Capítulo 2: Ichibuzaki

Luz de luna inclinada

A través de un bosque de bambú;

Un cucú llorando.

Matsuo Basho (1644- 1694)

Las negociaciones del diplomático ruso Iosif Antonovich Goshkevich con el gobierno de Hakodate estaban fallando. Miserablemente. Él, Yakov, y el resto del personal del cónsul vivían en un templo, lejos de la ciudad y su requisito para construir el consulado fueron, en gran parte, desatendidos.

Para cuando Viktor llego a Hakodate, no estaba seguro que es lo que iba a hacer en su nuevo empleo, dado a que no había un lugar donde servir a la comunidad rusa, y mucho menos una comunidad rusa a la que servir. La mayoría del tiempo se la paso asistiendo a reuniones que giraban en torno a Goshkevich y Yakov ladrando en lo profundo, de voces hoscas de japoneses que se elevaban sobre sus palabras, de la absoluta falta de respeto a los huéspedes extranjeros, de su maldito y sofocante incienso cada vez que un creyente venía a rezar al templo.

La situación no podía ser más perfecta

"Tú quieres que?!" Yakov se ahogó al inhalar su cigarro.

Estaban de pie en la habitación de Yakov, decorada con nada más que una cama, un escritorio y una silla de madera. Un contraste sorprendente con la decadencia que era Yoshiwara.

"Solo quiero asegurarme que el gobierno de Edo ha recibido los requerimientos de Goshkevich" dijo Viktor cuidadosamente sobre la violenta tos de su superior. A pesar de su tosco exterior, Yakov era un hombre amable, y más importante aún, un hombre justo. Trataba a sus subordinados de igual manera, con constante mal humor y una feroz avalancha de críticas. Su actitud iba de la mano con su uniforme bien planchado, sus insignias bien pulidas, y la ligera cojera en su forma de andar. Los otros se quejaban constantemente, pero para Viktor, el viejo veterano de guerra era como el padre que ya no podía recordar.

"No tiene sentido" gruño Yakov secándose las lágrimas de sus ojos. "Si no han escuchado a un representante del ministerio de relaciones exteriores, porque habrían de escuchar a un presuntuoso don nadie como tú?"

"Bueno, sí, pero si tú y Goshkevich me dieran la autoridad, entonces podría darle a esos funcionarios de Edo un codazo en persona, que luego podría acelerar una respuesta del gobierno local de Hakodate. No tengo mucho que hacer aquí, por lo demás, y…"

"Oh Dios!" le corto Yakov abruptamente. Le dio a Viktor una mirada acusatoria. "Encontraste un amante"

"Mmm?" Viktor presiono un dedo en su labio inferior y abrió sus ojos lo más que pudo. "No estoy seguro que quieres decir"

"Sabes exactamente lo que quiero decir. Solo has estado con el cónsul que, un mes? Y ya deseas retornar a Edo para ejecutar una misión tonta, una que claramente usas como excusa. Todas las señales apuntan a un nuevo amante!" Yakov daba vueltas alrededor, golpeando su frente con una palma, mientras que Viktor contenía una carcajada. El viejo siempre tuvo gran talento para el dramatismo. "pensar que pedí personalmente tu transferencia a Japón. Debería haberlo sabido mejor, enviarte sin escolta a un país extranjero…"

"Por Dios, Yakov" Viktor se cruzó de brazos, sus labios curvándose en una sonrisa. "No soy un niño"

"No, pero actúas como uno!" estallo Yakov, agitando su cigarro alrededor, el humo flotando en patrones salvajes. "No creas que he olvidado la catástrofe de tu última relación! Todo ese anhelo y obsesión por un hombre. No es diferente de un niño que llora por la leche de su madre!" dijo masajeándose las sienes, cayo pesadamente sobre la silla, la madera resonó por el sorpresivo peso. "Está bien, cuenta. Ahora quién es?"

Pestañas parpadeantes. Ojos que brillaban con un calor líquido. Labios curvos.

Un joven, más hermoso que un prado florido en la bruma de un amanecer primaveral.

Viktor veía a Aoyagi en todo. Trataba de enfocarse en su trabajo, realmente trato, pero mientras más se decía que no pensara en la cortesana, más se deslizaba Aoyagi por las grietas de su mente como un susurro de humo. En las lisas y blancas paredes de su habitación, vio la sonrisa de bordes finos, pestañas oscuras proyectando sombras sobre mejillas blancas como la nieve; en sus documentos, la curva de un cuerpo esbelto bañado por la luz de la luna. Incluso durante las reuniones, vio ojos brillantes, húmedos y desesperados con lágrimas derramadas.

No me des esperanza.

´Esperanza` la palabra se destacaba en el limitado vocabulario ingles de Aoyagi. No había necesidad de su uso en Yoshiwara, una utopía de pecado y depravación, donde los hombres cumplían sus más oscuras fantasías. ´Deseo` quizás; ´Necesidad`, o ´Pasión`. Sin embargo Aoyagi había aprendido ´esperanza`. Acunándola en su pecho y manteniéndola con él, como si el conocimiento de esa palabra en otro idioma le trajera su esencia.

Viktor estaba determinado a ayudarle a encontrarla.

"Nadie, te lo aseguro" dijo finalmente, tragándose el torrente de adoración en la punta de su lengua. "Si te hace sentir mejor, no necesitare de hoteles o un traductor local. Chris me ha ofrecido ambos, su hogar y sus conexiones por el tiempo que me quede"

"Ese tonto amigo tuyo?" Las delgadas cejas de Yakov se dispararon hacia arriba. "Que hace un escritor en Edo?"

"Él se ha interesado mucho por, ah, aspectos de la cultura local" dijo Viktor cuidadosamente, tratando de evitar temas específicos de las observaciones de Christophe. Desde que Yakov se topó con el manuscrito de sucios Limericks* francés no publicados de Christophe, una parodia bastante lasciva del Libro de Tonterías*, él había calificado al suizo para siempre como un "desviado sin alma" Lo último que necesitaba era que Yakov descubriera la nueva fascinación de Christophe por las especializadas actividades nocturnas de Japón.

"Cultura, hah!" Yakov volvió meter el cigarrillo en su boca, el desprecio flotando en bocanadas de gris. "Ese idiota no sabría de cultura aun si esta bailara desnuda frente a él, y con sus faldas alrededor de los tobillos"

"Prefiero pensar que lo haría, si esta lo hiciera" dijo Viktor sin poder detenerse.

Nuevamente, una mano de Yakov se movió hacia un lado de su cabeza, sus voluminosos dedos se clavaron en su sien.

Viktor carraspeo y enderezo su espalda. Sí, no era el momento para bromas. "Prometo regresar tan pronto pueda transmitir el mensaje a los oficiales de Edo"

Yakov resopló "Si tuviera 100 rublos por cada promesa que has roto…"

Viktor se quedó quieto mientras el veterano se tomaba su tiempo, contemplándolo con el ceño fruncido, deliberando silenciosamente. Podía ver el tic en la mejilla de Yakov, mientras la pesada mandíbula peleaba con la misma, masticando con fuerza el bulto firme de cigarro. Era una mirada que había visto muchas veces: cuando por primera vez revelo que le gustaba un chico ("Estas seguro que es hombre?" dijo Yakov bruscamente, mientras sus fosas nasales aleteaban. "Algunas niñas se parecen a los niños cuando son jóvenes…"); cuando pregunto qué había pasado con la mujer con ojos de halcón y labios delgados, que solía vivir con ellos; cuando había expresado su intención de unirse al frente de guerra (1) junto con Yakov.

Uno no tenía el rango de Coronel a través de decisiones y respuestas apresuradas.

Finalmente Yakov removió su cigarro, suspirando irritadamente, y Viktor supo que había ganado "Bien, ve. Yo convenceré a Goshkevich que escriba una carta para ti (2)"

Viktor saludo inteligentemente, su rostro dividiéndose en una sonrisa. "No lo lamentaras, Yakov"

"Ya lo hago" murmuro Yakov en voz baja.


Yuuri despertó asustado. Estaba soñando de nuevo, con ojos azules y cabello reluciente; con suaves toques y ternura susurrada. Le tomo un momento recordar que estaba entreteniendo a un cliente, y otro para darse cuenta que el hombre sobre él tenía los ojos saltones y salvajes.

"Te… Te dormiste mientras estás conmigo?!"

Yuuri apenas y pudo contener un suspiro de exasperación. La cabeza le palpitaba y su coyuntura dolía de cansancio; ya no le quedaba paciencia para berrinches infantiles de orgullo masculino. "Perdóneme" murmuro, su voz se elevó lo suficiente para tocar el tono de un adulador sonriente. "Es solo que se sintió tan bien dentro de mi"

"Ugh, olvídalo, ya no está duro!" el cliente estallo, saliéndose de un tirón y poniéndose su kimono con movimientos nerviosos y violentos.

Raídamente Yuuri se levantó, arreglando sus ropas y apretando la floja faja. "Espere, déjeme acompañarle a la…"

"No te molestes" un crujido de algodón y la puerta se cerró.

Esta vez, Yuuri suspiro. Se movió alrededor para buscar su pipa, se encontraba equilibrada perfectamente sobre la lata de metal que se encontraba junto a la ropa de cama, seguía humeando de su último uso. El tabaco era un salvavidas; una hoja milagrosa que calmaba sus nervios y lo llevaban muy muy lejos de su miserable existencia. Mientras se recostaba, llenando sus pulmones con la mágica sustancia, escucho ociosamente la profunda voz como gritaba fuera de sus habitaciones.

"… nunca había sido tan insultado…"

"Si esto es lo mejor que hay, odiaría ver lo peor…"

"… tienes suerte de que tuve que dejar mi espada en la entrada!"

Exhalo a medida que la voz se iba disipando en la distancia, viendo las tenues espirales de humo dirigirse al techo pintado.

Uno.

Dos.

Y…

"Aoyagi!" Chillo la dueña de la Casa de té, golpeando las puertas al abrir, su voz era una copia impresionante de un gato en celo. Después de tantos años, la anciana seguía siendo la roca firme y predecible que lo mantenía enraizado en el mundo flotante de ilusiones de Yoshiwara. Encerrado y encadenado, como los animales de circo enjaulados.

"Te advertí que estaba cansado" Yuuri respiro, su mirada enfocada en los suaves pincelazos sobre él.

"Esa no es una excusa" escupió la dueña. "Es el primer que has aceptado en un mes!"

Sus ojos parpadearon hacia ella y se entrecerraron. "Y mis clientes frecuentes, han presentado alguna queja?"

La anciana vaciló, su arrugada boca se abrió y cerró como la de los peces dorados. Yuuri espero, inhalando profundamente.

"No" dijo ahogadamente, como si estuviera forzando salir un hueso atorado en su garganta.

Yuuri apretó con los dientes su pipa y sonrió. "Entonces no hay problema, o si?"

La anciana parecía como que iba a responder, pero prefirió contenerse, apretando su mandíbula derrotada. "De todos modos, tenemos que hacer algo respecto de tu constante letargo" refunfuño apoyando sus manos en las caderas. "Te sientes mal? O son las clases de inglés?"

Oh, las clases de inglés. Yuuri no podía decir que era más agotador, aprender un nuevo lenguaje, o convencer a la Casa de té para que contratara un tutor. Jean-Jacques Leroy era un misionario francés, pero proclamaba, a todo aquel que quisiera escuchar, que él era realmente un ciudadano canadiense. Con un fuerte acento Japonés, hablo grandiosamente de sus planes de "educar a los locales" y de "enseñarles el modo (3)" como si la gente en Japón careciera de ello en su forma actual. Y con el mismo aliento, sacudiría una letra "j" creadas con su pulgar e índice, gritando que era la letra más esencial del alfabeto inglés, y que Yuuri haría bien en recordarla.

A pesar del bizarro comportamiento de JJ, como se hacía llamar intencionalmente, era un buen tutor; y Yuuri estaba muy feliz de sumergirse en el idioma. El inglés le consolaba y ocupaba su tiempo, contribuía con nuevas y coloridas expresiones para usar con los clientes.

El inglés también lo distrajo de la fría comprensión que, habiendo dejado caer la máscara y con sus ilusiones hechas añicos, ningún hombre volvería; sin importar cuan gentil o afectuoso hubiera parecido.

Un mes completo había pasado.

Un mes de sueños, que pintaron de colores su corazón, pero desaparecían en cuanto despertaba.

Me atreví a tener esperanzas, casi dijo.

"Probablemente sea la temperatura en aumento" dijo en cambio.

"Algunas ralladuras de hielo con sabor podrían ayudar" murmuro la dueña, bajando la mirada hacia las alfombras. "también me asegurare de que las empleadas coloquen más hielo a tu agua" Levanto la barbilla, lanzando una mirada a Yuuri "Asegúrate de descansar bien esta noche. Tienes un invitado importante mañana"

Mientras las puertas se cerraban, Yuuri lanzaba un anillo de humo, sus labios se curvaron formando una suave sonrisa. Su Najimi favorito finalmente le visitaba. Gracias a los Dioses por estos pequeños favores.


Viktor cruzo las puertas de Yoshiwara a zancadas, haciendo caso omiso a las miradas burlescas o curiosas que la gente le lanzaba. El distrito se veía diferente en las tardes, con sus lámparas sin luz, y sus calles amplias y silenciosas, desprovisto del ajetreo y bullicio de las multitudes en la noche. Pero seguía siendo un barrio rojo, tan, tan rojo; y los hombres estaban siempre presentes, clamando por la apertura, las cortesanas mujeres eran exhibidas en habitaciones enrejadas. Su estómago hervía ante la idea de seleccionar un ser humano como si fuera una pieza de carne en un mercado. Se sentía aliviado de que la publicidad de cortesanas varones fuera mucho más discreta.

Se detuvo ante una cortina esmeralda, en ella estaba pintada una grulla, sus alas curvadas hacia abajo se unían en las puntas. El símbolo circular de la Casa de té de En. De Aoyagi. Christophe se la había pasado toda la mañana dándole mudas miradas de desaprobación, para luego despedirlo con un ´ten sexo, no hagas el amor`.

Si su amigo tan solo supiera lo lejos que estaba de eso.

Respiro profundamente, Viktor apartó las cortinas y abrió las puertas de la entrada. Pasado el casillero de los zapatos, la dueña de la Casa de té les estaba ladrando a dos mujeres, quienes recibían el regaño con sus cabezas gachas.

"Ah, perdóneme" dijo titubeante, cuestionándose si debió pedir por un traductor a Christophe.

Una mirada, y la actitud de la dueña tomo un giro completamente diferente. Sonrió, sus labios se extendían, mientras le agitaba el brazo al personal. Las chicas se inclinaron y se alejaron rápidamente, arrastrando sus pies de algodón por el estrecho corredor.

"Aoyagi, si?" la dueña pregunto en un inglés brusco y cortado.

"Si" Viktor asintió con alivio cuando la anciana se inclinó en respuesta. Parecía que un traductor no iba a ser necesario después de todo. "Esperaba poder verlo esta noche…"

"Oh no, no, esta noche no es buena" la dueña le corto abruptamente. "Aoyagi tiene un gran cliente esta noche. Ven mañana, okay?"

Viktor tragó saliva, tratando de sofocar la oleada de posesividad desesperada. Una y otra vez, olvidaba el oficio de Aoyagi. Una y otra vez, le golpeaba como un tren de carga chocando contra su corazón (si, estaba lejos de ser solo sexo) "Oh. Entonces sí, mañana"

La dueña asintió satisfecha. "Muchas gracias. Lo veremos mañana en la noche"

Viktor se dio vuelta para irse lanzando un suspiro. En serio, que estaba esperando? Que Aoyagi dejara tirado a todos sus clientes solo por él? Que Aoyagi corriera a la entrada, se lanzara a sus brazos y le confesara su amor por él? Había reglas y costumbres que debían ser seguidas, y una cortesana estaba atada a cada una de ellas. Abrió la puerta, estaba dando un paso a la salida cuando otra persona entró rozando su hombro.

Una mujer, registró la mente de Viktor, antes de capturar el sedoso cabello color ébano tejido en un elegante nudo, las brillantes túnicas de seda satinadas, el encantador lunar debajo del ojo izquierdo.

"Minako Sama" suspiro la dueña, su voz rebosante de placer.

En algún lugar, entre el melódico intercambio entre japoneses, Viktor escucho de forma clara e inequívoca:

El nombre de Aoyagi.


"Está aquí. El extranjero de cabellos plateados del que me hablaste"

Yuuri se sobresaltó. La teterita se inclinó salpicando la bandeja con sake. Al frente de ellos, la Geisha continuaba su danza al ritmo de la nasal resonancia del Shamisen; moviendo las muñecas, girando los abanicos.

Junto a él, Minako soltó una risita. "Una reacción? Que raro!"

"Estaba… sorprendido" dijo Yuuri, sacando suavemente un pañuelo para secar el desastre. Estaban en la habitación más grande de la Casa de té, utilizada para el entretenimiento de los peses más gordos que la casa quería atrapar, usando a Yuuri como cebo. Le dio una mirada de soslayo, frunciendo las cejas al encontrarse con la juguetona sonrisa de Minako. "No se burle de mí, lady Minako"

Minako tiro hacia atrás de su manga y tomo su copa de sake de la bandeja. "Nunca bromeo" canturreo mientras llevaba la taza a sus labios.

Lady Minako, la única hija de la adinerada familia Okukawa. Por un capricho, había llegado a En, nerviosa y frenética de experimentar los llamados "placeres de la carne". Cuando se conocieron, su voz tembló al hablar, trato de esconderlo bajo una expresión de coraje y seguridad en sí misma. Estaba a punto de gastar su mensualidad sin el permiso de su padre, al menos eso dijo, por lo que quería lo mejor.

Mientras la noche avanzaba y el alcohol se acababa, la real Minako aparecía, sumergiendo sus costosas mangas en los platos, estirando su cuerpo sobre los tapetes como lo haría un anciano en sus dormitorios privados. ´Eres muy lindo para ser un hombre`, arrastraba las palabras, demasiado directa y sin filtro para una dama noble. ´¡No tendré mi primera ver con un wakashu joro! (4)`

La dueña estaba horrorizada.

Yuuri acepto a Minako rápidamente como cliente.

"No veo porque no estas allí arriba. Tu sabes los riesgos que corro, escabulléndome, solo para verte actuar" Minako levanto su copa vacía hacia Yuuri, quien diligentemente inclino la boca de la tetera. "Sé que bailas mucho mejor que cualquiera de esas Geishas"

"Tendrá que esperar hasta la noche" respondió Yuuri pestañeando "Esta tarde mi lugar es a su lado"

Un latido, antes que Minako se hiciera hacia atrás con una carcajada. "Los hombres realmente caen con esto? Con razón sigo soltera"

Sus risitas se sacudían contra los bordes de su copa, mientras Yuuri se acomodaba en el almohadón, apoyando sus temblorosas manos contra sus rodillas. Ahora estaba despierto, más despierto que nunca, como si lo hubiesen bañado con un balde de agua fría. El destino de una cortesana se hizo trágico y fugaz, lo suficiente para cautivar a los caprichosos artistas de ukiyo-e, que capturaban el mundo flotante en pinturas tan delicadas como las ultimas flores de primavera. Él estaba preparado para aceptar su destino, lo acepto años atrás, a la edad de 15 años.

Cuáles eran las intenciones del destino, envenenar su mente con imposibles?

"Aoyagi" murmuro Minako, despertándolo de su ensueño. Posando su mano sobre la de él, gentilmente y asombrosamente seria. "Estas en tu cabeza otra vez"

Yuuri hizo una reverencia. "Perdóneme lady Minako"

Ella le dio un resoplido poco femenino. "Por qué te disculpas? No es como si me fuera a marchitar sin tu atención" Se terminó el resto de su sake y golpeo la copa decisivamente contra la bandeja. "Ya era hora que un hombre te tratara bien, de todos modos! Si es genuino, quizás podría hablar con él acerca de juntar nuestros ahorros"

Yuuri soltó una silenciosa sonrisa por su nariz. Estaba agradecido de que Minako propusiera comprarlo, pero con cada oferta, con cada bolsa con monedas de oro que ella robaba de la casa de su padre; nunca eran lo suficiente para pagar su, siempre creciente, deuda. Al proporcionarle sirvientes, alimentos de alta calidad, y lujosas ropas, En aumentaba alegremente sus gastos, manteniéndolo con una correa apretada.

Aun así, los honestos y fallidos intentos de Minako, eran tan constantes y predecibles como la codicia de la dueña de la Casa de té. A diferencia de cierto ruso, al que quería olvidar desesperadamente.

"Más sake lady Minako?" pregunto simplemente.

El rostro de Minako se suavizo, pensativo, astuto y profundamente comprensivo.

"Sigue sirviéndolos" respondió.


Era la segunda vez que Viktor entraba en esta habitación, pero la vista aún le robaba el aliento.

Esta noche, Aoyagi vestía unas túnicas externas de color morado oscuro, la tela cubierta con un diseño de crisantemos bordados. Las capas internas eran de colores verdes y blancos, mientras que la faja era de un brillante y radiante naranja. Sentado entre velas, la cortesana se mostraba brillante, más luminosa que la luna que colgaba en el cielo nocturno.

Aoyagi apenas y levanto la cabeza, pestañeando. "Regresaste"

"Como no hacerlo" Viktor se sentó a un lado de Aoyagi, su mirada nunca abandono el rostro de la cortesana. Incluso con las constantes visiones de Aoyagi, su memoria había fallado en capturar la plenitud de los perfectos y curvos labios de Aoyagi, o el marrón oscuro de sus ojos, oscuros y cálidos como la miel. "No sabía que recibías clientes por la tarde" soltó después de un latido, de repente, al quedarse sin palabras. "Y clientes que no eran hombres"

Aoyagi sonrió, curvo sus ojos como un par de lunas crecientes pintadas con un delicado rosa. "Hay muchas mujeres ricas y solitarias en Edo"

En una sola frase, la cortesana había comunicado el mensaje: solo los ricos podía ser atendidos en las tardes, y sí, las mujeres también tenían necesidades a ser satisfechas. Viktor estaba asombrado de como Aoyagi manejaba sus palabras. Simple, pero afiladas como una espada de batalla. Y lo había hecho con un lenguaje que no era el propio.

"Tu ingles ha mejorado" notó Viktor.

Los adornos de Aoyagi se balancearon cuando su cabeza se inclinaba ante el cumplido. "Ahora tenemos un tutor. Esta loco, pero es un buen profesor"

"Así veo"

La luz de las velas parpadearon y las sombras cruzaron el rosto de la cortesana, acariciando sus mejillas, tocando gentil y ligeramente su mandíbula. Viktor apretó las manos, estas le picaban por querer tocar y seguir el mismo camino. Sentir sus dedos deslizándose por la sedosa piel. Pero no, no todavía. Tenía la vaga sensación de que ambos caminaban por el borde de un delgado hielo, esperando que el otro pasara la prueba.

Así que, inhalando, Viktor dio el primer paso.

"Acerca… acerca de lo que dijiste antes. Es realmente malo para ti tener esperanzas?"

Los, ahora, muy abiertos ojos de Aoyagi se encontraron con los suyos. "Yo…" las delgadas cejas se unieron, la mirada de la cortesana se posó sobre la bandeja con los tragos, las alfombras; cualquier parte menos sobre Viktor. Un fino ´crack` atravesó el hielo. "No estaba pensando" concluyo suavemente. Lastimosamente. Viktor sintió dolor en su pecho. "No fue… correcto. Yo, yo no debí…"

"No. No digas eso" Viktor tomo la mano de Aoyagi llevándola a sus labios, bebiéndose el brillo sorpresivo en las mejillas de Aoyagi, suave y cálido, como la brisa primaveral susurrando a través de los árboles. "Estaba feliz" suspiro "feliz de que te abrieras conmigo"

El rubor se intensifico entonces, tan dulce y seductor, que Viktor se rindió: se inclinó, acercándose. Sus dedos trazando un camino abrazador por la mejilla de Aoyagi. "Es verdad lo que dije… te extrañe en Hakodate" su boca revoloteaba solo a centímetros de la de Aoyagi; su pulgar se deslizo por labios de terciopelo. Se estaba derritiendo. Ardiendo. "No paso un día en que no pensara en ti"

Algo cambio. Y el hielo cedió.

Fue Aoyagi, siempre Aoyagi, quien estampo un beso sobre él, duro, caliente e insistente; sus dientes chocando contra los suyos. Viktor respondió al instante, presionando su palma contra el cuello de Aoyagi, aplastándolos más cerca. Respirando irregularmente contra la lengua de Aoyagi mientras se deslizaba para empujarla contra la suya.

Este beso no era nada como el de la primera noche. Este era rudo y primitivo, atrapado por una fuerte emoción que Viktor no podía nombrar. No había finesa, ni suavidad, ni siquiera una pausa para respirar. Solo sus bocas enredadas, juntas, una y otra vez; robándose el alma del otro con sus lenguas.

"Aoyagi" Viktor gimió contra los labios de la cortesana. Y algo sobre su nombre estímulo a Aoyagi; mordió y lamio contra la garganta de Viktor, sus manos flotando hacia abajo, y más abajo, hasta llegar al cinturón de Viktor. Viktor, de repente y desesperadamente, se dio cuenta de la tela frotando contra su erección, malditamente apretado en cada costura.

Y al parecer también Aoyagi. Quien en cuestión de segundos había abierto el cinturón de Viktor, deslizando su pantalón y ropa interior hasta la mitad de sus muslos. Inclinándose hacia abajo, separo las rodillas de Viktor presionando sus labios y su lengua contra las bolas de Viktor; atormentándolo con un beso juguetón en la punta de su pene.

Sobrecogido, Viktor cerró sus ojos y exhalo temblorosamente; sus dedos curvándose dentro del pelo de Aoyagi, sintiendo los adornos deslizándose a medida que las sedosas hebras iban aflojándose. Él esperaba un gentil relajo, una lenta seducción. Que la cortesana lo tentara hasta hacerlo hervir y arder de necesidad.

No estaba preparado para que Aoyagi lo tomara, casi por completo, con su boca.

"Cristo!" sofoco Viktor abriendo lo ojos, y Dios, eso fue un error. El cabello de Aoyagi era un hermoso desastre: hebras negras habían caído de su perfecto peinado, enmarcando las curvas de su rostro, acentuando el rosa de sus mejillas. Pero no era solamente su cabello lo que hacía que su vientre se apretara, o el calor surgiendo como una ola caliente. Eran esos ojos, esos profundos ojos que lo miraban a través de esas largas pestañas, cubiertas con rímel y polvo de estrellas. Y todo mientras la cabeza de Aoyagi se balanceaba, tomándolo más y más profundo, y ah sí, mucho más profundo.

Era demasiado y muy pronto. Trato de advertirle a Aoyagi, trato de decirle que se detuviera, ohh mierda, para; pero la cortesana levanto sus labios solo para deslizarlos nuevamente hacia abajo, hasta el final… Y Viktor se vino, en la garganta de Aoyagi, estremeciéndose salvajemente.

Viktor no pudo hablar por un momento. Quería disculparse, decirle a Aoyagi que no tenía la intención de venirse en su boca, o que Aoyagi se lo tragara. Pero no había tenido un orgasmo tan intenso desde que era un adolecente. Así que solo pudo esperar a que el mundo dejara de girar a su alrededor. Mientras Aoyagi se sentaba sobre sus talones, su pequeña lengua se deslizo sobre sus hinchados y rojos labios.

Wow, pensó Viktor

"Eso estuvo bien?" murmuro Aoyagi.

"Más que bien" sentencio Viktor, decidiendo que una disculpa sería más bien un insulto a la cortesana. Levanto un brazo, y Aoyagi entendió inclinándose sobre su hombro, para ajustarse cómodamente en la curva del brazo. "Nos saltamos la tradición del sake?"

"Eso es solo para la primera noche" Aoyagi mordisqueo el lóbulo de la oreja de Viktor, los dientes rozando la piel de una manera que hizo que el pene de Viktor se contrajera nuevamente.

"Mmm es bueno saberlo" tomando la barbilla de Aoyagi, Viktor le beso, una suave presión con la boca ligeramente abierta. Había concertado la cita con la intención de hablar con Aoyagi, aprender más acerca de él, pero era tan difícil pensar en presencia de la cortesana. Tan, tan difícil, sobre todo cuando Aoyagi le miraba con tal hambre, ojos cubiertos y oscurecidos por la excitación.

Era injusto, realmente, cuanto poder tenía la cortesana sobre él.

"Yo solo tenía intención de darte esto" Viktor saco una botella de vidrio del bolsillo de su chaqueta. "Pero podemos usarlo esta noche"

Aoyagi inclino su cabeza de forma inquisitiva. "Que es eso"

"Aceite de oliva. Para que hagamos lo que tú quieras"

El rostro de Aoyagi se encendió, radiante y suave como una linterna al atardecer. "Aceite de oliva?" suspiro la cortesana, Viktor sintió que su corazón se contraía y bajaba por las costillas, una a una. "Lo que yo… quiera?"

Era claramente doloroso que nunca nadie se lo pidió antes. Ni un solo maldito cliente.

No me des esperanzas.

Acerco más a Aoyagi, Viktor beso es su coronilla "Lo que quieras" dijo ferozmente. El sol, la luna, las estrellas; todo lo que quieras.

Aoyagi le miro con ojos brillantes, como si Viktor en realidad hubiera bajado el sol, la luna y las estrellas. Como si Viktor le hubiera dado el mundo. Se inclinó para acercarse, cálido aliento acariciando el oído de Viktor.

"Quiero que me folles. Duro"

La respiración de Viktor se aceleró, le tomo varios segundos a su cerebro conectarse con sus sentidos. Dios!, este hombre tenía más giros que un laberinto. "Estas seguro?" carraspeo.

"Si" Aoyagi beso a Viktor húmedamente, murmurando. "Fóllame hasta que olvide mi propio nombre"

Viktor grazno; podía sentir su pene prácticamente saltar ante el pensamiento.

Transporto a Aoyagi a la cama, apretando a la cortesana contra las sabanas e hincando sus dientes en la fina garganta, saboreando el jadeo silencioso y el acelerado pulso contra su lengua. Podía saborear el sudor de Aoyagi, ahogarse en su dulzor, el ahumado perfume cerró su garganta y quemo sus pulmones. Si lo Aoyagi quería era que le follaran duro, él estaba feliz de dárselo.

"Ayúdame con la faja" murmuro mientras se despojaba de sus ropas, Aoyagi rio. Tomando las manos de Viktor guiándolas bajo la gruesa tela.

"Tienes que ir por debajo" instruyo Aoyagi.

Viktor tiro de inmediato del nudo. Lo sintió deshacerse junto con su mente, cuando la cortesana escogió, ese mismo momento, para oprimir fuertemente en su entrepierna.

"Oh Dios" jadeo. Aoyagi era perverso. Perverso.

A modo de revancha Viktor agarro a Aoyagi de las caderas girándolo. Arrancando las sueltas túnicas, para luego inclinarse, dejando afiebrados besos bajo la suave espalda, adorando cada curva, cada vertebra. Ahondando con su lengua en la espina de Aoyagi atormentándolo, hasta que la cortesana comenzó a curvarse, refregándose contra las sabanas, rogándole en suaves gemidos.

Tan flexible y divino… Un Dios colocado en la tierra para incitar la locura de todos los mortales.

Bien. Era hora que este mortal demostrara su adoración.

Unto sus manos en aceite, Viktor rozo sus labios contra los desnudos muslos. "Ponte sobre tus manos y rodillas" Aoyagi obedeció temblando. Viktor se levantó para apretar el redondo trasero; rozando con sus dedos en la entrada de Aoyagi.

"Por favor" susurro Aoyagi, Y Viktor accedió, empujando sus dedos y siseando mientras estos se deslizaban con facilidad. La entrada de Aoyagi ya estaba suelta por su preparación previa.

Esta vez, no le tomo mucho tiempo a Viktor encontrar el ángulo perfecto. Presionó una segunda vez, con tres dedos, viendo con satisfacción como la espalda de Aoyagi se curvaba en un hermoso arco.

Mientras se deslizaba hacia afuera, escucho con reverencia los suaves lloriqueos y jadeos de Aoyagi. Silencioso, muy silencioso. Él quería oír más. Quería escucharlo todo. Las costumbres a la mierda, él quería oír a la cortesana cantar una vez más, como un coro de ángeles.

Abriendo el trasero de Aoyagi, Viktor coloco su pene en la entrada, ligeramente, atormentándolo. "Dime, nuevamente, como lo quieres" murmuro.

"Duro" lloro Aoyagi, curvándose, pero Viktor presiono una mano firme en su espalda baja, deteniéndolo.

"Que tan duro"

"Nnnh, por favor, te quiero dentro" suplico Aoyagi, balanceándose hacia atrás.

Viktor mordió un gemido y cogió las caderas de Aoyagi, rozando agonizantemente con su pene la entrada de la cortesana. "Cuan duro?" volvió a preguntar con su voz bajando varios tonos. Él temblaba ahora, el sudor adornando su frente; tomo toda su alma no volcarse hacia el tentador calor.

Aoyagi comenzó a divagar, medio en japonés, medio en inglés; delirante de necesidad. Viktor podía distinguir algunas palabras: nombre, no pueda caminar y tan, tan duro que yo

"No puedas evitar gritar?" Viktor termino por él, gruñendo en lo profundo de su garganta.

"Si" suspiro Aoyagi sin aliento.

Solo entonces Viktor lo penetro, en recompensa por la respuesta correcta, completa y profundamente. Y Aoyagi, oh, Aoyagi se dejó ir. Su grito reboto entre las doradas pantallas y las pintadas paredes; retumbo a través de Viktor en un zumbido de deseo que lo llevo a bombear sus caderas. Entrando nuevamente para sacar más de esa hermosa voz.

Esto resultaba familiar para Viktor, memorias de respiraciones ásperas y desesperados ´rapiditos` en estrechos espacios. Pero era diferente con Aoyagi, no era un experimento, un afán por probar algo nuevo. No era un movimiento frenético para satisfacer un tonto impulso adolecente, avivado aún más por la idea de ser descubiertos (5). Tampoco era el abraso de un compañero de armas, en la búsqueda frenética del calor de otro ser humano. Se sentía… diferente. Se sentía bien, mierda sí que se sentía bien. Pero era aún mejor sentir a Aoyagi temblar bajo él, escucharle gritar, rogar, gemir. Saber que él estaba complaciendo a Aoyagi.

"Muy bien" Viktor murmuraba mientras se azotaba contra Aoyagi, piel chocando, uñas enterrándose en los suaves muslos. "Tan caliente y apretado, tan perfecto…"

Aoyagi gemía "Ahhh, hahhh… Yo, nnhh, Yo…" embestía hacia atrás, su voz saliendo en un sollozo. "Estoy cerca, me voy a…"

Oh, Viktor ni siquiera había tocado su pene.

"No aún" Aoyagi dejo salir un llanto de frustración cuando Viktor se salió. "No aún" repitió Viktor suavemente, más para sí mismo esta vez, soltando el aire de sus pulmones en una fuerte exhalación. Giro a Aoyagi y deslizo sus brazos debajo de las rodillas de la cortesana. Se vio atrapado en el oscuro y revuelto cabello, los adornos sobresalían en ángulos extraños, las pupilas llenas con una necesidad salvaje; el rubor recorría cada centímetro de piel expuesta, hasta el grueso y rojo pene, que se balanceaba entre los cremosos muslos goteando con deseo. Deseo por él.

Viktor estaba total y completamente cautivado.

"Por… por qué?" jadeo Aoyagi, pestañas cayendo, revoloteando. "Por qué?"

"Porque quiero ver tu rostro mientras te vienes" suspiro Viktor. Saboreo la maravilla encendida en los ojos cafés, la sorpresa honesta. Segundos antes de embestirlo nuevamente, de forma rápida, dura y repentina.

Antes de venirse, Aoyagi se arqueo contra él gritando Vi-Viktor!

Su nombre.

Con eso, y el apretado y brutal agarre alrededor de su pene, Viktor se perdió al instante, elevándose y elevándose hasta caer nuevamente a la tierra, colapsando sobre Aoyagi jadeando en la piel caliente.

Cuando finalmente reunió las energías para salirse de Aoyagi, este apenas y se movió bajo él; sus ojos seguían cerrados y sus oscuros cabellos mojados, húmedos y pegados sobre su frente y mejillas. Se veía tan increíblemente satisfecho.

"Tu cabello" Viktor dijo suavemente, pasando los dedos por las enredadas hebras. "Es un desastre"

"Después" murmuro Aoyagi en un suspiro.

Después de limpiarlos a ambos con otro de los pañuelos de Aoyagi, Viktor se recostó, lanzando un brazo alrededor de la cintura de la cortesana, robando un beso de los labios entre abiertos. "Era esto lo que querías?"

Aoyagi inclino su cabeza y Viktor lo vio, su corazón saltándose un latido, la sombra de una tierna emoción que permaneció adormilada detrás del velo. "Mmm hmm…"

Cuidadosamente, Viktor tiro de los cobertores para taparlos a ambos, mientras Aoyagi dormitaba. En su estado más indefenso, la cortesana no lucia sus filosos rasgos, los candentes ojos, los curvos y lascivos labios habían desaparecido, dejando a su paso nada más que una suave inocencia. Viktor no tenía dudas, este era el real Aoyagi. Y él estaba ahí, justo ahí, tan cerca que Viktor podía extender la mano y tocarlo.

"Que puedo hacer para verte cuando estés despierto?" murmuro Viktor.

Observo a Aoyagi, escuchando los silenciosos murmullos en su respirar, hasta que las velas dejaron de arder, cayendo en un cálido sueño de cabellos negros que se derramaban sobre las blancas sabanas, el olor a ceniza y humo, y el indicio de un desnudo e incontrolable cariño.


Girándose sobre su costado. Yuuri presiono la palma de su mano en su cara.

La noche anterior fue un desastre. Un absoluto desastre.

Viktor seguía diciendo esas dulces palabras, tan tiernas, cariñosas y hermosas, como si las dijera en serio, como si realmente lo sintiera. Y Yuuri entro en pánico. Se arrojó a Viktor en un frenético esfuerzo por silenciar al ruso; por silenciar su propio y traicionero corazón. No había elegancia o refinamiento en sus acciones, que eran las únicas virtudes salvadoras que distinguían a las cortesanas de las anónimas prostitutas de la calle.

Salvo que se sintió tan bien, realmente bien. Nunca se había sentido tan bien en toda su vida. Usualmente el follar duro significaba una noche de sexo doloroso y sin sentido, como conejos. Pero Viktor, Dios, Viktor era bueno y consistente, clavándose en su próstata una y otra vez, sacándolo de su mente, de su cuerpo. Y por un momento, un breve momento, ya no era Aoyagi o Mikawa, o una cortesana sin alma en Yoshiwara. Volvía a ser solamente Yuuri. Normal, ordinario Katsuki Yuuri, el niño que solía llorar cuando sus padres lo dejaban solo en casa, o cuando su hermana le tiraba de las orejas por romper su taza favorita.

Cuando se despidieron a la mañana siguiente, Viktor presiono la botella de aceite contra su palma mientras susurraba un porque mereces algo mucho mejor contra su frente, Yuuri miro hacia los ojos azules, profundos y vastos como el océano, en los cuales se dejó caer libremente.

Con ningún lugar donde aterrizar, salvo con el frio e implacable concreto de la realidad.

No paso un día en el que no pensara en ti.

"Nnggh" Yuuri presiono más fuerte su palma. Tenía que borrar de su mente los rasgos sinceros, y los susurros que contenían aquellas dulces mentiras. El amor era una farsa en Yoshiwara, un entretenimiento, un juego. Creer en él era invocar a la misma muerte. Desearlo era incluso peor.

La puerta se abrió de abrió de golpe. "Oh. Aoyagi tengo una noticia maravillosa… Que estás haciendo?"

Yuuri gruño dentro de sus manos y se curvo aún más volviéndose un ovillo. No estaba de humor para atender a la dueña en ese momento. "Tengo una jaqueca" murmuro.

"Probablemente a causa de todo ese horrible ruido que hiciste anoche" la dueña arrugo la nariz con desdén. "Aunque!" el repentino chillido era suficiente para darle a Yuuri una real jaqueca. "Parece que eso funciono con tu bello extranjero"

Yuuri dejó caer las manos, sus latidos golpeaban en sus oídos. "Que quieres decir?"

"Él quiere verte otra vez. Esta noche"

Por qué?

Porque el sexo era bueno? Porque él era fácil?

Yuuri miro hacia la botella de color que descansaba en su tocador.

… O quizás Viktor… decía la verdad?

"Que…?" Yuuri se detuvo para regularizar su respiración, su voz la contuvo a duras penas. "Que le dijiste?"

"Que estas estas ocupado y que tiene que preguntar mañana, claro" la dueña simulo limpiarse, quitándose una pelusa imaginaria con orgullo "No podemos parecer muy ansiosos después de todo. En situaciones como esta, es importante hacerse el difícil. A los hombres les gusta lo que no pueden tener! Especialmente con su aspecto, seguramente está acostumbrado a tener lo que quiere…"

La dueña seguía hablando tonterías, una tras otra, pero Yuuri ya no la escuchaba, no podía oír sus palabras. Su mente trabajaba rápidamente, se mordió furiosamente el pulgar. Tenía que terminar con esto, tenía que saber de qué iba el ruso antes que todo este desastre devorara su sanidad mental para siempre. Si, si: Eso era lo que tenía que hacer, no? Tenía que jugar el juego. Era la única forma de sobrevivir.

Como era el dicho? Conócete a ti mismo, conoce a tu enemigo y en cien batallas nunca serás derrotado (6)?

Yuuri se sentó abruptamente, interrumpiendo a la dueña en la mitad de una oración.

"Cuando vuelva, pídele que sea mi najimi"

La anciana le miro. Luego dijo con el ceño fruncido. "No escuchaste ni una sola palabra de lo que dije, no es así?"

"No" dijo Yuuri, tirándose nuevamente a la cama sin escuchar el resto del sermón. Era perfecto. Manteniendo a Viktor cerca como su najimi tendría más de una oportunidad para averiguar las reales intenciones del ruso. Engaños, ilusiones, manipulación, era todo lo que conocía; y él era muy bueno en eso.

Inhalo, con su nariz enterrada profundamente en las sabanas: Terroso y limpio como un bosque de pinos después de una tormenta. Tan embriagador y tan inequívocamente Viktor, que Yuuri sintió una fuerte oleada de anhelo golpeándole, sobrecogiéndolo.

Fue una pérdida de control momentánea, pero fue suficiente.

Al instante, violentamente, las imágenes le inundaron, arremolinándose en su mente en pedazos dispersos.

"Oye Mikawa! Quizás si sonrieras un poco más, alguien podría amar esa fea cara tuya!"

Sangre en las alfombras, las paredes, las puertas corredizas. Tanta sangre. Todo estaba oscuro, rojo carmesí, más rojo que labial en su boca.

Yuuri apretó las sabanas hasta que sus nudillos se volvieron blancos.

No. No. Entiérralas! tenía que enterrar las memorias en lo profundo de su mente y encerrarlas. Él no podía desear, anhelar o tener esperanzas. Solo Yuuri haría algo así, y él no podía ser Yuuri, porque Yuuri lloraría, se tambalearía y derrumbaría en el suelo, como hiciera hace años atrás.

Pero Mikawa y Aoyagi eran fuertes juntos. Eran sobrevivientes.

"Aoyagi?" podía percibir el fruncido ceño en la voz de la dueña. "Si tanto te duele la cabeza, puedo llamar al doctor"

"Estoy bien" Yuuri cerro profundamente los ojos y se enterró aún más en las sabanas, tomando un último y ahogado aliento. "Solo ordenare a Yoshiro que ventile las ropas de cama tan pronto esté disponible. Yo…" Sintió como la máscara volvía a su lugar, sombría e insensible como los cielos grises del invierno.

"…Necesito deshacerme del olor"


"Si me lo preguntas a mí, Aoyagi lo tenía todo bien calculado"

Gruñendo, Viktor enterró su cara en el cojín de terciopelo, odiando la sensación áspera y rasposa de los bordados contra sus mejillas. "Nunca te pregunte"

La silla de Christophe sonó con un irritante crak a medida que el hombre se inclinaba, alejándose del escritorio. "Oye, he hablado con gente. Cortesanas, clientes, empleados de la Casa de té. Te sorprenderías lo mucho que quieren hablar con alguien que esté dispuesto a escuchar"

"Y tu eres un experto, no?" dijo Viktor arrastrado las palabras mientras reía.

"Créelo. A este punto, tú y yo ya deberíamos tener nuestra propia Casa de té, o no amigo mío?"

"Tengo una esposa y tres hijas, señor" dijo el traductor con desesperación al lado de Christophe.

Viktor debió saber que era en vano. Sabía que lo era. Pero cuando Aoyagi desapareció a través de las puertas de En, sosteniendo con ambas manos la pequeña botella como si fuera una preciada joya, sintió una sobrecogedora necesidad de ver nuevamente a la cortesana. Entonces, con el corazón resonando, decidió entrar nuevamente a la Casa de té y preguntar si podía sacar a Aoyagi a cenar esa noche.

"Oh. Sr. Nikiforov" se rio la dueña mientras le golpeaba el hombro. "Usted dice broma divertida!"

"Realmente, me gustaría…"

"Aoyagi no libre esta noche. Venga mañana, okay?"

Y después cometió el error, doblemente tonto, de quejarse con Christophe al respecto.

"Te tiene enganchado, Viktor" le reprendió su amigo. "Todo lo que una cortesana hace y dice, está diseñado para dejarte deseando más, haciéndote creer que te aman tanto que uno sigue volviendo"

Viktor se giró sobre su espalda, abrazando el cojín contra su pecho y pateando un segundo con su pie. Hacerle creer que lo amaba? Por el contrario, era él quien parecía mostrar su amor como un pavo real lujurioso, mientras que Aoyagi trataba de negar con vehemencia el amor. Lo escondía desesperadamente detrás de cuatro paredes, que habían sido construidas y fortificadas con años y años de servir a la escoria más podrida y cruel.

"Aoyagi es diferente" señalo.

"See, Aoyagi es aún peor" dijo Christophe encogiéndose de hombros. El traductor asentía enfáticamente. "Cualquiera en su rango tuvo que haber hecho una buena cantidad de cosas despreciables para llegar a esa posición"

"Tome nota" comento Viktor alegremente, aplastando el feroz impulso de defender a la cortesana. Christophe podía llega a ser muy inflexible con ciertos temas. "Vuelve a compilar tus notas"

"Es una causa perdida" dijo Christophe al traductor. "Una trágica novela Victoriana en potencia"

Viktor le lanzo el cojín, golpeando directamente en la parte posterior de su cabeza.


"Oye, Viktor"

"Si, Chris"

"En algún minuto deberías aparentar querer contactarte con los oficiales de Edo"

"… mañana"

"Y Yakov piensa que yo soy el desviado"


Nenas! Capítulo 2 arriba! Por lo que veo, dependiendo de la cantidad de trabajo que tengo en la oficina, la traduccion me toma alrededor de semana y media a dos semanas. Así espero mantener ese ritmo para los que se viene. Arigatou por su paciencia.


Notas traductora:

1* Limericks: es una forma poética conocida en el mundo anglosajón, de corte humorístico y a menudo obseno.

2* Libro de Tonterías, o Book of nonsense: es un Limerick famoso escrito por Edward Lear.

Notas:

Ichibuzaki - 一分咲き, 10 por ciento de las flores han florecido.

Notas generales: Una cortesana pasaba sus mañanas durmiendo, leyendo, o practicando alguna habilidad. Tambien usaban esa hora para el baño. Tanto Oiran como cortesanas tenian que posarse dos veces al día para que los clientes escogieran para la noche. Una vez por la tarde y otra entrada la noche. Pero si era solicitado por un najimi, la Oiran lo entetendria desde la tarde hasta la mañana siguiente. Los hombres que ejercían la prostitución no eran mostrados, los hombres que requerían de sus servicios debían ir a la casa de té y escoger del "menú". La rutina de Yuuri es parecida a la de los prostitutos.

[1] Frente de Guerra – Se refiere a la Guerra de Crimea (1853 – 1856)

[2] Conslado Ruso – Según los registros japoneses, el gobierno de Hakodate tardó unos tres meses en responder finalmente a la solicitud de Goshkevich. Para el fic, este período de tiempo se alargará un poco más. También me tomé algunas libertades con el personal del cónsul

[4] Wakashu joro – Se refiere a las animadoras / prostitutas que se disfrazaron de wakashu, o jóvenes animadores / artistas masculinos.

[5] Ser atrapados – Los actos homosexuales eran ilegales en Rusia en el siglo XIX, aunque las masas generalmente lo aceptaban

[6] Conócete a ti mismo, conoce a tu enemigo y en cien batallas nunca serás derrotado– 敵を知り、己を知れば、百戦危うからず, la traducción al japonés de una cita del Arte de la Guerra de Sun Tzu

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