Capitulo 2: ¿De nuevo tú?
Al día siguiente Neko fue a trabajar como cada día. Tenía un pequeño bar. Era la reina del barrio de Isis.
El único problema era que muchas noches la oscuridad la sorprendía volviendo a casa. Abría casi cada noche. Sabía que sus clientes eran criaturas de la noche. Pero no le importaba. El pacto establecido decía que las luchas no podían hacerse en otro sitio que no fuese la calle.
El problema era que si la noche era tranquila, cerraba el bar y volvía a casa. Momento en el que se arriesgaba a ser atacada.
Esa noche era tranquila. Así que Neko cerró el bar y salió a la calle. Faltaba media hora para que cayera la noche. Neko sabía que no podría llegar a casa antes del anochecer. Aun así no tenia alternativa.
Ando hasta que la noche cayó. Entonces busco el refugió de los árboles y siguió andando. Llegó al parque Tric y vio a 3 hombres allí. Neko supo al momento que 2 eran licántropos y un vampiro. Se quedo paralizada. Los licántropos mataron al vampiro y se volvieron hacia ella. Neko sabía lo que le esperaba. En apenas unos segundos los lobos estaban ante ella.
- Vaya. ¿pero que tenemos aquí? Una humana.
- Una bruja – dijo Neko – para ser exactos.
- Genial – dijo uno de los lobos – me encanta la sangre de bruja.
- Y será una buena aliada – dijo el otro – cuando la transformemos.
- Ni lo soñéis – dijo una voz tras Neko. Cuando la chica se volvió vio a Alex. El vampiro salto sobre el primer hombre lobo y se enzarzo en una lucha feroz. El segundo lobo fue a por él, pero Neko lo impidió. Uso su telequinesia para lanzarle contra un árbol y le lanzó varias bolas de fuego. Alex termino con el lobo y se acerco a Neko que en ese momento lanzaba una estaca de hielo que fulmino al licántropo – vaya. Eso si que es mala leche.
- Apártate de mi – dijo Neko creando otra bola de fuego.
- Joder nena. Acabo de salvarte la vida.
- Nadie te lo ha pedido. Se cuidar de mi misma. Joder – dijo Neko – ahora ya he roto mi neutralidad. Mierda.
- Nadie tiene porque saberlo – dijo Alex – un beso tuyo y mis labios estarán sellados.
- Ni lo sueñes, prefiero matarte. Es más seguro.
- ¿Por qué te haces la dura? – Preguntó Alex – se que te mueres de ganas.
- Ni de coña.
- Bien. Entonces toda la ciudad sabrá que has tomado partido.
- Muy bien tu ganas – dijo Neko resignada. Sabía que el vampiro podía pasar el mensaje a su compañero más cercano antes de que ella le liquidase. Alex la cogió por la cintura y la acerco a el. Acarició su cara y lentamente junto sus labios con los de la chica. Neko no estaba dispuesta a que ese beso pasara de un simple roce. Pero cuando el chico toco su piel, todo su aplomo se fue a pique. No pensó en nada. Y cuando Alex quiso profundizar el beso apenas si opuso resistencia. La chica sintió como todo su cuerpo se estremecía en aquel beso.
- Vaya – dijo Alex sin soltarla – creo que es el mejor beso que me han dado.
- Pues no te emociones – dijo Neko – porque no se repetirá.
- Tu cuerpo no parece estar de acuerdo con tu cabeza – dijo Alex haciendo que la chica reparara en que aun lo tenía sujeto por la cintura y le soltara de inmediato.
- ¿Puedes soltarme?
- Claro – dijo Alex separándose de ella como si nada – te acompaño a casa. Queda lejos y eres una presa muy apetecible.
- Mejor no – dijo Neko – si me ven en compañía de un vampiro puedo tener problemas.
- Y si vas sola también – dijo Alex.
- Haz lo que te de la gana – dijo Neko abatida.
La chica reemprendió el camino hasta su casa. Cuando llegaron Alex desapareció sin necesidad de que ella dijese nada.
Neko se dio una ducha rápida y se puso unos pantalones cortos negros y una camiseta del mismo color. Le gustaba ir descalza por casa. El tacto del parquet flotante le resultaba de lo más agradable.
Neko se estaba preparando la cena cuando unos aullidos llamaron su atención.
Estaban frente a su casa. Neko se acerco a la ventana del salón y miro hacia fuera.
Pudo ver como Alex se encargaba de dos hombres lobo. Era realmente fuerte. Cuando ya iba a volver a la cocina se dio cuenta de que la pelea no había sido tan simple para el vampiro.
Alex se desplomo en mitad de la calle. Tenía una herida muy fea en el pecho. Si no bebía sangre pronto moriría.
Por puro instinto Neko salió a la calle y se acerco a Alex.
Estaba semiinconsciente. La chica tiro de su brazo y le arrastro hasta su casa. Cerró la puerta tan rápido como pudo y llevo al vampiro hasta el sofá.
- Idiota – dijo Alex – ahora ya has elegido un bando.
- Lo he hecho por mi código de honor – dijo la chica quitándole la camisa al vampiro.
- ¿Qué?
- Tu me has protegido antes y ahora te devuelvo el favor – dijo Neko mientras detenía la sangre con un hechizo – y dios sabe que me arrepentiré de esto.
- Pues te has complicado la vida por nada – dijo Alex con una voz débil – necesito sangre. Voy a morir de todos modos y ahora los licántropos irán a por ti.
- ¿Cuánta sangre? – pregunto la chica.
- ¿Qué?
- ¿¡Cuanta sangre!? – dijo Neko casi chillando
- Unos dos litros.
- Bien – dijo la chica acercándose a Alex – pues cógela. Pero no te pases. Tengo solo 5 litros y necesito los otros tres para seguir viva.
- ¿Te has vuelto loca?
- No – dijo Neko apartando los tirantes para facilitar al vampiro la mordedura – no me transformare si no bebo tu sangre así que vamos. No he roto mi neutralidad para que te mueras.
- Esto te va a doler – dijo Alex sujetando a la chica por la nuca y hundiendo sus colmillos en el cuello de Neko.
Neko ni se inmuto ante el dolor. Pero pasados un par de minutos sus fuerzas la abandonaron y se desmayo. Alex paro justo a tiempo. "mierda he bebido de mas. Aun le quedan dos litros de sangre. Joder, un poco más y la mato. Su sangre es tan poderosa. Quizá debería darle a beber mi sangre. Seria una vampira muy útil…" con estos pensamientos Alex tumbo a Neko en el sofá. Corrió todas las cortinas y bajo todas las persianas. El día llegaría en apenas dos horas. El vampiro se sentó en una silla a contemplar como dormía la bruja.
"Tarde o temprano serás mía Neko. En cuerpo y alma. Y me suplicaras que te transforme para estar eternamente unida a mí. Tu serás mi reina"
Neko despertó a las 8 de la mañana. Tenía una fuerte jaqueca. Se toco el cuello y noto perfectamente la mordedura.
"vaya. Sigo viva. Por un momento creí que no se detendría"
El timbre de la puerta saco a la bruja de sus pensamientos. Neko se levanto y fue hacia la puerta.
- Son vampiros – dijo Alex – ahora que ya no eres neutra necesitaras protección. Te ruego que les invites a pasar o se convertirán en cenizas.
- Joder – Neko abrió la puerta y vio a dos vampiros cubiertos por sabanas humeantes – pasad.
Los vampiros entraron rápidamente. Cuando se quitaron las mantas Neko pudo ver que se trataba de una vampira y un vampiro. Por su aura la chica supo que eran ancianos. Vampiros de pura sangre.
- ¿Cuál es tu nombre? – dijo la vampira en un tono gélido que a Neko le recordó más una orden que una petición.
- Creo que dado que vosotros sois los invitados – dijo Neko – deberíais presentaros antes que yo.
- ¿Cómo te atreves a hablarme así lacaya? – dijo la vampira.
- ¿lacaya? – dijo Neko – Pero ¿de que coño hablas? ¡Yo no soy tu lacaya!
- ¿Qué? – dijo la vampira desconcertada. Entonces miro a los otros vampiros y luego se dirigió a Alex - ¿Puedes explicarme que ocurre?
- Ella no es una lacaya – dijo Alex – es una bruja. Me ha salvado la vida.
- ¿Qué? – dijo la vampira – Pero las brujas son neutras. Si no es una lacaya. ¿Por qué te ha salvado?
- Porque me ha dado la gana – dijo Neko - ¿vuestros nombres? O retiro la invitación.
- No puedes – dijo la vampira – eso no es posible.
- Olvida mi nombre, olvida que existo – empezó a recitar la bruja – ahora la noche es tu hogar y los vampiros…
- Detente – dijo la vampira asustada - ¿Cómo conoces ese contra hechizo?
- Nombres – dijo Neko impasible.
- Yo soy Elia – dijo la vampira – y el es Zaon. Somos los arcanos de la orden roja.
- Mi orden – dijo Alex.
- ¿Eres miembro de la orden roja? – preguntó Neko.
- No es miembro – dijo Elia – es el príncipe de la orden.
- ¿Príncipe? – pregunto Neko.
- Así es – dijo Alex – pero por ser un humano converso no puedo ser rey si no me caso. Las leyes vampíricas dicen que si el rey no tiene un descendiente puro, el primer humano al que convirtió será el príncipe. Pero para ser rey debo casarme. Solo así puedo asumir el poder. Se cree que la sabiduría de un vampiro puro solo puede ser compensada por la sabiduría de dos vampiros conversos.
- Por eso mi rudeza – dijo Elia – discúlpame. Creía que eras una lacaya intentando que la transformaran para ser la reina de la orden.
- Ya veo… - dijo Neko "es el príncipe. Pero ¿Qué hace entonces luchando contra los lobos? ¿Por qué se arriesga solo? Y ¿Por qué pierde el tiempo jugando conmigo? Debería estar buscando una vampira con la que casarse"
- Pero aun no se tu nombre – dijo Elia.
- Soy Neko. Neko Sawara. Y en cuanto a tu pregunta del contra hechizo… lo conozco porque mis antepasadas eran domadoras. Eliminaban a las criaturas de la noche. Conozco muchos hechizos para controlar ambas razas.
- ¿eres una domadora? – pregunto Elia.
- Así es – dijo Neko.
- Alguien puede explicarme ¿Qué es una domadora? – dijo Alex.
- Las domadoras – dijo Neko – somos brujas. Pero tenemos conocimientos de magia prohibida. Podemos dominar la mente de los licántropos y vampiros. Y conocemos muchos hechizos para detener a ambas razas. El único problema es que esa magia requiere mucho poder.
- Por eso tu sangre…
- ¿Su sangre? – dijo Zaon sin dejar que Alex terminara - ¿has bebido su sangre?
- Si – dijo Alex - ¿Por qué?
- ¡Idiota! – rugió Zaon – ahora puede controlarte. Su sangre corre por tus venas. Ahora apenas necesita poder mágico para controlar tu mente. ¿Qué quieres de él?
- ¿Yo? – pregunto Neko - ¡le he salvado la vida! En ese momento no pensaba en poder controlarle. ¡Solo en salvarle la vida!
- ¿sabias quien era? – pregunto Alex.
- No. Acabo de enterarme.
- Claro – dijo Alex – muy conveniente ¿no? ¿Qué usaste conmigo? Mandaste a tu madre a atácame ¿verdad? Querías acercarte a mí. Al príncipe de la orden roja.
- Eres idiota – dijo Neko – te recuerdo que tu me buscaste. Tú me pediste ayuda para curarte el mordisco. Tú me seguiste desde mi bar. ¿creías que no lo sabía? Te sentí tras de mi todo el camino. Y tú apareciste cuando aquellos lobos me atacaron en el Tric. ¿Y ahora te atreves a acusarme? ¡Te di mi sangre! Y no tomaste precisamente poca. Podrías haberme matado. Pero confíe en ti. ¡Idiota!
- Neko – pero Alex no pudo decir nada más. Neko había salido a la calle. El vampiro no podía seguirla bajo el sol.
Neko caminaba sin rumbo. "Será idiota. Le salvo la vida y encima se atreve a acusarme. ¿Por qué te mezclaste con vampiros? Joder Neko. Pegarse un tiro habría sido más rápido".
La bruja ando durante varias horas. Finalmente decidió volver a casa. Sabía que los vampiros seguirían allí. Pero ¿Qué opción tenía? Era su casa.
Neko entro en la casa. El cambio de luz la desoriento por un momento. Aun estaba débil por la perdida de sangre.
Un repentino mareo la invadió y su equilibrio se fue al traste. Antes de poder darse cuenta de nada se precipitaba hacía el suelo.
Neko cerró los ojos y puso sus brazos a modo de protección. Pero el golpe no llegó. La chica sintió unos fuertes brazos rodear su cintura. Abrió los ojos y vio a Alex sujetándola.
- ¿Te encuentras bien? – pregunto Alex.
- Perfectamente – dijo Neko liberándose de los brazos del vampiro y dirigiéndose a la cocina.
- Deberías descansar – dijo Elia cuando Neko entro en la cocina – tienes mala cara.
- Estoy bien – dijo la bruja – solo necesito comer algo.
- Chicos – dijo Alex – podéis dejarnos solos un momento ¿por favor?
- Claro – dijo Zaon. Los dos ancianos salieron de la cocina sin decir nada más.
- Neko – dijo Alex – tenemos que hablar.
- No tengo nada que hablar contigo, tú lo has dicho. Yo solo quería acercarme a ti. Darte mi sangre para controlarte. Ya he cumplido mi misión ¿no?
- Neko… lo siento – dijo Alex sin apenas mirarla – me he comportado como un…
- Vampiro – dijo Neko – eso es lo que eres. No se porque creía que sentías algo. Los vampiros solo sentís hambre. Vivís para comer, matar licántropos y jugar con las humanas.
- Neko
- Debí de tomarme algo que me sentó mal. Porque si no, no entiendo como pude pensar que tu… - Neko no termino la frase.
- Neko – dijo Alex acercándose a la bruja – lo siento. Antes me he comportado como un idiota. Perdona. Es que la idea de que tu… de que tu me utilizases
- En todo caso – dijo Neko – tú eres el que me ha usado. Has jugado conmigo. Y sigues haciéndolo. ¿crees que ese papel de vampiro abatido me hará reblandecerme?
- No es ningún papel – dijo Alex – cuando te vi… en ese momento supe que eras la elegida.
- No he sido elegida para nada – dijo Neko alejándose del vampiro – no pienso ayudarte.
- ¿Ayudarme?
- ¿Crees que soy idiota o que? – dijo Neko impasible – eres un vampiro. El príncipe de la orden roja. Hay pocas opciones. Puede que quieras transformarme porque mi poder sería muy útil a los vampiros. O tal vez solo quieres evitar que me una a los lobos. Puede que solo busques una humana idiota para transformarla, casarte y ser rey. Sea cual sea tu plan… te has equivocado de chica.
- Te equivocas – dijo Alex – es cierto que quiero transformarte. Pero no por esos motivos. Quiero hacerte vampira porque te quiero a mi lado. Por los siglos de los siglos.
- Pues mi respuesta es no.
- Sabes que puedo hacerlo a la fuerza – dijo el vampiro agarrando a Neko – pero prefiero que sea consentido.
- ¿Me sueltas? ¿o te obligo? – dijo Neko furiosa.
- No tienes suficiente fuerza.
- Te recuerdo que soy una domadora – En ese momento un brillo extraño apareció en los ojos de Neko y sin saber como ni porque Alex la soltó y retrocedió dos pasos. – si vuelves a hacer algo parecido. Te hago salir a tomar el sol.
Neko abandono la cocina dejando a un muy desconcertado Alex atrás.
Cuando entro al salón Elia y Zaon la abordaron.
- Domadora – dijo Zaon – hay que planificar tu protección.
- No – dijo la bruja en un tono que no admitía replica.
- Pero ahora has tomado partido – dijo Elia – los lobos vendrán por ti. Te mataran. Por muy buena aliada que resultes. Voluntario o no, consciente o no, premeditado o no. Para los lobos eres su enemigo. Y vendrán a por ti.
- Pues que vengan – dijo Neko.
- Por muy domadora que seas – dijo Elia – tus poderes no servirán para dominar a un número elevado de licántropos.
- Entonces – dijo Neko – será el momento de comprobar como de buena soy con la magia de muerte.
- ¿magia de muerte? – pregunto Elia – eso es imposible.
- Es posible – dijo Neko mostrando su tatuaje. El rostro de Elia cambio completamente. El miedo se reflejaba en su cara.
- ¿Qué es la magia de muerte? – pregunto Alex que acababa de entrar en la habitación - ¿Qué significa ese tatuaje que tanto te aterra Elia?
- La magia de muerte – dijo Neko – es la más poderosa de las magias. Como ya sabrás existe la magia viva. Que es la que se encuentra en la naturaleza. Cualquiera con un mínimo poder mágico puede usarla. Después esta la magia de curación. Con esa se nace. O la tienes o no. También existe la magia de ataque. Pero por poderoso que sea el brujo que la use esa magia no puede matar a nadie como mucho herirle de gravedad. Con esa también se nace. Y por ultimo esta la magia de defensa. Otra magia de nacimiento. Esta sirve, como su nombre indica, para protegerse. Tanto de ataques mágicos como de ciertos desastres naturales. Fuego, lluvia, etc. Pero muy poca gente conoce la magia de muerte. Hay muy pocos brujos de muerte. Nosotros nacemos con un poder ilimitado. Podemos usar todas las magias. La viva, la de ataque, la de curación, la de defensa y la de muerte. Con la magia de muerte, como su nombre indica, se puede matar a un enemigo. Fulminarle al instante. Puedes también capturar su alma o simplemente apartarla del cuerpo.
- Eso hace a los brujos de muerte – dijo Elia – prácticamente invencibles.
- ¿Y porque no es posible que Neko sea una bruja de muerte? – pregunto Alex – es decir ¿Por qué esta prohibido?
- Las domadoras – explico Zaon – son brujas de gran poder capaces de controlar a los lobos y a los vampiros. Son de las criaturas mágicas más poderosas que existen. Pero pueden controlar también a los humanos. A nosotros no nos preocupa esta última capacidad. Pero a los brujos y brujas humanos si. Por otro lado los brujos de muerte son las criaturas mágicas más poderosas. Por ese motivo la comunidad mágica prohibió la unión de estas dos razas. Imagínate el poder de una criatura capaz de sentir y dominar a lobos, vampiros y humanos y que además posee el poder para matar a quien guste.
- Alex, si esta bruja lo deseara podría eliminar a todos los humanos, o a todos los lobos o a todos los vampiros del mundo – dijo Elia – solo debe sentirlos y usar su magia de muerte para acabar con ellos. Eso preocupaba mucho a los humanos. No porque nos eliminara a nosotros o a los lobos, sino por si era transformada y eliminaba a todos los humanos.
- Por eso prohibieron la unión entre domadoras y brujos de muerte – dijo Zaon – pero entonces ¿Cómo es posible que tu existas?
- Mi madre era una domadora – dijo Neko - pero perdió su poder. Uso demasiada magia contra un vampiro muy poderoso y la agoto casi completamente. Entonces conoció a mi padre. El era un brujo de muerte. Pero mi madre ya no estaba contemplada como domadora. La comunidad mágica creía que había perdido todo su poder. Por eso no dijeron nada.
- Pero ¿y las pruebas del consejo mágico? – dijo Elia - ¿no rebelaron tus dos poderes?
- No pase las pruebas – dijo Neko – cuando nací, mi padre percibió enseguida mi poder. Sabía que yo era una bruja de muerte y una domadora. Por eso nos mando a mí y a mi madre lejos. Mi madre uso el apellido de soltera de mi abuela y cambio su nombre. Por eso yo llevo el apellido de soltera de mi abuela. Mi padre fue ejecutado por traición. Pero nunca nos encontraron a nosotras. Mi madre me hizo el tatuaje en una zona poco visible. La nuca. Y me dijo que debía ocultar mis poderes. Cuando cumplí 10 años me mando ante el consejo. Por ese entonces yo ya sabía esconder mis poderes de domadora así que las pruebas dijeron que yo era una bruja de muerte. Y como tal, estoy inscrita en el registro mágico.
- ¿pero y tu madre? – dijo Elia – en el momento que diste su nombre o el de tu padre debieron atar cabos.
- No di sus nombre – dijo Neko – estoy inscrita como huérfana. Les dije que me crié en la selva. Que sobreviví gracias a una tribu indígena. Y que el chaman de la tribu me había mandado a ellos cuando supo que era bruja. Se lo tragaron. Al fin y al cabo vivimos en el bosque maldito hasta que yo fui censada.
- Dios mío – dijo Elia.
- Si lo he entendido bien – dijo Alex – podrías acabar con los lobos o con los vampiros sin problemas.
- No del todo – dijo Neko – no tengo suficiente poder. Aun. Pero podría eliminar a todos los lobos y vampiros en un radio de 100 kilómetros.
- No puedo permitirlo – dijo Zaon. Entonces saco su espada y se lanzo contra Neko. La bruja extendió su brazo y recito un conjuro. El alma del vampiro salió de su cuerpo y floto sobre el - ¡Elia! ¡Acaba con ella!
- Quieta – dijo Neko mirando a Elia – no quiero mataros. Si quisiera hacerlo lo habría hecho hace tiempo. Voy a devolver el alma de Zaon a su cuerpo. Pero asegúrate de que no me ataque. Puede que haya sacrificado mi neutralidad. Pero en la medida de lo posible voy a conservarla. Matare a todo aquel que me ataque. Nada más.
- Bien – dijo Elia. Neko volvió a meter el alma de Zaon en su cuerpo. En el instante en que lo hizo, su rostro palideció y perdió el equilibrio. Alex la cogió rápidamente.
- ¿todo bien? – pregunto el vampiro.
- No – dijo Neko - he perdido mucha sangre. Y estoy usando demasiado poder.
- Deberíamos acabar con ella ahora que podemos – dijo Zaon.
- ¡No! – grito Alex – no nos ha hecho daño. Y esta claro que puede. Me ha salvado la vida en dos ocasiones. Y la quiero viva. Si algún vampiro se atreve a tocarla le matare. Y lo mismo vale para los lobos.
- Ya te he dicho – dijo Neko con una hilo de voz – que no necesito tu protección. – acto seguido la bruja se desmayó.
- Aun así – dijo Alex – la tendrás.
El vampiro tumbo a la bruja en el sofá y se sentó a su lado.
Mando de vuelta a los arcanos.
Quería que dieran la orden a todos los vampiros de la orden de que la protegieran. Quería que informaran a las otras órdenes de que era su protegida. Y que corriera la voz para que los lobos se enterasen también.
No le diría nada a Neko. Sabía que ella se negaría. Apenas la conocía, pero sabía que era más terca que una mula.
A los arcanos no les hizo mucha gracia. Salir de día solo para llevar un mensaje de protección para una bruja que podía cuidarse sola. Pero ordenes son ordenes. Y converso o puro Alex era el príncipe de la orden.
