1. ARMAGGEDON
Las primeras veinticuatro horas habían sido extrañas. Extrañas en el sentido de que habían pasado por un proceso de adaptación algo complicado. Michael se encerró en su habitación de huésped (la mejor, la más grande y la más cómoda…por supuesto. Así de gilipollas era él a veces, o eso pensaba), puso un cartel improvisado a boli y no dejó que cruzara el umbral de esa puerta. Ni siquiera cuando se había molestado en colocar toda su ropa y planchar aquella que había llegado destrozada en la bolsa de viaje. Más de una vez le llamó desde el otro extremo de la gruesa puerta de madera, sólo obteniendo como respuesta un "cállate", entre dientes.
Ante esto, suspiraba y volvía a irse. Hasta esa noche. La noche en la que se le había ocurrido decir
Tengo Armaggedon
Se fue tan pronto como lo había dicho. Por eso no advirtió que la puerta se abriera, ni que Michael asomó su cabecilla con mirada curiosa y luego le siguió. Lo cierto es que se conocían mucho. Demasiado, convirtiéndose aquél en el origen de las pesadillas de Michael tan a menudo.
Pero no fue hasta un fin de año. Ese fin de año. Hubo palomitas, uvas, cine, pizza y quizás demasiado alcohol en las venas. Ese que acabó robándoles un poquito el sentido común y devolviéndoles algo de picardía entre propósitos de año nuevo. La cuestión es que recordaba todo eso (no, no lo había olvidado. Y Michael tampoco) porque después de haber estado consolando durante hora y media sus llantos eso había sido lo más inteligente que había salido de su boca. Tengo Armaggedon. Hay que joderse.
Pero claro. Siempre fue y sería su mejor amigo. Su mejor amigo. El único que…
Un mes. Dios. Cuando se lo propuso tras pasar la primera noche después de lo de Jan ( inocente y amistoso, tanto como fue la frase "puedes quedarte todo lo que haga falta") casi no pudo creer que contestara con un abatido asentimiento de cabeza. Debía estar realmente destrozado.
Y desde entonces no habían pasado más de dos cervezas, buena carne hecha por Mose, algún poco de ensalada y la película que había llegado a su fin.
Cuando la vi contigo lloraste – Dijo Michael a bote pronto. No esperaba volverlo a recordar con tanto detalle
Michael, eso no…
¡Es cierto! - Rió – Lloraste con el final. ¡Waaaaaaah!
¡Michael! Debo recordarte también que habíamos terminado con una botella de champán y que estaba muy influenciado por ello.
Oh Dios – Michael fue volviendo a la seriedad poco a poco – A mí no puedes ponerme excusas, Dwight. A cualquiera vale, no a mí. Y tampoco es para tanto.
Le miró de refilón. Su camisa algo desajustada y cabellos revueltos hacia todas partes. La nuez recortando de una manera incluso hermosa el contraluz de la iluminación azulona del DVD ya inactivo hace muchos minutos. Entonces se aproximó, pensando en un recuerdo conservado pero guardado bajo llave. Dejó las gafas a un lado y cuando éste sintió sus largos dedos sobre su cuello durante un leve lapso de tiempo se estremeció. Pero no le dio tiempo a protestar o pronunciar palabra. Simplemente sus labios finos habían abierto los de él despacio y se sentían suaves y familiares y dulces. Todo menos desagradable. Cerró los ojos cuando empezó a sentir su lengua invadir su boca pero Dwight se había retirado antes de que tan siquiera pudiera asimilar o centrarse en la sensación experimentada.
Fue uno de esos propósitos que se te ocurrieron mientras veías a toda esa gente besarse por la tele – Se sonrió al recordarlo – que "por qué demonios este año no ibas a querer saber lo que era besar a un tío. Como esos de ahí"
Una risa inadvertida quedó en el aire. Suspendida y esperando respuesta.
-Es verdad. Y acabó siendo compartido, porque a ti tampoco se te ocurrió hasta entonces. Hasta el fin de año.
Hasta el fin de año – Respondió, con una leve mueca en la comisura de los labios.
Se levantó, antes de abandonar la habitación América. Al cerrar la puerta le pareció escucharle protestar. Cubrir su cabeza con la almohada.
En realidad, todo empezó ese fin de año…y su primer día a solas con Michael. Porque seguía teniendo su sabor en la boca aunque tuviera la certeza de que era una demostración sin importancia.
