A partir de ahora, cada capítulo estará escrito desde el punto de vista individual de cada uno de los tres protagonistas introducidos en el capítulo anterior.

Disclaimer: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.

Capítulo 2: Entre babosas y ojos azules.

De nuevo, otro fracaso.

Había perdido la cuenta de cuántas veces había explorado el área en busca de señales, pero a pesar de no hallar nunca nada, se rehusaba a perder la esperanza. Algún día lo encontraría.

A diferencia de los demás, ella aún no se rendía.

A diferencia de los demás, ella sabía que no estaba muerto.

No sabía cómo ni sabía por qué, sólo lo presentía. Y no podía evitar aferrarse a ese presentimiento.

Cinco años atrás, Naruto Uzumaki había desaparecido de sus vidas sin dejar rastro alguno. Y con él Madara Uchiha.

Había sido el fin de la guerra, el inicio de una era de paz sin precedentes. Por primera vez, las cinco grandes naciones ninja habían puesto sus diferencias a un lado y cooperado para encaminar al devastado mundo hacía la recuperación.

Todo gracias a una persona. Una persona que para miles había sido declarado muerto y por consiguiente no podría ver los frutos de su arduo trabajo.

Después de cinco años, sus camaradas y compañeros creían que necesitaba dejar ir el pasado, tal como ellos habían hecho. Muchos le habían reclamado que no era saludable lo que estaba haciendo, y que terminaría lastimándose en el camino.

Su único consuelo estaba en el Hokage, en su antiguo sensei Kakashi Hatake, que compartía su mismo sentir. Pero incluso él estaba empezando a perder la esperanza de que fuera a volver.

Sé lo que haces, sé que después de completar cada misión vuelves al lugar de la última batalla a buscarlo —le había dicho el Hokage una vez con voz apagada, mientras le entregaba el reporte de la misión—. No te diré nada por ahora, pero no puedes continuar con esa costumbre para siempre.

Quizás tuviera razón, pero mientras pudiera hacerlo, planeaba desviarse del camino de regreso a la aldea para buscar pistas cada vez que saliera en una misión, siempre después de completarla para no faltar a su deber y que los demás le reclamaran después. Por esa simple razón se había unido a los ANBU, y por esa razón le gustaba trabajar sola.

De ese modo el contenido de sus misiones era ultrasecreta, sin tiempo estimado de vuelta a la aldea. Podía estar fuera todo el tiempo que quisiera y nadie la cuestionaría. Sólo el Hokage y el Comandante de los ANBU sabían de sus pequeñas escapadas, y mientras completara con éxito la misión ellos no le dirían nada.

En esta ocasión no podía darse el lujo de estar mucho tiempo fuera, pues al terminar su misión tenía que reunirse con el equipo que escoltaba al Kazekage a la aldea en el borde del país del fuego y acompañarlos.

Quizás el Hokage pensaba que dos jonin y sus respectivos equipos genin no serían suficientes para escoltar al Kazekage hacia La Hoja, y decidió enviar un ANBU. A ella específicamente. O quizás sólo quería fastidiarla un poco.

Sabiendo esto, logró completar su misión más rápido de lo previsto y había tenido tiempo de buscar.

Sus ojos se fijaron en los signos del alba, y supo que había valido la pena correr toda la noche porque logró llegar a tiempo para reunirse con el líder de la escolta, Shikamaru Nara.

El viaje de regreso ocurrió sin problemas, ella siempre manteniéndose en las sombras y vigilando todo.

Cuando cruzaron las puertas de Konoha, sus ojos se encontraron con un equipo genin particular, con uno de sus miembros cargando un gato inconsciente y quejándose sonoramente. Detrás de ellos iba su sensei, con una mano en el bolsillo y el otro sosteniendo un libro.

A juzgar por la dirección en la que caminaban, se dirigían al mismo lugar que ellos, la mansión del Hokage. Sin embargo, tan pronto como se dieron cuenta que un grupo numeroso estaba detrás de ellos, se detuvieron para dejar que los alcanzaran.

—Shikamaru, Lee —les saludó el sensei guardando su libro—. Kazekage-sama, Temari, Kankuro.

Por último, sus ojos se clavaron en los de ella, pero no le dijo nada, sólo hizo un movimiento imperceptible de cabeza.

—¡Qué vigoroso encontrarte a ti y a tus estudiantes realizando misiones en un día tan hermoso como este!

—Sasuke —respondió Shikamarum, hablando por encima de la bestia verde de la juventud. El Kazekage y sus hermanos, que le servían de escolta personal, sólo dieron un movimiento de cabeza a modo de saludo.

Mientras este intercambio formal ocurría con los adultos, los genin se saludaban con entusiasmo entre sí, conversando animadamente durante todo el camino, compensando el silencio de los adultos.

El ANBU los siguió, siempre en las sombras, hasta la oficina del Hokage, donde los jonin y sus genin se retiraron y el Rokudaime saludó al Kazekage y sus hermanos con entusiasmo.

—Me alegro que hayan tenido un viaje sin problemas, con esta repentina ola de ataques por mercenarios me temía que algo pasara —Les comentó el Hokage congenialmente , su único ojo visible mostrando alegría.

—Ni siquiera los mercenarios son tan idiotas para tirar sus vidas por una estupidez como atacarnos —sentenció Kankuro con altanería.

No, sí lo son —pensó el ANBU recordando su misión.

—Kakashi-san —comenzó a decir seriamente el Kazekage con su vista clavada en el lugar donde el ANBU se ocultaba—, no creo que sea necesario que un ANBU nos proteja, mis hermanos y yo somos perfectamente capaces de cuidarnos.

—Tienes razón —río un poco el Hokage, recordando que su homólogo no le agradaba la idea de ser observado constantemente—. Babosa-chan.

El ANBU babosa pareció estar desprendiéndose de la pared antes de arrodillarse frente al Hokage y dar un asentimiento, dando a entender que había entendido la orden. Con un levantamiento del viento el ANBU desapareció, dejando unas hojas danzando en el lugar donde se encontraba. Todo el tiempo sintiendo esos penetrantes ojos verdes clavados con intensidad en su persona.

Apareció de nuevo sobre la cabeza de piedra del cuarto Hokage, viendo toda la aldea y comparando los cambios que se le habían hecho con la imagen de su infancia.

La aldea había crecido, sus edificios fortificados y modernizados, abriéndose paso hacia la nueva era.

Su mente la llevó en contra de su voluntad a recordar las palabras del mercenario ninja que había eliminado en su misión.

Nosotros los ninjas vivimos para la guerra y para los conflictos. En una era de paz no hay lugar para los ninjas. ¿Crees que le estás haciendo un gran favor al mundo al matarme? —En ese momento comenzó a reír cruelmente—. No, tiraría mi vida sin pensarlo dos veces si con eso contribuyo a preservar nuestro modo de vida, y no so y el único. Los ninjas somos asesinos, ¡la paz y los ninjas no se mezclan!

En ese momento había tenido suficiente de sus palabras y lo había matado, tal y como se le había ordenado, rescatando a la hija del Daimyo* del país del fuego.

¿Tendría razón? ¿Cuántos más pensaban como aquel lunático?

Decidiendo que no había razón para preocupar su mente con esos pensamientos, y menos cuando llevaba cuatro días sin dormir, emprendió el camino de vuelta a su apartamento. Al día siguiente tenía que volver al hospital y llenar una montaña de papeleo que seguro la estaba esperando.

Por ahora un poco de descanso no le caería mal, después de todo no era una máquina.

En eso pensaba mientras pasaba por el distrito comercial cuando algo le llamó la atención y la detuvo en el techo de algún edificio desconocido.

Era un niño, de cabello rubio, que corría entre la multitud, aparentemente perseguido por un hombre calvo y cuerpo voluminoso, sujetando un rodillo de amasar por encima de su cabeza.

Tenía una debilidad con los niños, y trataba de ayudarlos cuando tuvieran problemas, como una especie de compensación por su ignorancia hacia sus compañeros cuando era niña.

Así que sin pensarlo mucho, siguió al niño, que para ese momento había corrido hacia un callejón sin salida y el hombre calvo estaba por atraparlo.

—¡Pequeño mocoso, te enseñaré a no robarme! —Gritó el calvito con furia, acercándose lentamente y alzando su rodillo para atacar al niño.

—¿Hay algún problema? —Le preguntó el ANBU calmadamente, apareciéndose a su lado sin que se diera cuenta y casi dándole un infarto.

—¡Señor ninja! —Exclamó al ver su atuendo, repentinamente nervioso—. Ese ladronzuelo de ahí se ha estado robando mis panes.

El ANBU bajó la cabeza, estudiando al niño de cabellos rubios que estaba frentes a ellos sentado contra la pared y abrazado a sus piernas, temblando notoriamente. Una viga mediana de pan se podía ver entre sus brazos.

A continuación volteó a ver al panadero, entregándole unos billetes, suficientes para cubrir al menos unas diez vigas de pan.

—¿Será esto suficiente para cubrir todos los panes que se ha llevado? —Preguntó sin realmente esperar una respuesta. Tan pronto le entregó el dinero se encaminó al niño con pasos lentos, ignorando al panadero y su existencia.

—S…sí —Tartamudeó el panadero antes de salir corriendo, de vuelta a su negocio.

Cuando estuvo más cerca del niño, el ANBU se arrodilló junto a él. El pequeño tenía los párpados apretados fuertemente, con unas cuentas lágrimas escapándose, pero sin hacer ningún sonido.

—No tengas miedo, puedes quedarte con el pan —le dijo con una voz suave, tratando de que confiara en ella.

El pequeño siguió con los ojos cerrando y temblando. Babosa frunció el seño detrás de su máscara, normalmente un niño habría abierto los ojos si su único miedo fuera que le arrebataran el pan y ser castigado.

—No te preocupes, no voy a hacerte nada malo —siguió intentando, pero el niño se negaba a escucharla—. ¿Será la máscara?

Con una suavidad que un ANBU no debería mostrar, tomó su mentón con una mano impregnada con chakra tranquilizador para elevarlo un poco y estudiar esas facciones que le resultaban familiares.

El niño dejó de temblar inmediatamente y la miró intensamente con esos ojos azules aterradoramente conocidos.

Un estremecimiento le recorrió la espalda y sintió como se le detenía la respiración.

Fin del Capítulo 2.

Vaya, es la primera vez que escribo utilizando este formato lol

Bien, qué decir. En el capítulo pasado no mencioné nombres a propósito para que ustedes mismos descubrieran de quiénes se trataba. Sin tienen alguna duda al respecto, pronto les iré revelando quiénes son.

¡Y otra cosa que casi olvido! No sé por qué la forma en la que planeas una historia no siempre resulta ser la misma en que la escribes. Lo digo porque a medida que escribía esto me desviaba ligeramente de la trama original que tenía en mi mente. Y con respecto a Naruto, ¿qué decir lol? Originalmente lo iba a matar, pero no podía ser tan horrible con mi personaje favorito…

Eso es todo por ahora (a no ser que se me olvide algo más…). ¡Muchas gracias a los que se tomaron el tiempo en leer, principalmente a aquellos que dejaron sus comentarios! Me hacen inmensamente feliz ^^.

¡Hasta la próxima!

1*- Daimyo: Señor Feudal.