TANTO PARA NADA
Capítulo II
El sonido lejano de las risas en la mansión la hizo detenerse y voltear al cielo… un simple rayote luna era el que iluminaba ese momento. Siguió la leve manifestación de luz hacia el agua y entonces, volvió a imaginar la escena: su esposo esperándola sobre la cama mientras ella se acercaba lentamente… y al acercarse, la escena se hacía más luminosa y al tenerlo frente a ella, sólo entonces, pudo distinguir su rostro y ver que se trataba de…
Por Dios! Me asusto! – exclamó ella después de voltear al sentir un cálido contacto en su hombro.
Lamento el haberla tomado por sorpresa – dijo el hombre frente a ella.
Misao analizó al hombre que veía. Se sintió mareada al darse cuenta de que era el mismo hombre que había estado vagando todo ese día en sus fantasías. Le pareció muy obvio saber quién era pese a que cubría su rostro con una máscara negra de un temible demonio… aunque sus ojos azules dejaban claro su verdadera persona, aunque no su personalidad… era cómo si fuesen los inexpresivos ojos de la misma máscara.
Supongo que nada malo ha sucedido – acreditó Misao – así que no hay problema. Pero… que hace usted tan alejado de la fiesta? Es uno de los que llegó con los príncipes esta tarde, cierto?
Aoshi no supo que responder… sentía casi imposible que esta criatura le estuviese preguntando tal cosa y, por un minuto, contuvo las ganas de reír a carcajadas. Misao espero pacientemente a que el hombre, extrañamente azorado, hablara.
En realidad – dijo seriamente el hombre después de unos minutos – tiene usted toda la razón señorita.
Misao abrió los ojos… esperaba una respuesta impresionante después de todo el rato que le hizo esperar y le sale con eso… ese hombre era algo extraño… aunque eso no le quitaba la sensación tan cálida que tenía al estar junto a él.
Y que es lo que hace lejos de la pandilla?
Nada, solo paseaba – volvió a responder el príncipe después de un rato que Misao volvió a esperar.
Oiga – se animo a decir ella – esta enamorado o algo así?
Aoshi, que había vuelto el rostro hacia el lago, la miró en el acto con los ojos muy abiertos… es que acaso…?
Porqué lo dice?
Aja! – exclamó ella – ahora si responde rápido, no?
No sé a que se refiere – Aoshi estaba pasmado… no acostumbraba a hablar de manera tan irreverente con los sirvientes.
Pues a que parece usted enamorado… distraído… diría un tanto imbécil pero puede molestarse…
Me estas llamando imbécil! – Aoshi se molesto.
No, dije que no te llamaría de esa forma – Misao sonrió… era divertido ver las reacciones de ese hombre.
Cómo te atreves, sirvienta!
Como te atreves tu a llamarme así en ese tono tan despectivo? – ahora Misao también estaba molesta… - quién cree que eres? Un rey? Un príncipe? – el hombre hizo un ademán de hablar pero ella no le dejó. – Aún si fueras un caballero de noble rango, eso no te da el derecho de llamarme "sirvienta" como si eso fuera la peste… soy una persona decente y cómo cualquier otra puede…
Aoshi veía a esa mujer hablar, y hablar y… hablar. Y por más extraño que pudiera parecer, encontraba que la chica hablaba con sentido… con mucho sentido. Definitivamente el se había pasado, pero aún así ella le había llamado imbécil… o no? Lo cierto es que después de tanta perorata ya no estaba tan seguro de si era ella la culpable, o el.
… lo aplican las leyes de este siglo, lo sé porque aunque yo soy poco más que una "sirvienta" como me llama, también he pasado mi vida estudiando cuanto ha caído en mis manos y buscando respuestas a todas las preguntas que me hago, así que si en realidad el estrato social lo diese el conocimiento veríamos quién seria el servidor, un guerrero que no sabe mas que mover su espada o esta humilde mujer que sabe mucho más que eso.
Misao respiró… estaba cansada pero había callado al tipo… definitivamente estaba loca por él, hablaba y hablaba sin sentido alguno y todo por lo nerviosa que estaba con su cercanía… se colocó el antifaz que llevaba en la mano esperando que, aunque pequeño, tapase junto con la noche el marcado color carmín que estaba sintiendo aparecer en sus mejillas, no le daría al hombre el gusto de verla derrotada por su figura y palabras.
Para sorpresa de Misao, luego de un largo silencio frente a frente, el hombre se rió. Y no fue cualquier risa… fue una risa cristalina, pura, sin rastro de malicia o embarazo… una que parecía no haber salido de esos labios en mucho tiempo y que ahora soltaba toda carga y toda presión. Fue tan relajante que incluso Misao sintió el efecto y sonrió levemente al hombre que la había molestado sobremanera.
Señora – dijo el lentamente, asediado aún por la risa – en estos pocos minutos que hemos hablado ya hemos empezado a tutearnos, me ha llamado imbécil enamorado, y hemos tenido nuestra primera discusión… creo que tengo conocidos de años y nunca me han siquiera alzado la voz, menos darme un sermón.
Nos hemos tuteado? – preguntó Misao encantada con la risa del hombre… no había imaginado sonido más hermoso en él que ese. – no me di cuenta de cuando lo hicimos… - aceptó.
Bien, eso no importa… ya que ha pasado nuestra pequeña discusión, le importaría que la acompañase en su paseo? – preguntó el príncipe, volviendo a sus maneras galantes.
Bien – dijo ella – pero con una condición.
Aoshi sonrió, y Misao pudo ver que aunque sus ojos seguían inexpresivos, había un brillo en ellos que revelaba que esa sonrisa era sincera.
La que usted quiera.
Entonces – ella extendió la mano y Aoshi… extrañado, se la dio lentamente – mi nombre es Misao… comote llamas?
Aoshi entonces volvió a su seriedad mientras recapacitaba en lo que decir su nombre significaba… aún cuando sólo dijera su nombre, sin los títulos correspondientes, era poco probable que ella no diera cuenta de con quién estaba hablando tan despreocupadamente, y eso posiblemente la alejaría de él, cómo había alejado a todos a su alrededor por el estricto protocolo que acercársele representaba. No, la verdad disfrutaba mucho de la compañía de esta joven que lo trataba como a un cabeza hueca ignorante y bueno para nada… quería que eso durara más, mucho más…
Soy Ao… si, Ao – respondió el de manera entrecortada.
Bien Ao, esta es la condición… odio que la gente se dirija a mi como señora u otros adjetivos similares, así que de ahora en adelante me dirás por mi nombre y yo te diré por el tuyo.
Propones que nos tuteemos? – la sonrisa volvió a curvarle los labios.
Así es, después de todo, tu mismo dijiste que ya lo habíamos hecho, no hay porqué caminar hacia atrás.
Su propuesta me parece aceptable, Misao.
Bien, Ao, entonces caminemos por el lago… esta vista es terriblemente hermosa a estas horas.
No objetaré a eso – constató él mirándola fijamente.
Misao sintió tal mirada y el sonrojo acudió de nuevo a ella… Aoshi lo notó esta vez y sonrió para sus adentros…
Y dígame… dime, - se corrigió – esa máscara es bastante singular, que representa?
Eh! - Misao se sonrojó aún más, pero sobreponiéndose contesto orgullosa – es una Didelphys Albiventris, un pequeño y astuto animal…
Así que eso es… no hay un nombre más sencillo para eso?
No – se apresuró a decir ella – no lo hay.
Tras la máscara Aoshi alzó una ceja… si que había un nombre más sencillo… él tampoco era un salvaje iletrado como para no conocerlo… rió entre dientes al comparar al animal con la joven y encontrar puntos muy parecidos… si, era una pequeña comadreja, pero eso no le molestaba en absoluto.
Definitivamente – pensó el hombre – esta noche no se llevaría a una tontita a la cama, pero en cambio podía disfrutar una refrescante noche con una dama digna de sacar conversación… y digna de que él tuviese aún un pequeño dolor en la entrepierna.
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Sanosuke Sagara buena la había hecho esta vez… había montado todo un numerito de palabras vivaces contra Megumi Takani, y ella a su vez le había respondido cada palabra con frases tan amedrentadoras como las suyas… la gente a su alrededor se asustaba y reía a la vez que las palabras salían de la boca de cada uno…
Ya basta – reprendió Sanosuke – debo decir señora, por mas hiriente que sea, que es usted insufrible… Dios me mande la dulce muerte antes de acercarme un poco más a usted – y tras esto se alejó del barullo abriéndose paso entre el gentío que se había formado al iniciar la nueva discusión.
Señora – reprendió suavemente el príncipe más joven – parece que habéis perdido el corazón del capitán.
Si mi señor, así es. Me lo prestó para adornarme al salir, y ahora se lo he devuelto – extrañamente, las suaves y lentas palabras de Megumi carecían de ese toque satírico que le daba a todo cuanto decía. – Creo que ahora me iré a dormir, - y luego se dirigió a Kenshin y Kaoru que, sentados en una banca, observaban todo lo que acontecía. – dios les bendiga primos, Pasad buena noche. – y, tras despedirse con una sonrisa de los demás, se adentró en la mansión.
Ah! Que chiquilla – expresó el señor Ayami – creo que nunca la veré bien casada como a ti mi dulce hija. Al menos no mientras conserve ese carácter…
Entonces – le interrumpió el joven príncipe – quizás queráis formar parte de mi pequeña trampa, la cual ocasionaría, estoy seguro, lo contrario.
Que estas pensando Soujiro? – atendió al pronto sir Kenshin.
Nada malo, sólo una trampa que garantizaría que los afectos de la dama en cuestión y nuestro buen Sagara, se encontrasen.
Eso sería suicidio – inquirió el señor Ayami.
No, sólo se requiere de un astuto plan el cual casi esta terminado en mi mente, claro que necesitaré también de la ayuda de su hermosa hija – guiñando un ojo a esta.
Señor – respondió ella – si su plan fuese capaz de hacer cambiar de tal grado a mi prima que ocurriese lo que usted piensa, tenga por seguro que mi ayuda es toda suya.
Entonces, esto es lo que haremos… - y alejándose del ajetreo de la fiesta que terminaba, el príncipe Soujiro habló a los tres que le acompañaban de su ingenioso plan…
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El ex heredero a la corona caminaba con paso firme y molesto entre la gentuza, alejándose lo más que podía de ella. Su plan había salido en verdad, bastante bien… no era que quisiera molestar demasiado a la joven anfitriona; después de todo la muchacha no tenia culpa de nada; pero el hecho de que el estupido ese se hubiese puesto así de mal le basto por unos momentos, aunque el hecho de que se pusiese a pelear con su pequeño hermano tampoco estuvo nada mal… pero todo eso le había dejado un muy mal sabor, después de todo, de no haber sido por su aversión a atacar de forma directa a la señora de la casa no habría tenido reserva en hacerle sufrir todo lo necesario. Aún no entendía como ese traidor maldito podía ahora estar entre los suyos como si fuese cualquier otro…
Pensaba en lo mucho que le desagradaba la idea de que ese pelirrojo inmundo ahora tuviese su felicidad y estaba decidido a que ahora podría hacer cualquier cosa con tal de terminarla… si, sir Kenshin vería su tristeza y desilusión en muy poco tiempo.
Así iba el hombre caminado metido en lo suyo, cuando al voltear una esquina les vio, la joven Kaoru no se encontraba allí, seguro se habría ido ya a la cama, y su pequeño hermano se despedía visiblemente agradado por la charla, hasta que solo quedaron el viejo Ayami y el tipejo ese…
Poco a poco Hajime se fue dando cuenta que, pese a las apariencias, ellos dos no se llevaban muy bien, y eso fue comprobado al instante por la forma en que se miraron cuando estuvieron a solas… a riesgo de ser descubierto, el príncipe se acercó un poco más para poder escuchar el intercambio de palabras que allí se llevaba a cabo.
Veo que la ha cuidado bien, incluso la ha convertido en la dama de compañía de su propia hija.
Así es – hablo Kamiya – se le ha tratado de la mejor manera posible sin levantar sospechas, de haber sido por mi la hubiese tratado como a mi hija, pero eso levantaría rumores y habladurías que usted, señor, probablemente querría evitar.
Porque aceptaste la propuesta, Kamiya? – Kenshin habló tan seriamente como lo había estado desde que estuvo a solas con el señor Ayami.
Fue propuesta por el príncipe, aunque no me agrada mucho dar la mano de mi hija a un hombre como usted, Shinta.
No bien había pronunciado ese nombre cuando el pelirrojo lo atrapo violentamente contra la pared inmovilizándolo con su espada en el cuello…
No vuelvas a mencionar ese nombre, anciano.- Los ojos del hombre brillaron peligrosamente.
Tranquilo, no querrás ser acusado del asesinato de tu anfitrión.
Kenshin se obligó a tranquilizarse y se echo hacia atrás. Volvió a envainar y miró acusadoramente a quien aún estaba contra la pared.
No tendrá queja de su yerno, se lo aseguro. Después de todo, estoy enamorado sinceramente de tu hija.
Y que hay de la otra?
La otra no creo que le cause molestias, la pequeña Misao no sabe nada de esto… o si?
No – repuso Ayami – jamás lo ha sabido. Cree que el viejo Okina era su abuelo y que sus padres murieron cuando ella era muy pequeña.
Pues entonces no pasa nada, seguirá viviendo tranquilamente aquí sin nada que temer.
Pero… y su padre? No le dirás nada a él? Ya hacen 16 años Shin… sir Kenshin.
De Seijuuro yo me encargo… vete a dormir anciano, y no volvamos a hablar de esto.
Kenshin se alejó a grandes zancadas y el dueño de la propiedad se mantuvo pensativo por unos momentos, después, a paso muy calmo, se aventuró dentro de la mansión.
Hajime contenía la respiración… no daba crédito a lo escuchado, pero aún así no podía ser mentira, de otro modo Himura no hubiese sido tan violento en su forma de actuar… La pequeña heredera del reino vecino se hallaba en ese lugar… y él la había visto un par de veces, aunque en realidad no había reparado nunca mucho en ella… Los pensamientos se le venían uno a otro sin dejarle entender ninguno cuando un ruido le hizo esconderse de nuevo. Era ella, la heredera de Seijuuro Hiko, y acompañada ni más ni menos que por su "querido hermanito" (Hajime escupió esas palabras en su pensamiento).
Pensó en ese nombre que el señor Kamiya había utilizado para llamar a Himura… Shinta… definitivamente tendría que averiguar, pero para eso no podía quedarse en ese lugar; tendría que regresar a Palacio y encontrar toda la información que pudiese sobre Himura y su negro pasado. Mientras, su hermanito podría divertirse con la sirvienta – una sonrisa diabólica curvo sus labios mientras sus pensamientos se adentraban en todo tipo de venganzas contra el pelirrojo, sus amigos, su familia e incluso, contra su propio reino. Aún no sabían quien diablos era el príncipe Hajime.
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Ajenos a las nubes de tormenta que se formaban en alguien cerca de ellos, Aoshi disfrutaba de la compañía de la joven… hasta que llegaron a la mansión…
Desde luego que Aoshi se había asegurado de llegar por un lugar lo menos concurrido posible, no le hacía gracia que después de la linda noche, ella se enterara de esa manera quién era él en verdad.
Era tonto, habían pasado las horas hablando de las cosas más triviales del mundo y aún así el lo había disfrutado sobremanera. Incluso su desvergonzado deseo sin más, se había convertido en admiración hacia la belleza que le acompañaba.
Bueno señor, creo que hemos llegado al final de nuestro paseo… es tarde y siento que los parpados se me cierran.
Creí que ya nos tuteábamos, señora?
Y así es, pero eso no evita que los parpados se me cierren
La respuesta provocó la leve sonrisa en Aoshi.
Quizás sea mejor que se retire pronto, no queremos que alguien tenga que llevarla cargando – sugirió el heredero.
Bueno Ao, fue un gusto conocerte más y hablar tanto contigo, espero que se repita pronto.
Yo también, Misao, yo también.
Aoshi le vio partir rumbo a las escaleras y, sin poder contenerse, tiró su mascara y empezó a dar pequeños saltos de emoción, más propios d un niño que de un hombre que pronto será rey.
Hajime, que no se había perdido la escena, consideró el momento de hacer su aparición…
Dio vuelta a la esquina, se recargó contra la pared, y dio tres fuertes aplausos, la reacción del otro fue en el acto.
Aoshi se detuvo, se espantó, se avergonzó, y luego… recobró su calma natural y su rostro imparcial volvió a lucirse en él.
Que haces ahí, hermano?
Solo disfrutaba la vista – reconoció el otro burlón. – Por si no lo sabías, no es de todos los días que una… mmm… persona de servicio, tutee a un rey.
De que hablas?
Oh! Vamos hermanito, no creas que no veo lo que pasa, quieres un poco de acción en estas vacaciones eh? No te preocupes, no te lo reprocho… pero creo que tendrás que pasar por arriba del buen capitán Sagara que ya te lleva la delantera con el señor Ayami.
Tras esto Hajime se retiró, su maligna sonrisa aún vagando por su rostro. Y su hermano, pues era extraño, el comentario de su hermano le hirió más de lo que debería… que es lo que sentía por esa mujer, apenas si le había visto y hablado con ella… porque se sentía tan mal de que Sagara la quisiese para él… y porqué le atormentaba tanto la idea de que ella no se negase…
Con mucho que pensar, el príncipe se dirigió lento a su habitación.
Hajime sin embargo, buscaba a Cho de forma desesperada… tenía que partir inmediatamente, pero antes debía encargarle algo importante… muy importante.
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El día empezó como cualquier otro, el personal de la finca se levantó madrugando para empezar sus labores diarias y limpiar los jardines, puesto que una fiesta como la de anoche era algo que dejaba una suciedad terrible, cuando menos de eso es de lo que hablaban, mas bien se quejaban, las sirvientas mientras levantaban el terrible tiradero…
Y supiste que el ama va a casarse? Y con el héroe ese de guerra… que envidia le tengo a la señora.
Pues yo no – se apresuró a contestar la otra – la verdad es que ese hombre no me inspira confianza, dice el señor Matías, el de vigilancia, que tiene un pasado muy terrible, hasta para contárnoslo… yo no me fío de hombres como esos.
Bueno, pero no me vas a negar que esta retechulo el hombre, y tiene unos ojos para morirse…
Pues eso de que esta rebueno no te lo negaré… ojala y me encontrase a uno así de frente así vería de que es capaz esta muj…
Kenshin saludó a las dos mujeres que se toparon con el esa mañana, no sin antes ofrecer su ayuda pues estaban tan sonrojadas que parecían enfermas… cierto que apenas eran las seis de la mañana, pero el no había podido pegar un ojo en toda la noche y apenas el Sol había aparecido decidió vestirse y bajar a dar un paseo por aquellos jardines. Estaba cansado, pero su emoción era tanta que habría podido enfrentarse a todo un ejercito el solo y salir victorioso en ese mismo momento… se casaría… y con la bella mujer que estaba encerrada en su mente a cal y canto. No creía que fuese digno de tanta alegría… ni siquiera sentía tanto el remordimiento que pesaba sobre él desde ya hacía dieciséis años.
Así, ocupado en sus pensamientos vagaba por los jardines hasta que, al dar la vuelta a una esquina, tropezó con una de las damas de servicio haciendo que todo lo que traía rodase por el suelo.
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Misao estaba muy emocionada… había dado vueltas en la cama como loca y, cuando el gallo cantó, se dio cuenta que no había dormido ni un ápice. Con pereza se levantó, llenó algunas cubetas para darse un baño y salió rápidamente a ayudar en lo que pudiese. Cierto que ella no tenía ninguna obligación de hacerlo, pero sabía bien que después de las grandes fiestas que se daban en ese lugar, una mano extra nunca era despreciada. Además, no había peligro de que su señora la necesitase, probablemente esta dormiría hasta más allá del mediodía.
Caminó a tientas por el oscuro pasillo que daba de su pobre habitación al salón principal y se encontró de pronto con una dura mirada que se encontraba en mitad del lugar, esperando algo.
El hombre le hizo un respetuoso saludo y ella se quedó sin saber que hacer, pues a los sirvientes no se les solía saludar de aquella manera tan formal y, después de un rato, devolvió el saludo y se dispuso a seguir su camino, pero…
Tardará mucho en despertar su señor?
No lo sé – respondió ella educadamente – aunque creo que así será dado que ayer acabo muy desvelado.
Debo partir – dijo el enseguida, y Misao no pudo apartar la mirada de esos ojos de brillo dorado que le miraban de una forma muy extraña – mis asuntos me reclaman en palacio. Dile a tus señores que les doy mi mas caluroso agradecimiento por permitir mi estadía aquí y que el Príncipe Hajime les invitará pronto a palacio para devolver el favor.
Tras esto un hombre menos alto y elegante que él entró y cargó con un baúl y otras cosas que estaban al pie del primero, este dio otro saludo a la muchacha y salió perdiéndose detrás de las puertas.
Misao permaneció en shock hasta que el sonido de cascos alejándose la sacó de sus cavilaciones. En realidad estaba sorprendida de que alguien le hubiese tratado con tanto respeto y formalidad, y más sorprendida estaba de saber que ese alguien era el mayor de la familia real que se hospedaba en ese lugar.
En verdad los príncipes eran algo de sorprenderse. El menor parecía moverse de una forma que le causaba escalofríos, aunque se portaba como un niño adorable, aunque probablemente ya pasase de su edad… el mayor ahora le sorprendía con esa dureza en la mirada, y sin embargo, su trato para con ella y sus palabras fueron de lo más agradable… ya sólo le faltaba conocer al heredero a la corona… aunque a lo mejor ella era demasiado inferior como para conocer a un hombre así.
Sonrió para si misma y se dirigió a las cocinas, allí el trabajo parecía nunca terminar…
Misao, muchacha… que haces aquí tan temprano? – pregunto Marinin, el chef Ruso que preparaba los desayunos.
Pues vengo a ayudar, supongo que no hay tiempo que perder cierto, debe haber mucho trabajo para hoy… en que te ayudo Denni?
El arrugado hombre sonrió antes de replicar…
Deberías aprovechar y dormir un poco, seguro que te has acostado hasta muy tarde como todos los demás.
No te preocupes por eso, además no es como si yo fuera una gran señora para quedarme a dormir hasta que me de la gana. Anda – dijo melosamente – en que puedo ayudarte?
El viejo se lo pensó unos momentos y luego dijo:
Bueno, se me han terminado las naranjas y ya ves como se pone la hermana de mi señor si no toma su jugo antes de cualquier otro alimento… podrías ir por unas cuantas.
Claro, ahora vuelvo.
Misao salió corriendo mientras el chef volvía a sus obligaciones y ordenaba a sus ayudantes ya que hicieran esto, ya que hicieran lo otro.
El problema ahora era a donde cortarlas – se dijo Misao cuando llegó a los lindes del bosque. – Las naranjas de la parte este eran dulces y grandes… pero quizás a estas alturas no quedará ya ninguna… por otro lado las de la parte oeste eran deliciosas pero más pequeñas… si, se decidió a ir al oeste, cortaría muchas y así no la reprenderían. Misao corrió de nuevo.
Cuando tuvo las naranjas que creyó necesarias envueltas en su enagua, salió corriendo de nuevo a la mansión… saltó pequeñas bardas, libró pequeños bache y al dar vuelta a una esquina… tropezó con alguien y todas las naranjitas rodaron por el suelo.
Discúlpeme, por favor – escuchó que alguien le decía – no vi por donde iba.
Misao enrojeció al darse cuenta de quién era y levantándose rápidamente sin tomar la mano que él le ofrecía se disculpó ella a su vez.
No, discúlpeme usted a mi, señor. Me temo que iba demasiado rápido como para que usted lo haya podido prevenir…
Kenshin sonrió al ver a la niñita de ojos brillantes que se disculpaba ante él con el rostro gacho, aunque una punzada de arrepentimiento cruzó sus rasgos al mirarle con esas ropas de sirviente y esas sucias manos.
Misao notó la insistente mirada de sir Kenshin, pero decidió que no tenía tiempo que perder y empezó a recoger las naranjas que yacían en el suelo… y en eso se sorprendió al ver al muchacho agachándose y ayudándola a recogerlas poniendo un montón entre sus brazos…
Supongo que esto va a la cocina? – preguntó el sonriendo con tranquilidad.
Oh, no necesita hacer esto – replicó ella – yo misma las llevaré.
Kenshin la apartó con cuidado y dijo:
Muéstrame el camino que yo te seguiré.
Misao enrojeció aún más pero, a paso tranquilo ahora, siguió su camino a la cocina, notando al hombre que le seguía. Se preguntó si todos los nobles serían así de amables con la gente del servicio.
Y dime – preguntó el pelirrojo – te tratan bien aquí?
A Misao la pregunta le tomó por sorpresa, aunque disimuló lo bastante como para contestar correctamente.
Oh! Si mi señor, este lugar es muy alegre, bueno y todos me tratan muy amablemente, incluso mi señora, a cuyo servicio estoy.
Kenshin hizo una señal de asentimiento antes de seguir.
Y supongo que sabrás que pronto tu señora y yo estaremos unidos ante Dios.
Misao ahora si ya no pudo contener un jadeo… como era posible que eso hubiese pasado y nadie le hubiese avisado… si, esta bien que ella se había retirado pero entonces… este era el hombre que cortejaba a su señora anoche? Claro, debió haberlo supuesto desde el principio…
Por su semblante me atrevo a pensar que acabo de hacerle participe de la noticia.
Tras esto misao intento componerse:
Así es, señor. No lo sabía, pero he sido fiel testigo de los afectos que mi señora le tiene y le doy feliz mi enhorabuena.
Me alegro que piense así… debo decirle que después de mi matrimonio he escogido para asentarnos mi propiedad en Greenvalley, cerca de aquí.
Que bien – se atrevió a expresar la joven – así estará cerca de su prima a la que adora y de su amado padre.
Así es, además… mmm… supongo que necesitaremos contratar servicio para mi dama… me preguntaba quizás si querría marchar a nuestra casa y seguir sirviéndola.
Misao se mantuvo en silencio anonadada. Era una propuesta muy repentina y debía analizarla… cierto que si su señora se marchaba ella pasaría a ser probablemente otra dama de limpieza o algo así… y si la seguía podría mantenerse haciendo lo poco que representa ser una dama de compañía… pero también estaba el hecho de que allí había pasado 16 años de su vida… responder se le hacía sumamente difícil.
Kenshin se dio cuenta de que estaban frente a la puerta lateral… se acercó a la chica y puso el montoncito de naranjas que traía en sus enaguas, luego sonrió y antes de dar la media vuelta y alejarse dijo:
Piénselo, le preguntaré de nuevo cuando todo esté consumado… aunque debo decir que no espero una negativa.
Misao estaba aturdida… tanto que cuando entro en las cocinas dejó las naranjas en un balde y planeaba irse a la cama… definitivamente tenía que hacer algo por descansar, estaba sufriendo alucinaciones.
Aunque a medio camino decidió mejor ir a descansar a su árbol favorito… esperaba que fuese lo suficientemente temprano como para que nadie la molestase.
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Hajime llevaba apenas una hora de andar… su mente daba vueltas y vueltas… Shinta? Sabía que había escuchado ese nombre… sabía que era un nombre relevante si no no lo recordaría… quien era este Shinta que recordaba? Algo sobre una torre… una tragedia… Hajime abrió los ojos de la sorpresa… y sin decir nada, dio vuelta en u y siguió delante… sus hombre, contrariados, tardaron un poco en ponerse de acuerdo, pero después sin falta, todos le siguieron. Aunque a ninguno le agradó el camino por el que su señor los estaba llevando.
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Aoshi frotó sus ojos… se sentía apretado, oprimido… aprisionado? Abrió un ojo y se dio cuenta de que un chico de cabellera castaña descansaba placidamente sobre él usándolo de almohada.
Si, su hermano nunca saldría de eso hasta que un día encontrara su cuarto cerrado con llave… y seguro que haría eso pronto, que tal si él hubiese estado acompañado y su pequeño hermano hubiese venido a dormir con el de pronto… definitivamente tendrían que buscar una solución.
Ah, señor Aoshi… veo que ya despertaste?
Y si estabas despierto porque estas encima de mi? – le preguntó el otro con su fría voz típica.
Bueno, hubiese ido a recostarme con hajime, el solo se molesta me bota unas tres veces y luego de que se cansa me deja quedarme allí… pero sucede que cuando he ido no le he encontrado.
Aoshi se levantó y dio una mirada escrutadora a su hermano.
Bueno, es verdad… no vi sus cosas tampoco y, según me dijeron, le vieron salir a él y a algunos hombres rumbo a la capital esta mañana.
Aoshi comenzó a vestirse rápidamente pero su hermano le detuvo.
Nuestros anfitriones aún no despiertan y aunque corras – risa socarrona – aunque yo mismo corriera a estas alturas ya no lo alcanzaríamos sino hasta el palacio… - puchero – y no quiero llegar a casa aún.
Y que recomiendas que hagamos?
Pues si Padre necesita algo nos lo hará saber en seguida. Además de que hemos prometido quedarnos a la boda de sir Kenshin – Aoshi levanto una ceja peligrosamente… - Bueno hermano, no te molestes… prometí que nos quedaríamos a su boda con la señorita Kamiya, aunque mi promesa ha fallado por nuestro hermano…
Y exactamente, cuando será esta boda de la que no tenía ni siquiera noción?
En una semana si mi memoria no me falla. Ademas…
Además? – dijo Aoshi en un peligroso tono de voz…
He prometido tu ayuda en una chanza muy divertida que gastaremos al capitán Sagara
A la sola mención del nombre y sin siquiera saber porque, Aoshi enfureció.
Y de que se trata tal cosa? – preguntó con una furia notable… aunque nadie que no fuese Soujiro podría haberlo hecho.
Bien, planeaba, junto con nuestro anfitrión Ayami, sir Kenshin y su prometida, jugar una pequeña broma a Sagara y a la señora Takani.
Bien – respondió el príncipe sintiéndose atraído hacia cualquier maldad que pudiese hacerle al capitán – seré participe de tu jueguito.
Genial! Ahora, señor Aoshi… creo que dormitare junto a tu almohada.
Tras esto, graciosamente, Soujiro se tiró a la cama y abrazó el almohadón que estaba en ella… Aoshi le vio y (increíble) sonrió… era increíble creer que ese pequeño niño fuese casi de su misma edad…
Se terminó de vestir y decidió salir de allí y, como muchos otos que no tienen nada que hacer… salió a dar un paseo por los bellos lugares que ofrecía su estancia. Mientras salía de la mansión, se topó con Cho y le saludó no sin sentir cierto desconcierto de que la mano derecha de su hermano no hubiese partido con él.
El sol ya brindaba sus rayos pese a ser relativamente temprano, aunque no se veía gente excepto por los miles de sirvientes que se levantaban desde primeras horas de la mañana para tenerlo todo listo al despertarse sus amos. Ao sonrió de nuevo (dos veces en una mañana… ya es record) y decidió volver al lugar que, desde que la viese, era su preferido…
E increíblemente (como casi todo esa mañana) allí estaba ella, descansando al pie de ese árbol con los ojos cerrados y un rostro que reflejaba… preocupación?
Aoshi se acercó más a ella sin medir distancia, y en cuento su sombra le impidió a ella sentir la luz del sol, abrió los ojos rápidamente.
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Misao se había quedado pensativa y al llegar a su árbol, ni fuerzas le quedaban de subirlo… se acurrucó al pie de este y decidió darse un baño de buen sol y así se estuvo, cerró los ojos y se puso a pensar en los pros y los contras que la propuesta de sir Kenshin le traería.
En eso estaba cuando sintió todo a su alrededor oscurecerse y abrió los ojos intempestivamente, siendo su sorpresa aún mayúscula al encontrarse de frente con esos ojos que se clavan como hielo del más puro… pero que también parecen tristes por la sensación de soledad que afloran.
Disculpe, no quise molestarla?
No me molestas Ao – respondió ella con una sonrisa… sin saber que sus sonrisas encantaban al otro. – De hecho, te agradaría hacerme compañía.
Aoshi se sentó junto a ella recargándose en el árbol. Su corazón latía rápido de nuevo y él hacía todo lo posible por evitarlo.
No me dijiste ayer tu título o apellido Ao… cuales son?
Al muchacho esta pregunta lo tomó desprevenido… no supo que contestar y, a riesgo de incomodarla solo dijo:
No quiero hablar de eso.
Entiendo – dijo ella haciéndolo voltear a verla de inmediato – de seguro no es agradable recordar a tu familia… quizás estas molestos con ellos por algo. Bueno, no te forzaré a decírmelo, probablemente lo hagas tu, libremente, más adelante…
Bien – respondió él escuetamente – Mientras venía vi que había varias personas poniendo una larga mesa en el jardín.
Es cierto – respondió ella poniéndose en pie de prisa – prometí ayudar hoy al señor Matías… debo irme.
Aguarda – él la detuvo por el brazo y sus rostros se sonrojaron al instante. – Podré verte de nuevo?
Misao pareció pensativa.
Bien – dijo al cabo de un rato – mis señores darán una comida especial para los príncipes, supongo que estaré libre mientras esto ocurre… podríamos vernos aquí en ese momento.
Ahora Aoshi es quien se sentía entre la espada y la pared… pero casi sin pensárselo se oyó respondiendo afirmativamente mientras la única joven que se había atrevido a invitarle a una cita a solas directamente, se marchaba.
Aunque se recuperó rápidamente y se dio prisa a ir al encuentro de su hermano en donde le habían previsto.
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Sanosuke caminaba lentamente por los jardines sin prestar atención a que un paje pasaba por allí también observándolo y, en el acto, saliendo de allí.
Mucho me asombra – dijo él a la nada – que un hombre que se percata de las locuras de otro cuando consagra sus actos al amor pretenda después de haberse reído de semejantes ligerezas pueriles en los demás, convertirse en tema de sus propias burlas, enamorándose. Y uno de esos hombres es Kenshin. Yo le conocí cuando no había otra música para él sino la del filo de su arma cortando el viento, y ahora le suenan mejor el arpa y la pianola. Le conocí cuando hubiera andado diez millas a pie por ver una nueva armadura, y ahora pasaría diez noches de claro en claro buscando flores para una coronilla. Solía hablar llano y sin rodeos, como hombre honrado y militar, y ahora se ha vuelto enrevesado; su conversación parece un banquete fantástico donde se sirvieran platos exóticos. ¿Será posible que yo también me transforme y vea de esa manera con estos ojos? No puedo asegurarlo. Pienso que no. Aún así no jurare que el amor no sea capaz de cambiarme en ostra; más si puedo hacer voto de que, mientras no me convierta en ostra, no hará de mi un necio semejante. Una mujer es bella, pero yo no salgo de mis trece. Otra es discreta, pero yo no salgo de mis trece. Otra es virtuosa, y en mis trece me quedo. Mientras no se junten en una mujer todas las gracias, no entrará ninguna en gracia conmigo. Habrá de ser rica, eso sin duda; discreta o no la querré; virtuosa, o jamás haré contrato con ella; hermosa o no la miraré nunca; dulce, o procuraré no acercarme; noble, o no me conquista, aunque sea un ángel; de agradable discurso, excelente cultivadora de la música, y sean sus cabellos… del color que a Dios le plazca. ¡Hola! Los príncipes y monsieur Amor se aproximan con nuestro anfitrión. No tengo gana de soportar sus desdenes… me esconderé.
Así el hombre se escondió tras la enramada.
Ven donde se ha ocultado el capitán – susurró Kenshin.
Oh! Muy bien amigo, ahora le daremos un poco de desconsuelo al pobre Sagara – rió por lo bajo Soujiro. – es tu turno – dijo a Aoshi tras darle un codazo… este se acercó más a los arbustos tras los que se escondía Sano y hablo.
Venid acá, Ayami. Que me decías hace un momento? Que tu sobrina Megumi esta enamorada del capitán Sagara?
Jamás pude imaginar que esa dama pudiera amar a ser alguno – agregó Kenshin.
No, ni yo tampoco – prosiguió el señor Kamiya – pero lo más extraño es que haya puesto sus ojos en el señor Sagara, a quien, a juzgar por las apariencias, siempre ha detestado.
Sanosuke abrió sus ojos como platos.
Bajo mi palabra señor, que no sé que pensar de ello, sino que lo adora con pasión frenética. Mi sobrina le ama sobrepasando lo imaginable.
Quizás no haga sino fingir – procuró seriamente Aoshi.
A fe que no fuera extraño – agrego Soujiro.
Oh Dios! Fingir? – dramatizó Ayami – Jamás una pasión fingida anduvo tan cerca de una pasión real como la que ella revela.
Bien… y que síntomas de pasión deja entrever? – preguntó Soujiro inocentemente.
Que síntomas? – se alarmo Ayami… no había planeado que decir a eso… - Se os contara – a Kenshin – Ya os habrá dicho mi hija como.
Me lo ha dicho, en efecto – comento casualmente el pelirrojo.
Me asombra – sugirió Aoshi – Hubiera creído su carácter invencible a todos los asaltos del amor.
Así lo hubiese jurado de mi sobrina, señor. Especialmente contra Sanosuke.
Sanosuke estaba temblando de arriba abajo, no sabía si de contrariedad por la noticia, o porque estuvieran hablando de él sin estar él mismo presente.
Ha declarado su pasión a Sanosuke? – pregunto el heredero.
No, y jura que nunca lo hará, ese es su tormento.
Así es… mi amada me ha dicho que dice que tras haberle dejado en claro tantas veces su desdén… cómo podría hablarle de amor?
Esto lo repite siempre que comienza a escribirle, pues se levanta veinte veces durante la noche hasta que ha escrito un pliego de papel. Mi hija nos lo cuenta todo.
Ahora que hablas de pliegos de papel – habló distraído sir Kenshin – recuerdo un chiste gracioso que nos contó vuestra hija.
Oh! Cuando después de haberle escrito y al repasar la carta notó que se encontraban los nombres de Sanosuke y Megumi?
Ese exactamente.
Oh! Lo rompió en mil pedacitos reprochándose el haber cometido la ligereza de escribir a un hombre que sólo habría de burlarse de ella.
Sería conveniente que Sagara lo sepa por otro conducto, si ella no quiere contarselo.
Con que fin? – preguntó Kenshin a la sugerencia de Aoshi – No haría sino tomarlo a diversión y atormentar más a la pobre dama.
Si así obrara, fuera un acto caritativo ahorcarle – confesó Soujiro. – Se trata de una dama encantadora y gentil, al abrigo de toda sospecha.
Aparte es en extremo prudente – continuó Kenshin.
En todo salvo amar a Sagara – culminó Aoshi. – Por favor, contadle a Sagara y oigamos que dice.
¿Cree que sería prudente alteza?
Kaoru tiene por seguro que fallecerá, - comento el pelirrojo - pues dice que morirá si el no la ama, y morirá antes de declararle su amor, y morirá también si el la corteja antes de ceder un ápice de su acostumbrado espíritu de contradicción.
Y hace bien – hablo el menor de los príncipes – Si le manifestase la ternura de su afecto, sería probable que la desdeñara, pues el individuo como todos sabéis, es de condición desdeñosa.
Pero es un apuesto caballero – lo defendió su amigo sir Kenshin.
En efecto – alargo Aoshi – posee un feliz exterior.
Y por supuesto – continuó el otro – muy discreto.
Y la verdad muestra a veces destellos que se parecen al ingenio.
Y le tengo por valiente – argulló Ayami interrumpiendo al principe y a su futuro yerno.
Y ahora después de esto – preguntó Aoshi – Iremos en busca del señor y le pondremos al corriente de este amor?
No es posible… primero se consumirá su corazón.
Bien, entonces su hija nos irá contando – agregó el chico de cabellera castaña – tendremos que dejar que las cosas se enfríen, aunque yo que soy buen amigo del hombre en cuestión sentiría en agrado que se examinase a sí mismo y viera hasta que punto es indigno de tan perfecta dama.
Si con esto no esta perdidamente enamorado, nunca confiaré en mis esperanzas – susurró Soujiro. – Habrá que tenderle la misma red a Megumi y que se encarguen de ello su hija y su doncella. Lo gracioso que será cuando cada uno este convencido del amor del otro y no haya tal. Es la escena que quisiera ver, que será solamente una pantomima.
Y cómo si de pronto la chispa de la malicia hubiese brillado en el príncipe heredero incluyó.
Enviémosle a su dama, a llamarle a la mesa.
Vamos señor – volvió a hablar Ayami en voz normal – la comida ya estará al punto.
Y se fueron, dejando a Sano con sus pensamientos.
esto no puede ser una burla – avanzando desde la enramada – Se han mantenido en serio. La verdad del asunto la conocen por la señora Kamiya. Parecen compadecerse de la dama. Se diría que su pasión ha llegado al colmo. ¡Amarme! Bien. Eso hay que recompensarlo. He oído cómo me censuraban. Dicen que me henchiré de orgullo si me doy cuenta que me adora. Dicen también que morirá antes de darme una señal de cariño. Nunca pensé en casarme. No debo parecer orgulloso. Felices aquellos que oyen sus faltas y son capaces de enmendarlas. Dicen que la dama es bella. Nada mas cierto, puedo atestiguarlo. Y virtuosa, efectivamente, no lo he de negar. Y discreta; menos en amarme. Por cierto que eso no agrega nada a su talento, aunque tampoco es prueba grande de su insensatez, por tanto, yo aspiro a amarla desesperadamente. Aún si soy objeto de burlas por haberlas hecho yo mismo anteriormente. Después de todo, cuando dije que prefería morir soltero no esperaba vivir hasta casarme. Aquí viene Megumi – la ve venir de lejos – Por cierto que es una hermosa dama. Percibo ciertos síntomas de amor en ella.
Megumi se sentía exasperada… la habían mandado a buscar a ese individuo justo cuando el príncipe desaparecía también… hubiese preferido ir a buscar al apuesto príncipe que a este bueno para nada.
Contra mi voluntad – procuró que cada palabra fuera clara y audible – me han enviado a llamarle a la mesa.
Bella Megumi – dijo el otro con aire galante – te agradezco la molestia.
Megumi se vio extrañada, pero se repuso rápidamente y el sentimiento de estar siempre en contra del otro le ganó.
Créame, señor. Si la misión hubiese sido molesta no la hubiese llevado a cabo. No me he tomado mas molestia para merecer ese agradecimiento de la que le cuesta el agradecérmela.
Entonces le complace? – preguntó el esperanzado.
Si, tanto como a usted le complace tomar un cuchillo y apretarlo contra su mano. Si no tiene apetito permanezca aquí. Adiós – y se fue pensando en lo inútil que había sido llegar hasta allí.
Sanosuke se quedo parado pensando un momento.
¡Ah! Contra mi voluntad me han enviado a llamarle a la mesa Esto encierra doble sentido. No me he tomado mas molestia para merecer ese agradecimiento de la que le cuesta el agradecérmela ; que es como decir: toda molestia que me tome por ti es tan grata como tu agradecimiento. ¡Si no me compadezco de ella, soy un rufián; si no la amo, un tonto!
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Misao caminaba junto con su señora, ya eran pasadas de las doce y su señora dificultosamente le había explicado un plan que, pareciéndole gracioso en suma, Misao accedió a ayudar. En eso estaban cuando vieron a la señora Megumi Takani caminado furiosamente hacia la mansión…
Por cierto que no, Misao. Mi prima es demasiado desdeñosa. Conozco su carácter.
Megumi escuchó aquello y trató de acercarse un poco a donde la plática se centraba, a escondidas, para escuchar que tanto de ella hablaban.
Pero, esta segura que el capitán Sagara ama tan ardorosamente a la señora?
Así lo dicen los príncipes y mi prometido.
Y la han encargado a que la informe de ello, mi señora?
Me han rogado que se lo diga; pero yo les he contestado que, si estiman a Sanosuke Sagara, le insten a que luche contra ese afecto y no se lo haga saber nunca a mi prima.
Porque? Acaso no es merecedor el señor Sagara de vuestra prima?
¡Oh Dios del Amor! Bien se que merece cuanto pueda otorgarse a un hombre; pero jamás formó la naturaleza un corazón de materia más dura que el de Megumi. No puede amar ni concebir tal proyecto, tan engreída esta.
Cierto, yo pienso lo mismo… y en esas condiciones seguramente no sería bueno que conociese su afecto, no sea que se burle de él.
Si, mi prima siempre le ve la parte mala y no concede nunca a la verdad y a la virtud lo que compete a la sencillez y al mérito.
Aún así, dígaselo; a ver que contesta.
No, antes iré a avisar a Sanosuke y aconsejarle que combata su pasión. Y por cierto, llegaré hasta el punto de inventarle una leve calumnia a mi prima. No sabe hasta que punto puede emponzoñar el amor una palabra malvada.
Por Dios! No cometa semejante agravio a su prima, mi señora. No puede tener tanta falta de criterio como para rechazar al señor Sagara.
Es el hombre más singular en este reino… exceptuando a mi siempre amado Himura.
Misao pensó también en cierto alto y apuesto hombre, aunque no dijo nada.
Cuando os casáis, señora?
Pues cualquier día de estos! – exclamó alegre Kaoru – mañana mismo si pudiese. Vamos adentro y te mostraré algunas galas que podrás ponerte ese día.
Mientras corrían a la mansión se reían de la trampa, seguras de que Megumi se había tragado todo el cuento.
La susodicha, mientras tanto no daba crédito…
Será posible? Se me censura de tal manera por mi orgullo y desdén¡Adiós desprecio¡Orgullo virginal, adiós! Ninguna gloria puedo esperar de ustedes. Y tu, Sanosuke, sigue amando. Yo te corresponderé domando mi corazón salvaje al calor de tu mano. Si me amas, mi ternura te incitará a unir nuestros amores en un santo lazo, pues los demás reconocen que lo mereces, y yo lo creo mejor por mi que por sus referencias…
Notas: bueno, creo que si quiero entregar un capítulo cada dos semanas tendré que hacerlos mas cortos, jeje… sucede que mis compromisos se han redoblado, aun si dejo de lado los normales de la escuela. Aún así, espero que sigan conmigo en esta historia y para los fans de Kenshin y Kaoru… hoy no hubo mucho de eso, pero el proximo capitulo va a estar que arde.
Casandra…
P.D: dejen reviews.
