~ Todo queda en familia (SasuHina)
Genero: Humor/Romance
Categoría: M
Aviso: Este fic es Anti-Sakura. Contendrá bastantes bromas pesadas y alto nivel en lemon y lime. Naruto no me pertenece y Sasuke tampoco… aun, solo la trama de la historia.
oOoOoOoOoOoOo~ Todo queda en familiaoOoOoOoOoOoOo
- ¿Una de bromas? –
No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles,
pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas.
- Seneca -
Se levantó de la cama cogiéndose de la cabeza. El dolor punzante no le dejaba pensar con claridad. La noche anterior se habían pasado con el vodka y él no estaba acostumbrado a eso. Casi nunca bebía y cuando lo hacia, la resaca solía ser monumental. No tenia el mismo estomago que su hermano pequeño, el cual solía salir a menudo y a la mañana siguiente estaba de lo más normal.
Se levantó de la cama, tratando de no marearse en el intento. Sintió las nauseas ascender por su garganta y dejarle un sabor raro en la boca. Se preguntó como estaría Hinata. Ella había bebido un par de cubatas, no tantos como Sasuke, el cual había aparecido con Hanabi un poco más tarde pero se había unido a beber con ellos.
Neji lo había estado mirando con rencor toda la noche y había soltado un par de comentarios bordes de una forma poco sutil referidos a él, pero su hermanó los había ignorado.
Realmente se había divertido. Tanto Phillipe como Kiba habían resultado ser simpáticos y con un gran sentido del humor, aunque admitía que ver a la mayor de los Hyuga con las mejillas sonrosadas por el alcohol y riendo con los ojitos cerrados mientras se metía con su hermano no había tenido precio.
FLASH BACK
-Mi cabeza… - Vio como se cogía las sienes con una de sus manos y en la otra zarandeaba los tacones. Sus pies descalzos estaban sobre el camino de piedra.
-Te dije que no bebieses. – Neji la ayudó a enderezarse y dejó que se apoyara en el para caminar. - ¿Te da vueltas? – Se refirió a la cabeza.
-Ie… - Se encogió de hombros. – Yo estoy aquí pero mi cabeza esta allí…
Sasuke bufó con sorna al ver el estado en el que se encontraba la peliazul mientras Hanabi encendió la cámara, murmurando algo así como "tengo que grabar esto…". Neji cogió a Hinata en brazos y se la cargó como un saco de patatas. La chica se limitó a quejarse de una forma débil mientras apoyaba su codo en la espalda del castaño y su mano sujetaba su barbilla. Con su mano libre, seguía jugando con el par de tacones mientras Hanabi iba tras ella grabándola y riendo.
-¿Queréis callar? – El Hyuga advirtió a la menor. – Es tarde y se supone que estarán durmiendo.
-Shhhh. – La peliazul trató de mover su cuerpo para mirarlo a la cara. – No seas amargado y deja que nos divirtamos.
-Creo que ya te has divertido hoy Hinata. – La picó.
-Ese comentario era totalmente innecesario. – Se veía el esfuerzo que la ojiblanca hacia para no trabarse con las palabras.
-Tu si que eres "totalmente innecesaria". – Sasuke la miró aun sonriendo de lado, regalándole esa expresión altanera y orgullosa.
-… Cállate capullo.
La chica lo miró seria y Neji le apretó las piernas, en un intento de silenciarla y buscó en sus pantalones las llaves de la casa. Abrió la puerta y la empujó con un pie, pasando al interior y esperando a que pasaran todos. Phillipe se quedó en la entrada, sentado en el suelo y cogiéndose la cabeza con ambas manos alegando que esperaría al Hyuga. El ojiblanco calculó mal la distancia entre él y la pared entre la oscuridad y golpeó a Hinata sin querer en la cabeza.
-¡Auch! – Se quejó. – Eso dolió…
-¡Shhhh! – Sasuke intentó molestarla.
-¡Shhhh! – Lo imitó de una forma pésima. – Vas deshincharte…
-Cállate. – Le ordenó.
-¿Qué dijiste? – Sonrió. – Me distraje con tu pelo.
-Zorra. – La insultó.
-Proyecto de "moco". – Cerró los ojos y se rió mientras Neji subía las escaleras con ella sobre sus hombros. – Eres un idiota y un capullo. – Continuó. – Y tienes cara de amargado. ¿Has probado a hacer vida social?
-Hinata… - Itachi trató de llamarle la atención, intentando callarla para que las represalias no fuesen muy grabes al día siguiente.
-Ni "Hinata" ni "Hinato". – Alzó la barbilla. – Tu hermano es un raro. No habla, no hace amigos… ¡No sonríe! – Neji acabó de subir las escaleras y caminó por el pasillo, siendo seguido por los demás. – Es la persona con menos expresión facial que he conocido.
-Tu eres la persona más inútil que he conocido.
-Ese no es el punto… - Canturreó.
El menor de los Uchihas llegó a su cuarto y abrió la puerta, lanzando la corbata al suelo y quitándose la camisa. Neji entró al cuarto de Hinata y la dejó sobre la cama, haciendo que su cuerpecito rebotase un par de veces.
Itachi entró a su dormitorio y se quitó la chaqueta, dejándola sobre la cama y girándose para cerrar la puerta. Pudo ver como Hanabi lanzaba sus pequeños tacones a un rincón y trataba, con gran esfuerzo, bajar la cremallera de su vestido color champán.
FIN FLASH BACK
Se puso los pantalones del pijama antes de salir al pasillo. Supuso que exhibirse en boxers no seria una forma adecuada de empezar el dia.
Abrió la puerta y la claridad del dia le dañó los ojos. La habitación de Hanabi estaba abierta y vacía. Se preguntó que hora seria y si él era el único que todavía dormía.
Al final del pasillo, vio a la peliazul subida a una silla, tratando de atar un hilito a un pequeño recipiente de plástico que colgaba de la parte superior de la puerta. Aquello no fue lo más raro, sino que la palidez de su cuerpo era de un tono anaranjado. La chica se giró al escucharlo. El pantalón e pijama a cuatros en tonos azules y la camisa negra de tirantes anchos le hubiese sentado bien de n ser por el nuevo "bronceado"
-Tu hermano puso azafrán en la ducha. – Le informó para aclarar la situación al ver su mirada confusa. – Muy astuto…
Lo último lo dijo para ella misma. Acabó de atar el hilo al plástico y se bajó de la silla, metiéndola en su dormitorio y cerrando la puerta. Corrió hasta donde estaba el Uchiha y tiró de él, empujándolo dentro de su dormitorio y colándose ella dentro. Dejó la puerta entreabierta, lo suficiente como para poder ver la ejecución de su obra. Itachi se apegó a ella y trató de hacer lo mismo.
-Exactamente… ¿Qué hacemos? – Preguntó aun adormilado.
-Trabajo de investigación. – Sonrió la chica.
La puerta del baño se abrió y salió Sasuke con una toalla atada a su cintura. En cuanto puso un pie fuera del baño, rozó el fino hilo que tiró del recipiente. El pequeño tarro se volcó por encima de él, haciendo que unos polvos callasen por su pecho y espalda, manchando un poco de su rostro. Al entrar en contacto con la humedad del agua, todo adquirió un tono azul cielo, tintando su piel de la misma forma que Hinata tenia la suya.
El grito de rabia se escuchó por todo el pasillo y Hinata cerró la puerta sin hacer ruido, apoyando su espalda en ella y quedando de frente con Itachi. Ambos se tapaban la boca para no reír, cortando su respiración y aguantando la asfixia que sentían.
Se escuchó al menor de los Uchiha abrir las puertas de los dormitorios, todas menos las de Itachi. Los pasos se alejaron y bajaron por las escaleras. Cuando ya no se escucharon, los dos estallaron en carcajadas sin poder contenerse más.
-Remuérdame que nunca me meta con tigo – Dijo aun riendo.
La chica se cogió el estomago, tratando de parar sus risas. Aquello solo era uno de los pequeños momentos de diversión que tendría durante aquel dia… pero de la misma forma que reía, sabia que le tocaría gritar cuando Sasuke riera a su costa.
Hanabi subió sus pies al sofá y acomodó el portátil sobre su regazo. Había estado toda la mañana tratando de hacer un montaje con las imágenes que había grabado durante la boda y el banquete para regalárselo a su padre. No pretendía ser amable i nada por el estilo, sino hacerle sentir culpable.
En barias de esas imágenes, se veía claramente como Hinata trataba de hablarle en varias ocasiones y él la ignoraba, cogiendo a Mikoto y bailando con ella. Lo mismo sucedía cuando ella se acercaba con la intención de grabar algo para que él saliese.
-¡¿Dónde está?! – Sasuke apareció frente a ella, con la toalla enrollada a la cintura y el cuerpo azul cielo. La pequeña estalló en risas incontrolables y trató de asfixiarlas con un cojín. - ¡Contesta!
-Subió hace unos minutos. – Trató de contestar ante la desesperación del chico.
-¡Arriba no está!
-¡No me grites pitufo! – Lo insultó.
El Uchiha estuvo a punto de golpearla, pero las risas lo detuvieron. Hinata e Itachi bajaban por las escaleras, hablando y riendo animadamente. La castaña pareció tan desconcertada y furiosa como él.
-¡¿Qué crees que haces?! – Gritaron ambos.
-No grites Hanabi. – La reprendió la peliazul.
-Ves a vestirte Sasuke. – Itachi aguantó la risa, tratando de no aludir su nuevo aspecto.
-¡Hinata! – La menor se levantó y corrió hacia ella, tirando de su brazo para separarla del pelinegro. - ¡Estas relacionándote con el enemigo!
-¿Enemigo? – Itachi las miró extrañado.
-¡Eso es lo que eres! – Le gritó. - ¡Lo que sois! – Añadió señalando también a Sasuke.
-¡Y tu eres un mounstro! – Itachi le gritó y tiró del brazo de Hinata, volviéndola a poner a su lado.
-¡Ita! – La chica se quejó. – No hables así a mi hermana.
-¡¿Ita?! – Gritaron los dos menores.
-¡Esto es el colmo!
Hanabi salió del comedor airándose de los cabellos, queriendo arrancárselos como si fuesen los de su "querida" hermana. ¡¿Cómo se le ocurría?! Cuando las dos estuvieron en la caseta, aparentó querer librarse de esos dos, pero claro… Itachi no le había hecho nada. ¡Eso era injusto! No solo tenia que aguantar con buena cara que su padre y esa mujerzuela estuviesen casados y trataran de formar una familia perfecta, sino que ahora tenia que aguantar el que su hermana se llevase bien con uno de ellos y aceptara la situación.
Llegó a su dormitorio y se arrojó sobre la cama. Hundió su rostro en la almohada y la mordió. Apretó sus dientes en la tela y tiró de ella, queriendo rasgarla como ella sentía que estaba por dentro. Escuchó los pasos amortiguados de Sasuke en el pasillo. Lo vio pasar con su toalla en la cintura y goteando aguan en el piso.
Lo admitía. Ese chico era asquerosamente guapo. No solo eso, se atrevería a decir que era podidamente sexy, pero jamás lo admitiría en voz alta.
Entró en su cuarto furioso. Ahora su hermanito se llevaba bien con aquella niña malcriada y mocosa. No entendía como habían llegado a aquella situación, pero si algo tenia seguro es que iba a vengarse nuevamente. Arrojó la toalla sobre la cama y buscó en uno de los cajones unos bóxers.
Buscó unos pantalones mientras maquinaba alguna otra jugada con la que enfurecer a la peliazul. La puerta se abrió de golpe y entró la esquizofrénica de su otra "hermana".
Se preguntó por un momento que hacia una niña de dieciséis años en la habitación de un chico semi desnudo de diecinueve. No es que la chica estuviese mal, sino que no era su tipo. Demasiado loca para su gusto…
-Mira, tu no me caes bien y tu a mi tampoco. – Se cruzó de brazos.
-Menudo descubrimiento. – Le dijo con sorna. - ¿Te han ayudado o lo has sabido solita?
-¡Cállate baka! – Gritó. - ¡Los has visto tan bien como yo!
Supo a que se refería. La ignoró por completo, no estaba de humor para aguantar sus rabietas. Cogió un pantalón vaquero de un tono oscuro y comenzó a ponérselo, sentándose sobre una de las esquinas de la cama para no tener que dar saltitos ridículos.
-Sasuke mírame… - Le pidió. – Esto es serio.
Levantó su oscura mirada, mirando fijamente la blanca. Notó la diferencia entre esa y la de Hinata. Los ojos de la castaña tenían algo extraño entre dolor y furia contenida. Algo difícil de explicar en pocas palabras… en cambio, los de Hinata le habían parecido extraños desde el primer momento. Eran fríos a pesar de que siempre estaba sonriendo, eran tristes aun cuando reía a carcajadas… eran ojos vacíos.
-Sabes que esto no está bien. – La chica se apoyó en la pared y pasó las manos por su rostro. – La idea era separar a nuestros padres y que cada uno continuase con había estado hasta ahora… - Lo último lo dijo en un susurro.
-Están de luna de miel, por si lo has olvidado. – Recalcó. – Felizmente casados y pasando el día en Miami como la pareja ideal.
No se dio cuenta del tono enfadado que había adquirido su voz. Se abrochó el pantalón y fue al armario para buscar una camisa. Por un momento se miró en el espejo y se vio a si mismo en azul. Le dieron ganas de romper aquel asqueroso reflejo de un puñetazo.
-Pero pueden separarse. – Apuntó la morena.
-Te deseo suerte.
-¡Ie! – Gritó. - ¡No hay suerte que valga si Hinata y tu hermano se comportan como amigos! ¡Sin discusiones no hay problemas! ¡Y sin problemas no hay separación!
La idea de la niña no parecía tan idiota. Se giró para mirarla detenidamente. Sus pies descalzos tenían un tono rojizo, parecían helados a simple vista. Sus piernas delgadas y flacas no estaban del todo mal, acordes con su edad y su tamaño… pero el estúpido camisón rosita le dañaba la imagen seriamente.
-Te escucho…
Hanabi dibujó una sonrisa en sus labios y reprimió las ganas de abrazarlo. No por vergüenza, sino por respeto hacia ella misma. Ese Uchiha era su enemigo. Una pequeña alianza entre ellos no cambiaria eso nunca… y cuando llegaran a su objetivo, ambos volverían a tratarse lo mínimo posible.
Se llevó el baso de zumo a los labios, notando el dulce sabor de la fresa. Apoyó su barbilla en sus manos y estiró sus piernas, quedando su cuerpo semi apoyado en el banco de la cocina. Miraba por la ventana el precioso jardín trasero y como las rosas se habían abierto, dando un bonito espectáculo a la vista. Itachi estaba sentado a su lado, bebiendo de su café y ojeando el periódico.
-¿No te parece raro? – Preguntó. El chico levantó la mirada y vio el perfil de la peliazul. – Silencio…
-Estarán planeando como matarnos. – Sonrió divertido. – Aunque creo que mi Ototo tiene más interés en matarte a ti.
-Tu Ototo es un simpático. – Dijo con tono irónico. – Ya son dos días divertidos junto a él. – Dijo de forma soñadora. – Si aguanta hasta mañana… puede que piense darle una oportunidad.
-¿Oportunidad?
-Aja… - Movió su cabeza afirmativamente. – No encuentro todos los días a alguien que me devuelva las bromas.
Itachi la miró sonriente. Se sentía feliz. Era una sensación rara la que sentía… como la de formar una familia. Las dos hermanas Hyugas habían dejado huella en él de una forma graciosa y terrorífica a la vez. No había sentido aquello en mucho tiempo, la plenitud… como de sentirse parte de algo…
Se escucharon las risas. Escandalosas y discretas a la vez. Los dos se miraron desconcertados a la vez, como tratando de buscar la respuesta de aquel extraño suceso en los ojos del otro. Algo no iba bien… o no iba a ir bien.
La peliazul cruzó la cocina, queriendo ver que era lo que tanta gracia hacia a las dos voces que no paraban de reír. Grabe error… se dijo.
Un bote de polvos de talco se estrelló contra su rostro, para su desgracia abierto. Su cabello aun mojado quedo embadurnado por aquellos polvos, completamente sucio y enmarañado.
-¡Gomen Onesan! – Hanabi se acercó a ella corriendo. - ¡Iba a tirárselo a Sasuke demo… tu apareciste! – Trató de excusarse.
En realidad lo había echo a propósito. Había esperado el momento justo para lanzarlo y dar de lleno en la cara de su hermana. La ojiblanca suspiró y se pasó las manos por la cara, quitándose los polvos de los ojos y abriéndolos, enfocando a su hermana y analizando su rostro.
La castaña dio gracias de ser buena actriz, ya que su hermana mayor solo había sonreído de una forma cansina y le había manchado la mejilla con los polvos, diciéndole que no pasaba nada.
La vio subir las escaleras, tal vez para ir al baño y lavarse los cabellos de nuevo. Sonrió de lado, ahora le tocaba el turno a Sasuke…
-¿Qué ha pasado? – Itachi asomó la cabeza por el marco de la puerta.
-Hinata va a la ducha porque se me cayeron los polvos de talco sobre su cabeza… - Murmuró con falsa tristeza. – Me ha pedido que limpie su guitarra… ¿Vienes? – Le sonrió.
-… ¿Quién eres tu y que has hecho con Hanabi? – Preguntó de forma neutral.
-No se a que te…
-Claro que lo sabes. – La interrumpió. – Te comportas amable.
-Bueno… nuestros padres ya se casaron… no tiene caso hacernos la vida imposible.
El pelinegro la miró con una ceja levantada. Aquello era cierto. Ya no le veía el caso que se molestaran unos a otros. Suspiró y se encogió de hombros, siguiendo a la niña hacia el dormitorio de Hinata.
Entró al baño, quitándose su camisa y sacudiendo su cabeza con fuerza. Los polvos de talco cayeron al suelo en su mayoría. Se miró de reojo al espejo. Toda su cara era blanca como la nieve y sus cabellos del mismo color a trozos.
Rió sin darse cuenta. Le daba risa su propio aspecto. Cuerpo anaranjado, cara blanca y cabellos entre blanco y gris azulado.
Se soltó la goma del pantalón, dejando que cállese al suelo por inercia y lo movió hacia la esquina con su pie descalzo. Abrió el agua de la ducha y giró el grifo hasta ponerla tibia. Se separó un poco del baño y se llevó las manos a la espalda, tratando de quitarse el sujetador. Notó algo rozar su pie, pero lo ignoró. Estaba concentrada quitándose la dichosa prenda. Nunca le había resultado fácil, siempre se tardaba horas en ponérsela o quitársela.
De nuevo notó esa cosa blanda y suave rozar su pie, esta vez, por la zona del tobillo. Trató de buscar al causante con los ojos, pensando en patear la prenda de ropa que estuviese desconcentrándola de su tarea. Sus ojos se abrieron y un escalofrió recorrió su cuerpo.
-¿Estas segura de que Hinata lo pidió? – Preguntó el moreno cogiendo la guitarra.
-Claro… Onesan lo dijo claramente. – Puso una mano en sus caderas u con su otra mano, levantó un dedo como si tratara de imitar a su hermana. – Quítale las cuerdas y pásale toallitas húmedas por la madera.
-¿Toallitas húmedas? – Miró el paquete que había sobre el escritorio de la peliazul.
-Ella lo pidió. – Se encogió de hombros y salió, dejando al Itachi solo ante el problema que se le venia encima.
El pasillo estaba desierto. Se oía a Hinata en el baño, tal vez cambiándose. Notó una mano enterrar los dedos en sus hombros con muy poca delicadeza y tirar de ella hasta meterla dentro de la otra habitación.
-¿Ya está hecho? – La voz de Sasuke siempre sonaba tan seria u neutral…
-Hai… Hice mi parte. ¿Y tú? – Levantó una ceja. - ¿Cómo harás para que Hinata salga del baño?
El chico sonrió de lado, dejando ver sus dientes en una expresión maliciosa.
Un grito salió del baño y los dos cerraron la puerta con rapidez. La peliazul salió gritando del cuarto de baño mientras una pelusa gris la seguía con rapidez. Corrió por el pasillo hasta llegar al final, viéndose sin salida. Botó a la enorme rata que Sasuke había metido en el baño y correteó a su cuarto. Se encerró en él, dando saltitos y tratando de quitarse la sensación del tacto de aquel asqueroso bicho de cloaca sobre su pie.
-Ejem…
Se giró sobresaltada, viendo a Itachi con su guitarra en las manos. El susto y la sensación de pánico se esfumaron de golpe, siendo sustituidas por la furia. Ni siquiera le importó ir en ropa interior, ni que Itachi la mirara completamente desconcertado y con las mejillas un poco rosadas.
-¡Suéltala! – Le gritó, tapándose con las manos su cuerpo.
-¡¿Nani?!
-¡Suelta mi guitarra!
-¡Tu me pediste que le quitara las cuerdas! – Le declaró.
-¡Yo no hice tal cosa! ¡Mi guitarra solo la toco yo! ¡Es mía!
Corrió hacia él, arrebatándosela de las manos y tapando su cuerpo con ella, o al menos intentándolo. El Uchiha estaba más desconcertado que nunca. Primero la chica le pedía que hiciera algo, luego entraba semidesnuda y le gritaba. Nadie entendía a las mujeres…
-Al menos déjame que…
-¡Ie! – Le gritó. - ¡Sal! ¡Vete!
Aquello colmó su paciencia. Había tratado de ser amable y ella continuaba gritándole. Le gruñó un "muérete" y salió de la habitación, dando un gran portazo. Aquello no se lo perdonaría, había demostrado ser tan cría como su hermana, igual de histérica y puede que incluso bipolar.
-¿Te atreviste a meter una rata en mi casa? – Hanabi lo miró con asco.
-No la llames así. – Metió el bicho en una pequeña caja de zapatos y la cerro. – La vas a deprimir.
-No me toques las narices Uchiha…
-Puedo hacer lo que quiera. – Le comentó. Ellos ya no se llevan bien y nuestro trato ha finalizado. Así que sal si no quieres que mi amiguita visite tu cuarto.
Aquello la intimidó más que cualquier otra cosa. Se apresuró a coger el pomo de la puerta y salir al pasillo, pero nuevamente el chico la detuvo, esta vez llamándola por su nombre.
Lo miró a los ojos, no encontrándose con aquella frialdad a la que se había acostumbrado, sino a algo muy diferente… tal vez, curiosidad.
-¿Por qué la guitarra? – Preguntó en un tono neutro.
-… Porque es importante para ella. – Concluyó. – Era… de alguien importante para ella.
-¿Quién? – Quiso saber.
-… Murió.
Con aquello la conversación quedó concluida y la castaña se marchó del cuarto, dejando solo al Uchiha y a la rata. Suspiró agobiado. Ahora tendría que salir a la calle y dejar a esa pequeña pelusita en la alcantarilla donde la había encontrado…
Cruzó la habitación, cogiendo la caja donde estaba metida "Mini Hinata", así había bautizado a aquel simpático bichito. Abrió la puerta y para su sorpresa algo se estrelló contra su cara. Una pequeña mano pringada de pasta de dientes olor a menta. Notó sus ojos embadurnados y llorosos por el picor.
-¡Desgraciado! – le gritó Hinata.
-¡Zorra! – La caja calló de sus manos y trató de quitar la pasta de dientes de su rostro.
La rata salió de la caja, correteando por el pasillo. Hanabi subía las escaleras cuando la vio correr hacia ella. Dio un grito impresionante para la capacidad de sus pequeños pulmones e hizo lo primero que se le ocurrió. Meterse en la habitación más cercana a ella en esos momentos.
Abrió la puerta y corrió sin dejar de mirar a aquella pelusa gris y con largo rabo que la seguía. Impactó contra algo duro y calló al suelo, llevándose consigo al culpable de su choque.
El peso de cuerpo de Itachi le robó el aire, haciéndole gemir de dolor y asfixia. Vio la rata aproximándose a ella, cada vez con más lentitud, como si lo viese a cámara lenta.
-¡Quítala! – gritó.
El mayor de los Uchiha se levantó, quedando apoyado en sus rodillas y se quitó la camisa negra. Se la echó encima al animal y lo envolvió. Quedando atrapado en una especie de bolsa improvisada.
Respiró aliviado al notar como todo había vuelto a la normalidad, sin ratas y sin problemas…
Agachó su vista, fijándose en el rojo rostro de la menor, completamente agitada y apenas sin respirar. Se dio cuenta de la posición. La chica mantenía sus piernas abiertas y él estaba en el medio. El camisón se le subía hasta más de la mitad del muslo y pudo ver con claridad lo tersa y pálida que era su piel. Se quedó embobado viendo su cabello esparcido por el suelo y el subir y bajar de su pequeño pecho.
-¡Voy a matarte!
El grito lo devolvió a la realidad, viendo pasar a Hinata por delante de su puerta vestida con unos pantalones cortos y una camisa que dejaba ver el tono anaranjado de su piel, todavía con el pelo lleno de polvos de talco y a Sasuke seguirla, con el pelo verde, parte de su cuerpo en azul y la cara llena de pasta de dientes.
Llamó al timbre, esperando que alguien le abriese la puerta pero no sucedió nada. Golpeó con sus dedos la puerta en un acto impaciente… pero todo siguió igual.
-¿Seguro que ha vuelto? – Preguntó el pelirrojo.
-¡Claro que si! – Se defendió el Inozuka. –Ayer fue a la boda de su padre y estuvo con migo.
-Puede que este de resaca… - La chica de ojos azules sacudió su rubia melena, tratando de recogerla en una coleta para que el calor no la agobiase.
-Hinata nunca ha tenido de eso… - Apuntó el chico de ojos aguamarina. – Vuelve a llamar.
Ino apretó el timbre, hundiendo su dedo en el botoncito. La puerta se abrió de golpe y la peliazul los apartó mientras trataba de esconderse tras lo más grande que vio. Su amigo Gaara.
-¡Ven aquí! – Gritó el Uchiha. - ¡Tu y yo no hemos acabado!
Trató de cogerla del brazo pero el pelirrojo lo impidió. Parando su mano en el aire y protegiendo a su amiga.
-Tócala y despertaras en un hospital. – Advirtió.
Los papeles cambiaron drásticamente. De un momento a otro Gaara estuvo en el suelo, sobándose el rostro por el inesperado puñetazo que el pelinegro le había dado. Ahora la peliazul estaba arrinconada en la verja de la entrada, con el ojinegro torciéndole el brazo.
-Jódeme otra vez… y te desnivelo el puto brazo.
Hinata reprimió el grito de dolor. Notó como los huesos de su brazo derecho crujían y el dolor punzante en el hombro y la muñeca, pero la situación no duró mucho. Gaara lo cogió de un brazo y lo golpeó, obligándolo a soltar a su amiga y atrayendo la atención del chico.
La Hyuga corrió a los brazos de su amiga, abrazándola y escondiendo su rostro en su cuello, aguantando las ganas de llorar por el dolor.
-¿Te hizo daño? – Le susurró al oído al ver como la ojiblanca se cogía el brazo dolido.
-… Ie. – Apretó su mandíbula. – Ese no podría hacerme daño aunque se esmerara en ello…
Supo que mentía. Más que nada por la expresión de sus ojos que expresaban puro dolor y algo de miedo. Le pasó la mano por la espalda, tratando de tranquilizarla mientras Gaara seguía tratando de controlar a Sasuke. Ambos se empujaban y se golpeaban de vez en cuando. Uno por defender a su amiga y el otro por matar a su hermana.
Se pasó las manos por el rostro sudado. Se sentía sumamente nerviosa. Había pasado lo que quedaba de tarde encerrada en su cuarto sin atreverse a salir. No podía ver a la cara a Itachi sin recordar su imagen sobre ella y sin camisa. Kami… Lo odiaba. No solo por lo estúpido que era, sino por lo bien que la había echo sentir en aquel momento. Tenerlo encima había sido… indescriptible. Notó su vientre agitarse tan solo de recordarlo.
Ino, Kiba y Gaara habían aparecido en la casa para ver a Hinata y preguntar por su estado. Más bien, verlo con sus ojos. Le habían dicho que Naruto y Shino querían haber venido, pero que Sai les pidió al última hora que le ayudasen a preparar el espectáculo en el bar para esa noche. Temari se había quedado con ellos, montando los instrumentos y el escenario junto con Shikamaru… y finalmente, los únicos que habían podido ir eran ellos tres.
Suspiró cansada. La última vez que el grupo estuvo en su casa fue antes de que su hermana se fuera a Francia con la excusa de practicar el idioma… justo antes de que él muriese.
Escuchó el sonido de las baquetas repicar contra la pared y las risas procedentes de la habitación de al lado. Sintió curiosidad y se pensó el asomar la cabeza por allí. Ya lo había hecho otras veces y ellos siempre la habían tratado como una más. Incluso había ido varias veces a gravarlos en las actuaciones…
Se envalentonó a abrió la puerta de su dormitorio, saliendo al pasillo de una forma decidida y rogando a Kami no encontrarse con su "hermano".
Corrió al cuarto de Hinata y entró en el sin llamar, cerrando la puerta tras de sí y apoyando la frente en ella, sintiéndose a salvo.
-¡Hanabi! – Ino la abrazó por la espalda. - ¡Te dignaste a pasar y saludarnos!
Pudo ver a Hinata sentada en el suelo del bacón, con la guitarra sobre ella mientras Gaara, sentado en la cama, rodaba una de sus baquetas con los dedos, formando un círculo perfecto en el aire. Kiba estaba sentado en el escritorio, con los pies sobre la silla y fumando un cigarrillo. Un cenicero de porcelana estaba junto a él, con el dibujo de la Tour Eiffel.
-Ayúdame a convencer a tu Onesan. – Suplicó.
-Ella no tiene que convencerme de nada… - Murmuró. – Dudo que pueda asistir esta noche.
-¡Hina! – Renegó. – ¡Meki nos dejó tiradas!
-Eh… - Gaara la miró con diversión. – No es nuestra culpa que su guitarrista sea una incompetente. No traten de quitarnos a la nuestra.
La ojiblanca rió con disimulo al ver la cara de falso enfado que la rubia había puesto. Kiba tosió al atragantarse con el humo y rió, acompañado del pelirrojo. Hanabi Se sentó en una de las esquinas de la cama.
-No es una incompetente. – Defendió. – Solo que prefirió echar un polvo a tocar en el "Kores".
-Ahhh… - Suspiró el castaño. – El amour… - Suspiró con un terrible francés.
-Juntarte con Phillipe te esta afectando. – Rió la Hyuga mayor.
-No cambies de tema Hinata… - Ino se quitó la cazadora de cuero negro, dejando ver la camiseta de tirantes de un tono marrón, simulando la piel de leopardo a juego con sus pantalones vaqueros ajustados. – Es importante…
-No podré ir… - Suspiró. – No te hagas ilusiones.
La rubia rodó los ojos. Ella era su última esperanza. Si no conseguía convencerla… el grupo tendría que retirarse. Tal vez si ella tocase la guitarra mientras cantaba… pero no serviría. La actuación no quedaría del mismo modo y puede que los dueños del bar no los contratasen para tocar otras veces.
Dejó el cubo de agua en el suelo de la cocina, escondido tras los bancos de madera y mármol. Había escuchado como Hinata y sus amigos bajaban las escaleras y se quedaban en la entrada despidiéndose. Parecían hablar de una actuación y una guitarrista entupida entre risas mientras su "hermanita" se disculpaba y negaba una y otra vez.
Abrió el congelador y dejó caer los cubitos de hielo en el cubo. Metió sus dedos en el agua al pasar unos segundos, asegurándose de que la temperatura había bajado. Sonrió maliciosamente y espero a que salieran a la calle y se despidieran.
Vio a la Hyuga de espaldas a él, sacudiendo la mano y diciendo adiós a sus amigos. No aguantó las ganas y le echó el agua por encima, mojándola de arriba abajo y quitando los restos de polvos de talco de su cabello.
La chica se giró, completamente empapada y helada. Barios cubitos habían golpeado su cabeza con fuerza, demasiado fuerza. Sin pensárselo dos veces, se abalanzó sobre él, saliendo el cubo por los aires y cayendo los dos al suelo.
-¡Ya no te aguanto! – Le gritó mientras trataba de arañarle el rostro.
-Valla… así que la gata tiene uñas. – La miró divertido por sus inútiles intentos.
-¡Eres un desgraciado! – Le gritó. - ¡Tú empezases con esto! ¡Tú arrojaste mi maleta! ¡Tú jodiste la foto de mi madre!
El Uchiha la empujó, rodando sobre ella e inmovilizándola en el suelo. La miró orgulloso al ver como se removía bajo él, tratando de liberarse de una forma inútil.
-Esto no es como los juegos de tu primo. – Le recordó. – Aquí yo mando y tu obedeces.
-¡Ni en tus sueños! – Volvió a gritar. - ¡Eres un hijo de…!
-¡Hyuga Hinata!
Aquella voz los paralizó. Giraron el rostro a la vez, encontrándose a Hiashi. Los dos se separaron rápidamente y se levantaron, alejándose el uno del otro como si fuesen polos positivos separados por fuerzas magnéticas. El Hyuga los miraba con el notable enfado visible en sus pálidos ojos. Mikoto estaba tres él, con la clara sorpresa y decepción en su rostro redondeado. La peliazul sintió la culpa sobre ella nada más ver a la mujer.
Hiashi caminó hacia ellos lentamente, mirando con severidad a la mayor de sus hijas. Desvió la mirada y observó al Uchiha de reojo. Su cabello seguía verde, aunque notaba la linea negra de su cabeza, señal de que el pelo le había crecido. Su barbilla y parte de sus brazos estaban pintados de azul cielo intenso y tenia varios moretones en los brazos, supuso que seria de golpes como los que había llegado a presenciar cuando Hinata trataba de apartarlo.
Su hija estaba casi en las mismas condiciones. Su piel pálida era de un tono anaranjado y brillaba como una especie de bronceador barato. Su pelo estaba mojado, al igual que sus ropas y pudo ver lo que parecía harina o cualquier tipo de polvo blanco sobre algunas de sus hebras.
Suspiró frustrado… y en ese momento hizo lo peor que podía haber hecho.
-¿Qué ha ocurrido… Sasuke?
Los labios del moreno se torcieron orgullosamente, sabiendo que esa seria su última venganza en mucho tiempo. La ojiblanca, por su parte, agachó la cabeza, consciente de que su padre le achacaría las culpas de todo.
-Después de ustedes se fueran de viaje… - Comenzó a contar. – Hinata me echó colorante encima.
-¡Tú me lo pusiste a mi primero! – Se defendió la chica.
-No te he preguntado Hinata. – Hiashi la miró con enojo, no solo por hablar cuando no se le pedía, sino por interrumpir a otra persona.
-Y después de eso… - Continuó. – Me atacó con pasta de dientes, manchándome la cara y dañándome los ojos.
Vale… tal vez lo había exagerado. Sus ojos no habían sufrido ningún daño… pero era su venganza… ¿No? Hiashi miró de arriba abajo a su hija y le hizo una seña con la cabeza, ordenándole que subiera las escaleras.
Ella ya sabía lo que eso significaba. Hablarían en su despacho y posiblemente, estaría todo lo que restaba de día en su habitación encerrada.
-Hiashi… - Mikoto llamó su atención. – Tal vez deberías preguntarle también a Hinata…
-Ella no tiene excusa. – Sentenció. – Se supone que es adulta y madura. Una mujer independiente… y se comporta como una cría. Una niña sin modales y maleducada.
-Pero Sasuke también se comportó de la misma forma. – Reprochó.
El moreno miró con incredulidad a su madre. ¡Era su madre! ¡¿Qué hacia defendiendo a esa niñata?! Frunció el ceño, mirando a su madre de forma reprobatoria y criticándola con la mirada. La pelinegra ignoró a su hijo y trató de tomar el brazo de su marido, queriendo convencerlo pero no tuvo éxito.
El castaño se soltó y subió las escaleras, ordenándole a su hija que subiera.
El camino se le hizo más corto de lo normal caminando tras su padre. Sabia más o menso que le esperaba. Un tremendo regaño, un castigo, unas cuantas criticas y prohibiciones… y después la encerraría.
Cruzó el pasillo del primer piso y entro al despacho algo oscuro, con una enorme mesa caoba en el centro frente a un ventanal.
-¿Tienes algo que decir de tu comportamiento? – Preguntó el Hyuga a sus espaldas.
-… Ie.
-¿Nada? – Preguntó nuevamente.
-… Lo que tengo que decir lo considerarías excusas baratas y comportamientos infantiles.
-… Así que admites que lo fueron.
-Ie… Solo digo en voz alta tus pensamientos.
-No me reproches. – Le advirtió. - Ahora mismo limpiaras cualquier estropicio de la casa. – Comenzó. – Y mañana, el pelo de Sasuke será nuevamente negro. Su piel será de un tono normal y dejaras de molestarlo.
-… Hai.
-Y todo esto antes de que yo desayune. – La tomó del brazo, girándola y encarándola a los ojos. – A partir de ahora, no quiero que hagas nada sin que yo te de mi consentimiento. No saldrás de la casa sin que yo lo sepa y no recibirás visitas hasta nueva orden. Después del desayuno… quiero que mañana vuelvas a venir aquí y recibirás tu castigo. Vas a ser enviada a la escuela privada de la ciudad. Tal vez un poco de disciplina...
-¡¿Me internas?! - Lo interrumpió.
-¡Te imparto disciplina! ¡Se acabaron los viajes y las salidas! ¡Se acabó ese grupito de amigos que no han hecho más que llevarte por el mal camino!
-¡Tu no sabes nada de mi!
-¡Eres mi hija! ¡Se mucho de ti!
-¡Claro! ¡Un padre que se casa con una mujer a la que sus hijas no conocen! ¡Un padre que nos obliga a vivir con tres desconocidos! ¡Que nos hace sufrir por un simple capricho y es incapaz de darse cuenta cuando sus hijas lo necesitan! – Gritó verdaderamente enfadada. - ¡No son mis amigos los que me han llevado por el mal camino!
-¡Caro que lo son! – Gritó el hombre. - ¡Tu y tu estúpida guitarra sois la comidilla de la empresa! ¡Una hija guitarrista! ¡Deja de perder el tiempo y ocúpate de tu vida! ¡No me decepciones más!
-¡Lamento no ser la perfecta hija de tu perfecta vida! – Se desesperó. - ¡Lamento no ser como Hanabi!
-Esta discusión se acabó. – Finalizó con un tono neutro. – Mañana mismo haras la maleta y…
-… ¿Y que? – Lo retó. – ¿Me internas? ¿Vas a sustituirme por una versión más joven como has hecho con Okasan? – Aquello fue un golpe bajo para el hombre. - … ¿Alguna vez piensas en ella?
-… Hinata. – Le advirtió.
-Porque permíteme que lo dude… ya no hay ni un retrato de ella por la casa… ninguna fotografía. – Murmuró.
-Hinata…
-¡¿Alguna vez piensas en ella?!
La bofetada resonó por toda la habitación. Hiashi le había cruzado la cara a su hija, descargando su enfado en aquel golpe. La chica se quedó inmóvil, como en estado de shok.
Sus ojos estaban completamente abiertos y su mejilla de un color rojizo. Se llevó los dedos a la zona golpeada, rozando el pequeño moretón que comenzaba a formarse.
Sin decir palabra, salió del despacho y caminó por el pasillo. Ni siquiera sabia donde iba, dejaba que sus pies la guiaran hacia su dormitorio.
Subió las escaleras, llegando al segundo piso y cruzando el pasillo. El silencio le pareció ensordecedor. El grito más alto de la nada. Sintió las ganas de llorar y no se contuvo. Dejó que las gotas saladas recorrieran sus mejillas. Tomó el pomo de su puerta y lo giró. Observó por el balcón abierto el sol poniéndose, creando una línea anaranjada y rosada en el cielo.
-Te dije que esto no era como los juegos de tu primo. – Aquella voz la paralizo, no de un modo aterrador, sino que le quitó la movilidad de su cuerpo. – Te advertí que alguien saldría mal parado…
Sasuke había salido a recibirla cuando la escuchó por el pasillo. Había abierto la puerta de su dormitorio y la había visto destrozada, como una muñeca sin vida. Un escalofrío lo hizo estremecer cuando los ojos de Hinata lo miraron. Estaban más vacíos que nunca, como si no quedase nada de ella.
-… Voy a hacerte un favor. – Susurró. - … Voy a hacer como que esta conversación no tubo lugar.
Entro a su dormitorio y cerro la puerta, dejando solo al Uchiha en el pasillo. Se quedó inmóvil, tratando de descifrar el sentimiento incomodo que se había instaurado en su pecho. Había visto su mejilla golpeada y sus ojos vidriosos. Algo en el fondo de su ser le había dolido.
Apoyó su cabeza en la fría pared, sintiendo aun su cara arder por el bofetón que su padre le había dado. Miró de reojo el espejo que colgaba de la pared y vio su moflete inflamado y rojo. Una pequeña gota de sangre había salido de la comisura de sus labios y se había escondido bajo su barbilla.
No se molestó en limpiarla. Supuso que seria fruto de aquel golpe. Por su gran torpeza, había apretado su mandíbula cuando vio acercarse la mano abierta de Hiashi y se había mordido la lengua, y el hecho de que su padre la hubiese golpeado había acabado por hacerle una pequeña herida en esta.
Cerró sus ojos y deslizó la "púa" sobre las cuerdas, haciendo que el sonido estridente saliese por el amplificador y resonara por las paredes.
No le importó que su padre subiera a gritarle nuevamente para decirle que apagara "esa entupida cosa". Siempre era lo mismo. Un no pienses, no juegues, no grites, no te ilusiones, no pierdas, no sueñes, no llores, no corras, no lo intentes, no protestes, no lo hagas… no.
Todo era no. Nunca nada, solo sonreír y aparentar que todo aquello le hacia feliz.
Las lágrimas cayeron por sus mejillas como si tuviesen vida propia, echando una carrera para ver cual se estrellaba contra el piso antes. Apretó los dientes, reprimiendo el grito que quería salir y movió sus dedos sobre las cuerdas.
Se escuchó el estridente sonido eléctrico de la guitarra, como si las cuerdas fuesen rasgadas o saltaran por la presión. Una melodía suave y agresiva a la vez siguió tras un pequeño silencio en el que se escuchó el estridente sonido anterior hacer eco. La melodía daba saltos entre sonidos agudos y grabes creando una especie de atmósfera propia. Casi podía imaginar los finos dedos de la peliazul deslizarse y puntear las cuerdas. La brusquedad de la música le impacto. No solo por lo agresiva que se estaba volviendo, sino por el hecho de que Hinata fuese capaz de tocar de aquel modo.
Parecía descargar su enfado a trabes de las notas, queriendo liberarse de la rabia que sentía.
Los tonos se tornaron extremadamente agudos, clavándose en el cuerpo y provocando escalofríos para luego notar una oleada de calor recorrer su espalda cuando las notas grabes tomaron nuevamente el control. Casi pudo palpar el dolor en la música y por primera vez en mucho tiempo, se sintió culpable de algo.
NA: Hola! =) Espero que les guste la conti y lamento no poder contestar los reviews. En el próximo lo haré ^^
Sigo sin encontrar pantalla, pero puedo decir que ha finales del mes que viene mi padre podrá pagar la reparación, así que a mucho tardar, que están avisadas. Pero seguiré buscando pantalla ^^'
Hay un ligero problema (No se alarmen, los fics tendrán continuación). Esta semana, concretamente el lunes, seré ingresada en el hospital por unos problemas, así que puede que la conti se tarde un poquito, pero tal vez solo sea una semana o semana y media ^^'
Ruego disculpen las molestias y espero que el fic les agrade.
(www. youtube. com/ watch?v=Wj8i8bTD0nk)
Este es un solo de guitarra eléctrica, principalmente el que toca Hinata en esta conti. Lo puse por si alguien quería escucharlo para no tener que imaginarlo xD, Principalmente, describí el primer minuto, pero si quieren escucharla entera eso ya es cosa de ustedes =)
Ana, Chelsea272, RebeKyuubi, princezzhina-dark, Akasha, lain, Kairi-Sparda, Isiiiwhis, flordezereso, hina-hime hyuuga, maria1991, Luchi-chan, kibou-chan2, kamiry hatake, KathyLuu, Neko-Kira, Fiffy20
Gracias por sus reviews.
