A/N: Segundo capítulo!
Antes de abrir los ojos, Jemma ya notó algo extraño. Como si la luz solar que atravesaba sus párpados cerrados le hiciera ver un reflejo… ¿rojizo?
No. No era posible.
Jemma abrió los ojos rápidamente para encontrar ante ella un mundo diferente al mundo en el que había estado viviendo hasta ahora. Todo estaba a color; y todo era literalmente todo. Desde el despertador hasta el botón que cayó ayer de su chaqueta y que aún estaba en el suelo, e incluso el paquete de pañuelos de papel que descansaba en su mesita de noche. La pequeña TARDIS que Fitz le había construido para su cumpleaños vibraba con un precioso color azul.
¿Cómo podía uno acostumbrarse a esto? Sus sentidos iban a estar colapsados eternamente, procesar tanta información era demasiado. ¿Cómo iba a poder prestar atención a nada más?
Intentando actuar con normalidad, Jemma empezó su rutina diaria, que no parecía tener nada que ver con la rutina que había llevado a cabo el día anterior. Se lavó los dientes con su cepillo de dientes verde, se limpió la cara con su toalla lila y tuvo que sentarse en la cama a pensar el gran dilema que era hoy cómo vestirse. Siempre le había gustado vestir de tonos claros, pero lo que ayer eran tonos claros hoy eran verdes, amarillos, naranjas, azules, grises y violetas.
¿Estaría Fitz experimentando lo mismo? ¿Habría despertado en él lo mismo que había conseguido despertar él en ella? Sin duda iba a averiguarlo. Pero no quería ser demasiado directa… Si estaba empezando a ver colores como ella anoche estaría abrumado y confundido. Y si nada había cambiado para él... No quería ponerlo en una situación incómoda.
Cuando abrió su joyero para buscar unos pendientes acordes a la camisa que había decidido llevar hoy, se le ocurrió la idea perfecta. Dentro descansaban unos pequeños pendientes de color verde fluorescente que no quería saber cómo habían llegado allí o cuantas veces los había llevado sin darse cuenta. Serían perfectos para analizar la reacción de Fitz al verlos; la gente que veía en blanco y negro no debería ver más que un inocente color gris perla.
Cuando Jemma llegó al laboratorio aún estaba vacío, a pesar de que hoy había tardado 15 minutos más que cualquier otro día. Sin embargo al llegar a su mesa, una humeante taza de su té favorito la esperaba.
- Se te han pegado las sábanas, Simmons – escuchó desde la puerta cuando empezaba a repasar lo último que había anotado ayer.
Jemma sonrió y levantó la vista para saludar a su compañero cuando la vista a color volvió a regalarle otro espectáculo. Fitz tenía el pelo un poco más oscuro de lo que ella pensaba, su piel era muy clara y llevaba una camisa azul oscuro tan vibrante como el que había visto esa mañana en su réplica de máquina del tiempo. Sus ojos seguían tan bonitos y tan azules como los recordaba. En resumen, mirar a Fitz era como ver una jarra de agua fría en medio del desierto. Una delicia.
- ¿Jemma? ¿Estás bien? – preguntó Fitz al ver que no recibía respuesta y que su mejor amiga parecía estar a miles de kilómetros del laboratorio.
- ¿Mmm? Sí, sí, sí, muy bien, yo muy bien. Gracias por el té Fitz – contestó Simmons nerviosa y un poco avergonzada de haberse quedado mirando como una bobalicona. Con suerte no le había caído la baba.
Jemma se giró y dio un sorbo del té, que estaba tal y como le gustaba, y que le aclaró la mente lo suficiente para volver a centrarse en su plan. Pero lo que parecía que iba a ser pan comido, resultaría más difícil de lo que ella pensaba.
Para empezar, se apartó el pelo de la cara y se hizo una coleta, que dejara bien a la vista sus pendientes radiactivos; pero cuando se apoyó justo al lado de Fitz explicándole las notas que había conseguido recoger ayer antes de marcharse, él no desvió los ojos de su rostro ni un segundo. Pero bueno. ¿Cómo podía ignorar ese color? ¡A ella casi le había molestado mirarlo directamente esa mañana!
A lo largo del día Simmons intentó simular que confundía el color de los productos que utilizaban, para ver si descifraba algo en la expresión de su compañero o si él comentaba algo relevante, pero aquello no tenía ningún sentido. Ella misma habría sido capaz de diferenciarlos el día anterior después de trabajar con ellos tantos años.
Además los malditos colores no estaban ayudándola ya en nada, estaba tan despistada que tonterías como pulseras o coleteros de colores la molestaban. Sus propios pendientes la estaban poniendo de mal humor cada vez que los veía de reojo dentro del bolsillo de su bata. Cada vez estaba más frustrada con ella misma y con el mundo. Tanto que acabó gritando a un novato del laboratorio por dejar un libro en la mesa con poco cuidado.
Dándose cuenta de que había perdido los nervios, Jemma se disculpó con el tal Bob y salió disparada del laboratorio hacia su habitación, esquivando a todo el que se cruzaba con ella y casi corriendo para escapar del torbellino de colores que la había absorbido.
Solo cuando vio la cara de preocupación de Daisy a través del cristal que conformaba la pared de la sala de reuniones se dio cuenta de las lágrimas que resbalaban por sus mejillas, y empezó a caminar más deprisa para evitar el espectáculo que estaba montando.
Hasta que la voz de Fitz llamándola hizo que se parara a medio camino.
A/N: Cuando nos despertamos después de haber dormido 8 horas, ya nos cuesta adaptarnos a la luz y a la vida real. Asi que después de 30 años sin ver colores, por precioso que sea, tiene que ser muy agotante también.
Solo un capítulo más! Gracias por leer.
