Capítulo 2.
De cómo les afectó crecer...
De aquellas Navidades habían pasado varias temporadas más. A nadie en la mansion incomodaba ver a una niña vestida con ropas masculinas.
La amistad entre Oscar y André había madurado con charlas y largos paseos en la mansión y alrededores . Se volvieron inseparables.
En cierta ocasión Lady Jarjayes recibió un reclamo del General por tener a su hijo tan apegado a una criada, no obstante ella hizo ver a su marido lo sólo que se encontraba André, siempre leyendo o practicando sin compañía de su edad.
-Pero es una criada, sin modales, y si los tuviera, sería una dama. Qué sacaría de provechoso André con ese tipo de compañía?
- Esa niña tiene algo que otras niñas de su edad no tienen. Y es que no quiere perder tiempo en frivolidades. Quiere instruirse y quiere ser alguien de provecho en la vida. Creo que ella puede ayudar a André a sacar lo mejor que tiene.
-Tonterías! De vuelta con tu romanticismo mujer! Siempre creyendo que André será mejor persona con esa clase de enseñanzas y sentimentalismos. Mi hijo será un gran militar por la disciplina y perseverancia en las ciencias y entrenamientos que le doy.
Lady Jarjayes puso los ojos en blanco como siempre que prefería evadir lo que su marido decia y simplemente dejaba de discutir con él, después de todo era un gasto de energía innecesario ya que siempre se las ingeniaba para salirse con la suya.
Finalmente con el correr de varias semanas, el General evaluó que André tenía grandes progresos en Latín, literatura, en matemáticas, tenía mejores reflejos con las espadas y mejor rendimiento en equitación; por lo que, si era por esa amistad con la sirvienta que vestía de varón y tenía ambiciones masculinas como había dicho su esposa, pues bien, se aprobó la dichosa amistad.
En esa época, André que conocía el caracter autoritario del General y que no quería que lo reproche por su amistad con Oscar, se escabullía en el cuarto que ella ocupaba para enseñarle sus mismas materias cuando ella tenía tiempo libre.
De corazón ambos seguían siendo niños aunque la pubertad iba marcando su territorio en el cuerpo de cada uno. André pronto comenzó a alargarse más y a notar variaciones en su voz. Oscar todavía tenía rostro y cuerpo de niña pero por mes iba creciendo y estirándose, revelando algunos rasgos más femeninos en sus formas.
En cuanto a sus progresos académicos, tenía sus técnicas de estudio. Comenzó a desarrollar su memoria y si las clases las tomaba de noche, trataba de recordar en la mañana siguiente la lección anterior. Si podía en el día, volvia a repasar los temas o se adelantaba y llenaba de preguntas la cabeza de su joven profesor en la siguiente lección.
Nanny se sentía orgullosa de cuanto iba aprendiendo su nieta. La veía hablar y parlotear con André siempre compitiendo sobre historia o matemáticas. Se corregían mutuamente los errores de gramática o pronunciación. Se desafiaban en quien conocía vocablos raros en latín y griego. Pero en su corazón ella sabía que tenía que hacer algo sobre esas trasnochadas de estudio casi diario en la habitación de Oscar. Los criados ya comenzaban a lanzar indirectas que la incomodaban sobremanera.
-Señorito André, me gustaría charlar con vos sobre un tema en especial?
-Claro Nanny. Sabes que si tú me pides algo tienes que darlo por hecho. -Estaba sentado en la mesa y al pronunciar aquellas palabras cruzó sus manos frente a su barbilla. Quería pasarse de serio pues la anciana lo trato de "Vos" cuando siempre lo llamó "hijo ".
-André , agradezco todo lo que ayudas a Oscar. Sin lo que le enseñas ella sería una persona tosca y sin alegría y se rodearia sólo de malas influencias. Sin embargo, me preocupa que ambos están creciendo y tú sigas yendo a su habitación por las noches. No sé si me explico.
-Te sigo Nanny, sin embargo sabes que no le haría nada a ella. Pero entiendo. Voy a arreglar esa situación.
André era sorprendentemente un niño maduro para su edad. Nanny estaba segura que se debía a que en su casa nunca lo trataron como a un niño y principalmente debido a la educación de su padre y a las largas horas de charlas con su madre.
Obviamente Madame Grandier debía poner en contexto a Madame De Jarjayes para que la misma sepa tomar la situación cuando André fuera a pedirle aceptar alguna de sus ocurrencias.
- Nanny, Ya imaginaba que en algún momento esto sucedería, sin embargo confío mucho en André y sé que a su edad no pensaría en algo mal intencionado de su parte hacia tu nieta - lo decía mientras tomaba su té que la anciana le había traído.
-Madame, sin embargo los demás sirvientes han comenzado a insinuar cosas y me preocupa que algo así perjudique a mi nieta y su permanencia en esta casa. Ella no tiene a donde ir.
-No deberías tener en cuenta lo que digan ellos. Tu nieta se ha comportado muy bien estos años. Parece una niña muy inteligente aunque también la notaba muy solitaria como André. Ahora son apegados.
- El Señorito no ha tenido más que atenciones con ella. Los dos alimentan fantasías que no corresponden. Oscar está muy contenta con vestir como niño y que el Señorito le haya enseñado tantas lecciones. Sueña con estudiar algo o tener un negocio propio. André a su vez habla que no quiere entrar a la Guardia Francesa. Me temo que eso no agradará al Amo.
La anciana realmente estaba preocupada por esto último. Sabía de las generaciones de Jarjayes que habían servido a los Reyes franceses y que el último vástago se niegue a continuar con la tradición militar, era algo grave. Lady Jarjayes por su parte creia que sólo era una especie de desafío a la autoridad paterna lo que le pasaba a su hijo. En su momento André terminaría entrando en razón.
- Nanny, lo que creo que sucede es que André ve en tu nieta a la princesa del cuento a la que hay que salvar. Sólo que ella no es una princesa igual a las demás. Es algo peculiar y creo que a los dos hace bien que sean amigos.
-Princesa ¿Oscar? Nada más lejos que eso mi señora.
-Por eso es muy original. No te preocupes Nanny y esperemos a ver qué nos dice André, qué propondrá para zanjar esta situación.
La anciana confiaba mucho en su Ama. Siempre la había visto como una mujer sabia por haber criado a seis hijas antes pero lo que llamaba la atención en todos los círculos que ella acudía, era ser considerada una mujer muy culta y muy inteligente al tratar a las personas. Fue esto lo que el General vio ella cuando acepto el matrimonio convenido entre sus familias. Por eso aunque el General discutiera con ella, él apreciaba tener los consejos sabios de su esposa.
André no dejo de ir a enseñar sus lecciones a Óscar, pero ella observó que el mismo estaba inquieto y algo extraño.
-André hace mucho frío. ¿Por qué dejas la puerta abierta?
-Porque tengo calor. Hace calor.
- ¡Pero si te castañean los dientes!
- De ahora en más vamos a estudiar con las puertas abiertas. Si los demás aprendieran lecciones de historia o geografía no andarían de chismosos! -gritaba como para que toda el ala de servicio lo escuchara.
- No te entiendo.
-Ay no me hagas caso. -aclaro la garganta y volvió a levantar el tono de su voz -¡La guerra de los 100 años fue un conflicto armado que duró 116 años (1 de enero de 1337-17 de octubre de 1453) entre los reinos de Francia e Inglaterra.-entonces le pasó el libro a Oscar. -Ahora lee tu desde esta parte.
- Esta guerra fue de raíz feudal, - André la interrumpió.
-Debes alzar tu voz, debemos practicar entonación desde ahora.
Oscar lo miró extrañada pero le hizo caso de todas formas y prosiguió en su lectura
-Su propósito era resolver quién controlaría las enormes posesiones acumuladas por los monarcas ingleses desde 1154 en territorios franceses, debido al ascenso al trono inglés de Enrique II Plantagenet, conde de Anjou.
-Muy bien Oscar! Ahora dime quien fue esposa de Enrique II?
-La reina Eleonor de Aquitania
- Que estaba antes casada con?
-Luis VII. Espera… entonces aquello fue un divorcio?
-Puede decirse que si. El Papa mismo anuló su matrimonio.
-¿Y eso puede hacerse? Acaso un matrimonio por Iglesia nunca puede deshacerse?
-Pues, creo que esa anulación no respondía precisamente a los intereses religiosos sino a intereses económicos, favores e influencias. Como Duquesa de Aquitania era la mayor feudataria de Francia, así que fue muy inteligente en saber con qué sostener sus argumentos para el divorcio. Comprendes?
- Creo que si. Si tienes dinero puedes comprar lo que quieras... -emitió un largo bostezo. André miró como volvia a apoyar el mentón sobre una mano, y sonrió divertido. -¿Por qué te ríes?
- No recuerdo haberte visto con sueño antes. Ó es que te aburre leer?
-Pues no, lo que pasa es que hoy ha sido un día realmente agotador y cuesta un poco no sentir sueño.
André entonces dijo que por ese dia dejarían la lectura y se despidió de su amiga.
Decidió hablar con su madre esa misma noche.
Ella se encontraba borrando un pañuelo sentada en un diván. Cuando vio a su hijo, lo invitó a sentarse a su lado y siguió con su labor, dando tiempo a André a que ordenara sus ideas antes de hablar.
-Madre.
-¿Si? -respondió ella sin apartar la vista de la tela.
-Madre, tengo algo serio que contarte.
Entonces Lady Jarjayes por fin dejó a un lado el bordado y se posicionó de manera a escuchar al jovencito.
-Necesito que Oscar tome las mismas lecciones en la biblioteca de mi Padre y en los mismos horarios que me toca hacerlo.
-¿Y para que quieres esto André?
Su madre nunca preguntaba los por qués. Esto era para André siempre más fácil de responder al General. Pero Lady Jarjayes siempre profundizaba en sus averiguaciones sólo con preguntar la finalidad. "Para qué ".
- Para que ella se supere a si misma. Para que nadie manche su honor. Y para que me haga compañía en esas aburridas lecciones.
- Ya tome conocimiento que hay personas que te ven enseñándole en su habitación. Deberías saber que hagas lo que hagas, aunque tengas las más nobles intenciones, siempre habrá gente que quiera criticarte. Lo importante André, no es querer tapar el sol con un dedo para callarlos a todos. Lo importante es que tu estés convencido que lo que haces es lo correcto.
- Es que, me preocupa que una niña tenga tantas dificultades para salir adelante, ya por ser mujer, y dada su condición de no ser noble, le sea más difícil optar por lo que quiera hacer. .. Y más allá de eso, otra vez que haya gente que sólo se quiera burlar, criticar o manchar su reputación, sin conocerla realmente, sin preocuparse del prójimo.
Lady Jarjayes tomó las manos de su hijo entre las suyas y con dulzura miró a su niño
-Entiende que tu Padre es un hombre sin mucha paciencia. Ella debería estar á la altura de lo que ya has avanzado tu mismo.
-Madre, Oscar ya tiene mi mismo nivel. Ponla a prueba tú misma y dime si puedo pedir a mi Padre que acepte mi petición.
-Me parece válido. Mañana voy a esperarla a la mañana para charlar . Le puedes avisar por favor?
-Claro que si. Espero Madre en que puedas convencer a mi Padre.
-Haremos lo mejor que se pueda.
Al día siguiente Oscar estaba algo nerviosa después que haya conocido por boca del propio André que la Señora quería hablar con ella. Fue hasta el jardín donde se encontraba Madame trabajando en trasplantar unos brotes de rosas al suelo del jardín ... tenía un vestido mas modesto y las manos sucias. Pero aún así, esa mujer lucia muy elegante.
- Hola Oscar, acércate por favor.
-Si Madame.-Dijo tímidamente.
-Me dijo André que has estudiado mucho.
-Si Madame
-Pero él cree necesario que sigas estudiando, con él en la biblioteca. Te gustaría eso?
-Si Madame.
-Crees que podrás seguir el mismo ritmo de André, Oscar?
- Creo que si Madame. Pondré de mi parte para que así sea. Me esforzaré mucho.
- Dime Oscar, para que quieres estudiar tanto? -y ahí estaba su pregunta crítica.
-Quiero... Me gustaría conocer muchas cosas para estudiar alguna vez en una gran escuela, y luego ayudar a las personas como yo a salir de la pobreza.
-¿Quieres enseñar? ¿Quieres curar?, puedes ser institutriz o enfermera querida.
- Madame, no lo sé todavía. Le agradezco mucho a la familia Jarjayes por todo lo que hacen por mi, y algún día pagaré haberme cuidado y ayudado.
-- Oh querida. No es para tanto. Acaso no quieres casarte y formar familia? Sabes que las jovencitas apenas unos años mayores que tú ya se casan y tienen hijos. Una niña de tu edad ya mira a los muchachos.
-¿En serio? - Oscar abrió los ojos, realmente estaba sorprendida por semejante idea. - Pues ahora quisiera seguir aprendiendo Madame. Sólo tengo a mi abuela como familia y cuando ella ya no pueda servir a vuestra familia, me gustaría llevarla a una casita para vivir conmigo.
- Realmente eres adorable, Oscar. Puedes estudiar con o sin André todo lo que quieras en la biblioteca.
- Madame, os agradezco mucho. No obstante, podríais decirle a mi abuela que no se enoje conmigo por no poder ayudarle en la cocina en las mañanas?
- No te preocupes pequeña. Tu abuela lo entenderá.
Madame quedó reflexionando en el jardín mientras veía a Oscar correr hacia la mansión. Sin dudas era una pequeña muy singular. Sus hijas tenían a la edad de 12 años pretendientes en las casas de los aristócratas más renombrados de Versalles. Tener a Oscar estudiando con André sería como re escribir algo diferente a lo que estaba acostumbrada con sus hijas anteriores.
Como siempre, convencer al General sería la tarea más complicada y ella debía preparar el ambiente para dentro de unas semanas, tiempo que llegaría su esposo después de sus misiones en la frontera.
- De verdad crees que vas a poder leer este libro. ¿En tan poco tiempo? Me parece que estás exagerando la promesa que hiciste a mi madre.
- Debo leerlo. Me gustan las historias medievales ¿No que si éramos amigos debía leer mucho?
-¡He creado un monstruo! - Andre río y se rascó la cabeza. -Podríamos parar la lectura por hoy.? Me gustaría darte una sorpresa.
Oscar clavó sus ojos en los de André con gesto de.desaprobación. - Si no superas la emoción de leer un libro con otro libro no cuentes con que me levante de aquí.
- ¡Oh! Te emocionará más que esos libros de espadas y armaduras. Necesito que me acompañes al patio.
Oscar obedeció a André como siempre, con algo de escepticismo. Realmente estaba más interesada en la lectura, y encontrar un ejemplar sobre la biografia de Carlomagno en la biblioteca era algo que la tenía en vilo desde que vio la portada de aquel libro.
Llegaron al patio y André salió disparado en dirección a un viejo roble. Oscar decidió sólo seguirlo caminando.
-Et voilá ma cherie. - dijo André tirando una espada en el aire para que Oscar la atrape, Sin embargo no contaba con que la niña retrocederia asustada al darse cuenta.
-¡Ey! ¿Estás loco? ¿Quieres matarme acaso? -Sus ojos de verdad demostraban terror.
- Pero… pensé que te gustaría la idea. – y ahí estaba André con su característica rascada de cabeza cuando se sentía desorientado.
-¡La idea de que me rebanes algo no! ¡Hay sables en Oriente que pueden rebanar un cuerpo humano como si fuera mantequilla!
André puso los ojos en blanco -Dame paciencia Señor!- Se acercó a donde había quedado la espada, la tomó y se la acercó poniendo una rodilla en el suelo. - ¿Mi Lady, os gustaría acompañarme en la práctica de espadas de esta mañana?
Oscar la tomó con algo de curiosidad. La pesó y trato de equilibrarla en lo alto desde la empuñadura.
-Mirar cuando la usas es distinto a tenerla entre mis manos.
-¿Crees que podrías sostenerla? - Oscar asintió y se paró con algo de torpeza moviendo la espada en el aire.
André se acercó a ella y poniéndose detrás corrigió su postura guiando su espalda y sus brazos.
-Deberías separar más los pies. ¿Ves? Tu pierna derecha va un poco más al frente para equilibrar la espada que llevas en tu mano derecha. - Oscar se ruborizó ante el contacto de las manos de André sobre sus manos al separar las suyas del mango de su espada, pues la niña la tomaba con ambas manos a puño cerrado. Era la primera vez que lo sentía tan cerca de su rostro. Escuchó en su mente como un eco las palabras de Lady Jarjayes " Las niñas de tu edad ya piensan en muchachos"... y André era un muchacho.
-¡Ey Oscar! ¡Aquí! ¿Me oyes? - André tronó los dedos frente a ella para llamar su atención . - No estarás soñando con ella, ¿verdad?
-Ella?
- ¡Si! Apuesto que quieres verte como Juana de Arco. ¡Hoy vamos a comenzar a entrenar para que alguna vez guies al ejército francés en su lucha por la libertad!
Oscar sintió que su rostro ardía. Primero el contacto, luego creer que André leyó su mente y ahora la comparación con su heroína.
- Pues, pues... en-enséñame!
-¡En garde!
Al cabo de tres horas de mucha paciencia y práctica, Oscar pudo dominar su pulso y resistir las estocadas de André. Varias veces dejó caer la espada en el suelo, pero él no permitió que se rindiera. Le recordaba que era su sueño, que se lo había confesado tiempo atrás.
Para ella era una inyección de determinación por lo que retomaba la posición y con fiereza volvia a gritar -¡Ataca!
Notó Oscar en el transcurso de aquellas horas que le ardían las manos de tanto sostener el metal. Pidió hacer un alto y al desprender se dio cuenta que las mismas estaban rojas y con ampollas. Ni los trapeadores habían conseguido forzar su piel. Se quedó mirando por un momento el tono rojizo que tenía en las palmas ahí donde sujetaba el puño metálico.
- ¿Se te han formado callos? - Se acercó André jadeando por el cansancio.
-Me arden - alcanzó a decir ella. André observó sus mejillas sonrojadas por el esfuerzo. Oscar trató de recogerse instintivamente el pelo a un costado porque le molestaba el sudor, dejando al descubierto una parte de su alabastrino cuello. Este gesto natural sin embargo, llamó la atención de André pues, además desprendía un leve olor a agua de rosas.
-Mira, mis manos ya están así. - Dijo extendiéndoselas frente a ella. - Son callos. Ya no me duelen.
Oscar se acercó más y comenzó a pasar la yema de los dedos por sobre cada callo con ávida curiosidad. El cuerpo de André reaccionó ante el delicado tacto sintiendo una descarga en su espina dorsal. Era la primera vez que se producía semejante sensación.
- ¡André!
- ¿Que? - Dijo por fin saliendo de su trance
-Te pregunté si en cuanto tiempo dejaron de arderte las manos.
-Nana tiene una pomada que te refrescará.. Si quieres vamos a que te la unte. Oscar asintió y comenzó a seguir a André.
Ya en la cocina André pidió el pote mágico a la abuela y ella pensando que era para su propio uso le dio sin observar que era Oscar la que lo necesitaba.
André se sentó a su lado en la mesa y comenzó a untar aquel unguento para calmar el ardor. Una vez que hubo terminado con ella, le pidió :
-Podrías colocarme también a mi? Antes que me vuelvan a doler. -pero es que no sentía más dolor... sin embargo, inventó aquella excusa para que Oscar vuelva a posar sus dedos en sus manos.
Y ahí estaba de vuelta esa sensación extraña que se apoderaba de sus sentidos Se reprochó a sí mismo por mentir a su amiga. Retiro su palma cuando el remordimiento invadió su mente.
-Perdón. Perdón Oscar -dijo y súbitamente se alejó corriendo. Ella quedó sin entender lo que sucedía.
En su cuarto André estaba tumbado en la cama tratando de encontrar una explicación a aquella extraña emoción. La imagen de su cuello blanco, el olor suave que desprendía y aquellos dedos blancos y finos que recorrieron sus callos. ¿Por qué se agitaba su corazón ante esas imágenes?
El resto de la tarde después de un baño, Oscar como siempre se dirigió a la biblioteca a continuar con sus lecturas..
- Estás aquí. -Dijo André al asomarse desde la puerta. -Me gustaría acompañarte. Que lees?
-Carlomagno. Es interesante.
- De veras? Te escucho.
Oscar comenzó a leer, sin embargo Andre cayó en cuenta que poco y nada lograba retener de lo que ella decía. Iba concentrándose en las diferentes variaciones de voz y del movimiento de sus labios. Notaba que habían mechones de pelo que se introducían en su cuello por debajo del cuello de su camisa y sintió curiosidad de saber si picaban o acariciaban esa piel. Siempre la tenía ahí, a su alcance, pero ese día él estaba descubriendo a una nueva Oscar. Le gustaba mirar la perfección de toda ella.
- Estás muy distraído hoy André Jarjayes!
-Es que... -suspiró- Estoy un poco cansado. Mañana te gustaría volver a practicar con las espadas?
-Si Andre! Me gustaría mucho. Gracias nuevamente. - lo dijo con una sonrisa que André se descubrió desarmado ante aquel gesto instintivo.
-Me-me tengo que retirar. Tengo sueño. Nos vemos mañana.
Subió las escaleras lo más rápido que pudo. Otra vez tenía un mar agitado por dentro. No tenía sueño pero necesitaba tranquilizarse. Sentia ganas de estar cerca de Oscar pero a la vez tenía que controlar aquellos efectos fisicos que le eran completamente extraños al notar algo nuevo en ella.
Al día siguiente después de desayunar Andre busco.a su amiga por la casa sin éxito. Entonces se dirigió frente a aquel roble y la encontró practicando sablazos en el aire.
- Lo ideal es que tengas un contrincante Oscar. El aire no puede atacarte como este servidor. Buenos días!
-Buenos días. Quería practicar desde temprano. Sabes que ya no me duelen las manos? Mi abuela me vendó anoche las heridas después de colocar aquella pomada y hoy amaneci sin molestias.
-Te dije que los remedios de la nana son milagrosos. Estas lista?
Oscar asintió y se puso en posición para comenzar la siguiente lección de esgrima. Hubo momentos en que dio pasos avanzando y atacando muy a pesar del buen nivel de André quien la superaba en técnica y fuerza por los años de práctica. Ella demostraba que en poco tiempo podría estar a su mismo nivel. Era impetuosa y aunque cometiera errores de principiante, los corregia de inmediato en la siguiente jugada.
Al cabo de un buen tiempo, oyeron la voz de Madame Grandier quien les alcanzó una bandeja con manzanas maduras y una jarra con agua.-Deben alimentarse niños- dijo - con semejante ejercicio bajo el sol pueden sufrir alguna descompensación.
Ambos soltaron sus armas y se dirigieron al lugar en que Nanny depositó aquello que trajo.
-Manzanas! Dijo André- Quien llega al último pierde una manzana!
Oscar corrió con su vida para dejarlo atrás. Al tener menos peso lo superó ampliamente en la carrera.
-Me debes una manzana André Jarjayes. -dijo con la respiración agitada.
-La verdad que a la velocidad que corres, te debo un árbol completo. - Tenía las manos apoyadas en las rodillas tratando de recuperarse.
André devoraba con avidez las frutas y Oscar lo seguía. Descansaron satisfechos bajo la sombra del roble sentados sobre el pasto. Oscar recogía con los brazos sus rodillas y miraba el cielo, alternando momentos en que inhalaba la brisa de la mañana cerrando los ojos y dejándose llevar por sus pensamientos.
André la observaba deleitado por aquellos gestos que para el comenzaban a delinear la femineidad de su compañera y le gustaba.
- Dime Oscar. -le dijo sacándole de sus ensoñaciones- recuerdas cuando nos conocimos?
-A que viene esto? Claro que lo recuerdo, Señorito André. -levanto las cejas para marcar las dos últimas palabras.
-Ah... sabes cuánto odio que me digan "Señorito"... Pero más odio si tu me lo dices así. - André puso una cara sería al principio, Pero luego la volvió a mirar con una tierna sonrisa.
Oscar se fijó en sus ojos verdes que bajo el árbol adquirían una tonalidad más pura y brillante. Estaba de buen humor.
- Es el tratamiento que te corresponde alguna vez serás el Conde Jarjayes y todos seremos tus vasallos. Aunque te disguste, esa es tu realidad.
-Recuerdo esa primera vez que Nanny te presentó. ?Por que tenías miedo a que me.burle de tu nombre?
- La respuesta es obvia y la sabes.
-Claro. Pero aquella vez prometieron contarme el motivo de tu nombre. Es cierto que resulta singular, pero desde que te conozco...nunca he podido ver a otro Oscar sin asociarlo a cierta niña impetuosa.
- Es una historia algo peculiar. Habíamos nacido en la misma fecha otro niño y yo en Áreas. El padre de ese niño se llamaba Oscar y su madre Françoise. Mis padres habían elegido el nombre de Catherine María Josefa, Sin embargo el secretario del cura que debía inscribir nuestros nombres estaba ebrio, y confundió los papeles y anotó en mi acta de nacimiento el nombre de aquel niño y él se llevó el nombre de Joseph Marie Constantine.
- No se quién se llevó la peor parte!
- Pues creo que me tocó esa peor parte a mi.
André se acercó a ella y tocó su hombro con el suyo.
- No lo creo. Desde esa vez te he dicho y lo sostengo que me gusta mucho tu nombre. -y suspiro al terminar la frase.
Oscar sintió arder sus mejillas y escondió la cabeza entre sus brazos.
- Ninguno de nuestros padres reparó en aquel error sino días después. En la pila bautismal me llamaron por mi nombre correcto lo mismo que a aquel Oscar. Sin embargo el secretario envío a París los documentos y en el censo quedé registrada como Oscar. Mi padre quiso cambiar ese nombre pero le dijeron que para ello necesitaba contratar un abogado y solicitar audiencia con el mismo Rey para lograr el cambio.
André seguía escuchándola, mirándola fascinado. Notaba que bajo sus pestañas iba formándose una capa de humedad cada vez que ella mencionaba a su padre.
- Eso obviamente costaba mucho dinero y mi padre no lo tenía. Se prometió a si mismo ahorrar dinero cada año para pagar un abogado que iniciara los trámites pero los que habían en Arras sabiendo del interés de mis padres sólo aumentaban sus honorarios también cada año.
-Basuras. Aprovechadores. -Dijo André con seriedad.
-Luego, Mi madre habló con el sacerdote pues se negaba a llamarme por un nombre masculino. El padre varias veces la había oído llamarme Catherine, y la reprendió porque ese ya no era mi verdadero nombre y que debía aceptar la voluntad de Dios. Que aquello sucedió por algo. Ella no quiso acatar y como era insistente nuevamente les dijo que ese error fue de ellos y que debían repararlo. El sacerdote y el secretario urdieron un plan y mi madre cayó en la trampa, juntamente con la madre de Joseph. Ambas acudieron a la Iglesia solitaria y ambos hombres les propusieron negociar el nombre de sus hijos a cambio de que ellas les entreguen su honor.
-Miserables mal nacidos! -Espetó furioso el chico.
- Mi madre había prevenido a mi padre que no estaba segura de acudir al sacerdote, por lo que él había seguido los pasos de ella, y al oír los gritos de ambas mujeres, él comenzó a llamar a los vecinos para que lo ayudaran a abrir las puertas de la Iglesia. Encontró a la madre de Joseph inconsciente y a mamá con la ropa rasgada. Los malnacidos quisieron inventar una excusa y los hombres del pueblo igual les cayeron con una gran golpiza. Habían jurado que nunca cambiarían nuestros nombres por aquella ofensa, como castigo por querer torcer la voluntad de Dios y no colaborar con sus representantes.
-Dios... Dios.. en su nombre la humanidad sigue cometiendo tantos crímenes.
De nuevo Oscar escondió el rostro y André notó que estaba sollozando.
-Mi padre antes de morir me dijo que tal vez debiera aceptar el nombre de Oscar al final para protegerme mientras fuera una niña indefensa, y que me instruyera en algún oficio o profesión de manera a que obtenga dinero o me casara con algún hombre de dinero que pueda cambiar mi nombre.
André apoyo una mano en su hombro y comenzó a presionar gentilmente para demostrarle que quería consolarla. La abrazó por completo y Oscar dio rienda suelta a sus lágrimas y por fin lloró en silencio en los brazos de su amigo. El calor y el olor que percibió entre las ropas de André la tranquilizaron e inundaron sus sentidos. Pronto las manos de él comenzaron instintivamente a recorrer su espalda para lograr que dejara de llorar. Oscar se separó del abrazo y lo miró. André secó sus lágrimas con los pulgares. Entonces acercó su rostro al de ella y susurró dulcemente en su oído:
- Pero tú ya no eres una niña indefensa. -Y luego le dedicó una tierna sonrisa. - Sigamos practicando mi pequeña Catherine!
-Supongo que me seguiré llamando Oscar... -Dijo ella con una sonrisa maldibujada en su rostro. - y algún día voy a tener dinero para cambiar este nombre. Voy a luchar por ser alguien con una profesión!
-O conocerás algún joven y apuesto noble de alto linaje y cercano al Rey que se quiera casar contigo y te ayude a lograrlo.
-¡Jajaja! ¡No digas bobadas, André! ¿Qué noble va a querer casarse con una plebeya que tiene nombre de hombre? ¡Jajajaja!
André suspiró y prefirió seguirle la corriente. Se sorprendió a sí mismo haber hecho aquella propuesta, pero agradeció que Oscar sea algo despistada para este tipo de temas.
-Bueno ma cherie-Dijo incorporándose y tomando su florete- Sigamos practicando. No podemos descansar más. Debes ser fuerte para luchar contra sacerdotes pervertidos y secretarios lujuriosos que se quieran aprovechar de tu aspecto suave y débil.
Oscar también se incorporó y de vuelta iniciaron una nueva práctica de esgrima.
Llegaron un tiempo ejercitándose. Oscar mejoraba rápidamente. En unas horas parecía dominar nuevas técnicas y resistir con más bravura.
A lo lejos el General Jarjayes que había llegado sin previo aviso, observó al principio un poco escéptico pero luego prestando atención a los movimientos de aquella chiquilla. Calculaba que tenía estilo y que hasta parecía manejar mejor la espada que André. Con más práctica y sus enseñanzas podría ser una experta en poco tiempo... Pero André con tantos años, era muy Bueno, pero le era extraño que aun siguiera repitiendo ciertos errores que ya debió haberlos corregido.
Entró a la casa y preguntó por Madame Jarjayes.
Una vez que la vio sentada en un sillón...
- Desde cuando esa niña practica con André a las espadas?
-Buenos días Conde Jarjayes. Bienvenido a vuestra casa. Os estábamos esperando con ansias. -Dijo la mujer con una sonrisa mientras dejaba su bordado a un lado.
-Perdón Madame. Buenos días! Te extrañe mucho. Ahora responde lo que te pregunte.- Dijo mientras se quitaba los guantes.
-Antes que te disgustes, te explico que fue un pedido de tu hijo y viendo que en la casa nadie quería entrenarlo accedí a conceder su petición.
- No me malinterpretes querida esposa. Me ha sorprendido el manejo que tiene esa niña con su espada. Hace cuanto esta practicando?
-Apenas desde ayer.
-!Desde ayer! Es increíble! Parece casi una experta! ¿Cuántos años tiene?
-Hace poco cumplió 14 años.
- Que piensas de ella Madame?.-Dijo rascándose la barbilla.
-Es una niña inteligente, honrada, y muy respetuosa. Sus ambiciones no son las de las niñas normales. Me ha sorprendido gratamente y es por eso que aliento su amistad con André... pero... General, conozco ese gesto. Me gustaría saber qué estas pensando querido esposo.
-Pienso sacar provecho de la situación. Además, mujer , el Rey me ha notificado que hay serias posibilidades que André sea asignado como comandante de la Guardia Real que atenderá al Delfín!
Lady Jarjayes llevó las manos a la boca de la sorpresa. Podía imaginar las interminables reuniones y charlas con los asesores de Su Majestad para que otorguen ese cargo a su hijo. Para el General, era motivo de mucho orgullo esta noticia, No así para André que probablemente inicie una guerra con tal de llevar la contra a su padre.
- Monsieur! Estoy orgullosa de este logro. Sin duda es una gran noticia para la familia. Sé que es tu sueño largamente acariciado. Pero sabes que André tiene sus objeciones.
- Sé que puedo contar con tu ayuda para convencerlo, querida. Entiendes que es importante para nosotros que André tenga su espacio en la Corte, un cargo militar como todas las generaciones de Jarjayes. Reconozco que protestará, pero debemos conseguir que acepte y se empeñe en dar lo mejor de sí mismo para dejar en alto el nombre de esta familia.
Ajenos a esta conversación, Oscar y André volvieron del patio ingresando sonriendo a la mansión. Estaban agotados pero la charla era amena.
En lo alto de la escalera se encontraba el General que saludó de manera muy sería.
- Oscar, necesito conversar en privado contigo . Acompañame por favor .
Ella miró a André buscando ayuda en sus ojos y se encontró con los de él que sólo transmitían más angustia.
- Si, amo. Subo. -Cabizbaja se dirigió hasta el Conde, subiendo los escalones.
André comenzó con el torbellino de ideas mezcladas con emociones, donde lo primero que temía era que su padre la regañe por estar cerca de él. Pero en ese caso me debería reprender a mi. Ó tal vez por andar en ropas de hombre, O le advertirá tal vez aquello de que no alimentara esperanzas por ser una sirvienta... "Diablos! -pensó con los puños apretados, mientras veía alejarse la figura de Oscar lentamente - No quiero que la dañe, no quiero que la maltrate como me maltrata a mi. No ahora que se que es una niña tan frágil".
Lady Jarjayes que de nuevo estaba bordando en una esquina del salón, presenció la escena y hasta podría decirse que adivinaba los pensamientos de su hijo, entonces carraspeó suavemente de manera a llamar su atención.
-André, ven aquí. Acompáñame por favor.
-Madre, por qué la va a regañar?
- Por qué asumes que la regañará?
-Pues porque mi padre sólo regaña a las personas. Lo hace siempre conmigo. No soportaría que la trate mal.
Lady Jarjayes observó el rostro de su niño. Comenzó a adivinar que pasaba algo por su cabeza pero prefirió no angustiarse por eso.
-Tal vez sólo quiera conocerla. Tu padre sólo quiere tu bienestar. Y eso incluye conocer a quienes están a tu alrededor.
Mientras tanto, Oscar estaba frente al escritorio del General, observando el gran porte del aquel amo a quien ella tenía en el concepto de exigente en extremo.
-Siéntate por favor. -Jarjayes estaba de espaldas.
La niña obedeció con temor. No despegaba los ojos del suelo.
- Se que te llamas Oscar y eres la nieta de Marrón -Glacé. Cuantos años tienes?
-Tengo 14 años, Señor.
-Me han informado que has estudiado con André todo este tiempo. Me alegra saber que tienes un gran progreso.
-Gracias Señor.
-Iré al grano, Oscar. -El General que estaba de espaldas a ella giró y apoyó sus puños en el escritorio para asegurarse que la escuchara - Hoy vi como usas la espada y estoy muy sorprendido. Lo haces muy bien. Todavía me pregunto cómo has aprendido.
-Me ha enseñado André y antes... -recordó que ella los miraba practicar y temió alguna reprimenda - he leído algo en la biblioteca al respecto , Señor Jarjayes.
- Quiero que sigas entrenando con mi hijo, Oscar. Quiero que sigas estudiando con el. Y llegado el momento quiero que me ayudes a que André elija el camino correcto para su vida.
-Señor, le agradezco que quiera que acompañe a su hijo, sin embargo no sé en que podría ayudar a que André elija su camino.
-Solo te pido que lo convenzas de que acepte ingresar a la Guardia Real. Sabes que ese es su destino, y es lo mejor para el.
-Señor, Creo que el debería tener esta charla con Vos, y no conmigo.
-Confío en que me ayudarás Oscar.
-Señor haré lo que esté a mi alcance.
- Por supuesto que no hace falta que André tenga conocimiento sobre nuestra charla.
-Entiendo Señor.
-Puedes retirarte.
Oscar se levantó de la silla y salió del salón. Cerró la puerta y se quedó pensando en toda la situación. No estaba de acuerdo con el pedido del Amo. Ella debería apoyar los sueños de André como él apoyaba los suyos. Definitivamente no podría salir en contra de André.
Al bajar las escaleras vio que al pie de ellas estaban un par de ojos verdes anhelantes, que no ocultaban la impaciencia por conocer la conversación entre ella y su padre. Había adelantado un pie sobre el primer escalón. La impaciencia lo consumía.
-Que fue lo que te dijo?
-Me felicitó porque he estudiado contigo y dice que manejo mejor la espada que tú. Quiere que siga así.
André quedó boquiabierto. No podía creer que el General no haya regañado a Oscar o a la amistad entre ambos.
- Por qué tengo la impresión que me estás ocultando algo?
- Nos vemos mañana para seguir practicando, Petit garçon. - y se alejó hacia sus aposentos con una sonrisa traviesa, dejando a André que de nuevo sólo quedó rascándose la cabeza por la confusión.
Fin capítulo 2.
Espero que haya gustado. Es un lindo desafío esto de cambiar los papeles. Gracias por leerme y apoyar con sus comentarios.
Fátima.
