Capítulo 2

Malfoy Manor


De todos los lugares existentes que había en el mundo, no creí que Harry me llevaría ahí. Una enorme mansión, de seguro, una de las más antiguas y más lujosas de Inglaterra se alzaba en frente de mí, mostrándome más pequeña de lo que últimamente me sentía. Aquella casa me trataba como su siervo, como una persona dependiente de ella. Observé cada rincón de dicha casa, con total admiración, aún sin saber de qué se trataba todo esto.

- Harry ¿qué es esto? – pregunté ahora mirándolo a él, aunque me costaba verdaderamente girar la vista de tanta preciosidad que tenía enfrente.

- Ya verás – contestó con su aire tan jodidamente misterioso.

Entramos por las rejas, que se abrieron al instante en que ambos caminamos hacia ella. Quien fuese que viviera ahí, sabía que nosotros estábamos ingresando, o que al menos, Harry tenía la intención de llevarme ahí. ¿Quién sería la persona que viviera detrás de dichas rejas?

Al enfrentarnos a las puertas, leí sobre una placa completamente hecha en oro: 'Malfoy Manor'.

- ¿Qué hacemos en la casa de Malfoy? – pregunté con cierto indicio de enojo.

- Ya verás – volvió a contestar con una sonrisa de medio lado, traviesa. ¿Qué carajo le pasaba a Harry? ¿Qué tanto tenía para esconder?

Las puertas de roble de la casa se abrieron, una pequeña elfina nos dejó pasar con una sonrisa y nos pidió nuestros abrigos. Como presidenta de P.E.D.D.O, no deje que ella lo sostuviera, sino que lo colgué yo misma. A lo lejos, escuché una risita.

SU risita. Esa risa que tantos años había odiado, que tantos años me había maltratado, insultado, menospreciado. Sus pasos elegantes y aristócratas se escuchaban acercarse a nosotros.

- Veo que no has cambiado en nada, Granger - espetó Malfoy con esa voz llena de desprecio – Sigues siendo la misma estúpida de siempre.

- Malfoy, ¿Te acuerdas por que estamos aquí? – preguntó Harry frenando la serie de insultos que después de eso vendrían.

- Él lo sabrá, pero yo no – le dije molesta a Harry - ¿Qué se supone que hacemos aquí?

- Oh, pobre castorcito. No le han dicho el infierno que se le viene encima – se burló de mí. ¿Infierno? ¿De qué hablaba?

- Tranquila, Herms, estamos aquí. Porque él es tu única salvación - ¡Oh glorioso Dios, cuanta explicación! Creo que Harry notó mi mirada totalmente confundida que continuó su explicación – Tu tienes muchos problemas, yo era tu única salvación hasta hace dos semanas… me enviaron por unos cuantos meses a Afganistán.

¡¡¡ ¿Qué? !!! – Exclamé exaltada ante lo que me había dicho - ¿Qué dices Harry? ¡Afganistán!

Yo, yo que era la persona con mas genes muggles en esa casa, o mejor dicho, en esa mansión. Sabía lo que Afganistán significaba. Sabía las constantes guerras que se formaban en dicho país, y sabía los peligros que podría correr.

- Es una larga historia, Herms – dijo Harry intentando abrazarme pero me separé. Miré de reojo a Malfoy que nos miraba divertido y curioso – El ministerio muggle, pidió ayuda. Dicen que no soportan más las incesantes guerras que hay en su país. Que al parecer son producto de terroristas magos.

- No puedo permitir que te vayas ¿Qué si te pierdo? – Preguntó escandalizada – Eres lo único que me queda. No puedes dejarme.

Sollocé, y dejé que me abrazara. Escuché a Malfoy intentando contener la risa, pero no le presté atención. Me importaba un carajo que estaba débil frente al peor de mis enemigos. Harry me abrazó fuertemente, intentando que así me calmara. Sabía que él no podía no ir, era uno de los mejores aurores que existía.

- ¡Espera! ¿Por qué Ronald no va eh? ¡Que él vaya! Tu te quedas – dije emocionada ante mi idea, pero su cara me mostró que eso era imposible.

- Le han dicho que se quede… cuestiones de matrimonio y paternales – murmuró Harry sin atreverse a mirarme.

- Maldito idiota – murmuré entre dientes, ante la sorpresa de Malfoy – ¿Y por qué Malfoy? ¿Por qué no… otra persona? – lo miré con desprecio al susodicho.

- Después de la guerra que sufrimos todos, Malfoy cambió – dijo mi amigo mirándolo – Aunque sigue siendo el mismo patán a la hora de hablar – me susurró, a lo que Malfoy frunció el ceño – Pero yo sé que es una buena persona, o al menos eso me ha estado mostrando…

- ¡Espera! ¿Te estuviste hablando con él? – le interrumpí.

Harry me tomó del brazo y nos alejó de Malfoy, quería hablarlo en privado.

- No tanto, es decir, me empecé a hablar con él cuando me enteré lo de mi viaje… - ladeó la cabeza – Sé que te resultara extraño que yo éste diciéndote que te quedes con… él. Pero es la única opción que nos queda, mañana te quitarán tu casa, perderás tu trabajo. Malfoy tiene los ingresos para cuidar de ti, Herms. Por favor, hazlo por mí – me suplicó mientras levantaba sus gafas que se habían resbalado unos centímetros por su nariz.

Noté la característica cicatriz que tenía en su frente. Nunca la había mirado con estos ojos, se veía tan flameante, tan única. Era única de por sí. Miré a sus ojos, y no pude aguantarme.

- Está bien, si tú dices que ha cambiado. Confío en ti – dije rendida. Si no me queda otra – Pero me prometes que me escribirás todos los días, que todos los días me contarás que pasa. Si un día no llegas a escribirme, viajaré a Afganistán. ¿Entiendes? – le ordené señalándolo con mi dedo índice como si estuviese retándolo.

- Haré todo lo que me pidas – me sonrió y me abrazo fuertemente – Aquí están tus maletas – hizo un movimiento con la varita que acababa de sacar de su bolsillo y toda mi muda de ropa, y cosas importantes estaban ahí. Me pregunté cómo sabía que era lo que más quería traer.

- ¿Ya te irás? – pregunté.

- Salgo mañana antes del amanecer, quiero estar con la mejor energía – me explicó él, mientras me daba un fuerte abrazo de despedida. No pude evitar no llorar, mi único amigo en esos momentos estaba yéndose, lejos, por mucho tiempo. Pero eso no era lo peor, tenía que sufrir yo sola el casamiento del amor de mi vida y a la vez, vivir con la persona más estúpida de la tierra, Malfoy – Cuídate – me susurró al oído y dejo un beso en mi mejilla – Tú, cuídala. No quiero enterarme de nada, Malfoy – le dije apuntándolo con el dedo. Él solo se dignó a rodar los ojos.

Harry dejó la casa. Dejó la casa, dejándome con mi peor pesadilla. ¿Cómo iba a sobrevivir así? Pero si pensaba el lado bueno e interesado, Harry tenía razón. Él podía mantenerme.

- ¿Te quedarás ahí parado toda la noche? ¿O piensas al menos enseñarme mi cuarto? – pregunté de mala gana, mientras me acercaba hasta una escalera de mármol suponiendo que por allí serían las habitaciones.

- Por supuesto que te mostraré tu habitación, pero también debo dejarte unas cosas en claro… - dijo con su total aristocracia mientras pasaba por al lado mío interponiéndose en mi camino – Nunca, pero nunca, se te ocurra entrar en mi habitación… que ya te la mostraré – dijo al ver que yo estaba a punto de replicar la localización de dicha – Tampoco, se te ocurra entrar en mi escritorio personal – dijo esto un poco más serio. ¿Qué tendrá tanto ahí? – Y por último, te censuro también la entrada a… ésta habitación – señaló la primer puerta del lado izquierdo al llegar al segundo piso.

La puerta que había señalado, estaba perfectamente. No tenía un solo rasguño. Pero estaba llena de candados y de seguro de millones de hechizos protectores. ¿Qué habría del otro lado? Mordí mi labio comiéndome la curiosidad que tenía.

Malfoy siguió caminando y para no parecer tan curiosa lo seguí. Pasamos no sé cuantas puertas, hasta que frenó en una.

- Esta será tu habitación. La de al lado, es la mía – me comunicó mientras la señalaba – Espero que no seas dormilona, los elfos preparan el desayuno a las 9 de la mañana en el salón principal. El almuerzo se da únicamente a las 13 horas y la cena a las 21 horas. Espero que estés puntual y espero que en la hora del desayuno aparezcas con ropas decentes – dijo sin mirarme siquiera.

¿Qué se creía que era este tipo? ¿Mi madre?

- Escúchame, yo tengo mis horarios… - empecé a hablar pero me frenó.

- Pero es MI casa – recalco el MI – Así que se hará lo que yo quiera. Hasta la cena.

Anunció y desapareció por el pasillo. No sabía que coño podía hacer ahora, pero lo que más estaba ansiando era darme una buena y refrescante ducha. Malfoy parecía del prototipo de tener las mejores duchas existentes. Tal vez, no la iba a pasar tan mal ahí. ¿Por qué no aprovechar un poco de éstos lujos?


Disculpen la tardanza. Como avisé igual en mi perfil, tenía problemas con fanfiction, que siempre que la abría me aparecía un virus y no podia entrar. Ahora, les dejo este capítulo. Espero sepan disculparme.

Sookie.