Adaptacja do to nowe życie mdłe (Adaptándome a esta nueva insulsa vida)
El tiempo paso, vivía relativamente tranquila y feliz con Ryan y su madre. Él era una gran compañía para mí, me impedía pensar en mi desaparecida familia y en el ataque de esos mounstros vivientes.
Ellos no habían atacado a otra familia en el pueblo, solo a la mía y otra, a dos kilómetros de distancia. Al poco tiempo después, el tema se volvió un tabú en el pueblecito donde vivía. Nadie hablaba de eso, era como si nunca hubiera ocurrido. Todo el asunto era irritante y desesperante, pensaba que mi pueblo me ayudaría a pasara más rápido el dolor, pero era al contrario, su indiferencia era desesperante. Sentía que a nadie le importaba que hubieran exterminado a toda mi familia. Pero solo calmarme con las palabras de Ryan: "Tienen miedo a aceptar la verdad, por eso nunca hablan de ello, por eso tienen pánico de tocar el tema. Piensan que por hablarlo o recordarlo, les pasará lo mismo"
Mi pueblo vivía atemorizado y todo por esos malditos bastardos asesinos.
.
Sin pensarlo mucho, ya había pasado un año desde esa fatídica tarde, un año de convivencia con Ryan. Era genial vivir junto a él, era mi amigo…mi mejor amigo, él único al que podía contarle todo, teníamos una confianza increíble, podíamos hablar sobre lo que sea. Era mi confidente.
Con los meses me había ido dando cuenta que no le era indiferente, le atraía. Teníamos muchas cosas en común: los mismos gustos, la misma cultura, ambos somos judíos, casi de la misma edad; él tiene 17 y yo 16, y lo más importante, nos entendíamos a la perfección.
Sabía que le gustaba y él también me gustaba a mí, pero también sabía que Ryan nunca me lo diría, era demasiado tímido como para confesarme sus sentimientos, por más confianza que nos tuviéramos, sabía que eso nunca pasaría. Así que yo era la que debía dar el primer paso si es que quería algo con él.
-Ryan, hay algo que tengo que decirte…-comencé nerviosa. Estábamos descansando en uno de las praderas cerca al pueblo, como era común en nuestros múltiples paseos.
-Dime Gabriela.- dijo sonriendo, por completo ajeno a la bomba que estaba a punto de soltarle.
-No sé como te lo tomarás…pero…- temía que se lo tomara mal y que ya no pudiéramos ser amigos. Eso me destruiría.- Igual te lo tengo que decir…- Ryan no me interrumpió en ningún momento, solo esperó en silencio; eso fue de gran ayuda, si él hubiera dicho alguna palabra probablemente ya no le hubiera dicho nada.- Me gustas…y mucho, siempre estás a mi lado, siempre has estado ahí cuando te he necesitado, apoyándome, cuidándome, dándome alientos, calmándome, sacándome una sonrisa…Eres mi mejor amigo, pero…quiero que seas mucho más que solo eso.- terminé de decir todo esto mirándolo fijamente a los ojos, tratando que ellos mostraran que mis sentimientos eran sinceros y puros.
-¿Te gusto?-inquirió algo confuso, yo solo asentí con la cabeza, más roja que un tomate. Si había malinterpretado las señales y a Ryan no le gustaba, estaba segura que me molestaría con eso por siempre.- ¿Te parezco atractivo? ¿Guapo?- volví a asentir, aún más avergonzada. Pero todo era verdad, Ryan era alto, bastante pálido, con unos bellos ojos marrones, delgado, pero muy fuerte y atractivo a la vista de todas las muchachas del pueblo.- ¿Quieres ser mi novia Gabriela?
Eso me descolocó por completo, no me esperaba que tomara el control de la conversación, ni siquiera me esperaba que me preguntara para ser su novia, venía preparada para ser yo la que se lo dijera.
-Sí, quiero ser tu novia Ryan.- respondí sonriendo, bastante emocionada. Él me sonrió y me abrazó muy fuerte. Nos separamos un poco, pero aún así nuestros rostros estaban tan cerca, solo queríamos unirlos, lentamente nos fuimos acercando el uno al otro para luego darnos el más dulce y casto de los besos, fue apenas un roce, pero para mí fue simplemente maravilloso.
Después de eso, todo fue lentamente mejorando. Cuando Lucy se enteró de nuestra relación se llenó de dicha y alegría, agarrándome aún más cariño del que ya me tenía.
Todo estaba perfecto, sobre todo por las noticias que llegaban de la ciudad de Varsovia: Francia y Alemania habían firmado un acuerdo de no agresión.
Cuando escuchamos esto empezamos a vitorear, a gritar y a saltar de felicidad, pensamos que todo ya terminaría muy pronto. Que ya no habría más ataques.
Incluso lloré en la tumba de mis padres y hermanos al contarles que pronto todo volverías a la normalidad.
Pero estábamos muy equivocados, esto apenas empezaba.
Los últimos meses demostraron que toda nuestra alegría y emoción había sido en vano, porque en vez que las cosas se arreglaran y mejoraran, empeoraron. Las condiciones de vida para los judíos bajaron rápidamente.
Teníamos un limitado gasto de dinero por familia, lo cual hizo que nuestra calidad alimenticia bajara considerablemente, pero una de las cosas más horribles era tener que llevar una estrella amarilla zurcida en todas nuestras ropas. Era por completo degradante, éramos marcados como animales.
Y al usar la estrella éramos identificados como judíos, y todos los soldados y alemanes en general nos insultaban y humillaban a su gusto. No podíamos hacer nada para impedirlos, estaban armados y si decíamos algo, no dudarían en disparar.
Pensaban que porque éramos judíos y ellos alemanes eran superiores y por tal podían tratarnos como se les pegara en gana. A Ryan no lo dejaban caminar por la acera, lo empujaban hacia la pista gritando en alemán: "Judío asqueroso" "Contaminas el ambiente al caminar por aquí" Era normal para él escuchar insultos todos los días la salir a la calle por parte de estos enfermos egocéntricos y racistas.
A su madre y a mí nos iba mejor, mejor porque no recibíamos insultos, pero peor porque los soldados se aprovechaban de nosotras. Eran innumerables las veces que un soldado había metido su mano bajo mi falda, y si trataba de quejarme empezaban los insultos: "Maldita zorra judía deberías agradecer que uno de nosotros te toca"
Estas humillaciones nos hacían daño, me lastimaban profundamente, a mí y a mi pueblo judío. Todos éramos maltratados de estas maneras y de muchas más cada día.
Y lo peor aún no había llegado.
