Jaula
Oscuro, tenebroso. Simplemente escalofriante, así era y así siempre seria. Se levantó con lágrimas en los ojos, siempre lo hacía aun cuando siempre fuera relativo, no contaba el tiempo que llevaba viviendo en esa casa si lo hiciera posiblemente se volvería loco por la presión. Observo a su alrededor la habitación lucia como una típica japonesa, con los tatamis perfectamente colocados y las paredes de madera y papel al igual que lo había sido su casa, sin embargo era totalmente diferente.
Aquí no se encontraba Nyanko sensei con su bromas o cuidándolo cuando se encontraba débil, tampoco estaba el rostro dulce de Touko quien preparaba su comida y lo mimaba de vez en cuando, ni que decir de Shigeru quien solía contarle historias de un pasado tranquilo. Ni hablar de los yokai o ayakashi, eran contadas las veces en que veía a alguno y cuando se encontraba con ellos se hincaban mientras lo saludaban con sumisión.
Rara vez podía salir fuera de esa habitación, en ese momento él era como un ave enjaulada. En ocasiones venían sirvientas a limpiar la habitación y a dejarle algo de comida, la cual casi tocaba, había adelgazado algunos kilos en el transcurso de su encierro. Algunas lo miraban preocupadas pero ellas no podían hacer nada por el chico que parecía tan distante y hermoso al igual que un fantasma.
Según los rumores que recorrían la mansión principal del clan Matoba, el chico encerrado en la habitación especial, habitación protegida por sellos lo cual hacía imposible el salir de ella sin el consentimiento de quien colocara los sellos, era una persona de gran poder espiritual capaz de atrapar y sellar a cualquier yokai pero se había descarriado y ayudaba a los yokai prefiriéndolos antes que las personas.
Las sirvientas curiosas visitaban la habitación con cualquier pretexto y quedaban prendadas del muchacho que se sentaba a ver por la ventana, en ocasiones la abría y dejaba al viento pasar. El chico rara vez las miraba y cuando lo hacía una tenue sonrisa aparecía en su rostro, sonrisa que nunca llegaba a sus ojos, tristes casi moribundos.
El líder del clan Matoba pasaba la tarde en la habitación, hasta el momento no obligo a Natsume a hacer nada. Sólo se sentaba a beber el té tranquilamente, en ocasiones lo jalaba hacia él y lo abrazaba al principio Natsume se resistía pero ahora sólo buscaba el cobijo y el calor de un ser humano, era un ave herida y encerrada.
Un día ocurrió un hecho relevante en la casa principal. El heredero del Clan Natori exigió una reunión en la casa principal del clan Matoba, Natsume que se encontraba como siempre sentado al lado de la ventana vio llegar a Natori, su rostro se ilumino y la llama de la esperanza que había sido extinguida se renovó. Un calor tibio recorrió su cuerpo, de inmediato se levantó y busco un papel en donde escribir.
Movió muebles e inclusive el tatami pero no encontró nada, recordó que había escondido el libro de amigos, fue en busca de él y lo hojeo hasta encontrar los boletos de tren que Reiko había guardado en los libros, sin nada para escribir mordió su dedo índice hasta hacerlo sangrar y con cuidado escribió una nota para pedir ayuda. Ahora el problema era hacerla llegar.
Seiji se encontraba molesto, era probable que Natori viniera en busca de Natsume, el líder del clan Matoba no estaba dispuesto a soltar tan precioso trofeo, por lo que ordeno a todas las sirvientas el evitar ir al cuarto de Natsume Takashi, seguro Natori no se rendiría hasta ver que no había nada en el lugar. Bufo molesto, camino hasta la entrada donde recibió al exorcista, ambos caminaron en silencio hasta la sala de reuniones.
Natsume comenzó a preocuparse al ver que ninguna de las sirvientas entraban en la habitación, sabía que no podía salir de ella sin el permiso de Matoba por ello se quedó quieto sus esperanzas comenzaban a verse tan lejanas. En un golpe de suerte un yokai entro, era pequeño y cargaba con una sombrilla, había entrado para ver que estuviera bien.
Con un poco de astucia consiguió hacer que el yokai llevara el recado a Natori pero tenía que esperar a que saliera de la casa. El yokai salió de la habitación con una reverencia dirigida al habitante del lugar, Natsume observo al cielo oscurecer y vio por la ventana como Natori se retiraba. Paso una hora cuando entro el dueño del lugar a su habitación, en una de sus manos llevaba al yokai asustado y en otra el mensaje.
Su mundo se detuvo por un instante. Matoba lo había atrapado y ahora no podía hacer nada, el rostro molesto del exorcista asusto a Natsume pero lo que helo su sangre fue ver como ese pequeño yokai moría al ser aventado contra una de las paredes y se le negara la salida, una corriente eléctrica lo atrapo hasta convertirlo en polvo.
Eso pasaba para los yokai cuando violaban en sello, Natsume cayo de rodillas llorando, aquel hombre era un monstro y el un ave enjaulada.
