Martes rojo de tintura y de práctica.

Como acostumbraban, las historias que eran producidas los lunes, eran traducidas al Inglés y acopladas a modo de que se pudiera desarrollar una canción, luego se reunían el martes en el atardecer, quedaban a eso de las 5 para estar llegando e eso de las 6 pm, al garaje de la casa de Henrietta, donde ponían a funcionar los instrumentos para darle un ritmo a la letra.

Pero el día de hoy Pete acudía antes de lo acordado, luego de las escuela, para que Henrietta le hiciese el favor de arreglarle el cabello, era en la única que confiaba para ello, pues tenía la tintura ya desteñida y el pelo más largo de lo acostumbrado, haciéndolo lucir un tanto afeminado.

– Entonces… ¿Lo de siempre? –preguntó Henrietta sosteniendo en su mano el cigarro al cual le daba final.

– Mm-hm. –musitó Pete mientras calaba, sentado en un pequeño banquito en medio del baño.

– 'Kay. –replicó ella dejando su boquilla de lado, y se puso manos a la obra. Abriendo la regadera flexible de la ducha, le inclino la cabeza un poco hacia atrás para que no le bajara mucha agua por su espalda desnuda– No te estas mojando el culo. ¿Verdad?

– No. Estoy bien. –un refuerzo en su espalda baja evitaba que el agua fría que corriera por su espalda se adentrara en sus pantalones, siempre, a pesar de todo, cuidando de él con esos pequeños detalles, haciéndole la vida "fácil"– La tolla quedo bien.

– Oh mierda… –se detuvo.

– ¿Qué pasa?

– Le musique... Le musique... –canturreó aproximándose a la base de su IPod que estaba sobre el tocador del baño, le dio play y volvió a la tarea anterior– Oh Chutulu, considérame tu más grande melómana, –dijo abriendo sus brazos al cielo– bailaré al son de las más tormentosas melodías en las llamas a tus pies, –dijo danzando por el pequeño espacio alrededor del otro– uniéndome y contemplando tus demás melancólicas almas esclavas, conde-

– Haha… Claro, claro… –se burlo él, ella se detuvo y le miro con desazón– Que no te falte la música, cuando lees, cuando te bañas, cuando estudias, cuando duermes, cuando cagas, cuando haces pereza, cuando todo. –comentó.

– ¿Y tienes algún maldito problema con eso?

– Sí, porque no pones mis malditas canciones también.

– Ahg… joder... –se volvió a seleccionar una lista de reproducción que contenía una mezcla de canciones favoritas que ambos pudieran disfrutar– ¿Feliz?

– Muero de la emoción… –replicó con una expresión plana.

– Cretina…

– Desgraciado… –normal era que al estar solos se insultaran y refirieran al otro cambiándole el genero.

– Bueno y... ¿Crees que las letras de ayer puedan ser adaptadas a una canción? –dijo volviendo a su tarea, sacando tema para entretenerse mientras tanto, como lo haría cualquier peluquera.

– Yo creo que sí. Podría tratarse sobre la quema de una bruja… o algo así.

– Si algo así… –comentó y empezó a aplicarle el champú– Pete, lamento si ayer me pase de la raya, pero sabes que es solo por joderte.

– ¿Por qué carajos tienes que ser tan cruel conmigo Henrietta?... Maldita.

– No lo digas como si siempre fuera cruel contigo, imbécil. –de otra manera no se encontraría masajeándole los cabellos– Y a veces lo hago porque luces adorable cuando estás enojado.

– Agh… puta mentira, no lo hago. No me gusta que me hagan enojar.

– Sí, si lo haces. Y en el fondo admite que te gusta.

– No me jodas, esta vez no lo conseguirás.

– ¿Qué pretendes?

– Completo silencio. –respondió él haciendo una seña de un cierre sobre su boca. Silencio que se conservó hasta que empezó a enjugarlo.

– Pero por algo te lo digo Pete, eso es lo que piensan los chicos también, en especial Michael… –sabía que fibras tocar.

– No queremos seguir hablando de este tema. –respondió al poco tiempo de tratar de seguir guardando silencio, provocando en la otra una sonrisa de victoria.

– Sí, si queremos.

– Me importa una mierda lo que piense o no Michael.

– No hables mierda que no es así.

– Agh… por Dios. –la peinilla se paseaba por su cabello.

– Es como si digieras que no te importa lo que yo digo.

– No lo hago.

– Entonces por qué mierdas te pusiste tan histérica anoche. –exigió ella.

– Porque hablas una mierda que me saca de quicio, maldito degenerado. ¿Cómo me puedes relacionar con ese wannabe vampir?

– Porque así te ves lindo, mira… fuera de "tu quicio". –le ofreció un espejo de mano.

– ¿Por qué no mejor te callas? –preguntó al recibirlo.

– Porque no me da la puta gana. –respondió entre risitas.

– Agh… Dios… –suspiró– Como todo un culo… –en efecto tenía todo el pelo partido por la mitad– Eres mi peluquera maldita favorita, ¿lo sabias?

– Ay, ya vas a empezar con tus maricadas… –repuso sonriendo– Y sí, lo sé.

– A la próxima voy a resaltar tus más profundas putrefacciones, a ver que se siente, si también te gusta que te hagan enojar.

– Hey… –le miro seria– no me hagas cortarte el cuello con estas tijeras.

– No eres capaz. –resoplo incrédulo.

– Que no… ¿Quieres probar? –puso el filo junto a su yugular– No. Tienes razón, no sería capaz. –replicó luego de unos instantes de contemplarse a los ojos– No con uno de los míos. –aclaró, ambos rieron.

– No soy tuyo. –reprochó.

– ¿Y cómo lo sabes?

– No soy tu objeto o juguete personal.

– ¿Seguro? –replicó incrédula.

– Emmm… pues claro que s-

– Mírate. –le interrumpió señalando su cuerpo de arriba abajo con las tijeras– Eres mi muñeca.

– No soy tu muñeca.

– Pero estoy jugando a las muñecas contigo. ¿Eso que te hace? Du-h.

– En ese caso tú también eres mi muñeca.

– ¿Ah sí?

– Yeah.

– ¿Y por qué?

– Es visto que más tarde estaré haciéndote las uñas. ¿Estuviste jodiendote el esmalte con los dientes otra vez, verdad?

– Yep… maldito… a propósito, ya no las quiero tan largas. Tienes que recortarlas.

– ¿Y eso?

– Para tocar mejor el teclado.

– ¿Segura que será solo el teclado?... –le lanzo una mirada de malicia, ella le miro con enfado– ¡Auh!... ¡Ey!, no me golpees.

– No seas un idiota entonces.

Terminado el corte, procedió a ponerse los guantes azules y preparar los químicos.

– Uy… ahora que lo mencionas, es que ya las tienes como de gárgola.

– No seas exagerado. –rodó los ojos, mientras que con minucia ponía los pliegues de papel aluminio bajo el pelo para aplicar el decolorante.

– ¿Qué no? Curvas, y afiladas. Coño.

– Sí per-

– Y con lo fea, eres como una gárgola que cobró vida… ¡Auh!... pasito Henri.

– Te lo mereces.

– Pura mierda.

– Sigue jodiendo y te dejo con la raíz blanca y el pelo rosado.

– Tal vez debería probar algo nuevo…

– ¿Rosado? ¿En serio? No seas marica.

– Es obvio que no rosado perra.

– ¿Entonces?... –preguntó, luego de un lapso de silencio donde se dedicó a doblar los pliegues de aluminio con el químico.

– No sé… algo más intenso… ¿Naranja?

– Podría ser… pero a la mierda, ya tenemos la pintura roja, para la próxima compramos naranja, si todavía quieres… –proclamó mientras lavaba el recipiente y los utensilios.

– Mh-hm.

– Bien, despíntame las uñas mientras hace efecto esa mierda. –dijo quitándose los guantes, sentándose sobre la tapa del baño a unos centímetros de él.

– Dale. –se puso en pie y busco en la gabinete lo que ya tenía acostumbrado, pasando a correr el banquito donde estaba sentado hasta quedar frente a la otra– Joder, no debí aplicarte tantas capas, que mierdero despintar esto.

– Haha, por pendejo.

– Que chimbada. –puso ahincó en sacar rápidamente el esmalte desgastado–Todo para no se te quiebren fácil, maldita florecita.

– Ah, come mierda, no me digas así.

– Demalas. Te llamo como quiera, muñeca.

– No soy tu muñeca.

– Si lo eres. Eres mi única, y por tanto más apreciada, Dollfie. –dijo mirándola directamente, ella se le escapa una sonrisa, la cual él acompaña.

– A ver, ya es hora de quitarte eso, –replicó cuando él finalizó con su tarea– y así de paso se humedecen las uñas para que te sea fácil cortarlas.

– ¿De verdad quieres cortarlas? –preguntó arrastrando de nuevo al banquito junto a la bañera y acomodándose la toalla en la espalda.

– Sí. No sabes cómo es querer tocar piezas rápidas, se golpean y levantan. Se siente como si me estuvieran enterrando agujas bajo estas.

– Me imagino…

– Una mierda, pero ahora más tarde no serás capaz de seguirme el compás con el bajo.

– Ya lo veremos… –replicó mientras le enjuagaba– Pero no es como si necesitaras tocar rápido… en tu mente siempre resuenan melodías tranquilas y melancólicas, según tengo entendido…

– Sí, pero estoy probando algo nuevo… y este tipo de dolor, no me resulta para nada agradable… ¿suficiente o necesitas más explicaciones? Dios, me siento como en un maldito interrogatorio.

– Es suficiente.

El resto de los procesos de tinturado hicieron en silencio, disfrutando de la música, cantando a coro, bailando levemente en las partes movidas. En medio del proceso la Sra. Biggle se asomó al baño para echarles un ojo además de ofrecerles galletas como siempre, y como siempre Henrietta la devolvería con dos palabras.

– Ya está. Ahora esperar a que se cocine esa torta. –dijo ella al colocarle el gorro de aluminio.

– Ahora los aliens no pueden leer mis pensamientos. –comentó.

– Igualmente, ¿qué les va importar una mierda tus pensamientos homosexuales? –repuso y se quedaron en silencio de pronto incómodo.

– Tienes razón. –respondió él poniéndose en pie– A ver, presta para acá esas garras, gata fiera. –dijo tomándola de la mano y sentándola sobre la tapa del baño.

– Pete, carajo, que no me digas así.

– Te digo como se me dé la puta gana. –comentó volviendo a su labor anterior.

– ¡Ay!... –se quejó retirando la mano– pastito Pete… si te estas vengando es por lo que dije antes, perdón...

– Eehh… pero si no te hice nada, que quejumbrosa eres Henrietta. –replicó entre risitas.

– No lo soy, y no es gracioso… –terminaron con sus tareas y al organizar todos los utensilios, para de nuevo dedicarse a arreglarse, y Pete ponía bastante ahínco en su aspecto– Aww... que ternura como te arreglas para él… –comentó.

– ¿Cthulu?

– No idiota, Michael.

– Deja de hablar mierda, siempre con el mismo temita, no me arreglo para él.

– Una pena que él no sea tan observador como yo.

– Si, gracias a Dios, no me gustaría que él también fuera un pervertido voyeur.

– Oye… no soy una pervertida voyeur.

– Si lo eres, eres una completa fujoshi de mierda…

– Uy… –le dio la espalda– eso dolió…

– Venga, estamos charlando... –dijo colocando una mano sobre su hombro buscando sus ojos con preocupación, ella le miro seria, pero al instante le sonrió con esa típica sonrisa de que había sido broma, por lo que él sonrió tranquilo.


Más tarde se encontraban en el garaje golpeando los instrumentos como si estuviera apostando una carrera. Tanto que empezarían a sudar al rato de estar a ese ritmo, hasta que fueron sorprendidos por Michael y Firkle que llegaban juntos.

– Tocamos New Wave, no Alternativo. –replicó Michael con su voz un tanto trasteada.

– Ammm… nosotros solo estamos calentando, ¿verdad Henrietta?

– Sí. Vamos Pete, acompáñame un minuto a la cocina por café. –al momento de salir se escuchó como la batería se alebrestaba en sonidos estrambóticos y arrítmicos, en compañía de vocales bajos y guturales.

– Tocamos New Wave, no Black Metal. –replicó Pete al volver con dos tazas de café en la mano.

– Lo sé. –repuso Michael alcanzando su taza de él– Solo estamos calentando.

– Entiendo. –dijo pasando a ocupar su lugar junto al bajo– ¿Cómo quedo la canción?

– He sacado algunos estribillos y acordes con mi guitarra, ¿crees que puedas buscar la forma de acoplarte a ellos?

– Yeah… –respondió procurando no mirarlo demasiado, era caso perdido, pero de haberlo hecho se hubiera encontrando también con las miradas furtivas de reojo que Michael le dedicada.

– Firkle ya sabe qué hacer. –comentó el líder de la banda y el aludido asintió en respuesta– Y Henrietta… haz lo que se te dé la gana.

– Como siempre… –replicó ella, y como siempre estos encuentros parecían más bien una sesión de Jam, la cual era grabada y después Henrietta se encargaba de rescatar las mejores partes para que luego cada uno se sentara a analizarla, y procurara sacar los acordes, para luego unirlos todos de manera consistente.

Normalmente se extendían hasta más de la media noche, luego Michael se encargaba de dejar a los otros dos chicos en sus respectivas casas, primero a Firkle, y luego a Pete, pues así lo permitía el camino, lo que no era normal fue el silencio que se presentó entre Pete y Michael al dejar a Firkle, y que se hacía cada vez más incómodo con cada mirada furtiva en la que sus ojos se conectaban y desconectaban en par segundos. Al llegar, Pete le miro directamente y le agradeció, Michael asintió y le dedico una sonrisa de lado, el primero se quedó como congelado, pero eventualmente volvió en sí y se bajó del auto, en la puerta principal se volvió para verlo alejarse y remorderse los labios una vez más.


Sus comentarios son bienvenidos y agradecidos.

Cierto Luis, andas muy poético xD Y sí, así nos tratamos, en parte claro :P Ya que como los chicos góticos no tienen tantos capítulos, una los puede personificar como más como desee. Y es normal que el los procesos de escritura uno se base en lo que conoce y vive, o en lo que ve y escucha por terceros, o por lo que lee, y si no tengo idea de lo que voy a escribir busco hacer investigaciones, para conocer antes de escribir. Entonces sí, las relaciones que aquí presento tienen bases en mi grupo de amigos más cercanos. Oh, y ¿te importaría si utilizo esa frase tan poética más adelante? Esta como para algo que pasa el Jueves xD

Y Coyote, de hecho termine semestre hace una semana, así que si, al fin tiempo libre, gracias a Cthulu. Me voy a dedicar a ver, leer y escribir SP y nah' más :P Mientras espero con ansias la nueva temporada. Así que no me reproches por atacar fanfiction con nuevos caps y déjame ser feliz. xD

Nos leemos (: