¡Buenas!

Dedico este capitulo a quien lo lea =w=

Creo que aquí se darán a conocer más de la personalidad de cada hermano.

Sé que esto es demasiado cliché, pero igualmente les pido su amor (?

¡Disfrutad!

Numero de palabras: 3794

BESO MONOCROMÁTICO

"¿Puedo compartir el dolor que llevo dentro?

Me sigue y es hondo,

es la cicatriz de un triste otoño"

Y me enredé en tu red.

Y he de caer sin querer.


CAPITULO SEGUNDO: SIEMPRE PURO

Hacía ya un año exacto que Sirius había recibido su aceptación al Colegio Hogwarts de magia y hechicería. Lyra no podía sentirse más celosa en ese momento, pero esperó paciente durante el año que restaba para que ella pudiera ir finalmente; deseaba tanto poder estudiar en una verdadera escuela y dejar esas aburridas lecciones que recibía en casa junto con Regulus, que igual se aburría, pero él nunca decía nada respecto a eso... muy diferente a ella, que recibió varias reprimendas de parte de su madre; ser muy inquieta cuesta caro.

Poco después de que su hermano se fuera, la familia se enteró por medio de la escuela de que Sirius había sido seleccionada para la casa de Gryffidor. Una deshonra muy grande, según su madre Walburga; sin embargo, Lyra sabía que él nunca tuvo cualidades de un Slytherin, comparándolas con las de sus demás primas que ya estaban en la escuela desde hacía tiempo. Suponía que prefería estar en donde su padre quería que estuvieran todos sus hijos, solo para complacerle... pero, después de lo de Sirius, ya no sabía nada.

Sabía mejor que nadie el gran parecido que tenía con su hermano mayor, y por lo tanto, sí el quedó en esa casa, lo más probable y lógico es que ella igual corriera con la misma suerte.

Pensó en dejar en suspenso ese debate metal en su momento, pero para desdicha de Lyra, pronto tendría que abrir el caso nuevamente.

Eran vacaciones de agosto. Sirius y Lyra estaban teniendo una "seria conversación" basada de exclamaciones de molestia y risotadas que solo causaban mucha más furia en ella. Bueno, eso era normal la mayoría de los días en la noble y ancestral casa de los Black, ya hubiera sido por discusiones o juegos entre los niños de la casa (aun cuando Sirius no estuviera) o peleas entre los adultos... pero en ese momento, definitivamente ellos no eran quienes alteraban la paz del lugar.

— ¡Sirius, devuélveme mi guardapelo ahora mismo!—ordenaba ella, irritada, mientras corría de tras del otro.

—No hasta que admitas que James te gusta. —respondió él, con clara intención de hacerla enojar. Se rio mientras subía estrepitosamente los escalones.

— ¡Que no!

— ¿Entonces si te gusta?—ahora bajaba por el ala contraria de las escalinatas.

—Sirius—ahora susurraba con clara preocupación, deteniéndose de golpe, sintiendo a Maddoc, su peludo gato negro chocar contra su piernas gracias a su repentino bloqueo. —, si papá ve que no traigo el guardapelo puesto, me castigará.—lo dijo con tal preocupación que el otro se detuvo casi de inmediato y le entregó a la niña el colgante. En una de las caras de la medalla estaba inscrita una gran letra B gótica, exacta a la que estaba en el anillo de Sirius. Detrás de la letra, estaba un curioso dibujo que era encabezado por un cráneo, y por debajo de éste había tres divisiones: En la alta, estaba la mano de un brujo con su varita (podría ser la de una bruja, pero la mano era mayormente masculina), la segunda era más bien un intermedio entre las otras dos, y en la última, había tres cuervos con mirada foránea. Todo parecía indicar que era el emblema de los Black.

—Ya, ya cálmate.

— ¿Qué les ocurre?—de repente, el padre de ambos niños salió de tras de la puerta, antes cerrada, del baño. —Son apenas las cinco cuarenta de la mañana. —dijo mientras se rascaba los ojos y miraba el reloj en su mano izquierda. Traía encima una bata de tela muy fina a la vista y que parecía suave al tacto. Soltó un largo bostezo y luego los miró, divertido.

—Estamos esperando el correo, papi. —confesó ella con coquetería. Se inclinó un poco y miró con la cabeza ladeada a su padre. Cualquiera que la viera podría suspirar por su encanto (Y en realidad, Orión Black lo hizo), pero Sirius solo rodó los ojos.

— ¿Y por qué están esperando el correo?

—Hoy deberían de llegar las cartas del colegio, papá. ¿Lo has olvidado?—dijo Sirius; al parecer le sorprendía que su padre lo hubiera olvidado.

—Claro que no lo he olvidado—contestó mientras sacaba tres cartas del bolsillo izquierdo de su bata. —, pero su correspondencia ha llegado justo cuando me pasaba al baño... lástima que he tardado ahí dentro como media hora. —dijo riendo.

— ¡Iaaagh! Papá, que asco. —musitó Lyra entre la risa y el desagrado. Volvió a erguirse sobre sus pies en lo que compartía una mirada con su hermano.

El hombre se dobló de risa, pero trató de controlarse para no despertar a los otros dos miembros de la familia que probablemente seguían en el quinto sueño.

Él era el tipo de persona que siempre tenía una sonrisa en el rostro, o eso era cuando estaba delante de sus hijos. Aunque sus prejuicios hacia la sangre lo hacía un hombre severo, en el resto de las cosas era un hombre alegre y a veces se mostraba amoroso. Era cierto que era capaz de ser violento, pero, al saber esto, sus hijos evitaban todo lo que lo hacía exasperarse y explotar. Aprendieron con el tiempo que, cuando él tenía mucho trabajo, permanecer alejados y en silencio era lo más sensato; aprendieron a no desobedecer a ninguna de sus reglas u órdenes, porque si no se arrepentirían de sobremanera. Otra norma era la de permanecer callado mientras él hablaba, que era casi tan importante como la de estar de buen humor cuando él lo estaba. Y no es que fuera un villano, porque él había crecido con esas reglas y en su mente no existía otra cosa que le mostrara que algunas de sus maneras eran erróneas.

Cuando logró enderezarse nuevamente, habló con tono serio:

—Lyra, ahora has sido aceptada en Hogwarts, y tienes que aplicar todo lo que has aprendido en ésta casa, ¿comprendes?—hizo una pausa donde miró a sus hijos con intensidad. Ambos sabían que se refería a la regla de "Despreciar a todo aquel cuya sangre esté mezclada, sucia, o no sea merecedora de respeto."—No todos ahí comparten nuestras creencias... Aunque, claro: esto no será problema al estar en Slytherin. —Le envió una mirada a su hijo presente y le sonrió amable, ya que él parecía intimidado. — Sirius, despierta a Regulus y dile que nos alcance en la habitación del fondo, por favor. —ordenó dándole nulas oportunidades de contestar. Les dio la espalda y caminó haciendo un gesto con la mano, indicándole a la niña que lo siguiera. —, les voy a mostrar algo.

Subieron al tercer piso. En éste, las paredes eran adornadas con cabezas decapitas de elfos domésticos; todos tenían los ojos cerrados y al pie de estas, venia una placa con nombres y fechas. Eran realmente desagradables, y para Lyra eran simplemente espantosas.

Recordó un día que su prima Cissy llegó de visita.

Sirus las había arrastrado hacia el tercer piso, alardeaba de lo valiente que éste era al no temerle a las cabezas y oscuridad al ser de noche en esa ocasión. Las niñas de nueve años sacaron su orgullo a flote, y aceptaron el reto de acompañarlo. Por causa de esa noche, rompieron una de las reglas de su padre, pues él les tenía prohibido entrar a su despacho, y precisamente entraron en él para tomar prestada la llave maestra de la mansión Black. Cuando estuvieron en lo más profundo del pasillo y trataron de abrir la puerta doble que estaba al final de éste, se vieron en la necesidad de abrirla, rompiendo otra regla: "Si está bajo llave, es porque no tienen permitido ver lo que hay allí"... Lo que estaba allí dentro, era lo mismo que habían visto dos años atrás.

Habían caminado por el mismo pasillo, y su padre había abierto la misma puerta con la misma llave de aquella vez.

Era una habitación amplia y elegante. Nada estaba cerca de las paredes, y los únicos muebles que habían (que estaban en el centro), eran una mesa con un mantel y un quinqué muy antiguo sobre ella, una silla acomodada correctamente con la mesa. Ver las paredes provocaba la sensación de claustrofobia en momentos, ya que parecían que estas se movían aparentando que la habitación ya no era tan grande. La pintura en las paredes formaban un árbol que estaba tapizado de rostros y todos tenían diferentes expresiones faciales: de enojo, risueños, felices o simplemente, sombríos. Parecían hablar entre ellos, y algunos decían blasfemias o maldecían a quien quiera que hubiera perturbado su sueño. Aquella primera ocasión en la que entraron, muchos les habían gritado que se fueran... de una manera no tan amable, pero su intención comunicativa era el que ellos saliesen del lugar.

Su padre se adentró más, dándole la espalda. Lyra aprovechó el momento para volverse a poner el collar que antes Sirius le había quitado y luego devuelto.

El mayor observó más por todo el espacio seguido de cerca por su hija, que igualmente miraba las paredes como si nunca en su vida hubiera visto algo semejante. ¿Qué se podía decir? Toda su vida fueron educados para aparentar frente a las amistades de sus padres.

—Este es el árbol genealógico de la familia Black... Lyra, dime el lema de la familia. —le conminó el hombre sin mirarla.

—"Siempre puro"—contestó ella con una sonrisa de satisfacción.

En ese momento llegó Regulus. De inmediato se dio cuenta de que Sirius no venía con él. Esperó hasta que su padre dijera algo, y cuando él le pidió que pasara, lo hizo. Se colocó a un lado de la niña mientras se tallaba un poco los ojos de recién despertado.

—Muy bien, creo que está claro que tienen rotundamente prohibido hacer amigos con distinto estatus de sangre que nosotros en el colegio. —dijo severo. —No hagan que me decepcione y me vea obligado a hacer esto. —señaló una de las caras en el árbol, pero cuando los niños voltearon a verlo, se toparon con una mancha negra. —Cuando un Black es exiliado de la familia, éste es borrado del árbol. —él se movió unos metros hacia la derecha, y señaló nuevamente la pared. —Phinias Black. Él fue borrado por apoyar los derechos de los muggles. —Subió su brazo, señalando otra mancha negra. —Sirius Black II, se casó con una muggle. También pasó con Eduardus Black, solo que fue con una traidora de la sangre... Celladora se casó con un sangre pura, pero pronto se convirtieron en traidores.

Permanecieron en silencio. Lyra no entendía porque su padre insistía sobre el tema, si habían tenido esa misma conversación años atrás; lo único nuevo era la función de esa habitación, pero no se imaginaba de que le serviría eso en el futuro o presente. Miró a su hermano, y supuso que él sabría la razón de la repetitiva charla de su padre. No le dijo nada a él por temor a meterlo en problemas, pero preguntarle después no le causaría ningún daño.

Toda su vida crecieron con la enseñanza de que su mundo estaba mal gobernado, y que estarían mejor en uno donde los sangres puras fueran los únicos en el alto mando. Con más claridad, un mundo en donde los sangres sucias fueran esclavos, si no es que se les libraran de la repugna de vivir.

Por eso, según dedujo Lyra, su familia debería sentirse afortunada de ser creyente de aquel que impuso estos movimientos, orgullosos de ser magos. De ser sangres pura.

Pronto pudo ver en otra pared la imagen de su padre y de su madre. A lado de ellos las ramas se extendían y se dividían en tres, teniendo en la punta los rostros de Sirius, Regulus y Lyra. Estos, al contrario de muchos otros, permanecían pacíficos.

— ¿Papi?

— ¿Si, cariño?—dijo mientras la miraba con una sonrisa renovada. Entonces supo que podría salir por fin del tema de la familia y hablar sobre temas más interesantes.

— ¿Iremos pronto a comprar nuestras varitas?—preguntó, poniendo nuevamente su sonrisa pícara.

—Iremos a comprar lo necesario ahora mismo. —contestó mientras empujaba suavemente a los niños hacia la salida.

— ¿Irá mamá?—preguntó Regulus.

—No te preocupes, hoy nos liberamos de ella.

~Beso monocromático~

— ¡James!—gritó un emocionado Sirius. Alzó su brazo con la intención de llamar su atención; la agitó hasta que el aludido empezó a acercarse.

Éste apresuró su paso conforme se iba aproximando, y cuando llegó, prácticamente gritó:

— ¡Sirius!, ¿Has visto? ¡La tienda de Quidditch tiene en exhibición los nuevos equipos de pelotas!...—miró al adulto, que antes había sido olímpicamente ignorado y que ahora le miraba con disgusto. —Buenos días, tío Orión. Hola, Lyra, Regulus. —saludó un poco más calmado. Ella solo sonrió, pero no dijo nada.

—Hola, James. ¿Dónde están tus padres?—preguntó el hombre, divertido.

—Eh...—dudó un cuarto de segundo y volteó a ver. Lyra supuso que los había perdido por la cómica cara que el niño con ojos avellana puso; y al parecer no se equivocó. Continuó, ahora con vergüenza: —Creo que perderles de vista no fue buena idea, jeje.

—Papá, ¿puedo ir con él a ver la exhibición?—interrumpió Sirius. No era extraño: tenía su famosa cara de perro.

—De acuerdo, pero nos vemos en la librería en media hora. —decretó. —Vamos, hijos—le dijo a los otros, indicándole que lo siguieran. —Iremos directo a la librería, ¿les parece? Algo me dice que tardaremos una eternidad allí dentro.

Lyra escucho a lo lejos como su primo y hermano se despedían, luego siguió de cerca a su padre. Regulus permanecía con la cabeza gacha y parecía aburrido. Era el que más se parecía a papá, y no es que Lyra o Sirius no, pero ella podía clasificarse como una versión femenina y Sirius transformaba todo su rostro a uno viváz; sin mencionar que conservaba la barbilla partida de su madre.

Él era alto, esbelto, y podía jurar que Regulus, al crecer, sería su clon perfecto. Era muy guapo, aunque eso es lo que dicen todas las hijas de sus padres. Era su admiración, su héroe, su perspectiva de hombre perfecto... pero a pesar de la perfección, había cosas que odiaba que hiciera. Si ella o sus hermanos hacían algo mal, su madre era quien pagaba las consecuencias si era él el que tenía la oportunidad de presenciarlo. Si nunca se enteraba, no había problema, pues ellos recibían el castigo. Pero si su padre estaba en casa cuando alguno hacia tonterías... No quería a su madre, pero el afecto permanecía vigente para sentir lastima por ella.

Sabía que Regulus y ella habían llegado al mundo cuando su madre tenía diecinueve años de edad, y sabía también que su padre era cinco años mayor a ella. En una ocasión en la que no tenía nada que hacer, se puso a pensar en todo el asunto, y así supo que su madre estuvo embarazada de Sirius incluso antes de salir de la escuela.

No era la mejor madre del mundo, pero era lo único que los tres conocían. Trataba lo más que podía de olvidar todos esos insultos y golpes que recibía de ella solo por la manera en que imaginaba lo duro que había tenido haber sido ser obligada a casarse y lo difícil que podría haber sido para ella el ser una madre joven. Era por eso que hacia todo lo posible para no hacerla enojar con cualquier cosa o situación, por más difícil que se le diera no causar problemas.

Sacó recuerdos que se metieron en su cabeza en ese momento y siguió la espalda de su padre. Podía imaginar cómo su rostro hubiera expresado un mensaje diferente al que debía de tener solo por las miradas que le daba Regulus, así que trato de recomponerlo.

Caminaron hacia el lado norte del callejón Diagon, donde se encontraba Flourish y Blotts. Era la mejor opción para comprar sus libros de texto para la escuela. Hermione sacó la lista de materiales que estaba adjunta a su carta de aceptación (La cual había leído cientos de veces una vez su padre se la hubiera dado) y dirigió su atención a la lista de libros.

En ella se podía leer:

« -El Libro Reglamentario de Hechizos, Miranda Goshawk.

-Una Historia de la Magia, Bathilda Bagshot.

-Teoría Mágica, Adalbert Waffling.

-Guía de Transformaciones para principiantes, Emeric Switch.

-Mil Hierbas y hongos mágicos, Phyllida Spore.

-Filtros y Pociones Mágicas, Arsenius Jigger.

-Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, Newt Scamander.

-Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentim Trimble.»

La leyó las veces necesarias y después se la dio a su padre. Él frunció el ceño al leer el nombre de los libros; algo le había disgustado.

—No entiendo la necedad de evitar enseñarles sobre artes oscuras a los alumnos. —Declaró muy bajito. —Pero no importa ya; me encargaré de que aprendan mientras están allá. —dijo, mientras le sonreía a los dos.

— ¿Me compraras libros sobre magia negra?—susurró Regulus singularmente, entonces Lyra rodó los ojos. Claramente estaba interesado. No era la ambición de Lyra el ser una bruja oscura, pero sí le interesaba saber cómo practicarla, por eso no le extraño que su hermano quisiera aquello. Es más, ella ni siquiera estaba de acuerdo con el desprecio hacia los hijos de muggles porque ¿ellos qué culpa tenían? Aparte, al final de todo, tenían magia al igual que cualquier sangre pura. Y lo mismo para los mestizos... pero claro, ella jamás contradeciría a su padre, independientemente de su hermano que sí compartía creencias con él. Pero también estaba orgullosa de ser sangre pura... sí, es complicado de explicar. — ¿Iremos al callejón nocturno?

—Ten paciencia, cariño. —se burló él. Regulus asintió, pero se le notaba impaciente; algo no muy común en él.

James había regresado con sus padres y aparentemente ambos niños habían conseguido escobas nuevas. Un regalo de su tío Charlus Potter, que amaba consentir a ese par. Los de primer año no podían llevar escobas, por eso ni Lyra ni su hermano respingaron por la falta de atención en ellos.

Los cuatro (James y los hermanos Black) terminaron con los libros y las túnicas. También compraron ingredientes y equipos de pociones que estaban puestos en la lista, y con entusiasmo, caminaron hacia el lugar más esperado por los niños.

Las varitas de Ollivander eran, según todos los magos de Gran Bretaña, la mejor opción cuando de eso se trataba. Su padre había insistido en llamarlo a su casa, pero desistió cuando los vio tan emocionados por tener la suya propia.

Sirius se fue con sus tíos, pues le pareció tedioso quedarse allí.

—Buenas tardes, señor Garrick. He traído a mis hijos. —saludo su padre mientras le atraía a ella y a Regulus hacia su cuerpo. El otro hombre en la tienda salió de detrás de un estante.

—Oh, sí, sí. Buenas tardes, señores y señorita Black. Es un gusto tenerlos aquí. —se volteó y trajo unas cajas que antes estuvieron en distintos estantes. Actuaba como si ya hubiera estado esperando la llegada de los tres, pero bien su padre le había comentado que aquel era un hombre extraño; esperó pegada a su padre sin dar signos de sorpresa o de impaciencia.

Primero atendió a Regulus, que había sido escogido por una varita, según el vendedor, muy poderosa. Fue una de 36.25 centímetros, madera de Cedro con centro de fibra de corazón de dragón.

¡Sí que será alto!, pensó Lyra.

—Por lo visto eres muy perspicaz, querido. Tu varita me dice que serás un muy buen amo, que le darás lo suficiente como para hacerle divertir. —Comentó Ollivander. —Mi padre bien lo decía: "Nunca engañaras a un portador de cedro. Te mataría antes de quererle atacar"... Si, te será de verdad leal y útil. Solo deberás de permanecer seguro de ti mismo y también tendrás que controlar tus emociones; promete ser muy corajuda y da signos de ser muy independiente si tú no te decides. —continuo mientras se giraba hacia Hermione y hacia el mismo procedimiento de medir sus extremidades como con el otro.

Ella miro a su hermano que parecía estar nervioso; sin embargo, parecía muy feliz por su primera varita.

—No cualquiera es merecedora de una varita de Cedro. —le tranquilizo su padre.

—Además de que la combinación con el centro promete grandes cosas de ti, muchacho. —afirmó Ollivander. Lyra solo le sonrió mientras probaba distintas varitas. Ya iba como por la quinceava cuando el señor se detuvo dudoso. Parecías estar pensando en algo muy triste, pero decidido se volvió hacia los estantes más alejados.

Comenzaba a sentirse nerviosa, pero ya sabía que ella era demasiado genial como para que una varita no la quisiera como dueña. Miró a su padre, pero él solo le sonrió paciente.

Por fin, el vendedor llego con una sola caja. La abrió y se la entregó.

No la tomo de inmediato, por lo que el señor le dijo:

—Creo que esta será. Espino, de 28.8 centímetros.

Ella la tomó, sintiendo de inmediato que vibraba en su mano; se sentía caliente, pero era agradable. La agitó, y de inmediato, unos libros que se encontraban en mal estado se acomodaron y su recubrimiento y pasta se arregló "como por arte de magia". La pila de cajas de varitas que antes había probado comenzaron a brincar como si dentro de ellas hubiera algo que estuviera feliz, y un florero que antes Regulus había roto por uno de sus fallidos intentos, se arregló. El polvo sobre las repisas comenzó a formar figuras sin sentido, pero de gran tamaño y con apariencia gaseosa.

—Muy bonito, señorita Black. —Felicitó él. —Las varitas de espino, sin mencionar que son muy extrañas, son complejas, contradictorias, intrigantes, y casi siempre buscan que todo hechizo que su amo realice sea perfecto. La mayoría de estas varitas siempre estarán contentas con su dueño y siempre buscaran estar en conflicto con otras; dan muy buenos resultados cuando de maleficios y curaciones se refiere. A usted le toco una muy peleonera, señorita. Debe tener cuidado, pues su centro siempre busca defender a su amo cuando él esta indispuesto o indeciso... Actúa sola.

— ¿Y cuál es su centro?—preguntó ella, que parecía realmente emocionada.

—Oh, es una muy inusual. —Contestó mientras se volvía a su escritorio detrás del mostrador. —De hecho, es la única con ese centro en mi tienda. Es de pelo de cola de Thestral.

— ¿Pelo de qué?—pregunto su padre; parecía realmente impresionado. Miro a su hija con los ojos muy abiertos y luego a Ollivander. — ¿Eso realmente existe?... Me refiero, no sabía que podía usarse en una varita.

— ¿Qué es un Thestral? —preguntó curiosa.

~Beso monocromático~


Continuará...


;3

Bueno, creo que está demás pedir sus opiniones.

¡Saludos!, ¡besos!