Capítulo 2

A Jasper le resultó difícil apartar la vista de Alice para mirar a las otras dos personas que estaba a punto de conocer. La madre era más o menos como él esperaba que fuera la esposa de Carlisle Cullen, una señora de su casa que se cuidaba tanto como cuidaba su hogar, pero al ver al hijo se sorprendió. Llevaba el cabello despeinado, barba incipiente y ropa de motero. Evidentemente, Edward tampoco acataba la disciplina de su padre.

Dos hijos rebeldes y una esposa sumisa.

¿Se suponía que debía domesticar a Alice? ¿Ayudarla a convertirse en el tipo de mujer que su padre aprobaría, en lugar de permitir que siguiera su camino? La miró de nuevo y sintió una fuerte tensión en la entrepierna. Sin duda, era la mujer más deseable que había conocido nunca, y resultaría peligroso jugar con ella, pero la idea de alejarla de su padre hacía que resultara todavía más tentadora. Era justo que Cullen sintiera la pérdida de alguien querido, además de perder la empresa que le daba poder para arruinar la vida de otras personas.

Jasper se percató de cómo lo miraba Alice mientras el padre hacía las presentaciones.

–Esme, mi esposa….

–Encantado de conocerte –dijo Jasper con una sonrisa.

Ella sonrió también, pero contestó con una expresión extraña en la mirada.

–Bienvenido a nuestra casa.

–Y éste es mi hijo, Edward, que evidentemente no se ha molestado en afeitarse esta mañana, ni siquiera por su madre.

Edward ignoró la crítica y sonrió.

–No puedo afeitarme, papá. Rodamos mañana. Tengo que mantener el aspecto de mi personaje –se dirigió a Jasper con una sonrisa.

–Supongo que eres el hijo que mi padre debería haber tenido, Jasper. ¡Que te vaya bien, amigo!

Jasper se rió y le estrechó la mano mientras negaba con la cabeza.

–No estoy seguro de eso, pero gracias por los buenos deseos, Edward.

–De nada.

–Edward es actor –Alcie intervino con orgullo–. Hace de chico malo en la serie The Wild and the Wonderful.

Jasper frunció el ceño.

–Lo siento, no conozco esa serie.

–Es una porquería –dijo el padre–. Un culebrón de la televisión.

–Porquería o no, me gusta actuar en ella –dijo Edward–. Y a ti, Jasper, ¿te gusta lo que haces?

–Es un reto continuo. Supongo que actuar también lo es –dijo él.

–La vida de ficción es absurda –dijo Cullen–. Jasper y yo trabajamos en el mundo real, Edward.

–Bueno, papá, hay mucha gente que quiere desconectar de la vida real y yo los ayudo a hacerlo –volvió a centrar la atención en el invitado–. ¿Tú cómo te relajas de la presión del mundo laboral, Jasper?

Jasper descubrió que le caía bien el hermano de Alice. Sabía defenderse y tenía personalidad.

–El ejercicio físico es mi vía de escape –contestó.

–Sí, he de decir que a mí el sexo también me relaja –contestó Edward con picardía.

–¡Eddie! –exclamó la madre, escandalizada.

–Lo siento, mamá. Es culpa de Alice por haber dicho que Jasper era sexy.

–¿Lo sabía? –preguntó Cullen con satisfacción.

–¡Edward! –exclamó Alice–. Te dije que tuvieras cuidado con lo que dijeras.

Jasper se volvió hacia Alice con curiosidad. Expresaba furia con la mirada y se le habían sonrojado las mejillas. Al mirarlo, alzó la barbilla en un gesto desafiante.

–No me mires como si nunca hubieras oído decir eso de ti, porque estoy segura de que no es cierto. Simplemente era un comentario, no una insinuación.

–¡Alice! –la madre protestó de nuevo.

–Lo siento, mamá –dijo Alice, levantando las manos a modo de disculpa–. Voy a traer el aperitivo. Enseguida te traigo el agua con hielo.

Jasper no pudo evitar sonreír al verla marchar.

–He intentado criar a mis hijos con buenos modales –dijo Esme tras un suspiro.

–No pasa nada –dijo su marido con animosidad.

–De hecho, me gusta entrenar en el gimnasio –dijo Jasper, para que dejaran de pensar en el sexo.

–Eso está claro –dijo Edward–. Esos músculos no salen de estar sentado en un despacho.

–Yo voy a clase de yoga –dijo Esme, ansiosa por entablar una conversación no comprometedora, mientras gesticulaba para que se sentaran.

Jasper no había imaginado que sentiría interés alguno por la familia de Cullen. Ni siquiera pensaba que fuera a caerle bien. De hecho, únicamente había pensado en Alice, a quien había imaginado como a una princesita mimada.

La dinámica familiar le resultaba intrigante y Jasper se encontró dispuesto a explorarla más a fondo, observando, escuchando, reuniendo información…. Y quizá tratara de conseguir lo que deseaba con Alice Cullen, para satisfacer sus propios deseos en varios aspectos.

Alice maldijo a Edward por ser tan provocador y a sí misma por reaccionar de esa manera. También a Jasper Hale, por hacer que sintiera cosas que le impedían mantener la compostura. El viaje a la cocina debería haberla calmado, pero seguía nerviosa incluso después de haber cargado la camarera con las bebidas y los aperitivos.

No podía esconderse de aquel hombre. Tenía que volver a enfrentarse a él. Esperaba que no tratara de regocijarse con su comentario porque, si no, se vería tentada a echarle la jarra de agua sobre la cabeza. Y sólo serviría para demostrar que había perdido el control. Era mejor ignorarlo con buenos modales. No podía olvidar que Jasper Hale era el invitado de su padre y que mantener cualquier otra relación con él no le aportaría nada bueno. No en el plano emocional. Por muy bueno que fuera en la cama.

Y también debía dejar de pensar en eso.

Alice respiró hondo varias veces y llevó la camarera hasta el patio. Se alivió al ver que los cuatro estaban hablando tranquilamente sobre técnicas de relajación: meditación, tai chi, masajes y tanques de flotación. Incluso su padre parecía de buen humor. Se fijó en que la única silla vacía que quedaba en la mesa redonda estaba entre Jasper Hale y su madre, así que no pudo evitar sentarse junto a él.

Dejó la bandeja sobre la mesa para que todos pudieran tomar lo que quisieran, le entregó a Edward una cubitera que contenía una botella del vino blanco favorito de su madre, dejó una jarra de agua con hielo y un vaso delante de Jake y le sirvió un whisky con hielo a su padre y sirvió el vino antes de sentarse a la mesa.

–Siento haberme descargado contigo, Jasper. Estaba molesta con Edward. Y avergonzada.

–No tiene importancia, Alice. Estoy seguro de que Edward oye decir eso sobre él tan a menudo, que ya no le da ninguna importancia. Y dudo que él pensara que yo fuera a dársela.

Su padre intervino con incredulidad.

–Si eso no tuviera importancia para Edward, ya no tendría trabajo. Únicamente es famoso porque las adolescentes piensan que es sexy.

–¡Afortunado que soy, papá! –dijo Edward–. Aunque me esfuerzo por que sea así.

–Algunas personas tienen esa suerte –dijo la madre, tratando de evitar un enfrentamiento–. Siempre pensé que Sean Connery….

–Ya estamos otra vez con James Bond –dijo Edward, sonriendo a Alice.

Ella le mostró los dientes a modo de advertencia.

Él se puso en pie para servir el vino y añadió:

–Mi madre sabe mucho de cine. Estoy seguro de que nadie podría ganarla en un concurso. Y también es una madre estupenda. Brindemos por ella –alzó la copa–. ¡Feliz día, mamá!

Todos brindaron al unísono.

Jasper Hale empezó a hablar de cine con Esme, prestándole mucha atención. Alice no pudo evitar pensar que era un hombre muy agradable. Sin duda, se estaba esforzando por ser un buen invitado. Además, su madre estaba encantada y, por una vez, su padre no estaba estropeándolo todo con sus comentarios irónicos. De hecho, parecía contento con la situación. En realidad, a Alice no le importaba el porqué. Era bueno que no menospreciara a su madre como solía hacer.

Ella se escapó un momento para terminar de preparar la comida, sintiéndose un poco más cómoda con la presencia de Jasper Hale. Había conseguido que el día transcurriera con más tranquilidad de lo esperado. Lo único negativo era el impacto sexual que tenía sobre ella.

Alice no había sido capaz de dejar de mirarlo, fijándose en la forma de sus orejas, en la longitud de sus pestañas, en la sensualidad de sus labios, en sus carismáticas sonrisas, en el vello claro que salpicaba sus fuertes antebrazos, en sus dedos elegantes, en cómo los pantalones vaqueros resaltaban sus fuertes músculos y en sus pies grandes! ¿Eso no significaba que sus partes íntimas estarían muy bien dotadas?

A ella le resultaba difícil concentrarse en los preparativos. Tenía que meter las verduras en el horno, calentar la sopa, poner el recipiente con la salsa de menta en la mesa. Una vez más tendría que sentarse a su lado pero, por suerte, la mesa no era redonda y él no podría ver la expresión de su rostro a menos que se volviera hacia ella.

Hasta el momento no le había prestado especial atención y probablemente fuera mejor que siguieras así. Lo más probable era que estuviera saliendo con alguna mujer. Eddie tenía un montón de pretendientes y Alice suponía que a Jasper Hale le pasaría lo mismo. Que la considerara una más de entre la multitud no tenía ningún atractivo para Alice.

Aunque como era la hija del jefe, tendría que tratarla con respeto. Algo que ella odiaría.

Lo mirara por donde lo mirara, tener una aventura con Jasper Hale no era algo bueno. Además, él no estaba dándole ninguna oportunidad, aunque quizá lo hiciera antes de que terminara el día. Como había dicho su madre, su visita debía de tener algún propósito. Si lo que deseaba era tener una relación con ella, Alice tenía que estar preparada para decir que no.

La sopa estaba suficientemente caliente como para servirla. Sintiéndose afortunada por emplear la cocina como distracción, Alice regresó al patio para avisar a los demás de que entraran a comer. Eddie acompañó a su madre hasta el comedor. Jasper Hale entró con su padre, y era evidente que se llevaban bien.

Otra advertencia.

En su día, su padre debió de ser encantador con su madre, ya que si no ella no se habría casado con él. Su verdadera personalidad no debió surgir hasta que ella estaba completamente dominada por él. Si Jasper Hale era el mismo tipo de persona, y creía que tenía derecho a mandar sobre la vida de otros, ella no quería nada con él.

Jasper fue conociendo más aspectos de la familia Cullen durante la comida. Edward había dejado el colegio y se había marchado de casa a los dieciséis años, consiguiendo un trabajo de ayudante en un estudio de televisión.

–Algún día te arrepentirás de no haber continuado con tus estudios –dijo el padre.

Él se encogió de hombros.

–La contabilidad nunca iba a ser lo mío, papá.

–No. Siempre estás en las nubes. Igualito que tu madre.

Su tono de disgusto hizo que Esme se sonrojara. Ella era una mujer más frágil de lo que aparentaba, muy nerviosa y demasiado ansiosa por complacer. Jasper recordó el comentario que había hecho Alice respecto a que su madre la necesitaba cuando salió en defensa de Esme.

–Oh, creo que mamá tiene los pies en la tierra cuando se trata del jardín.

–Jardín… Cine… –dijo Cullen–. Esme ha provocado que ambos se descarriaran con sus intereses. Yo tenía grandes esperanzas contigo, Alice. Eras la mejor en matemáticas…

–Papá, yo tengo gran esperanza en mí misma. Siento que no pueda satisfacer a ambos –dijo ella, con una sonrisa tristona.

–La jardinería…

–La arquitectura de paisajes es algo más que eso, papá.

Cullen resopló.

–Al menos sabes cocinar. Eso es un punto a tu favor. ¿Te está gustando la comida, Jasper?

–Mucho –contestó, y le dedicó una sonrisa a Alice–. Eres una gran cocinera. La sopa estaba deliciosa y nunca había probado un cordero con patatas asadas mejor.

Ella se rió.

–Son recetas de un programa de cocina de la televisión. Lo único que hace falta es seguir las instrucciones. Tú podrías hacerlo si quisieras. No es algo exclusivo de las mujeres. De hecho, la mayoría de los cocineros famosos son hombres. ¿Tú cocinas para ti?

–No. Generalmente como fuera de casa.

–Necesitas a una mujer que cocine para ti –dijo Cullen.

Era un comentario completamente sexista y Jasper se fijó en que Alice expresaba rechazo con la mirada, antes de mirarlo a él con desdén por si pensaba lo mismo.

Él se volvió hacia Cullen e hizo un comentario arriesgado, sonriendo para quitarle hierro al asunto.

–Teniendo en cuenta que los mejores cocineros son hombres, quizá sea mejor un chico.

Edward soltó una carcajada.

–¿Qué te parece tan divertido? –preguntó el padre.

–Es que muchos chicos del sector son gays y Jasper no me parece que lo sea –soltó.

Alice comenzó a reírse también.

–No lo soy –dijo Jasper.

–Desde luego que no –aseguró Cullen.

–Sabemos que no lo eres –le aseguró Alice.

–Por supuesto –añadió Edward–. Alice no te consideraría sexy si fueras gay.

–Edward, compórtate –dijo Esme.

–Imposible –murmuró el padre.

Alice se levantó de la mesa.

–Ahora que nos has avergonzado a los dos, Edward, voy a por el postre. Y espero que sirva para sellarte la boca –sonrió a su madre–. Es lima-limón, mamá.

–¡Mi postre favorito! –sonrió Esme–. Gracias, cariño.

Jasper la observó marchar. Era arriesgado entablar una relación con ella, puesto que complicaría lo que se había propuesto desde hacía muchos años cuando por fin empezaba a ver el final. Ella podría convertirse en una verdadera distracción y, quizá no fuera buena idea, por muy tentadora que pareciera.

Además, tener una aventura con ella no era una opción. Se sentía verdaderamente atraído por la hija de Cullen. Y él esperaba que le hiciera una proposición.

–¿Cómo es que no celebras el día de la madre con la tuya, Jasper? – preguntó Edward.

–Lo haría si ella estuviera viva, Edward–contestó un poco compungido.

–¡Oh, lo siento! Espero que la pérdida no sea muy reciente.

–No.

–Supongo que soy afortunado por tener la mía todavía –se inclinó para darle un beso a Esme en la mejilla.

–Sí, puesto que siempre has sido un niño de mamá –contestó Cullen.

Había cierto temor en la mirada que Esme le dedicó a su marido. Jasper suponía que el a había sido víctima de sus abusos durante tanto tiempo que se sentía indefensa para hacer nada al respecto.

–Me he fijado en el centro de mesa tan artístico que has puesto –dijo él, mirándola con una sonrisa para tranquilizarla.

–Sí –dijo el a con el rostro iluminado–. Lo he preparado esta mañana. Estoy muy orgullosa de mis crisantemos.

–Y con razón, mamá –intervino Alice, guiando el carrito del té hasta el comedor–. Son preciosos.

Sirvió la tarta de lima-limón y continuó alabando a su madre por su labor de jardinería.

Jasper la observó. Era preciosa. E inteligente. Y tan sexy que la tentación lo invadió por dentro. Cuando ella se sentó a su lado, él se volvió para mirarla a los ojos.

–Me gustaría ver el jardín. ¿Me lo mostrarás cuando hayamos terminado de comer?

–Será mejor que te lo enseñe mi madre, Jasper. Es su creación.

–Te lo ha pedido a ti, Alice –intervino Cullen–. Además de que deberías satisfacer el deseo de nuestro invitado, tu madre ya le ha mostrado a Eddie el jardín. No tiene por qué repetir la visita, ¿verdad, Esme?

–No, no –convino ella–. Estaré encantada de que lo hagas tú, Alice.

Era evidente que tendría que hacerlo quisiera o no.

–Me interesa verlo a través de tu mirada –dijo Jasper–. Así podrás contarme cómo encaja en tu concepto de diseño de jardines.

–¡Está bien! Te llenaré de sabiduría –dijo ella. Él se rió.

–Gracias. Lo disfrutaré.

El paseo por el jardín era todo un reto… La adrenalina que se agolpaba en su interior hacía que deseara luchar contra la desgana que mostraba Alice a la hora de estrechar la relación con él, sin embargo, esa misma desgana le facilitaba una escapatoria para el afán de emparejarlos que tenía Cullen… Pudiendo así continuar con su misión sin distracciones.

Tendría que tomar la decisión más tarde. En el jardín.