habitación hasta la susodicha puerta, ignorando todos los comentarios inapropiados que le decían. Cuando estuvo frente a la puerta iba a tocar, por educación, pero luego se dio cuenta que nadie tocaba en un lugar así. Entró sin más.
Había cientos de mujeres con prendas tan cortas que eran casi sólo pedazos de tela sobre su cuerpo. Todos se hablaban a gritos, no les importaba dejar sordo a la persona de al lado. Los que no gritaban hablaban a susurros, mientras intercambiaban bolsas ó cajas por dinero.
— ¿Qué quieres, nena? —le preguntó un tipo alto de complexión mediana. Su voz era dura, pero baja. Estaba fumando un cigarrillo, mientras una rubia con aspecto de prostituta estaba sentada en sus piernas.
—Busco a Jacob Black —respondió sin ningún rastro de duda o miedo en su voz. Él tipo la miró sorprendido para luego sonreír.
—En la parte de atrás. Es el que maneja todo aquí —respondió, mientras le besaba la espalda a la rubiecita. Ella no le dijo ni un "gracias" de respuesta, sabía que para esos tipos un "gracias", sería: "Ten sexo salvaje conmigo en mi auto".
Caminó sin fijarse de lo que la otras personas decía o hacían, solo podía pensar en encontrar a Jacob.
Mientras se acercaba al lugar que le habían indicado, escuchó la pelea entre dos tipos. Uno era alto, musculoso, con una larga coleta de caballo rubia y un atisbo de barba. El otro tenía el cabello castaño claro, un poco menos musculoso, pero de la misma estatura.
— ¡Vete al diablo, James! Si no traes el dinero, no es mi culpa —explicó castaño. James rechinó los dientes.
— ¡Púdrete, Riley! —espetó, mientras le daba un certero golpe en la mandíbula. Riley no se quedó atrás y le dio un puñetazo en el estómago.
Renesmee decidió avanzar, no quería quedarse cuando las cosas se pusieran peores; o sea navajas, pistolas ó botellas.
No estaba segura de cómo reconocer a Jacob, Alec le había dicho que lo reconocería en cuanto lo viera, que cada vez que él entraba ó salía de un lugar, la gente lo notaba irremediablemente.
Sin darse cuenta, ni saber cómo ocurrió, unos brazos fuertes y bronceados, se apoderaron de su pequeña cintura—Supongo que me vienes a ver a mí, ¿no? —preguntó, con un ligero toque de humor. Ness no sabía qué hacer, ningún chico se había tomado el atrevimiento de hacerle algo así, a Seth le llevó un mes en poder darle un beso en público.
Recuperando su compostura dijo: —Jacob, supongo.
—Dime Jake, dulzura —Casi podía ver esa maliciosa sonrisa. De un momento a otro la soltó, poniéndose en frente de ella. Su cabello negro como la noche era corto y caían unas cuantas gotas de agua de él. A pesar de su camiseta verde oscura se notaba su torso bien trabajado, sus jeans estaban rotos en las rodillas, traía una chaqueta cuero negra la cual tenía una pequeña parte quemada en el brazo. Sus ojos casi más negros que su cabello bailaban con ironía
—Me dijeron que vendías buena hierba —soltó sin más.
—Pues el que te lo dijo, tiene mucha razón —respondió Jake, sin ninguna pizca de modestia.
— ¿Cuánto? —pidió como si fuera una experta. El azabache dejó mostrar una deliciosa sonrisa con una fila de dientes derechos y blancos como perlas.
—Depende de lo que quieres.
—Dame lo mejor que tengas —Sonrió con un dejo travieso. —Sígueme —indicó, mientras avanzaban al lugar más recóndito de la habitación. Había varios muebles, algunos abiertos mostrando varios sobres con polvo blanco dentro. Cocaína. Él tomó uno de esos paquetes y se lo entregó.
—Quinientos —declaró, ella tomó un fajo de billetes de su bolsillo y se lo entregó, el los contó con cuidado sin quitarle la mirada a la oji-pardo. —Bien, bienvenida al paraíso.
Ella ya sabía cómo inhalar, Alec le había enseñado. No eran lo que se llamaban amigos, pero se llevaban bien. Se conocían hace ya tres años.
Abrió el sobre blanco, tomó la tablita que le había pasado Jacob, puso un poco de polvo en ella, en forma de línea. Selló el paquete y lo metió en el bolsillo de sus jeans ajustados. Tomó un billete —que había sacado mientras guardaba el paquete— y lo enrolló. Lo colocó sobre el polvo e inhaló profundamente.
Sintió como si su mente se despegará de su cuerpo, creía que estaba sola en la habitación, sintió pánico e histeria, pero luego estaba eufórica, daba saltos de alegría, mientras que Jake se reía, mientras fumaba un porro de marihuana.
Había tropezado con una silla, estaba a punto de dar con el suelo cuando Jacob la agarró. Sus ojos se encontraron, eran tan diferentes, pero iguales a la vez. No era como la primera vez que si vieron, esta vez estaban ambos drogados, pero había algo que no habían notado. Ese deseo que los embargaba a ambos, ese deseo por el otro. Y cumpliendo esa atracción sus labios se sellaron en un beso fiero y pasional. Terminaron en el sillón de la habitación con Nessie sentada a horcajadas encima de Jacob.
Y ella volvía a sentir, una sensación, esa chispa volvía. Pero tal vez no de la manera correcta.
¿Y…? Apuesto que no se esperaban un Nessie/Jacob, bueno espero que les haya gustado. En el próximo capítulo habrá más Bella/Edward ¡Sí!
