Hola hola! Me tardé porque he estado ocupada con otras cosillas y proyectos que he estado haciendo. De todas formas, gracias por leer y por dejar reviews.
Si alguien leyó "Rojo Carmesí" quizás recuerden que en alguna parte de la trama se menciona a Whip y a su desaparición o posible muerte, pero decidí en ese momento no desarrollar ese lado de la trama. Esta vez trataré de retomarlo de alguna manera, aquí. No sé qué vaya a salir :p pero espero que sea algo bueno, jeje.
KOF no me pertenece, solo la trama de este fic. Los personajes son propiedad de SNK y yo solo soy una humilde ficker y aprendiz de escritora.
Sin más, pasemos al fic.
Falling from Grace
Capítulo 2: Estás perdonado
K' se enderezó de golpe en cuanto pudo recuperar un poco de consciencia. Miró a su alrededor, y tardó al menos dos minutos en ubicarse, en recordar todo lo que había pasado. Al recordar, no pudo evitar tocar ansiosamente su cuello y su cabeza en busca de heridas o de vendajes que evidenciaran la realidad de las imágenes que se rehacían en su cabeza poco a poco.
En eso estaba cuando Máxima entró y lo encontró en este estado de ansiedad y nerviosismo que era tan raro ver en él, mas no imposible. Negó con la cabeza varias veces mientras le dejaba una taza de café en la mesa.
-No eres un vampiro, K'.
K' volteó a verlo con el ceño fruncido, como si le preguntara qué era lo que quería decir. Máxima se encogió de hombros, pues sabía que ambos sabían de qué hablaba.
-Déjate de estas cosas, K'. Ya te lo dije.
-¿Qué ocurrió?
Máxima soltó un suspiro pesado mientras se sentaba a lado de la cama en una silla, a beber su propia taza de café que también había traído consigo. K' tragó saliva ante la imposibilidad de hablar producto de los nervios ante lo que su amigo pudiera decirle.
-Ocurrió que como siempre, no me escuchaste y saliste a caminar tú solo. Regresaste pálido, ojeroso y sin poder ni hablar. Te quedaste inconsciente y tuviste una fiebre terrible. Por suerte no pasó a mayores.
-Pero...- se volvió a tocar el cuello- yo vi…unos ojos. Y sentí que me mordió, era….
-Un sueño, K'. Lo sé, gritabas algo para que te soltara, y lanzabas golpes y patadas y apenas te pude contener. K', escúchame, no eres un vampiro, te lo juro.
K' se incorporó por completo y caminó hasta un espejo que estaba colocado a lado de un armario. Se miró, y para empezar comprobó que se reflejaba, pero aún así levantó la barbilla y analizó su cuello con detenimiento. No tenía nada, absolutamente, ni un rasguño.
-Sé que sigues asustado por lo de…
-Ni lo menciones.
K' solía tener recuerdos en los que él y su hermana Whip eran niños. Pequeños rasguños de su pasado casi completamente olvidado. Lo malo era que estos mínimos fragmentos que quizás pudieron haberle dado algún tipo de identidad, solían ser simplemente cosas demasiado malas para que valiera la pena recordarlos.
Entre ellos estaba el recuerdo de un ataque, que por cierto era la razón por la que K' creía firmemente en las criaturas y constantemente vivía con el miedo de comprobar que había sido convertido en vampiro en algún enfrentamiento, incluso sin haber recibido una mordida o un contacto mínimo con alguna criatura. No había cosa en este mundo que lo aterrara más, o más bien, quizás era la única cosa que lo aterraba. Saberse inmortal hubiera sido la peor pesadilla en que se hubiera podido encontrar, de ser el caso.
Máxima se había dado cuenta de este miedo suyo casi por accidente, y cada vez que lo mencionaba K' lo callaba. No era de extrañar que tuviera pesadillas al respecto, el problema era que no parecía ser capaz de discernir por sí mismo cuándo era un sueño y cuándo era realidad lo que pasaba por su mente.
Varias veces ya Máxima se había visto obligado a decírselo, no, no era un vampiro, o al menos, aún no había tenido la mala suerte de ser convertido en uno. Que para el trabajo que hacían, era algo que podía ocurrir en cualquier momento.
Como K' ya estaba bien, decidió no seguir diciéndole nada ni preguntarle qué tipo de pesadilla había tenido en esta ocasión.
.
.
.
Ese mismo día, decidieron seguir con la segunda fase de su plan habitual, que consistía básicamente en el reconocimiento de los habitantes de la villa. Esto lo lograrían con la ayuda del posadero y del sacerdote. Ellos eran quienes conocían casi a la perfección a todos quienes vivían allí.
Este trabajo no fue difícil, pero sí bastante laborioso. El posadero primero estuvo pensando cuidadosamente y enlistando todas las familias que conocía, que de todas formas no eran demasiadas en la villa. Si llegaban a 25 era bastante.
Solo que para confirmar tuvieron que ir a la iglesia a hablar con el sacerdote.
Llegaron en mal momento. Era domingo y a pesar de la nieve y el frío había una misa, de modo que la iglesia y el pequeño patio delantero que ésta tenía estaban atestados de personas, además de que obviamente el sacerdote debía de estar ocupado.
Decidieron esperar afuera.
Cuando la misa terminó, ayudados por la lista que habían hecho con la ayuda del posadero y sus descripciones, fueron identificando poco a poco a las familias que había allí. El interior de la iglesia ya se había disipado bastante así que ellos se animaron a entrar a buscar al sacerdote.
Mientras caminaban por los pasillos, K' se distrajo viendo las pinturas, las esculturas y las citas de la biblia que había en las paredes. Por fuera, el edificio era muy humilde, pero por dentro era bastante imponente, quizás por las imágenes que ofrecían, tan profundas, por decirlo de alguna manera. No era que realmente le importaran, que fuera creyente o que fueran a hacer un cambio en él. Pero esas cosas le recordaban a Seirah…a Whip.
Tan distraído estaba que solo lo sacó de sus pensamientos el haber golpeado con su cuerpo a otra persona.
Escuchó el quejido de una voz débil, y volteó solo para ver a una jovencita rubia, exquisitamente vestida, que ahora estaba en el piso de rodillas.
-Fíjate por donde vas, mocosa-, le dijo con su tono violento y habitual, iba a seguir caminando sin darle más importancia pero en seguida tuvo que dar un paso atrás porque una espada apuntaba directo a su garganta. Levantó la vista y alzó las manos, conteniendo un poco la respiración.
-Fíjese usted por donde va, señor- replicó la portadora de esa espada, que era una mujer alta, de largo cabello negro, que estaba parada atrás de la joven.
La muchacha se puso de pie y la tomó de la mano para que bajara la espada.
-No es necesario, Diana- indicó con una voz muy dulce, pero a la vez firme. Miró a K' por última ocasión y continuó su camino. Su andar denotaba propiedad y altivez. La otra mujer también le echó una última mirada, pero de desdén. Ambas salieron de la iglesia.
…
K' llegó a donde Máxima hablaba con el sacerdote, y ellos, evidentemente, lo había visto todo. El hombre lo miraba con cara de preocupación.
-Debería tener un poco más de cuidado, joven. La señorita no es alguien con quien usted esté en posición de incordiar.
K' levantó los hombros y mostró un gesto de desprecio. El sacerdote le tiró un manotazo en la cara que lo sorprendió.
-Y tenga algo de respeto. Quítese esos lentes.
K' hizo caso, muy a su pesar. Suficiente tenía con una amenaza ese día.
El sacerdote hizo lo que podía, confirmando la información que tenían y ratificando lo que a su parecer estaba mal, agregando detalles por aquí y por allá. En efecto, en la villa había exactamente 26 familias, y ya tenían los apellidos y direcciones de todas ellas, además de las características distintivas de la mayoría de los habitantes.
El resto del día se les fue en confirmar la información de la manera más discreta que podían, tratando de no hacer demasiada evidente la vigilancia que estaban ejerciendo sobre los habitantes.
El día siguiente, y el siguiente a ese, se les fue haciendo este trabajo.
Por la noche del tercer día se quedaron en el comedor de la posada hasta tarde, repasando todo por última vez y asegurándose de que toda la información estuviera en orden.
O más bien dicho, Máxima se ocupaba en esto mientras K' ponía cara de fastidio. El lugar se encontraba ya vacío. La única persona además de ellos era el posadero, que se había quedado a limpiar las mesas. Una vez que terminó, le ofreció a cada uno una taza de té y se sentó con ellos a la mesa, bebiendo una él también.
Máxima agradeció el gesto y devolvió su mirada a la lista. Mordió su lápiz y su gesto se torció.
-¿Qué hay de la señorita?
Esta pregunta hizo que K' levantara la cabeza hacia él.
-¿Cuál señorita?
-La de la iglesia- explicó su amigo. Volteó a ver al posadero- ¿la conoce? Es una joven, no tiene más de 20 años. Rubia, muy linda y bien vestida. Parece que de muy buena posición.
-Oh, ¿de casualidad iba acompañada de una mujer muy alta y fuerte?
-Esa misma- confirmó K' recordando la espada acercándose a su cuello.
-Esa señorita es la condesa Kula Diamond. Sus padres fallecieron hace mucho tiempo y ella heredó muy joven el título, el dinero y las propiedades. Es una mujer muy rica y culta, y en la alta sociedad del reino se le da el trato de una princesa.
-¿Y qué hace una mujer de tanta alcurnia en la misa de una pequeña villa como esta? Sobre todo considerando lo que ha estado pasando por aquí últimamente- preguntó Máxima.
-Ella tiene un hermoso castillo en las montañas y le gusta venir en invierno. Cada cierto tiempo viene a la villa a atender la misa o a donar dinero a la iglesia y a la escuela. Es una joven muy noble.
-No cabe duda. ¿Valdrá la pena incluirla en nuestra lista?
-Háganlo si quieren, pero debo decirles que aunque lo crean necesario no pueden acercarse a ella.
-¿Y por qué no?- preguntó K' en tono brusco.
-Porque la mujer que siempre está con ella, Diana, es una guardiana feroz. En teoría, es un crimen ponerle a la señorita Diamond una mano encima, y ni Diana ni ninguno de los sirvientes que van con ellas dudarán un segundo en atacar a quien se tome el atrevimiento.
-Ese debería ser el crimen- puntualizó K' a su vez, cruzando los brazos, evidentemente molesto.
El posadero no quitó la misma expresión preocupada que le habían visto antes al sacerdote. Se vio obligado a insistir.
-La señorita Diamond es muy compasiva. Ella es la única que puede contener a Diana. Le ha perdonado la vida a muchas personas incontables veces.
-¿Y quién es esa estúpida mocosa para perdonar o no a alguien?- preguntó de nuevo K', bastante molesto ahora. Salió del comedor, y a pesar de las advertencias, volvió a salir de la posada sin avisar a nadie.
A diferencia del día anterior, el frío había disminuido bastante y confiaba en no caer de nuevo en el mismo estado lamentable. La única razón por la que lo hacía realmente era para poder despejarse un poco y conseguir alejarse de tantas cosas que lo ponían nervioso.
…
Era en momentos como este en los que tenía que recordarse a sí mismo, con toda sinceridad, lo que lo había llevado a hacer todo lo que siempre hacía. Lo que lo había llevado a convertirse en un cazador.
Su odio por las criaturas lo comenzó todo. Él y Max habían comenzado a trabajar en eso con el fin de encontrar respuestas a una gran cantidad de preguntas que había en el aire alrededor de ellos. Whip, su hermana, estaba escondida entre todo ese concierto confuso de pensamientos, recuerdos y razones.
No era un anarquista, pero odiaba el orden, las clases sociales y las castas. Odiaba las etiquetas y los prejuicios y era quizás por eso que podía decir que le gustaba su trabajo, pues la gente no lo consideraba un ciudadano más y podía permitirse la excusa de saltarse un par de reglas con tal de cumplir. Podía decirse que tenía libertad, y eso era satisfactorio.
Siguió caminando y casi sin darse cuenta fue saliendo de la villa. Le dio curiosidad adentrarse en el bosque, aunque fuera tarde, la verdad era que poco le importaba. Mientras más lejos se alejaba del resto de la gente estaba mejor, y siempre le pasaba, fuera la misión que fuera, fuera el lugar que fuera.
El alejamiento lo llevó hasta un lugar en el que pudo sentarse y relajarse aunque fuera un poco. Respirar.
En realidad el enojo mostrado antes había sido simplemente un desahogo de muchas cosas acumuladas desde la misión anterior; casi había matado al alcalde de la ciudad en la que habían estado…porque los habían engañado. No le importaba tanto el dinero como la información.
En aquel momento se había sentido tan cerca de la verdad cuando en realidad estaban lejos, muy muy lejos. Whip, Máxima, su pasado, todo se había venido abajo y en realidad él no se encontraba de humor como para soportar semejante situación tranquilamente, de la forma en que Máx lo hacía, con tanta disposición.
Casi sin reparar en ello, se quedó dormido.
…
Ella gritaba. Él se achicaba contra la esquina de la habitación mientras escuchaba esos sonidos horribles en el pasillo de la casa, el cual no alcanzaba a ver desde el lugar en que se encontraba.
-¡Seirah!- gritaba, aferrado a una cortina mientras el mundo alrededor de él se derrumbaba. Su corazón de niño apenas podía con toda esa emoción.
El cansancio de tanto llorar y gritar lo hizo dormir. Al despertar, lo hizo porque una mano gentil, pero fría, le palpaba el rostro.
-Vamos pequeño. No te puedes quedar aquí.
Ella, su hermana, lo levantó en brazos con cuidado y se lo llevó de allí. Lo entregó y él no volvió a saber de ella.
…
K' se levantó de golpe, el sueño no había sido tan violento y largo como otras veces pero resumía lo sucedido con su hermana, como siempre. Seirah, o Whip, como también era conocida, al parecer había recibido la maldición en una cruel batalla contra una de esas criaturas.
Y K´ por raro que pareciese, ese no había sido el único suceso malo en su vida. El que le había borrado la memoria y le había dado el terrible y molesto poder que tenía también se llevaba las palmas…
Durante mucho tiempo fue un fantasma, sin consciencia de su pasado o de su futuro y ni siquiera de cómo dominar el poder que tenía, que no había pedido y que realmente no desea tener. Máxima lo encontró y lo salvó, hasta donde era posible decirlo. Y después de mucho tiempo, K' comenzó a recordar y a conseguir darle un poco de forma a su pasado, entre otras cosas, tener pistas sobre su hermana Whip.
Ella lo había entregado a un orfanatorio porque no podía hacerse cargo de él. Sabía perfectamente porqué; él no pertenecía ahora a su mundo porque ella ya no era mortal. Todo el tiempo trataba de reprimir las memorias y los pensamientos pero en situaciones como en la que se encontraba actualmente no le importaba en realidad.
Él tenía que pelear. Pelear y encontrar tantas cosas que estaban perdidas…sabía que no podía rendirse nada más.
Se puso de pie y comenzó a caminar lentamente por el lugar tratando de volver a la aldea, pero antes de dar un solo paso sintió claramente la presencia de alguien tras él y a su mente volvió el sueño que había tenido la otra noche, del que se había despertado tan asustado temiendo ser una "criatura" más.
Claramente, se lo dijo a sí mismo, esta vez no se trataba de un sueño. Sin embargo, tan pronto como la sensación llegó, se fue. Bajó la guardia por un momento y continuó con su caminata.
Pero pasaron los minutos y se dio cuenta de que estaba perdido. Tal vez fue por quedarse dormido pero había perdido por completo el rumbo, y no tenía la menor idea de a dónde tenía que dirigir sus pasos para poder regresar a la aldea.
Siguió caminando, tratando de ubicarse en la oscuridad, pero era como si todos sus sentidos e instintos de cazador desarrollados por la fuerza se hubiesen inhibido. Entonces lo supo; estaba atrapado.
Nunca le había sucedido algo así. Esta vez, se estaba enfrentando a algo mucho más poderoso que él, pero con creces. Trató de darse calor a sí mismo pero el fuego corriendo por sus venas no consiguió aplacar el frío que de repente lo envolvió. Comenzó a correr, pero sus piernas congeladas resentían cada golpe de piso a cada zancada que conseguía dar. Se golpeaba contra los arbustos y los troncos de los árboles y todo su cuerpo, igualmente entumido, se veía afectado por esto. Su energía disminuía considerablemente, después de tanto tiempo sin conseguir realmente descansar, y de tanto descuido de su parte en cuanto a su alimentación.
Era un inconsciente, sí, y era en momentos como este en los que lamentaba y maldecía su propia negligencia.
No se dio cuenta cuando pasó entre unos arbustos espinosos. Le desgarraron la ropa y rasguñaron su piel, y con horror pudo ver que comenzaba sangrar.
Todo su poder parecía haber quedado desactivado y esto lo asustó, como nunca antes. Su corazón comenzó a latir con mucha fuerza, como hacía mucho tiempo que no lo sentía latir. No podía dejar que le atraparan, no.
Cuando levantó la vista, se encontró ante una enorme construcción. Había salido del bosque y ahora se encontraba ante el majestuoso e imponente castillo.
De pronto, sin que él pudiera si quiera percibir de nuevo la presencia, un fuerte golpe en su espalda lo mandó al piso.
La percepción del peligro activó su poder, y aún tirado en el suelo consiguió darse la vuelta y lanzar un flamazo, el más poderoso que podía. Pero su oponente bloqueó el ataque y le soltó un golpe en la cara con lo que identificó, por un extraño brillo que alcanzó a percibir, como el mango de una pesada espada. Volvió a caer al suelo, percatándose de su sangre tiñendo la nieve de rojo. Quien lo enfrentaba, lo sujetó por el cuello y lo levantó.
No podía respirar, y poco a poco, sus músculos se fueron tensando y durmiendo, aunque no sabía si era por el frío o porque su sangre no podía correr con facilidad.
-Diana, bájalo.
La dulce y tranquila voz llegó a sus oídos. Sonaba tan ajena, tan irreal, que le sonó más como a una sentencia de muerte a pesar de su mensaje.
Efectivamente, con quien peleaba, o más bien, quien lo atacaba sin piedad, era esa mujer llamada Diana. Ella lo soltó y él cayó al piso, derrotado y cubierto de sangre.
-Kula…
-Diana, está bien. Métanlo al castillo y curen sus heridas.
-Kula, este hombre estaba merodeando el castillo- K' no se había levantado únicamente porque no podía hacerlo. Su cuerpo no le respondía.
-No pasa nada. No creo que tuviera malas intenciones.
Diana gruñó de furia, pero a una señal suya un grupo de sirvientes salió del castillo. Levantaron a K', quien con gran impotencia comprobó que sus poderes no funcionaban y que él no podía mover ni los dedos de sus manos. Únicamente podía mantener sus ojos abiertos y observar a Kula, la joven que frente a él, lo veía fijamente.
Ella sonrió. K', indignado, sintió una rabia sin igual al comprobar que estaba recibiendo su lástima. Ella caminó hasta estar frente a él y tocó su rostro. La mano de la chica era fría, pero K' lo relacionó con el frío que de por sí había en el ambiente.
-Estás perdonado- susurró muy cerca de su oreja, haciéndolo estremecer.
Se alejó, le sonrió de nuevo y K' sintió otra oleada de furia recorrer su cuerpo. Pero no tuvo fuerza ni voz para arremeter como hubiera querido.
-Llévenlo dentro- ordenó Diana, y los sirvientes caminaron atrás de Kula rumbo al castillo. La chica subió por las escaleras con majestuosidad, y a K' se lo llevaron a una habitación en la planta baja. Una vez allí lo depositaron en la cama y se retiraron. Diana entró después.
-Tienes mucha suerte, niñito engreído. Pero si te atreves a volver a faltarle al respeto a Kula como en la iglesia te las verás conmigo.
Se dio la vuelta, pero antes de salir de la habitación, volteó a verle.
-No sé qué planes tenga ella para ti, pero no te consideres del todo afortunado. No me dejó matarte, aun así, hazte a la idea de que no vas a salir de aquí en mucho tiempo.
Diana salió de la habitación, dejando a K' adentro, hecho una verdadera furia.
Continuará…
Y aquí está. Espero que les haya gustado, aunque bueno, no ha comenzado la acción aún, pero cuando menos ya apareció Kula :D Por alguna razón siempre me sale un K' perturbado emocionalmente, pero si nos apegamos al personaje, creo que no puede ser de otra forma.
Por otro lado, quiero hacer a una Kula más dueña de sí misma, aunque siga teniendo una actitud infantil quiero imaginarme un poco más de valentía y madurez de su parte.
Espero que esto salga bien :D saludos a todos y de nuevo gracias por pasar por aquí.
Nos leemos muy pronto. Espero no tardar tanto de nuevo. Besos y abrazos!
Atte.
Yereri Ashra
