Capitulo 2: Sueño.

Cuando despertó, solo recordaba un par de ojos dorados, la lluvia, el incesante dolor de cabeza y lo mareada que se sentía, abrió completamente los ojos y observo á su alredor; estaba en su habitación, pero, ¿Cómo había llegado ahí? ¿Acaso todo fue un sueño? No eso no podía ser un sueño, aun sentía el dolor agudo en su tobillo, trató de levantarse, pero el dolor en su cien, se hizo notar haciendo que kagome cayera de nuevo a la cama; en ese momento entro Kaede ala habitación, mientras se posaba a su lado preocupada por su estado; tocó su frente y sus mejillas, sintiendo el calor que ellas emanaban.

-¡OH por díos!, al fin has despertado- exclamo alegre su nana con una gran sonrisa en su rostro, pero seguía preocupada por la fiebre que ella tenía.

¿Que…que ha pasado? –pregunto con algo de dificultad, tratando de enfocar sus ojos en el rostro de su Kaede.

¿Pero es que no recuerdas, querida?- otra voz se hizo notar de entre ellas dos, haciendo que kagome fijara su vista en la recién llegada.

¿Kikyou?-dijo algo contrariada por ver a su hermana ahí.

He estado aquí porque nuestro padre me lo ha pedido, no por otra cosa… -contestó molesta volteando el rostro hacia otra parte.

Pero aun no se que me paso.. –hablo ella mas para si misma que para sus dos acompañantes, que la miraban algo preocupadas.

Será mejor que descanses pequeña , después hablaremos.. –dijo Kaede acariciando su negro flequillo.

El sueño se fue apoderando de ella lentamente mientras cerraba los ojos; viendo como las siluetas salían de la habitación.

La suave brisa de la tarde acariciaba sus azabaches cabellos y también los de su acompañante. Dirigió su vista al joven que se encontraba a su lado mirándolo atentamente, de inmediato centro sus ojos en los dorados de el, que parecían querer hipnotizarla y envolverla; su vestimenta era de un rico hacendado y su largo cabello negro se movía con gracia por el aire, de repente lo miro acercarse, tomarla por la cintura suavemente, en ese momento ella se estremeció entre sus brazos, el rostro de aquel joven se empezó a acercar al suyo lentamente, cerrando los ojos.

Fue entonces que despertó, con las manos en su corazón completamente alterada, sintió los fuertes latidos de el y el temblor de su cuerpo se levanto sin importarle el dolor de su tobillo mientras se dirigía al baño. Ya ahí se desvistió metiéndose ala tina con agua fría ya que a ella no le importaba; tomo la ducha para tranquilizar su fiebre, y el dolor que sentía en el pecho…

Un chico de ojos dorados y larga melena oscura comía despreocupadamente, dirigiendo sus ojos ala ventana que se encontraba enfrente, mirando el paisaje ya estrellado de allá afuera. De las sombras salió un hombre robusto y un poco jorobado, caminando con un bastón en su mano derecha, con los mismos ojos dorados. Se sentó frente su hijo mirándolo seriamente.

Inuyasha, hijo… -comenzó aquel hombre; El joven paró de comer y para ver el rostro de su padre.

¿Qué pasa, padre?

Ya sabes que no quiero problemas con nuestra estadía de nuevo en Japón, como la vez pasada… ¿me entiendes? – hablando con un tono autoritario, logrando en el joven una cara de fastidio, mientras sus ojos tornaban un color mas oscuro.

No se preocupe… no volverá a pasar… - contestó él secamente; desviando su mirada de la de Inu no Taisho.

Dije esto, por que le pedí a un viejo amigo mío, que los hospedara como visitantes en su hacienda a ti, Inuyasha y a tu hermano. – Inuyasha abrió sus ojos dorados enormemente, no entendiendo aun el significado de las palabras que su padre Inu-Taisho, le decía.

¿Con que objetivo? – preguntó sin más Inuyasha. Su voz aguda y segura como siempre, ésta vez sonó irritada pero también sorprendida, presentía que algo grande planeaba el viejo,

Conocerás a las hijas de Haru Higurashi… ¡no preguntes para que! – El viejo Taisho salió de la habitación, dejando al menor de sus hijos, completamente sorprendido, pero a la vez turbado, preguntándose en que pensaría su padre.

Continuara…