N/A: Ohayo, minna!

Estoy feliz. Muy, muy feliz.

Gracias a todos! La cantidad de reviews que recibí, me sorprendió de verdad. No me esperaba tantos, en serio. Mil gracias!

Y... como lo prometí: Aquí el segundo cap...! (No tan pronto, debido a la cantidad de trabajos que tengo, pero volví al fin) XD

Si seguimos así, hay fic para rato. ^^

Bien, saben que se aceptan críticas de todo tipo.

Gracias por leer!


Capítulo II

Vueltas de la vida

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—¡Pa! ¡Pa!— exclamaba la pequeña niña una y otra vez, sin recibir respuesta alguna por parte de su progenitor, quien se encontraba al volante de aquel lujoso Audi.

No era como si no quisiera prestar atención a su hija. Lo que ocurría era que aún no se veía capaz de volver a la realidad de la que había escapado inmediatamente al recibir aquella valiosa información por parte de Sasuke.

¿Que Hinata había vuelto?

Una sensación indescriptible se apoderaba de su cuerpo, al tiempo que presionaba con fuerza el volante de su vehículo. Seguía sin poder dimensionar del todo lo importante de aquella noticia. Y los pensamientos alborotados ya se hacían presentes en su cabeza que, por mucho tiempo, consideró hueca.

Está por Tokio desde anoche…

¿Sabías que iba a venir?

No. Me lo comentó al llegar.

¡Teme! ¿Cómo pudiste esconderme algo así?

¡Pero si te lo acabo de contar Dobe! Sabía que te alterarías.

¿Alterarse? ¿Él?

¿Pero de dónde sacaban semejante estupidez?

Pues claro, todos los días alguien viene y te dice que tu amor de la secundaria ha vuelto. Y encima te lo dicen tarde. ¡Ese Sasuke debía estar mal de la cabeza! Esa información debió ser lo primero que le dijera en cuanto lo viera. Él haría lo mismo en una situación así, ¿o no?

Tan sumido estaba en sus pensamientos, que, no notó el momento exacto en que su pequeña hija comenzó a sollozar, con la mirada fija hacia la ventanilla del coche.

El rubio se sorprendió.

—¿Q-qué sucede, Naruko?— inquirió con inquietud.

La niña lo observó con tristeza, mientras intentaba secar las caprichosas lágrimas que resbalaban por sus sonrosadas mejillas con las pequeñas manitas.

—Pá…— habló apenas la niña—. ¿Por qué nunca me respondes cuando te pregunto en dónde está má?— inquirió acusadoramente—. ¡No es justo! ¡Yo la extraño!

Naruto por un momento se sintió el peor padre del mundo.

¡Su hija estaba ahí con él! Pidiendo su atención. Ella lo necesitaba, quizás Hinata no. Él debía hacer feliz a su hija, y olvidarse tan sólo por un momento de aquel atormentante pasado. Frunció los labios y apretó con más fuerza aún el volante. ¿Qué estaba haciendo?

Estacionó frente al primer McDonalds que fue capaz de observar. El tema de los Hyuga podía esperar. Su pequeña no.

—Mi bebé…— mencionó él con voz suave, mientras estiraba los brazos en dirección a su primogénita—. No llores. Ven aquí…

Naruko observó a su padre por largo tiempo, y, después de unos segundos se arrojó a sus brazos, derramando aún más lágrimas. El hombre suspiró. Se le partía el alma cada vez que la veía llorar.

—¡Pá!— su vocecita aún se escuchaba entrecortada— Quiero que má regrese…

—Tranquila, mi amor— susurró él acariciando la melena rubia—. Mamá va a regresar. Te lo prometo. Ahora está trabajando porque quiere traerte un lindo regalo para tu cumpleaños. ¡Falta muy poco…!— comentó a fin de animarla.

—Sí…— dijo ella con leve entusiasmo surgiendo de sus adentros—. ¿Me vas a hacer la fiestita, pá?— inquirió con la voz adecuada para realizar una petición grande.

—¡Claro que sí mi princesa!

—¿Y má va a venir a verme?— insistió enfocando sus hermosos ojos aperlados en los azulados de su padre. Éste asintió con una sonrisa tranquilizadora para la niña. —¿Lo prometes?— indagó ya luego con una sonrisa más abierta. La cara de picarona que ponía cuando quería algo enserio atravesaba por completo al Uzumaki mayor.

—Prometido— sonrió él de la misma manera.

—Gracias— ella rió fuertemente. Ya se sentía mucho mejor— Y… pá…— mencionó alargando demás la última vocal. Él la observó suspicazmente.

—¿Qué?

—¡Vamos a quedarnos en McDonalds!— exclamó a todo pulmón.

El rubio suspiró.

Su hija era un caso perdido.

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—¡Awwrr! ¡Soy el lobo feroz!— exclamaba la joven castaña, mientras correteaba al pequeño niño por los alrededores de la enorme residencia Hyuga—. ¡Te voy a comer enterito!

—¡Auxilio!— gritaba Menma con mucha potencia—. ¡La tía Hanani se convirtió en un monstruo!

—¡Es Ha-na-bi!— aclaró la chica de diecisiete años mientras seguía corriendo—. ¡Y soy un lobo, no un monstruo!

Hinata observó la encantadora escena que montaban su hermanita y su hijo, con una sonrisa cálida en el rostro. Verlos sonreír era lo que lograba llenar el vacío que muchas veces sentía en su pecho.

—Hinata-sama.

Se giró al oír aquella agradable voz.

—Neji-niisan.

—Hana-sama acaba de llamar…— informó con la seriedad característica en él—. Llegará mañana por la tarde…

—Ya veo…— Hinata suspiró.

Hacía un buen tiempo que no se comunicaba con su madre. Ésta de seguro la reprendería apenas llegase. La extrañaba tanto, que el correr de las horas se le hacía lento en su larga espera.

—Gracias por comentármelo…— sonrió a su primo—. Y, por cierto, nii-san, deja de llamarme "sama". Eso de la tradición familiar ya no tiene sentido para mí. Siempre has sido como mi hermano…

—Es que…— él sonrió de medio lado—. Ya me he acostumbrado a llamarlos así…

—Pero quiero que dejes de hacerlo, ¿sí?— habló volviendo la mirada a aquellos quienes correteaban por el jardín con interminable energía—. Somos iguales, completamente iguales. Y más aún ahora que lo de la herencia se fue a la quiebra…— explicó—. Tenlo en cuenta. No soy superior a ti, ni mi padre, ni mi madre, ni Hanabi. Nadie es más que nadie.

El castaño observó por largo tiempo a la mayor de sus primas.

Sin dudas Hinata había madurado. Ya no era la misma pequeña débil, tímida y acomplejada que solía ser en sus tiempos pasados en Tokio. Era una hermosa y realizada mujer ahora. Y, no cabía la menor duda, la principal causa de ese enorme crecimiento, acababa de caer de rodillas al suelo.

—¡Auch!

—¡Menma!— exclamó la madre, caminando preocupada hacia su pequeño de cinco años—. ¿Te lastimaste?

—Y-yo…— el infante tenía el rostro colorado, y los ojos empezaron a aguársele, mientras sostenía su rodilla. La raspadura era mínima… pero, después de todo, un niño es un niño.

—¡Levántate, perezoso!— bramó la joven castaña, acercándose a su sobrino con una sonrisa de medio lado—. Si lloras por haberte caído aquí, no quiero ver lo que sufrirás cuando empiece a enseñarte aikido

Menma, luego de colocar un rostro de espanto, hizo todo lo que pudo porque las lágrimas no empezaran a brotar de sus orbes azules claros.

—Nee-chan…— Hinata se acercó con tranquilidad a su hermana—. Déjalo. Aún es pequeño.

—¡Pero no quiero que Menma sea un debilucho como tú, hermana!

La de cabellos azules observó a la menor con una ceja enarcada. Así que Hanabi seguía pensando así de ella… Se entristeció un poco, pero lo único que hizo fue sonreír tenuemente. La otra, al rato, se arrepintió de sus palabras.

—Lo siento, Hina, yo…

Hinata estuvo a punto de decirle que no se preocupase, pero una vocecita habló antes que la suya.

—¡Mi mamita no es debilucha!— el pequeño Hyuga se levantó del suelo con mucha prisa, y corriendo chocó abrumadoramente contra su joven tía—. ¡Ella es muy fuerte!

—Menma…

—¡Es muy muy fuerte! – continuó el primogénito—. Ella sola me lleva a la cama por las noches. ¡Sin ayuda de Kiba-san! Y además, sabe hacer muchas cosas…— pensó unos segundos—. ¡Como cocinar! ¡Ella cocina muy rico!— siguió dando pequeños e inofensivos puñetazos contra las piernas de su tía.

Hinata Hyuga sonrió, observando a su hijo.

—Bueno, tienes razón…— Hanabi envolvió con sus brazos al niño—. Tu mami no es nada débil— observó a su hermana mayor—. De hecho, es la mujer más fuerte que he conocido en la vida. Y sí, cocina delicioso.

Se sonrieron. Neji los observó con ternura.

—¡Kiba-san si es un debilucho!– exclamó el infante, sorprendiendo a todos.

—¿Qué? ¿Por qué?— inquirió la menor, algo divertida. Cabe mencionar el hecho de que el Inuzuka – quién sabe por qué – no le caía nada bien.

—No lo sé…— Menma hizo una mueca divertida—. Nunca me ha alzado. Por suerte que él no es mi papá ¡de veras! Porque quiero uno muy fuerte.

Todos quedaron en silencio.

—Bueno…— su madre no sabía por dónde comenzar.

—Espero conocer pronto a mi papá…— continuó el niño—. ¿Sabías que él viaja por todo el mundo?— con los ojos brillosos, observó a Hanabi—. ¡Debe ser un gran aventurero! Como en los libros que me lee mamita…

—Wow… Debe ser muy genial…— dijo la castaña, sonriendo despreocupadamente.

—¡Sí que lo es!

—¿Jugamos otra vez al lobo feroz?— sugirió la misma chica.

El pequeño asintió enérgicamente y, segundos después, ya se los veía de nuevo correr a toda velocidad por el patio de la residencia.

Hinata suspiró aliviada.

Era la primera vez que Menma mencionaba algo de eso en público. Ella suponía que su hijo notaba lo mucho que la inquietaba aquella situación, por lo que no habituaba hablar de ello. Siempre que quería saber algo sobre su padre, preguntaba de otra forma, como tirando indirectas.

Su hijo era muy gentil, pero, sobre todo, inteligente. Sabía que él tarde o temprano tendría que descubrir todo. Y las posibilidades eran mayores, estando en Tokio.

Comenzó a caminar hacia el interior de la vivienda, con intención de dejar jugar tranquilamente a su niño y su hermana. Pesó junto a Neji, y le sonrió.

—¿A qué hora vuelve Tenten-san de la academia, nii-san?— inquirió con amabilidad.

—Debe llegar como dentro de media hora— respondió él, educadamente.

—¿Otou-san y Kiba-kun siguen prendidos a la televisión?— preguntó, poniendo los ojos en blanco.

Neji asintió, suspirando con pesadez. Su tío era un aficionado por el basquetbol, más bien la NBA, y cada partido era, para él, tan importante como su vida misma. Y parecía ser que el novio de Hinata estaba en las mismas.

—Bien, entonces empezaré a cocinar dentro de unos momentos…— comentó la mujer—. Pero, antes, si me permites, debo usar el teléfono… Quiero hacer una llamada…

—Adelante.

Luego de sonreírle una vez más, fue cuestión de segundos para que su prima desapareciera hacia la puerta de entrada.

El que dentro de unos días se casaba, no pudo evitar sentirse algo afectado, al recordar lo mal que su prima la había pasado antes de que naciera Menma. Sufrió tanto, que, cuando dio a luz a su pequeño, aún derrochaba lágrimas de felicidad, mezcladas con las de angustia.

Neji nunca olvidaría las lágrimas de su prima. Y nunca olvidaría las causas de las mismas.

Hacía tiempo que no lo veía, pero sabía que, tarde o temprano, Naruto Uzumaki tendría que dar la cara, y sería el mejor momento para hacerle pagar lo mucho que dañó a su querida prima. Estaba preparado para molerlo a golpes cuando fuera necesario.

Pero había algo que lo inquietaba.

Estaba convencido de que el rubio estúpido no sabía absolutamente nada acerca de la existencia de Menma, su hijo. ¿Cómo sería su reacción al momento de saberlo?

Porque sí. Iba a saberlo de alguna manera alguna vez, incluso, ni él mismo podría interponerse a aquello. Sabiendo que, a pesar de todo, merecía estar enterado de que era padre de un niño, hacía más de cinco años.

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Sabaku No Temari salió de la piscina, sintiendo algo de frío.

El domingo era uno de esos de pocos días en los que podía relajarse y descansar plenamente.

El trabajo en la Empresa Sabaku la estresaba cada vez más, y los días de sufrimiento amenazaban con aumentar, sumándole el hecho de que ahora debía formar una alianza con esa empresa de la cual no quería saber nada.

El quebrantable teléfono móvil sonando, la sacó de su trance. Resopló con apremio. ¿Quién la llamaría un domingo, después de todo?

—¿Diga?

Temari-san…

—Eh… Espera…– el simple hecho de que una vocecita tan dulce la contactara significaba que no se trataba de alguien de negocios. Una nostalgia inmensa la invadió al recordar ese timbre en especial.

Soy yo, Hin–

—¿Hinata?– indagó antes de que la otra voz pudiera terminar.

Sí, la misma.

—¡Oh por Dios! ¡Hinata!— chilló como si fuera lo mejor que le había pasado en mucho tiempo—. ¡Amiga! Te extraño tanto…

Yo también te extraño, Temari…– la voz de su pequeña peliazul, obviamente ya no adquiría la misma inocencia de hacía unos cuantos años—. Tengo miles de cosas que contarte… Y enseñarte…

—¡Ay, amiga! ¡Yo igual!— sonrió como nunca antes, y se lanzó al suelo, mientras buscaba broncearse algo—. Pero, a todo esto… ¿Cómo es que ocurre este milagro de que quieras llamarme? No has aparecido por el teléfono desde hace añares…

Sí, sé que fui descortés… Lo siento— se disculpó al otro lado de la línea—. Estoy en Tokio ahora y… De verdad quiero hablar contigo…

—Yo también, Hina, no sabes lo que… ¿QUÉ? ¿Estás en Tokio?

Eh, sí…

—Mi querida…— se puso de pie inmediatamente—. Tú y yo tenemos que hablar seriamente, de mujer a mujer.

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—A ver…— murmuró la rubia incrédula.

Hinata se mordió el labio inferior. Ya sabía lo que le tocaba.

—Iba a perdonarte el hecho de que no me llamaras en millones de años…— dijo aparentando calma—. Pero… ¡Por favor, Hinata!— exclamó al borde de las lágrimas—. ¿Cómo mierda se te ocurre ocultarle a tu supuesta mejor amiga que tienes un hijo…?

—Temari, yo–

—Oh, no. Y no es un niño cualquiera…— siguió la de ojos aguamarina, sacando a relucir su ya evidente furia—. ¡Tiene cinco años, Hinata! Significa que es de esa época. ¡Hace más-de-cin-co-años que me guardas un secreto así de grande!— a este paso, estaba gritando más que hablando—. No, y tú tan tranquilita con tu… es mi hijo, Tem… ¡Estás loca mujer! ¡Híper mega ultra LO-CA!

La Hyuga sintió ganas de estallar en llanto, cuando su amiga la observó entristecida. El lazo que se había formado en aquellos tiempos entre ambas, aún era lo suficientemente fuerte, y notaban la angustia interna de la otra. Siempre había sido así.

—Nada ha…sido fácil, Tem…— empezó con la voz entrecortada—. Nunca imaginé en realidad que podría estar aquí, dando la cara, comentándote felizmente que soy madre…— la voz se le quebró cuando observó a Menma, quien, a lo lejos, jugueteaba con unas hormigas.

La rubia la observó con angustia contenida.

—Juro que si…— continuó la ojiperla—. Que si pudiera cambiar mi pasado, lo débil, ingenua y estúpida que fui en su momento, lo haría. Pero, jamás desearía el no haber tenido a Menma…— los ojos se le estaban aguando—. Él es mi luz, Tem. Es quien me ha hecho ver la vida con claridad. Por él me hice fuerte…— unos sollozos interrumpían constantemente su manera de hablar—. Sé que hice mal al irme de la nada, y ya te pedí perdón miles de veces por ello… Pero juro que jamás lo habría hecho si estuviese enterada desde un principio acerca de lo que cargaba en mi vientre…

—Hina…— sólo era cuestión de tiempo para que la Sabaku también comenzara a lloriquear. Los ojos le ardían, y sentía un nudo bastante molestoso en la garganta.

—Yo…yo me equivoqué fatal…— siguió sollozando—. Y mi dolor también alcanzó a mi pequeño…— se sorbió la nariz fugazmente—. Fui cobarde, lo sé. Lo alejé de su padre, de su otra familia… Le impedí muchas cosas, a ambos en realidad, porque, sin tener en cuenta mi sufrimiento, sé que nadie se merece que le arrebaten el derecho de saber que es padre… Yo sólo…— se arrojó a los brazos de su amiga—. Sólo pensé en mí misma… Y no sabes, Temari, ¡cuánto me arrepiento!

La Hyuga se sacudía prácticamente en llanto. Temari la imitó.

Nunca imaginó que el dolor que tenía reprimido en su interior la de ojos perlas, fuera tan abundante y punzante. Se sintió horrible, una terrible amiga, porque, a pesar de no haber sido su culpa, pudo haber buscado muchas más formas de encontrar a su amiga en aquel tiempo en que se había marchado.

—Ya… Hina…— la rubia le sobaba con cariño la espalda—. Está bien. Te has desahogado correctamente, y…— suspiró—. Estás equivocada en muchas cosas…— alertó. La otra se separó temblorosa, y la observó—. Tu mayor error, es creer que todo es tu culpa…

—No, Tem, sí es mi culpa…

—No— la tomó de los hombros—. Mira, Hinata Hyuga. No has sido tú la que eligió sufrir…— aclaró observándola con ímpetu—. Todo ha pasado por alguna desconocida razón. Mírate… El pequeño te ha hecho madurar mil…

La de cabellos azulados, bajó la mirada quedamente.

—Te has vuelto una mujer maravillosa. Lo sé. En realidad, siempre has sido maravillosa, pero ahora…— sonrió—. El toque de seguridad que antes no tenías, ha aparecido. Sólo tienes que aumentarlo… Y, ¿sabes cómo lo conseguirás?

Volvió la mirada a su amiga, algo inquieta. Se sorprendió al ver la enorme y divina sonrisa esbozada por la Sabaku. Una sensación de nostalgia inmensa la invadió.

—¡Siendo tú misma!— la habló con suavidad—. Mostrándote tal cual eres, demostrando tus sentimientos… ¡Amando a tu hijo, y siguiendo en lucha por él! Esa es la única clave…

—Yo…– luego de un titubeo, la sonrisa cálida, sincera y esperanzadora, apareció después de mucho en la mayor de las Hyuga—. Gracias, Tem.

Un abrazo furtivo, fue lo que vino a continuación.

—¡No es nada!— chilló la otra—. Y perdóname por haberte dicho esas cosas en un principio, sin tener idea de por lo habías pasado… Lo siento, en serio, amiga… —cerró los ojos y sonrió efusivamente—. ¡Cuánto te extrañé! Mi tontita favorita…

—Heh…— ella acompañó con una risa baja—. Yo también te extrañé demasiado, no te imaginas cuánto…— rompieron el abrazo, y volvieron a sonreírse mutuamente—. Y no hace falta que te disculpes… Yo fui la tonta… siempre…

—Ay, no empieces…— Temari colocó los ojos en blanco—. Y… ¿ya lo sabe…?— un simple gesto con la cabeza en dirección a Menma, hizo que Hinata comprendiera todo.

Negó con la cabeza.

—Era lo lógico…— asintió la rubia—. Naruto tampoco lo sabe aún, ¿cierto?

Aquello tan repentino, fue como una apuñalada en el pecho de la joven madre. Aún le costaba poder escuchar con normalidad aquel nombre. Cerró los ojos y disimuló con una sonrisa nerviosa.

—No… — suspiró—. Aún no lo he visto…

—Ya veo…

Ni siquiera hizo falta que Hinata le comentara a su amiga quién era el padre. Ella enseguida lo comprendió por sí misma. Después de todo, Menma era un mini Naruto, y aquello era imposible de ocultar. Lo que tardó en notar la rubia, fue la repentina inquietud de su amiga al momento responderle anteriormente.

—Supongo que todo a su tiempo…— mencionó ya para dar un punto final al tema. No quería inquietar a Hinata más de lo que ya estaba—. Y, hablando de tiempo… ¿Por cuánto piensas quedarte? Escuché que Neji se casa dentro de unas semanas…

La Hyuga asintió.

—Bueno, aún no lo sé— murmuró dudosa—. Tenía pensado quedarme sólo por un mes, o dos… Pero…— se rascó la nuca—. Otou-san, Neji-niisan, Hanabi-chan y Kiba-kun quieren que me quede…— alegó.

—¿Kiba?– inquirió la rubia confundida—. ¿Quién es…— vaciló al notar el violento sonrojo en su amiga. Sonrió entre dientes—. Oh, ya… Entiendo— rió por lo bajo.

Se dio cuenta de que, en temas de sonrojos, Hinata no había cambiado nada. Pero, por lo menos, el anteriormente molestoso tartamudeo, había desaparecido por completo.

—Debes quedarte más— insistió Temari al fin—. No te esperé tanto, para que te vuelvas a ir…— aquello sonó como una amenaza.

La otra rió.

—Debo pensarlo— habló con tranquilidad—. En Londres tengo mi trabajo, y muchas cosas que no traje…— comentó algo desganada—. Pero Tenten-san me dijo que hablaría en la escuela en donde ella enseña para conseguirme un lugar, por si decidiera quedarme.

—¡Eso es genial, Hina!– exclamó eufórica—. Después de todo, te mereces algo de vacaciones antes de volver a trabajar… ¿No crees?

—Bueno, en realidad, no— sonrió—. Quiero empezar cuanto antes, si va a ser así…

—Fantástico…— su amiga la sacudió sujetándola de los hombros—. Puedo ayudarte también. Tengo muchos contactos, y sólo tienes que presentar tus papeles para que te acepten… ¡La novia de Kankuro fue aceptada con facilidad, sólo porque era nuestra amiga!— le guiñó un ojo.

—Suena bien…— le sonrió de oreja a oreja—. Gracias, Tem… Aunque, de todos modos, tengo que hablarlo primero con mi familia, y pensar en lo que me conviene…

Se quedaron unos cuantos minutos en silencio. La ojiperla recordó algo importante, y sonrió, tomándola de los hombros. La otra la observó interrogante.

—¿Y cómo has estado tú?– preguntó insinuando picardía en la voz—. ¿Cómo va todo con Shikamaru-san?— inquirió finalmente.

—Eh…— Temari hizo una mueca algo indescifrable—. Tengo mucho que contarte, amiga. Muchísimo.

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—Shion, no puedo creer que lo estés diciendo en serio…— habló apretando los dientes—. ¡Es tu hija, caray!— exclamó—. ¿Cómo puedes darle prioridad a un puto desfile de modas, o lo que sea?

Naruto, no me levantes la voz…— advirtió aquella voz chillona a través de la otra línea—. Sabes cómo es mi trabajo. ¡Lo estoy haciendo para ayudarte en lo económico también, tarado!

—No necesito tu dinero de mierda, Shion— dijo irritado—. ¡Es ella quien necesita tu compañía! ¡Siempre me pregunta por ti! Que cuándo vas a volver, que cuándo tal cosa. ¡Está destruida!

¡Ya te dije que no me hables fuerte!– insistió la mujer—. Volveré cuando tenga que volver, pero no ahora. Entiéndelo. Estoy con centenares de desfiles que cumplir…

—Es absurdo, Shion, por el amor de dios— aquello se oyó como una súplica—. No necesitas trabajar, ella tiene todo lo que necesita… ¡Sólo faltas tú!— reiteró—. Juro que si era por mí, no te lo estaría pidiendo. ¡Ni siquiera me afecta! Pero es mi hija. Tu hija la que está sufriendo.

Naru…— murmuró a través del teléfono—. No puedo volver. Quiero trabajar independientemente de las necesidades. ¡Amo el modelaje! Lo sabes…

—Por última vez, te lo pediré así…– dijo el rubio intentando calmarse. – Vuelve al país, mujer… Hazlo por el bien de tu hija.

¿Tanto me extrañas?— inquirió burlona.

El Uzumaki cortó la llamada con toda la rabia que ya no pudo contener, y arrojó el teléfono móvil duramente contra la pared.

—¡Vete a la mierda!

Esa mujer lo sacaba de quicio.

Siempre lo había hecho.

No sabía qué hacer con ella. Pero el asunto de Naruko le partía el alma. Ella sólo quería tener a su madre a su lado, como todos sus compañeritos de la escuela…, eso era lo que le había dicho la pequeña de cabellos rubios.

Si hubiera sido otra la madre de su hija, él…

Suspiró.

Era inútil.

Naruko no era hija de Hinata, como él habría querido que fuera. Ellos no estaban juntos, como él hubiera deseado. Ella había vuelto, y no por él, como siempre había anhelado con tanta esperanza.

Sólo le quedó perderse en los malditos recuerdos de tantos momentos felices y erróneos, mientras se lamentaba en silencio, y rogaba que su pequeña hija no hubiera escuchado su discusión con Shion, y, sobre todo, que no lo viera derramar lágrimas de impotencia.

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Sintió un estremecimiento invadirla, en el momento en que Kiba le besaba la espalda descubierta con sutileza. Sin embargo, no estaba con ánimos para nada de eso, y no quería herirlo, siendo fría, o no correspondiéndole, por lo que optó por decirle suavemente.

—Me dijiste que mañana sales temprano…— acarició los brazos del hombre—. Será mejor que te duermas ya, o no aguantarás. Trabajaste demasiado en estos días, amor…

El Inuzuka lanzó un gruñido de decepción, pero no intentó oponerse.

Ciertamente, estaba cansado y no podía negarlo.

—Mañana intentaré volver más temprano…— murmuró acomodándose en el lecho. —. No seguiré soportando que te me niegues cada noche, mi vida…

La Hyuga se enrojeció de pies a cabeza debido a la vergüenza. Segundos después, se acomodó al lado de su novio, y se acurrucó contra su pecho.

—Lo siento…

—No te preocupes…— sonrió él—. El señor Namikaze llega mañana de sus vacaciones, y estoy seguro que me dará permiso…

A Hinata le alertó el oír ese apellido.

—Por cierto… ¿Cómo se llama tu jefe?— inquirió con cautela. El apellido le había parecido de lo más conocido—. Puede que lo conozca, ya sabes, vivía aquí antes…

—Minato Namikaze…— pronunció él, despreocupado. A ella, le dio un espasmo en el estómago. – Pero temporalmente era su hijo, Naruto. Naruto Uzumaki— reiteró, dejándola con una sensación indescriptible—. Trabajo en las empresas Uzumaki's Import.

—A-ah…

Él frunció el ceño, confundido al verla algo... alterada.

—¿Sucede algo, amor?— inquirió preocupado.

—No, nada…— cerró los ojos y evitó hacer muecas que evidenciaran sus nervios—. No… sucede nada.

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Continuará…


Gracias totales a:

Malistrix

isabela17anime

Viux-hyukyu

darcy129

Kurogane-taichou

Ayreenkira

Rocio Hyuga

merylune

Paz

AriatneNamizake

Citlali uchiha

yanisaku

Lady Mitzuki

lavida13

aio hyuuga

lady-darkness-chan

norki04...

Por... tomarse la molestia de dejarme divinos reviews! Más adelante, trataré de responderlos. Por ahora, creo que debo ponerme a continuar lo que tengo pendiente. Ténganme paciencia, si?

Espero que les haya gustado, y no duden en hacerme saber cualquier inquietud, crítica, duda, queja, palabras de aliento, dedicación de música XD, o lo que sea que tengan que decirme. Recuerden que los reviews son la forma de decir a un autor: Me gustó tu trabajo. O algo así.

En fin, trataré de volver pronto.

Gracias nuevamente por el apoyo, y nos leemos prontamente. ^^

Abrazotes y Narutos sexys para todas! XD

Bye.

¿Reviews?

[Editado: 07/dic/2014]