Aquí os dejo con un nuevo capítulo del fic. Muchas gracias por comentar y seguir la historia!

PD: intentaré actualizar el fic de "El rapto" esta semana.


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Habían pasado unas horas desde que Alaric había sido secuestrado por un grupo terrorista, pero aún no podía hacerse la idea de ello. En cambio, su compañero de cautiverio parecía tenerlo más que asumido, hasta el punto de haber perdido la esperanza de salir de allí con vida.

Alaric, para hacer más llevadero el paso de las horas, se había dedicado a hablar sobre su trabajo y contándole cómo había parado a acabar, aunque evitando dar muchos detalles.

-Aún no sé nada sobre ti –le dijo al chico.

-¿Acaso importa?

-A mí sí.

El chico de ojos azules le dirigió una mirada de confusión, pues se había acostumbrado a recibir odio y más odio en aquel lugar.

-Mira –continuó hablando Alaric-, vamos a pasar bastante tiempo aquí, qué menos que nos llevemos bien, ¿no?

-¿Qué quieres saber? –preguntó el chico con voz pesada, no muy contento con este juego.

Saltzman le dedicó una sonrisa a modo de agradecimiento antes de hablar:

-Empecemos por lo básico, ¿qué edad tienes? Yo 35 muy bien llevados –quiso bromear el hombre para animar el ambiente.

-Yo 27.

-¿Por qué te hiciste freelance? La vida ya es lo suficientemente dura como para encima complicarla aún más.

-Supongo que trabajo mejor siguiendo mis propios principios. No quiero que nadie me manipule y me diga de qué hablar y cómo contar una noticia para favorecer los ideales de una empresa.

-Yo no le he vendido muy principios a nadie –se defendió Alaric, sintiéndose ofendido.

-No he dicho que lo hayas hecho, solo que eres más propenso a acabar siendo manipulado que yo.

-Cuando un freelance no tiene pan que llevarse a la boca, también vende sus ideales como el que más.

Después de esa pequeña disputa, ambos permanecieron en silencio hasta que dos hombres abrieron la puerta. Uno iba armado, mientras que el otro llevaba en la mano una especie de plato de metal que dejó en el suelo, entre ambos prisioneros.

Damon no esperó siquiera a que sus captores se fueran y extendió la mano derecha hacia el recipiente y tomó un puñado de ese arroz si apenas condimentos entre sus dedos y se lo llevó a la boca.

-¿A qué esperas? –le dijo a su compañero-. Come. No dejaran el plato aquí todo el día, así que más te vale comer rápido.

Alaric asintió y alzó la mano izquierda para tomar un poco, pero el americano le riñó antes de alcanzar la comida.

-La otra mano –le indicó el chico-. Comer con la izquierda es una ofensa para ellos, y no nos conviene enfadarles.

El arroz era tan seco e insípido como Alaric sospechaba, pero no sabía cuándo volvería a comer, por lo que intentó disfrutar de la comida.

Y, en eso estaba, cuando el recuerdo de algo hizo que le entrase la risa tonta.

-¿Qué pasa, británico? –preguntó Damon con una media sonrisa burlona, puesto que hacía mucho que no escuchaba la risa de nadie y eso le hacía sentirse menos desolado.

-Siempre había querido probar el cuscús. Ni por asomo imaginé que sería en estas condiciones…

-Pues espero que te guste, porque te vas a hartar de él. Por aquí es lo único que hay.

Los chicos estaban terminando su comida cuando Alaric decidió volver a sacar un tema de conversación:

-¿Cuánto tiempo llevas aquí?

-Desde el 19 de agosto –respondió el chico haciendo esfuerzo por recordar esa fecha.

-Eso no puede ser, hoy es 7 de agosto.

Damon paró de comer en el acto y le dirigió una mirada significativa al hombre.

-¿De qué año? –exigió saber el chico.

-2014.

-Joder…

Por lo poco que Alaric había llegado a saber de Salvatore, sabía que este no se derrumbaba con facilidad. Por eso, el hombre que tenía en ese instante frente a él parecía más un completo desconocido que Damon. El chico tenía el rostro enterrado contra sus rodillas y sus manos agarraban la parte superior de su cabeza con fuerza.

-Damon… -le llamó en un susurro, sin saber muy bien qué decir para consolarle.

-Llevo un maldito año en este zulo de mierda.

-Ey, colega. Saldremos de esta.

-Tú puede que sí. Yo estoy acabado.

Si antes Saltzman había visto sus ojos apagados y fríos, ahora solo veía vacío en ellos. Una cosa era que el chico estuviese convencido de que nunca sería libre y otra muy diferente era tener la conformación de ello. Esa realidad era mucho más difícil de digerir.

Alaric, intentando distraer al chico, se lanzó a hacerle una pregunta que hacía tiempo que quería hacerle.

-¿Cómo se llama ella? –le preguntó Alaric al chico señalando el anillo que este llevaba en el dedo anular de la mano izquierda, intuyendo que sería de matrimonio.

La superstición del británico pareció ser acertada cuando vio cómo Damon volvía a cerrarse en banda.

-No voy a decírselo a nadie –prometió Alaric con total sinceridad-. Lo juro. Solo quiero entablar conversación, conocerte.

Damon se había acostumbrado tanto en este tiempo a desconfiar en las personas, que las constantes preguntas de Alaric le hacían sospechar y ponerse a la defensiva, y más aún cuando se trataba de proteger a su mujer. Pero el británico parecía tener buenas intenciones y el hecho de compartir celda con él en lugar de ser su carcelero decía mucho a su favor.

-Se llama Elena –respondió el chico en voz baja, con miedo a que lo oyese alguien más.

-¿Hace mucho que estáis juntos?

-Nos conocimos en la facultad, durante el primer año de carrera, y llevamos juntos desde entonces. Nos casamos hace tres años.

-¿También es periodista?

-Guionista de un programa de entretenimiento en la radio, pero iba a dejarlo. Este iba a ser mi último trabajo. Íbamos a reabrir el bar de sus padres. Pensamos que estaría bien cambiar la ruidosa Nueva York por un pequeño pueblecito como Mystic Falls. Un buen lugar donde criar a nuestro bebé… -dijo el chico esto último en un susurro, como si hubiese caído en la cuenta de algo-. Dios, el bebé… Elena estaba de tres meses cuando vine a Corvus… ¡Mierda! –gritó furioso mientras se ponía en pie para pegarle una patada al plato de arroz casi vacío, haciendo que este saliese disparado contra la pared y produjese mucho ruido al chocar.

No tardaron mucho en empezar a oírse voces provenientes del exterior, alterados por el ruido.

-Damon, ¡contrólate! –le gritó Alaric cuando este le pegó un puñetazo a la pared cargado de furia-. Así solo conseguirás que te maten.

-Me da igual, yo ya estoy muerto –dijo un Damon abatido, apoyando la espalda contra la pared y dejándose caer poco a poco hasta quedar sentado en el suelo-. Solo estoy atrasando lo inevitable.

Alaric iba a contradecirle, pero fue interrumpido por un grupo de unos cinco hombres armados que entraron en la celda gritando algo en árabe. No hacía falta conocer el idioma para darse cuenta de que estaban muy alterados.

Les hicieron poner las manos en alto y les apuntaban en la cabeza con las pistolas sin parar de gritar algo. Saltzman estaba muy nervioso e intentaba explicarles lo sucedido, pero ninguno parecía entender inglés. Por su parte, Damon no solo estaba callado, sino que además parecía estar muy tranquilo. Alaric le pilló mirando fijamente el arma de uno de los tipos que le apuntaban y temió que el chico cometiese alguna tontería.

-¡Damon, no hagas ninguna estupidez y explícales que no ha pasado nada!

El chico no solo le ignoró por completo, sino que además se atrevió a desafiar al soldado que tenía en frente y dio un paso firme hacia él.

-¿Vas a matarme? –le dijo Damon en árabe, haciendo uso de sus conocimientos de ese idioma, nivel que había alcanzado en la universidad y había perfeccionado en sus viajes a países árabes en conflicto-. Pues hazlo ya, porque estoy cansado de esperar.

Al ver que el soldado dejaba de apuntar al chico, Alaric pensó que lo que le había dicho era una explicación del ruido y que se acabaría todo, pero comprobó que eso no era así cuando el tipo apuntó con su arma al propio Alaric.

-Puede que le mate a él –desafió el soldado a Damon en francés.

-¿¡Pero qué coño le has dicho, tío!? –le gritó Alaric al americano, puesto que sí sabía algo de francés y había entendido lo que el tipo había dicho.

Damon no tenía intención alguna de involucrar a su compañero en sus problemas personales, por eso se vio obligado a dejar sus conflictos internos a un lado para ayudarle.

-El británico se asustó al ver una rata y se puso a patalear como una chica –explicó Damon en árabe, obligándose a mostrar una sonrisa burlona.

-El 'señorito' no está acostumbrado a salir de palacio, ¿eh? –bromeó en el mismo idioma uno de los soldados, provocando la risa de todos.

Alaric suspiró de alivio cuando el cabecilla del grupo ordenó al resto bajar las armas.

-No más ruido –le advirtió el jefe a sus prisioneros-. No gustar ruido.

-Tranquilo, está todo controlado –aseguró Damon con voz seria.

Conformes, los rebeldes se fueron por donde habían venido.

-¿Qué ha sido todo eso?

-Te he salvado la vida –se limitó a responder Damon con tono de indiferencia.

-Y querías perder la tuya –le acusó el hombre y, como este no lo negaba, continuó hablando-. ¿Es que no piensas en tu familia?

-¡No hago más que pensar en ellos! No merecen seguir sufriendo por mí.

-¿Y crees morir lo arreglaría todo?

-Voy a morir aquí de todos modos, solo estaría terminando con su angustia.

-No sabes si vas a morir aquí. No puedes saberlo.

-Para ti es fácil decirlo, tu país te sacará de aquí.

-Igual que el tuyo –intentó animarle Alaric.

-Estados Unidos no negocia con terroristas –se limitó a contestar el chico.

Eso era cierto, hasta sus secuestradores lo sabían, por eso habían dicho que el americano moriría allí. Aunque incluso ellos tenían esperanzas de que Estados Unidos hiciese algo por intentar liberar a su ciudadano, de no ser así no le estarían manteniendo con vida después de tanto tiempo.

-Puede que no paguen tu rescate, pero hay posibilidades de que salgas de aquí.

-¿Te crees que esto es como Iron Man? –se burló Damon-. ¿Que tú, el famoso al que todo el mundo quiere, con ayuda de tu compañero de celda vamos a construir un súper robot que nos sacará de aquí? Porque ni siquiera eso me sería de ayuda. Te recuerdo que en la peli, el ayudante muere.

-Vaya, gracias por hacerme spoiler de la película, genio –le dijo Alaric cabreado por mostrar más interés por salvar la vida del chico que él mismo-. ¿Los americanos sois todos tan pesimistas o solo lo eres tú? Porque si es cosa tuya, no me extraña que no quieran sacarte de aquí…

Sin saber muy bien por qué, ese último comentario provocó la risa de ambos e hizo que se tranquilizasen un poco. Tanto estrés no era bueno. Debían mantener la mente fijada en una meta: volver a casa. Y, aunque Damon se empeñase en creer lo contrario, Alaric iba a asegurarse de que ambos regresasen.