Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Shounen –ai
–Diálogos.
"Pensamientos."
Para Senshi Hisaki Raiden.
EL GUARDAESPALDAS
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
Salió de la habitación sin hacer mucho ruido. Subió las escaleras sin que el otro se diera cuenta, con sigilo y con rapidez. Aprovechó que el joven de cabellos azules estaba abajo, así que abrió la puerta de su habitación. Era espaciosa y anchurosa, tenía de todo. Ordenador, DVD, televisión de plasma, video, un equipo de música, calefacción, aire acondicionado… Se dio cuenta de que había una puerta a su derecha, ese sería el baño. Agarró con fuerza la bolsa y miró a su alrededor. La enorme cama, el baúl, los armarios, las cortinas y las ventanas...
Pensaba dónde habría ocultado las pruebas del delito.
"Si yo fuese un niño", miró hacia el armario. "Mancharía su ropa", descartó esa posibilidad, miró hacia los cajones. "Poco probable", por último miró hacia la cama. Caminó hacia ella y se agachó para levantar las sábanas. Había una bolsa, así que la sacó y la abrió, dejando la que traía consigo en el suelo–. Bingo –dijo al descubrir las pruebas del delito. Bajó la mirada, ocultando sus ojos con su flequillo, sonriendo con malicia.
Mientras tanto, Takao esperaba un grito desde allí abajo. Se miró el reloj de la muñeca con desesperación.
"Está tardando mucho", se encogió de hombros, quizás se había dormido, así que aprovecharía el momento para cenar–. Gustuv –lo llamó. El mayordomo no tardó en ir– ¿La cena está lista?
–Sí, señorito.
–Bien, sírvela –se puso de pie y caminó hasta la mesa del gran salón. Tomó asiento cuando escuchó el timbre. No se preocupó en abrir, sabía que sus sirvientes lo harían por él.
–Aquí tiene señorito –dijo Gustuv empujando un carrito para poner con más rapidez todos los platos.
–Debe de estar delicioso.
El mayordomo sonrió complacido ante ese comentario. Miró al recién llegado–. Buenas noches señorito Hitoshi, ¿desea que le sirva?
–Está bien, Gustuv –dijo el recién llegado sentándose en la mesa frente a Takao–. Hola hermano. El otro sólo lo miró cogiendo el tenedor y el cuchillo para disponerse a comer– ¿Dónde está tu guardaespaldas? –preguntó al darse cuenta de que no estaba junto a Takao.
–Ni lo sé, ni me importa.
Kai bajaba las escaleras. Tenía que darle eso a algún sirviente. O mejor no, pasaría ante las narices de Takao como si hubiese salido de su habitación. Miró hacia delante al dirigirse al comedor, viendo cómo Hitoshi le hablaba a su hermano o más bien a una pared.
–Takao, ¿sabes si ha llamado papá?
–No, que yo sepa –le contestó con aburrimiento–. Por cierto, ¿a dónde has ido?
–Me he comprado ropa, están en rebajas.
–Genial –expresó con fastidio, para mirar hacia su izquierda y ver a Kai con una bolsa en la mano. Sonrió satisfecho por su obra de arte, seguro que Kai iba a lavar los pantalones y a darle la noticia de que abandonaba esa mansión.
–Hola, Kai –le saludó el mayor de los hermanos.
–Hola –le respondió para mirar al sirviente–. Gustuv, ¿podrías tirar esto a un contenedor? –Miró a Takao, viendo como éste intentaba ocultar su sonrisa–. He tenido que hacer limpieza.
–Claro señor, ¿quiere que después le sirva? –le preguntó, cogiendo la bolsa.
–Sí, gracias Gustuv.
–Kai –le interrumpió Hitoshi, llevándose la atención de éste– ¿Por qué no te sientas con nosotros a cenar esta noche? –Takao lo miró con cara de ¿estás loco?, para luego mirar al bicolor.
–Puede que en otra ocasión, señor –se dio media vuelta hasta perderse de vista.
–¿Te has vuelto loco? –espetó su hermanito una vez que ambos estaban solos.
–Vamos, ¿qué tiene de malo? Ahora es como de la familia. –aclaró Hitoshi.
–No, no lo es y deja ya de amargarme la existencia, Hitoshi.
–¿Por qué no hacemos un trato? Tú no hablas mientras cenamos y yo tampoco lo hago.
–Con tal de no escucharte, lo que sea. –habló irritado.
&&&KaiTakao&&&
Kai cenaba con tranquilidad en su habitación al igual que la noche anterior. Ahora la cena le sabía mejor después de su posible triunfo. Nadie se metía con Kai Hiwatari así porque sí. Lo que le preocupaba era saber porqué el señor Kinomiya estaba tan nervioso antes de su partida. A un chico no se le prohíbe la libertad así como así, si no se tiene una buena razón. Y luego estaba eso del concierto... viendo como era el chico, no le extrañaba en absoluto que intentase escapar. Si iba a ir a ese concierto, tendría que acompañarlo, pero viendo cómo era el carácter de Takao, sabía que no se lo dejaría fácil.
Terminó de cenar, así que salió de su habitación. Miraría a ver si Takao ya había terminado de cenar. Lo vio justo en el momento en el que éste se disponía a subir las escaleras. Y lo siguió en silencio hasta el piso de arriba.
El moreno de piel al sentirse observado, se dio la vuelta–. Voy a mi cuarto. A dormir –le informó al ver que era perseguido. Hizo un ademán con la mano–. Vete a otro sitio.
–Negativo –se cruzó de brazos.
–Negativo –asintió con la cabeza– ¿Quieres algo?
–Afirmativo.
–¿Y? –hizo un movimiento con la mano, girando la muñeca, mirándole con aburrimiento y retorciendo los ojos, esperando a que continuase.
–El concierto.
–¿Qué pasa con eso? –preguntó interesado.
–Tengo que saber la hora, para poder llevarte.
–Ejeh –rió con una sonrisa fingida para ponerse serio y cruzarse de brazos– No, tú no me vas a llevar a ningún sitio. ¿Estamos?
–Negativo.
–Negativo –le hizo burla – ¿No te enseñaron otras palabras que esas en dónde quiera que estudiases?
–Negativo.
–Prr. Qué fastidio –se rascó la nuca–. Mira, si tengo que ir al concierto contigo, sintiéndolo mucho no voy. Que te quede clarito –se dio media vuelta.
Kai sonrió con triunfo–. Buenas noches.
Takao no dijo nada, simplemente se metió en su habitación, echando la llave. No se fiaba de ese guardaespaldas. Si era capaz de decir que si no salía en el tiempo que dijese, entraría a buscarlo, era capaz de meterse con él en la habitación. De pensar en otro pensamiento más íntimo, sentía escalofríos.
"Tengo que ir a ese concierto como sea, y si para eso tengo que fugarme de la mansión y bajar por la ventana de mi habitación, lo haré", pensó con decisión.
&&&KaiTakao&&&
Takao desayunaba en el jardín, mirando con atención la piscina. Pensaba en cómo podía sacar sus gafas de ahí. Esas gafas eran sus favoritas y quería recuperarlas.
–Estúpido, Hitoshi –masculló con enfado para luego mirar con ojos lastimosos hacia el agua. Se centró en comer, cuando vio una sombra en la mesa. Miró hacia ella con desgano, sabiendo que se trataba de Kai, así que regresó su vista al plato.
Le resultaba algo raro el pensar que después de su pequeña trastada, el bicolor no se hubiese marchado ya. A lo mejor no le había tomado importancia, o no sabía que se trataba de él. Quizás era un poco más resistente que los otros.
El joven de ojos color carmesí sólo se cruzó de brazos, poniéndose a la sombra mientras miraba a su objetivo. "Seguro que está tramando algo".
"¿Cómo puedo hacer para ir al concierto sin que esta lapa me siga?", sonrió al encontrar una posible solución a su problema. Miró a Kai para ver cómo su vista se ocultaba tras esas gafas negras. ¿Es que no se las quitaba ni siquiera para dormir por la noche? Bueno, eso era lo de menos, iba a comenzar desde ya con su plan.
El bicolor contemplaba en silencio cómo Takao dejaba de comer su macedonia de frutas, para recargar sus codos en la mesa y dejar caer su cabeza en las palmas de sus manos. El tiempo pasaba y ambos permanecían en silencio.
"¿Es que no va a reaccionar o qué?", pensaba Kinomiya. Seguía en la misma postura cuando Gustuv llegó al jardín para ver si había terminado de desayunar.
–Señorito, ¿se encuentra bien? –preguntó preocupado, ya que era muy difícil ver al menor de los Kinomiya así de decaído.
–Gustuv, ¿podrías prepararme una manzanilla? No me encuentro muy bien –se puso de pie tambaleándose un poco, agarrándose con firmeza a la mesa–. Creo que voy a ir al servicio.
–Déjeme que lo ayude señorito –se acercó a él y le sirvió de apoyo para guiar al menor hasta el servicio, entrando en la mansión.
–Gracias, Gustuv –observó con disimulo cómo Kai lo había seguido y se había quedado con su postura de brazos cruzados esperando a que saliera del servicio, una vez que cerró la puerta.
Takao se miró al espejo una vez que entró. Su piel era demasiado morena, no parecía en absoluto la de un enfermo. ¿Cómo haría para ponerla más pálida? Abrió un pequeño armario que rodeaba el espejo, seguro que allí estaba la clave de todo y... ¡bingo! Cogió un trozo de algodón y un bote de polvos talco.
Sin miramientos empezó a hacer el sonido de las arcadas. Echó un poco de polvos en el algodón y empezó a repartírselo por toda la cara. Para que no sospecharan, cortó y cerró el grifo de agua, hacia arriba y hacia abajo con mucha rapidez al tiempo que hacia el sonido. Cerró los polvos y cuando lo fue a colocar en el armario, se le resbaló cayendo al lavabo. Se echó manos a la cabeza e hizo una mueca de "ojalá que no lo hayan escuchado". Miró hacia la puerta y lo puso todo en su lugar.
–Pobre señorito –dijo el mayordomo–. Esperaré a que salga.
Kai miró al mayordomo– Gustuv.
–¿Sí, señor?
–Vaya tranquilo a por la manzanilla. Yo esperaré hasta que Takao salga y lo llevaré hasta su habitación.
–Está bien, con su permiso –se retiró hacia la cocina para empezar a hacer la manzanilla.
Kai escuchó cómo después de un rato, la cisterna sonó al igual que el pestillo de la puerta. Un pálido Takao salía con una mano puesta sobre la barriga y otra mano apoyada en la pared.
–¿Dónde está Gustuv? –preguntó fingiendo malestar.
–Preparando manzanilla. –le hizo saber.
–Yo... –no le gustaba lo que iba a pedirle, pero si quería que Kai se tragase el cuento de que estaba enfermo, tendría que hacerlo– ¿Puedo apoyarme en ti para ir a mi habitación?
–Afirmativo –dijo sin más, sintiendo cómo el menor le pasaba el brazo por el cuello y Takao sentía cómo Kai lo agarraba por la cintura. Con lentitud y viendo cómo Takao respiraba por la boca en lugar de por la nariz, subieron las escaleras.
–¿Puedes... parar un poco? –le preguntó apenas sin fuerzas, apoyándose en la pared. Sentía cómo Kai lo miraba sin perder detalle, así que decidió que cuanto antes estuviera encerrado en su habitación, sería mucho mejor–. Ya – le indicó de esta forma que podían continuar en su trayecto. El bicolor lo guió hasta su habitación en silencio, entrando en ella hasta sentar a Takao en la cama–. Gracias –se tumbó de lado, esperando a que Kai se fuera de allí, pero no lo hacía–. Me gustaría poder dormir... un poco. –aclaró con voz apagada.
Kai miró hacia su derecha, viendo como Gustuv entraba con una taza de manzanilla en la mano.
–¿Cómo se siente, señorito?
–No muy bien –veía cómo Gustuv dejaba la taza en la mesita.
–¿Quiere que llame al médico? –preguntó el sirviente.
–No... –se apresuró casi a decir–. No es necesario, me pondré bien. Me habrá sentado mal el desayuno, eso es todo.
–Gustuv –interrumpió Kai con seriedad.
–Dígame.
–Trae un termómetro.
–Enseguida –abrió uno de los cajones del comodín, sacando el pequeño artefacto.
"Como me pongan el termómetro estoy perdido", pensaba el joven de cabellos azules, viendo que Gustuv le iba a dar el termómetro–. Gustuv, déjalo sobre la mesita. Me encuentro muy mal y quiero dormir un poco. Si no os importa, me gustaría estar solo.
–Como quiera, señorito.
Takao cerró los ojos y escuchó cómo la puerta era abierta y cerrada. Al pasar un rato decidió abrir lentamente los ojos, fingiendo, ya que sentía una presencia en la habitación.
–Oye. ¿No me has oído? Quisiera descansar. –le recordó al bicolor, que todavía seguía ahí parado.
–Dos horas. Y para entonces espero que te hayas puesto el termómetro –dijo autoritario antes de salir de la habitación.
Cuando Takao escuchó cómo la puerta se cerró, se incorporó sobre la cama y se puso a hacerle burlas. Miró con interés la lamparita de noche que había sobre la mesita. Sonrió al ocurrírsele otra nueva idea.
&&&KaiTakao&&&
Takao escuchó cómo tocaban la puerta. Metió con rapidez una gameboy debajo de la almohada. Se puso el termómetro con rapidez en el sobaco.
Se aclaró la garganta–. Adelante.
Vio cómo Kai entró a la habitación con pasos decididos– ¿Te encuentras mejor?
–Sólo un poco –sacó el termómetro para ver la temperatura, Kai lo miraba esperando una respuesta–. Genial, tengo fiebre –dejó el termómetro con lentitud sobre la mesita. Kai cogió el termómetro para ver que la temperatura era alta– ¿Te duele la cabeza?
–Un poco, por la sien –especificó. Tocaron la puerta, sacando a los dos de la conversación y ambos comprobaron que se trataba de Hitoshi.
–Hola Takao, ¿puedo pasar?
–Claro Hitoshi.
Su hermano caminó hasta sentarse en la cama y mirar a su hermano con preocupación–. Gustuv me ha dicho que te encontrabas mal. ¿Estás ya mejor?
–Sólo un poco.
–¿Y qué es lo que te pasa? –preguntó preocupado.
–Me duele un poco la sien y siento mal estar. Hasta he vomitado el desayuno. –le informó con voz apagada.
–Será algún virus. ¿Has llamado a un médico?
–No, creo que me ha caído mal el desayuno y ya está. Además, la manzanilla me ha hecho sentir mucho mejor. –aclaró.
–Vaya, qué pena. Te iba a proponer ir al concierto los dos juntos esta noche, pero creo que no va a poder ser. Tanta pelea para nada. –Sonrió con algo de tristeza.
Takao le correspondió la sonrisa de la misma manera–. Es verdad, supongo que otra vez será. Quisiera estar solo, intentaré dormir otro poco. A ver si se me pasa el malestar de una vez.
–Está bien, así con un poco de suerte podremos ir los dos al concierto.
–Claro.
Se puso de pie y miró a Kai–. Vámonos fuera –Kai miró a Takao para después seguir los pasos de Hitoshi, cerrando la puerta tras de sí.
–¡Sí! –susurró con alegría Takao. Todo le estaba yendo viento en popa. Se puso de pie y sacó una pequeña mochila de debajo de la cama. Una cuerda, dinero, la entrada y el carné era todo lo que necesitaba por ahora, además de la ropa que estaba más que elegida en el armario.
&&&KaiTakao&&&
–Señor Hitoshi –le llamó Kai, bajando las escaleras, tras éste.
–Llámame Hitoshi –le dijo dándose la vuelta con una sonrisa.
–Hitoshi. ¿A qué hora era ese concierto?
–Comenzaba a las diez de la noche, va a cantar Linkin Park. A Takao le encanta ese grupo y lleva esperándolo desde hace un año. –se refería al concierto.
–Así que es su grupo favorito. –continuó Kai.
–Sí, ¿quieres algo de tomar?
–No gracias, regresaré arriba.
–Pero Takao quiere estar solo.
–No he dicho que vaya a entrar.
–¿Entonces?
–Esperaré en la puerta por si me necesita –dijo volviendo a subir por las escaleras.
Hitoshi miraba con atención ese perfecto trasero. De todos los guardaespaldas que habían llegado a la mansión, Kai le parecía el más serio, pero a la vez el más atractivo. Un día le invitaría a tomarse algo y no estaría dispuesto a recibir un "no" como respuesta.
Fin Flash Back
&&&KaiTakao&&&
Un pequeño movimiento en su pecho le hizo mirarle, para ver cómo los ojos de su compañero se abrían lentamente.
–¿Qué haces despierto? Es muy temprano –le preguntó el menor.
–Supongo que no podía dormir –le acarició la cabeza, sintiendo cómo el otro lo abrazaba más– ¿Y tú? ¿Por qué te has despertado?
–No lo sé, supongo que serán los malditos nervios.
–Lo harás muy bien, como tu una vez dijiste, es un simple discurso –intentó animarle, aunque sabía muy bien que eso no era lo que le preocupaba al otro.
–Lo sé –besó el pecho blanquecino.
–No tienes nada que temer –el otro ante esas palabras, levantó la cabeza para mirarlo a los ojos–. Yo estaré contigo y todo saldrá bien. Ya lo verás –terminó la frase, notando que el otro no estaba muy seguro de lo que había acabado de escuchar.
–Eso espero –se aproximó hasta sus labios para empezar a besarlo con tranquilidad y dulzura, sintiendo cómo sus posiciones eran cambiadas de nuevo y cómo el mayor, lo protegía en un abrazo.
Flash Back
Gustuv acababa de salir de la habitación de Takao. Llevaba una bandeja con un plato hondo vacío. Kai estaba sentado en el pasillo, en una silla que Gustuv le había puesto.
–El señorito se ha dormido –le informó–. Usted debería de hacer lo mismo.
–Hm –miró el reloj. Eran las nueve y media de la noche.
–Por cierto, el señor Kinomiya ha llamado hoy. Como usted sabrá, ha adelantado el viaje y regresa mañana al mediodía. Espera encontrarlo todo normal a su regreso.
–Gustuv. ¿Le has contado algo acerca de Takao?
–Por supuesto, el señor debe de estar enterado de todo. Por cierto, el señorito Hitoshi me dijo que lo esperaba en el comedor.
Kai miró atentamente hacia la puerta, para después resignarse y ponerse de pie para caminar detrás de Gustuv.
&&&KaiTakao&&&
Mientras tanto en la habitación, Takao se aseguraba que la cuerda que había atado estuviera bien amarrada a la pata de la cama.
–Concierto, espérame porque voy hacia allí –se susurró a sí mismo feliz. Fue descendiendo muy lentamente por la cuerda, no era ningún problema para él, ya que lo había hecho un montón de veces.
Ya estaba en el suelo. Miró hacia los lados. Por suerte no había nadie y estaba oscuro, con lo cual sería más difícil que alguien lo viera. A su favor estaba que no había cámaras de seguridad para grabarlo en el tramo en el que caminaba. Conocía a la perfección su mansión, así que sabía por dónde caminar con seguridad sin ser vigilado.
Se ocultó tras los arbustos y abrió una pequeña puerta que él mismo había fabricado a su modo y que daba al exterior de la mansión. En unos instantes, estuvo fuera de la mansión. Se dirigió corriendo hacia la parada de los taxis que no quedaba muy lejos de allí.
&&&KaiTakao&&&
–Señorito Hitoshi, el señorito se ha quedado dormido. –le informó el mayordomo.
–Está bien Gustuv, gracias por decírmelo –vio cómo el mayordomo se fue caminando dirección hacia la cocina.
–¿Querías verme, Hitoshi? –preguntó el recién llegado.
–Sí. Por favor, siéntate. –le pidió amablemente.
–Estoy en hora de servicio –se excusó.
–Como quieras –vio que el bicolor se cruzó de brazos, esperando a que le dijera algo–Yo... quería decirte que si mi hermano no te trata como es debido, no se lo tomes en cuenta, pero házmelo saber. –Ante el silencio de Kai, decidió continuar aunque no sabía muy bien cómo seguir, ya que únicamente lo había hecho llamar porque quería verlo, y no tenía planeado lo que iba a decirle –Verás, no es mal chico, pero es muy cabezota. Mn... ¿Eres de aquí? –se le ocurrió preguntar de repente.
–Negativo.
–Bueno y... ¿de dónde eres?
–Rusia.
–Está lejos de aquí –apoyó el codo sobre la mesa, para ponerse más cómodo–. Supongo que mi padre te dijo que te sintieras como en tu casa. Ya sabes que cualquier cosa que necesites la puedes coger, pedírsela a Gustuv o a cualquier otra persona del personal –Kai asintió– ¿Te sientes a gusto en la mansión?
–Hm.
¿Cómo debía de interpretar eso? La verdad es que le estaba costando trabajo intentar mantener una conversación con Kai. No esperaba que fuera tan poco comunicativo–¿Eso es un sí o un no? –se decidió a preguntarle.
Kai se fijó en el reloj de pared que había tras Hitoshi–. Es algo tarde –añadió simplemente aunque Hitoshi captó el mensaje.
–Claro, supongo que estarás cansado.
–Afirmativo.
–Bueno, buenas noches.
–Buenas noches –sin más, se dio media vuelta y subió las escaleras. Hitoshi se quedó confundido porque la habitación de Kai no estaba allí, sino en el piso de abajo. ¿Iría a ver a su hermano? Bueno, después de todo era su trabajo. Debía de vigilarlo, y ahora que Takao estaba enfermo, a lo mejor iba a hacerle una visita.
Por su parte, el bicolor se puso frente a la puerta de Takao. Tocó la puerta sin mucho miramiento esperando una respuesta. Viendo que no respondía nadie, giró la perilla de la puerta que para su sorpresa, estaba abierta. La habitación estaba oscura. Le dio al interruptor de la luz, viendo cómo el cuarto estaba vacío y la ventana abierta.
Corrió hacia ella, viendo cómo una cuerda de la que se había percatado nada más encender la luz, colgaba hasta el suelo, atada desde la pata de la cama. Recogió la cuerda con rapidez y la dejó sobre la cama. Cerró la ventana, apagó la luz y salió del cuarto cerrando la puerta. Bajó las escaleras corriendo, pero intentando no hacer mucho jaleo ya que Hitoshi seguía en el comedor y no quería que lo interrumpiera más con otra tontería.
Atravesó el pasillo y entró a su habitación. Se subió el pantalón, no más alto de las rodillas, hasta ver una funda para las pistolas, en la cual metió una de sus pistolas y lo mismo hizo en su cintura. Cogió un ordenador portátil y se puso a teclear con rapidez en el, apareciendo un pequeño círculo dentro de lo que parecían ser coordenadas. Vio cómo el círculo empezó a detenerse. Cerró el ordenador, sacando un pequeño artefacto de su maletín.
&&&KaiTakao&&&
Conducía con rapidez por las calles, pendiente de ese círculo verde que durante un rato había permanecido quieto. Menos mal que había sido listo y se había preparado para algo así. Aparcó el coche en un estacionamiento que había... ¿cerca de un estadio de fútbol?
Miró a su alrededor, viendo varios pósters pegados en las paredes. Salió del coche echándole el seguro. Se acercó con rapidez hacia uno de ellos, viendo cómo anunciaban al grupo Linkin Park a las 22 horas en el estadio de fútbol. Ahora escuchaba el bullicio de la gente y la música de fondo. Caminó sin darle más vueltas hacia ese estadio, viendo que había en la entrada a varias personas, a parte de los policías de seguridad.
–Entrada –pidió un chico, acercándose a Kai impidiéndole el paso.
–No tengo –se disponía a pasar cuando el chico de nuevo se le cruzó.
–Entrada –pidió de nuevo extendiendo ésta vez la mano.
Kai lo miró con seriedad–. No tengo –sacó un carné de identificación de guardaespaldas–. Tengo que pasar, es un asunto urgente.
–Haberlo dicho antes, puedes pasar.
–Gracias –agradeció con rapidez pasando dentro.
La música era cada vez más fuerte a medida que se acercaba. Todo el estadio está lleno, se veía las luces de colores que iluminaban al grupo, además de a las personas que saltaban y hacían bullicio. Había demasiada gente, tardaría bastante en encontrar a Takao.
Si era el grupo favorito de Takao intentaría ponerse lo más próximo a ellos, es decir, que estaría de pie dando saltos como el adolescente que era, en lugar de estar en las gradas. Caminó con dificultad entre la multitud, escuchando la música de fondo.
Don't stay
Forget our memories
Forget our possibilities
What you were changing me into
[Just give me myself back and]
Don't stay
Forget our memories
Forget our possibilities
Take all your faithlessness with you
[Just give me myself back and]
Don't stay
Se sacó del bolsillo de su pantalón un rastreador. La luz cada vez era más intensa, eso era buena señal, significaba que no estaba muy lejos de él. Siguió las coordenadas hasta que se topó con un joven de cabellos azules saltando y aplaudiendo de un lado para otro.
–¡Eso es! –Silbó– ¡Sois los mejores! –gritaba el joven.
Kai le dio media vuelta, cosa que el otro no se esperaba. Se acercó a su oído– ¡Nos vamos!
Se sorprendió al ver ahí a su guardaespaldas, aunque intentó que el otro no viera su sorpresa. ¿Cómo le había encontrado?– ¡Ni hablar, yo me quedo! –se dio media vuelta y siguió animando a su grupo. Kai se guardó el artefacto en el bolsillo de su pantalón. Le dio unos cuantos toques en el hombro, pero fue ignorado. Así que le dio la vuelta bruscamente– ¿¡Qué!?
–¡Nos vamos!
–¡No! –dijo autoritario.
–¡Takao! –lo cogió del brazo.
–¡Suéltame! –consiguió soltarse del agarre y se metió más entre la multitud para intentar disfrutar del concierto.
–Malcriado –masculló.
Miró al grupo, no entendía que tenía de especial. La gente bailaba, gritaba y saltaba como loca, otros hacían fotos por unas cámaras digitales o por los móviles. De repente la música se paró. En ese momento vio cómo el grupo dejó los instrumentos. Se concentró en buscar a Takao y lo encontró sonriendo mientras miraba el escenario. Como la gente comenzaba a moverse más, tuvo que alargar la mano para poder coger la de Takao y tirar de él.
–Otra vez –expresó con cansancio– ¿Me quieres dejar en paz? –su tono estaba empezando a cobrar enfado.
–Claro, en cuanto vuelvas conmigo.
–Pero que pesado eres. Yo me quedo aquí. Esto no cuesta gratis, ¿sabes?
–Ya ha terminado el concierto.
–Es el primer descanso. –le aclaró irritado.
–¿Cuántos tiene?
–No lo sé, dos o tres supongo, como todos. Nº veintiuno, esto es muy importante para mí, déjame quedarme.
–Si tú te quedas, yo tendré que hacerlo –intentó convencerlo–. Tu padre no quería que vinieras aquí.
–Él quería que yo viniera, pero contigo, que es distinto. Y yo quería hacerlo solo. Sólo te pido que me dejes hacer esto –puso cara de niño bueno–. Por favor.
Tras guardar unos segundos en silencio, decidió continuar–. No me separaré de ti. –aclaró.
–Pero me dejaras respirar, ¿no? –Kai se cruzó de brazos–. Yo necesito mi espacio personal, ¿sabes? –indicó alejándose unos pasos.
–No te alejes mucho. –le pidió.
–No. –contestó, con una sonrisa triunfante.
Las luces interrumpieron su conversación al ser encendidas. Ambos miraron al escenario. El grupo iba ocupando sus puestos, preparándose para volver a cantar salvo por una cosa, cada uno tenía una camiseta negra en sus manos. Kai casi se había quedado sordo al sentir cómo la gente gritaba de emoción. Pero su prioridad era Takao y no podía permitirse distraerse con la música.
Un chico alto se puso delante de Takao, evitando que Kai lo pudiera ver. Todos levantaron las manos y se las cogieron, al parecer era una canción lenta. Buscó rápidamente un punto de mira por el cual poder vigilar a Takao. El punto que había encontrado estaría bastante bien, pero tendría que dejar a Takao solo. Se arriesgó, y decidió ir hasta ahí, así por lo menos podría ver mejor sus movimientos.
&&&KaiTakao&&&
Kai se subió a la parte trasera del escenario, después de que los policías y guardias de seguridad que estaban ahí le dieran paso. Se colocó en la posición que tenía pensada, viendo a Takao sonreír y cantar de lo más feliz. Parecía que era verdad que le gustaba mucho ese grupo. Sintió un pequeño toque en el hombro y se dio la vuelta para ver a una chica rubia.
–Hola chico, ¿eres fan? –le preguntó. Kai la observó, viendo como llevaba una camiseta negra en la mano y cómo iba vestida con un traje de cuero negro de una pieza.
–Hm...
–Pues toma esto– le dio la camiseta–. Quizás podríamos quedar ahora después, para tomarnos algo.
–Gracias, pero estoy de servicio.
–Oh, lo entiendo. Bueno tengo que salir ya, hasta luego.
–Adiós –Kai se quedó mirando la camiseta para luego mirar a Takao y verlo pasárselo en grande.
Sonrió con orgullo. Estaba feliz de ver a su protegido feliz, aunque fuese un niño maleducado y malcriado. Mientras miraba a Takao, enrolló la camiseta y se la metió en el bolsillo interior de su chaqueta que era bastante largo y grande. Si el niño se portaba bien, la recibiría. Pero antes tendría que tener unas palabritas con él. Si no llega a ser porque le puso un pequeño chip, sabiendo lo que intentaría hacer, no le hubiera visto el pelo a Takao hasta otro día.
&&&KaiTakao&&&
Kai vio cómo la gente se peleaba por coger una camiseta al vuelo y veía cómo Takao también intentaba coger una y cómo la gente lo empujaba sin control. Y eso lo hacía sentirse nervioso. Se sorprendió al ver cómo el joven de cabellos azules se abría paso para ponerse aún más cerca del grupo, aprovechando que todo el mundo iba hacia donde veían volar las camisetas.
Poco a poco el tiempo fue pasando y el concierto llegó a su fin. Takao miró a su alrededor y no vio a Kai, así que se encogió de hombros y salió de allí. Cuando Kai bajó del escenario, Takao ya no estaba en su sitio. Sacó de su bolsillo el rastreador y vio cómo se movía con rapidez. Seguro que se había montado en un coche. Salió de allí corriendo hacia su coche, metió la camiseta y una hoja en el maletero. Después se metió en el coche, encendiendo el motor para seguir las indicaciones.
&&&KaiTakao&&&
–Genial, una discoteca –se quejó, al ver hasta dónde lo había guiado el artefacto–. Hoy no es mi noche.
Salió del coche cerrando con llave. Esa discoteca se veía grande por fuera. Ojalá que sólo fuera su imaginación o una falsa apariencia. Entró, no sin antes haber enseñado su carné al que custodiaba la puerta. Para su mala suerte era una macro discoteca, así que no tuvo más remedio que volver a poner el artefacto en marcha.
&&&KaiTakao&&&
Takao estaba empezando a sofocarse de tanto bailar, así que paró un momento y se dirigió a la barra para pedir algo.
–¡Una cerveza! –Pidió, viendo cómo le era servida casi de inmediato– ¡Gracias! –le dio un trago al botellín, respirando hondo. Había casi disfrutado de su concierto y ahora estaba en una discoteca, nada podía salirle mal. Sonrió y le dio otro trago a la cerveza, cuando notó cómo alguien se ponía a bailar tras él. Se dio media vuelta y vio que era un chico, así que le siguió el juego. Total, no pasaba nada por bailar.
El baile no le duro mucho ya que fue agarrado del brazo con algo de brusquedad para alejarlo de aquel chico.
–¡Oye! –se quejó, viendo para su mala suerte que se trataba de su guardaespaldas. Tenían que hablarse en el oído ya que la música estaba muy alta.
–¿¡Qué haces aquí!?
–¿¡A ti qué te parece!?
–¡Vámonos a casa! ¡Este no es un sitio adecuado para un chiquillo como tú!– le quitó la cerveza de la mano.
–¡Ah no! ¡No me vas a estropear mi diversión! –Le quitó la cerveza y le dio un trago– ¡Vete tú, yo me quedo! –dejó la cerveza sobre la barra y se fue al centro de la pista a bailar. Kai le miraba enfadado. Ese niño no se iba a salir con la suya una vez más. Lo sacaría a la fuerza si era necesario.
Los chicos y las chicas se les acercaban demasiado. Si no intervenía, Takao podría encontrarse en peligro. Caminó con rapidez hacia él y evitó que un chico, lo cogiera de las manos para bailar. Takao le miró con fastidio, así que se dio la vuelta para no mirarle y hacer como si no estuviera ahí.
Kai permaneció quieto en mitad de la pista, cuando vio cómo un chico agarraba la cintura de Takao y le susurraba cosas al oído y cómo Takao intentaba soltarse de lo más natural, pero el otro no le dejaba. Así que intervino, cogiendo al otro por detrás y alejándole de un empujón. Cogió a Takao con rapidez de la mano y lo sacó de la discoteca. El chico salió detrás de ellos hasta la calle.
–¡Kai, suéltame! –se quejaba el menor.
–Negativo.
–Oye, joven de cabellos azules –los dos se dieron la vuelta sin dejar de caminar– ¿Acaso es tu novio? –le preguntó mirando a Kai
Takao miró el reloj–. Uy, es muy tarde. Tengo que irme –no esperaba que el otro chico lo siguiese.
–Eh, si no es nada tuyo podrías aceptar mi proposición, ¿no? –intentó seguir hacia delante con lo que tenía planeado.
–¿Qué te a susurrado? –le preguntó el bicolor con seriedad, mirando a Takao quien quería ahora irse.
–Nada –contestó simplemente.
–¿Cómo qué nada? Oye, ¿vienes conmigo o no? No te arrepentirás –siguió el otro joven.
Kai al ver la insistencia del otro, se dio la vuelta y caminó hacia el chico–. Ya he oído suficiente –se cruzó de brazos frente al otro– ¿Qué te propones?
–¿Qué te importa? –preguntó enarcando una ceja. No le dio tiempo a reaccionar, cuando Kai le había hecho una llave y lo tenía tumbado en el suelo, boca abajo, apuntándole con un arma en la mejilla.
–Ya ves, me importa. –aclaró.
–Guau– exclamó Takao lo más bajo que pudo.
–Oye tío, si es tu novio lo dejamos en paz, ¿vale? No lo sabía, no quiero problemas con nadie. –decía el desconocido desde su posición.
–Eso espero, porque si no –le retorció más el brazo hacia atrás.
–¡Ahh! –se quejó de dolor.
–Te romperé el brazo y a continuación te pegaré un tiro. ¿He sido claro? –El otro asintió– ¿¡He sido claro!? –Repitió más alto sintiendo un "sí" por parte del otro– Bang –imitó el sonido de la bala, sintiendo cómo el otro tembló al escuchar esa palabra.
–Nº veintiuno, déjale ya. Vámonos –pidió Takao.
–Tienes suerte –se puso de pie, cogió a Takao del brazo y lo metió en el coche, el cual lo cerró con seguro por dentro para evitar que Takao escapara de alguna manera.
&&&KaiTakao&&&
Kai conducía como loco, y Takao llevaba todo su trayecto con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Miraba por la ventana, intentando pensar en algo.
–Oye, nº veintiuno.
Silenció unos segundos antes de empezar a hablar–. Tengo nombre –le recordó.
–Kai –dijo con molestia al tener que llamarlo por su nombre y no como él quería.
–Hm.
–Para en uno de esos bares, necesito ir al servicio.
–Negativo.
–¿Es que estás sordo? –Le miró de inmediato con rabia–. Necesito ir o me lo hago encima. –especificó.
Kai dio un volantazo brusco y freno en seco, haciendo que el joven de cabellos azules se diera un pequeño toque en la nuca con el respaldo de su asiento–. Cinco minutos.
–Dame diez.
–Cinco.
–Siete.
–Cinco.
–Seis.
–Está bien.
–Espérame aquí, no tardaré mucho –Kai abrió el seguro interior del coche y Takao salió corriendo del coche, cerrando la puerta. En cuanto estuvo solo, Kai se dio un pequeño cabezazo en el volante del coche. Ya eran las tres de la mañana y en lo único que pensaba era en dormir. Menos mal que el señor Kinomiya no vendría hasta el día siguiente.
Decidió bajarse del coche, su intuición le decía que Takao no estaba en el servicio, así que cerró el coche y se metió en el bar. Era un sitio grande, con una enorme barra que llegaba desde una esquina a otra del local. Tenía un tocadiscos, junto a los ventanales se podían ver las mesas y las sillas. También había un billar y una diana con dardos. Era un local bastante sencillo, pero grande.
Solamente cinco jóvenes estaban ahí en ese local a esas horas. Kai los observó a todos detenidamente, cruzándose de brazos con enojo al ver al joven de cabellos azules sentando junto a la barra, bebiéndose una cerveza. Se acercó a él viendo como otra pareja se iba por la puerta. Takao se dio la vuelta al ver el reflejo de Kai por la cristalera de las bebidas alcohólicas.
–Vaya, estás aquí.
–Ha pasado el tiempo –le contestó Kai con evidencia.
–Vamos, no seas así –hizo girar la silla que era giratoria para mirarlo cara a cara–. Relájate, pídete lo que quieras.
–Estoy de servicio.
–No me vengas con esas, eres humano. Así que pídete algo para beber y siéntate dónde quieras.
Kai sonrió–. Muy bien –miró al mesonero–, una fanta de naranja –ambos vieron cómo el hombre se la servía.
–¡Je! Un guardaespaldas pidiendo una fanta –intentó aguantarse la risa antes de llevarse el botellín de cerveza a la boca, cuando le fue quitado de las manos. Takao solamente le miró, viendo cómo Kai le pasaba la fanta de naranja, deslizándosela por la barra.
–¿Quién dice que sea para mí? –le dio un trago a la cerveza.
–¡Oye, es mi cerveza, devuélvemela! –exigió.
–Eres muy joven para beber esta porquería –le respondió sin mirarle.
–¿Porquería? Y si es así, ¿por qué te la bebes?
–Para que no te perjudique a ti. Y déjate de lamentos o le contaré todo a tu padre. ¿Está claro?
Takao empezó a beberse casi de un tirón la fanta–. Ya no quiero estar aquí, vámonos.
–Cómo ordenes.
–Esto es el colmo pido la cerveza, me la quita y se la bebe. Es un fresco. Ojalá que le siente mal –mascullaba enfadado mientras pagaba la cerveza.
–Joven –dijo el chico que les atendía– ¿Quién de los dos me paga la fanta?
Takao miró al bicolor–. No he traído dinero. –aclaró.
–Está bien –refunfuñó Takao aún más colérico. Pagó la cuenta y salió a la calle con mucha prisa, seguido por el bicolor– ¿Querías estropearme la noche? Pues lo has conseguido –agregó dándole un puntapié a la rueda del coche.
–¡Eh! –Cogió a Takao y le dio media vuelta, haciendo que de un golpe chocara contra la puerta con brusquedad–. A mi coche ni lo toques –lo agarró de los brazos.
–¡Suéltame!
–Eres un niño malcriado. –siseó.
–Le contaré a mi padre esto. Te despedirá. Sé que lo hará.
–Me parece bien porque no te soporto –ambos se miraron a los ojos quedándose un rato así–. Hasta que venga tu padre, tendremos que estar bajo el mismo techo y yo seguiré con mi trabajo, te guste o no. –especificó.
–Me haces daño –se quejó, manteniendo su orgullo.
–Te meterás en el coche y no te quiero escucharte más hasta que lleguemos a la mansión.
–Antes prefiero irme andando –le miró desafiante.
–Te dejaré inconsciente antes de que lo intentes –ante las palabras de Kai, Takao recordaba cómo había dejado a ese chico en un abrir y cerrar de ojos. No le convenía hacerle enfadar por ahora, hasta que no estuviera al menos en la mansión.
–Ggrrr... ¡Te odio! –se soltó del agarré como pudo, haciendo que Kai retrocediera unos pasos. Se dio la vuelta con intención de abrir la puerta, pero la maneta no se levantaba. Estaba echado con seguro, hasta que escuchó el pequeño "clic" que había accionado Kai a distancia. Se sentó en el asiento del copiloto y se puso el cinturón de mala gana. Kai por su parte entró e hizo lo mismo, salvo porque echó el seguro por dentro.
&&&KaiTakao&&&
A medida que llegaban a la mansión, veía cómo Takao se miraba el brazo derecho y cómo se pasaba la mano por ahí con cuidado. Quizás se había pasado un poco con el chico. Que Takao fuera millonario, no significaba que él lo fuera también, así que debía de aprender que tenía que respetar las pertenencias de los demás, como si fueran los suyas propias.
"¿Cómo me habrá encontrado? Aunque se imaginase que estaba en el concierto, el estadio es gigantesco y estaba lleno. ¿Y cómo sabía que no estaba en casa? ¿Habrá entrado en mi habitación? , pensaba Takao cuando de pronto cayó en la cuenta de algo. "¿Y en la discoteca? Eso sí que es curioso. Podía haber sido una noche perfecta llena de juerga como en los viejos tiempo. Pero, no. Ha tenido que venir un guardaespaldas inepto, que ni siquiera me deja beber una simple y refrescante cerveza. Aunque he de reconocer que si en la discoteca no llega a ser por él, quizás hubiera estado en peligro."
Se enfadó todavía más al pensar que tendría que agradecerle a Kai por ese hecho y no estaba dispuesto a reconocerlo "No. Yo siempre he sabido defenderme de ese tipo de gente y seguro que todo hubiera salido bien, igual que otras veces. Suerte que nadie me ha reconocido, sino hubiera tenido a la prensa en cualquiera de esos sitios... y ni siquiera he conseguido una camiseta del grupo", pensaba con decepción.
Kai también estaba sumido en sus pensamientos. "Este crío es insoportable. No me extraña que los demás guardaespaldas hayan decidido marcharse. No les culpo. El crío es realmente cabezota y se cree el mismísimo Rey. Aunque...", miró de reojo al joven de cabellos azules. Se había dado cuenta en el bar de que vestía una camiseta blanca de manga corta, sencilla, sin dibujos. Unas zapatillas y unos pantalones largos negros con cremalleras en cada bolsillo del pantalón, además de algunas pequeñas cadenas. "Vestido así, nadie diría que es el hijo menor de los Kinomiya. Parece un chico bastante normal. Menos mal que le puse un chip de seguimiento, sino vete a saber hasta qué hora no hubiera aparecido y en qué estado. Realmente es un caso difícil este chico".
Kai frenó el coche ante el gran portón de la mansión y metió una pequeña llave en una cerradura que había a su izquierda, ya que a esas horas todos los que estaban en la casa estarían durmiendo por lo tarde que era. Sacó la llave y el portón fue abierto, así que no vaciló en entrar.
Llegaron a la puerta de la mansión y Kai aparcó el coche. Takao se quitó el cinturón de seguridad y en cuanto Kai abrió el seguro interior, Takao salió del coche dando un portazo. Kai le miró con seriedad mientras también se bajaba del coche y veía a Takao dirigirse dirección hacia la piscina. Le siguió y vio cómo se dirigía hasta la ventana de su habitación que estaba demasiado alta.
Takao se quedó atónito. ¿Dónde estaba la cuerda? Se dio media vuelta y vio al bicolor ahí parado– ¿¡Y la cuerda!? –le preguntó con genio.
–En su sitio.
–Idiota. –masculló–. No tengo llave, ¿ahora cómo voy a entrar? –le hizo ver mientras hablaba en susurros, por si despertaba a alguien.
–Tengo llave, así que adentro –le ordenó con seriedad.
&&&KaiTakao&&&
Takao estaba subiendo las escaleras. Intentaba no hacer mucho ruido, y lo único que quería era desahogarse con lo primero que tuviera en sus manos. Abrió la puerta de la habitación, dándose cuenta de que como siempre, el silencioso bicolor le seguía.
–Te prefería callado –añadió, antes de cerrar la puerta, echándola con cerrojo.
Kai se mordió el labio inferior. Suspiró en alto y empezó a caminar lentamente hacia su habitación. Takao por su parte, cogió un cojín de los que estaban en su cama y empezó a retorcerlo y a darle golpes sin ningún tipo de control. Cuando se sintió más aliviado, se desnudo quedándose en bóxer y deshizo la cama, dejando que la cuerda cayera al suelo.
Abrió el cajón de su mesita de noche y sacó una pequeña foto de una mujer joven de cabellos azules, de ojos color rojos zafiros. La mujer era hermosa, de cabello largo y ondulado. Una sonrisa le hacía ver mejor de lo que era en esa foto. Una sonrisa melancólica se mostraba en el rostro de Kinomiya.
–Ojalá estuvieras tú aquí para entenderme –susurró. Se acercó la foto a sus labios, dándole un pequeño beso–. Buenas noches, mamá –dejó la foto en su sitio, cerrando el cajón. Apagó la luz de la lamparilla y se acomodó en la cama. Ahora estaba cansado, pero ya vería ese guardaespaldas del tres al cuarto. Iba a recibir su merecido cuando hablase con su padre.
Continuará…
&&&KaiTakao&&&
Ya estoy aquí, siento la tardanza pero me fue imposible actualizar antes esta historia. Espero que los que me siguieron en un principio, no se hayan aburrido de esperar y se hayan olvidado de esta historia.
Gracias por sus reviews a:
Jery Hiwatari: Hola, Jery. Bueno, aquí está la continuación. Kai ha hecho algo. ¿Pero el qué? Sólo él lo sabe, pero seguro que molesta a Takao. Espero que te haya gustado si lo has leído.
Senshi Hisaki Raiden: Bien Senshi, me alegra que te gustara el regalo, aunque seguro que te aburriste de esperar. ¡Odio el mes de agosto! Pero aquí está la continuación, no pasó gran cosa por ahora o al menos yo lo veo así. Cómo ya te dije, intento que Kai no sea tan hablador aunque me cuesta mucho.
Rub: Gracias por dejarme tu review y por decir que soy buena escritora, aunque yo no lo veo así. Siento no haber podido actualizar antes el segundo capi, pero me fue imposible. Aunque si lo sigues, espero que te haya gustado.
Kari Hiwatari: Hola Kari, ya veo que sigo contando con tu apoyo y eso me alegra mucho.
Zeta Comand: Gracias por los ánimos y por el review. Espero que te haya gustado el segundo capi.
Takaita Hiwatari: De que a Takao le cuesta cara su broma, seguro que le cuesta. Ya ves, consigue ver a Linkin Park en vivo y en directo, pero la sonrisa le dura poco cuando ve que Kai está allí. Ahora se pregunta cómo habrá conseguido localizarle en todos esos sitios. Ahora parece que se odian. ¿Pero cuantos pasos crees tú qué hay del odio hasta el amor?
Neko–dark: ¿Tú quisieras tener a Kai de guardaespaldas? Yo también y creo que más de una, jajaja. Perdón por la tardanza y espero poder sacar un poco más de tiempo para esta historia.
Leika Tamaki: Hola Leika. Bueno, tu hermanito Takao en este capi no dice la edad pero lo dirá en el siguiente, aunque sí, imagínatelo joven.
Phoenix: Sí, Kai no es fácil de vencer, aunque empieza a hartarse de la actitud de ese niño, ya que pasa de todo y es un cabezota. Creo que al final se matarán antes de que llegue el señor Kinomiya. ¿Tú qué crees?
Si alguien lee esta historia o la sigue, no olvide dejar un review. Cuidaos mucho, xao.
