Soy pésima para ponerle nombre a estas cosas pero en fin... Aquí se los dejo con mucho cariño :P
2° Capi
"El Silencio"
Caminaban al mismo ritmo pero a distancias diferentes, el tenista por delante y ella tras él. No se hablaban, cada uno en su propio mundo; así siguieron hasta que el ambarino se detuvo. –Espérame aquí. –Ordenó, a lo que la chica le hizo caso, mientras esperaba comenzó a observar el lugar; estaba tan en su mundo que era como si hubiera despertado en otro lugar, no sabía cómo había llegado allí ni donde estaba exactamente, no conocía esas calles ni menos la casa que estaba frente a ella.
-Ya puedes entrar, no hay nadie.
-Ryoma-kun… ¿esta es… tú casa? –Preguntó la ojos rubí con inocencia y ternura, como si la Sakuno que había estado en las canchas de tenis ese mismo día ya se hubiera ido.
-Dijiste que no querías ir a tu casa –Respondió el tenista mientras entraba para que ella le siguiera.
Sakuno caminaba lentamente y con un leve sonrojo en su rostro. La entrada de la casa era enorme, mucho más grande que la casa de alguien normal, no podía imaginarse cómo sería el resto. Se sentía mucho más insignificante de lo normal, pero a pesar de todo estaba en la casa de su príncipe, tenía el privilegio de ser la primera en conocerla, pero eso era lo que menos le importaba en ese momento.
-Ryoma-kun.
-Hump? –Contestó sin interés mientras tomaba dos pontas del refrigerador.
-Yo… no puedo quedarme aquí… ¿Qué… qué dirán tus papás? –Habló con timidez, con la cabeza gacha y muy apenada.
-Dijiste que no podías ir a casa y ni modo te puedes quedar en la calle. –Le contestó con la sutileza que tiene siempre mientras le pasaba su ponta.
-Sí, pero… tu papa… y mi abuela…
-Si quieres no le decimos a mis padres.- Interrumpió sabiendo a lo que se refería. -Nadie tiene que saber que estás acá, por lo menos esta noche.
-Si… -Susurró apenada. –Gra… gracias… Ryoma-kun… -dijo muy muy bajito y no se refería sólo al hecho de haberla llevado a casa, en su mente estaba la imagen de ellos dos juntos.
-Sígueme. –Demandó el joven tenista haciendo caso omiso a sus gracias.
Se dirigían a su habitación, ya era tarde y sus padres habían ido a una cena de aniversario. Estaban solos pero mejor era hacerse el cansado e ir a dormirse temprano, así evitaría cualquier conversación.
Una cama, una lámpara, un escritorio y un closet, lo necesario para sobrevivir, a excepción de un sillón de tres cuerpos que estaba bajo la ventana; el cuarto de Ryoma no tenía nada en especial ,ningún adorno, poster o algo parecido, nada que reflejara sus gustos pero ha de admitir que era bastante grande y que estaba bastante ordenado.
-Traeré algo para comer –Exclamó el ambarino. -Ten… puedes ponerte esto para dormir, así te sentirás más cómoda. –
Pese a estar lloviendo hacía bastante calor. El ojiambar le ofreció una camisa que su padre no ocupaba a la chica.
La castaña asintió y observó al príncipe hasta que este desapareciera de su vista, se sentó en la orilla de la cama, intentaba tranquilizarse y no pensar en todo lo ocurrido. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y comenzó a temblar de nuevo, las lágrimas querían salir pero ella no quería dejarlas; miraba hacia el techo esperando que la gravedad la ayudara; respiraba profundo, suspiraba; bajo la cabeza y unas pocas lágrimas se escaparon y cayeron sobre sus manos que apoyaba sobre su falda.
Con el silencio de la casa era imposible no haberse dado cuenta, se pudo escuchar tan claro que no habían dudas, un sollozo llegó a los oídos de Ryoma; este bajó la mirada y apretó con fuerza el puño con el que mantenía abierta la puerta del refrigerador, su corazón se había apretado con fuerza como si fuera él quien estuviera llorando ¿Qué podía hacer? No lo sabía.
La cocina no era lo suyo, no sabía qué preparar o qué cocinar, no sabía que podría gustarle a ella, qué podría levantarle el ánimo; lo más probable es que no tuviera hambre, él no la tenía. ¿Y si sólo se acercaba a ella y la abrazaba? ¿Y si le preguntaba qué era lo que estaba ocurriendo? ¿Por qué la estaban buscando? ¿Por qué no podía volver a su casa? Si tan sólo su orgullo se lo permitiera…
Regresó a su cuarto con una bandeja en sus manos: unas galletas y chocolates con un vaso de leche tibia por si le apetecía algo dulce, "las chicas cuando están tristes comen chocolates" esa había sido su gran idea, tenía la esperanza de que funcionara. Cuando regreso con la comida Sakuno seguía sentada en la orilla de la cama con la camisa ya puesta, trenzaba su cabello mientras miraba hacia la ventana; no habían encendido luces y el reflejo de la media luna era lo suficiente como para que Ryoma pudiera observar una que otra lágrima que bajaba en silencio por sus mejillas. Su corazón se estremeció, jamás lo admitiría pero en el fondo le dolía verla así: sufriendo en silencio sin que él pudiera hacer algo al respecto.
Sakuno cerró sus ojos con fuerza y respiró profundo, bajo la cabeza y en un suspiro largo soltó toda su angustia, volvió a abrir los ojos y una pequeña sonrisa llena de esperanza apareció en su rostro. Ryoma seguía observándola desde la puerta algo sorprendido ¿Desde cuándo ella podía ser tan fuerte? Escondió la mirada bajo su gorra y entró a la habitación como si recién hubiera llegado allí. Dejó la bandeja con comida sobre la cama y se sentó, ambos se acomodaron para comer.
No hablaban ni se miraban, comían lentamente. Era incómodo, si hace unos días atrás eran entre compañeros de curso y "amigos" según los términos del Echizen, hace una hora se habían estado besando apasionadamente ahora parecían ser sólo conocidos; no tenían tema de conversación ni la confianza para hablar de lo ocurrido. Sakuno pensaba que a Ryoma no le importaba lo que le estuviera pasando y seguramente en este momento era sólo una molestia para su príncipe ¿Y Ryoma? Pues él simplemente no sabía qué hacer; si no podía tratar a la castaña con "cariño" en una situación normal ¿Cómo podría tratarla después de todo lo que había pasado?
Karupin entró para salvar la situación, atraído por el olor de la leche avanzó directamente hacia los brazos de Sakuno, saltó sobre sus piernas y se acomodó como si ese fuera su lugar favorito en el mundo. La ojos rubí soltó una risita divertida y comenzó a acariciarlo, el gato comenzó a ronronear y a moverse para que las caricias no se mantuvieran en un solo lugar; Ryoma sólo veía como su gato lo traicionaba y se dejaba caer en manos de una chica, pero… con esas manos ¿Quién se podría resistir a sus caricias? El tenista lo miraba con recelo y luego de un rato sus ojos reparaban en algo que antes no había notado. La camisa que Sakuno estaba ocupando le llegaba sobre las rodillas así que no era nada provocativo pero aunque parecía camisa de dormir de abuelita había algo de interesante en la escena… sus piernas torneadas le hicieron recordar que ya las había tocado antes y que en ese momento quería volver a hacerlo; escondió su mirada bajo su fiel gorra y no pudo evitar regresar a ese instante, un calor empezó a hacerse notar en su rostro ¿se estaba ruborizando?
-¡Miau! –Emitió el felino dando un gran salto al centro de la cama sacando a Ryoma de sus pensamientos.
El gato caminó en círculos arañando la cama para al fin acomodarse tras la espalda de Sakuno. El silencio volvió a aparecer y ya se empezaba a ser incómodo de nuevo, volvieron a observar a Karupin quien jugaba con el cabello de la castaña que caía tras sus hombros; sin darse cuenta el felino calló de la cama a lo que ambos comenzaron a reír y cuando se dieron cuenta de esto callaron y miraron hacia otro lado.
-Gra… gracias, Ryoma-kun… Rompió el silencio la ojos rubí mientras tomaba una galleta.
-No tienes por qué –respondió el ambarino al tiempo que abría una ponta de uva.
Sakuno sonreía tímida y Ryoma por su parte sonreía para sí. Habían pasado ya casi 4 años y ya se habían acostumbrado a la presencia del otro. Las frases cortantes de Ryoma ya no causaban el mismo sentimiento en Sakuno, ella ya había aprendido a entenderlas y sin darse cuenta, el ambarino la trataba con más amabilidad de lo acostumbrado. Era cierto que la castaña ya no tartamudeaba tanto cuando le hablaba al tenista, pero ese sonrojo y ese "-kun" seguían presentes y ese tono de voz inocente, ingenuo y tímido no desaparecía con nada.
Terminada la "cena" Ryoma dejó la bandeja sobre el escritorio, encendió la lámpara del velador y se dirigió al sofá. Sakuno lo miraba de reojo, no podía evitarlo; sus emociones ya se habían calmado y su mente comenzaba a procesar todo lo ocurrido por lo que se preguntaba ¿Por qué la había besado?
Lo seguía observando, no podía evitarlo, le seguía atrayendo pero ya podía controlarse cuando estaba con él. Metida en sus pensamientos lo miraba como si las respuestas que quería fueran a salir de él. De pronto sus ojos se abrieron y es que no estaba preparada para lo que sucedía.
Ryoma se estaba sacando la camisa ya que se preparaba para irse a dormir; para él era normal, pero para ella… su color de piel cambió dramáticamente a un rojo-fucsia-fosforescente y un pequeño gritito se ahogó en su garganta cuando Sakuno evitó que saliera con sus manos. El "modelo" le daba la espalda pero eso no evitaba que sus músculos bien formados se lograran esconder, ante el chillido de la castaña el tenista volteó a verla; sus miradas se conectaron en un milisegundo y Sakuno bajo la cabeza avergonzada.
-¿Te pasa algo? –Preguntó el tenista del cuerpo extraordinario sabiendo qué era exactamente lo que le sucedía a la chica.
-¡No! –Respondió ésta rápidamente sin levantar la mirada. –no pasa nada. –Replicó
-Yo dormiré en el sofá –Explicó el tenista mientras sacaba un cobertor del closet.
–Déjame ayudarte. –habló rápidamente para intentar sacar de su mente esa imagen.
Se levantó deprisa de la cama y sobre el sofá extendió el cobertor que le quitó de las manos a Ryoma. Lo acomodaba con sumo cuidado intentando tardar lo más que podía en esa tarea para tener el tiempo de tranquilizarse y para que su rostro volviera a su color normal.
Por su parte Ryoma la observaba cautelosamente. La luz de la lámpara de mesa era la única que iluminaba la habitación: una luz tenue y cálida. Desde donde se encontraba Ryoma, la luz dejaba traslucir la silueta de la chica y él no podía evitar sonreír con lo que veía; era cierto que los años habían pasado y quizás en ese momento recién le estaba tomando peso a lo que eso significaba: piernas largas y torneadas, una cintura pequeña y delicada, caderas no anchas pero que estaban allí, perfectamente equilibrada y que todo junto provocaba que sus hormonas comenzaran a revolucionar todo por dentro. No pudo evitar acercarse a ella, su cuerpo se movió sólo y su mente dejó de pensar, Sakuno terminó de ordenar, se incorporó y volteó sin darse cuenta que Ryoma estaba tras ella; quedaron frente a frente, su pequeño corazón empezó a latir con fuerza y el aire comenzó a acumularse dentro de sí: no quería mover ni un músculo.
-Ryoma… -kun… -Salió de sus labios entreabiertos sin su permiso.
Eso era lo que se necesitaba para hacer que el cuerpo del tenista siguiera moviéndose por su cuenta. Se acercó un poco más y la tomó por la cintura, acercó sus labios a los de ella y antes de tocarlos se detuvo; sus ojos entre abiertos y sus respiraciones lentas hacían que pareciera que el tiempo e había detenido. Con una mano acarició el rostro de la joven mientras la miraba directo a los ojos; pese a todo el tiempo que pasaban juntos durante las clases, los recreos, los entrenamientos, etc., nunca se había dado cuenta de todo lo que le atraía de ella, nunca se había tomado el tiempo de observarla detalladamente y darse cuenta de la mujer en la que se había convertido. Se acercó aún más, los deseos de besarla se apoderaban de él pero justo antes de hacerlo su mente tomó el control de nuevo y desvió el beso.
-Buenas noches Sakuno. –Dijo luego de haberla besado en la mejilla.
Ella se quedó sorprendida ¿Qué había pasado? –Buenas noches Ryoma-kun. –pronunció con un dejo de tristeza en su voz y se fue a acostar.
Durante la noche todo estaba en silencio, inmóvil. Sin embargo ninguno de los dos estaba durmiendo.
Sakuno pensaba en que haría mañana, no podría quedarse en casa de su príncipe por siempre, tarde o temprano tendría que ir a casa y enfrentar a su abuela y a ese sujeto. ¿Qué haría? ¿Qué diría? Tiene que tomar una decisión y no será fácil.
Ryoma pensaba en algo completamente distinto, en Sakuno. Estaba tan cerca de ella, pero su poca experiencia para tratar situaciones así lo tenía completamente confundido. ¿Por qué había actuado de esa forma? Él siempre sabía lo que hacía y creía tener completo control sobre sí mismo. Quería besarla ¿Desde cuándo esa sensación existía en su cuerpo? Un malestar en la base del estómago aparecía cuando pensaba en las canchas de tenis y en ese beso. –Sakuno… -Suspiró en su mente y se dio media vuelta en el sofá. Podía observar cómo ella respiraba y cómo su silueta estaba formada por las sábanas. ¿Por qué estaba así? ¿Qué le había pasado? ¿Por qué lloraba de la nada y luego sonría tan dulcemente como siempre? Como quisiera poder ayudarla, no podía negar que estaba preocupado, pero si podía esconderlo por un tiempo. Se durmió pensando en todo eso…
Ya habían pasado unas cuantas horas desde que Morfeo se había apoderado de ellos. Serian cerca de las tres de la madrugada. De repente Sakuno se despertó de un salto y se sentó en la cama asustada, para su suerte Ryoma estaba allí, sentado a su lado (aún sin camiseta) colocándole un dedo en su boca para que gritara.
-Ryoma-kun… -Murmuró sorprendida con un leve sonrojo ¿Qué hacia allí? ¿La había estado observando?
-Te estabas quejando mucho. –manifestó el ambarino.
-Lo siento, yo… -su rostro se entristeció y sus ojos se cristalizaron.
-Fue sólo una pesadilla. –Interrumpió él.
-Sí. –Respondió ella. –Pero era muy real. –Añadió con su mano cerrada en el centro de su pecho mirando hacia otro lado.
¿Qué le sucedía? Esa pregunta lo estaba volviendo loco.
-Ryoma-kun –llamó su atención la ojirubí. -¿Podrías…? –Tomó aire. -¿Podrías… d-dormir conmigo? –Preguntó mirando hacia un lado apenada y sonrojada.
Ryoma sonrió para sí. Le gustaba la idea y ya era muy tarde para estar llevándole la contraria a alguien; se metió bajo las frazadas, se acostó de lado mirando hacia el centro de la cama y cerró sus ojos. Sakuno sonrió algo avergonzada pero contenta, hizo lo mismo que su príncipe de modo que quedaron frente a frente pero separados por un espacio vacío en la cama donde se encontraban sus manos a centímetros de tocarse…
"Fin 2° Capi"
Espero les haya gustado, no tiene taanto drama como el primero, pero... no sé, opinen ustedes :)
Me gustaría subir el siguiente capi pronto pero esta semana tengo dos pruebas así que mucho por estudiar :( Nos vemos la semana que sigue :'(
Adiós queridos lectores ! Chau Chau.
