Hola a todos :). Este es mi segundo one-shot de Shuuhei y Matsumoto. Pronto debo subir una historia nueva, pero esta es un Histumatsu, solo que quiero tenerla completa antes de subirla (porque sino nunca termino completando las historias si no son one-shots). Muchas gracias por leer mi fic.
Espero que disfruten mi segundo one-shot y nos leemos en breve. Nuevamente gracias por tomarse el tiempo de leer. Cualquier crítica o sugerencia es siempre aceptada. Que lo disfruten!
MÍA
Los cerezos estaban floreciendo, una cálida brisa soplaba y agitaba las ramas de los árboles, los grillos comenzaban a chirriar. Todo indicaba que la primavera se encontraba próxima.
Era una maravillosa y cálida noche estrellada y por las calles del rungokai caminaba el teniente del noveno escuadrón, despreocupado. Ese día su capitán le había permitido el retirarse antes, por lo que había tenido mucho tiempo libre, el cual no supo en que gastar. Se dejó acariciar por aquella suave y reconfortante brisa.
Había acordado con los tenientes del tercer y sexto escuadrón ir por algo para beber aquella noche, como en realidad era su costumbre. Se rumoreaba que por causa del alcohol, el hígado de Shuuhei Hisagi se encontraba en pésimas condiciones y así seguiría estando porque -a pesar de ser un hombre muy inteligente- no pensaba renunciar al único momento en que podía estar con ella.
Aquella noche se sentía particularmente bien, por algún extraño motivo que no podía llegar a identificar. Se sentía enérgico, alegre y extrañamente confiado.
Mientras se dirigía a encontrarse con Renji y Kira sintió su reiatsu cerca de él. Se le puso la piel de gallina al sentirla. Volteó y miró para todos los lados posibles, buscándola. Comenzó a caminar y terminó corriendo para buscarla, finalmente su reiatsu lo llevó a un pequeño bar que jamás había visto, lo cual era extraño porque conocía de memoria cada bar del rungokai.
Entró, era un lugar pequeño y modesto con un fuerte olor a alcohol. Antes de que pudiese acercarse alguien a ofrecerle una mesa o un salón, se dirigió a uno de los pequeños salones privados en donde se suponía que ella estaba. Cuando abrió la puerta, allí la encontró.
Absolutamente sola, sus ojos estaban rojos y su rímel corrido a causa de las lágrimas, tratando de ahogar sus penas en alcohol. Shuuhei la vio tan frágil. Si bien él era su compañero de bebidas, le dolía muchísimo verla así, tratando de olvidar con la ayuda del alcohol.
-¿Matsumoto?-preguntó cerrando la puerta tras de sí.
Ella –que no había parecido notar su presencia ni que la puerta se había abierto violentamente- levantó su mirada llena de lágrimas, las cuales al instante secó con el dorso de su mano y cambió su mueca de dolor por una sonrisa.
-Hisagi, es bueno verte por aquí. Dime ¿Cómo llegaste? ¿Cómo supiste donde estaba?-quiso ponerse de pie, pero el alcohol que había ingerido se lo imposibilitó, así que volvió a caer al suelo. Rápidamente el se acercó a ayudarla.
-¿Qué ocurre?-preguntó notoriamente preocupado, sentándose a su lado.
-Nada, nada. Todo está bien. ¿Por qué lo preguntas?-ni su fingida sonrisa ni sus palabras no lo engañaban. Shuuhei Hisagi conocía a aquella mujer como a la palma de su mano, a pesar de no ser más que simples compañeros de copas.
-Puedo notar en tu mirada algo que te preocupa, algo que te aqueja. No es la mirada de siempre. Por favor dime, quiero ayudarte-insistió.
Le sorprendió saber que aquel hombre podía saber que ella estaba mintiendo, normalmente cualquier persona le hubiese creído, sabía que sus actuaciones eran muy buenas. Creyó sentir una verdadera preocupación por parte de él.
Permaneció en silencio, inmutable, sin mover un músculo de su cuerpo.
¿Por qué estaba así? Era simple: GIN. Otra vez y siempre, Gin.
¿Qué había hecho esta vez? Lo de siempre. La había abandonado a su suerte una vez más. La había engañado. Había tomado el corazón de la joven rubia y lo había pisoteado y tirado a la basura, como hacía siempre.
Y eso era algo que Shuuhei sabía perfectamente y por eso lo odiaba en silencio –así como la amaba a ella-.
Pasó el dorso de su mano por aquel perfecto rostro de porcelana, suave como una rosa. Intentaba tranquilizarla. Él más que nadie quería que ella se encontrase bien, porque le encantaba aquella enérgica mujer que contagiaba alegría de la cual se había enamorado.
-Confía en mí, por favor-Le dedicó una mirada llena de ternura y comprensión-Quiero ayudarte.
Aquellos hermosos e intensos ojos negros se encontraron con sus ojos color cielo, rojos de tanto llorar y llenos de lágrimas. Rangiku parpadeó numerosas veces intentando contener las lágrimas.
-Estoy cansada de ser un trapo de piso para él-finalmente dijo bajando la mirada, decepcionada de sí misma por sentirse así, y por permitirle a Gin Ichimaru jugar con ella como si fuese un juguete, y luego descartarla cuando ya se hubiese cansado-Pareciera que soy de su propiedad.
Aquella última frase heló el corazón de Shuuhei, recordó una ocasión en la que Ichimaru le dijo aquella misma frase, cuando se enteró de lo que él sentía por "SU" Rangiku.
El joven pelinegro se encontraba realizando algunas diligencias que su capitán le había encargado. Finalmente había terminado unos trámites en el cuarto escuadrón y ahora debía dirigirse al tercero, para entregarle unos papeles a su capitán y al fin terminar la jornada e ir por un poco de sake.
En la entrada se cruzó con el teniente de ese escuadrón –y también su amigo- Kira. Le dijo que su capitán se encontraba en su oficina, que pasara y tocase la puerta, y así lo hizo.
-Adelante-oyó del otro lado de la puerta. La abrió y fue recibido por un hombre de cabellos plateados y sonrisa de zorro, una sonrisa que siempre le había molestado.
Odiaba a ese hombre y ¿Los motivos? Eran más que obvios. Pero a pesar de ello le debía respeto por ser un capitán.
-Ichimaru Taichou, Tousen Taichou manda estos papeles para usted. Me encargó decirle que son de suma importancia que los vea a la brevedad-dijo haciendo una reverencia y entregando los papeles a Gin, quien los tomó con aquellos largos y huesudos dedos.
-Muchas gracias, Hisagi fukutaichou. En cuanto los tenga listos los enviaré con Kira. ¿Necesita algo más?-ni por un instante cambió su tono de voz ni dejo de sonreír, era perturbador. Parecía un hombre sin emociones, pero pronto descubriría que no es así.
-No Taichou, con su permiso-hizo otra reverencia y dio media vuelta para irse.
-Espera… ¿Podríamos hablar un segundo?-lo detuvo. Shuuhei sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Hablar con él? ¿De qué? De cualquier manera el muchacho asintió y quedó parado en su lugar-Es sobre unos rumores que están dando vueltas-dijo poniéndose de pie lentamente y caminando hacia el pelinegro.
-¿Rumores?-repitió desentendido. Gin quedó de pie a su lado, pero mirando a la dirección contraria.
-Rumores que dicen que tienes alguna clase de "INTENCIÓN" con Rangiku.
Aquello lo dejó helado. Eran bien conocidos sus sentimientos para con ella desde que se encontraban en la academia, sin embargo jamás había pasado nada entre ellos, para su desgracia.
-¿Intenciones? Disculpe pero no sé a qué se refiere-optó por mentir. Mala elección.
Abrió aquellos ojos gatunos y le dedicó una mirada asesina. Era la primera vez que veía aquellos ojos abiertos. Unos ojos rojos como la sangre que le dedicaban una mirada de odio. No necesitaba decir nada más, pero así lo hizo.
-No quiero que te hagas el tonto, Hisagi. Sé perfectamente que la deseas-Shuuhei tragó saliva, nervioso-Y por si no lo sabías Rangiku es de mi propiedad-agregó resaltando las últimas cuatro palabras.
¿De su propiedad? ¿Cómo podía tener el descaro de decir tal cosa?
-Disculpe Ichimaru Taichou, pero no creo que este sea un tema que debamos tratar, como tampoco creo que Matsumoto sea de su propiedad-intentó irse, pero una mano sobre su hombro lo detuvo en seco. Aquellos dedos huesudos se encontraban tomándolo con fuerza, perforando su carne con ira, a ese paso su hombro se iba a quebrar en mil pedazos.
Sintió un increíble dolor, pero no hizo ni una mueca. Permaneció ahí, estoico.
-Veo que tienes mucho por aprender. Y si quieres seguir aprendiendo algo, deberías estar vivo para ello.
Claramente era una amenaza. Pero Shuuhei no era de aquellos que se dejaba intimidar por simples palabras.
-Lejos está de asustarme con aquellas palabras, Ichimaru Taichou. No le tengo miedo, no tengo miedo de lo que pueda pasar con mi vida. Cualquier precio sería capaz de pagar por liberar a Matsumoto de las cadenas que la mantienen presa a usted-dio media vuelta quitando, con un brusco movimiento, aquella mano de su hombro. Se acercó a él de una manera amenazante. Gin no retrocedió ni un paso.
Sus miradas finalmente se encontraron. La tención se sentía en el aire. Era una atmósfera cargada de odio.
-Valla, valla, valla ¿Así que no me tienes miedo? ¡Qué mal que haces! Entonces creo que debo expresarme mejor: Rangiku es de mi propiedad, y si no es mía, no será de nadie-El joven abrió sus negros ojos como platos ¿No estaría amenazando con lo que él creía que lo estaba haciendo? ¿O sí?-Puede que no te mate a ti, pero… la mataré a ella. No soportaré el verla en los brazos de otro hombre-su respuesta lo sorprendió. Era un tipo realmente enfermo, ¿Matar a la mujer que "amaba"?
-Usted no la ama, solo la hace sufrir. ¿Para qué demonios quiere que sea únicamente suya?
-Porque si no, quien sufriría sería yo-una respuesta clara, concisa y sumamente egoísta. A estas alturas esa respuesta no sorprendió a Shuuhei.
-Ya le dije: La liberaré de las cadenas que la mantienen unida a usted, y luego lo mataré-amenazó casi sin pensarlo. Otro grave error.
En un rápido movimiento Gin tomó a Shuuhei por el cuello, alejándolo varios centímetros del suelo. Lo tomaba con más violencia con la que había tomado su hombro. Pronto el aire oxígeno comenzó a escasear. A ese paso arrancaría su tráquea. Con la otra mano la llevó a su zanpakuto y tras desenvainarla apoyo su filo en el lugar del pecho donde se encontraba el corazón de Hisagi. Este intentó zafarse, pero no lo logró, ni siquiera pudo llevar su mano a su zanpakuto.
-No me costaría nada matarte, ni matarla a ella tampoco. Si tanto la amas ¿De verdad querrías que muriese?
A él le costó aceptarlo, pero con las pocas fuerzas que le quedaban –a causa de la falta de oxígeno- negó con la cabeza.
-Entonces si la quieres viva, mejor aléjate de ella.
Y así lo hizo. Dentro del seireitei jamás se cruzaba con ella, únicamente en las noches, para tomar un poco de sake.
-Tú no eres de su propiedad-dijo firmemente convencido-No eres propiedad de nadie.
La firmeza con la que lo dijo sorprendió a Rangiku. Lo miró y un pequeño destello de esperanza se vio en sus ojos.
-Nunca más quiero sentir que soy de su propiedad. Pero no sé qué hacer para no sentirlo…-finalmente confesó el problema que la aquejaba.
-Convéncete a ti misma de que no le debes nada. Él no hizo nada por ti.
-Él fue quien me salvó de aquel desierto, de morir de inanición…
-Pero no por eso vas a estar atada el resto de tu vida a un hombre que solo te hace mal. Te lastima. No te ama ni te merece-finalmente había dicho todo lo que pensaba de él. Estaba agitado por haberlo hecho, esperaba no haber herido el corazón de Rangiku con aquellas palabras-Eh, yo… Rangiku lo siento-se disculpó, pero ella no respondió, su rostro carecía de emoción alguna.
-Tienes razón, no soy de su propiedad-meditó tras unos minutos de silencio. Una pequeña sonrisa se asomó en el rostro de aquella mujer, y eso lleno de alegría Shuuhei. Lo miró por el rabillo del ojo, aún sonriendo ¿En qué estaría pensando?-Eso significaría que puedo hacer lo que yo quiera… ¿Verdad?
El asintió.
-Siempre has podido hacerlo.
Aquellos hermosos y penetrantes ojos celestes no se apartaban de él. Y la sonrisa se fue curvando más y más. Parecía que por fin se había dado cuenta de las cosas. Jamás comprendería como sintió que un hombre era su dueño. Que aquel día la hubiese salvado, no significaba que debiese entregársele en cuerpo y alma si él no lo valoraba.
Lentamente ella fue reduciendo la distancia que había entre ella y Shuuhei, quién confundido hecho su espalda para atrás, quedando sentado, pero con todo el peso recargado en sus brazos.
Se acercaba de una manera sensual, y con una mirada tan penetrante que hizo hervir la sangre del muchacho. Se sonrojó.
-Matsumoto ¿Qué sucede?...
Pero no pudo preguntar nada más. Uno de sus delicados dedos se apoyó en sus labios, comprobando cuan suaves eran.
-Dime "Rangiku", Shuu.
El oírla llamarlo por un apodo tal, que le dijese que la llamase por su nombre y el sentir aquel contacto -por mínimo que fuese- logró que su corazón comenzare a latir con gran intensidad y violencia. Rápidamente se encontró con aquella diosa rubia prácticamente encima de él, en una pose que siempre la había imaginado. Quería besarla, necesitaba besarla.
-Eso significa que puedo hacer lo que yo quiera, Shuu…-repitió en un murmuro de manera juguetona y sin más retrasos unió sus rosados y suaves labios con los masculinos labios de él, quién no dudó ni por un instante en corresponder a aquél beso con pasión.
Las manos de la joven se deslizaban por aquel marcado pecho, sus fuertes brazos y él no pudo soportar más, con una de sus manos tomó a Rangiku por la cintura y, sin dejar de besarla apasionadamente, moviéndola, juntó sus cuerpos aún más.
Todo el peso de ambos cuerpos era soportado por el brazo de Shuuhei, el cual no aguantó más por lo mucho que temblaba de la excitación y ambos se fueron al suelo, pero eso no pudo detenerlos.
La lengua del joven se hacía paso en su boca, era una sensación increíblemente agradable y excitante. Él siempre había deseado sentirla, conocerla íntimamente. Ella también.
Sus fuertes y grandes manos comenzaron a deslizarse por aquel curvilíneo cuerpo, con el que fantaseaba desde la academia, finalmente su sueño se hacía realidad. Todo era tan maravilloso que hubiese pedido que lo pellizcasen para comprobar si de verdad no estaba dormido.
Ella comenzó a besar y mordisquear el lóbulo de su oreja, lo que lo hizo estremecer y jadear. Él no se quedaba atrás, con sus manos hacía pases de magia, dignos de un mago, con los cuales lograba hacer a Rangiku gemir de placer.
Ella tomó la botella de sake en una de sus manos y susurró sensualmente en el oído del atlético joven:
-Bebe-dejo de besarlo y simplemente lo miraba con lujuria y pasión.
Él no comprendió el por qué.
-¿Por qué?
-Únicamente me dejas quitarte la ropa cuando estás ebrio-sonrió significativamente. Ese comentario llevó la excitación de Shuuhei a límites insospechados.
-Mmmm, creo que hoy haremos una excepción-repitió volviendo a besarla con pasión.
¿Desde cuándo Rangiku lo deseaba con tal pasión? Ahora eso no le importaba, únicamente quería sentirla, tenerla cerca como en sus sueños más íntimos había soñado, la deseaba como siempre la había deseado.
¿Y Gin? Bueno, ya habría tiempo para preocuparse por él. Lo más importante en ese momento es que finalmente Rangiku Matsumoto había comprendido que no era propiedad de nadie.
Y fue así como aquella cálida noche, Rangiku dejó de ser propiedad de Gin Ichimaru para entregarse en cuerpo y alma a Shuuhei Hisagi en aquel pequeño bar del rungokai.
