DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer.


Capítulo 1: Si musito un sí.

Dos meses antes de que Edward dejara caer a Bella en un acantilado.


Silencio.

Lo que la mayoría de la gente conoce como ausencia de sonido.

Ella tiene otra opinión.

No es cierto, porque el silencio no existe. No dentro de esas cuatro paredes.

Su habitación es pequeña, es blanca o lo era hace muchísimo tiempo, pues la blancura se parece más al gris y cada superficie ya no es liso, si no agrietado. Tal como su vida. Gris y agrietado.

En ese momento, Bella se encuentra recostada en el suelo, en el centro de su habitación. A su derecha a la altura de sus pies está la puerta, a la altura de su cabeza, se encuentra pegado contra la pared un pequeño armario. A su izquierda está la cama, también pegada a la pared, y muy por encima de esta, una pequeña ventana con barrotes. Es la única fuente de luz, ese pequeño espacio en la pared es lo único que le da algo de luminosidad a sus tristes días.

Porquerías, piensa. Puede salir de allí y recorrer cada rincón del complejo si le da la gana pero... No es muy agradable en realidad. A veces es mejor estar allí en esas cuatro paredes, pues le protege. Tiene que cuidarse de las voces, no de las que están dentro de su cabeza, pues esas hace mucho tiempo que dejaron de ser hostiles. No. Las que le preocupan ahora, son las que están fuera, porque intentan arrastrarla a su mismo nivel de locura, y Bella no quiere eso. Lo detesta.

Sabe que tiene que salir de allí. Y tiene que ser pronto, lo más pronto posible.

Puede sentir cómo se acerca. Lo siente y eso le aterra. Le llena de miedo por las noches y durante el día.

La locura está casi encima de ella, como un maldito ente que viene a buscarla y robarle su contraparte: la cordura.

Bella sacude la cabeza golpeándose sin querer la oreja derecha contra el suelo. Intenta concentrarse en lo importante, en que tiene que pensar en una forma de salir de allí, de escapar y asegurarse que Fox y su maldito equipo no puedan encontrarla jamás. Jamás. Pero es difícil, a veces está pensando, planeando y sin que venga a cuento un pensamiento nada que ver se cuela y la desconcentra. Eso le molesta pero también le asusta "no locuras, Bella, no locuras" Se lo repite a diario y hay días, en que lo hace cada cinco minutos. La cantidad de veces que se diga aquello, será la forma en que sabrá qué tan malo su día fue.

Hasta ahora sólo lo ha dicho una vez y ya eran casi las dos de la tarde. La cosa no pintaba tan mal.

Hace pocos días escuchó de casualidad a unos enfermeros hablando de ella. Decían que estaba más loca que una cabra y que por alguna razón les inspiraba miedo. Que en las rondas nocturnas, cuando se acercaban a su puerta y miraban por la ventanilla de esta, podían escucharla hablar sola.

- Planeado sus muertes - murmura quedito. Escucha un bufido mitad molesto mitad divertido. Bella sonríe, contenta.

- Como si aquellos estúpidos fueran lo suficientemente importantes como para gastar nuestro tiempo pensando en sus muertes. Esas sabandijas...

Kris detesta a los guardias, los odia tanto, que gracias a eso se habían ganado varios castigos, en los que entraban quedarse sin comer o permanecer en aislación absoluta por un día entero, recibiendo comida por un mini agujero en la pared. Aunque... Ella tiene que admitir que las mayoría de las veces no es culpa completamente de Kris.

Hay algunos cuidadores que son realmente crueles con los pacientes. Bella no sabe, pero especula, siempre lo hace. Y es que al parecer a personas como ellos les gusta tener el control absoluto de personas más débiles y las cuales les es imposible defenderse. Intentan imponerse, y lo logran. Pero Kris es incontrolable e indomable. Por lo tanto, no han sido pocas las veces en que ella les ha contestado a sus provocaciones, cuando ellos esperan que Kris agache la cabeza sumisamente y se quede callada.

Eso no pasaría jamás; Bella ya está resignada. Pero en silencio le apoya, porque a ella tampoco le gusta que la mandoneen y se aprovechen.

De todas formas da igual.

En eso, es tanto el silencio en el sector en el que está su habitación que no le es difícil escuchar el sonido de pasos acercándose por el pasillo. Bella sólo espera, sabe que ya es hora de almorzar, pero no se mueve de su cómoda posición en el suelo, pues sabe que el cuidador de turno de todas formas entrará y le pedirá (dependiendo de quien sea) u ordenará que baje al comedor. Dos segundos después, su puerta se abre y por ella entra un cuidador. Bella no mueve la cabeza para mirarlo, siguen con su atención puesta en aquella mancha del techo ( si, "siguen" porque puede escuchar a Kris describir la mancha una y otra vez) la cual les ha parecido muy interesante por la última media hora. Pero no hace falta que se mueva para saber quién es; en cuento el cuidador entra, también lo hace su olor, el cual Bella identifica, lamentablemente, con mucha facilidad. Por el rabillo del ojo lo ve. El sujeto en cuestión es bajo, gordo, con una cabeza calva demasiado redonda para ser normal, ojos pequeños, nariz pequeña, boca pequeña, dientes grandes...

Bella trata de no esbozar la sonrisa que su boca quiere formar. No está bien que se ría del aspecto físico de los demás. Eso está mal. A menudo Kris le dice que está bien, porque no hay pecado si de quien te ríes es una persona cruel y desagradable. Ella dice que esas personas lo merecen, que son como son porque tienen tantos defectos, que no se soportan a si mismos y para ignorar sus propias desgracias se enfocan en las de los demás, tratando de agrandarlo y que así, nadie se de cuenta de los suyos. Bella piensa y cree que Kris puede tener razón. Aquel cuidador no solamente tiene defectos físicos, mentalmente es incluso más inestable que la misma Bella.

- Oye niña - le dice con su voz aflautada y algo nasal, es un sonido tan molesto que Bella no puede evitar arrugar la nariz; tanto por su olor como por su voz.

Los últimos días han sido un verdadero infierno y Bella no puede explicarse porqué tienen que pasarle tantas cosas malas. Y es que por alguna razón su olfato es mucho más agudo.

Un día, que pensaba sería como cualquier otro, se despertó sintiendo un olor muy desagradable. Una cuidadora estaba justo frente a su armario, con su brazo izquierdo curvado y sosteniendo un canasto azul lleno de ropa blanca y perfectamente doblada. Con su mano derecha, la mujer sacaba la ropa y la dejaba ordenadamente dentro del armario de Bella. Al estar parada allí, quedaba justo frente al rostro de Bella, con solo un metro de distancia. En ese momento Bella no había siquiera sospechado que algo estaba pasando con su nariz, pero la mujer no hizo más que cambiar el peso de su cuerpo a la pierna izquierda y por consiguiente separar un poco las piernas, cuando el olor se intensificó mucho más. Bella había arrugado la cara entera y se había dado la vuelta en la cama para darle la espalda y que su nariz estuviese en dirección a la pared. Eso no había logrado nada, por lo que no le había quedado de otra que taparse con las mantas toda la cabeza y esconder su nariz debajo del cuello de su camisón. El olor estaba aún presente, pero ya no era tan fuerte.

Bella había pensado que la mujer debería hacerle a la ducha, visitas más seguido. Justo después de eso, escuchó una risa.

- Ella siempre huele así - Kris le había dicho - ¡Yiaj!

- No es cierto - Bella había dicho tan silenciosamente que la mujer no la había escuchado - Ella es la que siempre me deja la ropa y antes nunca había apestado así. Antes ni siquiera apestaba.

- Sí, lo hacía. Lo que pasa es que tu nariz no podía captarlo. Pero parece que tu suerte se acabó - La voz de Kris transmitía divertida compasión. Obviamente no le molesta que los sentidos de Bella comenzaran a desarrollarse si con eso, no tenía que sufrir sola. Kris le hizo saber lo que ella sabía, que era probable que sus sentidos comenzaran a ser más agudos. Bella, al entenderlo, había cerrado los ojos y se había presionado el tabique para no respirar.

- Oh Dios mío. No.

Pero, sí. Durante los siguientes días fue mucho peor. A donde quiera que fuera, captaba diferentes aromas, sobre todo, olores humanos. No todos eran malos, de hecho la mayoría no olía nada mal. Aunque muchos de esos olores no tenían nada que ver con si la persona en cuestión se bañaba o no, era la esencia lo que Bella percibía más fuerte, aunque obviamente eso también contribuía. Algunos días ciertas personas tenían un aroma suave, agradable y casi imperceptible, pero al pasar el tiempo, el olor se iba haciendo más fuerte y menos agradable, igual como los cadáveres, mientras más tiempo pasa, más podridos están. Esto, casi siempre pasa con algunos cuidadores, pues los pacientes, por regla del establecimiento debían bañarse todas las mañanas. Y aunque no fuera obligatorio, Bella se hubiera seguido aseándose como siempre. Todos los días y varias veces al día. A demás la duchas no siempre son para limpiar el cuerpo, también relajan y ese es el momento más oportuno para pensar.

Sus pensamientos son interrumpidos por un pequeño piquete de dolor en su cadera derecha. Esto la hace reaccionar y finalmente ladear la cabeza para mirar al hombrecito, que con una sonrisa maliciosa la observa desde arriba.

- Dije que bajaras a comer.

Bella no le responde, simplemente se sienta y se levanta. El cuidador, que va ataviado en un pantalón y camisa de manga corta de color blanco, se da la vuelta saliendo al pasillo. Él se dirige hacia la izquierda, para sacar a los demás de sus habitaciones. Bella no le sigue, en cambio, dobla a la derecha caminado un largo trecho antes de llegar a las escaleras. No es mucho lo que tiene que bajar, a penas dos pisos. Llega a un espacio redondo, totalmente vacío. En frente no hay nada, sólo una pared con ventanas, a la izquierda hay tres pasillos muy largos que llevan a diferentes direcciones, al lado de las escaleras hay ascensores, pero Bella no los usa nunca. Después de inspeccionar su entono como siempre lo hace, Bella se gira a su derecha metiéndose por el primer pasillo. Ese es el que lleva al comedor y mientras se encamina hacia allí, a lo largo del camino se va topando con diferentes personas. Algunos van solos, otros acompañados de otros cuidadores. Bella responde a algunos saludos, de los que están algo más cuerdos y la reconocen al pasar. Ella no les ignora, si no que les sonríe y sacude su mano como saludo. Algunas veces se ríe, pues le da la sensación de estar desfilando por una alfombra roja, la cual en ese caso es blanca, y todos se apartan y no quitan sus ojos de ella. Le gritan y la saludan, esperando ser correspondidos. Como los famosos.

Bella sacude la cabeza para sacar esos tontos pensamientos. Aún así no puede evitar sonreír. Piensa que no pasa nada, de alguna forma tiene que divertirse o realmente se va a volver loca.

Ya casi se ha acostumbrado. Ahora ya no le perturba ver a distintas personas actuando de forma extraña. Los acepta, con sus extrañezas y locuras. Sin dejar de caminar, sus ojos se desvían hacia una mujer de cabello rubio, es tan rubio que parece blanco. Su rostro está surcado de arrugas, tiene los ojos de un impresionante color celeste, y sus labios son finos y pálidos. Ella está envuelta en un camisón blanco de dormir y sus delicados pies con sus venitas sobresaliendo ligeramente descansan sobre unas pantuflas grises y gastadas. Bella nota que sus piernas están mojadas y alrededor de sus pies hay un pequeño charco de color amarillo. La mujer llora, se aprieta el camisón a la altura de su entrepierna y mira el desastre que ha dejado con verdadera pena. Bella no puede evitar compadecerse, pues sabe lo que le espera. Hay algunos cuidadores que no tienen mucha paciencia, y odian tener que encargarse de situaciones así, pues son ellos quienes tienen que llevar al enfermo al baño, limpiarlo, cambiarle la ropa y después, remover la suciedad. Pero ellos se desquitan, oh claro que sí. No son suaves ni gentiles. Aprovechan la soledad de los baños para golpear al enfermo que se haya ensuciado. Son bruscos al sacarle y luego ponerle la ropa.

Por eso llora ella, porque sabe lo que le espera. Bella llega justo a su lado y se queda mirándola haciendo que la mujer se percate de su presencia. La mira con desesperación, en silencio pidiéndole ayuda. Bella sabe que no debe, pero eso no quiere decir que no pueda. Así que casi sin pensarlo mueve los dedos de su mano derecha de forma rápida, imitando la forma que hacen los pies al caminar.

La mujer deja de llorar un segundo después y mira sus pies y el suelo con incredulidad. Tanto ella como el suelo están totalmente secos, aunque tanto el suelo, como las pantuflas y algunas partes del camisón siguen manchados de amarillo. Con eso Bella no puede hacer nada. Sin esperar nada, Bella sigue caminando.

- Gracias.

Si su oído no se hubiera afinado tanto como su nariz, no hubiera logrado escuchar el bajo murmullo. Bella vuelve a sonreír y sigue su camino. Más adelante vuelve a encontrarse con una situación parecida a la que dejó atrás, pero a la vez totalmente diferente. Esta vez es un hombre, de cabello negro y espalda ancha. Él está con el pecho pegado a la pared, con el camisón envuelto alrededor de sus caderas, dejando al descubierto su trasero desnudo. Bella no se inmuta y ni siquiera detiene su caminar. El hombre tiene la cabeza echada hacía atrás y se ríe maniáticamente.

- Así que otra vez meando la pared - dice Kris sin poder evitar carcajearse. Bella arruga la nariz como toda respuesta. Porque sí, otra vez lo está haciendo. Y los cuidadores corren en su dirección, vienen desde el comedor, por lo que Bella se hace a un lado para dejarlos pasar. Ellos ya lo han visto y por lo tanto le es imposible ayudarlo a él también. No gira la cabeza cuando escucha los gritos del loco y los gritos en respuesta de los cuidadores. El forcejeo se aleja y el bullicio deja de escucharse luego de unos cuentos segundos.

El pasillo está lleno de gente, hombres pequeños, otros grandes, mujeres menudas y otra muy altas. Gordos, flacos, pelirrojos, rubios, morenos, doblados, derechos, de boca abierta y babeada o de boca cerrada pero igualmente babeada, de pies o manos torcidas o de pies y manos torcidas, sonrientes, indiferentes, enojados, llorones, gritones, tranquilos, peleadores, limpios, sucios, de ojos grandes, de ojos pequeños, jóvenes, viejos... La variedad es muchísima. Sin embargo, hay algo que tienen todos en común. Todos, sin excepción, han matado. Por eso ella también está allí. Se le considera de alto riesgo y ese sector es el que más cuidadores tiene. Ninguno de ellos puede tener contacto con los otros pacientes. Bella no es violenta pero el hecho de haber sido considerada como la autora de un asesinato masivo (Aunque el juez haya dicho que es inocente) la había condenado a tener que convivir con personas que sí son violentas. Y mucho.

Hay algunos que están muy tranquilos y hacen caso en todo lo que les ordenan, pero de repente es como si alguien o algo los detonara y los hiciera explotar. Entonces comienza el caos. Y Bella tiene que salir arrancando, no es porque les tema, bueno sí, tal vez un poco. Pero más que eso, lo que teme es que ella termine dañándolos a ellos. Kris y Emily jamás se quedan quietas o de brazos cruzados si consideran que están en peligro. Y el único peligro allí, son los otros pacientes.

Es prácticamente imposible no desviar los ojos cuando se topa con algo extraño y considerando que todos allí son raros, bueno...

No se demora mucho en llegar al comedor, porque los mismos cuidadores empiezan a apurarlos.

Bella entra en una habitación muy grande, con mesas redondas con capacidad para ocho personas. Todo es malditamente blanco; los manteles, las sillas, el piso, el techo, los marcos de las ventanas, la bajilla, todo. Bella siente que podría quedarse ciega si no comienza a parpadear ya.

- Quítate de en medio, puta - una voz femenina y muy hostil le habla desde atrás. Bella no está estorbando el paso de nadie, de hecho hay mucho lugar para que puedan pasar, pero siempre hay alguno que decide que quiere pasar justo por donde está parada ella. Bella no se molesta y se mueve, pegándose a un mesa. La mujer es más alta que ella, rubia, ojos grises y con un caracho enorme. Tiene tal mueca de malhumor que Bella simplemente se calla y le deja pasar. La mujer no le da una segunda mirada y se dirige hacia la izquierda, para ponerse a la fila da la impresión de que hasta sus pasos son malhumorados delante de ella hay un joven que no deja de dar pequeños saltos allí en donde está como si estuviese tratando de ver la cabeza del primero en la fila. Todos ellos esperan poder recibir sus bandejas con comida, Bella ve a muchos de los cuidadores pasar por su lado con bandejas llenas de comida, yendo hacia las personas que no pueden ir a buscar sus alimentos por si mismos.

Poco a poco la fila se va acortando y las mesas se van ocupando. La habitación se llena de diversos sonidos. Bella se concentra y mientras camina para ponerse detrás de una anciana en la fila, se pone a escuchar cada uno de ellos; los cubiertos chocando contra los platos, los sorbeteos al tomar de los vasos, algunos ocasionales gritos enfadados ¡Vete a la mierda, hijo de puta! y ¡Silencio! los correspondientes regaños de los cuidadores después, el ruido húmedo producido al tragar, negaciones ¡No! ¡Déjame! ¡Estás sucia, estás sucia! de los pacientes que no quieren comer y a los que dependen de otros para alimentarse, risas, sollozos que intentan ser silenciosos, pies inquietos golpeando el suelo una y otra vez, palmadas contra la piel ¡Vas a tener que comer!, una mujer cantando este tenedor es mío, me lo quieren quitar, este pollito es mío, me lo quieren quitar y eso sólo para empezar.

No mucho tiempo después llega su turno. La cocinera le coloca en las manos una bandeja estúpido color blanco con una porción de arroz, pollo, ensalada, un pocillo con postre flan ¡Esto parece mierda! y un vaso de jugo. No hay repetición. Nunca. Resignada a tener que comerse todo eso, se gira y se encamina hasta una mesa del final del comedor, está casi pegada a la esquina, sólo tiene el espacio suficiente para las sillas. Bella se sienta en una de las sillas desocupadas sobran cuatro con la ventana a su espalda y por lo tanto recibiendo los rayos del sol en su nuca. Esto no le molesta, al contrario, esto es lo más cerca que puede estar de la luz solar durante el día. Los otros tres ocupantes son dos adolescentes varones y la misma mujer que antes le había pedido amablemente que la dejara pasar. Bella los ignora como ellos a ella y comienza a comer. Durante algunos minutos lo hace tranquilamente, hasta que su mesa también se comienza a llenar. Primero llega Zoe, la misma mujer que en el pasillo había tenido problemas de incontinencia, ella se sienta a su izquierda. Luego llega Martín, un hombre muy pero muy gordo, aunque eso no es en lo primero que uno se fija al mirarlo, si no en la enorme e infantil sonrisa que ilumina constantemente su rostro, él se sienta a su derecha, al lado de este se sienta Matita; así le dicen, pues nadie sabe cual es su nombre verdadero, ni siquiera ella lo sabe. Las personas le dicen así porque está obsesionada con las plantas, de todo tipo. Matita es una mujer de veinte muy delgada, de ojos café, aguados y tristes. Las esquinas de su boca siempre se inclinan hacia abajo, dándole un aspecto aún más triste. No tiene pelo, pues por alguna razón, lo odia. La silla a su derecha se ocupa rápidamente por Shofi, una joven de unos dieciocho años, de pelo rizado rubio dorado hasta los hombros, ojos azules, labios sonrosados y una peculiar mirada inocente. Realmente ella se llama sofía, pero le dicen Shofi por su particular forma de hablar, a su lado está sentada Zas (Ese es su apodo), la mujer que está permanentemente molesta, después está Diego y luego Ene. Ahí está, la mesa llena.

Pasan otros cinco minutos de absoluto silencio (al menos en esa mesa), hasta que este es interrumpido.

- ¿Vas a comerte eso? - Martín le da a Bella unos pequeños toquecitos en el brazo para llamar su atención, Bella despega sus ojos de su comida para mirarlo, encontrándose con una sonrisa pegajosa y unos ojos llenos de felicidad.

- Maldito gordo seboso ¿Qué no puedes dejarme comer tranquila? - Bella no ha dicho eso, aunque es a ella a quien Martín se ha dirigido, es Zas quien ha hablado.

- Nnnnn no es a ti a quien le está pidiendo - Murmura Ene. Este es un muchacho de baja estatura, pelo negro y corto, ojos vivaces y de un color que está a medio camino de ser azul o violeta. Mira a Zas con el ceño fruncido, molesto. La razón por la cual le dicen Ene, también está en su forma de hablar, o de empezar a hablar.

- ¿Y eso qué? Cuando ella le de su postre, entonces querrá comerse el de todos y también el mío. Me lo va a pedir y entonces ¡Zas! le voy a pegar - Responde mirando a Ene como si él tuviese la culpa.

- No tienes derecho a golpearlo - le dice Zoe tranquilamente mientras saca grandes cantidades de arroz, llevándoselo a la boca y tragando casi sin mascar.

Zas dirige su mirada enfurruñada hacia ella - Tu no te metas, puta. No tienes nada que opinar, puta. Y si me sigues hablando puta ¡Zas! te voy a pegar.

Bella suspira con cansancio preguntándose cuanto tiempo tendrá que aguantar eso. Ignorando las amenazas que Zas está repartiendo como golosinas, Bella toma su pocillo del postre y lo deja en la bandeja de Martín, recibiendo un:

- ¡Gracias! - terriblemente feliz. Bella sonríe, mirando cómo en unos segundos devora el flan.

- Pero qué estúpida eres, puta - escucha que Zas le dice, Bella deja caer los párpados y vuelve a su comida, sin embargo esto no desalienta a la otra que sigue discutiendo - Te dije que no se la dieras. ¡Míralo! - Ordena. Bella sigue comiendo - El gordo seboso está que explota y tú le sigues dando comida. Y si eso pasa y me ensucia con su grasa ¡Zas! te voy a pegar.

- "¡Zas! te voy a pegar. ¡Zas! te voy a pegar" - Diego se pone a imitarla con una voz muy aguda, arrancando fuertes risotadas de Shofi - Déjalo en paz. Si quiere comer, que coma.

Bella no puede evitar sonreír al escuchar al chico burlarse y luego defender a Martín. Diego es un chico alto, de tez blanca, de cabello castaño y facciones terriblemente atractivas. El chico ha estado comiendo con tranquilidad y por lo general es muy callado, pero hay veces en que pierde la paciencia y se enfurece. Es muy astuto, rebelde y un tanto travieso. Por lo que Bella sabe, Diego está allí porque es terriblemente paranoico. Él vivía con sus padres y dos hermanos gemelos que eran mayores que él por cuatro años. Ahora todos ellos están muertos, él los asesinó. A sus padres les cortó la cabeza y a sus hermanos los acuchilló cincuenta y siete veces, a cada uno. Cuando le preguntaron en la corte porqué lo había hecho, él había respondido que porque ellos eran malditos cangrejos que estaban viviendo dentro de los cuerpos de mi familia, se estaban haciendo pasar por ellos para que yo me confiara y así lograr convertirme en uno de ellos. Al saber esto, casi nadie hablaba con él, estuviese consciente de lo que había hecho o no. Diego daba la impresión de ser peligroso y tal vez lo era, pero con Bella, en todo el tiempo que llevaba a allí, siempre había sido amable. Con Martín también.

- No seas puto y quédate callado. Contigo no estoy hablando - Zas le dice tomando su tenedor con fuerza en su mano derecha y pinchando su pollo furiosamente.

- Sho creo que él tiene razhón - Shofi comienza a decir en voz bajita, pero perfectamente audible - Martín eshtaba hablando con Bella.

- Te pones de su lado porque era una puta - Zas le dice. Bella no puede evitar rodar los ojos, comenzando a molestarse ¿Es que no habría un sólo día en que no pudiera comer tranquila? Al menos Kris se divierte - ¿Por qué no le dices de una vez que quieres que te coja y ¡Zas! dejas de arrastrarte como la babosa que eres?

Shofi abre los ojos, espantada. Mira tanto a Zas como a Diego con verdadero espanto.

- Sho... Sho, no shé... De qué h-hablash - consigue decir sonrojándose, mucho.

Matita comienza a reírse, mientras golpea con su tenedor la montaña de arroz que ha estado formando, provocando que varios granos salten en todas direcciones cada vez que lo hace. Bella ve a uno volar en su dirección y alojarse en su cabello, pero no le da importancia. El hambre se le ha quitado un poco por lo que toma su plato y lo vacía en el plato de Martín quien desde que se acabó el postre de Bella ha estado mirando la bandeja de Matita con verdadero anhelo. Aún lo hace por lo que Bella le sacude el brazo y una vez que tiene su atención le señala su plato, otra vez lleno. Martín suelta una risa extasiada.

- ¡Gracias! - le vuelve a decir, interrumpiendo lo que sea que Zas haya estado parloteando. Esta mira el plato vacío de Bella y luego el de Martín que poco a poco también comienza a vaciarse.

- ¡Maldita sea, puta! ¡Te dije que no le dieras más! - exclama golpeando la mesa, furiosa. Bella no le hace caso y decide que ya que no comió arroz tiene que comerse el pollo y la ensalada sí o sí.

- Nnnn no entiendo porque a todos nos dices puta o puto - Ene la mira realmente confundido.

- Porque eso es lo que son - le dice y luego señala a Bella - Sobre todo esta, que tiene otras tres putas dentro.

Se hace un silencio bastante pesado. Los otros seis restante en la mesa miran a Bella esperando su reacción, pues confían en que si está allí sentada con ellos, alguna reacción violenta tendrá. Pero Bella simplemente se limita a mirar Zas con aburrimiento y cuando pasan los minutos y se hace evidente que no contestará, los demás vuelven a comer.

- Esa maldita mujer... - escucha que Kris se queja - Es la que más me divierte, sobre todo con su ¡Zas! te voy a pegar. ¡Zas! esto ¡Zas! lo otro. Pero si vuelve a decirnos "puta", te juro que la voy a reventar.

- Tú no puedes hacer eso - La voz de Bella es apenas un susurro que es ahogado con todas las otras voces en el comedor, sin embargo, las personas sentadas en aquella mesa logran escucharla, pero no dicen nada. Bella sabe lo que piensan. De algún modo se enteraron sobre lo que Kris había hecho con todos los reos y por aquella razón, unos pocos siempre se alejan a esconderse cuando la ven acercarse.

- Oh pero tú, sí.

- No quiero hacerlo. Está enferma, no puede evitarlo.

- ¡Me importa un carajo! - exclama Kris enfurruñándose, lo que sólo provoca que Bella sonría.

- Ya dije que no.

Y así se termina el almuerzo.

Una alfombra blanca con manchas grises es todo lo que sus ojos ven ahora. Está tan absorta contemplándola que ni siquiera se ha percatado de que Diego está sentado a su lado, leyendo un libro tranquilamente. Tampoco ha notado Matita, que desde una silla a dos metros frente a ella, sostiene un cuaderno en su mano izquierda y con la otra guía la punta de su grafito por el papel. De vez en cuando levanta la cabeza y mira a la muchacha sentada en el sofá, inmortalizando aquella imagen en su preciado cuaderno. Esto nadie lo sabe, pero a Matita le fascina dibujar a Bella, sobre todo en ese momento, cuando la niña está quieta, está tan perdida en sus pensamientos que no hay nadie ni nada que pueda sacarla de allí, a menos que ella lo permita. Bella tiene tal aire de tranquilidad a su alrededor que logra, de alguna forma, tranquilizar sus propias ansias. Incluso, hay veces en que luce tan inocente y vulnerable que Matita ni siquiera es capaz de concebir la idea de Bella matando a un montón de hombres, que es lo que dice el rumor. Su dibujo está casi terminado, no le ha tomado mucho tiempo, pues por la última media hora, tanto Bella como Diego han estado tan quietos que si no supiera con certeza que son personas reales hubiera creído que son estatuas. A Diego también lo ha incluido en el dibujo. Este se ha dado cuenta de lo que está haciendo, pues hace veinte minutos ha levantado la cabeza y la ha mirado sin expresión alguna en la cara. Matita pensó que tal vez le fuera a decir algo, pero el chico se había limitado a inclinar la cabeza y volver a su lectura. Matita había tomado su actitud como un permiso para continuar.

Todos ellos están en la sala de juegos, ubicada en el tercer piso justo por encima del comedor y es tan grande como aquella misma habitación. La sala está llena de diferentes sillas y sofás, también hay algunas pocas mesas para los que quieran jugar a las cartas o armar rompecabezas. En la esquina derecha, casi pegado al techo, encima de una tabla que sobresale de la pared hay un televisor mediano que siempre está encendido. Algunas veces algún cuidador se acerca y con el control remoto, que sólo ellos pueden usar, cambian de canal poniendo películas o documentales, los cuales llama la atención a más de uno. La pared lateral está llena de ventanas, aunque nadie se puede acercar a ellas por los barrotes gruesos que hay por dentro, los cristales están a unos cincuenta centímetros más afuera. En el espacio que queda entremedio, hay un piso de concreto y los cuidadores acceden allí por una pequeña puertecita, para poder abrirlas en Verano. La primera vez que Bella estuvo allí vio aquella habitación como un pasillo larguísimo y también muy ancho. Al final, en el lado opuesto de donde Bella está sentada, se encuentra una oficina que ocupa un gran espacio y hace que la sala de juegos se vea más pequeña que el comedor, aunque Bella sabe que son del mismo porte. Aquella oficina tiene un gran cuadrado justo en medio, la mitad de abajo es de concreto y la otra mitad está sellado con cristal irrompible. Por allí se puede ver el interior del cuarto y lo que hacen los cuidadores. Al otro lado del concreto hay un escritorio y una señora siempre está sentada allí, no importa lo que pase, ella no se mueve de allí y cuando reparten los medicamentos, ella desliza una pequeña parte del cristal que sí es movible y por allí va entregando los vasos con pastillas.

Bella jamás le ha visto mirar mal a ninguno de los enfermos. Siempre los mira de forma apacible, como si ver a aquellas personas así no le produjera asco o desagrado, los mira como si fueran normales. Por eso a Bella le agrada.

Justo cuando Matita termina de detallar el cabello de Bella, Ene se acerca a ellos parándose con nerviosismo delante de Diego, aunque mirando a Bella.

- Nnnn Bella - le llama. Bella tarda como tres segundos en reaccionar y cuando lo hace sus ojos tranquilos se enfocan en el muchacho. Puede verlo respirar aliviado cuando ve que Bella no se ha enojado o a reaccionado mal a su llamado.

- ¿Sí?

- Nnnn la señorita Fox quiere que vayas a su oficina. Dijo que hoy tocaba - el chico la mira disculpándose, tal vez sintiéndose mal por ello, como si llevar aquellas noticias lo convirtiera en la persona culpable. Bella se siente palidecer, pero intenta que el miedo que le han causado esas palabras no se note demasiado en su rostro.

- Está bien. Gracias - le contesta, dándole una pequeña sonrisa que el niño corresponde antes de girarse e ir hacia la mesa en donde Martín intenta armar la figura de un paisaje.

Bella estira un poco las piernas, pues las siente un tanto agarrotadas. Se levanta cuando está segura de que no caerá. Comienza a dirigirse hacia la puerta cuando escucha a Diego murmurar.

- Buena suerte. Cuidado con la bruja.

- Lo tendremos - Antes de que Bella pudiese pensar en un respuesta, Kris ya a contestado. Diego levanta la cabeza y alza la comisura izquierda de su boca, viéndose preocupado y divertido a partes iguales.

- Tal vez deberías mandarlas a dormir por un rato - le dice Matita al mismo tiempo que cierra su cuaderno y desliza el lápiz por el espiral. Bella sabe que ella se refiere a Kris y Emily - Si no empieza a ver un progreso, sabes lo que pasará.

Bella lo sabe y es por eso que su corazón late tan fuerte.

- No puedo hacer eso. No creo que sea posible y si lo hiciera Fox se enteraría de que lo he hecho para engañarla, entonces sería mucho peor.

- Ella tiene razón - dice Diego mirando a Matita con el ceño fruncido - A parte del eletroshock también podría recibir castigo. Es mejor que te vayas con cuidado, pero trata de no mentir - Termina diciendo, esta vez mirando a Bella.

Bella asiente y se gira para salir de allí. Mientras más rápido camine, antes llegará y entonces más pronto todo terminará. Al menos por ese día.

Mientras baja por las escaleras hasta el primer piso, las palabras dichas por Diego dan vueltas en su cabeza. Bella no podría mentir ni aunque quisiera hacerlo, porque mientras Leah esté con ella, Fox tendrá acceso a su vida sin restricción alguna. Y a menos de que exista una forma de hacerla desaparecer, Bella no cree que pueda salir de allí por las buenas.

Al llegar al primer piso debe caminar a su derecha, traspasar un puerta de roble y después caminar un largo pasillo. Bella no se fija mucho en su entorno, porque ya ha pasado varias veces por allí y ya nada le llama la atención, ni las paredes pintadas de café, los cuadros de arte, y los candelabros que cuelgan del techo con tres metros de distancia. Bella sigue caminando y llega a otra puerta, al atravesarla, llega a una habitación decorada igual que el pasillo. En ella no hay nada, salvo cinco puertas cerradas. Bella se acerca a la primera, a la izquierda y toca suavemente.

- Pase - la voz suave y fría atraviesa la puerta para llegar a sus oídos. Bella toma el pomo y lo gira para poder abrir la pesada puerta y entrar. Una vez dentro camina hasta quedar frente al escritorio de caoba que se encuentra en el centro de la habitación. Detrás está sentada Fox, vestida y peinada tan elegantemente como siempre. Detrás de ella hay unos muebles grises con cinco cajones cada uno. Hay siete muebles, uno pegado al otro, abarcando toda a pared opuesta a la puerta - Siéntate.

Bella obedece.

Fox no habla de inmediato, si no que sigue escribiendo en un libro muy grande. Después de unos minutos da vuelta unas hojas y cuando ha encontrado lo que busca, levanta la cabeza para mirar atravesar a Bella con aquellos ojos marrón oscuro tan fríos, que Bella siente la necesidad de apartar la mirada. Pero no lo hace.

- ¿Cómo ha ido todo? - la pregunta tiene tanta falta de interés que Bella se siente incómoda al contestar.

- Bien. Todo ha ido bien - su voz es apenas un susurro, aunque intenta hablar más alto pues sabe cuanto molesta a Fox tener que preguntar que mierda dijo. Por suerte Fox asiente.

- ¿Kris y Emily siguen ahí?

- Lo hacemos.

Bella cierra los ojos por unos segundos y los vuelve a abrir intentando que la doctora no aviste el miedo que hay en ellos. Kris se le ha vuelto a adelantar.

- ¿Y Leah?

Esta vez Kris no dice nada, si no que se pone a insultar a Leah con todo lo que tiene, gracias al cielo, lo hace de la forma que en que sólo Bella puede escucharla, dentro de su cabeza.

- Sí, lo está - termina respondiendo con pesar.

- ¿Y los Cullen?

Ante el nombramiento de la familia de vampiros Bella frunce los labios e intenta esta vez, ocultar el odio que siente. Fox no debería nombrarlos, no es digna de ello. Con sus sucios labios lo único que hace es ensuciar sus nombres.

- Ellos... Se quedaron allá - responde cuidadosamente. No miento, no miento - Y allí permanecerán.

Fox asiente de nuevo, escribiendo sus respuestas.

- ¿Qué hay de los otros?

Bella se encoge de hombros, hasta que nota la mirada severa que Fox le está dando. Se obliga a contestar.

- No lo sé. Kris y Emily son las únicas con las que tengo contacto. Bueno, con Emily hace mucho que no... Mmm... Me comunico. Kris es la única constante - Le cuesta un mundo decir aquello pero cuando lo hace se siente muy aliviada.

- Eso es bueno. Que la muy zorra piense que estás mejorando - escucha que Kris le dice complacida - Y lo has logrado sin tener que mentir. Bien.

Bella se abstiene de tener que contestar, esperando que Fox hable luego.

- Bien. Laurent y Victoria estás esperándote en la habitación de al lado. Tendrán una sesión de hipnoterapia, en cuanto terminen puedes volver a lo que sea que hayas estado haciendo antes. ¿De acuerdo?

Como si tuviese otra opción - Sí, señorita Víctori.

- Ve.

Bella no espera que se lo repita y tan silenciosamente como ha llegado, sale de allí. Tiene como diez segundos más o menos para relajarse antes que la otra puerta se abra dejando a la vista a Victoria. La mujer lleva el cabello pelirrojo atado en un alto moño y la bata abrochada deja ver únicamente sus pantalones de tela negros y sus zapatos de tacón.

- Entra.

Y Bella una vez más, obedece.

El sofá en el que está recostada es bastante cómodo. Eso no está tan mal, pero la compañía... Bueno, no hay mucho que decir respecto a eso.

Bella se estremece y toma grandes bocanadas de aire. Ha estado en trance por las últimas horas y siente un tipo de cansancio que nada tiene que ver con su físico, es algo mental.

Nunca se cansa tanto, pero la verdad es que esta sesión no se está desarrollando como siempre. Las sesiones que ha tenido con Laurent y Victoria siempre son cansadoras. Ellos siempre la llevan a ver vidas pasadas, no importa si fue una vida común y corriente y no aporta nada a sus traumas, no, de todas formas ella tiene que contar detalladamente lo que ha visto y después comprueban si dice la verdad, comparando sus respuestas con las de Leah. Al principio, había intentado mentir, pero luego había descubierto que eso no era bueno para su integridad, después de pasar un día completo en una habitación acolchonada, con una camisa de fuerza y en completa oscuridad, recibiendo sólo una porción de comida y dos vasos de agua, uno en la mañana y otro en la noche.

No. No quería pasar por eso otra vez. Dos veces había sufrido en esa situación y no quería una tercera.

La razón por la que esta sesión es diferente, es por su contenido. Ya no son visiones de vidas pasadas. Está segura de ello.

Son como recuerdos, pero... Son raros, porque siente que no le pertenecen, eso es ridículo si los está viendo es porque son suyos... ¿O no?

Está muy confusa. Y ni siquiera son recuerdos completos o coherentes.

Primero, vio a un chico alto, cabello negro y vestido con una camisón que ella conoce muy bien, en esa visión no pudo verle la cara, su rostro estaba muy borroso, pero el chico estaba frente a ella, la tomaba de los hombros y la sacudía mientras le gritaba algo. Sabía que algo estaba diciendo porque el borrón que correspondía a su boca se movía, pero Bella no consiguió escuchar nada. Luego, se encontró en medio de una calle de tierra. A ambos lados había casas pequeñas de pintura muy desgastada. La localidad estaba rodeada de un frondoso bosque. Bella no sabía porqué estaba allí, o porqué su mente había decidido evocar aquello, pero luego sintió que una mano muy cálida se posaba sobre su hombro, pidiéndole en silencio que se volteara. Bella lo había hecho y se había encontrado con un chico que se le hacía muy familiar y al cual tampoco le podía ver el rostro. Él había movido su boca, diciendo algo que ella no había logrado escuchar. Luego el muchacho había acunado su mejilla derecha con su enorme y cálida mano. Después de decir algo más, se había acercado para besar su otra mejilla. Después se había dado la vuelta, alejándose hasta juntarse con un montón de jóvenes que le esperaban más allá. Ahí terminaba.

Ahora está descansando. Y da gracias al que haya hablado con Fox para incorporar pequeños tiempos para recuperarse.

- Muy bien. Otra vez - antes las palabras de Laurent la mente de Bella, sin hacer un mínimo de resistencia da una ligera vuelta (o eso siente Bella) y lo próximo que Bella ve, es el mar.

OooO

Cuanto más alto llegue, Bella sabe que el golpe de la caída más fuerte será, por lo tanto más dolerá. Es el mismo efecto. Las sesiones de hipnoterapia producen lo mismo. Mientras más lejos envíen la mente de Bella, más dolor y cansancio tendrá que soportar después. Es por eso que ahora arrastra los pies por los pasillos, de vuelta a la sala de juegos. Se siente aturdida, pero es poco lo que puede hacer contra ello.

No sabe si es una buena idea regresar a la sala, pues han pasado ya como cuatro horas desde que se fue y es muy posible que ya no quede nadie allí, a pesar de que falte como una hora más para la cena. No es que no pueda estar sola, es que no quiere, porque pareciera que siempre que eso pasa su nivel de descontrol mental aumenta, lo cual le asusta. Al llegar, empuja con desgana la puerta y al echar un vistazo se da cuenta que se ha equivocado, lo cual le hace desistir de volver de inmediato a la habitación la cual nunca verá como suya en la que duerme y saltarse la cena para descansar. Hay gente allí todavía, lo que le hace soltar un pequeño suspiro de alivio. Sabe que no les necesita, pero no quiere estar sola.

Se acerca lentamente y con su tranquilidad usual se dirige al sofá que estaba ocupando antes, el cual sigue siendo ocupado por Diego, quien ahora está leyendo un libro diferente. Al sentarse a su lado, él despega su atención de las páginas para mirarla, y con sólo eso puede percatarse de cuan malo ha sido. Hace una mueca antes de hablar.

- ¿Lograste despistar a la bruja?

Bella se queda mirando la alfombra gris, pero luego sonríe de medio lado y gira levemente el rostro para devolverle la mirada.

- Eso creo, aunque no estoy muy segura. No después de la sesión.

- ¿Fue muy malo? - pregunta Matita todavía sentada en la misma silla y dibujando en el mismo cuaderno, en una diferente hoja. Ahora le ha tocado a Martín ser el dibujado, quien ya no está sentado a la mesa tratando de armar el rompecabezas, si no que ahora está sentado en el suelo contemplando a Diego leer.

- Eso es quedarse corto.

- ¿Qué fue esta vez? - pregunta Diego volviendo su atención al libro. Bella suspira, pensando que esto es bastante inusual. Ellos jamás hablan tanto. Decidiendo que ya es tiempo de cambiar eso, se decide a responder. Aunque no es como si Diego y Matita no le hubiera preguntado antes, sólo que es extraño que lo hagan los dos en el mismo día.

- En realidad no lo tengo muy claro. Es raro.

- Como todosh aquí - responde una voz aguda acercándose lentamente por la izquierda. Es Shofi y ella también viene de una sesión, pero diferente a la suya.

- Bueno, esto fue aún más extraño.

- ¿En serio? ¿Extraño como qué? - insiste Matita mirándola atentamente. Bella va a contestar cuando de pronto una voz por más conocida y para nada amable interrumpe.

- Gordo seboso, ¿Quién demonios te dio permiso de poner tu enorme trasero transpirado en el suelo? ¿Cómo carajos esperas que te levante ahora? - pregunta Zas mirando a Martín con verdadero enojo. Martín sólo le mira, y sonríe. Bella suspira con cansancio y escucha un sonido similar escapar de los labios del chico sentado a su lado.

- Nnnnn que él esté sentado en el suelo no quiere decir que debas levantarlo - a llegado Ene y Bella piensa que sólo falta Zoe y ya estarán todos.

- ¡Tú cállate maldito puto! - Zas grita haciendo que Ene se encoja y vaya a sentarse al otro lado de Bella, en el espacio que queda libre.

- Que deshagradable eres, Zash - dice Shofi valientemente - Él tiene razhón.

- ¿Qué razón va a tener? y no te atrevas a llamarme así con tu horrible lengua porque si no ¡Zas! te la voy a cortar.

De repente se escucha una carcajada y todos se giran a mirar a Bella, que a su vez observa a Zas con una pequeña sonrisa.

- Que ganas tienes de pelear - no es Bella quien está hablando, es Kris. Ellos la reconocen, por el tono, la cadencia y la malicia de su voz. Zas la mira con enojo, pero al final no dice nada, en cambio, decide sentarse en un sillón quedando frente a Bella. Esta vuelve a recuperar su expresión indiferente, cuando Kris deja de tomar el control.

- ¿Y entonces? - pregunta Matita aún mirando a Bella en espera de una respuesta a su pregunta. Bella suspira.

- Vi a un chico. No le reconocí, excepto por el camisón blanco que vestía. Por lo que supongo que es de aquí. Aunque no pude verle el rostro pues estaba borroso.

- Pero ¿No estaban examinado tus vidas pasadas? - pregunta Diego mirándola con el ceño fruncido.

- Así es. Pero no creo que se tratara de eso. Más que una vida pasada, lo sentí como un recuerdo, aunque ajeno.

- ¿Y qué pasó?

- Nada. Nada más allá de que veo a este chico frente a mí tratando de arrancarme la cabeza a zamarreos frenéticos. Luego la visión cambia abruptamente y le veo de nuevo a él, pero ahora estamos parados en medio de una calle de tierra, en un lado hay casas de maderas y por el otro se extiende un bosque. El chico parece despedirse de mi, luego se aleja.

- ¿Y cómo eso podría ser extraño? - pregunta Zoe llegando de repente, cruzando por el frente de ellos para ir a sentarse a una cómoda silla pegada a la pared detrás de Martín.

- Lo raro no es la visión en sí, si no lo que me hizo sentir. Es como si viera los recuerdos de otra persona en mi cabeza.

- Pero shi están en tu cabezha, shon tuyosh.

- Sí, lo sé - Bella se encoge de hombros, pensando - Pero es lo que sentí.

- ¿Y eso duró todo el tiempo que estuviste fuera? - Matita pregunta, tomando el borde de la hoja que ya ha ocupado y girándola para poder ocupar una nueva.

- No. Ese fue el único recuerdo. Las demás visiones, sí parecían ser vidas pasadas. No tienen mayor importancia, al menos para mi.

- ¿Cómo cual? - pregunta Zoe pasando sus manos por su camisón una y otra vez, tratando de alisar las arrugas que según ella este tiene.

- Como el hecho de ir en una carroza, bajarme y meterme a una casa de aspecto rústico. Robarme dos manzanas para después salir corriendo.

Por alguna razón esto a Martín le hace mucha gracia, por lo que se pone a reír a carcajada limpia. Bella ve como la comisura izquierda de Diego se tuerce hacia arriba en respuesta.

- Eso no es cierto - dice Zas acusadoramente.

- Lo es - reitera Bella mirando a la mujer con aburrimiento - Es lo que vi.

- ¿Y qué másh? - pregunta Shofi sin darle la oportunidad a Zas de replicar.

- Fueron demasiadas, estaría otras cuatro horas relatándotelas todas.

Lo cierto es que Bella no quiere hablar de eso. Y justo cuando Shofi parece que va a insistir un enfermero entra en la sala y se encamina hacia ellos.

- ¿Qué están haciendo aquí? la cena está apunto de ser servida.

Los ocho se levantan de inmediato, acatando las órdenes del enfermero de inmediato.

OooO

Otra vez están sentados a la mesa, en el mismo orden. Acaban de sentarse, Shofi es la última en hacerlo. Los demás están recién mirando sus bandejas tratando de decidir por cual alimento empezar cuando Martín ya se ha comido la mitad. Bella le mira pero no dice nada, pues sabe que terminará dándole parte de su comida.

Otra vez están bastante callados hasta que Shofi decide ponerse a parlotear sobre lo que habló con su psicólogo en su sesión. A nadie parece importarle, pero los siete la escuchan.

Bella espera que eso se mantenga así y Shofi no vuelva a preguntarle por lo que vio cuando estaba en trance. Sin poder evitarlo, por su mente pasan imágenes de lo visto. La dejó tan confusa lo que vio. Una luz brillante, como una esfera. Algo negro, alargado y con pelos. Y unos dedos pequeños. No tiene idea de lo que aquello significa, lo cual la asusta, porque esa visión no se sintió ni como un recuerdo o algo parte de una vida pasada. Simplemente pasó por su mente y ella lo vio. Lo peor de todo es que tuvo que relatarlo. Lo que con sus escasas respuestas a su significado no dejó muy contentos a los psicólogos. Por lo tanto Fox para este momento tampoco lo estaría.

Terminan de comer y cada uno es mandado a asearse e inmediatamente a dormir. Los que se resisten o no obedecen, son inmediatamente castigados.


ALGUNAS ACLARACIONES: Se que el contenido del prólogo puede haber producido cierto grado de desconcierto. Bien. Ese fue un pequeño adelanto, y no, no fue un sueño de Bella, pero ¡Ey! todo tiene una explicación. Y ya iremos llegando a ella. La trama va un poquito lenta pero es necesario, ya irá cogiendo ritmo. No coman ansias. No se me desilusionen, ya verán porqué van a pasar ciertas cosas.

Espero que realmente les haya gustado, nos leemos en el próximo cap.

Hasta luego.