Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto
Capitulo 2 – ¡Mal comienzo!
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—En serio, odio Suna.
Fue lo último que pudo decir Ino, antes de ser arrastrada por sus mejores amigos hacia el interior de la ciudad que más odiaba en el mundo, la misma ciudad en la que tendría que habitar durante las próximas cuatro semanas…
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Apenas ingresaron a Suna, fueron recibidos por un bastante numeroso comité de bienvenida, y luego fueron dirigidos a lo que parecía ser un patio principal.
Ino observó con sigilo al grupo de bienvenida, y pronto maldijo internamente al reconocer cuatro coletas rubias y un enorme abanico que resaltaban de entre la multitud. Si, se trataba de nada más ni nada menos que Sabaku no Temari, la única conocida, y a la vez enemiga, que tenía en dicha ciudad.
Irritada, bufó con molestia y luego volteó curiosa hacia Shikamaru, a quien encontró con la mirada perdida en el suelo, más entretenido en los surcos de arena bajo sus pies que en otra cosa. Aquello le pareció demasiado "bueno" para ser verdad.
—¡Mira! ahí está Temari. — habló con entusiasmo fingido, sin dejar de observarlo. Llevaba años intentando hacerle confesar sus sentimientos hacia la rubia de la arena, sin mucho éxito.
—¿Sí? Ni me había dado cuenta. — respondió al instante el Nara, fingiendo restarle importancia al asunto. A decir verdad, él ya había visto a la kunoichi de la arena en el grupo de bienvenida, pero no tenía intenciones de demostrar su entusiasmo a Ino y darle esa satisfacción. No iba a caer tan fácilmente.
Ante la respuesta del castaño, Ino hizo puchero molesta y se cruzó de brazos, dándole la espalda. Ella no necesitaba una confirmación formal para saber lo que su amigo sentía por la rubia de la arena, ya conocía de sobra la respuesta. Y eso no le agradaba en absoluto.
Los recién llegados se formaron en grupos de diez, como corresponde al protocolo, y recibieron de buena gana la bienvenida del grupo de la aldea anfitriona.
De pronto, una voz masculina se alzó de entre la multitud.
—Sean bienvenidos, shinobis de la aldea de la Hoja, a nuestra humilde ciudad…
La voz de uno de los ancianos pertenecientes al grupo de Suna se escuchó alta y precisa sobre la del resto, dando inicio a lo que sería un largo y tedioso discurso de bienvenida.
Al instante, los tres menores se cruzaron de brazos y resoplaron molestos. Lo último que deseaban en ese momento, era escuchar el parloteo de un anciano aburrido.
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Luego de cuarenta largos e interminables minutos, la ceremonia de bienvenida se dio por finalizada.
Lo siguiente en la agenda era agrupar a los miembros de la delegación de Konoha con quienes serían sus guías por la ciudad, para trasladarlos a sus respectivos hospedajes. Las listas fueron repartidas por los miembros del comité de bienvenida, y en seguida los grupos comenzaron a formarse.
Extrañamente, el equipo diez fue incluido en el mismo grupo junto con las personas más importantes de la delegación de Konoha. Aquello llamó rápidamente la atención de Ino, quien observó al castaño en busca de una explicación. Lo encontró con el ceño fruncido y preocupado, suspirando con desgano un: "Mujer problemática" al aire.
Pronto entendería la reacción de su compañero.
—¡Hola Shikamaru! — se oyó una voz femenina saludar a lo lejos.
De inmediato reconocieron a la dueña de dicha voz.
—Hola Temari. — el castaño correspondió al saludo sacudiendo levemente la mano en el aire, mientras observaba a la rubia llegar hasta ellos con una hoja en la mano.
Ella sería la responsable de su grupo.
El siguiente en recibir el saludo de la kunoichi fue Chouji, quien correspondió en el acto con una enorme sonrisa en el rostro.
La de cuatro coletas llegó hasta ellos y continuó saludando como correspondía a cada uno de los miembros de su grupo, hasta que de pronto llegó al final, justo frente a Ino. Estando una frente a la otra, ambas fruncieron el ceño, y se quedaron observándose por largos segundos, mientras se estudiaban en forma analítica y escudriñaban cada detalle en la otra, despedazándose con la mirada.
Al ver eso, lo único que pudo desear Shikamaru fue que se lo tragara la tierra.
Temari e Ino nunca se habían llevado bien, y nunca se habían tomado la molestia de intentar disimular ese hecho. Entre ellas dos existía una silenciosa pero peligrosa rivalidad, una que llevaban manteniendo por más de tres años, luego de los primeros exámenes chunnin, y que tenía apellido y nombre propio: Nara Shikamaru. El castaño había sido el objeto de la rivalidad entre ambas por mucho tiempo, y aunque nunca quedara en claro cuáles eran las preferencias de éste, ninguna de ellas estaba dispuesta a ceder.
—Hola Ino— saludó seria la kunoichi de la arena, obligada a seguir el protocolo. Ella, como anfitriona, debía ser la primera en saludar.
—Hola Temari— la florista correspondió al saludo, forzándose a sonreír. —¿Cómo has estado?
—Por lo visto, mejor que tú—. Contestó ácidamente la mayor, para luego observarla de arriba abajo, divertida—. Veo que el viaje no te sentó muy bien.
Luego, ante la sorpresa de la Yamanaka, la Sabaku No se acercó hacia ella para luego estirar la mano hacia su hombro y sacudirle un poco de arena que se le había acumulado en el traje. Aquello le hizo enrojecer de la cólera.
—Ja—. Rió fingidamente, esforzándose por disimular su ira—. Digamos que… tu desierto no tuvo piedad con mi persona.
Resopló, para luego comenzar a sacudirse por sí misma el polvo de las ropas, en un intento por mejorar su aspecto físico. No tuvo mucho éxito. A decir verdad, tres días en el desierto podían ser devastadores para la imagen de cualquiera, incluso para la siempre perfecta e impecable Yamanaka Ino.
—Así es el clima de Suna, el desierto no suele apiadarse de nadie—. Comentó sonriente la anfitriona.
De pronto, Ino sonrió malévolamente. Las palabras de Temari le daban la oportunidad perfecta para contraatacar.
—¡Vaaaaya!— dijo fingiendo sorpresa, con cierto brillo en los ojos—. ¿Sabes? eso explica muchas cosas. — su mirada rápidamente se desvió hacia los cabellos de la portadora del abanico. — Digo, cuando quieras te recomiendo mi marca de Shampoo, y apuesto a que mi acondicionador te sentaría de maravilla—. luego tocó con las puntas de los dedos los extremos de las coletas de su rival, y sonrió—. Veo que lo necesitas más que yo.
Las palabras ácidas de la Yamanaka hicieron que pronto se le borrara en el acto la sonrisa del rostro de la Sabaku No, quien retrocedió rápidamente y le dirigió una mirada llena de ira. Ambas volvieron a cruzar miradas, y se quedaron en dicha posición, observándose desafiantes por largos e interminables segundos…
De pronto, algo les interrumpió.
—¿Sucede algo malo, señorita Temari?
La voz fuerte y varonil de Rikuto hizo rápidamente saltar del susto a los menores, y palidecer a Ino.
La reacción de temor en la Yamanaka no pasó por alto para Temari, quien sonrió divertida ante el hecho, pero no quiso aprovecharse de la situación, a pesar de que podía hacerlo. Siendo honesta, le encontraba cierto atractivo a sus discusiones con su rubia rival, y estaba casi convencida de que ella opinaba lo mismo, por lo que tomar ventaja de un factor externo para ganar una batalla hubiera sido poco honorable.
—No, todo está bien—. Contestó segura, para luego voltear sonriente hacia el shinobi. Apenas lo vio, se le borró la sonrisa del rostro. Los ojos fríos de Rikuto se clavaron en los suyos, y pronto sintió que un frío le recorría la espina dorsal, del miedo. Nunca antes había visto tanta maldad en los ojos de alguien. Ni siquiera en los ojos de su hermano menor…
—Etto… Rikuto-san, creo que su grupo se está retirando… — el castaño se apresuró en hablar, en un intento por deshacerse del mayor. No tuvo éxito. La sonrisa despectiva del alto shinobi le hizo saber que éste les tenía reservada una no muy grata sorpresa.
—Venía a informarles que he sido transferido a éste grupo, con ustedes—. Sus palabras hicieron estremecerse a todos—. Voy a quedarme… "cuidándolos" para que no les pase nada malo.
Al instante todos palidecieron aún más, si acaso fuera posible.
Antes de que pudieran protestar o decir algo a su favor, el mayor soltó una carcajada cruel y malévola, para luego darse la vuelta y marcharse
Apenas quedaron a solas, Temari preguntó:
—¿Quién rayos es ese tipo?
—Araki Rikuto—. Contestó serio Shikamaru—. uno de los ninjas más temidos de Konoha,
—¿Y por qué lo transfirieron a su grupo? — volvió a preguntar Temari, con molestia. — No deberían cambiar los grupos sin avisarnos a los responsables.
—Debe haber sido una medida de emergencia. — comenzó a explicar el castaño. — Nuestro grupo tiene a demasiadas personas importantes como para dejarlas al cuidado de apenas tres chunnins. — comentó serio, para luego dirigirle una mirada seria a la portadora del abanico—. Debiste pensar en ese detalle antes de armar los grupos, Temari. Sabía que algo así pasaría.
Las palabras del genio del clan Nara le cayeron como un baldazo de agua fría a Temari. Ella solo había intentado mostrarse amable con él y sus amigos de Konoha al solicitar ser su guía en Suna, pero había olvidado por completo que en su grupo también iban a estar los más importantes miembros de la delegación de Konoha. Y agrupar a tan importantes celebridades extranjeras con solos con tres chunnins para su cuidado, aun en una aldea con la que tenían firmado un tratado de paz, era un error muy grave, uno que una futura embajadora de Suna no podía darse el lujo de cometer.
—Yo solo quería… ser amable con ustedes—. Dijo entristecida, para luego agachar la mirada y observar hacia el suelo, culpándose a sí misma. — Como pude no haber pensado en eso.
La mirada entristecida de la joven casi le rompió el corazón a Shikamaru.
—Olvídalo—. Intentó restarle importancia al asunto. — a demás, ya lo solucionaron agregando a Rikuto a nuestro grupo. — habló en un intento por suavizar la situación. —nosotros sabemos que lo hiciste de buena intención, y agradecemos el detalle.
Apenas terminó de hablarle, le pasó una mano por sobre el hombro y le dedicó una sonrisa, a modo de reconciliación. Ella, por su parte, levantó la cabeza y le sonrió de la misma manera, perdiéndose en sus ojos. La relación entre ambos era algo que ni ellos habían logrado definir por completo: algo más que una simple amistad, pero no tan fuerte como para ser catalogado como un romance. Había demasiada química entre ellos, y se entendían bastante bien, pero nunca habían intentado profundizar más...
Aun se encontraban perdidos en la mirada del otro, cuando de pronto una voz entusiasta rompió con el momento y los hizo volver a la realidad.
—Entonces, ¡¿Nos vamos?!
La voz alzada de Ino se oyó clara y precisa, más animada de lo habitual, en un intento por arruinar el momento y traer a ambos shinobis a la realidad. Un intento que resultó en éxito.
—A… e… ¡Claro!, síganme. — contestó rápidamente Temari, para luego señalar el camino e iniciar la marcha.
Caminaron por largos minuto en medio de la ciudad de Suna, a través de un sinfín de calles y pasajes que eran nombrados todos por Temari, en un intento por enseñar el camino a su grupo y cumplir con sus funciones de guía en la ciudad. Sin embargo, una persona del grupo no le estaba prestando atención.
—¿Y dónde nos vamos a hospedar? — preguntó repentinamente Ino. — Digo, si nos perdemos, al menos quisiera saber el nombre de nuestro hospedaje, para poder preguntar por el camino.
Temari la observó molesta. No le agradaba en lo más mínimo su actitud.
—No se van a quedar en ningún hospedaje.— contestó molesta. — se van a quedar donde yo vivo.
De pronto, Shikamaru la observó preocupado.
—Y "donde vives"… ¿Es lo suficientemente grande como para que todos nos podamos hospedar?
—Por supuesto que sí—. Contestó la mayor, claramente ofendida—. La mansión del Kazekage es tan grande que incluso me pude haber traído a media delegación conmigo.
—¿¡La mansión del Kazekage?!— las voces de los tres chunnins se alzaron a la vez.
—Sí, la mansión del Kazekage—. Repitió sus palabras la de cuatro coletas—. Que, ¿Hay algún problema con ello?
—No nada, es solo que… — contestó rápidamente el castaño— nos cogiste de sorpresa.
—Bueno, ¿Y donde esperabas que yo viviera?— continuó hablando la Sabaku No— Supongo que entenderán que, siendo la mansión del Kazekage, Gaara tiene que vivir ahí, y como Kankuro y yo somos sus hermanos mayores, pensamos que sería bueno ir a vivir con él y…
La voz de Temari pronto se perdió en el ambiente para Ino, y solo una palabra quedó grabada en su mente: Gaara. Y en ese momento sintió que se le erizaba la piel, al tiempo que los recuerdos de un shinobi pelirrojo de mirada siniestra invadieron su mente.
Y pensar que van a nombrar Kazekage a un loco psicópata como él, se dijo aterrada, para luego tomar nota mental de cierto detalle. Un momento, Temari dijo que ella vivía en la mansión del Kazekage, con…
—¿Eso significa que… vamos a tener que vivir en la misma residencia, con… tu hermano?— preguntó, aterrada.
La mayor no tardó en notar la tensión en la voz de Ino, y al instante la observó furiosa. No hacía falta decir más, para que ella entendiera el motivo de su reacción; bastaba con ver el temor en sus ojos, temor que ya había visto antes en muchas otras personas, para saber que se hablaba de Gaara. Y a Temari no le agradaba en lo absoluto que hablaran así de su hermano menor.
—Si te refieres a Gaara, Si— contestó indignada— Gaara estará ahí también con nosotros ¿Tienes algún problema con eso?
Ino tardó más de la cuenta en tomar consciencia de su error.
—No, nada, es solo que… yo… nada.
La Yamanaka sonrió nerviosa y desvió la mirada, en un intento inútil de restarle atención al asunto, sin mucho éxito. El daño ya estaba hecho. No le agradaba para nada Sabaku No Gaara, ni la sola idea de tener que vivir cerca de él, pero mostrar su desagrado de aquella forma, y justo en frente de su propia hermana, había sido un error fatal.
Su primer error, y apenas llevaba poco más de una hora en Suna
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Durante el resto del camino, Ino pareció estar más con la mente en otra parte que en el lugar donde se encontraba. Sabía que había cometido un grave error al hablar mal de Gaara frente a Temari, pero tampoco podía dejar de pensar en el temor que sentía al saber que tendría que vivir cerca de él las próximas cuatro semanas.
Podría matarnos mientras estamos durmiendo, y ni cuenta nos daríamos…
Aún se encontraba sumida en sus pensamientos, cuando de pronto el ruido de unas fuertes carcajadas la trajo a la realidad. Levantó la mirada, para terminar descubriendo, con molestia, que aquellas risas provenían de Shikamaru y Temari, quienes al parecer la estaban pasando de maravilla. Aquello solo le hizo enfurecer. Los había dejado solos por demasiado tiempo, y al parecer ambos habían sabido aprovechar la oportunidad.
Era hora de interrumpir nuevamente su "privacidad".
—¿Falta mucho para llegar?
Su pregunta llegó justo en el momento en que Temari le comenzaba a contar a Shikamaru una anécdota de su infancia, interrumpiéndola.
—Ya casi llegamos—. Contestó de mala gana su rubia adversaria.
Ino sonrió fingidamente ante la respuesta de Temari, y luego dirigió una mirada perdida a sus alrededores, sin mucho interés. No tenía idea de donde estaba, pero eso poco le importaba. Hacía mucho que había desistido de la idea de intentar memorizar el camino hacia lo que sería su residencia durante los próximos veintiocho días. Todas las calles se veían tan iguales de grises y secas, que nunca podría encontrar la diferencia entre ellas sin un buen guía. De seguro, estando sola, no le costaría mucho perderse en esa enorme y polvorienta ciudad.
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—Llegamos.
La voz imponente de Temari la trajo de vuelta a la realidad.
Ino levantó sus enormes orbes azuladas, para quedar totalmente sorprendida con la enorme y lujosa edificación que se levantaba frente a ellos. Se trataba de una construcción de dimensiones gigantescas y de acabados finos, de líneas simétricas y sobriedad impecable, que resaltaba notoriamente del resto de edificios de la ciudad. Esa tenía que ser, sin lugar a dudas, la mansión del Kazekage.
—¿Les gusta? — preguntó con orgullo Temari, notando la sorpresa en los rostros de sus futuros huéspedes.
Antes que alguien pudiera contestar, las enormes puertas de la residencia se abrieron de par en par frente a ellos.
—Pueden pasar.
La anfitriona hizo los honores del caso, y los primeros que ingresaron a la residencia fueron los altos diligentes de la aldea de la Hoja, quienes fueron rápidamente recibidos por un ejército de sirvientes y trasladados hacia sus respectivas habitaciones.
Los últimos en ingresar fueron los integrantes del equipo diez, quienes quedaron a solas con la rubia.
—Yo misma los llevaré a sus habitaciones. — comentó sonriente ella.
Al instante, Temari inició la marcha hacia el pasillo principal, y tras ella marcharon los tres chunnins de Konoha. Caminaron en línea recta por el enorme pasadizo, hasta que de pronto la mayor se detuvo justo a la altura de un pequeño pasaje que cortaba el camino frente a ella, de derecha e izquierda.
—El ala izquierda es de los huéspedes, y ustedes estarán alojados en este pasadizo.
Terminó de hablar, para luego girarse a la izquierda y adentrarse en ese pequeño pasaje.
Caminaron sin hacer ruido, mientras observaban aquel pasillo lleno de puertas de madera estilo antiguo, que al parecer no habían sido abiertas en mucho. De pronto, llegaron al final, y se encontraron con tres habitaciones contiguas con las puertas semiabiertas.
—El primero es para Ino. — explicó la Sabaku No. — el que sigue es para Chouji, y el último para Shikamaru.
Pronto algo llamó la atención de la Yamanaka.
—¿Habitaciones separadas? — preguntó contrariada.
Temari la observó aún más contrariada.
—¿Acaso quieres dormir en la misma habitación con dos hombres? — preguntó, en un tono de insinuación bastante ofensivo.
—¿Cuáles hombres? — preguntó confundida Ino, para pronto darse cuenta del detalle. — A… no, no me refería a mí, me refería a ellos, — dijo señalando a sus amigos. — ¿Por qué no duermen ellos en la misma habitación? Digo, siempre lo han hecho así y…
—Porque las habitaciones en este lado de la casa son individuales. — contestó fríamente la kunoichi de Suna.
Pronto Ino entrecerró los ojos, y susurró en forma insinuante.
—Si claro, y de seguro no tiene nada que ver con lo conveniente que te resulta que Shikamaru tenga una habitación para él solo.
—¿Qué estas queriendo insinuar? — Encaró una molesta Temari.
—¿Yo? Nada. —contestó Ino, fingiendo inocencia. — ¿O acaso hay algo que pueda querer insinuar?
Las rubias gruñeron a la vez y se observaron desafiantes por largos segundos, olvidándose por completo de que no se encontraban solas. Cada vez que se desafiaban, les solía ocurrir lo mismo....
Hasta que de pronto, un par de portazos las obligó a regresar a la realidad.
Ambas voltearon con sorpresa, para pronto darse cuenta que se habían quedado solas, y que tanto Shikamaru como Chouji ya habían ingresado a sus habitaciones.
Molesta, Ino se dispuso a cargar ella misma con sus maletas, cuando de pronto la voz de Temari la detuvo.
—Ino… — llamó la mayor, en un mal intento por lograr un tono amigable. — me estaba olvidando avisarles que las habitaciones mía y de mis hermanos están en este mismo pasillo, pero para el otro lado del pasaje principal, hacia el lado derecho. Pedí que sus habitaciones estuvieran cerca de las de mis hermanos y mía, por si se les ofrece algo.
De pronto, Ino la observó desconfiada.
—Qué conveniente que tu habitación esté tan cerca, ¿No? — preguntó ácidamente—. Digo, de seguro luego notarás que Shikamaru está demasiado solo y querrás hacerle compañía, y…
—Como te decía...— cortó abruptamente la mayor, esta vez con el tono de voz bastante molesto— las habitaciones de mis hermanos también están por allá— dijo señalando hacia el otro extremo del pasillo, para luego dirigirle una mirada fría y ofendida— Y que te quede claro esto: Pueda que esté interesada en Shikamaru, pero no soy tan puta como para traerlo a mi propia casa solo para acostarme con él, y menos aún estando a pocos metros de donde duermen mis hermanos.
Ino abrió los ojos de sorpresa y se quedó boquiabierta ante la crudeza en la forma de hablar de Temari, sin saber como contestar.
—Yo…— intentó alegar algo a su favor, pero no pudo. Las palabras no llegaron a sus labios.
—¿Sabes? — la cortó nuevamente la de cuatro coletas. — Deberías dejar de quejarte tanto por todo y poner de tu parte para aliviar las cosas, así serías de más utilidad para tu equipo.
Dicho eso, Temari se dio rápidamente la vuelta y se marchó del lugar, dejando a Ino sola y con una terrible sensación de vacío en el pecho.
La rubia tardó mucho en lograr despertar a la realidad, para luego coger su equipaje y dirigirse hacia la puerta frente a ella, y terminar de abrirla...
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Al ingresar a su habitación, la primera impresión que tuvo fue de decepción total. Se trataba de una pieza simple y rectangular, de aproximadamente diez metros de largo por ocho de ancho, con las paredes blancas y limpias, y un inmobiliario de aspecto sencillo pero impecable. Una cómoda, un armario pequeño, una mesa de noche, un velador, y una cama sencilla de una plaza. Todo justo y exacto para la subsistencia de una persona común y corriente, no para una princesa acostumbrada a los lujos y comodidades de su amada ciudad natal.
Esto no podría ser peor, se dijo con notorio malestar.
Cerró la puerta de la habitación con fuerza, para luego avanzar con el equipaje en mano hacia la cama. Al llegar a su destino, soltó las maletas hacia un lado y se tumbó de espaldas sobre el duro colchón cubierto con colchas celestes, para luego cruzar los brazos atrás de la nuca y observar con desinterés hacia el techo. En esa posición, pronto comenzó a meditar...
No le agradaba Temari, y eso lo tenía muy claro. No le gustaba la idea de tenerla tan cerca de Shikamaru durante cuatro largas semanas, y mucho menos le gustaba que los tres tuvieran que vivir bajo el mismo techo. Pero eso tampoco le daba derecho de haberse comportado como lo había hecho con ella, de forma egoísta e inmadura. Siendo sincera, la rubia de la arena no había hecho más que ofrecerles su hospitalidad y su residencia para habitar durante su estadía en Suna, y ella ni siquiera le había dado las gracias. Y no solo eso, le había ofendido ya dos veces, y en menos de una hora. Había demostrado abiertamente su aversión a su hermano Gaara, quien iba a ser nombrado pronto Kazekage; y luego había soltado una insinuación bastante ofensiva sobre ella y sus intenciones con Shikamaru. Dos errores difíciles de enmendar.
Maldición, ¿Y ahora como arreglo esto? Se preguntó preocupada, buscando una forma de enmendar sus errores. Solo pudo llegar a una conclusión: una que no le agradaba en lo más mínimo. Tendría que pedirle disculpas.
Maldijo entre dientes y se levantó de la cama, dispuesta a buscar en ese mismo momento la habitación de Temari, cuando de pronto se dio un vistazo a sí misma. No lucía nada bien. Primero necesito un baño, se dijo antes de continuar.
Rápidamente levantó una de sus maletas, para luego sacar de ella una toalla, una muda de ropa y todo lo que consideró necesario. Dejó la muda de ropa sobre su cama, y luego se dirigió rápidamente hacia la puerta del baño privado que había en su habitación, sonriendo ante la idea de un buen baño relajante de burbujas. Si, de seguro un buen baño le iba a ayudar a despejar su mente y recobrar las fuerzas perdidas…
Abrió con una enorme sonrisa la puerta de baño, para pronto quedarse con la boca abierta, decepcionada. El cuarto de baño era tan reducido, que con las justas podía entrar en él. Para ser una mansión, esto deja mucho que desear, se dijo con desgano. Apenas había un pequeño lavabo, sobre el cuál pendía un pequeño espejo; un inodoro bastante sencillo; y una pequeña ducha para bañarse de pie, en donde apenas si cabía una persona. Todo estaba impecable, limpio, pero simple. Demasiado simple, para la joven y vanidosa florista de la aldea de la Hoja.
Y pensar que voy a tener que bañarme en "esto" todos los días, pensó con molestia.
Suspiró resignada y se desvistió rápido para ducharse. Al parecer, tendría que olvidarse de los baños de burbujas durante un largo tiempo.
Giró la llave de la ducha, y disfrutó de la sensación del agua fresca cayendo sobre su cuerpo desnudo, refrescándola en el acto. Cerró los ojos para olvidarse por unos instantes de todos sus problemas, y disfrutó de la sensación de sus manos recorriendo con jabón todo su cuerpo, masajeando sus músculos cansados y adoloridos por el viaje. Luego enjabonó su cabello con shampoo, y dejó correr el agua sobre su cuerpo, envolviéndose en su aroma a flores frescas favorito. Aquello era como el paraíso.
Claro que, luego de tres días sin poder tomar una ducha decente, incluso hasta ese pequeño baño resultaba ser como la puerta al cielo.
Luego de unos minutos mimándose a sí misma, volvió a la realidad. Pedirle disculpas a Temari iba a ser un golpe total para su ego enaltecido, pero era lo correcto, y lo iba a hacer.
Cerró de pronto la llave de la ducha, y con eso dio por terminada la sesión de baño del día.
Salió de la ducha con la toalla envuelta alrededor del cuerpo, para luego dirigirse al interior de la habitación.
Se sentó sobre su cama y pronto terminó de secarse, para luego colocarse la ropa que había sacado de su maleta. Se trataba de un traje bastante sencillo y de color lila, similar al que usaba como uniforme de batalla, pero de aspecto más fresco y ligero. Luego soltó su larga y dorada cabellera, para pronto comenzar a cepillarla con delicadeza y cuidado.
Terminó de arreglarse con rapidez, para luego darse una mirada rápida en el espejo, y sonreír satisfecha. No lucía como en sus mejores momentos, pero su aspecto era mucho mejor al que tenía cuando había llegado a Suna.
Con las fuerzas renovadas luego del baño, se dispuso a actuar.
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Salió con sigilo de su habitación, para luego cerrar la puerta con suma delicadeza. Lo último que quería era que sus compañeros la pillaran en el acto.
Caminó a paso suave por el pasaje, hasta que llegó al pasillo principal. Lo atravesó rápidamente, para pronto quedar del otro lado, en el ala derecha.
Al llegar ahí, se encontró con un sinfín de puertas que se extendían frente a ella. ¿Y ahora cual de todas es su habitación? Se preguntó confundida. Continuó caminando con sigilo, para pronto notar que la gran mayoría de las puertas lucían tan antiguas como las de su lado de la casa, y que de seguro, llevaban mucho tiempo sin uso. ¿Acaso me habré perdido?, se preguntó, pensando que ninguna de esas podía ser la habitación de Temari, o de sus hermanos.
Volvió a observar hacia el frente, para notar tres habitaciones a lo lejos con las puertas en diferente estado. Una de esas deben ser. Repasó mentalmente las opciones, y pronto llegó a una conclusión: La habitación de Temari debe ser la primera de las tres, se dijo con seguridad, al recordar cómo le habían asignado a ella también la primera habitación.
Estaba a punto de llegar a la primera puerta, cuando de pronto sintió un viento helado recorrer su espalda. Volteó al instante para verificar, pero no encontró nada extraño, salvo un poco de arena que se arremolinaba justo detrás de ella, como siguiéndola. Qué raro, juraría que no había arena cuando pasé por ahí, se dijo con sorpresa, para pronto llegar a una conclusión. ¡Bah! seguro que en esta ciudad tienen arena por todas partes, se dijo con molestia, antes de ignorar lo ocurrido y continuar con su camino.
Grave error.
Apenas se dio la vuelta, una enorme puerta blanca chocó contra su frente, provocándole un leve aturdimiento y un agudo dolor en la zona afectada, que rápidamente cambio a una coloración rojiza. Aquello no pareció agradarle mucho.
—¡Auch! — gritó molesta, para luego frotarse con la mano la zona afectada. —¿¡Quién diablos abrió esta maldita puerta?!
Irritada, empujó con fuerza la pieza de madera con la que había chocado segundos atrás, para dar paso al responsable del accidente. Y al instante, palideció.
Pronto unos ojos verde esmeralda se clavaron incisivamente sobre los azulados suyos, dirigiéndole una mirada tan gélida que la dejó sin habla.
Si, se trataba de nada más ni nada menos que Sabaku No Gaara, su peor pesadilla.
Y ella acababa de gritarle con el mayor descaro posible.
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Tres errores, y apenas llevaba dos horas en Suna.
O si, en definitiva, ese iba a ser un muy largo y accidentado mes…
Bueno, aquí les traigo el segundo capítulo de este fic. ¿Ino está interesada en Shikamaru? podría ser, por qué no. Y a Temari eso no debe agradarle en lo absoluto.
En lo que respecta a Gaara, por ahora Ino le tiene cierto miedo. Y él… bueno, aún no sabemos que opina de ella, pero no debe ser nada bueno.
¿Podrá haber amor entre dos personas tan distintas? Lo veremos en los próximos capítulos.
Gracias a Paufi por el chequeo antes de la publicación.
Saludos.
Fin del capítulo segundo.
