El ermitaño que vio la flor crecer sobre el hielo


Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.

Temática Yaoi, leer bajo su propio riego


2.- Blanco y azul

La época de invierno solía hacer que el alimento escaseara. Y Mu con un niño de cinco años y una tormenta de nieve a puertas, no podía darse el lujo de que el alimento se acabara. El ariano se había encargado de abastecerse de la leña necesaria para mantener el calor, pero los suministros faltaban y también cosas básicas como tubérculos y harina para pan. El pueblo quedaba varios kilómetros abajo, siguiendo un camino estrecho que daba a los faldeos de la montaña donde él vivía, el único problema era el exceso de nieve y el lago congelado, todo perecía en esas condiciones.

Dos veces hizo el camino al pueblo durante la tarde, tres días seguidos. La primera vez a Mu le pareció sentir un cosmos familiar, pero se abstuvo de investigar. La segunda vez simplemente se olvidó del hecho y con un saco de verduras al hombro observó en silencio el lago congelado que se alzaba en una saliente de la montaña. Mu hizo el ademán de colocar un pie sobre el hielo, sin embargo, no dejó que el impulso le ganara. El color blanco azulado del lago lo hipnotizaba, hasta tal punto de querer seguir avanzando para querer saber de qué se trataba. Mu miró con más atención la superficie irregular del hielo, una flor de loto de color dorado había sobrevivido al crudo invierno. Un hecho extraño, pero también maravilloso. Aquello era un signo de buena fortuna para los lugareños. Mu se marchó con una sonrisa. El color del hielo cambio de blanco a azul, justo como el cielo que reflejaba, y la flor se imbuyó de una capa de energía dorada, protegiéndola del frío. Mu no lo notó, pero esa flor simplemente ha estado allí, espontanea, hermosa y expectante. Así era, titilando entre blanco y azul mientras el invierno seguía su curso.