¡Buenas! Paso rápidamente para dejarles este pequeño two-shot sobre un evento particular. Lo escribí para mi Tabla Básica, de la comunidad 30vicios en livejournal. Si les interesa ver la tabla entera, el link está en mi perfil.
Aclaraciones: A diferencia de en mis otros relatos de estos dos, en este ellos tienen alrededor de 14 años. Es un posible inicio de los sentimientos de James por Severus. Muy insinuado al principio y luego algo más evidente.
En fin, ahí tienen.
Ah, antes de que lo olvide.
Disclaimer: Harry Potter y sus derivados no me pertenecen. Le pertenecen a Warner y a JK Rowling. Lo único que he ganado escribiendo fanfiction ha sido gratificaciones emocionales y unos increíbles dolores de espalda…
Ahora sí, enjoy!
14. Licor.
—Eres un hijo de puta, ¿lo sabes? —la voz de Severus arrastraba las palabras, como si tuviese la lengua pegada al paladar. James escuchó el insulto sin oírlo en realidad. No es como si pudiese importarle en realidad: Snape estaba borracho como una cuba. Unos chorros de whisky de fuego aquí y allá y estaba más ebrio que un estudiante de séptimo el primer viernes después de su graduación.
Y a solas con él.
No era lo que James tenía planeado.
Molestarlo no sería ni la mitad de divertido solo.
Frunció el ceño recordando: se suponía que sería una broma divertida, con un Snape borracho y susceptible, pero a Remus le había enfadado la idea, y les había llamado inmaduros y todo eso; luego Sirius le había llamado cobarde. Y se había desatado la guerra.
James estaba en el medio, parado junto a Peter, todavía tratando de verle la luz al final del túnel, tratando de imaginarse la cara de Snivellus cuando le dijeran que, además de licor, habían puesto poción contra vómitos en su comida, para que aguantase todo como un hombre…
Pero no. No había podido ser. Lunático acababa de irse hacia la izquierda del pasillo, y Sirius no iba a ser el plantado que le grita a la nada, así que se había ido a la derecha, pisando como un gigante enojado al que le han quitado su garrote.
James había mirado a ambos lados, medio tratando de entender lo que acababa de pasar. A su lado, Peter lo miraba con ojos grandes y nerviosos, esperando su reacción. Poco a poco, la realidad se fue abriendo paso a través de su mente. James casi sentía una migraña hinchando su cabeza o: no entendía por qué tenían que pelear de esa forma si eran amigos. Ahora le tocaría ir a convencerlos de disculparse, o al menos de hacer la paz. Sino tendría que soportarlos en modo divorcio.
Sí, la migraña. Mejor lo dejaba para luego.
Que fuese muy luego, por favor.
Había mirado a Peter con una sonrisa: mejor que se fuese a terminar sus deberes a la Sala Común, que falta le hacía. Él iría luego.
Tenía que arreglarlo todo al menos con uno de ellos antes de irse a dormir. Así, al menos no se pelearían otra vez al llegar a la habitación. Decidía entre Remus o Sirius cuando la respiración pesada y las maldiciones habían interrumpido sus pensamientos.
Entonces había recordado que Snape seguía en el baño, y había decidido ir con él.
James suspiró, saliendo de sus pensamientos. Volvió a ver a su enemigo, entre sus brazos. Esa mañana, cuando había salido de su cama, no se imaginó que su acabaría sujetando a Snivellus entre sus brazos. Tocarlo no era simpático. Sólo había evitado que se partiese la cabeza contra el piso. Porque, aunque que se partiese la cabeza de borracho mejoraría el ánimo de Sirius al infinito James no quería que se hiriese, ni que muriese.
Lo recorrió con la vista otra vez. Parecía que estaba a punto de dormirse: ni siquiera lo insultaba o miraba. Tenía las mejillas rojas y el ceño, los ojos negros brillaban intensamente, por las lágrimas producto de las arcadas. Su cuerpo se sentía increíblemente pequeño entre sus brazos.
Snape era alto, pero muy delgado. Se sentía aún más frágil que abrazar a Lunático después de una luna llena. Y eso que Lunático hasta temblaba y todo.
Pero Lunático jamás tendría esa mirada vacía y perdida.
Mientras los ojos negros se cerraban y perdían James sintió que algo en el pecho le presionaba más de la cuenta. Apretó más el agarre, casi como si fuese un abrazo y no sólo un choque de cuerpos accidental. Luego se levantó, cargando a Severus con poca, no ninguna, dificultad. Maniobró hasta que quedaron ambos cubiertos por la capa invisible. No fue fácil, pero finalmente logró poner a Severus en su espalda, ambos con la capa por encima.
Agradeció llevar el Mapa del Merodeador con él: a decir verdad no sabía cómo habría explicado aquello; él mismo no lo entendía.
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El camino a las mazmorras fue particularmente lento y difícil. Pero entrar a la Sala Común de Slytherin fue aun peor: esperar a que algún estudiante entrase con un montón de kilos de peso muerto en la espalda debería contar como un método de tortura: los brazos y la espalda le dolían.
La práctica de quidditch sería una tortura por la mañana.
Pero no importaba, porque la puerta se había abierto y él maniobraba como podía entre los estudiantes, esperando que la distribución fuese igual que en Gryffindor y todos los chicos estuviesen de un lado y las chicas del otro.
El dormitorio de varones de cuarto año estaba vacío: todavía era demasiado temrano para que cualquiera viniese a dormir; James pudo, al fin, sacarse la capa invisible.
El sudor le corría por la cara, respirar era un trabajo más pesado de lo que le gustaría. El peso seguía allí, lastimándolo, y se obligó a levantar la vista y hallar la cama de Snape.
La identificó, si era sincero, por el extraño orden que aplicaba a sus cosas, y por las líneas irregulares en las páginas que, él sabía, eran grupos muy pequeños de letras escritas por su mano. Mientras lo dejaba sobre la cama supuso que algún sistema debía de tener como Lunático con su ropa: el aparente desorden debía tener un significado, al menos para él.
Se estiró. La espalda le dolía. Y no sabía si eso significaba que debía ejercitarse más o plantarle a Snape el incontrolable deseo de bajar de peso… Que le tocaría reconsiderar aquello de "más flaco que lunático después de la luna llena", Snape pesaba lo suyo, ¿eh?
Se volteó a verlo una vez más, evitando a conciencia preguntarse por qué no lo había dejado dormir en el suelo del baño. En lugar de eso, trató de imaginar la forma en que dormiría normalmente, qué tipo de pijamas usaría, y cómo se las arreglaría para que sus compañeros de habitación no desordenasen sus libros cuidadosamente apilados… Amenazas, supuso. Snape era bueno con eso.
O tal vez los desordenaban. Tal vez el desorden, más que aparente, era real. Tal vez Snape había dejado de ordenar porque no tenía caso.
Suspiró. No tenía más nada que hacer ahí, pero su curiosidad lo podía. ¿Era así siempre esa habitación? ¿Tan solitaria? ¿Nada de charlas sobre bromas hasta la madrugada? ¿Nadie que se preocupe si no apareces a cierta hora de la noche? No, probablemente no.
Y James sabía que no debía sorprenderle ni alterarle, pero parecía algo penoso: ¿es que de verdad Snape no tenía un solo amigo en el mundo? ¿Es que acaso sólo Evans se preocupaba por él? ¿Es que acaso sus compañeros sólo lo buscaban cuando alguna tarea se hacía difícil?
Menudo asco de vida, de verdad.
"Nota para ti mismo, James Potter: no más bromas con alcohol.
Te hacen simpatizar con el enemigo."
