Capítulo 2: La Señorita Victoria.

- ¡Baronesa! ¿De qué está hablando, mi Lord? – preguntó Lehzen desconcertada y con gesto de sorpresa en el rostro.

- Es solo señora Lehzen… en ésta realidad, ella no es Baronesa, es solo señora Lehzen – dijo Connor en voz alta, parado detrás de Lehzen.

Lord Melbourne notó que Lehzen parecía no haber escuchado a Connor, a pesar de que por el volumen de su voz ella debía haberlo escuchado. Por su parte Lehzen se percató de que Lord Melbourne parecía ver algo que estaba detrás de ella, y por eso dio vuelta a la cabeza para mirar, pero al no ver nada, volvió a ver a Lord Melbourne aún más confundida.

-Eh… señora Lehzen… ¿Cómo está usted? – rectificó Lord Melbourne intentando disimular su confusión, mientras la niña seguía tirando de sus pantalones para llamar su atención, pero él no despegaba la vista del rostro de la antigua institutriz de Victoria (y su mano derecha en la dirección de los asuntos domésticos de Palacio).

-Bien… supongo – respondió Lehzen todavía más desconcertada, como sí le hubiera preguntado de qué color era la Luna – Lizzie quería verlo para enseñarle el dibujo del que habló durante el almuerzo, me dijo que usted quería verlo – agregó Lehzen tratando de reconducir la conversación a terrenos más normales.

- ¿Lizzie? – dijo en tono de pregunta Lord Melbourne

-Es la niña, es tu sobrina – dijo Connor en voz alta, y de nuevo Lehzen no se inmutó, como sí no hubiera oído.

Lord Melbourne bajó la vista para ver a la hermosa niña

-Ah… claro, si, quería ver tu dibujo… Lizzie – le dijo Lord Melbourne a la niña.

La niña era rubia y tenía unos hermosos ojos verdes, con unas lindas mejillas sonrosadas y piel muy blanca. Era más o menos delgada, y parecía muy risueña.

-Mira tío William, éste eres tú, estos son tus cuervos y ésta soy yo… aquí está la señora Lehzen…

Lord Melbourne estaba agachado al lado de la niña, con su mano tímidamente apoyada en la espalda de ella. Lord Melbourne la escuchaba embelesado, y no pudo evitar sentirse enternecido, al recordar a su propio hijo cuando era pequeño, con la diferencia de que por ser un niño "especial" necesitaba más cuidados y comprensión que el resto de los niños. Él notó que Lehzen veía a la niña con una sonrisa tierna y gesto dulce, algo que no solía ver en la fría y controlada Baronesa… bueno, al menos "la que él conocía" … sin embargo, no pudo evitar preguntarse, sí veía igual a Victoria cuando era una niña pequeña a su cargo.

Pero entonces vio que Connor se acercaba y agitaba una mano frente al rostro de Lehzen… Lord Melbourne vio que la mujer no reaccionaba, como sí la mano que acababa de pasar a centímetros de su rostro fuera invisible. Luego vio el rostro de Connor, que con una amplia sonrisa burlona le confirmaba que había sido una manera de demostrarle una vez más que a él el resto de la gente no lo veían, como sí efectivamente fuera invisible.

-Aquí, Lehzen no trabaja en Palacio… Ella es la ama de llaves de Brocket Hall – le dijo Connor.

Lord Melbourne se quedó boquiabierto, pero al ver que Lehzen volvía a extrañarse al ver la expresión de su rostro, agachó la cabeza y disimuló casi pegando la nariz al dibujo de la niña, y concentrándose en lo que la pequeña decía.

-Es realmente un dibujo muy bonito, encanto… - le dijo Lord Melbourne con ternura a la niña - ¿Qué edad tienes? – él vio de nuevo el desconcierto en el rostro de Lehzen, e incluso el asombro en el rostro de la niña – Quiero decir… recuérdale al viejo tonto de tu tío cuántos años tienes – agregó con una sonrisa.

- ¡Eres bobo, tío! ¡Sabes que tengo 7 años y cumplo 8 en 2 meses! – contestó con una risa infantil Lizzie.

-Lizzie, cumples 8 años en tres meses, no en dos. ¡Menos mal que pronto llegará tu nueva institutriz para que te apliques más en los estudios! – la reprendió amablemente Lehzen.

- ¡Estoy seguro de que serás muy aplicada en los estudios, tesoro! – le dijo cariñosamente Lord Melbourne a la niña, y sintió como sí realmente quisiera a la niña, como sí la conociera desde hace mucho tiempo y no desde hace apenas unos instantes.

- ¡Eso está por verse, mi Lord! Usted ya sabe que Lizzie tiene un gran talento para el dibujo y para jugar, pero lo de estudiar no le entusiasma mucho… ahora sí me disculpa mi Lord, debo llevar a Lizzie a bañarse y cambiarse – dijo Lehzen.

-Por supuesto Bar… señora Lehzen – contestó Lord Melbourne, que se sentía bastante incomodo en ésta nueva situación, pues estaba acostumbrado a tratar a Lehzen con gran respeto y distancia, e incluso se sentía un poco intimidado por ella, que siempre cuidaba de Victoria como una chaperona muy celosa.

Lehzen se despidió con deferencia, pero con mirada recelosa, como sí supiera que algo muy raro le pasaba a su patrón. La niña se despidió dándole un afectuoso beso en la mejilla a Lord Melbourne, y luego que ambas se marcharon de la biblioteca, Lord Melbourne se dirigió a Connor para pedirle que le explicara la situación.

-Creo que sería conveniente que te tomaras un brandy, para asimilar mejor la información – dijo Connor condescendiente.

Lord Melbourne se sirvió un brandy con manos temblorosas, por la ansiedad ante lo que iba a escuchar.

-Verás, Lord Melbourne – le dijo Connor sentándose en un sillón y cruzando las piernas, mientras Lord Melbourne hacía lo mismo en su sillón favorito frente a él - ¿Por dónde empiezo?... hay cosas que recuerdas de tu vida en ésta época, que siguen igual en ésta realidad… lamentablemente lo de tu mujer y tu hijo sigue igual, ambos están muertos en ésta época – al decir esto Connor vio con compasión a Lord Melbourne, cuyo rostro reflejó una resignada tristeza – pero otras cosas han cambiado… en ésta "vida" tu hermano Frederick se casó hace unos años y tuvo una hermosa niña, que acabas de conocer, Elizabeth Lamb, mejor conocida en familia como Lizzie. Esa es la buena noticia… la mala noticia es que hace casi tres años, cuando tu sobrina tenía cerca de cinco años, tu hermano y tu cuñada murieron en un incendio en su casa.

- ¿Mi hermano está muerto? – preguntó Lord Melbourne con dolor.

-Lo siento, Lord Melbourne, sinceramente – replicó Connor con genuina lástima – Pero eso es lo que tiene una vida alternativa, te da unas cosas que no tenías en otra vida, pero te quita otras. En cualquier caso, la niña es huérfana de padres, pero por el testamento de tu hermano tú eres su tutor legal y por eso la niña vive contigo desde hace casi tres años. En la práctica es como sí tú fueras su padre.

Lord Melbourne tomó un buen trago de brandy, y su rostro revelaba una tormenta interior, de sentimientos encontrados.

-Pero hay más Lord Melbourne – prosiguió Connor – En tu otra realidad, en ésta época tú serías el Primer Ministro… pero aquí, tú no ya no eres Primer Ministro.

- ¿No lo soy? – preguntó Lord Melbourne desconcertado.

-No… en ésta vida, después que el Rey Guillermo te despidió, poniendo fin a tu primer gobierno, decidiste retirarte de la política activa y renunciaste al liderazgo del Partido Whig. Por eso el Rey Guillermo no pudo volver a encargarte la formación del gobierno unos meses después, como sucedió en tu realidad – le contestó Connor, haciendo referencia al abrupto final del primer período de Lord Melbourne como Primer Ministro, luego de apenas cuatro meses, cuando el Rey Guillermo IV lo despidió.

-Pero entonces… ¿no fui Primer Ministro de Victoria? O acaso… ¿en "éste mundo" Victoria no es la Reina? – preguntó Lord Melbourne con ansiedad.

-La Reina de Gran Bretaña se llama Victoria… si, eso es igual – contestó Connor serio.

-Ya veo… entonces, Victoria no me conoce – dijo Lord Melbourne con tristeza.

-Me temo que así es, la Reina no te conoce – replicó inexpresivo Connor.

-Tal vez sea mejor así… de esa manera no podemos hacernos daño… o mejor dicho, así yo no puedo hacerme daño de nuevo, estando cerca de lo que amo y no puedo tener – dijo Lord Melbourne, con una sonrisa irónica, sin convicción en la voz y con una gran tristeza a duras penas contenida.

Connor volvió a verlo con compasión.

-Entonces, la niña… mi sobrina, ¿es la compensación del cielo a mi dolor? El tener la oportunidad de ser padre de nuevo, el tener el amor de hija de esa niña… ¿es mi recompensa? – preguntó Lord Melbourne entre la tristeza y la ilusión.

-Si, podemos decir que así es – contestó Connor con una sonrisa amigable y compasiva.

Lord Melbourne esbozó una sonrisa, y luego su rostro se cubrió de cierta alegría, manifestando una pequeña esperanza.

-Bueno, no es una mala recompensa… quizás esa niña sea mi oportunidad de redimirme y encontrar un poco de amor en mi vida, y tal vez por una vez en mi vida una relación con alguien que amo tenga una conclusión feliz – declaró Lord Melbourne un poco más ilusionado, con los ojos húmedos.

-Me alegra esa actitud Lord Melbourne, creo que vas por el camino correcto… ¿qué te parece sí te pongo al día en los detalles sobre tu nueva sobrina e hija adoptiva? – dijo Connor con rostro risueño.

Lord Melbourne sonrió alegre, y ambos comenzaron una animada conversación que se prolongó durante más de dos horas. En ella Connor le contó muchas anécdotas divertidas y tiernas sobre la niña, que se suponía que Lord Melbourne debía conocer, muchas porque él las había vivido en primera persona en esa realidad alternativa. Lord Melbourne parecía cada vez más entusiasmado con la idea de ser el padre adoptivo de aquella maravillosa niña, a la que sentía que ya quería. La conversación siguió hasta que unos golpes en la puerta de la biblioteca anunciaron la presencia de alguien.

-Lord Melbourne, soy Lehzen, ¿puedo hablar con usted o está ocupado, mi Lord? – dijo la voz familiar de Lehzen a través de la puerta.

-Creo que debes atender éste asunto sin pérdida de tiempo – dijo Connor con una sonrisa y un gesto enigmáticos.

- ¿Otra sorpresa, señor Connor? – preguntó Lord Melbourne entre divertido y nervioso.

-Todo es posible – contestó Connor con gesto de picardía.

- ¿Me oye, mi Lord? ¿Vuelvo después? – preguntó Lehzen.

- ¡No! Puede pasar Bar… señora Lehzen – contestó Lord Melbourne reprimiendo una risa, al ver el gesto burlón en el rostro de su nuevo "amigo" Connor, mientras se ponía de pie y se acomodaba el traje que llevaba puesto para recibir a Lehzen en una postura digna.

Despacio Lehzen abrió la puerta y entró a la biblioteca, pero no iba sola. La acompañaba una mujer bastante más baja de estatura, delgada y muy joven, prácticamente hasta ayer una adolescente. Era una chica bonita y de aspecto dulce, con rostro de niña, y cabellos largos recogidos en un moño, cubierto por un simpático sombrero de señorita. Cuando Lord Melbourne la vio su corazón dio un vuelco y su rostro palideció, y hasta sintió que le fallaban las piernas, y tuvo que poner una mano sobre el respaldo del sillón para asegurarse de no caer. La joven era Victoria…

-¡Su Majestad! ¿Pero qué está…? – exclamó Lord Melbourne con la voz rota de la emoción, adelantándose hacia las mujeres, sintiendo el deseo de abrazar a Victoria, pero sabiendo que tan solo podría besar su mano.

- ¡Espera William! Deja que ellas hablen, aguarda – le dijo Connor sosegadamente, mientras le ponía una mano sobre el hombro.

Lord Melbourne se detuvo en seco, con la emoción reflejada en el rostro, mientras las dos mujeres lo veían asombradas. Lehzen movió la cabeza a un lado y al otro, desconcertada, mientras Victoria reflejaba una gran sorpresa, con los ojos abiertos como platos y boquiabierta.

- ¿Su Majestad? ¿De qué habla, mi Lord? – preguntó Lehzen mientras lo veía preocupada, como quien ve a un ser querido que estuviera perdiendo la razón.

-Di que te acordaste de algo relacionado con la Reina, que tuviste una mala noche – le aconsejó Connor.

-Eh… yo… es que me acorde de repente de algo relacionado con la Reina, con la Corona… les pido disculpas, es que yo… yo no he tenido una buena noche – respondió Lord Melbourne avergonzado y emocionado, sin poder despegar la vista del bello rostro de Victoria, que se sonrojó y bajó la vista incomoda ante la intensa mirada de él.

"¿Cuándo ha tenido una buena noche desde que estoy a su servicio?" pensó Lehzen con cierta ironía, pero aun así seguía algo preocupada por su patrón.

- ¿Se siente bien, mi Lord? ¿Quiere qué volvamos después? – preguntó Lehzen preocupada.

- ¡No! – exclamó Lord Melbourne angustiado ante la idea de que Victoria se marchara, pero ante las miradas de las mujeres se esforzó por serenarse – No, no es necesario. Éste es el momento adecuado para… hablar, dígame señora Lehzen – agregó pasándose la mano por el cabello y acomodándose la ropa con elegancia.

-Bueno, mi Lord. Ella es la señorita Victoria Edwards – dijo Lehzen, y al ver la sorpresa en el rostro de Lord Melbourne, entendió que tenía que recordarle o aclararle – La nueva institutriz de la señorita Elizabeth… bueno, sí cuenta con su aprobación mi Lord. ¿Recuerda que lo hablamos, mi Lord? La señorita Edwards viene a entrevistarse con usted, para obtener su visto bueno – agregó Lehzen como sí estuviera tratando de explicar algo a un niño pequeño.

-Es un placer Lord Melbourne, estoy a su servicio – dijo Victoria con cortesía, pero al mismo tiempo con timidez, mientras hacía una reverencia.

-Yo… estoy encantado de conocerla señorita Edwards – dijo Lord Melbourne aun incómodo y asombrado, pero recuperando el dominio sobre él mismo, mientras extendía su mano a Victoria.

Victoria, tímida y torpe, extendió su mano confundida por esa deferencia hacia una chica de rango social inferior, y entonces Lord Melbourne la tomó delicadamente, y al hacerlo él sintió como un corrientazo en su interior. Él sintió la intensa emoción de volver a tocarla, de volver a sentir su mano en la suya. Cortésmente Lord Melbourne agachó la cabeza y acercó sus labios a la mano de Victoria, y delicadamente depositó un beso en el dorso de la mano de Victoria, cubierta por un guante de tela. Luego subió despacio su cabeza, clavando la profunda mirada de sus grandes ojos de color verde avellana en los ojos de Victoria, y entonces ella se sonrojó, sus mejillas se pusieron coloradas, y en su rostro se veía la sorpresa y la emoción. El corazón de Victoria se aceleró, palpitando como un caballo desbocado, y un ligero temblor recorrió su cuerpo. Y por un minuto pareció que solo estaban ellos dos en esa estancia…

Lehzen se quedó viéndolos desconcertada.

- ¿Mi lord? – interrogó Lehzen.

-Oh, perdone señora Lehzen… - dijo Lord Melbourne volviendo a la realidad y soltando despacio la mano de Victoria, al darse cuenta de que la había retenido más de lo debido, aunque ella tampoco parecía haberse dado cuenta de ello – Por favor, tomen asiento… señora, señorita – agregó él galantemente mientras retrocedía e indicaba a los sillones que estaban junto al suyo.

-Gracias, mi Lord. Señorita Edwards… ¡señorita Edwards! – tuvo que exclamar Lehzen al ver que Victoria, embelesada todavía por el gesto y la mirada de Lord Melbourne, se había quedado como clavada al suelo, idiotizada.

- ¡Perdón señora Lehzen, mi Lord! – dijo avergonzada Victoria, mientras procedía junto a Lehzen a sentarse mientras Lord Melbourne hacía lo propio frente a ellas.

-Entonces, la señorita… Victoria, va a ser la nueva institutriz de Lizzie – dijo Lord Melbourne, sin terminar de creerse que aquello estuviera pasando, pensando que era un sueño del que podía despertar en cualquier momento… pero del que realmente no quería despertar, mientras no podía dejar de mirar a Victoria que sonreía avergonzada.

-Como recordara mi Lord, la señorita Edwards llegó a nosotros por recomendación de Lady Emma Portman, que conoce a una de las damas que patrocina al colegio de la señorita Edwards. Ella presentó buenas credenciales, a pesar de su corta edad… las cartas que le mostré, las de la escuela donde estudió, dan fe de su buena educación, de su cultura y su talento para impartir clases. En la institución donde creció era la alumna más aventajada de su clase, tenía excelentes calificaciones en casi todas las materias, después destacó como maestra en la misma institución de chicas de cursos inferiores. Y, además, domina bastante bien la etiqueta, el protocolo, tiene una conducta moral intachable, es bastante religiosa y se desenvuelve muy bien con niños pequeños – dijo la señora Lehzen.

-Entiendo… perdonen mi mala memoria, pero como dije antes tuve mala noche y ahora estoy un poco torpe, tonto. ¿Qué institución es esa donde estudió y creció la señorita Edwards? – preguntó con interés e inocencia Lord Melbourne.

-La Institución Lowood, una escuela para niñas pobres y huérfanas, Lord Melbourne – respondió Victoria, con amabilidad, pero con voz firme, como quien quiere dar a entender que no se siente avergonzada por una situación que a otra persona menos fuerte le daría vergüenza admitir.

Lord Melbourne se quedó todavía más asombrado, pensando que aquello definitivamente no podía ser real… la Reina de Inglaterra convertida en una niña pobre o huérfana en una extraña vida paralela.

-Ya veo… y en esa institución, ¿usted daba clases a niñas de la edad de mi sobrina? – preguntó Lord Melbourne con mucha amabilidad, y un gesto encantador en el rostro.

-Si, y más pequeñas… y también más grandes. En realidad me encantaba hacerlo, mi Lord. Es mi vocación – contestó Victoria con genuina felicidad, y una sonrisa encantadora.

- ¿Y domina usted todas las materias que mencionaban sus credenciales? – intervino Lehzen para preguntarle.

-Si, señora Lehzen, se me dan bien la geografía, la historia, la literatura, la gramática, las matemáticas, la caligrafía, y las clases de religión – contestó Victoria entusiasta y simpática.

- ¡Realmente es usted muy estudiosa y aplicada! – le dijo Lord Melbourne con genuina admiración, y algo más…

-Gracias, mi Lord – contestó Victoria halagada, pero a la vez gratamente nerviosa por la mirada intensa de pequeño cachorro de Lord Melbourne.

- ¿Y en lenguas, señorita Edwards? – preguntó Lehzen, que se sentía algo excluida por el intercambio de miradas entre su patrón y la joven.

-Domino a la perfección el francés y puedo enseñarlo muy bien, también un alemán básico, y un poco de español – respondió Victoria.

- Dann sind Sie mit meiner Sprache vertraut – "Entonces usted está familiarizada con mi lengua", le dijo Lehzen en alemán.

- Ganz gut, es scheint mir eine sehr reiche und interessante Sprache – "Bastante bien, me parece una lengua muy rica e interesante", respondió Victoria también en alemán, con una sonrisa amistosa.

- ¿Satisfecha señora Lehzen? – preguntó encantado Lord Melbourne.

- ¡Bastante, mi Lord! – contestó Lehzen.

-Señorita Victoria… ¿me permite que la llame así? Lo prefiero a señorita Edwards, me parece… más cordial y cercano – dijo Lord Melbourne.

-Si, por supuesto, Lord Melbourne – dijo ella sonrojándose de nuevo.

-Perdone mi curiosidad, pero usted se llama como… como la Reina. ¿Tiene algo que ver o es mera casualidad? – preguntó Lord Melbourne.

- ¡Oh, eso! Si, Lord Melbourne, es que yo nací un mes después que nació nuestra Reina, y mi madre al escuchar que había nacido una nueva princesa en la familia real llamada Victoria, se empeñó en ponerme ese nombre – contestó Victoria un poco divertida.

-Me alegro, es un hermoso nombre – replicó Lord Melbourne haciendo que ella se sonrojara de nuevo – Y dígame señorita Victoria, para usted, ¿qué significa éste empleo?

-Sinceramente, lo significa todo mi Lord. Honestamente soy una mujer joven, sin recursos y sin familia, pero tengo mis conocimientos, mi educación, que no es despreciable… Quiero abrirme camino en la vida con mi formación, quiero vivir decentemente gracias a mi propio esfuerzo. Quiero sentirme útil y digna, mi Lord – contestó Victoria con voz firme, amable y sincera, con orgullo.

-Creo que pocas personas de su edad, o de cualquier edad, podrían haberlo dicho mejor – le dijo Lord Melbourne tratando de contener su propia emoción – Señorita Victoria, el empleo es suyo, sí usted lo quiere, por supuesto – agregó.

- ¡Por supuesto, mi Lord! ¡Muchas gracias! – respondió Victoria emocionada.

-Mi Lord, la señorita Victoria trajo todas sus cosas, así que hoy mismo se va a instalar en los dormitorios de la servidumbre – dijo Lehzen.

- ¿Aquí, en Brocket Hall? – preguntó Lord Melbourne sorprendido de nuevo.

-Por supuesto… ¿hay algún problema? – preguntó Lehzen extrañada.

- ¡Ninguno! ¡Me parece magnifico! – exclamó Lord Melbourne, y al ver la sorpresa de Lehzen y la sonrisa de nuevo avergonzada de Victoria, moderó su entusiasmo infantil – Quiero decir, así desde luego Lizzie tendrá a su institutriz cerca, a toda hora… - se justificó, poco convincente – Usted verá que es una niña encantadora – agregó dirigiéndose a Victoria.

- ¡Estoy ansiosa por conocerla, mi Lord! – replicó sinceramente Victoria.

-Venga conmigo señorita Victoria, se la presentaré – dijo Lehzen.

Ambas mujeres se despidieron y pidieron permiso para retirarse, y Lord Melbourne se despidió como un niño nervioso y ansioso. Cuando salieron de la biblioteca, con la imagen de Victoria aun fresca en las retinas de sus ojos, Lord Melbourne gesticulaba nervioso en un rincón sin saber muy bien sí reír o llorar. Entonces sintió que alguien lo observaba, y cuando buscó con la mirada se encontró a Connor sentado en un sillón con una amplia sonrisa, y solo entonces se percató de que no había visto a Connor durante la mayor parte de su entrevista con Lehzen y Victoria.

- ¡Para que después no digas que no hago nada por ti! – exclamó Connor en tono jocoso y burlón.

Próximo capítulo:

Capítulo 3: Descubriendo a la "Nueva" Victoria.

Nota: como muchos se habrán dado cuenta, he tomado prestado de la maravillosa novela "Jane Eyre" de la escritora Charlotte Brontë, la Institución Lowood, el colegio para niñas pobres y huérfanas en la que vivió y estudió la protagonista de aquella novela, Jane Eyre, y en éste relato lo hace Victoria, en un Universo alternativo. Es un pequeño homenaje a una de mis historias favoritas de drama romántico.