Capítulo 2

Forks

Como me sospechaba, el viaje hacia nuestro destino no fue demasiado extenso. Actualmente los vehículos más abundantes despuntaban los 300 km por hora cómodamente. Y los más modernos, (que aún eran un poco escasos) superaban los 400 km por hora. Obviamente todos los vehículos que mi familia poseía eran súper modernos.

Casi me da un patatús cuando mi padre me aseguró que hace muchísimos años, los automóviles ni llegaban a alcanzar los 80 km por hora.

Me imaginé que la gente debía salir una hora antes de sus hogares para acudir sin retrasos a sus empleos. O que simplemente llegarían en menos tiempo a pie, que en auto.

Pobre gente del pasado.

Pero según las historias que me solían contar papá y el abuelo, llegó un punto crucial en que la tecnología era tan avanzada, que dejó sin empleo a más de la mitad del mundo. Por ese pico de pobreza, alcanzado en el año 2050, la "conferencia mundial de ciencias aplicadas" tomó la determinación de retrasar la tecnología, a un punto tal que a algunos artefactos que se usaban en el 2000 aún se les daba uso.

Yo, por mi parte, apoyaba a medias la "ley tecnológica mundial de 2056", por un lado estaba de parte de los trabajadores y a favor de promover el empleo, no el desempleo. Pero de todos modos, por otro lado, no me gustaba achicharrarme el dedo con la tostadora eléctrica cuando un robot podía preparar mis tostadas…

Mi padre lanzo una risotada desde el asiento del conductor, interrumpiendo mis ensimismamientos.

— ¡Como si tú misma prepararas tu desayuno! Continuamente lo hace tu abuela—me dijo aun riendo.

Le clavé una mirada asesina por el espejo retrovisor.

Entrometido—le dije en mis pensamientos.

— ¿De qué me he perdido? —preguntó mi madre alborotada.

Siempre se irritaba por nuestras charlas mentales.

—Jaz quiere un robot que le prepare sus tostadas—le explicó mi padre a mi madre, en tono de broma.

Bella se giró sobre el asiento para mirarme seriamente, como si creyera que estoy loca.

— ¡Yo no quiero un robot! —grité a modo de defensa. —Simplemente estaba especulando sobre las leyes tecnológicas, y él se metió en mi cabeza, como hace siempre—expliqué señalando a mi padre con mi dedo índice, para inculparlo. Éste comenzó a reír nuevamente a carcajadas y a él se le sumo mi madre.

Fingiendo estar enfadada, me apoyé bruscamente sobre el asiento y cruce los brazos sobre mi tórax.

—Ya estamos por llegar caprichito, no te impacientes—me dijo mi padre con una sonrisa tonta dibujada en su rostro.

Opté por no responderle, ni siquiera mentalmente, y me dediqué en lo que quedaba del viaje a observar los enormes y viejos árboles que flaqueaban el interminable camino.

Obviamente ese pueblecito sería igual o más lluvioso que los anteriores. Eso se podía vislumbrar sencillamente mirando los bosques, todo era consumadamente verde.

Suspiré indignada.

Mi padre esbozo otra sonrisa socarrona. No entendí el motivo y tampoco lo pregunté, hoy estaba muy risueño.

Bella lo miró inquisidoramente, con esa mirada tan suya que busca respuestas, y comenzaron una conversación en la que yo quede totalmente descartada, porque la mantenían de manera "vampírica" (como yo solía llamarla), en voz demasiado baja y muy rápido. Esas charlas se asimilaban al leve arrullar del viento sobre las arboledas, en una noche tormentosa.

Por fin vislumbré la entrada de la estancia a lo lejos, y al llegar no daba crédito al paraíso que mis ojos veían. Sin ninguna duda era la casa más hermosa que habíamos habitado.

El jardín delantero estaba atiborrado de miles de flores, todas de diferentes colores y fragancias. Orquídeas, lirios, jazmines, rosas, narcisos y tulipanes, flaqueaban en perfecto orden y armonía a ambos lados del camino hacia el porche.

La mansión era una estructura enorme y antigua, que contaba de tres pisos. Totalmente blanca y atestada de ciclópeos ventanales, que dejaban filtrar suavemente la luz solar hacia el interior. Parecía representada de un cuento de hadas.

El perfecto edén, estaba rodeado de árboles. Todos ellos de diferentes especies, tamaños, formas y colores. Y allí, en el más magnífico y cercano a la entrada principal, estaba colgada mi hamaca. No era la misma de la anterior casa, esta era más grande, y más encantadora.

—Jasper se encargó de elegirla y colgarla—me dijo mi padre al oído, al leer que mi mente se regodeaba con este objeto.

Eso era obvio, él siempre se encargaba de mis hamacas.

No había nada para acondicionar en la residencia, en un abrir y cerrar de ojos, mi familia ya había organizado todo. Desde la ropa en mi closet, hasta el alimento en la heladera.

Las dimensiones, estructura y estilo de la casa eran muy similares a las anteriores, anticuada.

Al ingresar por la robusta puerta de la entrada principal te encontrabas en una enorme sala de estar, ambientada en tonos pasteles principalmente beige, con mullidos sillones alrededor de una hoguera, y en las paredes que no había ventanas, encontrabas fotos y cuadros de nuestra familia perfectamente sincronizados y armoniosos, mayormente de Nesmy y míos.

En la pared de la izquierda fácilmente se vislumbraba la escalera, construida en madera oscura.

Una arcada daba paso al comedor, que no era tan grande como la sala de estar, pero de todos modos era gigante, y en el que obviamente había una mesa descomunal, que daba lugar para doce personas sentadas cómodamente.

Subí a conocer mi nueva habitación, que como siempre, se encontraba en el primer piso.

Esme no había exagerado cuando dijo que las dimensiones de mi nuevo cuarto superaban ampliamente las del anterior.

En la pared que estaba frente a la puerta había un fabuloso ventanal, cubierto de suaves y prolijas cortinas blancas, que daba a un perfecto balcón adornado de jazmines, mis flores preferidas. Este cuarto, a diferencia de los otros que siempre eran color rosa o violeta, era blanco. Todo totalmente níveo, pulcro. Y esta blancura hacia contraste con los muebles de madera marrón, demasiado oscura, casi negra. Era la más armonizada, bonita y admirable de todas las habitaciones.

Me tiré en la enorme cama, cubierta de almohadones, que parecía ser de dos plazas y media. Muy placentera.

Me quede allí un tiempo sintiendo el esponjoso y suave acolchado en las palmas de mis manos. Luego me encaminé hacia la ventana, que daba al patio trasero, este era aún más hermoso que el delantero, otros millones de flores lo decoraban. Abrí el ventanal dejando que la suave brisa entrara en la habitación trayendo con ella el olor a jazmines de mi balcón.

No me sorprendí al ingresar al baño, también era blanco y más enorme que el de la anterior casa.

Parecía que en cada residencia que habitábamos, agrandaban unos metros más mi habitación. Quizá en la próxima innovación mi cuarto ocupe todo el primer piso.

El día pasó sin acontecimientos dignos de mención.

Por lo que había llegado a oír de la conversación que mis padres mantenían mientras yo cenaba, mañana mis abuelos, haciéndose pasar por mis papás, irían a confirmar mi inscripción en mi nuevo colegio. Edward y Jacab irían por todo Forks y sus alrededores para hacer un reconocimiento de la zona, y así evaluar si era seguro habitar aquí.

Y yo solo descansaría en mis últimos tiempos de libertad, ya que en los próximos días comenzarían las clases, genial.

La primera claridad de la mañana se infiltró por mi ventana golpeando sutilmente en mi cara, provocando mi despertar. Instintivamente tape mi rostro con las mantas para recobrar mi sueño, pero era inútil, una vez que despertaba no podía volver a dormir.

Esa noche había sido demasiado calma, ningún atractivo y peligroso vampiro había venido a agasajarme en sueños, lamentablemente. Y ningún otro sueño ni pesadilla me habían atormentado.

Me levanté tambaleante de la cama, y me dirigí hacia al cuarto de baño dando tumbos. Luego de cepillar mis dientes y mi cabello, fui hacia mi balcón. Me esperaba un espantoso día con el cielo cubierto de nubes, perfecto. Dejé el ventanal abierto para que mi habitación se llenara del exquisito aroma de los jazmines. Saturar de esas flores preciosamente blancas mi balcón, era la mejor idea que mi abuela había tenido. Además había colocado una hermosa mecedora para exteriores, podría sentarme allí a leer y disfrutar de una distinguida fragancia cuando quisiese. Ya me podía imaginar allí sentada, con mi libro en una mano y un café en la otra.

Bajé a desayunar, luego de llenar mis pulmones con ese magnífico aroma. No tenía ánimos de cambiarme, era demasiado temprano para eso. Así que fui hasta la cocina enfundada en mi viejo, pero preferido, pijama rosa.

Como era de esperarse, todos, menos Nesmy y Jake (que vivían en su propia casita), estaban merodeando por la vivienda. Al escucharme bajar las escaleras, vinieron a saludarme.

— ¿Cómo has dormido tesoro mío? —me consultó mi abuela, besándome la mejilla izquierda con apego.

—Muy bien abuela, gracias por preguntar—le respondí con voz somnolienta, mientras ella se dirigía apresuradamente hacia la cocina a prepararme mi desayuno.

Mi abuelo pasó a mi lado ligeramente y me hizo una caricia en mi pómulo, mientras se iba por la puerta delantera con su maletín.

—Regreso por la noche, estaré en el hospital si alguno de ustedes me necesita—dijo en voz apenas audible para mis oídos, antes de cerrar la portezuela a su espalda.

— ¿Tu no vas a trabajar papá? —le consulté a Edward, mientras éste me encerraba en un estrecho abrazo.

—Hoy no, comienzo mañana.

—Eyyyyy… ¿Cómo está mi pequeña dormilona? —me preguntó Emmet apartando a mi padre de mi lado bruscamente con un manotazo, alzándome con un brazo y zarandeándome en todas direcciones, como si fuera una pluma, en vez de una persona.

—Bien tío—le dije con dificultad entre sus brazos. —Pero... no se... cuanto tiempo durara mi… bienestar si sigues sacudiéndome… así…

—Oh, lo siento—dijo dejándome nuevamente sobre mis dos pies en el piso.

— ¡Bruto!—lo regañó la tía Rosalie dándole un codazo en las costillas, y luego me brindo un suave abrazo.

Alice y Jasper, se acercaron juntos y me abrazaron entre los dos. Ellos siempre estaban sincronizados.

—Alice, Jasper—les dije, mientras les daba dos besos a cada uno, uno en cada mejilla.

Luego de todos los saludos normales y cotidianos, recaí en que faltaba uno, el más importante.

— ¿Dónde está mamá? —pregunté a mi padre mientras me dirigía hacia la cocina a tomar mi desayuno.

—Tu madre… Bueno, ella fue a…

— ¿A dónde? —lo interrumpí. A donde sea que haya ido, era malo, estaba balbuceando, mi padre jamás se trataba al hablar. — ¿Le pasó algo malo a mamá? —consulté notablemente preocupada.

—No hija, tranquila. Solo fue a comprar tu uniforme—trató de decir la última frase como quien no quiere la cosa, como si estuviera platicando de una compra más. Pero a mí no me pasó inadvertido.

— ¿Cómo?

—Sí, bueno, tu nuevo instituto requiere un uniforme—me explicó, poniendo su mejor expresión de distraído.

—Papá, no mencionaron nada de un uniforme, ¿Por qué no…

—Porque queríamos evitar un berrinche Jaz, compórtate como adulta por favor y acepta utilizar el uniforme, no es tan malo—intentó tranquilizarme, al ver que ya estaba perdiendo los estribos.

—No es feo cariño—me dijo mi abuela, que se encontraba a mi lado sosteniendo una enorme fuente con tostadas en una mano y una taza de café con leche en la otra.

Solo asentí, y los mire de soslayo mientras me sentaba a desayunar.

Mi padre se marchó de la casa y mi abuela se fue a merodear por el living, dejándome desayunar y meditar tranquila.

Uniforme… Este era el primer instituto en el que utilizaría uno ¿Cómo sería?

Una vez pasé por un bonito colegio en el que sus alumnos portaban uniformes. No eran desagradables, contaban de unos jeans y camisa. No me molestaría utilizar un uniforme así. Lo que realmente me molestaba era que me nieguen información por mis caprichos, si era caprichosa era por su culpa.

—Hermanita de mi corazón—susurró Nesmy a mi espalda, con su atractiva y suave voz. —Hueles deliciosamente a jazmines—me dijo acercando su nariz a mi hombro.

—Hola—le dije sin poder ocultar mi tono desanimado, mientras untaba una tostada con jalea de arándonos.

— ¿Qué pasa con esos ánimos? Y… ¿Por qué hay tostadas para veinte personas, si solo tú las comes? —preguntó examinando mi cara y el plato de tostadas, respectivamente.

—Pasa que me ocultaron que debía utilizar un uniforme y porque las preparó la abuela—le respondí aun desmoralizada.

Renesmee lanzó una encantadora y breve risa, que hubiera desarmado hasta el más duro de los corazones.

—Ya sabes que la abuela cree que estás desnutrida, y no la juzgo ¿Cuánto pesas? ¿Veinte quilos?

— ¡Eey! —la reprendí golpeando muy suavemente su hombro, para no fracturarme. —Peso más que veinte quilos.

—Bueno, bueno ¿veinticinco? —preguntó en tono de burla, pero luego continuo la conversación seriamente. — De verdad Jaz, debes comer mejor, tienes aspecto de estar enfermucha, mira esas ojeras… y esos bracitos—me regañó, mirando las bolsitas color cárdena debajo de mis ojos y rodeando sus dedos en mi fina y desgarbada muñeca.

—Sí, lo sé. Pero ya sabes que no soy hambrienta…—le contesté dándole un largo sorbo a mi café.

—Debes poner lo mejor de ti para subir de peso pronto y verte más saludable, el abuelo va a hacerte unos análisis en unas semanas, cree que tienes deficiencia de vitaminas, hierro, proteínas o algo, por tu aspecto debilucho y decaído—me confesó con el tono de voz más bajo que yo alcanzaba a oír.

— ¡Oh no! — me entristecí.

Detestaba las agujas, y los análisis las implicaban. Me obligaban a realizarme análisis de sangre y orina todos los años, y el correspondiente a este año había sido hace algunos varios meses. Por suerte había salido a la perfección.

Pero hacia cuatro meses que había entrado en una etapa de nerviosismo y depresión en vida, desde que comencé a meditar sobre mi fututo, lo que quería para mí y lo que mi familia quería, estaba muy frenética. Pensar constantemente en eso me quitaba el hambre y no me dejaba asimilar correctamente la poca comida que ingería. Esto había ocasionado que baje demasiado de peso, haciéndolo muy notable. Me encontraba más delgada que esas famosas modelos que desfilan en pasarelas y están sin comer por meses, esas mismas que yo tanto criticaba por generar un mal concepto de belleza en la sociedad. Me sentía una hipócrita.

—Tienes que preocuparte menos por el futuro y vivir más el presente corazón, es un consejo de hermana a hermana que te brindo—me dijo con una triste sonrisa, mientras posaba su mano en mi mejilla y me brindaba imágenes mías donde tenía el ceño fruncido y una expresión de dolor de cabeza, de tanto pensar y analizar.

Ella tenía razón, yo no tenía toda la eternidad para planear un gran futuro, debía preocuparme por el "hoy".

Pensando en eso, di un respiro para hacer lugar en mi estómago, y tome otra tostada.

— ¿Dónde está Jake? —le pregunté al ver que se encontraba sola, sin la compañía de su titánico y sobre protector marido.

—Se fue a registrar las afueras de Forks—me contestó.

Ahí recordé la conversación de mis padres del día anterior, pero…

— ¿Eso no lo hace papá? ¿Por qué esta vez fue Jake? —consulté, dado que Edward era el que poseía la capacidad para saber qué pensaba la gente, por eso el rastreaba el territorio.

—Sí, pero Jake fue a la Push, más que rastrear el territorio, se fue a fijar si aún está su antigua manada… —dijo mi hermana en tono melancólico.

Entonces me acordé las historias que mi cuñado me contaba a menudo sobre sus hermanos lobos.

—Pero, si ellos dejaron de tener contacto con vampiros hace muchos años… ¿No estarán…

—Muertos, si—concluyó mi frase. — Ya se lo dije, pero él aún tiene esperanzas—continuó mi hermana angustiosamente.

—Pobre Jake, debió ser difícil para el alejarse de todos ellos…

—Sí, fue muy complicado—afirmó mi hermana. —Aunque, tengo entendido que cuando un hombre lobo se imprima, no puede alejarse del "objeto" de su imprimación. Por lo tanto, para él, hubiera sido mil veces más difícil alejarse de mí…

—Qué raro eso de la imprimación ¿No? —le pregunté, nunca entendería de que iba eso. Era como que un hombre lobo ve una chica y ya queda atado para siempre con ella, sin siquiera conocerla, solo con verla sabe que es la mujer de su vida. Me parecía muy loco.

— ¿Raro? ¿Por qué? —preguntó mi hermana. Como si enamorarse de alguien sin siquiera conocerlo fuera lo más normal de todo el universo.

— ¡Yo también! ¡Mira a quien le pregunto si algo es "raro"! —me reprendí a mí misma divertida. —A una mitad vampiro, mitad humana ¡¿Qué puede ser raro para ti?!

Nesmy me revolvió los cabellos y ambas reímos.

En ese momento mi madre irrumpió en la cocina, con montones de bolsas de compras colgando de sus brazos. Yo me quede observándola, sin dar crédito a lo que veían mis ojos.

— ¡Alice, sal del cuerpo de mi madre en este instante!—bromeé, dado que mi madre detestaba ir de shopping.

Solo Renesmee río de mi sarcasmo, Bella se limitó a mirarme seriamente mientras dejaba las bolsas en el suelo.

—Dejaras los chistecitos cuando te enteres que todas y cada una de estas bolsas, son para ti cariño—dijo simulando una sonrisa.

— ¡Oh oh! —exclamé. — ¿Qué me compraste? —consulté observando con recelo las bolsas.

— ¿Qué le compraste? —consultó Renesmee, también observando las bolsas con desconfianza. Si había alguien en este mundo que odiara las compras más que Bella, esa era Renesmee. Claramente la aversión a ir de shopping era algo hereditario.

—Solo todo lo necesario para el inicio de las clases, princesitas—dijo, mientras comenzaba a sacar ropa de las bolsas más grades. —Ten, este es tu nuevo uniforme, pruébatelo—ordenó alcanzándome dos jeans, dos camisas abotonadas a cuadrillé donde se confundían los colores rojo, negro y azul y dos sweater azul profundo.

— ¡Puaj! ¿Quién les enseño a combinar los colores? —me quejé mientras me desnudaba y me ponía los jeans.

—La verdad que yo no tengo mucho sentido de la moda, pero no necesito ser la tía Alice para decir que eso apesta—dijo Renesmee, mirando el uniforme con aborrecimiento.

—Parece que la princesita se disfrazó de carpa—río Alice desde la puerta de la cocina. — ¿Me llamaban? —preguntó mirando fijamente mi uniforme, como si quisiera arrebatármelo y quemarlo.

Renesmee, Esme y mi madre, miraron simultáneamente los jeans que yo debía sostener con una mano a mis caderas, para que no se me caigan, y luego a Alice.

—Jasmett, te compré los jeans más pequeños—me reprendió mi madre preocupada. —No puede ser que te vayan tan grandes…

—No te preocupes Bella, se los arreglo en un momento—dijo Esme mientras me tomaba medidas velozmente y enganchaba el sobrante de jeans con alfileres.

—Ajústale solo un par de jeans Esme, para fin de mes, quiero que el otro par le entre a la perfección, y se le queda pequeño mucho mejor—le dijo mi madre a Esme, pero mirándome fijamente a mí.

No me atreví a contradecirle nada, me miraba como si fuera a castigarme por el resto de la eternidad.

Mi abuela me ayudó a sacarme los jeans sin pincharme y pasé a probarme la camisa. También me iba exageradamente grande, así que Esme la tomó ágilmente para ajustarla correctamente. Lo mismo sucedió con el sweater y la campera.

— ¿Los zapatos también son reglamentarios? ¿Ya se los has comprado? —consultó Alice, esperanzada. Pero enseguida su rostro pasó de ser animado, a poseer la más terrible expresión de asco. — ¿Zapatillas? Por favor, ¿En qué cabeza cabe obligar a adolescentes a utilizar tan espantoso uniforme y encima esas zapatillas azules asquerosas? —exclamoó enfurecida, y se fue como un rayo murmurando algo que me sonó a "malditos patanes directores de institutos".

Mama siguió mostrándonos las compras a Renesmee, Esme y a mí.

Las zapatillas que tanto critico Alice, no estaban mal, eran comunes y cómodas por suerte para mis pies.

También me compró un enorme y moderno bolso de cuero, color azul, que combinaba a la perfección con el tono de mi sweater y mis zapatillas, para que llevara mis útiles. Varios libros y cuadernos entrarían allí.

También me adquirió un nuevo mp35, biromes, cartuchera, y varias novelas para que me entretenga y siga llenando mi biblioteca, sabía que amaba leer. Era algo que ella me había inculcado.

Una vez finalizada la muestra de objetos escolares adquiridos recientemente, me ayudó a llevarlos a mi habitación, o mejor dicho, los llevo todos ella hasta mi cuarto y yo solo la acompañe.

Pero algo no estaba bien con ella, su rostro seguía salvaguardando la expresión de preocupación, o… desolación. Evidentemente algo malo le pasaba a mi madre y yo solo esperaba con todas mis ansias que no esté encolerizada conmigo.

Una vez en mi habitación, ella dejo todos los objetos en mi colosal cama y le agradecí que me ayudara.

Antes de que se marche la tome de la mano.

— ¿Qué pasa mamá? ¿Estás enojada conmigo? —le pregunté con voz temblante, temiendo enojo de su parte.

— ¿Enojada? ¿Contigo? —preguntó sin entender. — ¿Por qué tendría que estar enojada contigo Jaz?

—No lo sé, desde que volviste de compras estas rara, quizá te enfadaste porque la ropa me quedaba grande…—le dije apenada.

—No mi amor—me explicó con una débil sonrisa, que lejos estaba de satisfacerla, mientras me acariciaba los cabellos pacientemente. — No es por ti mi princesita, si me disgusta que estés tan delgada, pero no es por ti que estoy un poco abatida en este momento.

— ¿Entonces por qué? —le consulté intranquila.

Bella no solía estar entristecida. Ella actualmente era una mujer muy pensante, fuerte y alegre.

—Tu padre…

— ¿Se pelearon? —le pregunté alarmada, sin dejar que terminara de explicarme. Ellos jamás discutían siquiera…

— ¿Vas dejarme terminar? ¿O prefieras sacar tus propias conclusiones?

—No… digo SI, continua, lo siento—le dije a modo de disculpa por mi sobresalto.

—Tu padre, se suponía que iría hoy a recorrer el territorio, y Esme me informó que se fue cuando tú despertaste a eso de las 8 de la mañana y son las 12 y aún no ha llegado.

— ¿Y eso significa que…?—pregunté liada. No entendía porque tanta preocupación de que tardara cuatro horas en recorrer el terreno.

—Eso significa que no todo está bien, tú no recuerdas, pero generalmente tu padre no tarda más de 20 minutos en recorrer todo el terreno para verificar, si está todo en orden.

— ¿Algo anda mal? —pregunté preocupada.

Ahora mi preocupación era por Edward. Pero no podía haberle pasado nada malo… ¿Quién podría herir a mi padre? Él era indestructible… Era un vampiro muy fuerte…

En ese momento mi madre se envaro, quedando íntegramente rígida por unos instantes, parecía una resplandeciente estatua de mármol en medio de mi habitación.

—Lo averiguaremos ahora mismo—me dijo en un tono de voz atormentado, tomándome de las manos y guiándome fuera del dormitorio, hacia las escaleras.

— ¿Qué ocurre? —consulté, dejándome arrastras por mi madre. Cada vez me preocupaba más.

Siempre me perdía todos los detalles de las cosas importantes que pasaban en esta familia y nunca llegaba a comprender nada a la perfección. No solo era una simple humana, sino que también era lenta.

—Alice dice que tu padre viene hacia aquí y quiere reunirnos a todos en el comedor—me explicó mi madre, alzándome por sobre su hombro como si fuera una simple bolsa de papas y cargándome escaleras abajo.

Obviamente yo no había oído a Alice llamarnos a reunión, pero mi madre sí. Malditos súper sentidos de vampiros.

— ¿Entonces si ocurre algo malo? —consulté, modulando con apuro por la presión que su hombro causaba en mi abdomen.

Cada vez me encontraba más perturbada. Comencé a respirar con dificultad, deseando con todo mi ser que nada malo le pase a mi familia. Por favor, por favor…

—No lo sé Jaz, cálmate, respira—me ordenó mi madre, acariciándome la espalda.

Para el momento que logré tomar el control sobre mi misma y comencé a respirar con normalidad, ya me encontraba sentada a la enorme mesa. En ella también estaban Renesmee, a mi lado. Bella, Esme, Rose, Alice, Jasper y Emmet. Todos con la misma expresión de alerta y confusión que yo. Todos tensos. Expectantes.

—Edward estará aquí en dos minutos—dijo Alice con voz monótona. Notablemente rígida.

Jasper que estaba a su lado, le acariciaba los cabellos. Él también estaba tiesto, pero emanaba olas de tranquilad que golpeaban en mi estado de ánimo como fuertes rompientes, trayéndome paz. Una paz tan fingida y conocida por mí, que al ser impuesta por Jasper nunca llegaba a tranquilizarme del todo realmente.

—No nos asustes Alice ¿Ocurrió algo malo? —preguntó la tía Rose, apretando con fuerza y cariño la formidable mano del tío Emmet, que estaba apoyada sobre la mesa

Era increíble como en momentos confusos de nuestras vidas, mi familia siempre se apoyaba y alentaba mutuamente. Siempre nos teníamos los unos a los otros.

—No sé si es malo, no puedo verlo—dijo Alice cerrando los ojos con fuerza y poniendo su mejor expresión de concentración. —No, no creo que sea malo—continuó.

Una ráfaga de aire pasó por mi lado y cuando mis muy escasos sentidos humanos notaron que papá había llegado, él ya estaba sentado a la mesa, al lado de mamá y la conversación había comenzado.

—No son noticias malas, relájense—comenzó a decir mi padre, seguramente leyendo la preocupación en las mentes y en los rostros de todos nosotros. No se necesitaba ser psíquico para darse cuenta que nuestras caras se partían de desolación.

Él se notaba despejado, totalmente tranquilo y relajado. Así que me permití respirar profunda y pacientemente por primera vez, desde que había comenzado todo este alboroto.

—Vamos chico, deja de tanto rodeo y cuenta que está ocurriendo—dijo Emmet golpeando la mesa.

—De acuerdo, pero les pido que no me interrumpan, hasta que termine de contar lo que me ocurrió el día de hoy—pidió mi padre con una sonrisa amable dibujada en su rostro.

Todos asentimos, confirmando su petición.

Ninguno de nosotros entendíamos, porque sonría, si hasta recién parecían malas noticias y todos estábamos muy impacientes.

—De acuerdo—continuó, mirándonos a todos con rostro expectante y… ¿maravillado? —No estamos solos aquí…

— ¿¡Cómo que no estamos solos?! —preguntó Emmet ofuscado.

— ¡Emmet! —lo reprendimos todos al mismo tiempo, mientras Alice lanzaba una risita cantarina muy suave.

—Hay otros vampiros en Forks—continuó manifestando mi padre, como si Emmet no lo hubiera interrumpido. Y con estas cinco palabras nos dejó a todos mudos, paralizados en nuestras sillas. — Capté sus aromas recorriendo la cuidad, no estoy seguro de cuantos son, solo pude percibir la mente de dos, un hombre y una mujer. Pero por lo que pude escuchar, hay al menos dos más con ellos. No se preocupen, ellos son… fascinantes.

— ¿Fascinantes? —interrumpió esta vez Jasper. — ¿Qué quieres decir con "fascinantes"?

—Quiero decir, que ellos mantienen la misma dieta que nosotros. Son vampiros jóvenes, no creo que pasen los 50 años, pero poseen un autocontrol inigualable muy similar al que Carlisle tiene hoy día—dijo mi padre visiblemente extasiado.

— ¿Carlisle lo sabe? —consultó Esme con su dulce, pero preocupada voz.

—Claro, fue al primero que le conté lo que ocurría. Quiere conocerlos, pero no está seguro de lo que sea adecuado…

— ¡Yo creo que debemos visitarlos! —exclamó Alice aplaudiendo gradualmente con sus pequeñas manos de piedra, feliz.

—No, no creo que sea correcto—la contradijo mi madre, negando con la cabeza. —Edward dijo que son vampiros jóvenes, pueden tomar mal la visita o un acercamiento de nuestra familia, somos muchos.

—Exacto—afirmó mi padre, mirando con devoción a Bella. —Somos demasiados, su aquelarre cuenta con cinco miembros como mucho, nosotros somos diez…

—Once—lo corregí en el acto enfadada.

Lo que causo la risa trastornada de todos.

—Claro hija—me dio la razón mi padre. —Pero tú no cuentas como una amenaza para nadie…

—Yo creo que debemos dejar las cosas como están—dijo Jasper aun tenso, mirando fijamente a mi padre.

Era obvio que le estaba diciendo algo mentalmente. Detestaba las conversaciones cerebrales cuando yo no estaba incluida en ellas.

—No son peligrosos en absoluto, para nadie de nuestra familia—dijo mi padre, recalcando la palabra "nadie".

—Prefiero mantenerme alerta—lo contradijo Jasper. —No sabemos cómo pueden reaccionar al conocernos, es mejor no tentar al destino, creo que debemos dejar que las cosas fluyan solas, sin intervenir…

—Sí, yo opino como Jasper—dijo mi madre seriamente. —Si quieren conocernos que vengan, que sea una decisión puramente tomada por ellos, las puertas están siempre abiertas, pero no es bueno que piensen que queremos intimidarlos.

—Yo también opino lo mismo—dijo la tía Rose, mirando a Edward y mirándome a mí de hito en hito.

—Vuelvo a repetirles, que no son peligrosos—explicó mi padre, observándonos detenidamente a todos. —Tienen muy claro en su mente lo que quieren para ellos, y tocar un humano está muy lejos de sus expectativas. Ni siquiera lo piensan, están súper controlados, no es un opción en sus existencias alimentarse de humanos.

—Prefiero no arriesgarme—dijo mi madre, era lógico que estaba preocupada por mí.

—Yo tampoco quiero arriesgarme amor—le dijo mi padre dulcemente. —Solo quiero que no teman por Jasmett, porque no hay nada que temer, su autocontrol supera el de Carlisle, son sorprendentes.

— ¿Qué más sabes de ellos? —preguntó Esme intrigada.

—Son dos femeninos y dos masculinos—interrumpió Jacob en ese preciso momento.

Todos fijamos la vista en él.

— ¡Jake! —exclamó Renesmee, corriendo a sus brazos.

— ¿Cómo te ha ido? —le consultó mi madre con cautela.

—Nada que no haya esperado…No queda ningún miembro de mi antigua manada—reveló Jake, desconsoladamente.

Siempre que asentaba esa carita apenada, me daba la imagen de un tierno cachorrito mojado.

—Lo siento mucho Jake—le dije, levantándome de mi asiento y dirigiéndome a su lado para consolarlo.

Abracé con mis torpes bracitos su ancha cintura y el me tomo con facilidad con una mano. Su altura era el doble de la mía y su cuerpo el cuádruple del mío. Parecía que ese muchacho jamás dejaría de crecer y que yo jamás crecería más que este metro cincuenta y cinco.

—Estoy bien—dijo reobrando la compostura. —No se molesten, por favor—agregó, viendo que Alice y Bella se levantaban y se acercaban a su lado a consolarlo.

—Lo sentimos mucho Jake—le dijo mi madre apenada.

—Lo sé Bells, lo sé…—dijo Jake, mientras se sentaba a la mesa, con Renesmee a su lado.

Todos mantenían una expresión dolorida, quebrados por dentro.

Según tenía entendido, cuando Renesmee nació, la manada se hizo muy unida a la familia.

Hasta la tía Rose se había encariñado con los "cachorros". Yo no los había conocido personalmente, solo en fotos y estaba al tanto lo que mi familia me contaba.

—Volviendo al tema del momento—continuó Jake, recobrando la seguridad en su voz. —Hay una nueva manada en la Push, que estalló cuando llegaron estos nuevos vampiros a la zona hace un año. Estos pálidos tienen un pacto también con la manada.

— ¿Un pacto como el nuestro? —preguntó Jasper. Todavía, a pesar de que papá había asegurado que no eran peligros, él se encontraba irritado y precavido

—No, el de ellos es menos… exigente. Pueden pasearse por Forks y sus alrededores como si nada, no están excluidos de la reserva—reveló Jacob, con una media sonrisa dibujada en el rostro.

— ¿Qué? —preguntaron todos al mismo tiempo, sus expresiones iban de la incredulidad, a la sorpresa.

—La manada confía en ellos. No tienen rivalidad alguna, por el contrario, se podría decir que son… amigos—explicó Jake, hasta el mismo aún se veía estupefacto con esa noticia.

— ¿Confían en ellos? —consultó Emmet asombrado.

—Sí, ellos son… diferentes—manifiestó Jacob. —No solo no se alimentan de humanos, sino que son una gran familia, tienen costumbres y acciones muy humanas.

— ¡Woow! El perrito diciendo que los vampiros son muy humanos, se me caerán las lágrimas—dijo la tía Rose, tomándole el pelo a mi cuñado.

—No sabía que las piedras lloraran—se defendió Jake.

— ¡Tía! —la regaño mi hermana. —Deja en paz a Jake.

— ¿Qué? —dijo Rose, haciéndose la inocente. —No lo decía en serio, sabes que me gustan los perros—dijo tomando un bol decorativo y arrojándoselo a Jake por la cabeza, quien fácilmente lo agarró y volvió a dejarlo sobre la mesa, secándole la lengua a Rosalie.

—Mete esa lengua dentro, que se te caerán las babas y estropearas la mesa de Esme—le dijo la tía Rose, haciéndole burla.

Todos comenzamos a reír a carcajadas por su comentario.

Rose y Jake se llevaban bien a veces, esas bromas eran solo eso, chistes. Pero en el fondo, muy en el fondo yo sabía que se querían.

—Rubia, yo que se te cuesta horrores asimilar más de dos ideas juntas, en tu hueca cabecita—le dijo Jake a mi hermosa tía. — Pero estábamos conversando de un tema serio, haz un esfuerzo por entender y déjame continuar por favor.

—Te escuchamos—le dijo Esme, tierna y educadamente. Antes de que Rose le responda con otra agresión.

—Bueno, por lo poco que me contó la manada… Son dos vampiros hombres y dos femeninos. Viven y trabajan por aquí. Jamás causaron problemas, por el contrario siempre ayudan y son muy solidarios.

—De todos modos creo que deberíamos ser cuidadosos al respecto—volvió a recalcar Jasper.

—Lo seremos—le aseguró mi padre.

— ¿Es una decisión tomada verdad?—consultó mi madre aun desazonada. —No nos presentaremos ni nada, solo esperaremos para ver qué es lo que ocurre ¿No?

—Correcto—le dijo mi padre afirmando con la cabeza.

— ¡Ufa! —exclamó Alice. — ¡Yo quería nuevos amigos!

—Entonces…—comencé a expresarme, era la hora de que me escuchen a mí. — ¿Nos quedaremos acá? ¿Cuándo hay un aquelarre de vampiros dando vuelta por la cuidad?

— ¿Tienes miedo? —preguntó Emmet, en tono sarcástico.

— ¡Claro que tengo miedo! —afirmé.

Todos estallaron en carcajadas.

— ¿¡Convives diariamente desde que naciste con 8 vampiros, una hibrida y un hombre lobo y tú le temes a cuatro vampiritos inofensivos que se alimentan de vaquitas y se creen humanos!? —me pregunto mi tío Emmet, entre sonoras carcajadas.

—Sí—le dije cruzándome de brazos y haciendo un mohín.

— ¿A qué le temes Jaz? —me preguntó mi padre tiernamente.

—No lo sé—le dije triste y sinceramente.

En realidad ni yo misma tenía idea de a que le temía. Pero había algo dentro de mío que me indicaba que esto estaba mal, un presentimiento se clavaba en medio de mi pecho provocando un dolor punzante y me decía que huya, que me vaya de ese lugar cuanto antes.

—Te prometo, que es seguro para ti quedarte en Forks, mi vida—me certificó mi padre, leyendo las dudas de mi mente. —Tú sabes bien que ninguno de nosotros haría nada malo contra ti, ni tomaría ninguna decisión que pueda llegar a ser perjudicial para tu persona ¿Verdad? ¿Lo sabes no?

Solo pude asentir, la voz no salía por mi garganta.

Ellos jamás darían un paso errado poniendo en peligro mi integridad, ni física ni psíquica.

Pero sin embargo… a pesar de estar segura de eso, seguía sintiendo esa necesidad de irme de allí.

—De acuerdo—le dije. — Ellos tienen un mejor autocontrol que el abuelo Carlisle ¿verdad? ¿Qué puede pasarme?

—Absolutamente nada—me dijo mi padre, dándome un beso en la frente. —Te juro que estarás bien.

Y así deje mi inseguridad y mi miedo de lado, confiando en las palabras de mi padre, ya que él jamás me mentiría, y mucho menos me haría daño. Seguramente él había leído las mentes de estos individuos a la perfección y había llegado a la conclusión de que era cien por ciento seguro pasar al lado de alguno de estos vampiros sin ser desangrada íntegramente o convertida en un muerto en vida.

No había nada que temer.

Luego del delicioso almuerzo que Esme preparó exclusivamente y solo para mí, del cual comí gran parte, dado que había tomado la decisión de alimentarme correctamente, comencé a preparar mis cosas para mañana, mi primer día en el instituto de Forks.

Revise los libros y el material de estudio. Era todo muy esperado y ya había estudiado anteriormente todo el temario. Este año sería uno más, otro año más de secundario aburrido en mi vida.

Pasamos la tarde sin ningún ajetreo.

Alice y Rosalie rediseñaron mi vestuario. Compraron montones de prendas nuevas dos tallas más pequeñas de las que ya estaban en mi guardarropa. Descartaron la mitad de las vestimentas "viejas", destinándola para beneficencia.

Jasper y Emmet se lo pasaron enredados alrededor de diez tableros de ajedrez, ejecutando tácticas y reglas de una nueva forma de jugarlo que yo jamás llegaría a comprender.

La abuela Esme fue al instituto a confirmar mi inscripción, para que pueda comenzar mañana las clases.

Papá y mamá mantenían una conversación de la que yo jamás capte ni una palabra, a pesar de estar sentada en el sillón mirando televisión a escasos metros de donde ellos se encontraban hablando.

Nesmy y Jacob no aparecieron en toda la tarde, solo los vi cuando el abuelo llegó del hospital, con sus manos atestadas de chocolates y diversos caramelos para mí y Jake. Los tome gustosa y agradecida y los repartí, mitad para cada uno.

Entrada la noche cené dos porciones de exquisitas papas al horno con carne asada.

Aún tenía la molesta presión en el centro de mi pecho, ahora se mezclaba con el dolor de barriga por haber comido dos platos de carne en la cena, pero aún estaba allí mi intranquilidad con esos vampiros desconocidos.

Decidida a aliviarme tome un baño con agua muy caliente, que me relajó pero no me apaciguó en absoluto.

Me quedé tiempo de más bajo la ducha. Al salir me puse el primer camisolín que encontré en el closet, parecía ser uno de los nuevos que habían comprado mis tías, ya que se ceñía mil cuerpo a la perfección, me sequé el pelo con esmero y cepillé mis dientes.

Tomé una de las novelas nuevas que mamá me había comprado "Amor de anochecer" era su título impreso en grandes letras color rojo sangre, y por lo que había leído en el resumen iba de un inmenso amor entre dos vampiros. Parecía broma, pero me gustaban las novelas de vampiros, comparar la realidad con la fantasía e imaginación de algunos escritores era un gran pasatiempo.

Con el libro entre mis manos, salí al balcón y me senté en la mecedora.

Hacía frío y había mucho viento pero no me importo, ese mirador era soñado.

"Lucas la amaba más que a su propia vida, si es que tenía una vida que ofrecer a cambio por ella…"

Así comenzaba el prefacio, parecía bastante prometedor.

Mientras leía renglón por renglón, me fui sumergiendo en un apacible sueño que terminó ganándome. Y me adormilé, pensando en amor y vampiros que daban su vida inexiste por sus amadas también inexistentes.