Disclaimer: Esta es una adaptación de "Vidas opuestas" de Catherine George. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Capítulo 2
Bella lanzó una mirada iracunda al contestador. Aún hacía que se le encogiera el estómago el mero hecho de escuchar la voz de Mike Newton. Sin embargo, en otra época se sintió muy atraída por el tono sexy que cultivaba. Según Mike, también fue su voz grave y sensual lo que lo atrajo desde un principio. Pero eso fue al principio, cuando se dedicó a mover cielo y tierra para conseguir que fuera a vivir con él. Bella apretó los puños. En retrospectiva, le costaba creer que hubiera podido llegar a ser tan tonta.
Estaba trabajando en una firma inmobiliaria cuando Mike entró en la empresa. Casi desde el día que se conocieron la persiguió sin descanso. Ella no quería saber nada de relaciones con compañeros de trabajo, y al principio lo mantuvo a raya, pero su insistencia acabó resultando halagadora y, al cabo de unos meses, Mike se llevó el gato al agua. Pero cuando empezaron a compartir la casa, la contribución de Mike a su mantenimiento y limpieza fue mínima. Por las tardes, mientras Bella cocinaba y se ocupaba de limpiar y lavar la ropa, él pasaba el rato en el sofá, recargando sus baterías frente al televisor. Ella solo descansaba los viernes, cuando él la llevaba a cenar.
¿Cómo había podido ser tan estúpida?, pensó, asqueada. Viviendo juntos comprobó lo poco que tenían en común, y cuando Mike empezó a pasar las tardes con sus amigotes después del trabajo, Bella empezó a disfrutar de las tardes sin tener que preparar la comida y con la televisión apagada. Se acostaba pronto con un libro y cuando Mike regresaba estaba dormida... o simulaba estarlo.
Cuando se hizo evidente que una buena noche de sueño era infinitamente preferible a hacer el amor con Mike, algo que Bella siempre había encontrado decepcionante, supo que había llegado el momento de cambiar. Decidida a decírselo sin más dilaciones esperó levantada a que llegara de uno de sus encuentros con sus amigos. Entonces descubrió por qué Mike era siempre tan meticuloso respecto a ducharse antes de meterse en la cama con ella; olía a un perfume extraño y a otros aromas que Bella identificó con profundo desagrado.
El teléfono sonó en aquel momento, haciéndola volver al presente con un sobresalto. Se puso tensa y miró el aparato con gesto beligerante, pero en aquella ocasión era Edward Cullen el que llamaba.
Bella descolgó el aparato.
—Estoy aquí —dijo, sin aliento—. ¿Sucede algo malo? ¿Cómo se encuentra?
—No muy bien, pero gracias a usted, señorita Swan, ahora existe alguna posibilidad de que sobreviva. Llamo para darle las gracias.
—Ha sido un placer ayudarlo —aseguró Bella, con las cejas levantadas ante aquel cambio de actitud.
—He calentado la sopa siguiendo las instrucciones —continuó Edward—. También me he preparado un té, aunque no sabía que tuviera té.
—Yo lo compré.
—Se lo debo, señorita Swan .
—Puede pagarme mañana, señor Cullen. ¿Necesita algo más?
—Solo que me traiga el periódico de la mañana. ¿Cómo viene hasta aquí?
—Caminando.
—¿Dónde vive?
—Spitalfields. ¿Quiere que le prepare la comida?
—No hace falta que se moleste. El simple sonido de una voz humana me bastará. Regodearme a solas con mi virus perdió rápidamente su encanto.
Bella frunció el ceño.
—Los Young están de viaje, pero sin duda debe de tener otros amigos a los que llamar, ¿no?
—Los dos amigos a los que podría recurrir han sucumbido al virus poco antes que yo... —Edward se interrumpió para toser y Bella esperó a que terminara para preguntar si necesitaba algo más.
—Puedo llevárselo mañana, señor Cullen.
—Llámame Edward.
—No me parece adecuado —dijo Bella con firmeza.
—¿Por qué motivo?
—Por razones obvias.
—Si te refieres a que trabajas para mí, me parece una tontería —dijo Edward con desdén—. Se supone que en estos días vivimos en una sociedad sin clases.
—No tiene nada que ver con las clases.
—Dijiste que podía elegir cómo llamarte.
—Me refería a mi nombre... —Bella se interrumpió y se preguntó por qué estaba armando un revuelo por aquello—. Oh, de acuerdo, lo que quieras.
—Bravo. Ahora puedo irme feliz a la cama.
—Deberías estar en la cama ahora mismo.
—Hablaba en sentido figurado. Aparte de haber ido tambaleándome hasta la cocina para prepararme la cena, no he salido de la cama en todo el día —Edward volvió a toser—. Supongo que sientes cierta compasión por mí.
—Por supuesto. Recuerda que yo también he sufrido hace poco el ataque de ese virus. Buenas noches. Espero que duermas bien. Nos vemos por la mañana.
Acababa de colgar el teléfono cuando este volvió a sonar.
—Por fin, querida —dijo René Swan—. Llevo diez minutos tratando de hablar contigo.
—Hola, mamá. ¿Qué sucede?
—Mike ha llamado aquí hace media hora para pedir tus señas.
—¡No! ¿Y se las has dado?
—Por supuesto que no. Ni siquiera he hablado con él. Ha contestado tu padre y lo ha puesto verde; le ha dicho que te dejara en paz de una vez.
—Bien por papá —dijo Bella—. Mike también ha llamado aquí y ha dejado un mensaje. Ha conseguido mi nuevo número de teléfono de algún modo.
—¿Se lo has dado a alguien que él conoce?
—Solo a Angela. Pero ella no se lo daría.
—Seguro que no. ¿Cómo está?
—Bien. Ayer tuvimos nuestra habitual cita de los sábados, aunque lo cierto es que se pasó casi todo el tiempo sermoneándome —a continuación, Bella contó a su madre lo de la gripe de Edward Cullen.
Debido a que René no conseguía entender por qué su hija tenía que ocuparse de limpiar la casa de aquel hombre, y menos aún cuidar de él cuando estaba enfermo, expresó su total acuerdo con Angela.
—Por Dios santo, hija. Hace poco que tú misma pasaste la gripe. Entre otras cosas.
—Un ataque de furia, principalmente.
—No hay duda de que hiciste bien librándote de Mike Newton. ¡Espero que Emmett no haya puesto tu nombre en la puerta!
—Claro que no. Emmett suele avisarme si mi presencia es requerida cuando él está en casa, y Angela me llama cuando está llegando para que baje a abrirle la puerta.
—De todos modos debes tener cuidado.
—Lees demasiadas novelas de crímenes, mamá. Solo necesitaba un lugar en Londres donde recuperarme, y Emmett me lo ha ofrecido, por lo que le estoy agradecida.
—Emmet es un hombre encantador, pero...
—¡Oh, mamá! Emmett es amigo de Jacob, no mío. Y está casado con Rosalie y tiene dos hijos. ¿Por quién me tomas?
—De momento, por una chica muy vulnerable —dijo René Swan.
—Te aseguro que ya he aprendido la lección.
—¿Te refieres a que no quieres saber nada más de los hombres?
—No quiero saber nada de Mike, no de los hombres en general.
Después de aquella llamada, Bella se sintió aún más inquieta. Si Mike había conseguido su número de teléfono, también podía localizar sus señas... si es que no lo había hecho ya. Aunque si tenía el suficiente descaro como para presentarse allí en persona tendría que vérselas con Emmett, y también con Jasper.
Acababa de ponerse a trabajar en su novela cuando el teléfono sonó por tercera vez. Bella gimió, frustrada, pero al oír la voz de Angela descolgó el teléfono.
—Estoy aquí, Angela.
—¡Bella! Gracias a Dios. ¿A que no adivinas quién ha venido por aquí esta tarde?
Bella suspiró.
—¿A que sí lo adivino? Mike.
—¿Cómo lo has sabido? —preguntó Angela, asombrada.
—Antes ha llamado a mis padres, pero mi madre me ha contado que mi padre le ha dado un buen repaso.
—¡Magnífico! Eso debe de haber sido antes de que viniera aquí. Yo estaba en la ducha cuando se ha presentado y Erik lo ha tenido esperando en el vestíbulo hasta que me he dignado a aparecer.
—Bien hecho. ¿Qué quería?
—Tu teléfono y tus señas, por supuesto.
—No se las habrás...
—Por supuesto que no, a pesar de que no ha parado de afirmar que era asunto de vida o muerte. No le ha gustado nada que me negara a dárselas.
—¿Y qué ha pasado entonces?
—Que Erik le ha dicho que se fuera.
Bella rió. El marido de Angela era un tipo imperturbable, a menos que alguien fuera lo suficientemente estúpido como para molestar a su mujer.
—Supongo que no habrá tenido que echarlo a la fuerza, ¿no? —preguntó Bella, esperanzada.
Angela rió.
—Casi. Dudo que Mike quiera repetir la visita. Esperemos que tampoco trate de visitarte a ti. ¿Conoce a Emmett?
—No, y espero que nunca llegue a conocerlo.
La posibilidad de que Mike se dedicara a localizarla mantuvo a Bella despierta un rato, pero finalmente durmió bastante bien, y despertó con un sentimiento de anticipación que acabó identificando, no sin preocupación, como el placer que le producía la idea de volver a ver a Edward Cullen. «Nada de eso», se reprendió con firmeza, y fue a ducharse.
Más tarde, cuando bajó al vestíbulo se encontró con Emmett, que estaba a punto de salir a trabajar. Parecía cansado y pálido, pero Bella notó con alivio que no estaba tan deprimido como otras veces que se había tenido que separar de los gemelos.
—¿Qué tal fue? —preguntó con cautela—. Ayer no quise darte la lata preguntando.
—Los niños se lanzaron sobre Rosalie nada más verla y, antes de que le diera tiempo a decir nada, exigieron que me quedara a tomar el té —Emmett sonrió—. Para mi sorpresa, aceptó y la ocasión fue bastante bien, sobre todo porque los gemelos dominaron por completo la situación —se encogió de hombros—. ¿Quién sabe? Puede que la próxima vez Rosalie me invite a cenar.
—Oh, Emmett, eso espero. Por cierto —añadió Bella—, mi ex dejó un mensaje en el contestador ayer.
Emmett frunció el ceño.
—¿Cómo diablos consiguió el número?
—No tengo ni idea. Solo espero que no averigüe también las señas.
—No te preocupes, Bella. Yo me ocuparé de él si lo hace. Dame una foto suya.
—Las quemé todas.
—En ese caso, dame su descripción.
—Es más o menos de tu altura, pero más pesado, ojos y pelo oscuros, sonrisa de dentífrico, y está tan pagado de sí mismo que lo reconocerás enseguida.
Emmett sonrió.
—Veo que sigues enfadada con él.
—¡Estoy furiosa! —Bella miró su reloj—. Debo irme.
—Esta mañana tienes un aspecto especial —observó Emmett.
—Tengo cosas que hacer después de mi sesión de limpieza de esta mañana —mintió Bella—. Pero me ocuparé de tu casa esta tarde.
—Yo también debo irme. No te preocupes; si el señor Newton aparece por aquí lo echaré sin dudarlo.
Bella se encaminó hacia su trabajo con un sentimiento de anticipación que desestimó con firmeza como una completa tontería. Edward Cullen se encontraba mal y ella era tan solo la persona dispuesta a enfrentarse a sus gérmenes. Y para animarle la mañana se había puesto un jersey nuevo amarillo, unos vaqueros y se había dado un toque de maquillaje. Nada especial.
Para cuando salió del ascensor, ya lo tenía muy claro. Ella era la asistenta, Edward Cullen pagaba su salario, y en aquellos momentos se sentía tan mal que necesitaba que le echaran una mano. Así que sería eficiente en su trabajo, le prepararía algo de comer y se iría.
Llamó al timbre, abrió la puerta y dijo su nombre. En aquella ocasión, Edward apareció de inmediato, con mala cara, pero también con una sonrisa completamente distinta a la expresión de hostilidad del día anterior.
—Buenos días, Bella Swan. Has sido muy buena viniendo.
—Siempre vengo los lunes —dijo Bella mientras le alcanzaba el periódico.
—Gracias de todos modos. Pero levanta ese ánimo —dijo Edward, apoyado contra el umbral de la puerta—. No vas a tener que cambiar las sábanas ni obligarme a tomar pastillas; ya he hecho ambas cosas solito.
—Bien hecho —Bella se quitó la chaqueta y la colgó—. ¿Cómo se siente?
—No maravillosamente, pero mejor que ayer.
Cosa que quedó de manifiesto por el interés que estaba mostrando en el aspecto de Bella.
—En ese caso, a la cama —dijo ella en tono eficiente—. Lea el periódico mientras recojo.
—Olvídalo. Necesito conversación. Ven a hablar conmigo un rato... —Edward se interrumpió para toser y Bella señaló el dormitorio.
—Vuelva a la cama, por favor —entró antes que él para preparar las almohadas y abrir la cama—. Debería haber esperado a que yo me ocupara de esto —dijo con severidad—. Porque ahora no se siente tan bien, ¿verdad?
—No —admitió él, y se metió en la cama con un gemido de alivio.
—¿Ha comido algo hoy?
—He bebido algo de leche.
—Supongo que eso es mejor que nada —Bella sonrió con aprobación.
—Bonito hoyuelo —dijo Edward.
—¿Qué le gustaría comer? —preguntó ella, ignorándolo—. Estaría bien empezar por algo ligero como unos huevos.
—De momento me siento demasiado débil como para levantar el tenedor —Edward miró a Bella, irritado—. Ahora siéntate a mi lado y háblame, mujer.
Reacia, Bella, trató de mantenerse firme, pero acabó sentada en una silla que había junto a la cama.
—De acuerdo. ¿De qué hablamos?
—De ti. Háblame de lo que hacías antes de dedicarte a la ingeniería doméstica.
—Trabajaba en una agencia inmobiliaria... pero es un tema aburrido.
—Con esa voz tan sensual, podrías recitar el listín telefónico sin aburrirme en lo más mínimo —Edward alzó una mano al ver el ceño fruncido de Bella —. Lo siento. Adelante. Cuéntame por qué cambiaste de carrera.
Ella se encogió de hombros.
—Viví durante un tiempo con un hombre que trabajaba en la misma agencia. Cuando rompimos me trasladé y dejé el trabajo.
Edward la observaba con interés.
—Evidentemente, no fue una separación amistosa. ¿Cuándo sucedió todo eso?
—Hace poco. Y ahora, ¿le apetece desayunar?
Edward hizo una mueca de desagrado.
—La idea de comer no me resulta especialmente seductora. Es muy incómodo tener que levantarse a devolver cada dos por tres.
Bella asintió, compasiva.
—De todos modos, he leído que hay que comer algo. ¿Por qué no lo intenta?
—Con una condición: que me hagas compañía mientras como.
—Si insistes...
—En absoluto. ¡Te lo pido amablemente!
Bella rio y fue a la cocina. Cuando volvió al dormitorio con una bandeja cargada Edward la recibió con una mirada de evidente impaciencia. Ni siquiera había abierto el periódico.
—Siento haber tardado tanto. Estoy acostumbrada a limpiar su cocina, no a cocinar en ella.
—Cosa que no deberías estar haciendo en absoluto —dijo él, irritado.
—Por supuesto que sí —Bella colocó una toalla limpia sobre el regazo de Edward. Tras alcanzarle un tenedor y el plato con los huevos revueltos, se sentó de nuevo—. ¿Sal y pimienta? —preguntó—. He aderezado un poco los huevos, pero puede que quiera algo más.
—Están perfectos —dijo Edward, saboreándolos—. Y ahora, entretenme mientras como. ¿De dónde eres?
—De Chastelcombe, en Gloucestershire.
Edward sonrió.
—Del mismo condado que yo. Así que los dos somos unos paletos de campo.
Bella pensó que era difícil imaginar a alguien menos paleto que Edward Cullen. Incluso tumbado en la cama y con el rostro demacrado.
—Habla por ti mismo —dijo con descaro, y enseguida se mordió el labio.
—¿Y ahora qué pasa?
—No dejo de olvidarlo.
—¿De olvidarlo? —Edward entrecerró los ojos—. Ah, sí. Yo soy el amo y tú la esclava.
Bella le lanzó una mirad iracunda.
—¡Yo no lo expresaría exactamente así!
—Eso espero —dijo Edward, y miró su plato vacío con expresión de sorpresa—. Estaba muy bueno. Gracias.
Bella llevó las cosas a la cocina y volvió al cabo de un rato con dos tazas de café. Entregó una a Edward y se sentó de nuevo en la silla.
—Ahora tiene mejor aspecto.
—Y me siento mejor —Edward bebió su café con auténtico placer—. Y ahora cuéntame más cosas, Bella. ¿Qué curso estás haciendo?
Ella dudó un momento antes de contestar.
—Mentí respecto a eso.
—¿En serio? —Edward miró con expresión divertida el rubor que había cubierto las mejillas de Bella—. ¿Y a qué te dedicas exactamente con tu ordenador? ¿A desvelar altos secretos militares?
—A nada tan excitante. Trato de escribir una novela. Mientras limpio pienso en lo que voy a escribir y luego lo paso al ordenador. Pero si no hubiera sido tan estúpida como para mentirle cuando me pilló trabajando aquí —añadió con franqueza—, ahora mismo no se lo estaría contando. Nadie lo sabe. Ni siquiera mi familia.
—Mis labios están sellados —aseguró Edward a la vez que se llevaba una mano al corazón—. ¿Pero por qué guardarlo en secreto?
Bella alzó levemente la barbilla antes de contestar.
—He experimentado recientemente una forma bastante humillante de rechazo. Cuando rechacen mi manuscrito, preferiría que nadie se enterara.
Hola! Este cap se lo dedico a las dos personitas que se tomaron la molestia de dejar su review: caro grey y belly bells cullen- salvatore. Tambien gracias a los usuarios fantasma que pasaron, espero que les gustara!
Ya tengo el tercer cap listo. Si este cap tiene mas de 10 reviews yo lo publico hoy, si no se aguantan hasta el martes que me vuelva a conectar!
Mordidas de vampiro para todos!
