Amor ciego.
Disclaimer: Star Trek no me pertenece.
1. Un tropiezo en días de academia.
Los días de clases eran monótonos la mayor parte del tiempo, lo único divertido eran las clases con Sulu y Pavel, dos amigos que desconocían su ceguera; las clases en las que «veía» a Uhura sin nombre (desconocedora de su problema visual); la compañía de Bones (el único al tanto de su ceguera), al que le encantaba irritar; e ir a visitar a Scotty y Keenser al taller donde investigaban lo último en transporte.
Le encantaba asistir a las discusiones de Scotty y Keenser (aunque este último no pelease), merecía la pena; además de ir a que Bones le gritase, cosa que extrañamente le relajaba; por no mencionar lo divertido que era recibir calabazas de parte de Uhura; o el tierno acento de Pavel con sus problemas de pronunciación; o los tontos despistes de Sulu.
No era mucho y, sin embargo, era más de lo que había tenido nunca. Por eso deseaba ser Capitán, para llegar a tener una familia como aquella.
Se desperezó y salió del salón de clase, dispuesto a ir a comer junto a Bones quien le soltaría un largo monólogo acerca de la estupidez de los cadetes. Fue por los pasillos sin perderse, pues hacía mucho que se los había aprendido de memoria, sin necesidad de usar la vara de ciego que llevaba guardada.
Suerte que su madre no sabía que iba a la aventura sin ella. Se pondría hecha una fiera si lo llegara a descubir. Aunque por otro lado con el histérico y sobre protector Bones era difícil hacer cualquier locura, de hecho muy rara vez le dejaba hacer inmersiones en lo desconocido.
O al menos que él supiera.
Saludó a la mujer que siempre salía a esa hora de la puerta que quedaba enfrente de la enfermería, no sabía quién era pero era una mujer amable que olía a coco las veinticuatro horas del día, razón por la cual el pasillo olía a frutas siempre, amortiguando el olor de la enfermería.
Pasó la puerta, tarareando una canción de rock, y se sentó en el primer banco a mano izquierda del patio que comunicaba la enfermería con los laboratorios. Le habían dicho que era un patio bien ventilado, sin techo y salpicado de naturaleza mielíticamente colocada. Aunque a Jim le sonaba a un improvisado remanso de tranquilidad, al estilo de Central Park.
Dejó caer la maleta, tratando de averiguar cuánto tardaría Bones esa vez en salir, tratando de recordar los turnos de ese día, quien trabaja, los posibles pacientes, cuan enfadado vendría… luego divagó acerca del almuerzo que le tocaba llevar al médico y de cómo sería el patio exactamente.
Comenzó a juguetear con un padd adaptado especialmente para él, jugando con sonidos y trasteando con un par de cosas más, agradecido del teclado adicional en braille que podía guardarse y sacarse en cualquier momento.
Tamborileó con los dedos, a veces esperar a Bones era realmente aburrido, tanto como ir a comprar un vestido de bodas para una mujer indecisa no muy segura de la boda.
Un fuerte ruido tras su espalda le hizo botar en el sitio, dejando que el padd se escurriese de sus manos y acabase precipitándose al suelo. Maldijo para sus adentros, identificando a un patoso cadete de la sección científica como responsable del susto recibido. Ese chico (mayor que él) debía ir a que le mirasen la coordinación de sus miembros.
Bajó del banco con cuidado, dejándose caer a cuatro patas sobre el suelo para empezar a tantear donde había caído el dichoso padd mediante la vaga indicación de los rebotes de este. Sabía que frente al banco había otro banco y, probablemente, lo que buscaba se encontrase allí debajo.
Estiró el brazo bajo el otro banco, comenzando a sentir el padd bajo las puntas de sus dedos, aliviado de que no tuviese ningún daño aparente. Lo sacó de un tirón, odiando estar en esa posición tan humillante ni un minuto más, y se incorporó bruscamente, satisfecho consigo mismo. Al instante notó un fuerte dolor en la parte trasera de su cabeza.
Soltó un quejido y giró sobre sus talones, sabiendo que acababa de chocar con alguien, el cual esperaba que no llevase gafas pues tardarían una eternidad en encontrarlas, si el muchacho fuese miope (porque era muy alto para ser mujer). Pero su mala suerte siempre estaba al acecho, por lo que se preparó para buscar unas gafas que no veía.
—Lo siento. —Susurró sobándose la zona afectada. —No me esperaba a nadie por aquí, no suele pasar nadie a esta hora.
Sus sentidos notaron que el otro individuo se movía lentamente, apenas alisando su uniforme impasiblemente. No le sonaba de nada, no recordaba haberle oído, ni siquiera su olor le resultaba familiar. Y Jim conocía a las personas que pasaban por ahí a esa hora, no de vista, pero si reconocía sus pasos y olores. Sin embargo no podía ser un nuevo cadete, era demasiado recto y formal.
—Debería tener más cuidado cuando se decida a investigar que hay bajo los bancos. —Recomendó en tono neutro con tintes severo, dejando entrever un minúsculo acento que Jim no reconoció.
Retuvo la risa y sacudió la cabeza, al final iba a ser hasta gracioso y todo aquel desconocido. Un rápido pensamiento pasó por su mente, preguntándose cómo sería, pues a la única persona que había «visto» últimamente era a Bones.
—¿Eres nuevo? Porque no me suenas de nada. —Le preguntó curioso para saber más de él, terminado de ubicarle gracias al sonido de su voz.
—No, de hecho soy miembro de la Flota Estelar. —Le respondió sin cambiar ni un ápice su tono neutro, observando curioso al cadete.
—Soy Jim Kirk. —Le dijo extendiéndole la mano, truco infalible para que nadie notase su ceguera a la hora de buscar una mano que estrechar. —¿Y tú?
El desconocido pareció pensárselo por un segundo.
—Spock. —Respondió, pero no le estrechó la mano.
Jim bajó el brazo sintiéndose tonto, pero rápidamente puso su celebro en marcha, tratando de hallar un enlace en su banco de memoria que lo indujese a un conocimiento sobre la nueva persona.
—¿Eres el vulcano del Kobayashi Maru? —Le preguntó, recordando la conversación telefónica que el Capitán Pike había mantenido no hacía mucho cuando tuvo que ir a verle a su despacho. —Spock, el señor Spock cuya prueba es infalible ¿no?
—Así es. —Afirmó, mirando perplejo al joven.
Jim sonrió para sí mismo, lleno de orgullo.
—Pues felicíteme señor Spock. —Le dijo. —Porque yo, James Tiberius Kirk, voy a ser el primero en pasar esa prueba.
Spock le miró alzando una ceja, incapaz de creer lo que el cadete Kirk decía con tanta convicción. Nadie superaba el Kobayashi Maru, estaba hecho especialmente para ser insuperable y darles una lección a los cadetes con demasiadas ideas fantásticas sobre ser capitán de una nave.
—Permítame dudar cadete Kirk. —Expuso con las manos tras la espalda, mirándole con curiosidad.
—Puede dudar señor Spock, pero al final tendrá que admitirlo. —Replicó con una sonrisa de autosuficiencia.
El Vulcano lo observó perplejo, incapaz de terminar de entender lo que el extraño humano afirmaba sin tapujos. ¿Acaso insinuaba poder derrotarle y pasar una prueba que nadie había pasado desde que él la llevaba?
—¿En qué suposición se basa para afirmar tal idea? —Le preguntó, viendo como Jim sonreía sin poder evitarlo.
—En que sé que lo lograré, porque no creo en el escenario invencible. —Le explicó desafiante.
Spock le miró perplejo.
—Fascinante. —Murmuró finalmente.
Jim sonrió, frotando la pantalla del padd para limpiarlo un poco, sin dejar de pensar en cómo sería el señor Spock. Debía preguntárselo a Bones en cuanto fuese a buscarle.
—Es una de mis muchas virtudes. —Comentó seguro.
Spock alzó una ceja, sin terminar de entender al curioso humano. Más allá de que no le mirase a los ojos había algo más, algo que nunca había visto en nadie más, algo que le hacía querer saber mucho más de él. Pero era un pensamiento ilógico llevado a cabo por su lado humano, al que el lado vulcano acallaba rápidamente.
También pensó, volviendo al tema de su mirada medio perdida, que tal vez el cadete necesitase gafas de algún tipo y no quisiese usarlas, por muy ilógico que fuese ese hecho.
—No he dicho en ningún momento que fuese una virtud, de hecho ni siquiera le felicitado ni elogiado.—Replicó finalmente, pues estaba pensado más de la cuenta en aquel cadete de mirada celestial.
—He hecho una interpretación libre. —Zanjó encogiéndose de hombros, con una sonrisa tan llena que el patio se iluminó.
Era un humano extraño.
Spock separó los labios para decir algo y Jim rió de pronto, inundando el patio de una musical alegría. Miró hacia atrás, saludando con la mano a un hombre que se acercaba a ellos rápidamente, maldiciendo una serie de cosas que hubiesen sido censuradas en muchas cadenas de televisión a lo largo y ancho de la galaxia.
—Me alegro de verte también, Bones. —Dijo en un tono divertido, volviendo la vista al frente cuando el doctor llegó a la altura de ambos.
—Mira chico esto es algo serio, no es cualquier cosa. —Soltó su macuto junto al de Jim, exasperado, preparando una larga lista que quejas hacia unos individuos en concreto. —La gente de aquí es tan irritante, inculta, creída…—Negó con la cabeza con furia contenida.—Soy médico por Dios, no costurera. No tengo porqué ir arreglando sus estúpidas heridas. Tienen suficiente edad ya para saber cuando algo te va ha hacer daño o no.
Bones suspiró con exasperación.
—A veces me gustaría fingir un accidente médico masivo para que me dejasen en paz de una maldita vez... ¿Y este quién es? —Preguntó mirando a Spock con el ceño fruncido, percatándose finalmente de la presencia de este.
Spock alzó una ceja ante la forma usada para dirigirse a él (por no mencionar todas las amenazas e improperios soltados, sin señalar el posible homicidio colectivo que había expuesto), pero Jim fue más rápido que ninguno de los dos, tratando de evitar cualquier enfrentamiento.
—Es el señor Spock, Bones, nos hemos conocido cuando he perdido el padd y al levantarme choqué con él. —Explicó señalando a donde más o menos estaba el vulcano. —Y este es Leonard McCoy, médico y mi compañero de cuarto. —Presentó bajando la mano tras tantos señalamientos.
Iba a echar unos brazos tremendos después de eso.
—Es un placer doctor.—Saludó formalmente.
—Sí, lo mismo digo. —Murmuró sin mucho afán antes de mirar a Jim con el ceño fruncido. —¿Cuándo digo que debes tener cuidado con quién crees que hablo? Porque que yo sepa cuando digo Jim me refiero a ti y cuando digo que tengas cuidado quiero decir que no te metas en líos ¿No ves todo el trabajo que tengo?
Jim rodó los ojos y miró a Spock con cara de «ya está otra vez y va para largo». Bones le riñó automáticamente por esa cara, haciendo que el cadete riese alegremente, ignorando la riña deliberadamente. A Spock todo aquello se le antojó extraño, pero Jim parecía alegrarse de ser castigado por el doctor.
¿Su registro sobre los humanos estaba erróneo o el cadete se salía de toda norma o criterio establecido?
—Espero chocar contigo otra vez, Spock. —Dijo tuteándole como si nada, agarrando el brazo de Bones sin perder la sonrisa.
—Temo decirle, cadete Kirk, que tal acción no sería fructífera y que carece de lógica para ser repetida.—Explicó, ante la suave risa de Jim.
—Si es que, con menudo me he untado yo…—Murmuró McCoy mientras tomaba su macuto y le daba el suyo a Jim, guiándole disimuladamente fuera del patio, despidiendo al Vulcano que les miraba perplejo.
—¡Nos vemos!—Logró decir antes de desaparecer por el pasillo, haciendo que la mente del vulcano rechinase ante tanta ilógica derramada por doquier.
Spock negó sutilmente con la cabeza, retomando la marcha, pues iba con prisa para hablar con el Capitán Pike acerca de la necesidad de un ayudante para terminar los dos futuros proyectos para la Academia y sus próximos miembros de la Flota.
Había mucho que hacer, necesitaba a un individuo calificado y rendimiento pleno y exacto, no quería errores ni retrasos de ningún tipo. Era menester clasificar los planetas de dos sistemas diferentes y proporcionarles una clase.
Por su parte Jim le comentaba emocionado a Bones que mañana asistiría a una entrevista de trabajo.
Continuará...
Primer capítulo y Jim y Spock ya se han conocido.¿Qué os ha parecido?
Como siempre se admiten dudas, quejas, sugerencias, correcciones...
