Saludos!
Dejo el segundo cuento dedicado a la -ya pasada- fecha de halloween. He de advertir que este es ligera, pero muy ligeramente más -¿como decirle?- violento que el anterior. Hay un poco de sangre, pero no es la gran cosa xD (es que las reglas de FF piden especificar todo .) Espero les guste el cuento y me dejen sus opiniones. ¡Muchas gracias a todos los que me dejaron las suyas en el primer cuento! ^^
El cuenta cuentos.
El grupo de digimons se movía en silencio bajo la espesura de aquella noche, contando impacientes las pocas horas que les separaban del pueblo más cercano. Se trataba de una pequeña caravana compuesta de nueve digimons, los que habían bajado de la montaña para ir al pueblo, todos por distintos motivos. Algunos para empezar vidas nuevas, otros para conseguir las cosas que les hacían falta en la dura vida arriba de la montaña, otros que solo tenían sus "motivos propios" para ir, como había dicho el Matadormon que se les había unido a mitad de camino. Este misterioso personaje, salido de la oscuridad penetrante que les rodeaba, se había añadido al grupo, pues era común que los digimons que atravesaban aquellos interminables bosques viajaran en grupos por varios motivos, ya fuese la protección, la ayuda mutua y demás.
DinoHumon, el elegido por el grupo para dirigirlos y ser de líder, le había aceptado entre ellos, a pesar de que le guardaba cierto recelo. Algo en su pesado silencio, su aire misterioso y su desinterés por casi todo, le hacía tenerle un ojo encima todo el tiempo. Era como si no le interesara cuantas horas faltaran para llegar, no le importara el cansancio ni la escases de agua que se hacía notoria, ni si perdían el rumbo. Solo estaba allí para seguirlos y tal vez, como decía, llegar a su destino.
Como el nuevo no dio señales en todo el día de ser un peligro, los demás digimons, la mayoría de ellos rookie, le dejaron en paz y continuaron caminando en silencio. Cuando la noche cayó sobre ellos, y ya todos daban muestras de cansancio, DinoHumon dio el alto y se detuvieron a pasar allí la noche. Aún quedaban cerca de siete horas de caminata a través del bosque, así que sería mejor estar repuestos para la mañana. Los digimons sacaron sus pocas pertenencias, levantaron algunas pequeñas carpas, improvisaron camas y entre todos juntaron para comer.
Nadie se había percatado de que el nuevo había desaparecido repentinamente, hasta que le vieron regresar con un Moosemon arrastrado de una pata. Muerto.
Lo dejó en medio, como su paga por haberles dejado viajar con ellos, y silenciosamente fue a sentarse bastante más lejos, contemplando a la oscuridad. Los demás quedaron bastante sorprendidos de aquello, pero después estaban agradecidos y felices, pues tuvieron suficiente carne para saciarse todos del hambre que les pesaba por el largo y agotador viaje. El digimon sin embargo, no fue a comer con ellos.
-Es un poco extraño-apuntó el gabumon del grupo, arrancando un pedazo a la carne que tenía entre las manos.
-¿Extraño?-repitió Bearmon frente a él-Nos trajo este animalote para comer; yo creo que fue muy amable.
-Pero es tan…antisocial-dijo con una mueca de maña-Debería estar aquí con nosotros, no allá solo.
-Debe ser tímido-dijo el Kunemon a un lado y mirando al digimon.
Como ninguno se atrevía a ir y preguntarle algo al Matadormon, o invitarlo a comer con ellos, le pidieron y molestaron a DinoHumon hasta el cansancio, hasta que hastiado, el digimon finalmente se levantó y fue donde el silencioso sujeto. Este ni siquiera volvió la cabeza al escucharlo acercarse.
-Oye-le llamó el dinosaurio humanoide desde cierta distancia-los demás quisieran tener más trato contigo. Ya sabes, después de la carne que trajiste.
Matadormon volvió a verle, pensó un segundo y luego regresó su atención a la oscuridad.
-No soy muy sociable que digamos.-respondió-Pero creo que podría intentar…algo…
DinoHumon le observó con cierta extrañeza. Matadormon se volvió a verlo completamente y se levantó del lugar donde estaba sentado. Caminó hasta el grupo, y todos se volvieron a verle con curiosidad. Los pequeños en parte parecían animosos.
El digimon parecía incomodo, pero se esforzó y se sentó sobre un tronco tirado cerca del fuego.
-¿Quieren escuchar una historia?-preguntó.
Los más chicos exclamaron emocionados y se reunieron alrededor de él. Los tres adultos y DinoHumon se quedaron más atrás, escuchando, aunque el líder de cuando en cuando se marchaba para dar una vuelta y revisar que no hubiera peligro cerca. Matadormon empezó después de un breve momento de silencio, como recordando todos los detalles de la historia que estaba por contar.
-Esta vieja historia ha sido transmitida por mis antecesores durante muchas generaciones.-explicó antes de empezar-Es una maldición que ha afectado a un miembro de nuestra familia cada vez que hay nuevos descendientes. Aún buscamos una cura para esta maldición, pero parece no existir. La única solución posible… es la muerte.
Hubo una silenciosa exclamación de sorpresa entre los oyentes. Los digimons pequeños ya estaban absortos escuchando, con sus grandes ojos de color puestos en el digimon que contaba, mientras este narraba la oscura y amarga historia de sus antepasados. En resumidas cuentas, iba así:
Desde que el clan de los BlackSoul había iniciado miles de años atrás en la historia del digimundo, el padre de todos ellos, el que inició el legado y dio nombre a su familia, era conocido no solo por ser el primero, sino por ser además quien dejara el germen de aquella maldición a sus descendientes. Se decía que este digimon, un Myotismon de renombre, se había enamorado y casado con un hermoso ángel, que había dejado su lugar en el paraíso digital solo para poder estar con él. Vivieron un tiempo juntos y enamorados, pero él sucumbió ante la tentación de otra; otra que también le quería para él y tener además una gran posición al lado de este digimon, junto con su riqueza. Myotismon engañó al ángel, y esta, furiosa y traicionada, le maldijo a él y a toda su descendencia, la que no habían tenido juntos.
-Uno de cada hijo que tuvieran los miembros de nuestra familia, nacería poseído por la sed de venganza y muerte, y exterminaría a todos los que osaran estar con él o cerca de él. Desde entonces, en cada generación ha existido un asesino que casi ha exterminado a nuestra familia y a sus miembros. Nada los detiene; ni la amistad, ni el amor, ni siquiera el encierro. La única forma de detenerlos era matándolos-contaba Matadormon a sus oyentes.
Hubo una ola de exclamaciones hubo entre los digimons. Uno de pronto reparó en algo y preguntó.
-¿Y tú? ¿Hay alguno en tu familia que…?
-Sí.-negó con la cabeza-Lo hubo. Mi hermano mayor. Él…asesinó a mi padre cuando yo era más joven. Estuvo por matarme a mí también, pero por algún motivo evolucioné y le maté primero. Supongo que fue por el miedo y mis deseos de vivir. Ahora simplemente busco alejarme de ese pasado y empezar una vida nueva.
-¿Qué pasará cuando nazcan tus hijos?-preguntó la ShimaUnimon que estaba echada más atrás.
Matadormon se quedó viendo al suelo, luego suspiró y respondió.
-No tengo intenciones de tenerlos. Soy el último descendiente de los BlackSoul, así que podré terminar con el legado de nuestro antecesor. Así, los digimons inocentes no tendrán que pagar con sus vidas por un error tan antiguo.
Los digimons asintieron y comentaron entre ellos la historia que el digimon les había contado. Algunos quedaron un poco sorprendidos y asustados. Nunca hubieses imaginado que los ángeles podrían vengarse y hacer cosas tan terribles como aquellas. Las muertes que se habían sucedido en la familia de Matadormon habían sido terribles; sanguinarias y de las peores formas imaginables. Costaba creer que había sido idea de un ángel…
DinoHumon interrumpió en el lugar enviando a todos a dormir de una vez. Ya pasaba la medianoche y tendrían mucho que caminar el día siguiente. En cuanto el digimon se dio la vuelta para dar otra ronda, los más pequeños pidieron a Matadormon otra historia, a lo que el digimon accedió. Se alejaron un poco y fingieron estar durmiendo, mientras Matadormon les contaba en voz baja otra tenebrosa historia, en donde un Biyomon curioso había caído en un lago lleno de materia toxica y se había convertido en un Raremon que devoraba pueblos enteros con su cuerpo asqueroso.
Las horas pasaron, y DinoHumon despertó de golpe en la madrugada. Su reloj interno le decía que era hora de volver a revisar los alrededores en caso de que hubiera un peligro cerca, por lo que se levantó en silencio y empezó a caminar. Sus pisadas eran silenciosas a pesar de su cuerpo pesado, y dio una ronda revisando meticulosamente lugares en donde algún digimon peligroso pudiese esconderse. Cuando estuvo conforme, regresó al campamento y se extrañó de no ver a los cuatro chicos junto al resto de los digimons. Sacó uno de sus enormes cuchillos mientras avanzaba entre los árboles, buscándolos. Caminó hasta encontrarse con Matadormon; sentado con la espalda contra un tronco, el digimon dormía completamente solo. DinoHumon se acercó y le tocó el hombro.
El digimon se despertó al instante y miró al otro. Se levantó y miró en rededor.
-¿Viste a los chicos?-preguntó el dinosaurio.
-Estaban aquí antes de que me quedara dormido. Dos de ellos ya se habían dormido.-respondió.
-Maldita sea…-dijo. Se volvió y regresó con los tres adultos que habían quedado durmiendo cerca de la fogata.
Los despertó a todos y les dijo que los cuatro niños habían desparecido. Inmediatamente se pusieron en alerta, y uno de ellos bastante nervioso.
-¿Qué haremos?-preguntó Centarumon.
-Nos dividiremos y los buscaremos.-respondió el líder-No hemos de alejarnos demasiado, y tampoco hemos de llamar la atención de lo que sea que se los haya llevado.
Dividió a los digimons en dúos y él partió solo. Avanzó veloz y en silencio entre los árboles y arbustos, revisando si es que había huellas o rastros de los cuatro digimons perdidos, pero no encontró nada. Lo que fuese que se los había llevado, simplemente los había hecho desaparecer en el aire. Se sentía responsable por los digimons, a pesar de que no tenían ninguna relación. Siempre había sido así desgraciadamente; echándose encima responsabilidades que no eran propias.
Se detuvo de golpe al escuchar unas pisadas aproximándose. Sacó su arma mayor y se preparó. Los arbustos se movieron un poco antes de mostrar la imagen de Matadormon acercándose. Se veía agitado.
-¿Qué ocurre?-preguntó DinoHumon extrañado.
-Es Centarumon-respondió-escuchamos algo y se alejó. No lo encuentro por ninguna parte…
El digimon guió a DinoHumon hasta el lugar en donde había perdido de vista a Centarumon. El dinosaurio revisó el lugar y perdió las huellas del centauro repentinamente. Desaparecían de un momento a otro, como si el digimon hubiese desaparecido en el aire. Hizo un gesto de desagrado.
-Esto no está nada bien-dijo echando a andar.
-¿Qué crees que sea?-preguntó Matadormon siguiéndolo-Cuando pasamos por aquí solo escuchamos unos pasos acercándose muy rápido y Centarumon se alejó. Estaba espantado, como si supiera que fuera algo…terrible.-no se lo explicaba del todo.
-No lo sé; nunca habíamos pasado por esto-respondió, dirigiéndose a donde sabía, debían estar ShimaUnimon y Apemon.
Avanzaron entre la oscuridad hasta detenerse repentinamente. DinoHumon sintió un extraño olor en el aire, al que identificó casi de inmediato. Bajó su mirada al suelo de tierra, y vio lo que ya había supuesto. Manchas de sangre. Estas mostraban que los dueños de aquella sangre habían sido atacados allí y arrastrados metros más allá, hasta penderse entre los arbustos. No había signos de lucha, ni siquiera se habían escuchado ruidos o un grito. Todo había sido llevado a cabo en el más perfecto de los silencios. ¿Cómo había pasado?
"No…"
Se dio cuenta demasiado tarde. Por su cabeza pasó en un segundo todas las escenas de las muertes de aquellos que le venían acompañando esos días de viaje. De esos que le habían depositado su confianza y seguridad de que llegarían a su destino a salvo, y ahora ya no existían más. Habían sido atacados y absorbidos; su sangre en la tierra era lo único que delataba al culpable de aquellas muertes, el que rió levemente a espaldas de DinoHumon ante la credulidad de todos ellos.
-No se debe confiar en los extraños-susurró-¿Qué no lo sabes?
DinoHumon estuvo por voltearse, pero sintió el acero deslizándose por su estómago; frío, doloroso, mortal. Un simple movimiento de las cuchillas de Matadormon y la vida se le escapaba a borbotones por el vientre. El asesino las deslizó fuera de su cuerpo y el otro cayó de rodillas al suelo, respirando grandes bocanadas de aire y dejando con cada exhalación la vida que le quedaba. Maldijo y cerró los ojos con fuerza. Hubiese querido luchar, pero ya no se podía el cuerpo. Ya no le quedaba nada, solo el vago recuerdo de lo que había escuchado relatar al vampiro. ¿Cómo no se dio cuenta antes? Lo tuvo siempre frente a su nariz, y ahora…
El digimon cayó con un golpe sordo al suelo y ya no se movió más. Matadormon sonrió y lamió levemente la sangre que había quedado en sus armas, pero no le gustó del todo. Los reptiles tenían un sabor bastante amargo, pero ya había comido lo suficiente y estaba satisfecho. Ladeó la cabeza y se volvió, dejando el cadáver allí tirado. Había sido divertido, y sabía que dentro de algunas horas pasaría otro grupo de digimons que intentarían entrar al vacío pueblo para buscar mejores opciones. Pobres tontos.
Era un ciclo que se venía cumpliendo desde hacía miles de años, y él se había encargado a gusto de seguir el legado de sus antecesores. Le resultaba gracioso como había advertido a todos antes de exterminarlos, que provenía de una familia de asesinos y devoradores, y le sorprendía la inocencia de creer que su hermano había sido el asesino de su clan cuando había sido él mismo quien había dado muerte a él y a todos los que le habían criado en los viejos tiempos. Supuso que tendría que afinar los detalles de aquella historia y hacerla un poco más…obvia.
FIN
