6 PECADOS
PARTE 2
El tiempo corría para los pecados.
Y mientras Nao lidiaba con el complejo de estrella de Reito…
-Los humanos y sus miserables instrucciones-. Kuga refunfuñaba malhumorada, aunque bueno, lo extraño hubiera sido que estuviera de buen humor. -¿¡Tanto les cuesta decirnos donde está el maldito salón!?-.
-Cariño, quizá no debiste quemar el croquis-. Le había prendido fuego porque le enfurecía el dibujito mal hecho. -Ni amenazar al que quiso guiarnos-. A ese lo corrió porque le irritaba su voz, su cabello, su cara, le enojaba que hubiera nacido pues.
-Guiarnos, sí claro…-. Ese solo quería coger con Shizuru y ambas lo sabían. -Síguele todo derecho, no hay pierde-. Seguía quejándose de las malas indicaciones, como si la vida se le fuera en eso. -¡Sí que hay pierde!-.
-Todos los caminos llevan a Roma-. La castaña intentó darle ánimos.
-¡Necesito llegar al salón, no a la puta Roma!-. Pero las analogías y metáforas también le irritaban.
-¡Oye tú, intento de animal pensante!-. Esa fue Natsuki a un conserje, no Shizuru a Natsuki, aunque ganas no le faltaban a veces.
Después de casi causarle un infarto al pobre hombre, consiguieron saber dónde estaban paradas, más o menos, y es que, bueno, la oji verde no iba a admitir que ni ella ni su novia eran buenas ubicándose en la tierra de los humanos, por el momento, después tampoco lo serían, pero ya sabrían usar Google Maps decentemente.
Volviendo al punto, las dos estaban tan pero tan perdidas que ni siquiera tenían idea de a que carrera las había inscrito Mai, aun así, de algún modo, o sea asustando a todo ser vivo con el que se cruzaron, pudieron dar con el salón que les tocaba, descubriendo que en realidad... era el primero que habían pasado al entrar al edificio.
Una vez dentro, Kuga agradeció al averno que solo compartiría clases con Shizuru, creía que no existía mayor dolor de cabeza que sus compañeros del infierno, error número dos del día, el primero había sido salir del departamento. -Mierda-. La alegría de su soledad no le duró mucho al notar que eran las únicas mujeres en el salón, es más, dudaba que alguna vez un ente femenino hubiera pisado ese lugar, ya que al entrar todas las miradas se fueron sobre ellas como si tuvieran un cartel de neón en la cabeza.
Frunció el ceño. -Apesta a testosterona y pajas desesperadas-. Tenía un olfato muy sensible, demasiado.
-¿Y tú como sabes eso?-. Si sabía que en el fondo Natsuki era más gay que ella misma.
-Te sorprendería la rabia con la que algunos se la jalan-. Desgraciadamente eso hacía que su pecado abarcara esa área. -Horrible-. Prefería mil veces a las chicas enfurecidas por su período.
El profesor carraspeó para llamar su atención y les pidió que se presentarán, él sí tuvo la decencia de no comerse a Shizuru con la mirada, ok, más que decencia era que le daba miedo Natsuki, y nadie lo culpaba, la chica lo miraba como si pudiera arrastrar su alma al infierno, cosa que era posible pero no iba a pasar, porque no le iban a pagar por eso.
-Fujino Shizuru, un placer estar con ustedes-. Una vez más, su sonrisa causó una reacción de excitación colectiva, lo notó enseguida. -No se emocionen-. Y eso que se había puesto una cantidad de ropa aceptada como decente. -Pueden ver pero no tocar-. Su expresión se mostró demoniaca. -O mi novia les romperá la madre-.
Natsuki tronó sus nudillos. -Yo soy la novia-. Habría mostrado sus colmillos, si aun los tuviera. -Kuga, me repudia verlos, humanos de mierda-. Fueron a sentarse al fondo, quitando a otros dos alumnos de los lugares.
-¿No va a decirle nada por eso?-. El delegado de la clase estaba ofendido.
El profesor se quedó detrás de la seguridad de su escritorio. -¿Acaso tú lo harías?-. Señaló como Natsuki encajaba una navaja en su mesa.
Pasó saliva. -Pero que chica tan agradable-. No volvería a dar su opinión, nunca.
Apenas iban dos minutos de clase cuando alguien intentó hablarle al ser más temperamental del planeta. -Psss-. Obvio quisieron ignorarlo. . -Psssss-. En su mente era otra mesa. -¡Psssssss!-. En verdad quería fingir que él no existía. -¡PSSSSSSSS!-. Satán sabía que lo intentaron. -¡PSSSSSSSSSS!-.
Pero la poca paciencia de Kuga y alguien claramente hiperactivo eran mala combinación, una pésima, quizá catastrófica. Si la buscaban, por el averno que iban a encontrarla. Le tronó el cuello al voltear. -¿Qué carajos quieres?-. Y le agregó un eco terrorífico a su voz, lástima que el chico era demasiado imbécil como para asustarse.
-¿De dónde vienen?-. Tenía el cabello negro y una cicatriz en la cara. Con darle una sola mirada podías concluir que la inteligencia no era su fuerte, ni la belleza, ni el carisma, ¡demonios!, ese chico había nacido estrellado en lugar de como estrella.
-De un lugar plagado de sufrimiento y almas en pena, cuyo sistema es una mierda, infierno le dicen-. No había mejor manera de describir su oficina.
-Ohhh te entiendo, también vengo de escuela pública- Como bien se dijo, la inteligencia no era su fuerte, y la honestidad era la mejor cuartada contra los idiotas, o al menos eso creían antes de conocer a ... -Por cierto, soy Takeda-. Él extendió la mano, como no se la estrecharon, se paró y tomó la de Natsuki.
-No me toques asqueroso aborto de homosapiens-. Iba a darle un puñetazo marca diablo, pero había demasiados testigos y mejor retomó su asiento, aunque la temperatura a su alrededor aumentó, un poco más, solo poquito, y se convertiría en la antorcha humana.
En momentos así, Shizuru necesitaba el extintor… para noquear a Natsuki y evitar un homicidio, ah sí y para apagar el posible incendio. -Llevo cinco minutos aquí, no me hagas matarte tan pronto-. Pensándolo bien, la cabeza de su novia abollaría el extintor.
-¡Silencio en el fondo!-. El profesor le aventó un plumón a Takeda, que le dio justo entre los ojos.
-¡Pero si ella también estaba hablando!-. Su poco sentido común era digno de estudios científicos.
Le aventó otro. -¡No me gustan los chismosos!-. No iba a admitir que la nueva le daba miedo. Kuga sonrió burlona, con eso de seguro la dejaba en paz.
En efecto, dejo de molestarla, sin embargo, eso fue porque el segundo plumón le había dado en un ojo y tuvo que irse a enfermería.
Los demás sí tenían suficiente sentido común para no intentar hablarles, ni aunque les pagarán por eso.
Les bastó con la primera clase para confirmar que Pereza no estaba en ese grupo, ni en el de al lado, ya habrían sentido su presencia. O el bastardo sabía que habían llegado a la universidad y los estaba evitando magistralmente, o tenía demasiada suerte como para no toparse con ellos ni por casualidad, votaban por lo segundo, Pereza no era exactamente inteligente.
Llegada la hora del almuerzo, la oji verde no quería ir a la cafetería, apestaba a humanidad. -Comienzo a creer que tienes una especie de humanofobia-. Mentira, la castaña ya tenía esa teoría desde hace un par de siglos.
-Sólo me enfurece que existan-. Le restó importancia. -Además, ellos son homofóbicos, estamos a mano-. Había golpeado a más de uno por verlas mal al ir tomadas de la mano, a esas alturas la enfermería ya estaba llena, y todos decían que habían tropezado con el aire porque les daba miedo acusar a la oji verde.
Eso, a su retorcido modo, le parecía tierno a Shizuru, y abrazó por la espalda a Natsuki . -¿Quién es mi humanofobica favorita?-. Kuga blanqueó los ojos, diría que era un milagro que tolerara a su novia, si los milagros no fueran imposibles para los demonios.
Muy a su pesar, tenían que ir a la cafetería, había muchas probabilidades de ver ahí a su pecado en fuga. Eso no le impidió ir viendo hacia todos lados con la esperanza de encontrarlo en los pasillos, malamente a quién vio yendo hacía ella le jodió más su escasa paciencia, y de paso le mató la esperanza.
-¡Kuga!-.
-¿Es en serio?-. Lo dijo en un gruñido, de entre todos los humanos, ese, ¡ese!
-¿Puedo comer con ustedes?-. Era Takeda, con una sonrisa de niño pequeño, que a la oji verde le parecía estúpida.
-Claro que no-. Caminó más rápido.
-Lo tomaré como un sí-. Les siguió feliz de la vida.
-Dije que no-. La mano de Natsuki comenzaba a calentarse, previó a las llamas.
-Natsuki, recuerda que no soy aprueba de fuego-. La sonrisa de Shizuru escondía un: Si me quemas te dejaré sin poder caminar una semana. Por instinto de supervivencia, la mano de Kuga se enfrió.
-Aléjate de nosotras-. Con su mano libre le dio un empujón a Takeda.
Eso no impidió que les siguiera. -Eres tan amable por dejarme estar con ustedes-. Continuaba sonriendo.
Shizuru no sabía si reír o no con la escena, al final opto por hacerlo. -Intenta que mi Natsuki no te mate-. Ella era un poquito más tolerante con los humanos, siempre y cuando no interrumpieran su hora feliz.
-¿Matarme? ¡Pero si le caigo de maravilla!-. Kuga le deseaba mala suerte a él y a toda su descendencia, si es que esa cosa llegaba a multiplicarse, cosa que todos dudaban. -De seguro disfruta mi compañía-. Le palpitaba una vena en la frente y su apariencia demoniaca amenazaba con manifestarse.
-¿Acaso no entiendes que te quiero tres metros sobre el cielo, imbécil?-. Gruñía entre dientes.
-¿No sería bajo tierra?-. Preguntó su novia.
-¿Estás bromeando? No lo quiero allá abajo con nosotras-. El infierno estaba en esa dirección, prefería mandárselo a los ángeles. -¿Cuándo piensas irte?-. Presionó a Takeda.
-¿Irme a dónde? ¡Comeré con ustedes, son mis nuevas amigas!-. Sí las miradas mataran, Takeda ya estaría flotando en un río.
No lograron deshacerse de él, era como uno de esos perritos que te ven en la calle y te siguen, aunque levantes una piedra imaginaria. Natsuki maldijo por eso de que el único humano al que no lograba asustar, parecía considerarla agradable, algo tenía que estar muy muy mal en su cabeza, suspiró con resignación. Se dirigieron a la mesa en la que vieron a Reito y Nao, él seguía resplandeciendo, pero sin ser nocivo para la salud. -¿Trajeron una mascota?-.
-¿Cómo se supone que hablemos de nuestros asuntos, con él aquí?-. Nao se lo echó en cara nada verlos sentarse, discutir con Natsuki era como una droga, si no lo hacía se ponía histérica.
-No te quemes la cabeza pensado-. Y Kuga discutía con cualquiera sobre cualquier cosa, era como su deporte personal -Es imbécil, mira- Volteó a Takeda. -Soy un demonio de 1250 años, y el pecado de la Ira-. Por su tono era claro que no era broma.
-¡Genial! ¿Es un nuevo juego? ¿Puedo jugar?-. Él juraba que ella hablaba de un juego de rol o algo así. -¡Quiero ser un hechicero!-.
Nao entrecerró los ojos. -Apuesto a que se cayó de la cuna de bebé-. Observó que batallaba para abrir el yogurt de su desayuno. -Dame esa cosa-. Le desesperaba ver a alguien tan inútil. -¿Cómo llegó hasta la universidad?-.
Por su parte, a Shizuru sí le interesó que solo estaban presentes 4 de 6. -¿Dónde están Mai y Mikoto?-. No quería que en lugar de buscar a 1 tuvieran que ser 3, quería sus vacaciones.
La respuesta llegó por si sola en una ola de gritos, Mai peleaba con las cocineras, era su primer día en esa universidad y ya causaban estragos. Reito se peinó su sedoso cabello antes de explicarle ese desastre. -En resumen, Mikoto quería la mitad de la comida, y la bruja de la cocina se niega a vendérsela-. Él tenía una charola repleta, con rosas incluidas, le había gustado a las viejas esas.
-¿Puede pagar eso?-. Cuestionó Nao. -¿Por qué ella tiene más dinero que yo?-.
-Ahora que lo pienso, quizá Mai se gasta todo el presupuesto en la comida de Mikoto, eso explicaría muchas cosas-. De un momento a otro, a Mai le pareció buena idea amenazar con demandar a la universidad, una mentira enorme, jamás pagaría un abogado para eso, antes muerta. -Creo que iré a resolver eso-.
-¿Segura?-. Shizuru no estaba muy segura de la seguridad de su inestable novia.
-Si alguien va a ponerse rabiosa, seré yo-. Se fue con Mai y Mikoto, para hacer más grande el escándalo, apenas entró en la cocina los gritos se multiplicaron.
-¿Cómo puedes soportar su carácter tan mierda?-. Reito veía como Natsuki le metía un puñetazo a una de las viejas. -Corrección, ¿Cómo puedes salir con esa cosa?-. Después las tipas intentaron hacerle montón pero mandó a volar a todas, Mikoto le motivaba a seguir haciendo desmadre, mientras Mai se jalaba el cabello.
-Bueno, ella soporta que casi todo lo que me ve quiera coger conmigo-. Y tenías que ser muy seguro de ti mismo para aguantar eso.
-Espera, ¿todo?-. Nao tenía mirada de: No vuelvo a quejarme de mi pecado.
-Tuve un mal momento con un perro… -. Le dio un escalofrío. -Pero ese no es el punto. Natsuki es la única con los ovarios para salir conmigo-.
Un pensativo Takeda se puso a curiosear. -¿Y cómo se conocieron tú y Kuga?-. Le parecían una pareja adorable, sí, en su cabeza Natsuki podía ser adorable.
-Pues…
FLASH BACK
Natsuki Kuga caminaba por un pasillo lleno de demonios que le miraban confundidos, porque iba vestida de cuero en lugar de llevar el horrible uniforme de la compañía, además, le gruñía a cualquier ser viviente a su alrededor y mantenía el ceño fruncido, demasiado fruncido hasta para los demonios.
-¿Quién es?-. Murmuró alguien, la oji verde le vio de reojo al pasar, con desprecio y altanería.
-Es Kuga Natsuki, acaban de contratarla-. Él si había leído los avisos matutinos.
-¿Para qué demonios querrían a una mocosa como ella?-. En realidad tenía 250 años, pero para ellos era poco más que un bebé.
-Es el nuevo pecado de la Ira-. De hecho, era su primer día en la oficina.
-¿¡Qué!? ¡Nagi está contratando a demonios que apenas y tienen cuernos!-. Todos sabían que las recién contratadas Avaricia y Lujuria no tenían más de 300 años.
-Bueno, le prendió fuego a la secretaria de Nagi, porque no le puso azúcar a su café-.
-Ok, debo admitirlo, tiene potencial-.
La aludida les ignoró, le irritaban los chismes, y compartir su aire con los chismosos, también le irritaba el color de las paredes, vale absolutamente todo le causaba enojo, pero eso era lo que le había dado trabajo.
Estaba a punto de entrar a la oficina asignada cuando chocó con alguien. -Mira el pasillo, joder-. Se sacudió la chaqueta, odiaba que la tocaran, nadie era digno de tal cosa.
-Ara, podría decir lo mismo-. Cuando la mirada rojiza se alzó, quedó prendada del panorama. Analizó de pies a cuernos a la demonio, su evidente amor por el cuero, su despeinado cabello cobalto, su ceño fruncido que parecía tallado en su cara, y lo que más le gustó, sus ojos que parecían arder furiosos contra el mundo entero. Le dio el visto bueno enseguida. -Acuéstate conmigo-.
-¿¡Qué!?-. Se puso roja, el sexo no era nada del otro mundo obviamente, pero jamás le habían abordado de modo tan directo, por miedo a ser carbonizados vivos. -Estás loca-.
Eso le causó gracia. -Vamos, te divertirás-. Movió las cejas de manera sugestiva.
-¡Ni siquiera te conozco!-.
Le extendió la mano. -Shizuru Fujino-. La oji verde se idiotizó por la presencia de la castaña, y de hecho estaría mintiendo si dijera que no se mojo al verla.
-Natsuki Kuga-. Por eso cometió el error de corresponder su saludo, ese pequeño contacto entre sus manos le condenó a un acoso sin precedentes.
-Perfecto, ahora que nos conocemos, ¿me dejas cogerte?-.
-¡Claro que no!-. Le dio un empujón y entró a la oficina, dejando a Shizuru en el pasillo con una sonrisa.
-Serás mía, Natsuki-. Luego también entró a la oficina.
-Tiene que ser broma-. Dentro sólo estaban ellas dos. -¿Eres un pecado?-.
-Creía que fui explicita-. Rio, disfrutando la expresión de la otra. -Soy el pecado de la Lujuria-.
-¡Puta madre!-. Sus ojos llamearon, en ese entonces aun no usaba su corona de fuego.
-Y supongo que tú eres el pecado de la Ira-. Le divertía ver las rabietas de Natsuki. -Eres una ternura-.
-¡No soy una ternura!-. Rugió un poco de fuego, le pasaba cuando se exaltaba de más, o sea, la mitad del día.
-¿Cuántos años tienes, 100, 150?-.
-¡250!-.
-Perfecto, no me gustan tan jóvenes-.
Natsuki quería prenderle fuego, pero no estaba segura de si eso haría o no que le despidieran, no había puesto mucha atención a su contrato. Intentó contar en su mente para tranquilizarse, aunque podría haber llegado a un millón y no habría funcionado. -Solo quédate en tu trono y yo en el mío-. Se masajeó la sien.
Shizuru se pasó su petición por el arco del triunfo. -Anda, ¿Qué tal después del trabajo?-. Y se sentó en el regazo de Kuga.
La primera reacción de la oji verde fue tirarle al suelo. -¿¡Jamás has oído sobre el espacio personal!?-. Le palpitaba una vena en la cabeza, parecía que el estrés iba a hacerla explotar.
-Sabes, el sexo puede relajarte bastante-. La castaña no le temía a la muerte, quería cogerla sí o sí, así que volvió a sentarse en sus piernas.
Le mostró sus colmillos. -¿Y que tal si no me gusta el sexo?-. Volvió a empujarle.
Una vez más se sentó. -Haré que te guste-. Le guiñó un ojo.
-Primero tendrías que gustarme tú-. Y sí, de nuevo le tiró al suelo.
-Natsuki…-. Pero la castaña siguió insistiendo.
-¡Kuga! ¡Dime Kuga!-. Le tiró al piso, con más rudeza. -¡Si sigues así te convertiré en pollo rostizado!-.
-Natsuki-. Rabió al oír su nombre, y se puso más roja cuando Shizuru se acercó a su rostro. -No puedes ocultarle tu excitación al pecado de la Lujuria-. Sonrió de modo travieso, esto desquició a la otra, provocando que hablara sin pensarlo.
-¿¡Y como no voy a excitarme si vas por ahí en pelotas!?-. Tenía un carácter de mierda, pero no era de piedra, y esa demonio en sus piernas era la tentación encarnada.
-Ara, ya lo admitiste-. Casi le robó un beso, Natsuki le esquivo al más puro estilo matrix.
-¡Dame un respiro!-. Hace mucho que no hacía corajes de ese calibre.
-¿Y si mejor me das un gemido?-. Y hace mucho que Shizuru no deseaba tanto a alguien.
Iba a ser una mañana algo larga, porque la oji verde se había equivocado con el horario, y aún faltaban dos horas para la hora de entrada.
Para cuando Nagi entró a la oficina, Kuga se había rendido con los empujones, Shizuru estaba cómodamente en sus piernas, abrazada a su cuello, por su lado ella tenía una especie de tic en el ojo. -¡Oye enano!-.
-Soy tu jefe, maldita sea-. Eso le pasaba por contratar personal de su misma edad. -Debí contratar fósiles y no fetos-. Murmuró entre dientes, aunque él también era un bebé entre los demonios.
-¡Enano!-.
-¡QUE SOY TU JEFE, CARAJO!-.
-¡Entonces resuelve esto! ¿¡Acaso no es acaso laboral!?-. Señaló a Shizuru, a la que le dio un manotazo cuando intentó meter la mano en su pantalón.
-Viniendo de Lujuria, no-. Mentira, no estaba del todo seguro, pero eso no tenían que saberlo. -A ti te pago por derramar bilis, a ella por querer coger-. Se encogió de hombros.
-¿Puedo renunciar?-. Podía buscar otro empleo, lo que sea con tal de no terminar siendo violada por su nueva compañera.
-Ya firmaste tu contrato-. Se negaba a buscar otro empleado.
-¡Mierda!-. Le dio otro manotazo a Shizuru.
-Te haré mía-. Le besó el cuello.
-Nunca-. Gruñó mal humorada. -¡No toques ahí!-.
-Caray, miren todo ese potencial-. Era como si hubiera contratado el combo, sus pecados podían ser la combinación más explosiva del infierno.
1 MES DE ACOSO DESPUÉS
-¿Cómo carajos terminé así?-. La oji verde estaba en la cama de Shizuru, completamente desnuda y con las manos esposadas. -Peor aún-. Su cara era de confusión pura. -¿Cómo mierda me gustó?-. Le habían dado duro y de formas que ni siquiera sabía que se podía.
-La magia de mi pecado-. Le quitó las esposas. -Ahhh pero te hacías la difícil-. Vio complacida que le dejo el cuerpo repleto de marcas, había marcado territorio y todo el infierno iba a saberlo, como que se llamaba Shizuru Fujino.
-En mi defensa, parecías loca-. Frunció el ceño. -Muy loca-.
-Y tú parecías querer matarme, pero aquí estamos, de novias-. Se puso sobre ella, quería otra ronda.
-Oye, oye, despacio, jamás dije que fuéramos novias-. Kuga era del tipo de demonios que le huían al compromiso, porque le daban coraje. -Kuga Natsuki no se ata a nada ni nadie-. Excepto a su trabajo, pero el dinero no iba a llegar solito a su cartera.
Sonrió. -Lo seremos-. Le había gustado tanto que la quería para más que simple sexo.
-Nunca-. Gruñó, aunque no estaba del todo segura después de su anterior nunca.
-Ara… no era pregunta-.
AL DÍA SIGUIENTE
-Vaya, así que ya son novias-. Mai sonrió divertida.
-Ohhh cállate, doña tacaña-. Fue la única vez que la vieron sonrojarse, después siguieron viéndola roja hasta las orejas, pero de la rabia. -Es imposible decirle que no a esa demonio-.
-Espera un momento-. Reaccionó con efecto retardado. -¿Y esa corona de fuego? Creí que no te gustaban las excentricidades-.
-Fui idea mía-. Apareció Shizuru. -¿No se ve linda?-.
-¡Shizuru!-. Linda su puta madre, ella era intimidación andante.
-Te tienen bien domada, Natsuki-. Analizó su aspecto. -Pero no usaría la palabra linda contigo, creo que te queda más el adjetivo intimidante-.
-Te lo dije Shizuru-. Kuga no dijo nada más tras la mirada retadora de su ahora novia.
-En verdad que te pusieron correa Natsuki-.
Se mantuvo calladita, le había quedado claro que Shizuru llevaría las riendas en esa relación, y no era suicida para llevarle la contraria.
Así pasaron 1000 años.
FIN FLASH BACK
-En el trabajo-. ¿Quién decía que ser terco no servía para nada?
-¡Wow! ¿Ya tienen trabajo?-. Takeda se emocionaba por cualquier cosa.
-Desde hace siglos, Lucifer en persona nos contrató-. En parte porque no tenía muchas opciones, pero igual lo había hecho.
-¡Genial! ¿Trabajan en un teatro o algo así?-. Los demonios le vieron con expresiones de: ¿Qué tipo de teatros conoces? Sí, tenían expresiones muy explicitas.
-En verdad es imbécil-. Por su culpa la pelirroja terminó de perder la fe en la inteligencia humana.
En ese preciso segundo la cocina comenzó a incendiarse, Nao chocó su cabeza contra la mesa. -Estoy rodeada de idiotas-. Reito hizo una mueca. -Huele a quemado-. Y Shizuru sonrió con complicidad. -Ara, se le pasó un poquito la mano-.
Natsuki alzó ambos brazos y las llamas crecieron, consumiendo la mesa de los postres. -¡Ohh por dios!-. Los tres demonios pusieron cara de asco, la mención del Señor les causaba nauseas. -¡Kuga…
-Vaya, parece que ya reaccionó-.
-¡Kuga trabaja en efectos especiales! ¿¡No es así!?-. Miraba maravillado como Natsuki sacaba su lado pirómano.
-Creo que podríamos llevarlo al infierno y seguiría sin captar la idea-. Incluso para Vanidad ya era demasiada estupidez junta, pero eso le dio una idea -¿Y si nos lo llevamos de mascota? Reemplazaría al pececito que se murió porque no le cambiamos el agua-.
La mitad de los universitarios gritaban asustados, pero sin salirse de la fila porque tenían hambre, la otra mitad comía en medio del humo. -Su poco sentido común los llevará a la extinción-. Un grupito le gritaba a la demonio que continuará con lo que sea que estuviera haciendo.
-Ya se divirtió suficiente-. Debajo de aquella cara enfurecida se ocultaba una sonrisa maliciosa, y ella lo sabía mejor que nadie. -Iré a resolver eso-. Shizuru se paró de la mesa.
-Eso dijo ella, antes de querer convertir a todos en pollos rostizados-. Ignoró a la pelirroja.
Mantuvo una expresión tranquila mientras se acercaba al desastre, el fuego hacía sudar a los demás como puercos, ella se mostraba fresca como una lechuga. -¡Fujino! ¡Gracias al averno!-. Mai evitaba que Mikoto devorara la comida calcinada. -¡Detén a Natsuki!-.
-¿Qué la puso así?-. Sabía que su chica no enloquecía de la nada, bueno sí, pero no a ese grado.
-Le dijeron que no vendían mayonesa-. Jaloneó a Mikoto. -¡No! ¡La mesa no se come!-.
Natsuki estaba a punto de convertir en pollo frito a la cocinera más gorda, ya hasta la había empanizado. -Natsuki, cariño-. La oji verde miró en su dirección. -¿Qué te dije sobre exterminar humanos?-.
-Que te excita-.
-No cariño… lo otro-.
-Que es tarea de la oficina de recolección de almas-. Esa oficina era más desastrosa que la de ellos, seguido se equivocaban y mataban a las personas que no tenían vela en el entierro, probablemente porque su líder era una ebria de primera.
-Exacto, nosotras hacemos que pequen…
-¡NOSOTROS! ¡Hay un hombre aquí!-. Reito no iba a dejar que lo excluyeran, o sea, tampoco era tan femenino.
-Ellas los matan para llevarlos al infierno, y todas…
-¡TODOS!-. Sospechaban que él sería feminazi si fuese mujer.
-Y todas felices con nuestros salarios-. Concluyó con una sonrisa.
-Está bien…-. No se dio cuenta de que hizo un puchero que Mai le recordaría más tarde. -¿Al menos puedo quemar a la gorda?-. La susodicha chillaba a todo pulmón.
-Natsuki…
-Bueno, bueno-.
Shizuru era la única capaz de dialogar con el pecado de la Ira, además, de los 7 ella era quien tenía mayor cantidad de magia disponible. Chasqueó los dedos dos veces, la primera para limpiar el desastre, la segunda para modificarle la memoria a todos los testigos.
Mai se acercó con cara de confusión e indignación -¿No puedes hacer eso siempre que Natsuki destruye algo? ahorrarían un dineral en reparaciones.
-Ni siquiera mi magia sería suficiente-. Amaba a Natsuki pero tampoco podía hacer milagros con su amor. -¿Por qué crees que pagó un seguro?-.
La aludida gruñó. -Estoy aquí y lo saben-. No era su culpa tener magia de fuego, ni problemas de ira, ni un carácter de mierda, no era su culpa ser ella.
Regresaron a su mesa, aunque más temprano que tarde se arrepintieron de hacerlo. -¿Y él quien es?-. Takeda parecía muy entretenido jugando con sus galletitas de animalitos, se las habían dado para que dejara de preguntar por el supuesto trabajo de Natsuki en efectos especiales.
Kuga le dio un trago a su café, de puro milagro no se había enfriado. -Mai, él es Takeda, Takeda, ella es Mai, el pecado de la Avaricia-. La oji lila quiso estrangularla por rebelar ese dato, Kuga le hizo una ceña de que esperara.
-¡Ohhh por dios!-. A ver que se inventaba el chico para el pecado de la Avaricia.
-Siempre por dios… jamás por Lucifer-. Golpeó la mesa. -O mejor aún, por Nao-. No podía evadir su propia envidia.
-¡Eres su manager!-. A Takeda le brillaban los ojos.
Por cosas así, confirmaron que era absolutamente innecesario disimular con el chico, hasta una patata sospecharía más de ellos que él, un punto a su favor considerando que se les había pegado como chicle. -¿No le afectará estar con nosotros?-. Eso de estar con 6 de los 7 pecados podría llevar a la locura a alguien normal.
Le echaron un vistazo, él se dio cuenta y le sonrió a Natsuki. -Joder, es tan puro que puede sonreírle a la cara de culo-.
-¡Oye!-. Le dio un puñetazo a Nao.
-Si su inocencia equivale a su estupidez, es imposible que lo corrompamos-. Shizuru saludó al chico con un gestó coqueto, este le devolvió el saludo con una sonrisa de niño pequeño. -Demonios, ni siquiera me mira con deseo como el resto-.
-Si no peca con Lujuria, no pecara con ninguno de nosotros-. Sentenciaron desganados, tenían un único trabajo, hacer que los humanos pecaran, y ese tal Takeda venía a joderlos, sin ni siquiera proponerselo.
-Oye Ku-.
Gruñó. -Son dos putas silabas, no es necesario acortarlo-. Iba a tirarlo de la silla, iba.
-¿Quieres un poco?-. Pero él sacó un frasco de mayonesa de su mochila.
Le brillaron los ojos. -Ok, quizá ahora me caigas mejor que estos bastardos-.
-¡Seremos mejores amigos, Ku!-.
-¡Que no lo acortes!-. Le enojaba que le llamaran por su nombre pero también derramaba bilis si le ponían apodos, nada le gustaba, nada.
-Apuesto a que lo mata antes de la última clase-. Reito lo quería como mascota pero no le daba más tiempo de vida. -Apuesto a que en una semana-. Nao conocía un poco más la paciencia de Kuga, ella misma siempre la llevaba al límite. -Apuesto a que no lo mata-. Mai sabía que la oji verde no era pendeja para hacer eso. -Apuesto el sueldo de un mes a que terminan siendo amigos-. Todos voltearon a ver a Shizuru, con una expresión de: Tanto sexo ya te secó el cerebro, sin embargo, creían que ella perdería así que aceptaron.
-Pobres idiotas… -. Murmuró la castaña.
-¿Qué?-.
-Nada, nada-. Rio maliciosamente.
Entonces Reito se percató de algo. -¿Te desabrochaste otro botón?-. Miró acusatoriamente a Shizuru.
-No…-. Sí lo había hecho, pero tenía el cinismo de negarlo para verlo enojarse.
-¿Entonces por qué te veo las tetas?-. Natsuki le aventó un tenedor que se clavó en su comida. -¡Era una simple pregunta!-.
-Pues tus preguntas son estúpidas-.
- Genial, a una le falta ropa, y a la otra le sobra-. Nao no iba a quedarse fuera de la discusión, claro que no.
No le aventaron un tenedor también porque no había más. -¿Qué intentas decir?-. Así que Kuga se conformó con verle feo.
-Que traes tu chaqueta de cuero, maldita loca-.
-¿Y eso qué?-.
-¡Que estamos como a 40 grados!-.
-Pfff…. La uso en el infierno-.
-¡Pero allá tenemos aire acondicionado!-. Con eso Mai no había sido tacaña, porque era el mismo aire para todos y no le quedaba de otra. Así es, eran demonios… que no soportaban el calor, a excepción de Natsuki, por obvias razones. -En mi salón hacía tanto calor que mi sudor tenía sudor propio-.
Mikoto se acercó a Takeda. -¿Te vas a comer eso?-. No esperó una respuesta, tomó la comida.
-Matarás de hambre a mi mascota-. Reito ya había decidido que adoptaría a ese humano, aunque según él solo viviría unas pocas horas más, antes de que Natsuki lo matará en un arranque de ira, o quizá Shizuru, por interrumpir uno de sus momentos felices.
-¿Por qué Reito tiene una mascota y yo no?-. Cinco segundos antes no quería ninguna, pero si Reito la tenía ella también quería una.
-¡No habrá más mascotas en esa oficina!-. Le irritaba el pelo, el desorden, y que Nao quisiera cosas, mejor dicho, le irritaba Nao y punto. -¡A duras penas dejo que Nao entre!-.
-¡Oye!-.
Y como si el ambiente no fuese ya un desastre. -¿Es mal momento para decir que recortaré el presupuesto del aire acondicionado?-. Mai salió con sus horribles manejos de finanzas.
Toda la tensión se concentró en ella. -¿En serio quieres estar en esa oficina, con Reito estresado por el calor?-. Mikoto lo decía porque el trono de Mai estaba justo al lado del de él. -Además, ¿Acaso quieres que sus reflectores nos rosticen a todas?-.
-¡Olvídate de Don Estrellita!-. Nao golpeó la mesa. -Esos conejos-. Señaló al dúo pornográfico. -¡Sí que convertirían la oficina en un horno!-. Estando cerca de ellas hasta la Antártida se calentaba.
Shizuru rompió el misterioso silencio en que había estado. -Tenemos una vida sexual un poquito activa, ¿y qué?-. Casualmente no tenía una mano a la vista…
-¿Un poquito, dices?-. La pelirroja le tapó los oídos a Takeda, porque no quería tener que tratar sus traumas. -¡Estás masturbando a Kuga bajo la mesa!-. Pero igual medio escuchó la última parte.
-Shizuru es una fuerza de la naturaleza-. Argumentó la oji verde.
-¿¡Y eso qué!?-.
-Que no puedes ir en contra de la naturaleza-. Si Shizuru quería meterle mano, lo haría, la hora feliz era la hora feliz.
-Malditas exhibicionistas…-.
-Si te molesta puedes irte a otra mesa, digo-. Gruñó, mostrándole el dedo medio.
-¡Pero yo llegué antes!-.
Takeda tenía cara de confundido -¿Qué hay debajo de la mesa?-. Nao le detuvo antes de que se asomará a ver.
-Alto ahí imbécil, eso no queremos verlo ni nosotros los pecados-. Probablemente ni los usuarios de XVideos.
-Creo que dejaré el aire acondicionado tal y como está-. Mai no iba a arriesgarse a que intentaran matarse por ahorrarse unas monedas, tampoco llegaba a ese grado… bueno sí, pero no quería pasar calor. -Mínimo váyanse al baño-. Quería echarles una cubeta de agua encima, parecían perros en celo.
-Es que ya cogimos ahí en la mañana-. La castaña tan explicita como siempre. -En todos los cubículos y…
-¡No quiero oírlo!-. Lo que menos necesitaba eran mas imágenes de esas dos en su cabeza.
UNOS MINUTOS DESPUÉS
Mientras seguían discutiendo y comiendo, los seis tuvieron un mal presentimiento al mismo tiempo. Bajo la mesa, Natsuki hizo una pequeña bola de fuego. -¿Huelen eso?-. Su voz expresó más odio del acostumbrado.
-Sí-. Shizuru miró discretamente sobre su hombro.
-No huelo nada, ¿de qué hablan?-. Takeda ni por casualidad podía saberlo.
Cerró el puño, el fuego le cubrió. -Huele a suavizante barato para plumas-. Arrugó la nariz con asco.
-Disculpa, pero tengo que mantener mis alas impecables-.
Giraron en dirección a la voz, era una chica rubia que conocían bastante bien, siempre se metía donde nadie le llamaba. Como líder de los pecados, Natsuki se puso de pie para encararle, y se subió la bragueta antes de que se le olvidara. -¿Qué quieres, ángel de cuarta?-. Había apagado su puño, no le daría motivos a esa para denunciarle, por el momento.
-¿Ángel de cuarta?-. Hizo una exagerada mueca de indignación. -Acaban de ascenderme a la oficina de los 7 Arcángeles-.
-¿Y qué quieres, una felicitación?-. Kuga escupió las palabras. -¿Qué mierda haces aquí?-.
-Eso debería decirlo yo-. Pero sin la palabra mierda, porque a diosito no le gustaban las palabrotas, y no quería que le descontaran sueldo. -Me enviaron a vigilar a un pecado-. Vaya, los chismes corrían rápido, eso o el ángel era más metiche de lo que creían. -Pero en lugar de verlo a él-. Se cruzó de brazos. -Encuentro a los otros 6-. Les veía sintiéndose superior, delirios celestiales, los demonios tenían la teoría de que esas aureolas volvían muy egocéntricos a los ángeles. -¿Qué hacen aquí?-.
-Ohhh ya sabes-. Se acercó al ángel. -Salimos a tomar el fresco con los humanos de mierda que tanto adoro-. Apareció sus colmillos, para gruñir como Lucifer mandaba. -No es asunto tuyo, Alyssa-.
-Sí lo es cuando metes a los humanos en esto-. La tensión entre ambas era enorme. -Lárguense-.
-Oblígame, perra-. Le empujó.
Alyssa no se lo pensó dos veces antes de sacar el agua bendita y bañarlos con ella. -¡AHHH!-. Nao gritó más fuerte que los demás, Takeda gritó porque no quería sentirse excluido. -Un momento-. La pelirroja se dio cuenta de que no pasaba nada. -Es sólo agua-.
-¡Rayos!-. La rubia vio la botella. -Esos malditos recortes de presupuesto-.
Kuga se secó la cara y le sonrió burlona. - Eso te pasa por ser tan engreída, plumitas-. Jamás había agradecido tanto la falta de presupuesto. -¿Qué harás sin tus meados divinos?-.
-¿¡Cómo te atreves a insultar el agua bendita!?¿¡Quien rayos te crees!?-.
-Soy un demonio, ¿Qué querías?-. Con ella nadie se salvaba, se metía hasta con Lucifer y eso que él le pagaba.
Alyssa sacó un celular con la mejor cobertura que podían pagar los milagros. -Necesito refuerzos-. Apenas lo dijo aparecieron dos ángeles más, hizo una mueca al verlos. -Pedí refuerzos… ¡No practicantes!-.
Evidentemente ambos ángeles eran muy jóvenes, había una castaña, y una cuyo cabello oscuro y ojos rojos le hacían parecer más un demonio que un ser celestial. La primera pegaba brinquitos de emoción, la segunda… parecía muerta en vida. Eso les hizo creer que en serio no era un ángel, pero fue la primera en hablar.
-Oye, oye, Arika es la practicante, yo no-. Se llamaba Nina, y parecía muerta en vida porque el mundo laboral disponible era una mierda.
-¿Así? Y supongo que tienes siglos de experiencia…
-Me gradué ayer-. Se encogió de hombros.
-¡Maldita oficina de Soporte Celestial!-. Ni sabía para que les había pedido ayuda, no daban ni una.
-Deberías cambiarle los pañales a tus refuerzos-. La oji verde se dio la vuelta, el almuerzo había terminado. Alyssa le tomó del hombro. -Nadie… NADIE TOCA MI CHAQUETA-.
-¿Así? ¿Y que harás, fruncir más el ceño?-. Retó al demonio equivocado.
Y en efecto frunció más el ceño, pero también…
20 MINUTOS DESPUÉS
-Sigo diciendo que esto es mala idea-. Nao veía con desconfianza las acciones de Natsuki.
-¿Te recuerdo el salpullido que tuviste durante dos semanas, por su culpa?-. Se las tenía bien contadas a los malditos ángeles.
-¡Es una excelente idea!-. Le había dado salpullido hasta en el culo por culpa de Alyssa y su agua bendita.
Estaban en uno de los armarios del conserje, habían amarrado a las tres ángeles. -¿¡Cómo se atreven!?-. Los pecados les rodeaban, excepto la pelirroja, ella cuidaba la puerta, porque cada vez que Takeda tocaba preguntando por Natsuki, le decían que no estaba, y el pobre se lo creía. -¡Diosito se enterará de esto!-. Alyssa pataleaba.
La oji verde le dio una mirada de muerte. -Esto no habría pasado si no fueran tan metiches-. Buscaba algo para amordazarle, los gritos angelicales le estresaban. -El pecado en fuga es nuestro-.
-¿Cómo rayos se les escapó Pereza?-. Nina hablaba con indiferencia, como si no estuviera en problemas de ese calibre. -Es Pereza, por Dios-.
-Eso tampoco es asunto suyo-. Que vergüenza que supieran que la organización de su oficina era una mierda.
Se escuchó un ringtone de música metal, era obvio de quien era. -Te odio, seas quien seas-. Natsuki contestó su llamada, que por cierto, era telepática. -¿Qué?-. Sacudió la cabeza. -No se escucha ni mierda-. Había mucha interferencia. Volteó hacía su novia. -Shizuru, ¿No habíamos aumentado la cobertura?-.
-Cariño, tus cuernos-.
-Ohhh es verdad-. Hizo aparecer sus cuernos, con eso la señal aumentó de golpe. -¿Sigues ahí?-. El otro lado de la línea no estaba feliz.
-Pedazo de inútil, ¿Qué están haciendo?-. Era Nagi, solo Kuga podía escucharle, existía el altavoz pero odiaba las llamadas y más aún las grupales. -¡Quiero progresos! ¡No que jueguen a la escuelita!-. No necesitaban verlo para saber que estaba rojo del enojo, y eso que aún no sabía a quienes tenían de rehenes, o no lo sabía hasta que Alyssa gritó a todo pulmón. -Kuga…
-Nagi…
-Dime que no tienen a un ángel secuestrado…
-No lo tenemos-. Se escuchó otro grito que le contradijo.
-¿¡Y entonces porque se escuchan sus gritos!?-.
-Tenemos a 3 ángeles, no uno-. Tuvo que soportar todos los gritos de su jefe, si colgaba volvería a llamar, y no podía rechazar las llamadas de Lucifer, maldita compañía telepática.
-¡Haz una fuegollamada! ¡Quiero ver quienes son!-. En contra de su voluntad, Natsuki hizo una pequeña cortina de fuego, entre las llamas apareció el rostro de Nagi, quien vio la situación aliviado. -Unos practicantes y la loca de Alyssa, no es para tanto-. Decía eso sin saber que Alyssa había ascendido de oficina. Lo pensó solo dos segundos. -Envíalas por paquetería al cielo-. Apagó el fuego, se cortó la llamada y desapareció sus cuernos.
-¿Cuernos para señal telefónica, en serio?-. Alyssa dejo de gritar solo para criticarle, Shizuru salió a la defensa.
-Primero, no es señal telefónica, es telepática, estúpida. Segundo, le pones suavizante a tus alas, ¿con que derecho dices algo?-.
-¿Qué dijo Nagi?-. A Reito le urgía irse de ese poco glamoroso armario.
-Que las enviáramos por paquetería-. Chasqueó los dedos apareciendo 3 cajas. -Directo al cielo, ¿aun tenemos estampillas para eso?-. Creía que habían usado las últimas en mandarles una caja de cucarachas.
-A esas cajas les falta estilo-. Para Reito era crucial tener buen gusto hasta para sacar la basura. -Deja lo hago yo-. Apareció otras cajas que brillaban mucho, pero no tanto como él.
-¿En serio?-. A Nao le parecía ridículo, pero no iban a gastar más magia en esas perras celestiales. -Al carajo, hagámoslo-.
Tuvieron que noquear a las tres para lograr meterlas en las cajas, iban a deshacerse de ellas, sí, con el detalle de que ya no tenían estampillas para el cielo, y terminaron mandándolas al destino más lejano posible. -¿No nos meteremos en líos por esto?-. Mai dudaba seriamente de la similitud entre el cielo y… Madagascar.
-De todos modos siempre tenemos problemas-. Con eso dicho, Kuga salió del lugar acompañada de Shizuru, para su desgracia, en el pasillo se encontró con Takeda, quien le había estado buscando sin parar.
-¡Ku!-.
-¡Que no lo acortes, carajo!-.
-Acepta tu destino, cariño-.
-Nunca-.
Natsuki aun no aprendía que cada vez que decía nunca, pasaba exactamente lo contrario.
Y que cuando tenía problemas, siempre podía meterse en más.
Ser un pecado no era nada fácil.
