Lujuria disfrutaba del verano de la única forma que conocía. Con mucho sexo. Ella misma, en un experimento descabellado, había conseguido hacer que Gula se despreocupara de la comida y le prestara la suficiente atención como para conseguir un ligero orgasmo. Nada en comparación con lo que conseguía jugando con los humanos y los magos. Hablando de magos, hacía tiempo que no iba a Hogwarts a descargar energías y mucho más tiempo había pasado desde la última vez que había jugado con ese par de chicas tan interesantes.

-Me voy de caza- avisó a viva voz a los presentes.

-Tráeme algún recuerdo, me faltan de esos sombreros tan lindos que usan los magos- le pidió Avaricia.

-Pero si ya tienes más de 500- lo miró Lujuria.

-Nunca son suficientes- con aire altanero, Avaricia se fue de la habitación.

-Traeme de esos deliciosos dulces de calabaza que hacen los elfos en sus cocinas- le pidió con rostro suplicante Gula.

Lujuria, aunque Gula siempre la ignorara, le agradaba- te traeré de esos benditos dulces que te gustan tanto, pero me deberás un favor- Gula asintió enérgicamente sin siquiera entender lo que le decía Lujuria, pues en su mente ya se veía comiendo esos dulces de calabaza.

-Silencio y tú vete pronto, no dejan que me concentre- Ira los observó enojado mientras volvía la atención al libro que tenía en las manos. Desde que había comenzado ese libro, Ira estaba más insoportable que nunca, como si eso era posible.

Lujuria dejó esa casa de locos y al cabo de unos segundos ya estaba en la entrada de Hogwarts. Le encantaba que la magia de ese castillo no tuviera efecto en ella.- Si los magos se enteraran- sonrió cuando dijo esto, como si ellos realmente pudieran verla.

La cantidad de energía que desprendían las paredes del castillo era deliciosa, lleno de adolescentes dispuestos a dejarse llevar por las hormonas, pero deberían esperar pues esa tarde quería saber qué tal les iba a Pansy y Hermione, las chicas que tanto la habían hecho sentir meses atrás.

A la primera que encontró fue a Pansy. Era tanta la energía que desprendía la chica que Lujuria se sintió dehacer sin siquiera haberse acercado.

-No- se recriminó la Slytherin- Pansy Parkinson, eres una bruja que puede controlarse y no debe estar a disposición de su...de este maldito y extraño...lo que sea- ocultó su rostro entre sus brazos mientras movía de arriba a abajo las piernas a una velocidad alarmante.

-Tranquila cariño, tu querida amiga Lujuria te ayudará a sentirte mejor- Lujuria se recompuso y caminó hasta la sala común de Slytherin donde la chica se había encerrado contra su voluntad. La única vez que habían estado con Hermione Granger le había bastado para que, cada vez que se vieran en los pasillos del castillo, sintieran esas ganas incontrolables de lanzarse sobre la otra. Pero la siempre bien centrada Gryffindor impedía que fueran más lejos que unos simples besos robados en las esquinas oscuras de los pasillos o en las salas vacías en las noches de guardia. Sentía que habían pasado dos eterninades desde la vez que habían estado juntas y la espera la estaba destruyendo por dentro y le tenía los nervios de punta. Se moría de ganas de estar otra vez con la Gryffindor, pero no estaba dispuesta a ser rechazada una vez más.

Lujuria llegó hasta el sofá de cuero negro junto a la chimenea donde se encontraba Pansy apoyada. Alzó sus manos y con la delicadeza de quien toca las alas de una mariposa que flota en el aire, Lujuria presionó el borde negro del aura de Pansy. Eso le envió una descarga directa al cerebro y que terminó por aumentar en su entrepierna. La chica se levantó como si estuviera siendo perseguida por un hombre lobo hambriento y salió del lugar en búsqueda de Hermione. Pero por más que buscaba no conseguía encontrarla y eso sólo conseguía aumentar su frustración y el deseo que Lujuria había despertado en ella.

Lujuria encontró a Hermione en un lugar demasiado perfecto para ser real y le avisó a Pansy dónde estaba susurrándole al oído de una forma tan sensual, que provocó que Pansy sintiera una corriente fría bajar por su espalda. Impedida como estaba para esperar más tiempo, la Slytherin corrió por los pasillos que la llevarían hasta donde estaba la Gryffindor y cuando llegó hasta la puerta sonrió.- Bendita la hora en que se te ocurrió bañarte Granger- Lujuria abrió la puerta para dejar que la chica pasara y luego ella misma la volvió a cerrar quedándose apoyada en ella.

Hermione acababa de salir del agua y aún ésta corría por su cuerpo a medio tapar por la toalla en sus manos, el pelo húmedo se le pegaba en la frente y goteaba por sus brazos.

-Pansy- fue lo único que alcanzó a decir antes de que la Slytherin se le lanzara encima y la arrinconara contra la pared de la tercera ducha.

Pansy la besó sin darle tiempo a decir algo más y la obligó a enredar las piernas en su cintura. Hermione se dejó llevar, hacía tiempo que quería estar con Pansy pero su maldito cerebro no se lo permitía. Ahora todo daba lo mismo. Enredó sus dedos en el pelo de la chica y dejó que la lengua de ella invadiera su boca, lo siguiente que sintió la dejó sin aliento. Pansy la penetró con sus dedos una y otra vez hasta que su cuerpo se cansó de recibir placer y sus piernas dejaron de tener la fuerza suficiente para sujetarse a la cintura de la chica. Con la mirada borrosa y el cuerpo extasiado, Hermione y Pansy se separaron. La Gryffindor se ató la toalla al cuerpo y tomó la mano de Pansy sin hablar.- Dobby- habló a la nada y con un crack en el ambiente el elfo doméstico que tan agradecido estaba de ella y sus amigos apareció en el baño.

-Ama Hermione ¿Qué desea?- el elfo se dobló en dos haciendo una reverencia exagerada y luego la miró expectante.

-Haznos aparecer en mi habitación-

Inmediatamente dicho esto, Dobby las tomó de las manos y las llevó hasta la habitación vacía de Hermione. Luego de esto desapareció.

Lujuria estaba encantada con todo esto, la seguridad de Pansy y ahora la seguridad de Hermione la desbordaban. Se fue a recostar en una de las camas frente a la de la chica, se levantó completamente la falda y llevó una de sus manos hasta su sexo. Disfrutaría de ese encuentro como se debía.

Hermione, mientras tanto, aprisionó con su cuerpo a Pansy contra una de las columnas de su cama y la besó como hacía meses quería hacerlo. Sus manos se dedicaron a desnudar a la Slytherin dejándola solamente con la ropa interior, aún jugaría un poco más con ella.

Pansy se sentía derretir bajo las manos de Hermione, cada lugar que Hermione tocaba se incendiaba bajo ese fuego que sólo ella era capaz de encender. Finalmente Hermione se separó de ella y con una sonrisa descarada la arrojó contra las sábanas de su cama, ella misma se deshizo de la toalla que aún la cubría y, con un movimiento ligero de su rodilla, hizo que Pansy abriera sus piernas un poco más. La Slytherin la observaba desde la cama, se veía imponente desde esa posición y desnuda como estaba parecía de esas estatuas griegas. La vió acercarse lentamente, primero una pierna en la cama y luego otra, hasta que se vió complente inmovilizada sobre la cama.

Hermione le sostuvo las manos sobre la cabeza mientras se deleitaba con su lengua en el escote que dejaba entrever el sujetador verde de Pansy. La mano libre de la Gryffindor acariciaba por fuera de la ropa el sexo de la Slytherin, la cual se retorcía y gemía con placer. Hermione la observó una vez más, casi como si se la comiera con la mirada y la volteó. Ahora Pansy se sentía un poco expuesta, sin ser capaz de vigilar a la Gryffindor no sabía que podría hacer ella. Hermione abrió el sujetador de Pansy liberando esos senos que le habían quitado el sueño durante varias noches y mientras besaba la espalda de la Slytherin una de sus manos masajeaba los senos de Pansy que se erguían ante su toque.

-Apóyate en tus rodillas- le susurró Hermione al oído. La Slytherin, como si estuviera bajo el mandato de algún hechizo, elevó el trasero apoyándose en sus rodillas, lo siguiente que sintió la dejó sin aire. La lengua de Hermione se deslizó hacia abajo por su columna hasta llegar hasta su trasero y pasar por fuera de su sexo, y ahí se quedó. Jugó con el sexo de la chica sin llegar a penetrarla, mientras sus manos acariciaban las piernas abiertas de ella.

Lujuria en esos momentos volvía del orgasmo que acababa de tener y comenzaba a buscar otro. La mirada hambrienta que le lanzaba Hermione a Pansy la desquiciaba y el placer que sentía la Slytherin se transmitía hacia ella tan claramente que le impedía pensar con coherencia.

Pansy acercaba con desesperación su sexo a la boca de la chica implorando sin palabras que fuera un poco más adentro. Hermione se alejó, la observó una vez más y con un movimiento certero, rompió la única prenda que le quedaba. Una parte del cerebro de Pansy notó lo que acababa de ocurrir pero la otra parte, que era la que reinaba en esos momentos, no le tomó la menor importamcia, tenía muchos más de esos.

Hermione se acercó hasta el oído de la Slytherin y con un susurro mortal le ordenó algo que la dejó de piedra.- Ya no podrás usar ropa interior, a menos que sea estrictamente necesario. Desde ahora se acabaron las indecisiones, ahora eres mía y te tendré cada vez que quiera. ¿Lo aceptas?- preguntó.

Pansy abrió los ojos y procesó cada palabra que acaba de decir Hermione, aunque no le agradaba aceptarlo se moría por ser de esa estúpida Gryffindor.- Con una condición, que yo también pueda tenerte cada vez que quiera.- Hermione sonrió con lujuria, apretó los senos de la chica que gimió bajo ese toque y luego bajó hasta la altura de su sexo.

Primero comenzó con ligeros toques en el exterior, de esos ligeros toques que provocaron que Pansy se deplomara un poco sobre la cama sin energías y se entregara completamente a las caricias de la chica.

Hermione movía sus dedos dentro y fuera del sexo de Pansy mientras observaba el cuerpo de ésta agitarse y presionarse cada vez más contra su mano, tratando de esa forma que Hermione llegara aun más adentro. Finalmente era ella misma la que se penetraba contra la mano quieta de Hermione, mientras la Gryffindor se deleitaba con observarla.

Antes de que Pansy alcanzara el clímax, Hermione se detuvo y sacó su mano.- Date la vuelta- le ordenó, Pansy excitada como estaba ya no pensaba claramente y obedeció sin protestar a la Gryffindor.

Pansy estaba ahora estaba acostada, desnuda y con Hermione desnuda entre sus piernas.

Hermione tomó las piernas de Pansy y las afirmó abriéndolas en su totalidad, la chica recostada se sobresaltó y sintió los músculos de su sexo contraerse, se mordió el labio inferior nerviosamente y esperó a que la chica de mirada lujuriosa hablara.

-Lleva tu mano izquierda hasta tu sexo- la Slytherin hizo como se le ordenó y la dejó ahí, afuera de su sexo.- ahora pasa tus dedos por fuera de él y acarícialo- se puso roja, odiaba ponerse roja. Pero hizo como se le pidió y con sus dedos comenzó a delinear por fuera su sexo, el ver a Hermione morderse los labios y saborear lo que imaginara ella que estaba saboreando la estaban volviendo loca y no tardó en excitarse con sólo esa mirada.- Ahora quiero que juegues con tu clítoris, sólo un poco, movimientos lentos- Pansy volvió a obedecer, pero esta vez la mirada de Hermione se intensificó y casi parecía que la estaba penetrando, esto provocó que comenzara a gemir y a tratar de mover sus piernas, pero estaba impedida debido al fuerte agarre de la chica sobre ella.- Ahora quiero que te detengas- y así lo hizo. Su pecho subía y bajaba agitado, le faltaba el aire y su corazón le latía a mil por segundo- ahora penétrate- llevó su mano hasta lo más profundo que pudo y comenzó a hacer lo que la chica entre sus piernas le mandaba. No se dió cuenta en qué momento Hermione liberó sus piernas pero de un momento a otro fue capaz de moverlas, luego abrió los ojos y vió que Hermione se ponía sobre ella y enredaba una de sus manos en su pelo acercando sus labios a los de ella y besándola con desenfreno. En medio de este beso, la mano libre de Hermione se coló hasta la parte baja de la chica y sin que ésta se diera cuenta de algo, la penetró. Pansy sintió los dedos de Hermione moverse dentro de ella en conjunto con los de ella misma, llevándola entre el cielo y el infierno en cada vaivén. Sentía su cuerpo subir y bajar mientras que Hermione la obligaba a llegar más profundo en su sexo y la otra mano le tiraba el pelo provocando que mantuviera la boca abierta dispuesta a recibir la lengua inquieta y caliente de la Gryffindor.

Aún en ese vaivén desquiciante, Hermione se desprendió de los deliciosos labios de la Slytherin y se fue hasta los senos de la chica que se movían hacia arriba y hacia abajo libres en conjunto con el cuerpo de la chica bajo ella. Pasó su lengua húmeda por la punta de ellos, causando que la espalda de Pansy se arqueara y de paso las manos aún unidas dentro del sexo de ella llegaran un poco más adentro, generando un sonoro gemido que acompañó al gemido de Lujuria que volvía a alcanzar el clímax en esa extraña orgía de una pareja y una espectadora. Los senos de la Slytherin se erguían firmes ante la lengua diestra de Hermione y su cuerpo se erizaba con cada movimiento de sus manos. Pansy alcanzó el clímax varias veces antes de que Hermione se cansara de jugar con ella.

Ninguna supo que fue lo que pasó, ni siquiera Lujuria había experimentado algo así. Pero de pronto, Lujuria fue vista por ambas chicas que descansaban en la cama de Hermione. Lujuria, despreocupada, aún estaba con la falda levantada, las piernas completamente abiertas y una de sus manos descansando cerca de su sexo, se notaba a kilómetros que acababa de disfrutar con la vista lo que ellas habían disfrutado con sus cuerpos.

-Lujuria- dijeron ambas chicas de la nada, como si fuera lo más normal del mundo conocer el nombre del ser que estaba frente a ellas.

-No puede ser- dijo asustada- ustedes no pueden...-

-Pasa muy pocas veces, pero no es imposible- dijo Hermione con un rastro de la sabelotodo que se podía ver en las salas de clases.- Nos observaste y quizá qué otras cosas nos hiciste- sonrió Hermione con los rastros de excitación que le quedaban en el cuerpo.

-Nos usaste para tu placer- dijo Pansy igual de tranquila y extrañamente encantada con la idea.

-Venganza- susurró Hermione al oído de la Slytherin- ¿Qué opinas?- preguntó.

-Venganza- fue lo que respondió la chica. Y ambas caminaron extrañamente seguras y completamente desnudas hasta donde estaba la asustada y aún confundida Lujuria.

-No se atreverían- dijo Lujuria con un traicionero temblor en la voz.

-¿Sabes cual es una de las cosas que me gusta de la magia Granger?- sonrió Pansy sin despegar la vista de Lujuria- que puedes agrandar cosas- la cama en la que estaba Lujuria se agrandó en tres veces su tamaño normal. El ser, completamente asustado por la repentina liberación de magia, se arrimó otro poco contra la pared junto a la cama.

Hermione fue la primera en alcanzar el cuerpo tembloroso de Lujuria y con sólo un dedo rozó una de las piernas de ella. La descarga que sintió Lujuria no se comparaba en nada con lo que había sentido antes, era como si todas las veces en que había sido tocada por otros y por ella misma no fueran ni la mitad de intenso que ese pequeño roce. Gimió sin siquiera darse cuenta.

Pansy la tomó de las piernas y la acercó brusamente hacia el borde de la cama, Hermione por otro lado, subió a la cama y se situó justo donde terminaba la cabeza de Lujuria. Pansy acarició las piernas de Lujuria causando que ésta temblara de placer bajo esos toques y Hermione tomó los brazos libres de ella y los estiró por completo en la cama, luego se sentó sobre ellos impidiendo de esta forma que pudiera pensar en moverse siquiera. Lujuria estaba presa entre Hermione que imovilizaba sus brazos y Pansy que inmovilizaba sus piernas.

-No te atrevas a cerrar las piernas o me veré en la obligación de mantenerlas abiertas de una u otra forma- la amenazó Pansy. La chica soltó las piernas y, como ella había ordenado, Lujuria las mantuvo de la misma forma. Pansy se apoyó con una pierna en la cama, hundiéndola un poco y lentamente y sin tocar el cuerpo de Lujuria le levantó la falda roja que llevaba puesta, esa falda que sólo usaba para cazar a sus víctimas. Esta vez ella sería la presa.

Hermione tomó los cordones que ataban el corset ceñido, de ceda roja, que vestía ese día y comenzó a desanudarlo. Poco a poco se fue abriendo, liberando los senos desnudos bajo él, imponentes y que se erguían majestuosos producto de lo excitada que ya estaba. Pansy besó a Hermione causando que Lujuria gimiera por las descargas de placer que sentía proveniente de esas dos, luego se separó y con una sonrisa le indicó lo que iban a hacer.

Pansy se bajó de la cama y se arrodilló en el borde de la cama, quedando justo a la altura del sexo de Lujuria. Primero se dedicó a besar con lentitud las piernas alzadas de ésta, pasó su lengua por la cara interna de los muslos de Lujuria provocando que olas de placer golpearan directamente a este ser en lo más profundo de su sexo. Estas mismas sensaciones eran generadas en los cuerpos de Hermione y Pansy, como si todas estuvieran conectadas. Hermione degustó el cuello de Lujuria para finalmente llegar hasta los senos de ese ser tan divino, los besó, los mordió y los lamió como si fueran la cosa más perfecta en ese mundo. Y lo eran, porque ella era Lujuria y despertaba el deseo de quién la mirara.

Mientras Hermione seguía con su tortuoso juego de lamer los senos de Lujuria, Pansy tomó una de las manos de la chica y la llevó hasta el sexo de Lujuria, la puso sobre el clítoris de ésta y de forma automática, Hermione comenzó a masajear esa área. Pansy, por otro lado, había comenzado a lamer con una hambre descomunal el sexo de Lujuria y con su propia lengua la penetraba llegando cada vez más profundo.

Lujuria se retorcía bajo las caricias de estas chicas, movía su cuerpo de forma desesperada, con su boca completamente abierta gemía una y otra vez perdiendo cada vez más la razón. Ella era ahora un cuerpo que sólo respondía a la orden de las caricias de esas dos brujas del demonio.

Pansy colaba sus manos por debajo de la falda de Lujuria subiéndola cada vez más, luego la arrugaba entre sus manos y la tiraba otro poco hacia abajo para llegar más adentro de ella. La cadera de Lujuria subía y bajaba con ímpetu al ritmo de la lengua de Pansy, mientras su espalda se acercaba cada vez más a los labios calientes de Hermione. Ahora entendía a Gula y la comida. Esto era sexo, como ella jamás lo había probado.

Hermione y Pansy alcanzaban el clímax cada vez que Lujuria lo hacía y cada vez que ésta gemía, un escalofrío se apoderaba de sus cuerpos, como si ellas mismas fueran objetos sexuales de otros seres.

Hermione abandonó los senos de Lujuria y acercó su boca hasta el sexo de ella, donde Pansy aún jugaba, y en compañía de la Slytherin ayudó a dar placer con su propia lengua a Lujuria.

Los ojos de Lujuria se volvieron de fuego cuando sintió ambas lenguas llegar hasta ese punto donde ella misma tantas veces había llegado, pero con una intensidad que jamás había alcanzado. Su cuerpo comenzó a soltar olas de calor que sólo consiguieron intensificar las caricias de ambas chicas y que llevaron a Lujuria hasta un orgasmo que nunca, en los siglos de su existencia, había experimentado. Luego de ésto, desapareció.

Hermione y Pansy se quedaron extasiadas por lo que acababan de sentir, se miraron una vez más antes de lanzarse la una contra la otra para otra ronda del sexo más glorioso que habían experimentado en su vida.

Lujuria despertó en esa misma habitación, donde ahora ese par de chicas habían vuelto al ataque. Dejó que su cuerpo descansara unos minutos y luego se arregló la ropa. Salió del lugar dando un último vistazo a los cuerpos desnudos que se enredaban en la danza más antigua del mundo y se fue a la cocina del castillo en búsqueda de los dulces que había prometido a Gula y pasaría por uno que otro sombrero para Avaricia. Ella quería que ese día todos fueran felices como ella. En el camino a la cocina, con los vestigios de placer recorriendo su cuerpo, contagió a todos los que se cruzaron con ella. Ese día, no sólo Hermione y Pansy tuvieron sexo, sino que más de la mitad del castillo tuvo la misma lujuriosa idea.