The Beast 02
Hablar lo que se dice hablar, no, no lo hacía. Su lenguaje era a base de gruñidos y rugidos que para el tamaño que tenía, eran espectaculares. Al principio todo se trataba sobre hambre y pudo calmarla con el rocío lechoso de los nenúfares del río cercano, aunque conforme los días pasaron, se iba haciendo cada vez más difícil mantenerlo tranquilo. Si lloraba, comenzaba a rugir y aullar, lo cual era peligroso porque cualquier lo podría escuchar y tendría a Lestrade buscándolo en cosa de minutos.
Por lo mismo lo dejaba poco tiempo solo, porque era curioso, como lo sería un niño pequeño, aunque cada día sentía que crecía un poco más y no era su imaginación, en cosa de semanas parecía ya más un joven de largas piernas y ojos curiosos que gustaba de comer retoños, flores y sobretodo, las setas y trufas del bosque. Trataba de proveerlo con este tipo de alimentos y había veces que los buscaban juntos, casi como en un juego, compitiendo para ver quién encontraba primero las cosas más sabrosas.
Sin embargo, su ausencia no era pasada por alto, las miradas de sus compañeros y compañeras del escuadrón polluelo eran más obvias conforme el tiempo de salir del cascarón se iba acercando, pero él tenía una responsabilidad más grande, una que no podía compartir con nadie. O más bien no quería tener que compartir con nadie.
-John –escuchó su nombre ser pronunciando detrás de él. Había acudido por su ración de polvillo de hadas, eso que le permitía volar, no necesitaba demasiado, notaba que su saco era más pequeño que el de lo demás, sabía que era porque sus vuelos cortos gastaban menos que los constantes de las otras hadas. No decía nada, no quería decirlo en voz alta, pero se entristecía porque era cierto, porque le daban más que suficiente, de hecho le sobraba y por la noche lo guardaba en un frasco que un día había encontrado.
Un gran frasco que podría llenarse en cualquiera de esos días. Un gran frasco que pondría junto a los demás, dentro de los cajones de su habitación.
-Mike –volteó finalmente al ver que su amigo volaba ya para alcanzarlo. Era el hada encargada de los libros, se la pasaba leyendo todo el tiempo y eso era notorio en la circunferencia de su cintura y en las lentes que siempre portaba frente a su rostro.- ¿Qué sucede?
-Donovan ha preguntado por ti, entre las hadas de los animales y, bueno, han dicho la verdad –le dijo nerviosamente. Su amigo había sido en un pasado asignado a las hadas curanderas, pero con el tiempo su pasión por los libros lo había alejado de la atención y ahora era encargado de la gran biblioteca del Rey.- Pero no te preocupes John, yo estaba ahí, en el árbol del polvillo, cuando Donovan preguntó y le he dicho que estabas trabajando para mí, cartografiando ciertas áreas de interés de las que necesito información.
-Mike yo… -no supo bien qué decir, Mike no tenía ninguna obligación de ayudarlo y tampoco le estaba pidiendo que le dijera que era lo que hacía en el bosque en vez de sus deberes.
-No pasa nada John, sólo ten cuidado –le dio una palmada en la espalda antes de alejarse volado de regreso al gran roble. Se apresuró para llegar hasta la cueva, concentrado en sus pensamientos no se fijó del todo en los alrededores, de haberlo hecho se habría dado cuenta de que estaba por completo desierto, en el lugar no había nadie y cuando lo buscó dentro de la cueva sufrió un ataque de pánico. Normalmente no solía salir sin él, siempre lo esperaba para iniciar su día, aunque se retrasara como el día de hoy.
Salió a toda prisa, usando lo más que podía sus alas, aunque sentía una punzada cuando el movimiento se volvía demasiado rápido. Siguió su rastro lo mejor que pudo, las huellas eran muy claras para él que lo había estado acompañando durante todas aquellos días, se sorprendió de que hubiera recorrido tanto trecho, era posible que se levantara más temprano y que saliera antes del amanecer. Terminó alcanzando la región de Primavera de la tierra de las hadas, estaba rodeado de árboles verdes y grandes flores de colores. Era un lugar muy lindo, cálido y pacífico, pudo escuchar a los polluelos en los árboles, lo cual lo hizo sentir ligeramente culpable, sin embargo el rastro terminó en un claro cercano, donde pudo ver a aquel ser de largas piernas y hermoso pelaje, trabajar en la construcción de un círculo de piedras muy elaborado.
-Lock –le dijo casi como un susurro, había una piedra redonda y luego una cuadrada, acomodadas en círculos concéntricos cada vez más grandes hasta abarcar el claro por completo. Estaba poniendo las últimas piedras, parecía haber trabajado toda la mañana y ahora miraba su obra con detenimiento, evaluando lo adecuado de la misma. Al escuchar la voz de John, por mucho susurro que fuera, levantó la vista y sonrió. John le había puesto ese nombre porque pensaba que era lo que se entendía de su gruñido, había pasado una noche tratando de comunicarse y por más que lo intentó sólo quedo medio conforme cuando le dijo ese nombre.
-¿Qué haces Lock? –Se acercó a John y lo olfateó con su nariz húmeda y oscura, una nariz que ahora era inmensa, así como el resto de él, había crecido mucho en muy poco tiempo y era alto como lo sería un humano, tal vez un poco más. John se dejó oler, era una especie de saludo y además le causaba mucha risa, por lo cual reía sin poderse detener.- ¡Detente! ¡Basta!
John se apoyó en su cara, sintiendo lo suave que era el pelo de sus mejillas, le gustaba pasar sus manos por él y a cambio obtenía un suave gruñido de alegría por parte de Lock. Lo tocó con uno de los dedos de sus manos, porque aunque los dedos terminaran en pequeñas pezuñas, casi como uñas engrosadas y ennegrecidas, eran unas manos hábiles que había buscado cada piedra y las acomodaron con destreza formando el patrón.
-¿Quieres ir a nadar Lock? –le preguntó mientras el dedo de la gran bestia acariciaba con mucho cuidado su cabeza, sin embargo, al escuchar la propuesta bufó en desagrado. John se separó ligeramente de su amigo y lo vio torcer la boca y gruñir algo que debía ser una respuesta negativa a su propuesta.
-¿Te parece aburrido? –John no podía enojarse con él, cada gesto de su cara, aun los desagradables, le parecían graciosos y aunque era bastante desesperante, le gustaba mantenerlo entretenido. Habían ido a nadar hacia dos días por lo que la propuesta era algo que obviamente rechazaría, pero a John le encantaba verlo con todo su pelo mojado porque significaba que se sacudiría con fuerza para secarse y aquello le provocaba mucha risa.
Lock asintió y repentinamente fijó su mirada en algo que llamó su atención, John trató de ver qué era pero salió corriendo tan rápido que tuvo que hacer un esfuerzo máximo para alcanzarlo y agarrarse de uno de sus cuernos. Algo así bastaba para dejarlo agotado, por lo que se sujetó con mucha fuerza para evitar salir disparado, Lock era muy rápido, sus piernas eran largas y fuertes y sus pezuñas eran gruesas y le permitían agarrarse con firmeza a cualquier tipo de superficie. Cuando llegaron a la orilla de la gran isla en la que estaba localizada la tierra de las hadas, supo que era lo que estaba mirando.
-No son agradables Lock, te lo aseguro –le dijo, pero el bufido que obtuvo como respuesta fue muy claro, no le importaba lo que John pensara, quería investigar por su cuenta.- Muy bien, pero tendremos que volar hasta allá, no querrás nada en aguas infestadas de tiburones y muchos otros monstruos marinos que nadie conoce.
Tras decir esto, John vio como el rostro de su amigo se iluminó por completo, como si hubiera escuchado algo muy excitante para él. El hada debía saberlo, no podía mencionar algo desconocido o un misterio sin que la gran bestia siempre curiosa deseara conocerlo, así que se arrepintió de haber mencionado el inexplorado Mar de Nunca Jamás, un mar que nadie solía cruzar. Pero cuando sonrió, John olvidó que estaba molesto, que aquello significaba un gran chapuzón que no sería agradable para él y además, aguantar la respiración más allá de lo soportable para él.
Porque cuando Lock sonreía, de esa manera en que manifestaba la más pura de las felicidades, entonces algo se volvía más cálido dentro del pecho de John. Y todo era posible, cualquier cosa, mientras siguiera sonriendo.
John perdió la consciencia mientras jalaba el pelo de la base de los cuernos de Lock intentando que entendiera que debían volver a subir, cuando miró hacia arriba la superficie se veía tan lejana y sabía que no podría llegar arriba a tiempo. Las hadas no nadaban, de hecho el agua volvía sus alas pesadas y casi inservibles, por lo tanto, tampoco gustaban de pasear en la lluvia por ejemplo. Y sumergido de aquella manera, no podría hacer otra cosa que confiar en su amigo, él no dejaría que se ahogara.
Por eso cuando el mundo se volvió todo negro sintió un gran vacío en su corazón. ¿Así sería el final? Lo mismo sintió aquella vez con el halcón, cuando su pico rasgó su ala fue como si lo hubiera clavado en su carne. Y sintió eso, que se quedaba sin nada, que dejaba de ser él, que se perdía por completo. Cuando abrió los ojos lo primero que vio fue el inmenso rostro de Lock sobre de él, goteaba grandes cantidades de agua sobre su cara y una gota especialmente certera le cayó en la boca y lo hizo casi volverse a sentir sumergido en el mar.
Sin embargo, aquella sensación se le olvidó bien pronto, en cuanto sintió la lengua de su amigo, una cosa rasposa y reseca, pero que con todo el cuidado del mundo lo comenzó a secar, liberándolo del agua que lo empapaba. John no pudo evitar concentrarse en la acción y como los ojos preocupados de Lock evaluaban un posible daño al cuerpo del hada.
-Estoy bien –dijo, pero su voz sonó rara, como si su garganta quemara y no pudiera hablar con claridad. Un gemido salió de la garganta de la bestia, algo que reflejaba dolor y arrepentimiento, John sintió que se le partía el corazón y quiso levantarse para asegurarle que todo estaba bien, aunque fue una mala idea porque un mareó se apoderó de él y lo único que sucedió es que volvió a estar tendido en la arena.- Estoy bien.
Aunque lo repitiera una y otra vez Lock no quedó convencido con el estado de John, lo tomó con su mano y con cuidado lo acunó junto a su cuerpo. En la mano de su amigo se veía tan pequeño, como era, una cosa de apenas centímetros que no se comparaba con los dos metros que medía la bestia. Estaba sentado en una piedra, a su izquierda estaba la laguna de las sirenas, su objetivo original. Ellas estaban asomadas, tratando de ver lo que sucedía, sus grandes ojos negros fijos en los seres tan diferentes. Ellas habían visto hadas, eran cosa normal aunque no solían ser muy buenos amigos, las sirenas engañaban a quien las escuchara, a quien se dejara llevar a las profundidades. Eso a las hadas no les gustaba, por esa razón no solían frecuentarlas.
Pero a un ser como Lock las sirenas jamás habían visto, les producía mucha curiosidad y trataron de tocarlo, pero se había sentado con la espalda pegada al acantilado y las estaba ignorando, aunque antes habían despertado su curiosidad. John se quedó dormido en la mano de su amigo, sin percatarse de todo el tiempo que había pasado lejos de su casa.
Aunque en ese momento no importaba mucho nada más, sólo el saber que John estaba bien y que estaba protegido por su amigo.
Gracias por seguir leyendo y mil gracias por sus comentarios BeneBells, Vnik Lord, Anahi, Van y Misha :D
Ahora, nada más para aclarar, John es el Hada y Sherlock el Fawn (cervato, cervatillo humanizado), aunque claro, en este capítulo ya está muy claro jejeje.
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Saludos a todos.
