J.K Rowling es dueña de los personajes y el contexto, sin embargo, nada de esto ha sido escrito por ella.
Palabra: Vista.
II
Mirarla a ella
— ¡Cómo se atreven! Primero montan tamaño evento, lleno de asquerosos traidores a la sangre y encima traen a una aberración a los nuestros, a aquella mugrosa sangre sucia a… ¡A mi propia casa…!— Ron está sentado sobre su cama del número doce de Grimmauld Place cuando aquella horrenda voz asalta su tranquilidad e inunda la estancia de gritos.
¿Sangre sucia? Eso sólo puede significar algo.
O alguien.
Quiere ponerse de pie, y cuando está a punto de vencer el cansancio y el agotamiento mental, la puerta se abre de golpe. Hermione se quita la bufanda con brusquedad y sacude la nieve que trae amontonada sobre su cabello. Está mojada, así que tiene que quitarse el abrigo y sacudirlo. Ginny espera en la puerta y cuando ella termina de quitarse la ropa húmeda murmura un suave "Le llevaré esto a mamá para que lo seque" y se marcha. Hermione entonces se gira, arropada con su chaleco de lana celeste que le cubría hasta el mentón y mira a Ron, como nunca antes lo había mirado.
No es como la mirada de Harry, que desbordaba culpabilidad, no es como la de sus hermanos que están tan preocupados y agobiados como él, no es como la de Ginny, con las pestañitas llenas de lágrimas que intentaba -sin éxito- ocultar, ni como la de su madre que le aseguraba que su padre estaba bien mientras secaba como podía las lágrimas con la otra mano. Son los ojos de Hermione, confraternizando con su dolor, haciendo nuevamente el papel de la mejor amiga indispensable, aquella mejor amiga que nunca se iría cuando se le necesitara.
Necesita decirle algo, pero sus dientes están pegados y no puede articular palabra. Decide hundir sus explicaciones, agradecimientos y todo aquel discurso que le gustaría decir en los ojos de ella, que enfundados por aquellas pestañas largas lo arropan y le entregan lo que necesita. Era extraño sentir en Hermione un aire maternal, cuando se le siente también de tantas otras formas. Cuando siente en ella toda la paz que sentía al refugiarse en el pecho de su papá o su mamá a los tres o cuatro años. Cuando ella lo mira de esa forma se siente exactamente igual a cuando pudo descansar su pierna mordida por Canuto en la camilla de la enfermería, tan bien como ganarse cincuenta puntos para su casa el último día de escuela, o como darse una ducha y luego dormir con el estómago lleno tras un largo y cansador entrenamiento de quidditch. Pero a la vez sus ojos consiguen confundirlo, hacerle creer que todo lo anterior es lo único que debe sentir, y que debe reprimir—porque es una locura— las ganas locas que le entran de abrazarla, sabiendo que se pondrá colorado y que después que la suelte no podría hablarle en semanas por el bochorno, el súbito impulso que le viene de poner sus manos en la cintura de ella y acercarla, de decirle que aunque sea como sea que es ella, la quiere harto, y que si quiere volver a darle uno de esos besos de buena suerte en la mejilla promete agacharse y hacérselo más fácil, que no tiene ningún problema al respecto.
Entonces Hermione se mueve y lo saca de su ensoñación, se acerca a él con tranquilidad y Ron siente que tiene que apretar los dientes con más ganas para no romper a llorar. Ella ha llegado con su calma avasalladora a dejar su cabeza en silencio, un silencio brutal y blanquecino, un silencio casi palpable aun cuando los gritos de la Señora Black se siguen escuchando y oyen a Ginny pelear fervientemente con el retrato. Pone una de sus manos sobre uno de los brazos de él y tal como hizo con su cerebro ahora hace con su cuerpo. No lo ha dejado en silencio, pero lo ha dejado quieto. Siente de pronto que lo único que le funciona correctamente son las estúpidas hormonas que parecen secretar como locas para que las mejillas se le pongan coloradas y siente un estúpido pesar en el vientre. Hermione le soba el brazo y lo mira como deseando abrazarlo. ¿Y qué más daba? Abre sus brazos y ella se lanza con más ansias de las que hubiera deseado a hundirse contra el pecho del muchacho, donde su corazón, que se ha activado hace solo unos segundos late con fuerza, rompiendo por fin aquel silencio que Ron escuchaba a un volumen tortuoso.
Él la sujeta entre sus brazos, dudoso de hacer alguna otra cosa, porque sabe que los golpecitos en la espalda debería dárselos ella a él, así que se ha quedado sin tácticas de abrazos, por eso se queda quietecito dejando que ella respire contra su pecho. Se separan luego de un rato y ella vuelve a poner sus manos sobre los brazos él.
—Ron…se se pondrá bien, ya lo verás— le dice con su voz suave y armoniosa, y él siente el alivio de la verdad caer sobre él. Si lo dice la bruja más brillante de Hogwarts ¿por qué no podría ser así? —Tu padre es un gran mago, un muy buen mago. Se recuperará— agrega con convicción y él nunca antes se ha sentido tan orgulloso de su papá, de él mismo por llevar su apellido y por recibir todos los insultos del retrato del primer piso.
Y deja de observar sus zapatos con nerviosismo mientras asiente con la cabeza, y posa sus ojos sobre los de ella. Y ahí chocan, se encuentran, se tambalean. Azul y café, cielo y tierra, agua y fuego, se sostiene de ella y siente como ella le convida un poquito de su fuerza con sólo mirarlo, cree de pronto en todas las historias de magia antigua y poderosa, aquellas en las que el amor es mejor arma que la varita más poderosa de todas y el mejor ilusionista del mundo, cree que ella es capaz de traspasarle justo en ese momento todo el calor que le faltaba, la convicción para salir y animar a Ginny que está hecha un nudo de nervios y mal humor, y que debe cumplir su rol de hermano mayor con ella, que Hermione con solo mirarlo le ha traspasado parte de su bondad, de sus ganas por ver las cosas de mejor forma. Que ha tomado todo su ánimo navideño y ha venido a abrazarlo, a decirle que todo estará bien, a calmar las cosas dentro de su cabeza, su corazón y su cuerpo entero.
Agradece con una sonrisa corta y le acaricia el pelo, que lo trae húmedo y desordenado por el viento y la nieve, incluso gotea en algunas partes. Hermione sonríe un poquito más y escucha a Ron murmurar un suave "gracias". Se encoge de hombros.
—No hay nada que agradecer, Ronald— le reprende mirándolo seriamente y él vuelve a comprenderla con sólo mirarla, niega con la cabeza y hace otra una pequeña sonrisa.
— ¿Quieres una taza de chocolate, mientras tanto? —Ofrece bajo la mirada confundida de Hermione, que asiente con la cabeza de todos modos. Él abre la puerta de la habitación para caminar con ella hasta la cocina, pero decide informarse primero— ¿Tus padres pasarán por ti, cierto? ¿No pensarás irte sola, verdad? — le comenta con cierto resquemor. Ella se lleva una mano al pecho, haciéndose la ofendida.
—Acabo de llegar y quieres que me vaya.
— ¡No quiero que te vayas!— dice él más fuerte de lo que deseaba y escucha un bufido por parte de Walburga Black— Me refiero a que todo está tan peligroso que no deberías andar sola…
—Bueno— Hermione resta importancia al latido de su corazón que se emocionaba por ser merecedora de la preocupación de Ron y agrega con aire de suficiencia —No pienso irme.
La cara de Ron no tiene precio en ese momento. Su boca se entreabre en la sorpresa y en sus ojos se puede leer como va encajando todo.
—Pero y… tu familia…—murmura sintiéndose culpable.
—Mamá y papá entienden que quiero venir a pasar la navidad con mis amigos. No te preocupes— dice ella, mientras entran a la cocina y ven a Ginny recostada sobre una silla jugando a revolver un mazo de cartas.
—De todas formas no me agradaba mucho la idea de tirarse sobre unos palos montaña abajo, eh…—intenta bromear y ella suelta una pequeña risita.
—Lo amarás cuando lo hagas
—Oh, no lo haré
—Algún día lo harás.
Ron prefiere reír en vez de discutirle más. Cuando sus tazones están humeantes y calientes, y han bebido el primer sorbo, se siente completamente como nuevo. Vuelve a mirarla.
—Gracias otra vez, por venir, por quedarte…—Hermione sisea en seguida y le lanza una mirada que cualquier otro, y seguramente Ginny que los observaba de cerca, hubiese creído que era de furia, pero él, que la conocía tanto, que conocía sus ojos, sabía que aquella era una mirada de advertencia ("No más gracias, Ronald").
Y entonces deja de murmurar gracias y se dedica a disfrutar de la compañía de Hermione, que ha preferido pasar la navidad con él y su familia, en la mugrosa mansión Black, en vez de estar con sus padres a los cuales no ve casi nunca y que tenían preparado un panorama fabuloso. Sabe que se queda porque es tan buena que no puede hacer nada malo, sabe cuando la mira a los ojos que ella se queda con él, no por un rol de mejor amiga que deba cuidar, ni algún masoquismo profundo por escuchar a aquel endemoniado retrato insultarla a cada segundo, ni siquiera se queda ahí por su seguridad al estar protegida por la orden del fénix, se queda ahí porque al parecer disfruta de hacerle compañía... ¿a él? No está seguro. Pero Ron, de todos modos, se obliga a cambiar, y a ser tan bueno como lo es ella, o al menos intentarlo en algunos aspectos, porque se da cuenta, que nunca nadie ha tenido tales gestos con él. ¡Cuánto quiere a Hermione por eso!
Gracias por leer.
