Los Personajes de este fic no me pertenecen. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.

Este fic no está hecho con fines de lucro solo es por entretenimiento y diversión.

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El Valle de los Lobos es propiedad de Laura Gallego.

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Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.

"Pensamientos"

Recuerdos

[***] Cambio de escena.

»Continuación de un dialogo

... (entre párrafos) pequeños cambios de escenas


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Capítulo 2: El Limite

...

El vaho de sus alientos se volvió visible en esos días, el otoño se terminaba y las mañanas comenzaban a volverse frías.

— ¡Venga! princesa, mente clara, pecho en alto, respire profundo.

Zelda se concentró en las palabras de Aragón, últimamente solamente buscaba la forma de hacer correctamente el Kai y por momentos se olvidaba que también debía concentrarse en otras cosas importantes.

Aspiró aire y lo retuvo tanto, que al momento de soltarlo casi sintió que se ahogaba. La pobre se había desinflado sin poder encontrar la respuesta.

—Mooooh, ¡No se puede, Aragón!, ¿seguro que algo como eso existía?— Clamó tratando de recobrar el aire.

Link se rio de forma graciosa y la princesa hizo un mohín a modo de berrinche.

— ¡Link!, eso no ayuda.

—Lo siento es que fue muy gracioso— clamó mientras se paraba de su sitio— ¿Por qué dudas tanto, Zelda?

—No sé… es que, es extraño. No hay nada como eso escrito en los libros.

—No lo hay. Claro que no. Es un secreto recelosamente resguardado por los guardianes de la familia real, quienes tienen acceso a él son los Sabios, los Sheikah y algunos reyes de Hyrule. Las flechas de Luz son un arma poderosa, deshacen la maldad tan sólo con su presencia.

Aragón movió la cabeza de arriba hacia abajo de una forma un poco graciosa pero afirmativa, su abuelo, que en antaño también había sido sabio, le había confiado el secreto. Impa también afirmaba haber escuchado la leyenda desde las bocas de los ancianos Sheikah, en la que se narraba como el joven héroe y la princesa de hace trecientos años habían utilizado esas flechas para combatir al mal.

Zelda suspiró un poco.

—Link, por qué no te dejas de cosas y me muestras como hacerlo.

—Sería buena idea— asintió el adivino, después de todo, el señor héroe de verdad que las ha utilizado.

Link tragó un poco de saliva y no puedo evitar sentir nervios ante la propuesta.

—Pero Zelda, debes ser autodidacta, tal vez así tu cuerpo recuerde solo, lo que debe recordar de antaño.

—Anda Link— le habló con ternura mientras se acercaba para abrazarlo.

El pobre de Link hizo un sobreesfuerzo para materializarse y cuando Zelda lo tomó por el cuello, él simplemente suspiró de forma un poco triste.

—Vamos

—Annng, bien vamos— clamó mientras tomaba su forma de hylian, simple y sencillamente no podía resistirse a la vocecita de su amada, tomó prestado el arco de Zelda y apuntó la flecha hacia un blanco que estaba predispuesto afuera de la carpa del adivino. Se concentró para sentir el flujo de la energía y en pocos segundos la punta de la flecha comenzó a brillar con intensidad — escucha Zel, cuando uses el hechizo debes tener algo bien plantado en tu mente, necesitas de tiempo, si la flecha no absorbe la luz se desprenderá en plana trayectoria y abras desperdiciado tu magia en vano, cuando apuntes asegúrate de tener el tiempo suficiente para cargar.

—Si…— musitó mientras se le acercaba y veía con asombro la técnica.

Entonces Link soltó la flecha y cuando se incrusto en la diana un fuerte sonido y haz de luz salieron disparados.

— ¡Vaya!— clamó Impa de forma emocionada. —Bien hecho, joven héroe.

—Ahora tú Zel— le dijo mientras le acomodaba el arco y se posicionaba detrás de ella como si le enseñara el movimiento, a pesar de que comprendía que ella sabía muy bien como lanzar una flecha— hazlo de la misma forma en que siempre lo haces— le susurró al oído con mucha ternura.

— ¿Cómo siempre lo hago?, pero Link no lo he lo he logrado ni una sola vez en la mañana.

—Lo has hecho miles de veces Zel, tu cuerpo lo recuerda aunque tu mente esté confundida, no debes engañarte a ti misma, sólo sigue tus instintos… ¿Cómo le hablas a la naturaleza?

—Con mi alma, Link. Así fue como me lo enseñaron las hadas.

—Sí,— musitó recargando su cabeza contra la de ella— con el alma, así llama a la luz, es cálida y amable, siempre te escucha pero debes saber hablarle, recuerda, no debes tener miedo no es como la roca ni como la rosa caprichosa.

Zelda se rio de forma tierna, Link tenía razón, no tenía por qué ser difícil, después de todo ya había hecho otros hechizos de Luz en el pasado, tal vez sólo eran los nervios, había dudado por no haber tenido evidencias de que algo como eso existiera y se le olvidaba que el mundo podía volverse pequeño si lo reducía a lo que ella entendía.

Tensó la cuerda y se concentró en las palabras de su compañero, poco a poco la luz fue llegando hasta que la flecha se iluminó por completo.

— ¡Mira Link!— le habló con tanto gusto que al virarse para verlo a los ojos terminó por desconcentrarse, se le fue la flecha de las manos y la saeta terminó dentro de la carpa.

Un sonido estruendoso resonó dentro de la estancia, dándoles a conocer que algunas cosas de cristal se habían roto.

— ¡Cielos!— susurró Impa llevándose las manos a la boca, se viró un poco y vio la cara perpleja de Aragón. Después de un rato no pudo evitar soltar una tremenda carcajada al ver que su pobre amigo casi se desmayaba.

Link también se viró con gracia aunque la pobre Zelda estaba que hervía de la vergüenza.

—Ay Aragón perdóname, eso me pasa por ser sumamente torpe.

—Está bien princesa— le dijo tratando de recobrar el aire

—No te preocupes voy a recoger mi desastre— clamó sintiéndose aún más avergonzada.

Impa la acompañó para ayudarla y volvió a reírse al ver que el pobre adivino aun no salía de su trance, seguramente pensaba en que había perdido todos sus óculos, lo cual desafortunadamente era cierto.

—No sufras Aragón— le dijo Link mientras se le acercaba.

—Ah, ¡Cielos!— clamó hacia el cielo. Después suspiró de buena forma y se echó a reír sin disimulo.

Link sólo le irguió una sonrisa.

—Vaya chico. De verdad que eres un Sabio…— susurró mientras su mirada se perdía entre las nubes.

— ¿Qué sucede señor héroe?, últimamente de verdad que lo veo triste.

Sabía que era cierto, incluso él mismo tenía ganas de llorar a veces.

—Puedo pedirte un favor…

—Sabe que sí.

—Es un favor que no te pido como héroe, es un favor que te pide "Link" desde su alma.

— ¿Es un favor personal?

—Si

—Cuando me vaya… cuida bien a Zelda, sé que se ha vuelto un poco caprichosa y que últimamente tiende a meterse muchos líos, todavía está creciendo y a veces no sabe lo que hace, es difícil entender lo mucho que su alma necesita de cariño y más cuando se enfrenta a un destino tan difícil, yo…

—Hey, hey. ¡Basta!— gruñó— habla como si fuera a marcharse en éste instante. Aún quedan dos años, estoy seguro que la princesa lograra hacer el Kai correctamente.

Link desvió un poco la mirada, Aragón no sabía si era su imaginación pero parpadeó un par de veces al pensar que por unos instantes lo había visto un poco transparente.

— ¿Ya no confía en ella, señor héroe?… acaso Link de verdad ha perdido la esperanza. — preguntó de forma triste

—No, no es eso. Eso nunca— clamó de modo herido— es sólo que… es complicado. Todos tenemos límites. No estoy diciendo que de verdad vaya a pasar, pero si ocurriera

»Por favor… prométemelo. — le pidió de manera suplicante.

—Lo prometo, si usted llegara a faltar, yo siempre me quedare a su lado.

—También has que cumpla su promesa.

—Su promesa…— repitió de modo dolido, entendía lo que aquello implicaba y no podía evitar sentir cierto dolor en el pecho.

Durante mucho tiempo mantuvo la vista perdida en el suelo, nuevamente se había cargado con algo muy pesado, no sabía si eso era bueno, aunque definitivamente su corazón le hablaba y le susurraba que era lo correcto. Cierto sonido a la distancia lo sacó de sus cavilaciones.

Link había gruñido en seco y cuando Aragón lo buscó con la mirada, lo encontró recargado en un árbol sosteniéndose el estómago como si algo le doliera.

—Señor héroe, ¿Esta bien?

—Estoy.. bien— gruñó mientras trastabillaba hacia atrás tratando de alejarse, sin remedio se internó entre el mar de arbustos y se perdió tras los árboles que crecían en esa parte alejada de la antigua ciudadela.

Cuando Aragón se percató de que algo no andaba bien lo siguió sin menor aviso, a lo lejos lo escucho azotar de forma recia contra el piso, y cuando lo encontró Link ya había adoptado la forma del Lobo, salió corriendo como alma en pena sin dar tiempo a que el adivino se le acercara.

— ¡Señor héroe!, ¿A dónde va?

—Al castillo, acabo de recordar algo.

Aragón suspiró sin poder hacer nada, incluso en esas condiciones Link seguía siendo sumamente rápido.

—¿A dónde fue Link, Aragón?— la voz de la princesa nuevamente lo sacó de sus pensamientos, incluso cuando sabía que algo malo pasaba, se viró y le sonrió de forma alegre para no delatar sospechas, si Link se sentía mal era algo que quería discutir con él a solas. ¿Y si sólo era su imaginación?, después de todo, era mejor no preocupar a Zelda.

—Fue al castillo alteza, dijo que había olvidado algo.

—Qué raro— musitó de forma casi ida. Su corazón comenzó a latir de forma extraña y de pronto ya no quería practicar con el arco— quiero irme— soltó de la nada.

—Sí, ¿estas cansada mi niña?— Preguntó Impa.

Asintió con la cabeza y se colgó del brazo de su tutora. Ambas emprendieron el camino de regreso y Aragón simplemente se quedó ahí en su carpa con semblante pensativo. En los últimos días Link lucia sumamente cansado y además ¿Qué seria ese berrinche de ser siempre un lobo?, Poco a poco el joven adivino comenzaba atar cabos, y aunque su rompecabezas estaba cada vez más y más completo, no parecía gustarle en nada la imagen que se iba formando.

Al cabo de un rato se sentó en su mesa de adivinaciones sin ningún óculo a la vista y suspiró con un poco de tristeza.

—Tal vez sea momento de encontrar uno nuevo— musitó para sí mismo mientras erguía una sonrisa— aunque….

En el suelo, en una esquina, Zelda e Impa habían acumulado los cristales rotos, Aragón se perdió entre aquella imagen de trozos y desperdicios, tanteó la mesa con los dedos y mientras tamborileaba decidió sacar uno que llevaba algo de tiempo en el exilio.

—El óculo de los fantasmas… creo que puedo reutilizarlo, aunque le falte el trozo que use para hacer el monóculo de Impa— se rio un poco al recordar cómo la Sheikah había azotado en el piso la primera vez que había visto al joven héroe.

Pero entonces la risa se detuvo, el óculo actuaba extraño, destilaba una curiosa esencia y Aragón más confundido que nunca no entendió lo que pasaba. Nunca en su vida había visto algo semejante. Sin duda era otra señal de que algo malo pasaría.

[***]

Al llegar a las puertas del castillo, la princesa se colocó una capucha, era más que obvio que se había salido sin permiso y como ya no podía utilizar el agujero había decido poner en práctica uno de sus conjuros avanzados. Susurró el hechizo creando cierta invisibilidad alrededor de su cuerpo.

Impa entró como si nada y la princesa se pegó a sus espaldas para evitar sospechas, sería extraño para los guardias escuchar pasos dobles cuando aparentemente solamente una persona era la que caminaba, se había sincronizado tanto con su tutora que ninguno de ellos se dio cuenta de lo sucedido.

Al llegar a los jardines, se deshizo de su camuflaje y soltó el aire con cierta vehemencia. Impa se rio de forma tierna al ver su cara toda colorada.

—Ya casi princesa, un poco más y de verdad se convertirá en Sheikah.

—Que mal chiste Impa, aunque, si sería bueno aprender a ser una sombra.

—Sí.

— ¿Cómo aprendiste?— preguntó de manera alegre mientras entraban en el castillo.

—Pues… con los otros Sheikahs…— murmuró

—No entiendo porque desaparecieron.

—Yo tampoco, siempre habíamos sido pocos, pero… es extraño que de la nada desaparecieran.

— ¿Los extrañas?

—Si… aunque fuera joven aún recuerdo a mi familia. A veces también los visito en el patíbulo de los Héroes pero eso me hace sentir aún más tristeza y es muy raro que vaya.

—El patíbulo de los héroes… ¡Ah!, ¿es esa Zona en el fondo del cementerio?, ¿En dónde está la Efigie del lobo?

—Sí, de hecho, justo al lado.— bajó la mirada y la princesa recordó cierto evento de su pasado, había visto a Impa poner flores en una de las tumbas cercanas el mismo día en el que descubrió la naturaleza de Link.

Zelda la abrazó con ternura y ella le correspondió el abrazo, sin importar que no fueran de la misma sangre siempre se habían considerado familia.

El pequeño malvado ministro paso de largo y la princesa se crispó un poco al sentir su presencia, no sabía si era su imaginación, pero el aura del hombrecillo comenzaba a sentirse diferente.

—"Fuera"— gruñó con la mirada.

Ambos se quedaron tirándose miradas matadoras, el ambiente se puso realmente tenso e Impa intervino antes de que por accidente la princesa soltara algún hechizo.

— ¡Makivelo!, no esté ahí haraganeando.

— ¡Haraganeando!— gruñó

—Se supone que debe estar arreglando esos papeles extraños y esas cuentas que no cuadran con los reportes del reino.

—Mocosa insolente, ¿Quién te crees que eres para alzarme la voz y darme ordenes?

—Mi posición como Institutriz, Sheikah y Consejera me pone muy por encima de todo lo que usted clama ser en éste castillo.

De pronto las cosas se habían puesto extrañas, la pelea se había virado hacia otro lado aunque por suerte el rey pasaba cerca y con cierta cara de enojo hizo llamar al ministro que se fue echándoles pestes con la mirada a las dos chicas, lo cual no pasó desapercibido por el soberano.

Zelda a veces se preguntaba si su padre seguiría un poco consiente o si tal vez su corazón noble era el que lo había protegido para no caer enteramente ante las garras de aquella bestia. Fuera como fuese, esta vez habían tenido suerte.

— ¿Mocosa?— repitió graciosamente antes de soltar una pequeña risita.

Impa viró los ojos con gracia.

—Tengo veintisiete años princesa y él seguro que tiene más de trescientos.

Se echaron a reír de forma curiosa y la princesa recordó que alguna vez Link le había dicho, que la esencia del gran mal se parecía a ese pequeño malvado ministro. De ser cierto, de verdad que tendría como trecientos años.

Fieles a sus deberes, el resto de la tarde se mantuvieron ocupadas en el aprendizaje de la princesa, ahora que era mayor de edad el rey le había cedido nuevas responsabilidades, Impa la ayudaba con gusto y de vez en cuando debía explicarle ampliamente cosas que ella no entendía sobre el manejo de las tierras, la economía y otros extensos deberes políticos.

A pesar de todo había ocasiones en las que Zelda ponía su mente en el presente, su lugar de heroína ancestral quedaba relegado por tareas comunes, y sin pensarlo demasiado se hacía a la idea de que algún día sería ella quien gobernaría esas tierras.

El consejo le había dado el gusto bueno y consideraba que la princesa tenía talentos excepcionales a pesar de su corta edad, y también, a pesar de que solamente tenía dos tutores activos. El regreso de Aragón también los tenia confundidos y siempre se preguntaban ¿qué había pasado para que regresara así de la nada?, después de dieciséis años de ausencia y sin el menor aviso simplemente se había plantado en el castillo con la convicción firme de estar al lado de la princesa.

Cosas extrañas se intuían desde entonces, habían pasado dos años y lo que alguna vez pensaron que sería efímero se había convertido en una realidad tacita. El joven adivino por su parte simplemente se escudaba tras su posición de Sabio, aunque para todos seguía siendo extraño que no hubiera regresado para ocupar sus antiguos aposentos.

—Vacas, borregos, cerdos…. ¿algo falta?

—Pues, las cabras.

— ¿Por qué no están las cabras?

—Son parte de la provincia de Ordon Alteza.

— ¿Sólo de Ordon?

—Sí, ellos tienen la custodia de ese ganado, es porque allá se da bien la crianza y así lo decidió su padre desde hace muchos años.

—Hhmmmm

—Cuando todo acabe, vayamos a los festivales.

—Festivales.…¿en Ordon?

—Hacen fiestas con calabazas.

— ¿Alguna vez has ido?

Por un momento se ruborizó un poco y ladeó la mirada.

—Aragón me llevó cuando éramos más jóvenes y …

—Ajáááá— clamó Zelda con picardía.

Impa suspiró de buena manera e ignoró el sarcástico comentario.

— ¿Iremos?— preguntó con entusiasmo.

—No lo sé…

— ¿Por qué?

—No me gusta la idea de divertirme sin mi Link.

—Pero a él puede llevarlo a donde sea.

—Le da miedo ir a Ordon— musitó con cierta tristeza.

Impa parpadeó un sin fin de veces como si la oración de la princesa no le cuadrara en la cabeza.

— ¿De veras?

—Sí.

— ¿Qué rayos pasa con eso?

—No lo sé, ni él tampoco, aunque, asume que tiene algo que ver con su vida pasada… hay cosas que no recuerda… hay cosas que de repente se le olvidan— Clamó de forma triste— últimamente también lo he visto ido, le digo las cosas y después ya no se acuerda, siento que algo malo le pasa y no sé si es por mi culpa.— musitó de modo dolido.

— ¿Cree que la magia lo está afectando?

—No sé…, la he estudiado a fondo y no tendera porque, pero… uno nunca sabe, después de todo es un legado antiguo, misterioso como la naturaleza misma, a veces puede actuar de forma inesperada.

—No te aflijas Zelda, seguro que no es nada, es más, creo que es tu imaginación, las cosas se han vuelto tensas últimamente.

—Mi imaginación… ¿De veras?

—Sí, también has estado sumamente ida.

—Eso espero.

—…..

—Con toda mi alma. Ser yo la del problema, si algo malo le pasa por mi culpa no podría perdonármelo.

Impa le acarició la cabeza y le hizo una señal para que mirara la hora. El reloj de arena marcaba las ocho de la noche, era hora de cenar para después ir a dormir.

Después de todo ese cansancio lo último que deseaba era tener otro enfrentamiento con el loco de Makivelo, se fue directo a su cuarto extrañada de no haber visto a su amor en todo lo que había restado del día.

El cuarto estaba purificado lo cual le pareció extraño siendo que aún era un poco temprano, buscó a Link con la mirada sin poder encontrarlo con la vista.

Pero su esencia estaba ahí…

Algo extraño sucedía, temerosa y confundida, Zelda lo llamó de forma preocupada.

— ¿Link?, ¡Link!, ¿Amor en dónde estás?...¡Aahhh, mi cielo!

Se sobresaltó al sentir que aparecía de la nada justo a su lado igual que si hubiera sido un verdadero fantasma, estaba pálido y tembloroso, se abrazó a ella con vehemencia y se aferró a su cuerpo como si temiera perderla para siempre.

—Zelda— musitó con la voz quebrada al borde del llanto.

—Link ¿Qué tienes, cielo?

—Zelda— repitió su nombre de forma desconsolada.

— ¿¡Que tienes, Link!?

Se aferró a él, y él a ella, escondió su cabeza contra su pecho y se quedó ahí llorando de forma triste, no contestó a pesar de que ella volvió a preguntarle, a pesar de que le suplicó con amor y cariño.

Al final simple y sencillamente no consiguió que se calmara, aunque después de mucho rato lo persuadió para llevarlo hasta la cama, se quedó a su lado temblando de miedo y cuando el sueño lo venció se volvió etéreo y ligero como el aire.

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Continura...

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Comentarios del Capitulo:

¿Que habrá pasado con Link? o_0

Lamento decirles que solo lo sabrán hasta el siguiente capitulo jajaja soy malvada, seguro que me odian por haberlo cortado en esa parte, sólo es para crear intriga xD

Y bueno como ya se dieron cuenta Zelda ha comenzado a aprender algunos hechizos avanzados, iba ponerle nombre a su hechizo de invisibilidad, pero no se me ocurrió ninguno bueno, bueno al menos por el momento xD