Disclaimer: Los personajes conocidos de ésta historia pertenecen a J. K. Rowling, los no conocidos son míos.
Olvidé aclarar que esta historia será un Draco-Hermione
Sin más que añadir a leer!
Capítulo 1: Encuentros en el tren
No era que no agradeciera la ayuda brindada pero sinceramente no entendía muy bien cómo era que había terminado allí, o bueno sí lo sabía, lo que no entendía era cómo lo habían terminado aceptando en aquel lugar y mucho menos después de sus antecedentes, entiéndase su vano intento de asesinar al director al final del curso anterior, por suerte el profesor Snape había llegado a tiempo para impedir que cometiera el mayor error de su vida, aunque la realidad era que nunca había querido lograr el cometido.
Nunca se habría imaginado que su padrino y profesor de Pociones fuese un espía de Dumbledore dentro de las filas del Señor Oscuro, aunque su tía Bellatrix hubiese repetido hasta la saciedad que no confiaba en él, a simple vista la fidelidad de su padrino con respecto al Lord Tenebroso siempre había sido intachable, nunca puesta en duda, ni siquiera por el mismo Lord, pero sólo era a simple vista, una completa fachada, la fidelidad del profesor de Pociones siempre había estado junto al anciano director y entre ambos habían logrado salvarlo de caer en el abismo de tener que lidiar con su consciencia al haber asesinado (aunque no lo reconociera abiertamente) al mejor mago de todos los tiempos.
El profesor Dumbledore siempre había estado al tanto del trabajo que le había encomendado el Señor Tenebroso gracias a la labor espiatoria del profesor Snape, de la presión a la que estaba sometido al ser amenazado con la vida de sus padres y la suya propia si no cumplía el cometido y entre ambos, el profesor Dumbledore y el profesor Snape, habían logrado rescatar y poner a salvo a sus padres lejos de las garras del Lord, habían sacado a su padre de Azkaban y a su madre de la Mansión Malfoy y los habían enviado a quién sabe cual lugar lejos de todo aquello… lejos de él.
Aún no tenía la menor idea de cómo ambos profesores habían logrado rescatar a sus padres, de hecho nadie en aquel lugar la tenía, no habían empleado la ayuda de ninguno de los miembros de la Orden del Fénix, actuaron en el total secretismo y cuando se armó la revolución en la Mansión Malfoy, cuando la noticia de su evidente traición llegó a los oídos del Señor Tenebroso, sus padres ya habían desaparecido. El profesor Dumbledore y el profesor Snape habían logrado burlar al Lord.
¿Qué cómo él sabía todo aquello?, ah sí, lo había olvidado, estaba obteniendo aquella información de la forma más inverosímil pero eso sí… de primera mano. Después de que Snape lo salvara de asesinar a Dumbledore en la torre de Astronomía y ambos profesores le juraran por todos sus ancestros que rescatarían a sus padres, él, Draco Malfoy, fue sacado del colegio a rastras y obligado a enclaustrase en un hospedaje sin fecha de vencimiento en el mismísimo Cuartel General de la Orden del Fénix, ¡así es señoras y señores!, estaba habitando nada más y nada menos que en el número doce de Grimmauld Place y con todo lo que aquella mansión albergaba, entiéndase convivencia obligatoria con San-Potter-cara-rajada, la sabelotodo-insufrible-sangre-sucia-Granger y todo el clan de comadrejas-pelirrojas-Weasley, aquello no podía ser peor.
Lo único que lograba ponerle un poco de sazón a la "linda" experiencia era el retrato de su tía abuela, cuando las cortinas que la cubrían se abrían de par en par y aparecía la vieja loca lanzando insultos e improperios a todos aquellos que osaban pasarle por el frente. O también se podría calificar de interesante la entrada y salida de los miembros de la Orden cuando tenían sus reuniones en la cocina y muchas veces él mismo se sorprendió esperando ver aquella melena negra tan característica de su padrino cuando asistía a las reuniones. Tal vez eso era lo único que lograba sacarlo un poco de la desesperación de tener que vivir en aquella casa, saber que después de todo no se encontraba sólo en eso, que alguien que él apreciaba y que, tal vez en igual medida, lo apreciaba a él estaba a su lado; claro metafóricamente hablando, pues el muy hij%&$/! de su padrino, después de meterlo allí, se había dado a la muy fructífera tarea de ignorarlo olímpicamente, haciendo, si es que se podía, su estadía más "placentera" dentro de aquellas endemoniadas cuatro paredes.
Pero el verano finalmente había terminado y todos los que irían a Hogwarts ese año esperaban en el vestíbulo de la mansión en espera de que un grupo de aurores pertenecientes a la Orden los escoltaran hasta King's Cross.
—No creo que sea una buena idea que él vaya a Hogwarts después de todo lo que sucedió al final del curso pasado —dijo Harry en voz baja a sus amigos que al igual que él y Malfoy esperaban para ser escoltados.
Hermione miró a su amigo tratando de descifrar a qué se refería y vio los ojos del chico mirar a Malfoy que se encontraba de pie en el vestíbulo a unos cuantos pasos de ellos. Harry sólo sabía lo que había visto y oído en la Torre de Astronomía aquella noche y así mismo se los había contado a sus amigos.
—Dumbledore cree que es mejor que asista —respondió Hermione comprendiendo a qué se refería su amigo—, de todas formas, ¿qué le pueden hacer?, mientras esté bajo la protección del profesor Dumbledore no lo podrán tocar.
—Eso dices tú —dijo Ron mirando a su amiga—, pero detrás de las puertas de su casa no creo que Dumbledore pueda hacer mucho. Yo estoy de acuerdo con Harry, no creo que sea buena idea que asista a Hogwarts este año, es seguro que la tomarán con él después de la evidente traición que cometió contra su querido amo.
—Ya, pero estará en Hogwarts, ¿no? —dijo Ginny—, bajo la protección de Dumbledore. No creo que el director lo vaya a dejar sólo en medio de tantos enemigos. Además yo sí creo que es mejor que asista, Dumbledore querrá tenerlo bajo vigilancia durante el año escolar.
—¿Aún no confías en Malfoy, Ginny? —preguntó Harry mirando a la pelirroja.
—No es que no confíe —respondió la muchacha—, después de todo, sus acciones al final del curso anterior, fueron realizadas bajo presión. Creo que él no quería verdaderamente hacerlo. No me gustaría estar alguna vez en su lugar, siendo obligada a asesinar mientras me amenazan con la vida de mis seres queridos y en el caso de Malfoy creo que sus únicos familiares vivos y más cercanos son sus padres. A lo que me refiero es que el profesor Dumbledore preferirá tenerlo cerca para poder ayudarlo en caso de que lo necesite.
—De verdad me conmueven sus palabras —dijo repentinamente una voz que arrastraba las palabras y que conocían demasiado bien como para no saber de quién se trataba. Los cuatro muchachos miraron al rubio que les devolvía la mirada burlón—, pero sinceramente no necesito de su preocupación, sé defenderme muy bien yo sólo.
Harry abrió la boca para hablar pero sus palabras quedaron interrumpidas cuando las puertas de la mansión se abrieron de golpe dejando paso a un grupo de unos quince aurores entre los que pudieron reconocer a Tonks, Lupin, Kingsley Shacklebolt, al señor Weasley y a su hijo Bill. Sin embargo, cualquier cosa que el grupo hubiese querido decir se quedó trabada en sus bocas cuando las cortinas que cubrían el retrato de la madre de Sirius se abrieron y ésta comenzó con su ya bastante común sarta de improperios e insultos contra todos los que se encontraban en el vestíbulo.
—¡Oh, ya cállate, vieja loca! —exclamó Tonks mirando el retrato mientras se acercaba sonriente a los cuatro Gryffindor—. ¿Cómo están? —preguntó por encima de los alaridos de la anciana.
—Bien —respondió Hermione y los demás lo confirmaron devolviendo la sonrisa a la aurora.
—¿Dónde está Molly? —preguntó el señor Weasley mirando el vestíbulo alrededor buscando a su esposa.
—En la cocina —respondió Ginny a su padre—, fue a buscar los bocadillos que nos dará para que merendemos en el tren.
—Voy por ella para apurarla —dijo el señor Weasley entrando por la puerta que daba a la cocina justo en el momento que otra puerta se abría de golpe dejando ver a un hombre de larga cabellera negra.
—¡Cállate, vieja arpía! ¡Cállate! —gritó Sirius Black dando largas zancadas en dirección al cuadro de su anciana madre.
—¿Tú…? —rugió la mujer, mirando con los ojos como platos a aquel hombre—. ¡Traidor, engendro, vergüenza de mi estirpe!
—¡Te digo que te calles! —gritó Sirius nuevamente agarrando las cortinas y azotándolas frente a las narices de su madre cerrándolas de un golpe y cesando los alaridos.
Sirius se apartó el largo y negro cabello del rostro y se giró para mirar a los muchachos con una sonrisa.
—Es una perdida de tiempo que hagas eso —dijo Tonks devolviéndole la sonrisa—, dentro de poco llegara Ojoloco con su escándalo y la vieja comenzará de nuevo su retahíla.
—Qué más da —respondió Sirius agitando su mano despreocupadamente mientras pasaba a un lado de Malfoy y colocaba su otra mano en el hombro del chico—. ¿Cómo estás, muchacho? —preguntó sin abandonar su sonrisa.
El rubio lo miró sobresaltado por la impresión pues no se esperaba ese gesto por parte del hombre pero se recompuso inmediatamente adoptando su familiar pose aristocrática.
—Bien —respondió con cierto desdén y mirando para otro lado en espera de que finalmente lo sacaran de ese antro.
—Me alegra —respondió Sirius aún mostrándole su perfecta dentadura a través de su sonrisa y dándole unas palmadas en el hombro para luego continuar su camino hacia los demás.
—¿No venía el profesor Moody con ustedes? —preguntó Harry cambiando de tema y mirando a Tonks.
—Ya viene —respondió Bill que era el único que no se había alejado mucho de la entrada.
—Sí, está comprobando el camino a la estación —corroboró Tonks.
—¿Iremos caminando de nuevo? —preguntó Ron abriendo los ojos al máximo.
Malfoy miró nuevamente a los aurores que estaban rodeando a los cuatro Gryffindor.
—Lamento decirles que sí —respondió Lupin.
Malfoy lanzó un bufido exasperado que nadie escuchó, ¿encima de todo tendría que caminar por las calles del Londres muggles?, cuando creía que las cosas no podrían empeorar sucede esto, pensó dirigiendo nuevamente su mirada hacia la entrada de la mansión.
—¿El ministerio no ha querido prestarles aunque sea un miserable auto? —preguntó Ron indignado, ¿sería posible que el nuevo ministro ahora también creyera a Harry un bufón mentiroso?.
—Al contrario —respondió Kingsley con su voz profunda—, el ministro nos ofreció tres autos para llevarlos seguros a la estación.
Malfoy volvió a mirar a los aurores, aquello si que no lo comprendía y a juzgar por la expresión en los rostro de los cuatro muchachos delante del auror, ellos tampoco.
—¿Y entonces? —preguntó Hermione que no comprendía por qué irían a pie si el mismo ministro les había ofrecido un medio de transporte más rápido y seguro.
—El problema es que el ministerio no tiene idea que tenemos al joven Malfoy con nosotros —respondió el señor Weasley que regresaba de la cocina junto con su esposa que tenía las manos cargadas de pequeños paquetitos que supusieron eran los bocadillos—, y para ellos, Draco es un mortífago peligroso que no es de fiar.
Malfoy ahogó una carcajada, no había nada más alejado de la realidad.
—Exactamente —dijo Bill, todos miraron al pelirrojo y vieron como el hombre tenía su mirada puesta en Malfoy, él había sido el único que había estado al pendiente de las expresiones del rubio mientras los aurores hablaban con los cuatro muchachos—, no hay nada más alejado de la realidad.
Todos pasaron sus miradas a Malfoy que mantenía la suya fija en el pelirrojo y pudieron distinguir un rastro de sorpresa en sus ojos grises. ¿Acaso le estaba leyendo la mente?. No, se habría dado cuenta inmediatamente de la intromisión a sus pensamientos.
—Sin embargo, nosotros tenemos que resguardar la seguridad del joven Malfoy por órdenes expresas de Dumbledore —dijo Ojoloco Moody que hacía su aparición a través de las puertas de la mansión y entrando al vestíbulo con su característica cojera, llevaba un pañuelo amarrado en la parte de atrás de su cabeza para cubrir su ojo falso. Efectivamente como había predicho Tonks las cortinas de la anciana madre de Sirius se abrieron nuevamente al escuchar las pisadas de la pata de palo de Ojoloco—, y nos hemos visto en la penosa necesidad de rechazar el ofrecimientos que gentilmente nos ha brindado el ministro para evitar escape innecesario de información, así que por esa razón tendremos que ir caminando hasta la estación —agregó levantando la voz por encima de los alaridos, sin embargo en ésta ocasión Sirius no hizo nada para acallar a la mujer—. Ahora bien, King's Cross queda a unos veinte minutos a pie de aquí, ninguno deberá separarse del auror que lo resguarda, en caso de que el líder caiga, es decir yo, los demás seguirán. Sé bien que ya aprendieron a invocar sus Patronus —dijo mirando a los cuatro amigos y éstos asintieron—, pues en caso de que todos caigamos…
—Eso no va a ocurrir, Ojoloco —exclamó Tonks exasperada—. Has comprobado el camino a la estación todos los días en las últimas dos semanas. A menos que una manada de mortífagos nos esté esperando en la plaza apuntándonos con sus varitas no creo que ocurra algo tan catastrófico.
—Todo cabe dentro de las posibilidades, Nymphadora —dijo Ojoloco mirando a su ex-alumna.
—No me llames Nymphadora —exclamó la metamorfomaga apretando los dientes.
—Entonces no cuestiones mis precauciones —respondió Ojoloco—, bien sabes que las cosas han cambiado radicalmente en los últimos días y no es precisamente por mortífagos que me preocupo —miró nuevamente a los cuatro amigos y continuó—. Si todos caemos ustedes enviaran un Patronus a la Orden informándoles su condición y en menos de un minuto un ejército de aurores estarán frente a ustedes respaldándolos. ¿Está claro lo que dije?.
El cuarteto asintió con miedo, ¿podía haber algo peor que los mortífagos?, de hecho sí y en sus mentes se dibujaron las imágenes más horrendas de Dementores, Inferis y cualquier tipo de alimañas desconocidas, además estaban las horribles imágenes que Snape les había enseñado en clase de Defensa el curso anterior. Ojoloco hizo una señal con la mano e inmediatamente cinco aurores se acercaron a los muchachos y tomaron sus baúles arrastrándolos fuera de la mansión. Harry miró a los lados buscando a su padrino para despedirse pero no lo encontró y no tuvo mucho tiempo para buscarlo pues Tonks, Lupin, Kingsley, el señor Weasley y Bill ya los estaban arrastrando a la salida.
—¡Esperen un minuto! —gritó la señora Weasley acercándose a los muchachos—. Tengan para que merienden en el camino —dijo poniendo un paquetito con conservas en las manos de cada uno tan rápidamente que incluso Malfoy recibió uno y ni siquiera tuvo tiempo de sorprenderse o poner cara de asco.
—Tú vendrás conmigo, muchacho —dijo Ojoloco colocándose a un lado de Malfoy y tomando por el brazo al aún sorprendido muchacho para jalarlo hasta la salida junto a los demás—, y me parece que tú no deberías venir —todos miraron al auror sin comprender a que se refería cuando un potente ladrido les hizo dar un brinco, Sirius se había transformado en el enorme perro negro para acompañarlos a la estación y entonces comprendieron que Ojoloco lo había visto a través de su nuca con su ojo mágico—. Has lo que quieras —dijo finalmente el auror como respondiendo al ladrido de Sirius y continuó su camino junto al rubio.
—Está un poco histérico —dijo Tonks quien acompañaba a Harry y refiriéndose a Ojoloco que miraba a todo aquel que se les acercaba lo suficiente, ya llevaban como diez minutos de camino—. No cree que sea una buena idea que mi primo asista este año a Hogwarts pero Dumbledore insistió, así que Moody se ha ofrecido personalmente a escoltarlo hasta la estación.
—Pues a mí tampoco me parece que esa sea una de las ideas más brillantes del profesor Dumbledore —dijo Harry mirando a Malfoy caminar junto al auror unos pasos delante de ellos—. Moody podrá protegerlo durante el camino a la estación pero una vez dentro del tren no va a poder seguir cuidándolo —agregó comprendiendo que aquel día, aparte de él mismo, la persona que corría más peligro en aquella calle era el rubio—, y en Hogwarts, Dumbledore podrá protegerlo en los pasillos del castillo o en sus alrededores pero del otro lado de la puerta de la casa de las serpientes, Malfoy estará solo.
Todos miraron en dirección al muchacho, se podía ver la tensión en el cuerpo del rubio, pero su rostro era totalmente inexpresivo, caminaba a un lado del auror sin mirar a los lados, siempre al frente, dejándose llevar por éste. Ojoloco no lo arrastraba, más bien cualquiera creería (cualquiera que no lo conociera lo suficiente) que se estaba sosteniendo del rubio para caminar. Delante de ellos iba Sirius convertido en el enorme perro negro escoltándolos a todos.
Malfoy se sentía incomodo, aquel hombre le traía malos recuerdos, tal vez en aquel momento quien lo transformó en hurón no fuera más que un impostor del auror pero de igual forma no podía evitar sentirse tenso ante la mano que se aferraba a él y lo guiaba con una seguridad y autoridad que casi sentía que estaba siendo llevado a su juicio final.
—Por eso quería pedirles algo —dijo Tonks usando un tono de voz más bajo, aunque con el ruido que hacia en aquella calle eso era completamente innecesario—, sé que ustedes no se la llevan muy bien con mi primo, pero… —la aurora se contuvo al ver las expresiones en los rostros de los cuatro muchachos.
—Él jamás aceptaría la ayuda de nosotros, Tonks —dijo Ron mirando a la mujer y adivinando el final de su petición.
—La realidad en todo esto es que ya la aceptó —dijo Bill que escoltaba a sus hermanos junto a su padre.
—Eso es verdad —agregó Hermione mirando a sus amigos—. Él aceptó la ayuda de la Orden y fue a vivir a Grimmauld Place con nosotros, tal vez no haya sido fácil para él tomar una decisión así, pero al fin y al cabo lo hizo, estuvimos conviviendo durante todo el verano sin mayores contratiempos.
—Sí, bueno, tú lo has dicho, aceptó la ayuda de la Orden no de nosotros —dijo Ron mirando a su amiga—, y se vio obligado a convivir con nosotros al no tener una mejor opción. Mira —agregó cuando vio a su amiga abrir la boca de nuevo para refutarle—, no he dicho en ningún momento que no esté dispuesto a ayudarle, lo estoy, lo juro y estoy seguro de que tú, Harry y Ginny también lo están, el problema es él y toda una vida de basurero en su cerebro, eso va a ser una barrera para nosotros cuando tratemos de ayudarle, no me extrañaría que a la primera que lo intentemos su agradecimiento sea una tanda de maldiciones contra nosotros.
—Jamás en mi vida pensé que diría esto pero… Ron tiene razón —dijo Ginny, miró al pelirrojo—. Parece que por fin has madurado, hermanito —agregó sonriendo y pasando su mano por el cabello rojo de su gemelo despeinándolo haciendo que Ron protestara.
—Graciosa —refutó el pelirrojo lanzándole una mirada ofendida a su hermana aunque la ligera sonrisa en sus labios le restaba dramatismo.
—Malfoy nunca va a permitirse recibir la ayuda de dos Comadrejas pobretonas, el cara-rajada San Potter y la sabelotodo insufrible Granger —continuó Ginny sin prestar atención a su hermano.
Los tres muchachos se quedaron sin habla ante las expresiones de la pelirroja. Si bien era cierto que, desde los primeros años en Hogwarts, Malfoy los renombró con aquellos apelativos, durante aquel verano había por lo menos intentado no llamarlos de aquella forma sino más bien y únicamente por sus apellidos, especialmente cuando se lo cruzaban en los pasillos o en la entrada y salida a la cocina y sólo acompañado de un escueto saludo o asentimiento de cabeza.
—Él aceptó la ayuda de la Orden en su momento y eventualmente aceptará la de ustedes, eso si de verdad están dispuestos a dársela—dijo Lupin.
—Estamos dispuestos —respondió Harry con seguridad y sus tres amigos lo secundaron con asentimientos de cabeza—. No hemos olvidado como Malfoy nos hizo la vida imposible desde nuestro primer año en Hogwarts, pero eso no significa que lo dejaremos morir si tenemos la oportunidad y los medios para salvarlo.
—Que lo ayudemos no significa que nos vayamos a convertir de la noche a la mañana en amigos incondicionales —dijo Ron mirando a Lupin—. Pero como ya dije el problema es que Malfoy acepte nuestra ayuda, no creo que para él sea tan fácil alejar sus prejuicios.
Lupin sonrió con orgullo al escuchar aquellas palabras, después de todo, aquellos muchachos estaban dispuestos a dejar de lado toda una vida de humillaciones por parte del joven Malfoy y ayudarlo cuando lo necesitara, aunque éste último tal vez no estuviera tan dispuesto a aceptarla.
—La aceptará —dijo Lupin mirando la espalda de Malfoy pues éste caminaba junto a Ojoloco delante del grupo.
—¿Cómo puede estar tan seguro de eso? —preguntó Harry mirando a Lupin con el ceño fruncido en un gesto de incomprensión.
—Tú eres la nueva Premio Anual, ¿no Hermione? —preguntó Kingsley con su voz profunda mirando a la castaña que era escoltada por él. La muchacha asintió un poco confundida por el cambio tan brusco de tema y no era la única. Harry, Ron y Ginny también miraban con extrañeza al auror—. Pues el puesto de segundo Premio Anual fue otorgado al joven Malfoy —continuó el auror y el comentario habría pasado desapercibido de no ser por el cambio brusco que se produjo en la expresión de Hermione, pues la muchacha abrió los ojos al máximo de sus capacidades en una inconfundible expresión de sorpresa—. Sabes lo que eso significa, ¿verdad?.
Harry y Ron miraban alternativamente al moreno y a la chica sin comprender absolutamente nada de lo que hablaban. Ginny en cambio parecía sí comprender a que se refería el auror pues aunque su expresión no era como la de su amiga si estaba sorprendida ante la declaración del hombre.
—¿Qué es lo que pasa con eso? —preguntó Ron finalmente cuando la explicación esperada seguía ausente y más bien la respuesta silenciosa era la repentina palidez de su amiga.
—Ha habido ciertos cambios este año en las normas para los Premios Anuales por ordenes del mismo Dumbledore —respondió Lupin—, precisamente para resguardar la seguridad de Draco, aunque por supuesto frente al resto del alumnado serán otros los motivos de estos cambios.
—Para lograr eso tendría que sacarlo del nido de las serpientes —dijo Ron aún sin comprender la expresión de Hermione que ya comenzaba a adoptar un tono de piel ligeramente verde—, y eso no puede hacerlo pues el Sombrero Seleccionador lo colocó allí en su primer año.
—Para sacarlo de allí no necesita sacarlo de Slytherin —dijo Ginny como si nada.
Harry y Ron la miraron con una expresión que decía claramente: "tú sabes algo".
—Hermione les explicará luego —dijo Kingsley antes de los dos muchachos comenzaran a hacer preguntas de nuevo y empujando a la castaña para acelerar el paso—, ya hemos llegado.
Los cuatro amigos miraron y se encontraron de frente con la entrada de King's Cross. Cuando entraron, los cinco aurores que habían estado llevándoles los baúles ahora empujaban sendos carritos en dirección a la barrera que los llevaría al andén 9¾. Uno a uno, todos con su respectivo auror, fueron traspasando el muro para finalmente encontrarse del otro lado con el tren que los llevaría a cursar su séptimo y último año en Hogwarts, éste les esperaba lanzando humaredas de vapor por su chimenea como dando la bienvenida a los estudiantes.
Ojoloco soltó el brazo de Malfoy y el muchacho subió al tren, tomó el baúl que los aurores ya se habían encargado de subir al vagón, se despidió de todos con un asentimiento de cabeza e inmediatamente se perdió de vista entre el alumnado a través del pasillo.
—Que tengan un buen año —dijo Tonks sonriendo a los muchachos.
Un ladrido potente fue la despedida de Sirius mientras movía la cola y recostaba su cuerpo peludo en el cuerpo de los cuatro amigos haciéndolos reír. Se despidieron de todos los demás y subieron al tren. Al mirar por la ventana, vieron al señor Weasley, Bill y Tonks despedirse de ellos con la mano mientras Sirius no dejaba de corretear alrededor de ellos claramente emocionado de encontrase allí. Ojoloco, Lupin y Kingsley se encontraban a unos pasos de ellos enfrascados en una ardua conversación. Los demás aurores se habían esparcido a lo largo del andén haciendo vigilia.
—Realmente dudo que éste vaya a ser un buen año para él —dijo Ginny dando un suspiro viendo al grupo de tres aurores que conversaban, deduciendo, al igual que sus amigos, que estaban hablando de Malfoy.
—Y para nosotros será una verdadera aventura —dijo Ron también dando un suspiro y tomando su baúl para comenzar a buscar un compartimiento vacío—, como si no tuviéramos suficiente con lo de los horrocruxes ahora también tendremos que rebanarnos los sesos buscando la manera de ayudarle sin que él se entere.
Harry lo miró atónito.
—Como dije antes no creo que Malfoy permita que le ayudamos —explicó Ron al ver la expresión de su amigo—, así que supongo que tendremos que buscar la manera de hacerlo sin que él se entere de que lo hacemos.
Harry lo miró con cierto pánico.
—Si Malfoy se llega a enterar creo que preferiré la tanda de maldiciones como agradecimiento —dijo Harry.
—¿Sí?, pues yo no —dijo Ron mirando por el cristal de uno de los compartimientos—, este está vacío —dijo abriendo la puerta para meter el baúl, sus dos amigos y hermana lo siguieron—, y no porque le tenga miedo al rubio oxigenado sino porque no quiero seguir con las mismas rencillas de años anteriores —dijo colocando el baúl en la rejilla del compartimiento y ayudando a su hermana y a su amiga a colocarlos también.
Todos se le quedaron mirando sorprendidos.
—¿Qué? —preguntó Ron sentándose en uno de los asientos.
—Realmente has madurado, Ron —dijo Hermione con una sonrisa.
—Sí, estoy muy orgullosa de ti, hermanito —dijo Ginny sonriendo también y pasando por segunda vez sus manos por el cabello de su gemelo pero esta vez lo hizo con más ahínco dejándolo como si le hubiese pasado un tornado por la cabeza haciendo que todos rieran ante el aspecto que presentaba el pelirrojo.
—¡Deja de hacer eso, Ginny! —exclamó Ron exasperado tratando de peinarse de nuevo mientras Ginny se sentaba a un lado de él—. Y no entiendo porque la sorpresa, hasta papá a dejado atrás los problemas que hubiese podido tener en el pasado con Lucius Malfoy para protegerlo junto con la orden, ¿por qué yo no habría de hacer lo mismo con Malfoy?, además todos maduramos, ¿no?.
—Sí, pero tienes que reconocer que tú te estabas tardando —dijo Hermione quien no se había sentado como los demás—. Y cambiando de tema, creo que nosotros deberíamos ir al compartimiento de prefectos —agregó señalando a Ron, a Ginny y a sí misma.
—Querrás decir Ginny y yo —respondió Ron—, recuerda que ahora tú eres Premio Anual.
—Lo que me recuerda —dijo Harry de repente—. ¿Qué es lo que tienes que contarnos, Hermione?.
—Luego les cuento sobre eso, lo prometo —dijo Hermione y regresó su mirada a Ron—. Los Premios Anuales también nos reunimos en el compartimiento de prefectos, Ron —agregó cruzando el compartimiento y llegando a la puerta—, así que vamos.
Ginny y Ron dirigieron sus ojos a Harry disculpándose con la mirada y salieron detrás de Hermione. Harry no tuvo más alternativa que recostarse del asiento y mirar por la ventana mientras los paisajes cambiaban a medida que iban avanzando.
Después de varias horas sintió un ruido extraño que lo sacó del estupor en el que había caído en medio de su soledad. Miró su reloj, aunque sabía que debían ser pasadas las doce, pues el carrito de las comidas había pasado justo a las doce frente a su compartimiento. Miró a los lados tratando de descifrar de donde había provenido aquel ruido cuando éste se repitió. Era como un gemido.
Harry miró por la ventana y nuevamente dentro del compartimiento, su primera impresión era que probablemente se había metido algún animal y estaba produciendo aquel extraño ruido. Estaba en sus cavilaciones cuando el ruido volvió a repetirse pero está vez acompañado de un golpe sordo y varias murmuraciones.
Harry miró hacia la puerta de su compartimiento, el ruido provenía del compartimiento contiguo y entonces fue cuando escuchó más ruido y aquella voz inconfundible que arrastraba las palabras mezclada con otras que no reconocía.
Harry se puso de pie de un salto sacando su varita, salió de su compartimiento y sin pensarlo dos veces abrió el compartimiento de al lado. Efectivamente, como había creído se trataba de Malfoy, pero no estaba solo, varios Slytherin estaban con él y pudo reconocer a Crabbe y Goyle entre ellos. El primer pensamiento de Harry fue levantar la varita y apuntarlos, pues al ver a Malfoy éste se encontraba sostenido de los brazos por dos Slytherin y con el rostro y los brazos llenos de moretones, lo estaban golpeando.
—¡Aléjense de él! —exclamó Harry en un intento por alejar a los Slytherin del rubio.
—Baja la varita, Potter —a Harry le tomó unos segundos reconocer que la voz que le había dado la orden era la de Malfoy—. Te he dicho que bajes la varita —repitió cuando vio que Harry no había hecho ademán de querer obedecerle.
—¿Eres idiota, Potter? —preguntó una voz femenina proveniente de un rincón y Pansy Parkinson hizo aparición por detrás de los dos Slytherin que sostenían a Malfoy de los brazos. Un momento… sostenían a Malfoy, fue en ese momento que se percató de la realidad de la situación, el rubio no estaba siendo lastimado por aquel grupo de Slytherin que se encontraban allí, estaba siendo ayudado, lo que significaba que estos lo habían salvado de quien fuera que lo hubiese golpeado—. Venir aquí a un compartimiento lleno de Slytherin y además sólo —continuó Pansy aún dirigiendo sus pasos hacia el chico.
—Pensé que estaban… —comenzó Harry pero fue interrumpido por un chico castaño que sostenía a Malfoy de uno de sus brazos.
—Jamás golpearíamos a nuestro amigo, imbécil —dijo el chico y ayudado por el chico moreno que había visto en el compartimiento de Slughorn el año pasado y que sostenía a Malfoy por el otro brazo, lo descargaron en uno de los asientos acostándolo a lo largo.
Si mal no recordaba ese chico era Blaise Zabini y el castaño era Theodore Nott. Harry miró el compartimiento por primera vez, recorriendo los rostros con su mirada, estaban Crabbe y Goyle como efectivamente había reconocido en un primer vistazo, pero ellos estaban recostados del ventanal con los brazos cruzados, ya no se les veía la gordura que los caracterizaba en primero, ahora parecían haberse ejercitado y sus robustos cuerpos ahora eran macizas bolas de músculos, parecían luchadores profesionales, el cabello ahora lo tenían con un corte a cepillo muy parecido al que usaban los militares.
Pansy Parkinson ya no tenía su cabello negro corto por encima de los hombros como en primero, sino más bien largo y liso pasándole un poco por debajo de los hombros en un corte disparejo, con un flequillo de lado que le tapaba parcialmente los ojos, sus facciones habían mejorado mucho a como las recordaba en los primeros años de colegio.
También estaban dos rubias que reconocía como las hermanas gemelas Greengrass pero no conocía sus nombres, estaban sentadas en el asiento frente al que habían recostado a Malfoy y miraban a Harry con sus ojos azules y brillantes muy serias.
Y por último estaban los dos Slytherin que habían ayudado a Malfoy a recostarse del asiento; Theodore Nott era un muchacho castaño, de cabello liso, que se lo dejaba un poco largo y Blaise Zabini tenía el cabello muy corto pero no tanto como el de Crabbe y Goyle, se podía decir que ambos muchachos tenían la misma contextura que Harry y Malfoy, aunque Blaise era un poco más robusto y más alto debido a su raza negra.
—¿Qué le sucedió a Malfoy? —preguntó Harry que comenzaba a bajar su varita al confirmar que efectivamente esos Slytherin no estaban dañando al rubio, sino al contrario, estaban ayudándolo, al parecer también habían amistades fieles dentro de Slytherin.
—Deberías cambiarte las gafas, Potter —dijo Zabini incorporándose después de examinar a su amigo—, porque o es que definitivamente ya no te sirven o eres un tarado mental que no puede ver lo evidente.
Nott, Parkinson y Malfoy, aunque adolorido, rieron ante el comentario del chico. Harry se sorprendió de ver que ni las dos rubias ni Crabbe y Goyle participaban del "chiste".
—¿Qué crees que le puede haber sucedido si lo estás viendo golpeado y medio muerto? —preguntó finalmente Goyle cuando las risas se extinguieron.
—Oye, tampoco, si estuviera medio muerto no me reiría —se quejó Malfoy tratando de incorporarse pero el evidente dolor en sus costillas no se lo permitió.
—¿Quién lo hizo? —preguntó Harry mirando directamente a Goyle que parecía ser el único dispuesto a hablar sin tono de burla en aquel compartimiento.
—¿Qué?, ¿ya no somos nosotros? —preguntó Pansy burlonamente mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.
—No estaría preguntando si creyera que ustedes lo golpearon —dijo Harry con enojo mirando a la pelinegra.
—Pues no fue eso lo que demostraste cuando entraste aquí —continuó Pansy dando media vuelta y regresando sobre sus pasos para sentarse junto a las gemelas Greengrass.
—Mira Parkinson —dijo Harry exasperado—, creo que me va a dar jaqueca —murmuró cerrando los ojos y frotándose el entrecejo— admito que en un primer momento eso fue lo que me pareció —agregó mirando nuevamente a la pelinegra—, pero después me di cuenta que ustedes lo estaban ayudando, ¿contenta?. Sino por qué crees que bajé mi varita.
—Bueno, siempre he pensado que eres un poco idiota —respondió Pansy llamando nuevamente las risas de Nott, Zabini y Malfoy.
Harry se llevó una mano al puente de la nariz exasperado, sinceramente no entendía que hacía él allí entre ese nido de víboras, los Slytherin nunca cambiarían.
Ya estaba contemplando la posibilidad de dar media vuelta y marcharse cuando la repentina voz de Goyle lo hizo desistir.
—Pregúntaselo a él —dijo el muchacho señalando con la cabeza a Malfoy—, a ver si tienes más suerte que nosotros y te dice quien le ha hecho eso, aunque lo dudo.
—No estaríamos aquí si lo supiéramos —dijo Crabbe—, pero créeme Malfoy que lo averiguaremos aunque no sea por tu boca.
—Ya déjenlo —dijo Malfoy en un tono molesto—. Es un idiota…
—¿Un idiota? —preguntó una de las gemelas rubias—. Malfoy mira nada más como te ha dejado —agregó señalando indignada a su amigo.
—Eso no te lo hizo una sola persona —dijo Goyle—, fueron más de una o de lo contrario habrías podido defenderte.
—¿Saben qué?, ¡lárguense de aquí! —exclamó Malfoy incorporándose en el asiento como pudo a pesar del dolor que sentía—, no necesito la ayuda de nadie, ¿entienden?. Y eso también va para ti Potter y para tu escuadrón de la justicia.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó una voz masculina proveniente del pasillo.
—Llegó el que faltaba —exclamó Malfoy en un suspiro al reconocer la voz justo cuando el pecoso rostro de Ron se asomaba por la puerta y los de Hermione y Ginny lo seguían detrás.
—¡Por Merlín, ¿qué le han hecho?! —exclamó Hermione al ver el rostro amoratado de Malfoy e inmediatamente los tres sacaban sus varitas y apuntaban a todos los Slytherin que se encontraban allí.
—Y aquí vamos de nuevo —dijo Pansy lanzando un suspiro exasperado.
—Malfoy deja de ser tan majadero y permite que te ayude, ¿sí? —decía Harry en un intento de que el rubio se estuviera quieto.
—¡Aléjate de mí! —exclamaba el chico que a esas alturas se encontraba acurrucado sobre el asiento entre el ventanal y Hermione.
Harry, después de impedir que sus tres amigos acribillaran a hechizos a los Slytherin, les había explicado la realidad de lo que estaba ocurriendo en aquel compartimiento y Hermione se había ofrecido amablemente a tratar de sanar las heridas del rubio mientras llegaban al castillo y podían trasladarlo a la enfermería, lo único malo es que Malfoy parecía haberse convertido en el masoquista número uno y prefería seguir aguantándose los dolores.
—Me vas a obligar a lanzarte un Petrificus —dijo Harry tratando de no reír ante la imagen que le presentaba el rubio—. Y créeme que ganas no me faltan.
Malfoy miraba a sus amigos buscando ayuda pero estos parecían haber decidido de forma unánime hacerse a un lado e ignorarlo olímpicamente, dejándolo a merced de aquellos dos dementes que cada vez se le acercaban más. Vaya buenos amigos que se traía.
—Yo pudiera hacer los honores —dijo Ron que junto a Ginny se encontraban aún de pie en la puerta del compartimiento, pero ellos, al contrario de Harry, no disimulaban lo gracioso que les parecía la escena y reían a mandíbula batiente impidiendo que Harry y Hermione pudieran lograr que el rubio se dejara ayudar.
—¡Quieren parar de reírse! —exclamó Hermione exasperada incorporándose de golpe pues había estado inclinada tratando de hacer que Malfoy la dejara examinarlo—. ¡Si no van a ser de ayuda entonces desaparezcan!
Aquello hizo que la risa de los dos pelirrojos se paralizara en el acto, aunque tenían ventaja sobre la muchacha, se amilanaron ante la mirada fulminante que les dirigía la chica, haciendo que esta vez fueran los Slytherin los que empezaran a reír.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Ron con malas pulgas mirando a los Slytherin.
—Que no sabíamos que habían cambiado de progenitora —respondió Pansy sin dejar de reírse.
Ron imitó una risa sarcástica y aburrida mirando a Pansy.
—Muy graciosa —dijo el pelirrojo—, me parto de risa.
—Déjalos, Ron —dijo Ginny también mirando a Pansy—, lo que sucede es que ellos aún no conocen las consecuencias de hacer enojar a Hermione. Y nosotros preferimos seguir teniendo nuestros miembros en sus lugares correctos.
Aquello paralizó la risa de los Slytherin que ahora les dirigían una mirada mezcla de asco y pánico y luego miraron a Hermione que ya había vuelto a la labor de intentar que Malfoy la dejara acercarse lo suficiente como para poder repararle alguna costilla.
—¿Chicos? —preguntó una voz masculina detrás de los pelirrojos—. ¿Qué hacen aquí?
Todos se voltearon y vieron a Neville Longbottom junto a Luna Lovegood parados en el umbral de la puerta.
—¡Oh!, ¿pero qué le ha pasado? —preguntó Luna viendo los moretones de Malfoy.
—¿Siempre es el mismo ritual con ustedes? —preguntó Pansy Parkinson exasperada—. ¿Primero la pregunta estúpida y luego sacan las varitas dispuestos a maldecirnos hasta la locura?
Luna la miró con sus ojos soñadores.
—Yo no tenía pensado maldecirte —respondió la rubia—, y la pregunta es razonable pues pudo haberle sucedido cualquier cosa, ¿no crees?. Pudo haberse caído de una escoba, aunque dentro de un tren sería muy extraño caerse de una escoba, a menos que estuviera volando por los pasillos pero entonces alguien pudiera haberlo visto y entonces habría estado en problemas —los Slytherin miraban a la rubia como si no la hubieran visto nunca—, también pudo haberse caído por las escaleras, aunque en el tren no hay escaleras —Ron cerró los ojos perdiendo la paciencia ante los locos razonamientos de Luna, aquella chica siempre lograba sacarlo de quicio, Ginny en cambio disfrutaba escuchando a la rubia que siempre lograba hacerla reír—. También pudo haber tropezado, aunque tiene muchos hematomas como para haber sólo tropezado y caído, también…
—¡YA! —fue el grito exasperado de Hermione quien interrumpió; ésta se incorporaba nuevamente y miraba a la rubia, pero al ver su expresión de sorpresa y sus ojos soñadores mirándola extrañada por su grito no pudo reclamarle como lo había hecho con los pelirrojos minutos antes, respiró profundamente tranquilizándose—. Luna, a Malfoy lo golpearon, por eso son los moretones —le dijo con una voz suave.
—¡Oh!, fue eso —exclamó la rubia abriendo los ojos con sorpresa—. Ya entiendo porque está rodeado de Morglos.
—¿De qué? —preguntó Neville mirando a su amiga.
—Morglos, tiene muchos rondándole —dijo la muchacha señalando a Malfoy con su dedo índice. Todos miraron al rubio para ver a qué se estaba refiriendo Luna, incluso él mismo se miró pero como era de esperar no consiguieron nada extraño volando a su alrededor—. Ellos disfrutan de la violencia y se alimentan de las energías que son expulsadas en una pelea, los que te golpearon deben estar también repletos de ellos.
—Sabía que estaba loca de remate pero esto es demasiado —dijo Pansy con la boca abierta mirando a la rubia.
Nott por el contrario se puso de pie y se acercó a Luna.
—¿Has visto más de esos… cómo dijiste que se llamaban? —preguntó el castaño deteniéndose frente a Luna.
—Morglos —respondió la rubia mirando directamente los ojos celestes del muchacho y Malfoy supo a donde quería llegar su amigo.
—Nott no puedes estar hablando en serio —exclamó el rubio casi en un tono de burla, aunque bien sabía que la locura de Luna podía echarlo todo a perder—, no puedes creer lo que dice.
—Calla, Malfoy —dijo Crabbe levantándose del asiento junto a Goyle y comprendiendo a donde quería llegar el castaño.
—Bien, Morglos —repitió Nott sin apartar la vista de Luna—, ¿has visto más de esos… Morglos en el tren?
Luna lo miró un momento y luego asintió.
—Sí, en uno de los primeros compartimientos —respondió la muchacha inocentemente—. Cuando los vi me extrañé mucho, pero ahora entiendo por qué estaban allí.
—¿De casualidad lograste ver quien estaba dentro de ese compartimiento? —preguntó Nott sin dejar de mirar a Luna.
—Sí, pero no conozco sus nombres —respondió Luna con su mirada soñadora—. Lo único que sé es que todos eran Slytherin y uno de ellos me llamó la atención porque tenía los pómulos muy pronunciados, no me gusta hablar mal de las personas pero ese muchacho se veía realmente feo.
—¡Baddock! —susurró una de las chicas rubias abriendo los ojos al máximo.
—¡Calla, Astoria! —exclamó Malfoy de malas pulgas mirando a la muchacha.
—¡Oye, no le hables así a mi hermana! —exclamó la gemela mirando al rubio resentida.
—Tranquila, Daphne —habló Pansy antes de que Malfoy respondiera—, sólo míralo.
La muchacha obedeció. Malfoy sudaba nervioso y miraba a Lovegood de forma tal que si tuviera la capacidad de lanzar flechas con los ojos la chica a esas alturas ya estaría tendida en el suelo, acribillada.
—Fueron ellos, ¿verdad? —preguntó Crabbe en un susurro mirando a su rubio amigo—. Fueron Baddock y su asquerosa pandilla los que te golpearon, ¿cierto?.
Malfoy no respondió, sin embargo, la palidez que comenzaba a apoderarse de su rostro lo hizo por él. Maldijo para sus adentros los malditos bichos que sólo Lovegood era capaz de ver y maldijo a la rubia por ser tan loca como para verlos y además salir de lengua de sapo a gritarlo a los cuatro vientos.
Lo único que los demás supieron después fue de una gran mole que salió como un bólido del compartimiento.
—¡Goyle! —gritó Malfoy tratando de levantarse del asiento pero Harry se lo impidió— ¡Detenlo! —agregó mirando a Nott y sin detenerse a detallar quien era la persona que lo estaba sosteniendo para que no se levantara.
El castaño corrió hacia la puerta pero Goyle ya había desaparecido por el pasillo.
—Te dije que nos enteraríamos así no fuera por tu boca, Malfoy —dijo Crabbe cruzando el compartimiento para salir detrás de su amigo—, y ni se te ocurra detenerme —agregó señalando a Nott amenazante cuando éste hizo ademán de impedirle el paso—. Y por cierto, muchas gracias por tu ayuda, Luna Lovegood.
—No hay de qué —respondió Luna con una sonrisa sincera.
El muchacho le hizo un gesto con la cabeza y terminó de salir del compartimiento para luego perderse por el pasillo detrás de su amigo.
—Creo que es mejor que vayan los dos —dijo Pansy dando un suspiro—, así pueden ayudarse el uno al otro.
—Luna —dijo Ginny mirando a la rubia con una ligera sonrisa en los labios—, creo que se te ha ido la lengua hasta Australia.
A lo que la rubia respondió con otra radiante sonrisa.
Espero disfruten este primer capítulo y comenten sus opiniones, maldiciones, etc por un review...
Con cariño
gaby_scorpio
