Hola, hola...

De verdad siento mucho la demora, ya tengo los Caps, es sólo que es muy problemático, tengo que hacer un millón de cosas para que el capitulo se suba a la perfección. Bueno, la próxima continuación será el Domingo, después el Jueves y desde ahí, todos los jueves, ya estoy adelantando el capitulo 5...

De verdad siento mucho la demora, pueden golpearme si quieren, me lo merezco. Bueno, les advierto que hay Lemon, raro y feito, por eso les advierto.

Muchas gracias por leer y comentar, de verdad suben el animo. Bueno, los/las dejo leer...

Las obres color aceituna se clavaron en su persona como filosas dagas envenenadas. Ciel dejó que una sonrisa de medio lado se posara en sus finos labios, mientras que una de sus finas cejas se elevaban. La parca escarlata se mordió el labio con uno de sus filosos dientes, fulminó de manera asesina al de cabello azul marino.

—¿Qué tanto miras?... mocoso...—siseó con veneno, hundiéndose en el agua hasta la boca, a lo que su melena roja se esparció por el agua, de manera que, Phantomhive admitió, era hermosa.—Deja de mirarme...

—¿Por qué lo haría?...—preguntó burlón, bajando de un salto de la gran rama, comenzando a caminar en dirección al Shinigami. Qué, por instinto, retrocedió en ele agua, haciendo que los mechones de su cabello se movieran.

—¡Porque yo lo digo!... ¿qué, acaso ahora eres un depravado que se dedica a espiar a damas?—exclamó con furia contenida, viendo horrorizado como, el ahora Demonio, caminaba sobre el agua, hacia su dirección.

—Una... me importa muy poco lo que tú digas... y dos; ¿qué si lo soy?...—se quitó su gabardina, arrojándola a la orilla del lago.

—¿Qu–qué crees que haces?—vio como se acercaba cada vez más y más hacia su persona.

El de orbes zafiro se reía por dentro al ver al pelirrojo temblar. Su aburrimiento poco a poco se iba esfumando, dándole paso a la diversión. En realidad, Sutcliff no había cambiado en nada desde la ultima vez que lo vio, seguía tan o más hermoso que antes. Su cuerpo era como lo recordaba aquella primera y ultima vez...

~ Flash Back ~

Eso era espantoso.

Ya se cumplía un año desde que era Demonio, era algo horrible. No le sentía el sabor a la comida, tenía instintos que antes no, algunos que incluso llegaban a ser repugnante. Como en ése preciso momento.

La luna estaba en lo más alto, brillando como el más hermoso diamante. El manto estelar negro azulado, decorado por llamativas e infinitas estrellas. Una suave ventisca nocturna soplaba, provocando que la piel se le erizara al viajero de la noche. Aspiró aire tanto como sus pulmones, que ya no necesitaban aire, se lo permitía. Escuchó sus estómago rugir de hambre, miró para todos lados... nada, o mejor dicho; nadie.

Sentía un hueco en la boca del estómago, tenía un hambre voraz, y la comida ''humana'' ya no lo satisfacía. Se remojo sus labios, usando una puntiaguda lengua roja. Su mayordomo, Sebastián, le había enseñado un par de cosas para ''cazar'' un buen alma. Pero luego de varías clases, y de que Ciel se cansara del ''Loro'' que era Michaelis, puesto que hablaba de cosas que a él le pasaba por un oído y le salía por el otro, por lo que decidió que ya era hora de que saliera solo.

Iba a darse media vuelta y regresar a su mansión, pero sus sentidos fueron azotados por un delicioso olor. Sin pensarlo dos veces comenzó a correr en dirección a ese exquisito olor. Espasmos recorrían su cuerpo, podía sentir como punzadas de excitación que... le incomodo de cierta manera. Su ojo descubierto, sin la marca del contrato, brillaba de un intenso violeta rosáceo, su lengua volvió a relamer sus labios. Estaba cada vez más cerca... sólo un poco más.

Frenó de repente...

No, no podía ser. Negaba rotundamente que el causante de tan delicioso olor fuera ''ÉL''. Escudriñó a ése ser; el cabello escarlata bailaba con el viento, en una hermosa danza donde algunos mechones se mezclaban con otros. La luna se encontraba ''frente'' a esa persona, iluminando su pálida piel, haciendo que brillara. No se encontraba con su gabardina roja, esa que le pertenecía anteriormente a Madame Red, sólo portaba su camisa blanca, con ese chaleco encima. Sus pies, con esos tacos altos; se movían de un lado a otro, al ritmo de la canción que tarareaba alegremente.

Ese había sido un buen día. No había recibido regaños de parte de William, las muertes fueron pocas, aunque aún algún que otro Demonio intentaba robarse aluna alma que no le pertenecía. Lo que hacía que su trabajo fuera más difícil, ¡¿y si se rompía una de sus preciadas uñas por defender una mundana alma humana de un sexy Demonio?!. No, eso lo espantaba, era un horror imaginarse una de sus hermosas uñas quebradas.

—Dime, mocoso... ¿Sebas–chan no te enseño que espiar a las personas es de mala educación?... ¡y más si se trata de una dama como yo!—dijo sin voltearse, habías sentido la presencia de engreído Conde dirigirse hacia donde él se encontraba, ¿qué quería?, no lo sabía ni mucho menos le importaba. Pero en ese momento quería estar solo, disfrutando de la vista que la hermosa luna le daba, un paisaje espectacular.

—Yo no te estaba espiando... sólo te estaba observando—susurró en el oído del Shinigami. Que juró que si tuviera un corazón, ya se habría detenido de un ataque cardíaco. ¿Cuándo se había acercado tanto?, intento voltearse para encarar al peli azul, pero no pudo. El Conde endemoniado, literalmente, lo tenía agarrado con fuerza de los brazos, usando su fuerza Demoníaca. Grell lo miró de reojo, pudo ver la boca entreabierta de Phantomhive, dejándolo ver unos colmillo que parecían incluso más afilados que los suyos, también, que el ojo zafiro del Conde había pasado a un violeta brilloso.

—¿Qué crees que...? ...

—Hueles delicioso, Grell—musitó pasando su ardiente lengua por la parte descubierta del cuello del pelirrojo. El Dios de la Muerte sintió estremecerse al sentir al menor hacer eso, sobre todo cuando pego sus cuerpos todo lo posible.

—Mh~...—llevó sus manos a su boca, intentando callar jadeos que rogaban por salir al sentir la mano del Conde apretar su entrepierna.

Ciel por su parte, si bien estaba en sus cinco sentidos, no sabía por qué hacía lo que hacía. No lo sabía. Pero sentía corrientes eléctricas recorrer todo su cuerpo al tener así a la parca rojiza, todos esas corrientes viajaban a su entrepierna. Donde comenzaba a sentir como su miembro daba tirones de excitación. Se apretó a la retaguardia del mayor, sintiendo un inmenso placer al sentir esa parte apretada por el cuerpo del Shinigami granate. Y todo lo que sentía, todo lo que hacía... le encantaba...

—Ven—le ordenó con su voz demasiado ronca para su gusto. Sutcliff dudó en acatar su orden, por lo que se dio la vuelta y lo encaro, aún sentado en el borde de la terraza que se encontraban, con sus piernas.—¿Qué?...—inquirió al ver al mayor de brazos cruzados.

—¿Cómo que ''Qué?... creo que Sebastián debe enseñarte a controlar esos instintos, mocoso—regaño con un entrecejo—además, ¿de dónde sacaste que me dejaría hacer por ti?...—preguntó ofendido.

—Tsk—chasqueo la lengua con hastío, miró la entrepierna del mayor, descubriendo un creciente bulto.. a lo que sonrió ladino—ni que te desagradara la idea de que te lo haga...

—¡Claro que...!—la verdad, ¿por qué mentir?, estaba disfrutando de las caricia que el Conde le brindaba, el echo de que fuera ''Él'' no le desagradaba por completo.

—¿Ves?, sí te gusta lo que te hago, ahora abre las piernas—demandó con una sonrisa arrogante muy suya. Grell bufó y a regañadientes abrió sus largas y torneadas piernas, el menor enseguida se posicionó entre sus piernas, apretando sus muslos por encima de la suave tela.

—Ahm~~—jadeo al sentir como friccionaba sus miembros, aunque estaba el pantalón apretado del oji verde y los short ajustados del Conde de por medio, no dejaba de ser placentero.—Ci...—su gemido fue callado por la boca del peli azul marino, que veía como jadeos y suspiros salían de la boca brillosa del Shinigami rojo, y sin poder aguantar; la devoró, saboreando con gula los labios ajenos. Sus inquietas manos comenzaron a desabotonar el chaleco marrón oscuro, mientras que las manos del pelirrojo se apoyaban a cada lado de su cuerpo, para no caer hacia atrás y terminar sufriendo una caída desde un alto piso.

Miró con ojos entrecerrados al menor, que estaba muy ocupado intentando deshacerse de su camisa blanca con desesperación. La pequeña tira de seda, blanca con rojo que ataba en su cuello; había salido volando por los aires, literalmente. Procuró que su chaleco no haya sufrido lo mismo, y en efecto, estaba del lado derecho en el suelo, la pared que hacía de valla no le permitía salir volando por los aires. Su boca al fin fue libre, un hilo de saliva aún los unía, los labios de ambos estaban rojos y brillosos. Mentalmente se dijeron que era muy peligroso hacerlo como lo iban a hacer, lentamente sus cuerpos fueron bajando, hasta estar sentados en el suelo.

El Conde Phantomhive, de 14 años, vio con alegría como la camisa al fina caía al fin al suelo, arriba del chaleco, contempló con un brillo, que se podía interpretar como lujuria intensa, el pálido pecho al descubierto. Su deseo carnal aumento al ver dos dulces de cereza adornar aquel helado de crema que tan delicioso sabía, con ese exquisito olor que despertaba su lujuria oculta. Se acercó a aquellas cerezas rápidamente, saboreandolas.

Grell salió de su ensimismamiento al sentir la lengua golosa de Ciel pasarse en forma circular por su pezón, apretando la punta, que cada vez se ponía más dura al tacto. Echó su cabeza hacia atrás, viendo las estrellas, literal y metafóricamente. La mano libre del oji cielo fue a parar en el otro ''caramelo'', pellizcandolo y tironeándolo cual chicle de cereza. La espalda del Dios de la Muerte se arqueó de placer, llevó sus manos hasta la gabardina verdosa del más pequeño, comenzando a despojarlo de ésta de manera dificultosa.

Dejó de devorar al que sería, desde ése momento, su dulce favorito y ayudo al de pelo rubí a quitarle su gabardina. Acercando su boca al cuello descubierto, pasando su lengua por éste, dejando chupones en la blanca piel y, al fin, mordiendo, haciendo que la sangre fluyera de la herida, sangre que fue disfrutada por el Demonio.

—Ma–maldito... e–eso era lo que más deseabas, ¿verdad?—reclamó apretando los hombros.

—Por supuesto... pero también quiero otra cosa—susurró de manera libidinosa, mordiendo el lóbulo de la oreja del contrario.

—¡Ni... ni creas que te dejare pe–penetrarme!—gritó furioso, apartando de golpe al Conde. No, él; Grell Sutcliff no iba a ser el pasivo de alguien tan engreído y ''pequeño'' como lo era Phantomhive.

—¿Ah no?...—preguntó desafiante...

~ · ~

Se mordió el labio, callando un fuerte grito de placer que quiso escapar de su garganta, se encontraba de frente al pequeño muro que hacia de barrera para evitar caídas. Miró el paisaje con ojos llorosos, estaban todas las luces de casas apagadas, las calles estaban levemente oscura, sólo iluminadas por una que otra lampara de gas, y por supuesto; por el intenso brillo de la luna alumbraba todo. Su cuerpo estaba bañado en sudor, completamente desnudo, moviéndose bruscamente cada vez que... cada vez que ese ''mocoso'' se adentraba con salvajismo a su ano. Se llevó la dos manos a la boca, callando sus chillidos de placer. No sabía, no sabía cómo ese engreído había logrado tenerlo así; con sus piernas abiertas por completo, cu cintura levemente elevada, su espalda arqueada.

—¡Aha!—sin poder callar un momento más; comenzó a gemir, bajo, alto, jadeó, suspiró, cosa que provocaba que la sonrisa arrogante que portaba Ciel en ese instante se ensanchara más.

—Con que... ¿no ibas a ser mi sumiso?... mhm~~—jadeó, eso lo estaba volviendo loco, sentir esa estrecha y apretada, apretada, deliciosamente apretada cavidad caliente y húmeda envolver su hombría. Se sentía en el cielo ante tanto placer, y a la vez en el infierno, por querer acelerar más sus envestidas y no poder.

—Ma–ma~~~... mal–maldito... mo–mocoso...—clavó sus uñas en el muro, sin saber dónde poder desquitarse.

—Am~~... ah~~... tan... a–apretado...—descansó su frente en la ancha espalda del mayor. Agarró con fuerza su cintura, comenzando a acelerar sus envestidas, haciendo uso de todo su Demonio.

—¡Ah~~... Ci–Ciel... n–no... puedo!...

—To–tonto sumiso...—se burló sintiendo el orgasmo atacarlos a ambos, con un grito Grell mancho los bloques del muro, mientras el peli azul marino lo llenaba con fuerza...

~End Flash Back~

—Deja de mirarme así... pervertido...

—Tonto sumiso...

Bueno, eso es todo, por favor no me maten, sé que tiene errores y que el Lemon estuvo horrendo... pero hice lo que pude. Eso fue todo... hasta el Domingo...

Un beso empalagoso para todos y todas. Me despido...

Bye – Bye – Nya.