Capítulo 2
Albus Severus Potter miraba cada cierto tiempo desde la sala hacia la puerta de La Madriguera, con un nerviosismo cada vez más apremiante, ya que había empezado a oscurecer y aunque apreciaba aquello debido al insoportable calor que había hecho durante todo el día (según las noticias estaban ante uno de los peores veranos de los últimos años, y en opinión de Albus no se equivocaban) también significaba que se estaba haciendo tarde y su padre no aparecía por ningún lado. Y aquello no solo inquietaba a Albus, también su madre Ginny, aunque tratara de ocultarlo con sus bromas sobre las maneras de comer del tío Ron, cada cierto tiempo miraba su reloj, que Albus sabia era una versión en miniatura de la versión de la casa de sus abuelos. Albus sabía que su padre no podía faltar, no lo podía dejar botado el día de su cumpleaños.
Todo estaba listo, globos de colores se encontraban esparcidos por distintos sectores de la casa, serpentines, y como era costumbre la abuela Molly con ayuda de su madre habían horneado un espectacular pastel de cumpleaños con forma de campo de Quidditch (Albus y James eran tan fanáticos del mágico deporte como sus padres). Era un cumpleaños especial para Albus, era su undécimo cumpleaños, eso significaba que aquel era el año. Ese año por fin entraría a Hogwarts. Y era una noticia que lo entusiasmaba y le atemorizaba a partes iguales.
Era increíble que ya solo faltaran un poco menos de dos meses para poder conocer el impresionante colegio, hogar de tanta historia y tantas hazañas, cuna de grandes magos como Godric Gryffindor, Merlín (o al menos eso afirmaba la leyenda), Albus Dumbledore, y aunque sonara soberbio, su padre. Difícilmente alguien había vivido tantas cosas en su estadía en Hogwarts como lo había hecho Harry Potter. Y eso le entusiasmaba, con un poco de suerte él también podría vivir algunas aventuras propias…
— Sabes que no vas a hacer que papá aparezca a base de fuerza de voluntad ¿no? Le cortó el hilo de los pensamientos su hermana Lily mientras se sentaba a su lado en el sofá.
— ¿Y tú qué sabes? A lo mejor me lee la mente a la distancia. Alguien a su espalda soltó una carcajada.
— Tu padre es un legeremente pésimo Albus. Exclamó su tío Ron mientras trataba de frenar el ataque de risa sin verdadero éxito, — Todo el mundo lo sabe, por supuesto que lo compensa con sus otras aptitudes. Corrigió raudo ante la ceñuda mirada que le arrojó su hermana Ginny al otro lado de la sala.
De pronto un ruido seco se escuchó en las afueras del jardín, y segundo después la puerta de entrada se abrió dando paso a un Harry Potter ataviado con una suave capa de color verde oscuro, y un sombrero de ala ancha. Los dos hijos que se encontraban en el mueble se levantaron como un torbellino corriendo hasta donde estaba de pie su padre con los brazos abiertos, preparado para darles un abrazo.
— ¡Eso! Venga ¿os alegráis de verme cierto?, soltó una pequeña carcajada — Yo también me alegro de veros chicos. ¡Ey! no tan fuerte que me vais a tumbar. Dijo mientras soltaba otra débil carcajada — Lo siento, hoy estoy cansado ¿Y James?
Una vez que los dos chicos terminaron de saludar a Harry, este se quitó el sombrero y la capa y las colgó en el perchero que más bien parecía una montaña de capas, y procedió a saludar a los presentes en la sala.
— ¿Qué te retuvo tanto tiempo? Fue el recibimiento de su esposa incluso antes del ceremonial beso que se daban. Estaba claro que no le hacía mucha gracia.
— Lo siento, Kingsley me llamó para tratar unos asuntos relacionados con la seguridad del Ministerio, especialmente de los miembros del Wizengamot incluyendo a tu esposa Ron, quien es la causante de todo este alboroto. Lo dijo en tono serio, pero Ron se rio con ganas.
— Si, pero bueno tu sabes como de cabezota puede llegar a ser cuando una idea se le instala en esa cabecita que tiene.
— ¿Quién puede llegar a ser cabezota Bilius?, dijo una voz desde el umbral de la puerta de la cocina, Ron se puso pálido al instante. Su esposa lo había pillado. — Nadie mi amor, respondió con voz chillona.
— Hola Harry, ¿Cómo estás?, le saludo Hermione Weasley desde el umbral de la cocina — Hasta un poquito tarde se extendió la reunión con Kingsley ¿no?
— Aun seguiría allí, Kingsley no paraba de hablar, tuve que decirle que era el cumpleaños de Albus para poder venir, gracias. Agregó mientras le guiñaba un ojo a su hijo mientras todos se reían, Albus incluido.
— Tú te lo perdiste compañero, intervino Ron — Jugamos la partida de Quidditch sin ti y os machacamos, 340 a 60. Ginny ni vio la Snitch, Charlie casi la atrapa en sus narices.
— Tampoco fue así, rebatió airada su madre Ginny —Solo porque te anotaron las únicas seis veces que te dispararon, no tienes que tratar de hacer parecer que fui la que peor jugó, te recuerdo que de los presentes fui la única que ha jugado en un equipo profesional de Quidditch…
— Si, si, ya nos sabemos tu historia. Que jugaste cinco años en Las Arpías de Holyhead pero te retiraste para formar una familia, que ternura, se me saltan las lágrimas por tu noble sacrificio. Soltó Ron — El deporte fue el único que te lo agradeció, ya que verte jugar todas las semanas era una tortura.
— ¡Ahora sí que te mato!
— Bueno, bueno. —Pronunció Harry una vez que había tomado a Ginny de la cintura para impedir que esta se abalanzara sobre un Ron que había huido despavorido a esconderse detrás de su esposa —Tampoco hace falta ponernos violento ¿verdad?
— Exacto, ¡secundado! Exclamó tío Ron quien volvió a ocultarse tras tía Hermione, mientras Ginny le lanzaba una mirada furibunda.
— A todas estas ¿Dónde están todos? Preguntó Harry mientras soltaba a Ginny.
— Justo a eso venia, — Respondió Hermione —Molly supuso que quien acababa de llegar era Harry y me pidió que os avisara que todos están atrás.
Todos procedieron a seguir a Hermione quien les guiaba a través de la cocina hasta el enorme patio trasero de la casa de los señores Weasley, allí se encontraba una gran carpa cubierta de globos con forma de balones de Quidditch y escobas pegadas a los postes por lo que parecía como si alguien hubiera hecho un desastre en un vestuario de un equipo de Quidditch. En medio de todo aquello, se encontraba una larga mesa de manteles verdes (color favorito de Albus), abarrotada de comida y bebidas y dulces de distintas clases, y alrededor de la misma se encontraban los miembros de la familia: El abuelo Arthur (quien ya no trabajaba en el Ministerio de Magia, por jubilación forzada) y la abuela Molly, se encontraban charlando con su hijo Percy y sus nueras Audrey y Fleur. El tío Bill, esposo de Fleur, hablaba animadamente con el tío George, su esposa Angelina y el tío Charlie, quien se encontraba en Inglaterra en aquellos momentos debido a tratados que estaba haciendo el gobierno Mágico de Rumania con Inglaterra sobre dragones para la reserva donde trabajaba el tío Charlie.
Los chicos estaban un poco más alejados, seguramente en espera de huir de las tediosas charlas de los adultos, Molly, hija de Percy y Audrey se encontraba hablando con Dominique y Louis, ambos hijos de Bill y Fleur, y por lo que pudo observar Albus, los estaba matando del aburrimiento, Roxanne, la hija de Fred y Angelina, hablaba de forma muy animada con su prima Lucy, la otra hija de Percy, el hermano de Albus, James se desternillaba de la risa junto a Rose, hija de Ron y Hermione por alguna broma que estaban compartiendo con el hermano de Roxanne, Fred II, llamado así en honor del hermano gemelo de George, quien muriera durante la batalla de Hogwarts que enfrentó de manera definitiva a Harry Potter contra Lord Voldemort, el único que se encontraba solo era Hugo, el hermano menor de Rose, pero Albus supo que aquello no le importaba mucho ya que estaba cogiendo todo lo que encontraba en la mesa y se lo comía mientras el resto hablaban distraídos. Mucho más alejados, bajo un árbol se encontraban el ahijado de Harry, Ted, a quien todos (en especial los hijos de Harry trataban como a un primo) y la prima Victoire, la otra hija de Bill, bastante cerca por lo que pudo observar Albus.
— ¡Harry! Exclamó la abuela Molly mientras envolvía a su padre en un caluroso abrazo una vez estuvieron lo bastante cerca —Oh, querido, pensé que no ibas a llegar nunca.
— Si, Molly, lo siento, veras, cosas del trabajo, tu entiendes.
— ¡Ja! ¿Qué si entiendo?, más de una vez estuve en la madrugada sentada en esa cocina viendo ese condenado reloj con el corazón en un puño mientras Arthur corría detrás de sus cachivaches muggles.
Todos se rieron incluyendo al abuelo Arthur, Albus por su parte sabiendo que su padres y sus tíos se unirían a la tediosa charla de los adultos, decidió seguir los pasos de Lily quien ya se había alejado de los grandes y hablaba con un Hugo que se esforzaba por contestarle mientras tenía la boca llena, Albus fue a donde estaba su hermano.
— ¡Oh! ¡Pero mirad nada más quien nos honra con su presencia! Exclamó con mucha fanfarria Fred II, mientras James y Rose se reían, con seguridad del ultimo chiste de su primo. Al parecer había sido bueno. A Rose aún se le salían las lágrimas. — ¡Es nuestro cumpleañero de verdes ojos!, concédenos el honor de unirte a nosotros, simples mortales.
— Deja ya Fred, le respondió Albus mientras le hacía un ademan con la mano restando toda importancia a las palabras dichas por su primo. Rose aún continuaba riéndose. — ¿Qué hacéis?
— Vale, te lo cuento porque sé que no eres un chismoso, imaginábamos lo aburrido que debía ser esa conversación que están teniendo nuestros queridos Dominique y Louis con la adorable aunque soporífera Molly.
— Es que se nota a leguas que Louis está a punto de caerse dormido. Terminó de decir James. — A lo mejor sea algo sobre como planea convertirse en jefa de todos los prefectos de Hogwarts este curso…
—…Y luego en directora del Colegio, siguió Fred —Y hacerle un Golpe de Estado al Ministro de Magia, y luego convertirse en Suma Emperatriz del Universo, y convertir a los duendes en sus esclavos, y utilizar a los centauros para que empujen sus carruajes llenos de oro y…
— La verdad, interrumpió Albus a un Fred que cada vez iba introduciéndose más y más en su relato de ambición y poder. — Hablaban de maquillaje, alcancé a escuchar una parte cuando venía de camino hacia acá.
James se llevó las manos a la cara mientras Fred que ya había asumido una pose dictatorial como amo y señor del universo en una roca se quedaba mirando a Albus como si le hubieran arrojado un hechizo aturdidor. —Tú sí que sabes cómo quitarle la diversión a las cosas primo.
Luego se bajó de la roca donde había estado haciendo su pequeño monologo y se sentaba en la hierba junto a James y Rose. Albus hizo lo mismo.
— Bueno chavalines, empezó Fred tomando por los hombros tanto a Albus como a Rose quienes habían quedado a ambos lados suyos —Así que once años, eso significa que el próximo primero de septiembre podréis acompañarnos en cierto tren de color rojo a la mejor escuela de magia del mundo. Aunque aún no han llegado vuestras cartas ¿no?
Los chicos asintieron y entonces James intervino.
— Yo que vosotros no me confiaría mucho en que llegaran las cartas, el curso pasado en Hogwarts Demetria Dogswood de 4to año nos contaba que su hermana a pesar de ser bruja no recibió su carta y que sus padres tuvieron que inscribirla en un colegia muggle.
Albus noto como su corazón se paraba por una milésima de segundo y volteó a mirar a Rose quien se había puesto tan pálida como la tía Fleur.
— ¿En serio?, replicó Fred — Si mal no recuerdo, la enviaron a Beauxbatons porque en realidad el padre de ambas había estudiado allí y la hermana de Demetria aceptó la invitación que le llegó de Francia, cosa que Demetria no hizo por "temor a que la secuestraran los franceses". Tampoco les metáis miedo a los chicos.
Ambos (Albus y Rose) suspiraron de alivio, mientras James se reía por el susto que les había causado. Rose le respondió con un "eres un imbécil James".
— Aunque la verdad es que se me hace raro que no hayáis recibido la carta aun. Continuó hablando Fred — Yo la recibí más o menos para estas fechas. Pero no os preocupéis, la recibiréis más temprano que tarde.
Fue un alivio que Fred (quien a pesar de ser un bromista al igual que James, se tomaba con más madurez el hecho de que los chicos estaban muy nerviosos por entrar al colegio) les hablara un poco más acerca de Hogwarts ya que llevaban un montón de tiempo escuchando las "historias" de James acerca de cómo el Barón Sanguinario destripaba niños en el 5to piso o de cómo debían dar 3000 vueltas al campo de Quidditch antes de poder entrar al equipo de sus casas, o en especial de como Rose por ser una sabelotodo insufrible iba a terminar en Ravenclaw resolviendo acertijos por el resto de su vida y de cómo Albus iba a terminar en Slytherin porque en el fondo era malvado.
Luego de un montón de tiempo de un Fred siendo extrañamente benévolo con sus primos, les llegó la voz de la abuela Molly de que era momento de cortar el pastel, Así que los chicos fueron todos a la mesa para cantarle el cumpleaños a Albus.
Luego de cantar el cumpleaños a Albus y de que tanto Ginny como Harry le entregaran sus regalos (Un diario, y una playera de la Selección Nacional de Quidditch autografiada por todos los jugadores por parte de Ginny y una Dragón Dorada, la última escoba de carreras del mercado cortesía de Harry), todos se alejaron un poco para ver como Albus probaba su escoba nueva, dejando solos a Harry, Ron y Hermione, esta última fue un momento a la cocina y luego regresó con tres cervezas de mantequilla bien frías. A los tres les encantaban las cervezas de mantequilla, les recordaba a su periodo de colegio.
— Y bien Harry, cuéntanos. Empezó Hermione — ¿de qué tanto hablaste con Kingsley?
— Pues verás, al principio no hablamos nada sobre lo de la Ley, cuando llegué a su oficina estuvimos hablando de las medidas de seguridad que tendríamos en toda Inglaterra con la llegada del Primer Ministro Japonés de Magia que es la semana que viene y anduvimos bastante tiempo ocupado con eso, es una visita muy importante para la nación, y con tanto loco suelto luego de todo este alboroto que causaste (Hermione lo miró molesta) ¿Qué? Es la verdad, no digo que lo que haces este mal, solo digo que ha levantado mucho revuelo.
— ¿Pero cómo no va a haber revuelo con eso? Interrumpió Ron — ¿Levantar el Estatuto del Secreto? Solo a ti—Señaló a Hermione acusador— se te ocurre una locura semejante.
— Yo no lo considero locura, replicó airada Hermione, Ron ya había encendido la mecha. — Considero que esto del Estatuto del Secreto es una patraña, tanto magos como muggles pertenecemos a la misma especie y no deberíamos escondernos de ellos, eso solo sirve para dividirnos y le da pie a cualquier lunático como Voldemort, ¿quieres pasar por ello de nuevo? Porque yo no quiero, y no quiero que mis hijos pasen por ello, ni mis nietos, y estoy segura que Harry tampoco quiere pasar por ello. Ya lo dijo Dumbledore hace muchos años "Debemos optar entre lo que está bien y lo que es cómodo" vivir ocultos de los muggles es la opción cómoda, yo prefiero elegir lo que está bien.
—Bueno después de hablar de la seguridad para la visita del Primer Ministro, comenzamos a hablar sobre vuestro tema, y la verdad es que Kingsley está muy preocupado con la seguridad de todos aquellos en el Wizengamot que están a favor de la abolición del Estatuto, en especial de la tuya, y yo también lo estoy chicos. Hermione, tu sabes que te apoyo en lo que sea, siempre ha sido así, pero considero que esta es la decisión más peligrosa que has tomado en toda tu vida.
— Por supuesto que lo es, — volvió a intervenir Ron, — Si ya se lo he dicho un montón de veces desde que me lo contó, está buscando que la maten. El Estatuto del Secreto tiene más de 300 años, los magos ya han formado sus vidas y sus culturas alejadas de las muggles y nos sentimos bien así, los muggles, lo único que saben llevar a través del mundo es la guerra y la muerte. Si en la Edad Media quemaban a las brujas hoy en día les lanzaran una bomba "afónica"…
— Atómica — Corrigió Harry
—… Eso, atómica, y nos van a exterminar. Tomó un poco de aire y al final soltó —Todo lo nuevo que descubren lo quieren conquistar.
— Estoy segura que no llegaremos a eso.
— De eso no está seguro nadie.
— Bueno, — intervino Harry — El meollo del asunto es que al final Kingsley ha decidido poneros vigilancia y protección tanto a ti como a todos aquellos del Wizengamot que han expresado su apoyo a tu proyecto. Tendremos que hacer unas cuantas entrevistas de trabajo nuevas pero estaremos bien.
— ¿Kingsley no te dijo que opinaba del asunto? Preguntó Hermione.
— Te lo acabo de decir, va a poneros protección.
— No me refería a eso, me refería a si te había dicho si estaba a favor o en contra.
— No, la verdad es que no me dijo nada sobre eso.
Harry notó que la expresión de Hermione cambiaba un poco así que preguntó.
— Herms. ¿Está todo bien?
— No lo sé, eso creo… Es que… Ahora que estamos hablando de esto, todo en el trabajo ha estado muy raro. Ayer se me acercó Bradley Bolton del Archivo Histórico del Wizengamot preguntándome por su esposa Laura, la asistente de Kitherion Aldstom que si la había visto en actitud sospechosa y tal. Yo la verdad es que con todo esto no le he prestado mucha atención pero preguntando a Bradley y a su mejor amiga Cynthia Stevenson de la Oficina Contra el Uso Incorrecto de la Magia, me dicen que Laura no ha estado muy bien desde que regresó de sus vacaciones forzosas en Grecia.
— ¿Forzosas dices? Preguntó Harry
— Forzosas, repitió Hermione —bueno eso fue lo que entendí, al parecer Aldstom la obligó a tomarse unos días libres debido a que la sobrecarga de trabajo la estaba afectando.
— Deberías estar orgullosa, le reprochó con sarcasmo Ron, Hermione le miró con severa frialdad, lo que provocó que este resoplara.
— Si dices que estaba afectada antes de irse de vacaciones, a lo mejor es que estas no surtieron efecto y todavía se encuentra bajo estrés.
— No Harry, al parecer no es eso lo que la afecta, quienes la conocen, incluso Aldstom dicen que en lo que respecta al trabajo, se ha desempeñado de maravilla. Al parecer es otra cosa, no terminan de entenderlo, solo que actúa raro. ¿Podrías echarle un vistazo?
— ¿Es en serio? Hermione por si no lo mencioné antes, voy a tener que contratar a unos cuantos chicos de la Academia porque me falta personal ¿ahora tú me dices que espíe a una chica solo porque no le ha dado un beso a su marido?
— Harry no creas, no es cualquier persona, se trata de la asistente del principal defensor de mi propuesta, se maneja con información muy delicada.
Harry resopló.
— Está bien, pero solo lo hago porque se trata de ti Hermione, en lugar de vigilar a una desconocida debería estar protegiéndote, porque estás buscando que te maten.
— Creo que soy lo suficientemente grandecita para cuidarme yo sola ¿no crees? Le respondió su amiga.
— Vale, ¿Qué necesitas que haga?
Albus se encontraba sentado solo a los pies de un árbol cercano a la fiesta, James le había quitado (casi a la fuerza) la Dragón Dorado y la estaba probando entre los arboles del bosquecillo que había cercano a La Madriguera, pidiéndole a gritos a su padre que para su cumpleaños quería una escoba de carreras igual.
Allí sentado lo encontró su prima Rose, meditabundo, mirando hacia la mesa donde todos miraban divertidos como el Tío Ron y Hugo, repetían el enésimo trozo de tarta, Albus no reía.
— ¿Qué haces? Le preguntó Rose, más que nada para quebrar el silencio.
Albus no respondió
Rose no se inmutó ante el silencio de Albus y se sentó junto a él, lo conocía a la perfección, ambos eran el primo favorito del otro, sabía que cuando el joven Potter no hablaba con nadie, era porque algún tema lo tenía muy preocupado. Así que le preguntó:
— ¿Piensas permanecer callado toda la noche? ¿O vas a contarme que es lo que te ocurre?
Albus no respondió.
Pero pasados unos minutos, Albus soltó unas palabras, casi en un susurro.
—Tengo miedo.
A Rose se le hizo muy extraña una confesión de ese calibre y más de parte de un Potter, los conocía muy bien, ni siquiera Lily Luna expresaba emociones de esa manera, además de que los tres chicos eran en extremo valientes, lo llevaban en la sangre, por lo que, algo muy delicado tenía que estar ocupando la mente de Albus, para que se expresara de aquella forma. Se acercó un poco más:
— ¿Cómo dices?
— Que tengo miedo Rosie, tengo miedo de no estar a la altura, tengo miedo de no preservar en Hogwarts el honor del apellido Potter.
— Albus no te atormentes con eso, todo irá…
— Tengo miedo de quedar en Slytherin.
Aquello dejó a Rose descolocada.
— ¿Cómo dices?
— No quiero quedar en Slytherin Rose, ¿y si quedo allí? Significará que soy en el fondo malvado.
— No, no, no Albus, por Merlín no, no le prestes atención a lo que sea que haya dicho James, solo lo hace para comerte el coco, ni él se lo cree, por supuesto que no vas a quedar en Slytherin, tu padre es uno de los Gryffindor más importantes de la historia, eres un Gryffindor, lo llevas en las venas, esa es tu casa.
— Hay cuatro casas Rosie, es una posibilidad, podría quedar en cualquiera, y no me importaría, mientras no sea Slytherin, los odio Rose, y estoy seguro que ellos me van a odiar a mí.
— No pienses en ello Albus, tu hermano es un idiota y solo quiere molestarte, ambos quedaremos en Gryffindor y serán los mejores años de nuestras vidas. Disfruta el momento, que hoy es tu cumpleaños, no deberías llenarte la cabeza con estas tonterías, un Potter en Slytherin ¡Por Merlín! Anda levántate, vamos a donde están todos. Y así Rose Weasley Granger se levantó y se encaminó a la mesa donde estaban todos aun riendo por las caras llenas de pastel tanto de Ron, como de Hugo.
Albus se levantó, Rose tenía razón solo se estaba llenando la cabeza con tonterías, Un Potter jamás pertenecería a Slytherin, era tan absurdo como que el tío Ron pasara un día sin comer, y así con el ánimo más repuesto, se encaminó a donde estaban todos reunidos y le brindó una sonrisa radiante a Rose mientras con los labios le gesticulaba un silencioso 'gracias', Rose Weasley sabia siempre como levantarle el ánimo.
