Si no te hubiera conocido, no podría disfrutar de esta felicidad que compartimos.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Miraba una vez más aquel niño de cabellos rubios y ligeramente largos. Esperaba por mí para ir juntos a la escuela. Acostumbraba tomar mi mano y me hacía sentir protegido. Era un niño muy amable aunque me lo negará. Se convirtió en mi protector y tiraba de mi mano forzándome a ir adelante; era mi brújula, quien me guiaba por el camino tan empedrado y lleno de obstáculos en el que me encontraba. Él caminaba como si no los viera, para él no existían.
- Senpai, espera, vas muy rápido. Me sujetaba de la mano pero yo no podía seguir sus pasos, los míos eran más pequeños e inseguros.
- ¡Otra vez nos retrasaremos por tu culpa! Me volteo a ver enojado.
- P-pero siempre salimos muy temprano y…
- Eso no es lo que importa. Me gusta ser el primero en llegar así que apúrate. Se giró y jaló mi mano para seguir con su camino. A pesar de estar molesto él reducía su velocidad.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Me pregunto si eras consiente de esos pequeños detalles. Para mí significaban mucho.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Con el día a día nos volvíamos más cercanos, sin que te dieras cuenta. Me acercaba a ti porque a diferencia de los otros niños o niñas tú me hacías sentir seguro, en total confianza y cuando me regañabas solo buscabas mi bienestar. Tus duras palabras eran diferentes a lo que acostumbraba, no solo eran reglas impuestas, entre líneas podía escuchar algo distinto que me hacía sentir feliz. Tus dulces ojos miel eran tan cálidos; aún me muestran su calor.
Nuestra rutina diaria nos mantenía la mayor parte del tiempo juntos. No sabes la alegría que sentí cuando te mire vistiendo el mismo uniforme de Karate que yo. Ya no odiaba las clases como antes, pude llegar a disfrutarlas con el solo hecho de tu presencia. Quería que vieras lo fuerte que soy y lo mucho que me esforzaba; deseaba que me reconocieras. Pero si de algo me podía quejar era tener que enfrentarme a ti. No deseaba lastimarte, quería ver tu sonrisa al proclamar la victoria, no importaba tener que caer ante ti. La hora de regresar era triste ya que tenía que esperar demasiadas horas para volver a divertirme contigo. Las únicas veces en que me emocionaba por volver era en temporada invernal.
- ¡Mira Senpai! Tire de su mano un par de veces para captar su atención. - ¡Arriba, en el cielo! Apunte con mi dedo índice. La noche hiso acto de presencia y con ella las primeras estrellas también. - ¿Verdad que son muy bonitas?
- ¿¡Ya es tan tarde!? Al igual que yo observaba el cielo. Parecía no tomar ni un descanso en sus pensamientos, siempre atento, siempre alerta. Por un minuto pensé que ignoraría mi comentario pero no fue así, sus ojos se abrieron grandes, con ilusión como los míos, observaba el lindo brillo. Su boca se abrió un poco, con impresión, las admiraba anonadado y al sentir como apretaba mi mano con un poco más de fuerza, volteé a verlo.
- ¡Senpai está sonriendo! No despegaba mi vista de él. - Su sonrisa es más bonita que esas cosas en el cielo. Debería de hacerlo más seguido... pero estoy seguro que si le digo algo se va a enojar. Mejor guardo el secreto. Solté una pequeña risita.
Esa fue la primera de muchas sonrisas que me regalaste, que atesoré. Ese brillo que se reflejaba en tus ojos y tu gran sonrisa no los voy a olvidar jamás, no otra vez. Procuraba compartir contigo todas esas maravillas que se escondían de tu mirar, esperando ver otra vez tu linda sonrisa.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Me gusta mostrarte lo bello que es el mundo pero me gusta más aún acerté ver lo bello que es nuestro mundo; lo que hemos logrado construir en todos estos años.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Mis padres siempre buscaron la perfección pero tú me enseñaste que en lo imperfecto hay algo superior, hay excelencia. Trabajaba arduamente por cumplir con sus expectativas, después de todo, los amaba demasiado, también buscaba su reconocimiento. Cuando las cosas no salían bien, cuando los castigos llegaban y yo solo quería escapar, tú te presentabas y lograbas animarme.
- Oi Morinaga. Llegó pateando mi pierna. - ¿Por qué siempre tienes que tener esa cara? Yo estaba sentado bajo un árbol del parque llorando por haber perdido en una partida fácil de ajedrez contra mi hermano. Sabía las consecuencias de aquello pues mis padres estaban observando.
- S-senpai. Secaba mis lágrimas con mis manitas, estaba bastante apenado por mostrarle esa cara demasiadas veces.
- Ya te he dicho que los niños no tenemos que llorar. Ponía sus manos en los costados y fruncía su ceño regañándome.
-L-lo sé pero… pero cuando regrese a casa… Seguro que tendría que quedarme hasta altas horas de la noche practicando para no volver a cometer el mismo error, eso si mis padres estaban de buen humor.
- Atrápalo. De su mochila saco un guante para béisbol y me lo lanzó. Lo tome entre mis manos con torpeza y lo observe detenidamente. Mi llanto se había detenido.
- ¡Esto es…! Me emocioné.
- Dijiste que nunca habías jugado béisbol, ni siquiera puedo creerlo. Ponía la mano en su frente tratando de no perder la cabeza. - Esto es increíble, a veces me pregunto si eres un extraterrestre.
- ¡Se-senpai…! Lo volteé a ver muy ilusionado y sostenía con fuerza el guante en mis manos.
- No podemos jugar porque solo somos dos pero… podríamos lanzarnos la pelota un rato. Volteó a ver la zona en busca de alguien para que se uniera al juego pero solo alcanzó a ver a una pareja. Sacó una pelota y otro guante y nos dispusimos a jugar. La lanzábamos entre nosotros.
- Oye, tienes buenos reflejos para no haber jugado nunca. Me mostró una de sus sonrisas.
- Esto es muy divertido. Igualmente sonreí. - Gracias Senpai.
Me divertía tanto con tu compañía que cuando repentinamente desapareciste me entristecí. Desde la ventana de mi habitación mire a muchas personas entrar y salir llorando de tu casa. No te vi en la escuela por un tiempo y me preocupe, tú no dejabas tu casa, ya no salías a jugar.
Regresaste pero esta vez eras diferente. Tus ojos no eran los mismos, parecías distraído y tu carácter era mucho más explosivo. Intente animarte tal y como hacías conmigo pero eso nunca funcionó.
- Es mi oportunidad. Voy a jugar con él y todo va a ser como antes.
- ¡Senpai, senpai! Corrí hacia él intentando alcanzarlo. Era la hora de salida y él estaba por irse. Estuve a punto de alcanzarlo pero después de que cruzó la calle lo perdí de vista. No me atrevía a ir a su casa así que no tenía otra opción más que irme.
Hubo un tiempo en que fue así. Tú no salías a almorzar y regresabas a casa con velocidad. Ya no te preocupabas por mí, ya no hablabas conmigo y pronto note que tampoco hablabas con los demás. Mantenías un libro siempre contigo, como si con eso fueras a evitar el contacto con los demás, como si pudieras alejarlos.
La situación se presentó y yo no quise desperdiciarla. Era tu último año en escuela elemental y yo tenía diez añitos. Mi estricto entrenamiento nunca se detuvo pero ahora se me permitiría dejar eso atrás. En unos días presentaría mi examen final, donde tenía la oportunidad de ascender a cinta negra, eso dejaría a mis padres lo suficientemente complacidos para poder dejarlo. Iba a ser una demostración donde cualquiera podía acudir, yo quería contar con tu presencia por lo que ideé un plan perfecto. Esperé por ti afuera de la escuela y esta vez pude detener tu andar.
- Senpai, me gustaría que asistieras. Le dije al entregarle una invitación que yo mismo había hecho. No era muy bueno dibujando pero lo compensaba con mi caligrafía. Esperé paciente por su respuesta.
- Esto es… Se quedó mirando el papel por algunos minutos. - Lo siento, pero no tengo tiempo para algo como esto. Me regresó la invitación mirándome muy serio.
- ¿Eh? Estaba confundido.
- ¿Por qué me mira de esa manera?... ¿Qué es esto que estoy sintiendo? Me duele mucho.
- Además ¿por qué iría a un evento como ese?
- ¿Qué es lo que está diciendo?, creo que no lo estoy escuchando bien. Algo en mi pecho dolía.
- Debo irme. Consigue a alguien más para que vaya, nos vemos, como-quiera-que-te-llames. Me hiso una señal avisándome que se marcharía y lo vi desaparecer entre las calles.
- ¿Por qué siento tantas ganas de llorar? Tome la invitación, la puse contra mi pecho y en un acto repentino la doble estrujando también parte de mi camisa.
Después de algún tiempo de no hacerlo, ese día regrese al juego en el parque a llorar, aguardé con esperanzas a que vinieras pero solo me estaba mintiendo. En la oscuridad de ese refugió saque uno de mis marcadores y escribí mi nombre. Yo tenía un nombre, no entendía porque lo habías olvidado, no entendía porque ya no mirabas mis ojos.
- Senpai… Senpai… Y en un atrevimiento. - …Souichi… t-te extraño tanto.
- "Los niños no lloran" Seque mis lágrimas con desesperación. Tenía que atesorar lo que me habías enseñado con tanto esmero.
- ¿Ya no vamos a jugar béisbol juntos?... Me preguntaba desconsolado. - Era tan divertido estar contigo.
Ese fue mi último intento. Tenía tanto miedo de volver a escuchar esas palabras tuyas, aquellas que me desconocían.
Nuevas personas entraron a mi vida y alguien que se preocupaba por mí también apareció. Nunca me imaginé que encontraría a una persona tan especial y de carácter tan diferente siendo amigo de mi hermano. Esa persona empezó a visitar la casa frecuentemente y ocupó un espació en mi corazón. Sus sonrisas eran brillantes y sus tratos eran muy amables, no fue difícil dejar entrar a una persona tan valiosa a mi vida. Algo en mí me hacía querer protegerlo, quería guardarlo celosamente del mundo y de todas las miradas. Un día cruzamos la línea y pasamos de ser conocidos a tener una relación. Yo lo envolvía en mis brazos deseando permanecer siempre a su lado, esperando a que un día pudiéramos vivir juntos lejos de ese lugar que me asfixiaba. Yo ya no observaba a mi vecino desde mi ventana.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Desapareciste de mi vida y hasta de mi memoria, pero nunca de mi corazón. Ese sentimiento permaneció dormido por mucho tiempo tal como una capsula de tiempo, solo esperaba el momento adecuado para volver a abrirse.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Las exigencias en mi vida solo aumentaron. Tomaba clases extracurriculares y se me preparaba igual que a mi hermano, como si fueran a dejarme a cargo de la empresa familiar, la diferencia era que desde que nací estaba destinado a ser siempre el remplazo; solo tomaría la posición de un obrero más en la empresa. La vida no fue justa y en un momento crítico de mi relación todo salió a la luz. Todo por lo que había luchado se desboronó sin que pudiera evitarlo. Verdades que llegaron a mis oídos y me destruyeron, fuertes reclamos y un par de golpes de parte de mis progenitores, un tortuoso encierro y una huida sin despedida. Tome todos mis ahorros y me dirigí a la gran mansión que abandonaron en Fukuoka. Viví en ese lugar solo hasta que pude pagar por un departamento. Mis padres me contactaron para ofrecerme dinero a cambio de que permaneciera siempre oculto. Mes con mes depositaban en una cuenta pero yo no deseaba depender de ellos por más tiempo, quería terminar los estudios obligatorios y conseguir un trabajo. Revisaba constantemente el periódico buscando mi independencia pero me topé con lo que cambiaría mi vida y me regresaría al lugar de donde escape.
- ¿Licenciatura de agricultura? ¿En Nagoya?
Descuide los estudios a tal grado que había olvidado lo que me apasionaba. Ese artículo hablaba de la licenciatura y tenía muchos de mis temas de interés. Me desvele varias noches meditando por la mejor decisión y termine por regresar al lugar en que te conocí. No fue fácil y tuve que trabajar duro para que me aceptaran pero una vez que logre ingresar me sentí feliz de mi esfuerzo; feliz luego de tanto tiempo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Aquel día de nuestro encuentro me volví a enamorar de tus ojos miel y mucho tiempo después de tu sonrisa.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Tantas cosas pasaron y tuve que enfrentarme a mis miedos; miedo a perderte, miedo a que no aceptarás este gran sentimiento que sentía por ti, que aún siento y hace latir mi corazón como loco. Escuche de tu voz que me querías a tu lado y con más dedicación luche por conseguir tu amor. Deseaba cada vez más de ti pero no quería presionarte. No hacer nada era lo único que podía hacer, ser paciente y esperar a que te acostumbraras. Fueron tiempos difíciles, de inseguridad y de temor, pero cuando el día llego fui la persona más dichosa. Me abrazaste repentinamente y susurraste esas palabras a mi oído, "te amo", retumbó en mis oídos mientras besabas mi cuello con pasión. Tú lograbas ser mucho más apasionado que yo cuando te lo proponías. Esas dulces palabras se repetían solo en los momentos más especiales.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Quería escucharlo de ti todos los días pero solo te reservabas el placer para los momentos más significativos. Te amo por eso y muchas cosas más.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Una nueva etapa llego a nuestra vida; si nuestra, ahora la compartíamos. Aceptaste nuestra relación mejor de lo que esperaba y me hiciste la persona más rica en muchas formas cuando se lo dijiste a tu familia. Pensé que permanecería siempre en las sombras pero me diste el privilegio de ser parte de tu familia, no podía estar más agradecido contigo. Ese día llore tanto que terminaste por golpearme en tu desesperación, no te culpo, ya que llego a ser muy desesperante por ser tan emocional. Nosotros cambiamos, no éramos los mismos que cuando niños y mucho menos que hace varios años atrás pero nuestra esencia permaneció intacta. Tú te sonrojabas de cuando en cuando y me mostrabas lo dulce de tu sonrisa, yo me esforzaba día con día para formar parte de tú todo e inconscientemente tú nunca dejaste de empujarme para que siguiera adelante.
Un día de limpieza trajo consigo todos esos recuerdos perdidos en mi memoria, la capsula del tiempo se abrió nuevamente y logre ver su contenido.
- ¿Qué es esto? Saqué una caja que se había mantenido por años en el fondo del que fue mi armario. Dormíamos juntos así que la habitación se quedó en desuso.
- Tiene mi nombre. Sacudí un poco el polvo y tosí. - "Nagoya" Tenía escrito. La abrí y me encontré con viejos recuerdos. Eran un par de uniformes que solía usar. Los tome, me los medí por encima y reí un poco al pensar que en algún momento yo use esas ropas. Saqué el contenido de la caja analizando pieza por pieza y viajando entre tantos recuerdos, me sentía muy nostálgico. Libros, un tablero de ajedrez, algunos cuentos y en el fondo había una bolsa de plástico oscura. - ¿Mmmm? No recordaba a ver visto esa bolsa antes, así que la tome entre mis manos y la abrí con cuidado.
- ¡E-esto es…! Un mar de lágrimas comenzó a descender cuando identifique a esa persona en la foto.
- ¿S-souichi? Todavía me preguntaba con duda. Pase a la siguiente fotografía y también estaba ahí.
- No lo puedo creer… Era él, no había duda.
- ¿Cómo pude olvidar algo como esto?
- ¿Debería de guardar el secreto? Sonreía con melancolía.
Mis lágrimas continuaron pero ahora con alegría. Era muy emotivo. Recordar algo como eso solo me hiso pensar que siempre estuvimos destinados a estar juntos y me di cuenta de que te debía mucho más de lo que yo podía pagar. Ni todos mis besos podían recompensarte por la tranquilidad, felicidad y seguridad que tú me dabas… y encima ahora amor.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Permaneceré endeudado de por vida para poder quedarme a tu lado y pagarte por siempre con mi amor, mis caricias y mis besos, mi profundo cariño y mi eterno respeto. Solo espero que por el tiempo que nos resta sea suficiente.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Tu cumpleaños llegó y yo tenía el regalo perfecto; no era caro así que no podías regañarme y era algo tan especial que estaba seguro que te gustaría. Preparé la más deliciosa de las cenas y saque un viejo vino que guardaba para una ocasión como la de hoy. Salí temprano del trabajo y pase por ti a la universidad. Regresamos juntos y accediste a tomarnos de la mano mientras caminábamos por las calles más próximas al departamento. Te sonrojaste y sentí el palpitar proveniente de tu mano. Al llegar nos sentamos a cenar y platicábamos con serenidad. Llegó el clímax de la velada.
- ¿Souichi, me permites un momento?
- ¿Qué sucede? Me preguntó extrañado al tomar su mano. - ¿No intentarás hacer algo pervertido verdad? Ahora lo decía más con burla que con molestia.
- Nada de eso. Lo levanté y de un cajón saque un paquete envuelto en colores sobrios y con un pequeño moño encima. - Feliz cumpleaños Souichi. Tomé sus manos y coloqué el regalo sobre ellas.
- N-no tenías por qué molestarte. Sus mejillas cambiaron a un color carmín. - Si es como el año pasado te obligaré a regresarlo. La mala experiencia de un caro reloj en su cumpleaños anterior lo hacía regañarme.
- Aprendí la lección "Senpai" así que no tienes de que preocuparte. Espero que te guste. Quitó la envoltura con cuidado y abrió la caja. Su cara mostró confusión hasta que ojeó ese libro.
- E-esto… esto es… La caja fue a dar al piso y ahora sus manos solo sostenían el libro. Sus ojos humedecidos miraban emocionados lo que sus dedos alcanzaban a acariciar. - ¿D-de dónde sacaste esto? Me volteó a ver con asombro mientras dos gotas traviesas se aventuraban por sus mejillas.
- Las encontré en una vieja caja, ¿te gustan?
Aquél regalo fue nada más y nada menos que un álbum fotográfico. Estaba vació con excepción de la primer página donde se encontraban dos fotos antiguas; la primera era una foto con todos los miembros de la clase de karate y la segunda era una foto del primer encuentro que tuvimos en una competencia que organizó el profesor, solo los que compitieron por el primer lugar aparecieron en esa fotografía.
Nunca antes de eso te había visto tan emocionado por una fotografía en la que aparecieras tú.
- Me pregunto si lo recuerda.
- ¿Qué es lo que ves en la foto Souichi? Pregunté con curiosidad. De su boca salían gimoteos que intentaba controlar poniendo frente a él su antebrazo. - ¿Qué es lo que ves? ¿Puedes decirme?
- E-estoy yo… y e-estás tú… somos nosotros. Apenas secaba sus lágrimas y un par más volvían a salir. - N-nunca dijiste nada… pensé que no lo recordabas. Confesó dejándome perplejo.
- Él también lo recuerda.
- Souichi. Suspiré. Me acerqué a él y lo tomé entre mis brazos. Recargué mi mentón en su hombro y susurré con delicadeza - ¿Hace tiempo te lo había dicho verdad?... que las fotografías son muy valiosas.
- S-sí. Contestó entre cortadamente y entonces hice una petición.
- Podemos llenar este álbum con muchos recuerdos de nosotros, de nuestra vida juntos. Quiero verlo contigo dentro de muchos años a partir de hoy. Sentí como asintió y hundió su rostro en mi pecho.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Me habías dado todo, ¿qué más podía pedir?
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Los años pasaron y nuestra relación creció, maduró y se fortaleció. Nuestros encuentros no se podían dar con regularidad por nuestras ocupaciones pero eso ya no era lo importante. No por eso la relación se enfrió. Cada vez lo hacíamos con entrega, ambos nos mostrábamos cariño, pasión, nos mirábamos con deseo, nos tocábamos y besábamos; tú dejaste parte de tu vergüenza de lado pero preferías que fuera yo quien te invitara.
Esta etapa de nuestra vida podría llamarla "anhelos y cambios". Aunque el tiempo pasó no lo sentíamos de ese manera sino hasta que la pequeña Kanako, que hace años dejó de serlo, tuvo a su primer hijo. Yo observaba el cariño con el que tratabas a tu sobrino, me sorprendió la actitud que mostraste para con el bebé pero recordé nuestros tiempos de infancia; tú nunca cambiaste.
- ¿Souichi? Lo llamé en medio de la noche. Esta vez no podía dormir sin antes preguntar. - ¿Estas despierto? Pregunté nuevamente al no escuchar su respuesta.
- Sí, ¿qué sucede? Escuchaba su voz algo adormilada.
- Pues, yo quería saber… si tú… ¿quieres un hijo? Trataba de no darle vueltas al asunto, sabía que eso no le gustaba.
- ¿¡Qué acabas de decir!? De un brinco se sentó en la cama y me volteó a ver, su sueño desapareció por completo.
- Dije que si quieres tener un hijo. Repetí tomando su mano tratando de sonar lo más calmado posible. Por dentro estaba aterrado de su respuesta. Por años supuse que ambos habíamos hecho un acuerdo mutuo cuando aceptamos esta relación pero nunca tuve la delicadeza de tratar este tema con Souichi.
- ¿Si me dice que sí qué es lo que debería de hacer?... estoy dispuesto a hacer lo que haga falta si ese es su deseo. Muchas ideas se formaron en mi cabeza pero ninguna parecía convencerme del todo.
- ¿¡De qué tonterías estás hablando tan de repente!?
- ¡Esto no es una tontería! Alcé mi voz para que entendiera la gravedad del asunto. - Yo siempre estuve consiente de que no tendría hijos, si lograba encontrar al amor de mi vida yo estaría satisfecho con ello, pero… pero yo nunca te pregunté tu opinión. Tal vez es muy tarde para disculparme. Quiero saber qué es lo que deseas. Si lo que quieres es una familia, un hijo, yo moveré cielo, mar y tierra para que seas feliz. Mi mano perdía su fuerza en el amarre.
- Morinaga… Su mano me sujetó con la fuerza que a mí me hacía faltaba. - Yo ya sabía todas esas cosas cuanto me involucre contigo idiota. Su voz era suave. - ¿No sé a qué viene tanta inseguridad?
- Es que veo el anhelo con el que miras al bebé de Kanako. Se sorprendió pues parece que no se había dado cuenta. - Lo cargas y juegas con él, parece que te diviertes mucho, además siempre que nos despedimos y regresamos a casa te ves desanimado. Lo acerqué a mí y le di un pequeño beso en los labios. - No quiero que tengas que privarte de nada por mi culpa. Pensó su respuesta por unos minutos y luego recargó su cabeza contra mi pecho.
- Te dije que ya sabía de estas cosas, idiota. No te voy a mentir, hubo un tiempo en me cuestioné lo mismo que ahora me preguntas y si… quería tener un hijo.
- Souichi…
- Quizá sea porque me acostumbre al criar a mis hermanos después de la muerte de mamá y quería vivir eso otra vez pero ahora con alguien que pudiera decir "me perteneciera", un hijo…
- Lo sabía. Pensé desanimado.
- Pero ya no más. Terminó omitiendo las explicaciones.
- ¿Por qué? Pregunté separándolo de mí. Sus ojos no me veían y tenía sus mejillas de color.
- No me gusto ver partir a mis hermanos. Su expresión se vio envuelta en tristeza. - No soportaría ver partir a un hijo mío. Los padres son sorprendentes… Una pequeña sonrisa se dibujó en él. - … deben ser muy fuertes para afrontar una perdida así, dejarlos ir cuando crecen.
- Entiendo. Lo tome nuevamente entre mis brazos, acariciando su espalda. - No debí de preguntar.
- No, no me molesta… además prefiero que me preguntes a que malinterpretes todo y pongas "esa" maldita cara. Quería ocultar su sonrojo en un regaño.
- Souichi sabes que ha pasado tiempo desde que hago ese tipo de cosas. Mencioné entre risas.
- Pues los malos hábitos nunca mueren.
- ¡Souichi que malo eres! Comenzaba con mis lloriqueos.
- Ves, a eso precisamente es a lo que me refiero. Me señalaba acusándome.
Nuestra discusión siguió pero había alivio en nuestros corazones. Esa noche descansamos en medio de un abrazo y miramos a un nuevo amanecer. Disfrutamos de mis sobrinos, pues no solo uno fue el que trajo risas a nuestras vidas. Llegabas a consentirlos tanto que corrían el peligro de malcriarse; Kanako llegó a quejarse pues ni con tus hermanos llegaste a ser tan tolerante.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Ahora todo eso son gratas memorias; parecen algo lejanas y me hacen querer llorar.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Cierro ese libro que reposaba en nuestras piernas y que ojeábamos con insistencia. Disfrutábamos de cada ilustración y comentábamos los momentos vividos. En tú cara veo un par de arrugas al igual que las que ahora hay en la mía. Te convertiste en el mejor profesor de la universidad y muchos alumnos ingresan a la facultad con la sola esperanza de recibir tus enseñanzas, me enorgullezco de tus logros, me enorgullezco de ti.
Doy un suspiro para después pronunciar un "te amo". Me correspondes tal y como espero.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
¿Cuántos años hace que nos conocimos? ¿Desde cuándo es que nos amamos tanto?
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Me acercó a ti y reparto cuatro besos. Beso tu frente, "te respeto". Tomo entre mis manos uno de tus mechones y lo beso, "dependo de ti". Entrelazo nuestras manos y me acercó a besar la tuya, "confío en ti". Y por último me acercó para deleitarme con tus labios y robar de ellos un beso apasionado, "te amo". Cada vez se vuelve más difícil expresártelo, convencerte de algo que ya sabes a la perfección, pero sin duda tú siempre vuelves a enamorarte; tu mirada me lo confirma una y otra vez.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Si no te hubiera conocido, no podría disfrutar de esta felicidad que compartimos.
¿Qué sería de mí sin tus constantes regaños y esos empujones que me guían?
Este amor nunca morirá, nunca acabará o se extinguirá; lo sé porque todo tú me lo gritas. Aunque mi cuerpo perezca, mi alma no conseguiría descanso sin antes encontrar la tuya. Hoy como siempre… Te amo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
