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El castaño podía sentirlo, con sólo estar en brazos de su gemelo le bastaba para saber que todo pronto estaría bien. Era una sensación cálida. Quemaba la boca de su estómago con ansias, lo devoraba por dentro; más no lo perturbaba. Por el contrario, Roxas siempre tenía ese efecto en él, desde que tenía noción de tiempo y espacio. Para Sora, su gemelo representaba la calma que él no tenía. Y probablemente nunca adquiriría tampoco. En todo caso, mientras él estuviera en ese espacio, no la quería. Sonrió con una carcajada torpe al separarse y le palmeó el hombro en un gesto amistoso. Si bien era su hermano, Roxas también era su mejor amigo. Era algo que sabía después de toda una vida. A veces era malo depender tanto el uno del otro, porque sabía que él también buscaba ciertos aspectos de los que carecía en su persona. Pero bien… a la fecha aún no estaban obligados a cortar el cordón, o el fuerte lazo que los mantenía unidos.
Una cosa que había estado notando con el paso de los días, era la distancia que ponía Roxas entre ellos. A veces le molestaba, sobre todo cuando se trataba de salir con Axel. Él ya había dado su conformidad con el tema de su sexualidad, aunque al principio le había costado horrores digerir el hecho que tenía un hermano gay. Es decir, a nadie de buenas a primeras le caía bien, ¿verdad? Quería a su hermano y con los días había terminado de aceptarlo. Sin embargo, Roxas no parecía muy cómodo con la idea de tenerlo rondando cuando estaba con su novio. Bárbaro, no le caía Axel. Si pudiera elegir lo tendría a cien kilómetros de distancia de su hermano. Y a veces no entendía bien el porqué, pero ahí estaba ese sentimiento una y otra vez, punzante, amenazante. Su cabeza terminaba en cualquier lado y su semblante se ponía sombrío con eso. Bien, quizá ya había llegado al punto de querer monopolizarlo, pero era demasiado. Pronto Roxas estaría tan lejos de su alcance. O de su vida cotidiana, que esto que estaba molestándolo se iría con él.
—Deberíamos volver a casa, mamá ya debe estar preparando la cena—dijo su hermano al levantarse de la vereda. El estómago de Sora rugió sonoramente y segundos después se terminó ruborizando.
—Ahora que lo mencionas no he comido nada desde el mediodía—. Claro, había estado preocupado por tantas cosas que su estómago sufría las consecuencias de tener dos tostadas desde la mañana. Naminé le había ofrecido almorzar, pero para aquella hora él tenía el estómago cerrado— ¡Rayos, no puedo creer que se me hubiera olvidado!
—Aa; creo más que te olvidaste a que se te haya cerrado el estómago—. Roxas sonrió presumido, empezando a caminar, seguido por él que contenía la rabia ante las acusaciones en contra de su persona—. Broma, broma—. Sora le golpeó el hombro.
—¡Hey! Incluso a personas como yo se les cierra el estómago.
Llegaron a casa entre discusiones y risas, y fue entonces cuando Sora se dio cuenta de cuánto añoraría a su hermano cuando no estuviera.
Al llegar la noche un baño le había sentado de maravilla, sus cabellos parecían de lo más opacos cuando se había visto en el espejo. Además de tener el rostro pálido de las pocas horas de sueño de la noche anterior. Estaba muerto. Cenó con su familia, dejando la toalla caer en sus hombros; Leon siempre resultaba tan inexpresivo. Aunque tuvo algún que otro comentario sarcástico en lo que refería a su futuro. El castaño siempre terminaba en una absurda pelea con su padre; pelea que resolvían en la misma cena. Sora sabía que no podía ser listo, y que sus impulsos la manejaban casi todo su temperamento. Al subir a su habitación escuchó los suspiros de Roxas a su lado, seguramente estaba cansado.
Caminó en puntas de pie hasta llegar al borde de su cama, se sentó tratando de vislumbrar el rostro de su hermano con la poca luz que ofrecía la luna que apenas se colaba por la ventana. Roxas podría haber tenido una novia muy bonita si hubiese querido, inclusive Naminé resultaba ser mejor candidata para Roxas de lo que era para él. Sus ojos se perdieron en las suaves mejillas y admiró cómo, después de haber dado vueltas en la cama, tenía el cabello en picos dorados perfectamente. Roxas era un muchacho atractivo, tenía un aura más madura y fuerte de lo que él tendría jamás. Sora ignoraba cuan fuerte era por dentro. Terminó susurrando, sentando en su cama y con una expresión indescifrable en el rostro.
—Hey, Rox, ¿estás despierto?—dijo en un susurro antes de acercarse y al no obtener respuesta en los siguientes segundos se acostó con su cama.
—… Ahora sí, ¿qué pasa, Sora?
—¿Puedo dormir contigo hoy?—. Hacía tiempo que no dormían en la misma cama, Sora lo consideraba de poco hombre. Pero por ahora tenía esa necesidad incoherente de despertar a su lado. Roxas tardó un poco en contestar, más bien parecía pálido y sus ojos desorbitados. Fue lo poco que el castaño pudo ver con la tenue luz.
—Claro…—. Sora no notó el tono dubitativo de su voz, tampoco el nerviosismo o infierno que estaba viviendo su hermano desde el momento en que su pie descalzo rozó el otro—. ¿Y esto… a qué se debe? Creí que no estabas de acuerdo.
—Es culpa del frío—. La primer excusa que vino a su mente; no sabía el porqué de la necesidad pero el sentimiento estaba ahí—. Hasta mañana—. Le dio la espalda y escuchó que Roxas estaba haciendo lo mismo. Sora no mintió en cuanto a tener frío, sólo que no era el mismo al que hacía referencia Roxas.
Esa noche, cuando la luz de la luna llegaba a su fin, Sora se acomodó en los brazos de su hermano, siendo ignorante en ello. Roxas sabía, estaba despierto mirándolo. Parecía un sueño lleno de matices.
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Hay cada momento que la mente parece querer que el cuerpo recuerde. Dos noches antes, Sora se había acurrucado junto a su cuerpo, cruzado su brazo y hablado en sueños en su oído. Sabía bien que el castaño lo hacía con la inocencia típica de un hermano. Es decir; Sora era completamente ignorante en cuanto a todo lo que le hizo sentir esa noche. Si cerraba sus ojos casi podía verlo, rozarlo. A Roxas se le subió el sabor amargo del vómito al sentirse tan enfermo. El cielo y el infierno parecían tironear de sus brazos; aunque bien él sabía cual era su destino. Enamorarte de tu gemelo, buen chiste. Las puertas del cielo ya estaban cerradas para él, desde el momento en que sus ojos quisieron ver más allá de lo que era la sangre, su misma sangre corriendo por el cuerpo de Sora. Ya estaba tocando fondo, estaba desquiciándose. La realidad era ya algo difícil de vivir. Estar pendiente del día a día, y sus emociones que parecían naufragar sin sentido. Lo que había hecho esa noche era inexplicable, una sensación que nunca desaparecería. Y Roxas iba a ahuecar en algún lugar de su cabeza esos sentimientos.
Se sentía hablando de la caja de Pandora. Aunque esa caja, en la mitología, sí había sido abierta. Ese miedo insipiente volvía punzante, quizá algún día pasara eso con él. Todos sus sentimientos saldrían de forma atropellada y podrían llevarlo a locuras que ni en sus sueños más pecaminosos eran posibles. Temía por Sora, temía por él. Por eso había intentado estar con Axel, aunque de alguna forma sentía estar usándolo. Era domingo a la tarde cuando lo había telefoneado. Por supuesto, Roxas no encontró el valor para decirle no. Aunque tuviera la cabeza en muchas cosas al mismo tiempo. Su madre lo había ayudado a armar parte del equipaje, esperaba que entrara toda su ropa y dejar salir esas sensaciones que nunca desaparecen; rayos, que se quedaran en esta ciudad y no viajaran con él, y Axel, a cuestas. ¿Y si pasaba el tiempo y no se olvidaba? Cabía la posibilidad de destrozar a su novio en el proceso, y Roxas no quería lastimarlo, aunque él ya supiera la verdad se había conformado a tener una porción de él. Tuvo lástima de sí mismo, y lástima de Axel. Probablemente fuera una relación que estaba destinada al fracaso.
—Cuando tienes un novio tan apuesto como yo, no deberías distraerte, Roxas. ¿Lo memorizas?—. Estaban dentro de una cafetería, en una de las mesas de afuera. Roxas aún no probaba bocado alguno de los tostados de jamón y queso y parecía estar lejos de sintonía. Sintió los ojos de Axel fijos en él.
—Lo siento—. Hizo una línea que podría hacer semejanza a una sonrisa—. Voy a extrañar un poco Villa Crepúsculo, y a mi amigos…
—Y a Sora, lo sé, lo sé—. Axel hizo una mueca, mirando el suelo. Al final todas sus conversaciones terminaban en su hermano y Roxas se estaba cansando. Era demasiada la presión como para que, encima, su propio novio se lo recuerde constantemente.
—Mira, Axel, Sora es mi hermano… es normal extrañarlo. Así que no lo menciones cuando estamos juntos—. Estaba a un paso de levantarse cuando Axel lo jaló de la manga de la remera y lo obligó a sentarse de pronto en la silla. Roxas suspiró—. Es medio frustrante cuando lo mencionas de esa forma.
—Tal vez necesitemos relajarnos, Roxas, con todo esto del viaje.
Axel siguió hablando de sus planes, de su futuro juntos mientras los rayos del sol calcinaban las calles. Roxas cerró sus ojos pesadamente y dejó caer sus hombros en la silla. Tenía la impresión que nada iba a desaparecer. Todo iba a seguir igual hasta que cruzaran el océano. El recuerdo de Sora iba a seguirlo inclusive desde el otro lado del pacífico. Miles de inseguridades como esta, e inclusive parecidas, se amontonaban en su pecho y su corazón latió con fuerza. Probablemente todo sería inútil, pero… valía la pena intentarlo. Si no funcionaba siempre podían volver a casa y seguir con el peso sobre su alma. No era como si tuviera algún lugar a dónde volver, ya la vergüenza de ver a sus padres a los ojos o dormir en la misma habitación de Sora. Menos de treinta para intentar olvidar.
Eran ya pasadas las cinco cuando Sora se dignó a salir de la casa; normalmente hubiera perdido el tiempo con Riku y Kairi en el centro comercial. Pero no estaba de ánimos, desde hacía días su hermano no estaba en su casa y sus conclusiones (debido a ello) iban de mal en peor. Seguramente estaría despidiéndose de Axel los próximos días también, y su imaginación no quería llegar a más de los límites.
Su humor había empeorado también, Aerith se había dado cuenta de ello y se había acercado a él una noche mientras trataba de dormir; cosa que también le parecía imposible y sus derrames rendían cuenta de ello. ¿Cuánto le quedaba de tiempo a su hermano en Villa Crepúsculo? Menos de dos semanas, y ¿Cuántas veces había visto su rostro las otras dos? Una hora y media por día como mucho. Quizá estaba siendo egoísta, pero no era algo que pudiera evitar tampoco. Así cómo tampoco había no podido hablar con Naminé las tardes que se pasaba frente a la consola jugando Street Fighter solo. Toda su persona parecía evocada a Roxas, para bien o para mal. Para insultarlo o extrañarlo. Cuando ya se había cansado de esa incertidumbre, es decir en estos momentos, se había rendido a su pesadumbre y telefoneado a Kairi.
Quién a su vez telefoneó a su novio, Riku, su mejor amigo desde primaria. Por lo tanto ahora tendría que dejar salir todo a sus dos amigos incondicionales. No sabía que conjeturas sacarían después de oírlo, y tenía cierto miedo de imaginarlas. No sabía el porqué exactamente, pero había un temor bien en su interior que le mandaba escalofríos a su cuerpo. Algo en toda la situación no encajaba en todas sus piezas; y eso se revolvía alrededor de su hermano. Sora tragó saliva cuando, al acercarse, pudo visualizar a Kairi y a Riku sentados en la mitad de la plazoleta riendo. Sora mismo rio un poco, ojala su relación con Naminé hubiese resultado la mitad de lo que era la de ellos. Pero no. Ni la relación que tenía con su novia, ni la que tenía con su hermano parecía ir por las mismas sendas. Probablemente el problema era él. Saludó a Riku chocando su mano con la suya y a la muchacha con un beso en la mejilla.
—Aún no puedo creer que sigas vivo, Sora—. Riku le sonrió de manera afable, recostando su mano en su rodilla—. ¿Qué hay de nuevo?
—Gusto de verte a ti también—. Espetó con sarcasmo; la confianza que mantenían era la suficiente para no crear malicia en el ambiente. Kairi sonrió tapándose la boca—. Hey, Kairi.
— ¿Vas a contarnos el porqué de tu pereza para salir, verdad?—. Kairi le recriminó, frunciendo el entrecejo y mirándolo fijamente.
Sora tomó aire, sentándose en los pastos y mirando de un lado a otro. En la próxima hora trató de repetir todos los sucesos que hacían mella en sus pensamientos y, antes de darse cuenta, todo había terminado. Mencionó el poco futuro que se veía con Naminé, la presión que estaba sintiendo de sus padres hacia él y… Axel. A la hora de mencionar al este último, el castaño sacó todo. Cada cosa que le disgustaba; hasta que no hubo nada más que decir respiró y sonrió. Sora sintió que todo el peso de sus hombros había disminuido e instintivamente se relajó considerablemente. Sin embargó notó que sus amigos intercambiaban miradas preocupadas que terminaban en su rostro. El castaño alzó una ceja en dirección a ellos y esperó que dijeran algo, cualquier cosa. La primera en mover los labios fue Kairi qué, después de bajar la mirada, se dirigió a Riku.
—Riku, ¿crees que puedas traer algo para tomar?—. Al principio este no había entendido el mensaje, pero después de parpadear se levantó e hizo un gesto de disgusto.
—Bien, pero no se quejen si no les gusta lo que traigo—. El muchacho sonrió de lado antes de sentir que su novia le pegaba en el hombro. Sora lanzó una carcajada. Una vez solos, Kairi mordió su labio inferior, suspiró y unió sus manos.
—Sora, ¿has pensado la posibilidad de estar enamorado de Roxas?
Por primera vez en mucho tiempo, Sora puso los ojos en blanco y su corazón se olvidó de un latido; Kairi había abordado un plano delicado. Había dicho algo que no debería, lo había trastornado. Sabía que esas palabras se repetirían en su cabeza por el resto de la tarde.
Estaba lloviendo afuera, y el frío era bastante crudo.
Mientras, en casa, Roxas se encontró a si mismo hurgando entre viejos álbumes en el ático y sonriendo con melancolía.
Leon, al igual que Aerith, eran veinte años más jóvenes por aquel entonces. Y Sora y él veinte años más jóvenes también. Era increíble cuanto pasaba el tiempo y esos delantales de jardín de niños ya no cabían en sus cuerpos adultos. Esas épocas, cuando se era ignorante a muchas cosas, problemas, eran lo que Roxas más atesoraba; cuando la etapa adolescente lo había golpeado todo se había oscurecido tanto. En las fotos se veían ellos dos, y tal cual recordaba, él siempre se veía a la sombra de Sora. No era de extrañarse. A él nunca se le habían dado muy bien las relaciones, sobre todo si estas involucraban chicos de su edad. No era cuestión de timidez, más bien se había tratado de espacio personal. No era tampoco que le disgustara el movimiento de gente a su alrededor, sino que no estaba dispuesto a cederlo con nadie. Inclusive a su hermano, claro que el castaño no era de esas personas que aceptaran un no por respuesta. Más bien insistía, insistía hasta que uno terminaba cediendo.
Los años que le siguieron fueron terribles; quizá por eso el deseo de volver en el tiempo le resultaba apremiante. Agradecía que el castaño fuese ignorante en cuanto a esa parte de su persona, pero tampoco sabía cuánto más iba a poder contenerse. Roxas cerró el álbum y se acurrucó en un rincón. En los últimos días había pasado su tiempo libre en el ático; su celular apagado en algún lugar de la habitación y su madre subiendo de vez en cuando para traerle alguna que otra taza de chocolate con galletitas. Todo esto de estar por abandonar el nido y encontrarse en algún solo, con Axel, le asustaba un poco. Claro que ya era un adulto, pero sentirse solo no era un sentimiento muy agradable. Estaba empezando a dudar, sólo un poco, de esa decisión abrupta pero a dos días no podía echarse para atrás. No podía simplemente tirar por la ventana una de las pocas alternativas, si es que había otra, de olvidar a Sora y ser un muchacho normal. Sin embargo, muchas veces se encontró soñando despierto y las barreras que lo separaban ya no existían. Si todo fuese distinto, si fuese otra historia, se confesaría aún con temor al rechazo. Pero su historia no era un cuento de hadas y dudaba que el final feliz existiera para él.
Ni cubriendo su rostro entre sus manos podría ocultar la decepción hacia su persona. Para Roxas todo esto no era más que una falla del sentido común, el sentido común no parecía querer aparecer de un momento a otro. Y no sólo el sentido común, sino su consciencia. Porque lo estaba deseando, tanto… que a veces las lágrimas de impotencia no demoraban en salir y apretar su ya maltratado corazón. ¿Quién pensaría que fuera tan débil? Si se tratara de Sora probablemente todo sería distinto, el muchacho no dudaba ni un segundo en llevarse el mundo puesto si hacía falta. Mientras Roxas pensaba en esto, dos gruesas y solitarias lágrimas se deslizaban por sus mejillas y bordeaban sus labios. Golpeó una pared y se hizo un bollo en el suelo. Sabía que irse era la decisión correcta, más eso no implicaba que quisiera. Había una gran diferencia entre una y otra. Oyó, desde arriba, un portazo y pasos rápidos por las escaleras. Parpadeó y se refregó las lágrimas con la manga de la remera antes de asomar su rostro por la puerta. Cuando un segundo portazo se escuchó supo que venía de su habitación, y la de Sora. Era evidente que algo había pasado. Aunque no podría adivinar el qué; generalmente se comportaba de esa forma cuando estaba molesto… o triste. Bajó la escaleras procurando que no se notara rastro alguno del llanto reciente y golpeó la puerta. Antes de entrar.
Sora tenía el entrecejo fruncido, estaba sentado en la cama y la pelota de goma iba de la pared a sus manos y así constantemente.
—Al fin te dignas a aparecer, huh—. El castaño fue el primero en hablar, mirándolo de reojo y sin cambiar la expresión. Roxas tuvo la sensación que la culpa de su humor era él.
—Tuve algunas cosas que arreglar algunas cosas; los pasajes y comunicarme con Cloud—. Roxas sonrió de costado mientras se sentaba en la cama de frente.
— ¿Axel también habló con Cloud?—. Ahora la pelota iba con más rapidez contra la pared. Roxas pestañó; el castaño parecía demasiado molesto y su tono no era el más agradable—. ¿Cuándo planeabas decirme que ibas con él, Roxas?
—No creí que fuera importante—dijo simplemente. El ambiente parecía tener una atmosfera más cargada de lo habitual. La relación tensa que habían que mantenían en los últimos días era cada vez más incómoda—. ¿Cómo te enteraste?
—No soy estúpido, y tampoco es como si me importara—. Sora se puso de pie, la pelota olvidada en el suelo y tomó su campera—. Haz lo que mierda quieras, ¡no me importa!—. Con eso estrelló la puerta al salir. Roxas se quedó perplejo ante esto último. Sabía que la relación de Sora y Axel no era la más agradable por parte de los dos; no obstante tampoco era cómo si el castaño tuviera que reaccionar así.
Roxas agradeció que sus padres no estuvieran en casa para escuchar el alboroto y así no tener que dar explicaciones de algo que no entendía. Tomó su chaqueta también y no dudó en salir tras su hermano.
— ¡¿Cómo puedes pensar eso, Kairi?—. Se echó para atrás ante tal declaración, sintiéndose perturbado—. Roxas es mi hermano, por si no sabes. Además que no soy gay—. Terminó casi escandalizado. Su amiga suspiró, jugando con un mechón de cabello castaño que caía en su rostro.
—Es lo que me vino a la cabeza—. Admitió, cruzando sus piernas y mirándolo preocupada—. No es cómo si me fuera a meter en tu vida, pasa que la forma de hablar de Roxas es…
— ¡No hablé de Roxas, sino de Axel!—. Estalló, poniéndose de pie abruptamente. Chocando con Riku que caminaba atrás de él—. Además no hay motivos para hablar de eso. Roxas está por irse—. Intentó cambiar el tema, Riku sonrió mientras tendía a Kairi una lata de gaseosa.
—Aa. Igual no es cómo si se fuera solo—. Acomodó su largo cabello—. Axel va con él.
Fue entonces cuando los ojos se salieron de sus órbitas y todo tuvo sentido. El motivo porque su hermano lo evitaba seguramente era porque no quería decirle que iba con Axel. No, corrección, que se mudaba con Axel a Midgar. Apretó sus mandíbulas antes de echarse a correr y escuchar que Kairi le gritaba.
— ¡Sora, cualquier cosa que necesites sólo ven a hablarme!
Golpeó un foco de luz mientras caminaba a paso acelerado por la avenida. ¿Qué había sido eso? Cómo si realmente pudiera estar enamorado de su hermano. Era una locura. No era posible; era un pensamiento vedado. Además que nunca había sentido algún tipo de deseo hacia él; siendo la persona pasional que era hubiese sido normal tener algún tipo de sueño, o señal que se sintiera atraído a su hermano de alguna manera. Cubrió su cabello con la gorra de la campera y maldijo la lluvia que caía torrencialmente. A pesar de la negación, tenía que admitir que tampoco sabía que rayos le estaba pasando. Últimamente ni él se aguantaba a sí mismo, y su estado de ánimo cambiaba a cómo se levantaba. Como si fuera ciclotímico y cada uno de ellos se movía alrededor de Roxas. Pero, creía, que se debía a cuanto habían cambiado ellos mismos. Su relación. Todo. Años atrás Sora sentía a Roxas como alguien a quien cuidar, claro que la personalidad de este ayudaba mucho a hacerle sentir el héroe de los dos. Roxas era muy introvertido y las relaciones nunca se le habían dado bien. Por eso mismo él era el único que podía acercarse, usurpar el espacio personal que su hermano imponía y llevarlo a hacer cosas estúpidas.
Como tirarle huevos a la vecina porque esta no les devolvía la pelota de fútbol. Cosas que, probablemente, su hermano no se habría imaginado hacer por aquel entonces. Ahora… Roxas tenía su grupo de amigos, tenía la suficiente personalidad para hacer lo que quería… y hasta novio. Sora se veía en un callejón sin salida. No sabía ya como tratarlo, ni estaba seguro de conocerlo lo suficiente para saber que lo lastimaba y que no. No estaba seguro de nada. Roxas lo había apartado de a poco de su vida y Sora se sentía excluido; eran dos personas desconocidas que convivían en un mismo ambiente. Dormían juntas y sólo los lazos de sangre los unían. No quedaba nada más entre ellos. Sus lágrimas se confundieron con las de la lluvia y su estado de ánimo tocó el suelo. Era la primera vez en su vida que no sabía cómo reaccionar, no sabía qué hacer y la presión se estaba sintiendo muy dentro suyo. ¿Por qué las cosas no podían ser como antes? Tan pronto como eso, se sintió colérico. Sabía que se había desahogado con Roxas momentos antes, pero los impulsos estaban manipulándolo como si fuera un títere.
— ¡Sora!—. El castaño se alteró cuando escuchó la voz de su hermano a su espalda. No quería que lo viera llorar como una criatura, y además seguía enojado con él por haber omitido el detalle de Axel. Así que siguió caminando, sólo que más lento. Si hablaba con él ahora probablemente no saldría nada bueno. Debía calmarse, pero era tan difícil cuando sus manos temblaban.
—No quiero hablar contigo ahora—dijo, quedamente, antes de sentir el jalón en la manga de su abrigo y que lo volteaban abruptamente. Roxas estaba frente a él, agitado y hecho un desastre gracias a la lluvia. Sora tragó saliva. Eran pocas las veces que su hermano se enojaba, generalmente era de temperamento sumiso. Ahora parecía lo contrario.
— ¡Qué demonios! ¿Te importaría decirme que mierda te pasa?—. ¿Qué le pasaba? Ojala supiera la respuesta. ¡Ojala tuviera una respuesta!
— ¿¡Qué más te da a ti! ¡No es de tu incumbencia!—. Iba a soltarse, pero Roxas lo sostenía con fuerza. Sora rogaba para sus adentros que lo dejara en paz. Sin embargo, cuando su gemelo lo encerró en sus brazos su corazón dio un vuelco.
—No quiero irme y terminar mal contigo, Sora. No te conté lo de Axel porque imaginé que reaccionarías así—. Pero el castaño estaba lejos de escucharlo. El callejón sin salida en el cual se encontraba lo tenía muy acorralado—. Lo siento, ¿bien?
Porque, mientras Roxas lo sostenía así en sus brazos, sentía que cada parte de su mundo estaba donde debería estar.
Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Square Enix y Nomura sensei.
A/N: Hasta aquí el capítulo dos, creo que faltan dos y terminamos. Espero que lo hayan disfrutado y no se olviden de comentar :'D Muchas gracias a todos los que dejaron review en el cap anterior.
Besotes!
