Pavlin i lebed'
2
Tres años antes
Parte 1
.
.
Por fin había llegado a la ciudad capital luego de un largo viaje, se había tomado la libertad de recorrer varios países en tren ya que no deseaba llamar la atención ni hacer el viaje tan rápido. Quería un poco de tiempo para encontrar a una discípula pero antes debía analizar bien qué clase de pupilo estaba buscando. Sabía que la encontraría apenas la viera, la reconocería enseguida no obstante era una búsqueda larga.
Jamás había visto la gran ciudad con sus propios ojos solamente en fotografías que recordaba de sus días de infancia, quería visitar aquella urbe desde hacía mucho no obstante el destino la llevo en dirección del Santuario terminando como aprendiz de amazona y, posteriormente, a ser digna de una armadura del rango de plata. Una larga lista de logros sin duda o, al menos, eso creía ella la cual se veía incrementada apenas tuviera una pupila a quien enseñar. Eso le daría buenos puntos delante del Gran Maestro y la haría sentirse como toda una amazona de mayor rango. Todo lo que tenía que hacer era enfocarse en encontrar a esa personita especial y, lo más importante, era mantenerse en el camino correcto sin estar pensando en distractores que pudieran apartarla de su misión.
Se hospedó en un hotel de la calle Kamergerskiy, justo detrás del Teatro Bolshoi, por lo que pensó en aprovechar aquella buena ubicación para recorrer las calles del centro y pasar a mirar la Plaza Roja, las Catedrales de Kazan y San Basilio así como el famoso Kremlin. Pasaría un par de semanas en la Ciudad Capital antes de tomar el tren hacía su destino final, sino encontraba lo que estaba buscando en las calles de Moscú no tendría más opción que buscar en las calles del guetto que fue su hogar por tantos años y que se encontraba justo en la llamada entrada al continente asiático en Siberia.
No quería volver a Ekaterinburgo, odiaba esa ciudad y todo lo que había en ella por lo que se esforzaría en encontrar un discípulo en las calles de Moscú así le tomara días y noches enteras. Aquella tarde tenía pensado recorrer las calles del centro por lo que, apenas dejó sus pocas pertenencias en el hotel, y salió sin perder el tiempo ya que anochecería dentro de poco y estaba ansiosa por salir al aire frio de la ciudad.
Simplemente había dejado la máscara en la habitación del hotel, ¿por qué lo hizo? No estaba segura pero al ver su propio rostro en los escaparates de las tiendas pensó por un momento que había sido una pésima idea; especialmente si alguien llegaba a verla de cerca pero, por otro lado, sabía que esa ley solo aplicaba a los terrenos del Santuario por lo que no había problemas. O eso esperaba ya que, de lo contrario, se metería en un problema pero en ese momento no quería ser un amazona sino una joven que explora las calles de una ciudad nueva e interesante.
—No creo que haya problemas por haber olvidado la máscara. Simplemente estoy dando un paseo inocente, ¿Qué podría salir mal? —sonrió para sus adentros y siguió su camino por la abarrotada calle.
Fue directo a buscar un sitio donde comer algo antes de recorrer un poco más las calles del centro y finalmente volver y dormir. Su camino la llevó a un restaurante muy sencillo a comer un buen plato de Pelmeni y de ahí en dirección al famoso edificio del Teatro Bolshoi cuya fachada le llamo la atención apenas puso un pie. Tomo asiento en la fuente justo frente al edificio y bebió un poco de café caliente que había pedido para llevar.
La gente iba y venía, turistas por todos lados que miraban maravillados el imponente edificio. El Ave María de Franz Schubert parecía sonar en la lejanía, seguramente el personal del Teatro habría montado unos altavoces para algún evento privado. Tan solo se limitó a beber el café mientras escuchaba la bella música.
—Es una melodía muy bella —una voz se escuchó a su lado, no se dio cuenta de que alguien estaba sentado junto a ella, no le dio importancia y tan solo afirmo con la cabeza— ¿sabes cómo se llama? —pregunto amablemente el recién llegado.
—Es el Ave Maria si mal no recuerdo —respondió ella sin siquiera voltear a ver al chico sentado a su lado, sabía que no debía mirarlo siquiera aunque algo la impulsara a ello—, no estoy segura del nombre del autor pero conozco el nombre de la canción.
—Es muy hermosa… —y se quedó callado, seguía sentado a su lado sin hacer ruido, sin decir palabra. Pavlin solo pudo suponer que estaría sumido en sus pensamientos y no pudo evitar mirarlo aunque fuera de reojo.
Era un joven rubio de piel un poco morena que llevaba ropa poco abrigadora. Tenía los ojos azules y las manos unidas, estaba disfrutando del Ave María como si tuviera algún significado muy profundo para él. La joven estaba sorprendida por aquella reacción a la música, lo miraba con cierta curiosidad pero él chico tenía la cabeza por completo en su mente por lo que no había reparado en ella. Eso la tranquilizo.
—Por cierto, me llamo Hyoga. ¿Cuál es tu nombre? —eso la tomó por sorpresa porque en un segundo levanto la mirada y poso sus ojos en ella quien no llevaba máscara y estaba en estado de shock al no saber cómo reaccionar.
—Yo… —no podía articular palabra ni podía dejar de mirarlo a los ojos como si acaba de cometerse un crimen imperdonable—, no debería estar aquí.
— ¿Oye, estás bien? —estaba tan sorprendido como ella, Hyoga la miraba sin saber qué hacer o decir ya que estaba seguro de no haber actuado inapropiadamente— ¿Te pido ayuda o necesitas a un médico?
—No, no es eso. No debería estar aquí, debo irme —Pavlin se puso de pie y camino lo más aprisa que pudo de regreso a su hotel, acababa de pasarle algo horrible: un hombre en específico la había visto sin máscara, había hablado con ella y le pregunto su nombre.
Fue una tontería salir sin máscara del hotel, una completa idiotez de su parte el haber estado con la guardia baja y ahora no sabía qué hacer con aquel sujeto. Su primer impulso fue salir de ahí tan aprisa como sus piernas le permitieran, necesitaba alejarse y dejarlo tan atrás como fuera posible así no tendría que recurrir a la primera consigna: matar al hombre que vea tu rostro. Un par de lágrimas caían sobre sus mejillas mientras caminaba de regreso al hotel.
O eso intentaba porque resultaba que había girado mal en una esquina y ahora no sabía bien donde estaba. Aún tenía la impresión y el rostro de Hyoga grabados en la mente por lo que mejor se paró por un momento frente a un escaparate para tomar aire y poner sus ideas en orden.
—Por fin logré alcanzarte —dijo una voz detrás de ella—, no puedo irme y dejarte a tu suerte. Te conseguiré ayuda.
— ¿Por qué piensas que necesito ayuda? —Pavlin trató de no mirarlo de frente sino de perfil—. Estoy bien, déjame sola.
— ¿De verdad estarás bien? No pareces saber a dónde te diriges, no pude evitar seguirte y ver que no conoces las calles de esta ciudad. ¿Estás perdida acaso o no encuentras a tu familia?
— ¿Qué? No, no es eso… —cómo explicarle que ella era una amazona del Santuario y que ahora tendría que matarlo por haber visto su rostro, ni siquiera tenía una explicación lógica para su proceder— Escucha, no puedo quedarme a charlar, ya tengo que irme.
—Pero… —la observó caminar algo tambaleante y no resistió al impulso de seguirla.
Necesitaba estar seguro de que aquella chica tan extraña llegaba con bien a su destino. Tal vez estaba perdida o tenía amnesia y por eso no recordaba donde vivía; aunque no podía seguir sacando más conjeturas quería asegurarse de que ella estaría bien aunque, al mismo tiempo, tenía la leve impresión de que ella estaba huyendo de él en específico. Aunque eso no tenía sentido puesto que no se conocían y estaba seguro de que no había dicho nada para ofenderla.
— ¡Basta, deja de seguirme! —Pavlin estaba molestándose ya que Hyoga iba detrás de ella por alguna razón que no entendía.
—Lo siento pero no puedo irme dejándote a tu suerte hasta que esté completamente seguro de que estarás bien.
—No soy una chica desvalida. Se perfectamente a donde voy.
— ¿De verdad?
Pavlin se detuvo en una esquina y no reconoció el nombre de la calle, trato de buscar en sus bolsillos la llave del cuarto de Hotel para mirar la dirección pero al sacarla no vio más que el nombre del mismo y no recordaba con seguridad si el nombre de la calle era el mismo que el sitio.
—Déjame ver —Hyoga tomo la llave de su mano y miro el nombre del Hotel.
De nuevo Pavlin se limitó a observarlo de perfil sin poner sus ojos sobre su rostro en ningún momento, tan solo deseaba que él desapareciera de ahí porque no quería tomar las medidas correspondientes al acto deshonroso que acababa de vivir hacía un momento frente al Teatro Bolshoi gracias al llamado Hyoga.
—Tal y como supuse estás perdida —concluyo el joven—, este hotel no está por aquí. Vamos te llevaré.
—No, no es necesario que me lleves, tan solo dime por donde está la calle y yo llegaré sola.
— ¿Qué? —no podía creer lo necia que era, se negaba a aceptar su ayuda cuando él no tenía ninguna mala intención, su deber siempre había sido ayudar a los necesitados y ella estaba necesitada de que la llevaran a su destino—, a este paso estarás vagando toda la noche tratando de encontrar este Hotel. Vamos, yo sé dónde está. Tan solo te dejaré en la puerta y me marcharé, ¿de acuerdo?
— ¿Te marcharás apenas lleguemos? —necesitaba estar segura de que él se iría para no volver aunque algo le decía que no era bueno que supiera en qué hotel estaba— ¿de verdad?
—Lo haré.
—De acuerdo… iré detrás de ti pero en ningún momento deberás voltear a mirarme hasta que yo te lo indique.
—Que petición tan extraña pero cumpliré tu deseo.
Camino detrás de él esperando que no fuera a voltear. Pavlin se acomodó el cuello de la chaqueta tratando de ocultar su rostro lo más que podía, sabía que ya era inútil pero aun así quería hacerlo. Lo que tenía que pensar era en cambiarse de hotel ahora que él sabía dónde estaba hospedada. Pensando en esto y lo otro no se dio cuenta en qué calles giraron ni cuanto caminaron realmente pero tal y como él lo había prometido la llevo hasta el hotel de la calle Kamergerskiy así como le dio la espalda para no mirarla tal y como ella lo solicitó.
—Aquí está el hotel, te entregó la llave de la habitación —Pavlin la tomo sintiéndose algo más tranquila—, tal y como lo pediste no miraré tu rostro tan solo quería estar seguro de dejarte en un sitio que conocieras.
— ¿Por qué insistes en creer que estoy perdida o algo así?
—De verdad parecía que no sabías ni dónde estabas mientras corrías. Como si yo te hubiera hecho algo horrible, tan solo te pregunté tu nombre. No me esperaba esa reacción de tu parte —ella sabía que estaba molesto por su tono de voz.
—Digamos que no me gusta que miren mi cara, es todo.
—Siendo así deberías de salir con alguna máscara a la calle —respondió Hyoga aún más molesto que antes—. Sabes, eres demasiado bonita como para pasar desapercibida. En fin, te dejo. Que pases buena noche.
—No quiero que vuelvas a este hotel, ¿entendiste? —lo dijo sin pensarlo dos veces, él ni siquiera volteo a verla.
Sin decir más se alejó con pasos rápidos por la calle. Pavlin lo miro marcharse sin decir nada más, no se esperaba que fuera a decirle "bonita" pero se sintió mucho más tranquila en cuanto se perdió de vista.
Para Hyoga aquella experiencia había sido demasiado extraña porque era la primera vez que una chica huía así de él por lo que, al llegar a su hotel, se analizaría el rostro con cuidado buscando si tenía algo que ahuyentara a una chica de esa forma. Ninguna chica lo había encontrado tan repulsivo como para tratarlo así excepto ella. La chica bonita que odiaba que mirarán su rostro.
—Y ni siquiera me dijo su nombre…
Miró el hotel desde la lejanía de la calle. El edificio estaba justo detrás del Teatro Bolshoi por lo que reafirmó que ella ni siquiera sabía dónde estaba y por eso dio un rodeo para poder llegar ahí. ¿Sería bueno dejarla a su suerte en las calles de Moscú? Sabía que no debía meterse en lo que no le importaba pero la chica se veía muy desorientada.
Pavlin lloro desconsoladamente apenas toco la cama de la habitación. Había perdido el honor delante de un tipo al que había visto no más de diez segundos, su rostro estaba totalmente expuesto y ahora no sabía qué hacer; lo único que se le ocurrió fue ahuyentarlo para que se fuera lo más lejos posible ya que, de lo contrario, tendría que matarlo y no quería meter a un civil en un pleito con reglas que seguramente no entendería.
—Debo irme de este hotel y mañana partir de la ciudad —miro el techo tratando de encontrar alguna respuesta—, no quería partir tan pronto pero con ese hombre en las calles no estaré segura y más porque sabe dónde me hospedo.
"Sabes, eres demasiado bonita como para pasar desapercibida" esas fueron sus palabras y en su mente se repetían una y otra vez.
—No sé qué voy a hacer. No quiero combatir con una persona sin cosmos e idiota como él —se metió a la bañera para tratar de calmarse, seguramente el agua caliente la ayudaría.
.
Hyoga se levantó temprano aquel día y salió a caminar un rato luego de desayunar. Trató de caminar en cualquier dirección pero sus pasos lo llevaban hacía el hotel de la calle Kamergerskiy, en lo profundo de su mente quería verla de nuevo, tenía la duda sobre si ella no se habría perdido de nuevo aunque también existía la posibilidad de que su familia ya estuviera al pendiente de ella. Como sea él necesitaba confirmarlo con sus propios ojos.
Pavlin despertó bastante cansada ya que había llorado por varios minutos dentro de la tina de baño, se sentía muy humillada así que pensó en ponerse la máscara antes de dejar el hotel aunque ya habían visto su rostro, por lo que no tendría ya ningún sentido. Como que ya nada tenía sentido en ese momento ni siquiera el que se topara con él de "sorpresa" en la puerta principal del hotel.
—Me largo de aquí… —empacó sus cosas no sin antes bajar al comedor a desayunar algo ya que le esperaba el viaje en tren a Ekaterinburgo y, aunque era relativamente corto el trayecto, prefería comer algo antes de salir.
Lamentablemente al llegar al comedor vio que los precios de los desayunos eran algo elevados y no contaba con suficiente dinero como para pagar esa cantidad de rublos por un simple desayuno. Aún más molesta que antes regreso sobre sus pasos para subir a la habitación y registrar su salida. Cruzó el pasillo justo frente a la puerta principal y no pudo evitar que su corazón diera un respingo: ahí estaba Hyoga mirando hacía dentro del lobbie. ¿Por qué estaba ahí? ¿Qué quería ahora? Con él en la puerta no podría salir desapercibida, seguramente quería pleito o atacarla. No había más remedio que enfrentarlo, por supuesto que ella no iba a huir aunque no tuviera su máscara, como él ya la había visto sin ella no tenía más importancia.
— ¿Qué haces aquí Hyoga? —Salió por la puerta mirándolo de frente bastante molesta— Creí haberte pedido que no volvieras.
—Y creo haberte dicho que no me iría sin saber que estás bien —ambos se miraron por unos momentos, como era totalmente de día pudieron ver sus rostros con toda claridad.
Pavlin vio algo de preocupación en los ojos del chico y no supo cómo reaccionar ya que estaba siendo demasiado grosera con él.
— ¿Por qué sigues creyendo que esto desvalida o que tengo amnesia?
—Anoche reaccionaste tan mal cuando te dije mi nombre o tengo algo en el rostro que te causó tanto miedo que necesitabas huir de mí.
—No fue eso… —no podía explicarle las cosas, era así de simple. Tendría que salirse por la tangente, no había de otra—. Escucha, me tomaste desprevenida en una ciudad a la que no había venido nunca, quien sabe a lo mejor podrías haber sido un asaltante o un agresor de mujeres. Tenía que tener cuidado sabes.
—Bueno, si yo fuera un agresor o un asaltante, como bien dices, entonces no te habría tratado de ayudar ni perdería el tiempo trayéndote de regreso a tu hotel. Te habría atacado sin más ¿no crees? —esbozó una sonrisa ante la ocurrencia de la chica.
—Eso no puedo saberlo.
—Escucha, tal vez suene raro pero para demostrarte que no soy un matón a sueldo ni nada de eso déjame invitarte el desayuno.
—Por supuesto que no acepto —dijo cruzándose de brazos y volviendo al interior del hotel.
—Espera, dame una oportunidad. Tal vez fui muy insistente anoche pero, de verdad, me confundió tu comportamiento, en serio creí que tenías algún tipo de problema.
—De hecho eres muy insistente —relajo su postura y sonrió levemente— pero creo que no eres un mal tipo.
—Entonces me dejarás invitarte a desayunar —la miro sonriente ahora que ya estaba mucho más tranquila.
—No sé, déjame meditarlo —no pudo disimular una sonrisa.
—No me iré hasta que me des un Sí.
—Pues… —Hoyga la miro sin moverse ni un centímetro a lo que Pavlin no pudo seguirse negando— Está bien, acepto la invitación a desayunar.
—Vamos conozco un buen lugar.
Así empezó la historia entre ambos, una simple ida a desayunar, una plática inocente desembocaría en algo mucho más allá del control de ambos.
.
.
Continuará…
.
.
*Notas: Espero les esté gustando, gracias por leer.
