Disclaimer: Harry Potter y todo lo relacionado con su universo le pertenecen a J.K. Rowling. Esto es sin ánimo de lucro. La trama es mía; no copies ni publiques sin mi permiso expreso.

Fandom: Harry Potter.

Pareja: Rose Weasley/Dominique Weasley.

Rated: PG-13.

Summary: Rose y Dominique tienen cierta conversación en la sala común. Empiezan hablando sobre su familia y terminan diciendo cosas que distan bastante de ese tema.

Advertencias: Femslash. Incesto.

Palabras: 1.195.

Notas: Para la tabla Jane Austen de la comunidad /vrai_epilogues de livejournal.


02. Prejuicio

Rose se echó el pelo hacia atrás y se frotó las manos, intentando captar el calor que proporciona la fricción. Tenía frío, sí, pero no podía hacer nada más para remediarlo. La chimenea estaba encendida; las llamas danzaban en ella alegremente y el ruido que producían era reconfortante.

La voz de Dominique también.

—Nuestra familia siempre ha tenido algún tipo de prejuicio sobre mí.

Rose negó con la cabeza y levantó su mirada para mirar a su prima. Estaban sentadas de lado en el sillón más cercano al fuego de la entonces solitaria sala común de Gryffindor.

—¿Por qué dices eso?

Dominique suspiró y se las arregló para poner su cabeza sobre las piernas de Rose, haciendo que esta se sonrojara un poco. Siempre había sido tímida y eso le parecía adorable.

—Bueno, siempre creyeron que sería una niña dulce y educada, conservadora, ya sabes. Aún lo creen. No son capaces de aceptar que salga con un chico —entonces puso los ojos en blanco, como queriendo decir 'vaya tontería'—. De hecho...

Ahí se calló. Hizo una pausa en la que Rose la miró alzando una ceja, esperando a que continuase hablando.

—Decía que, de hecho, creo que si supieran lo nuestro les daría un infarto.

—Incluso a tus padres, ¿no?

—Sí, especialmente a ellos. Y a los tuyos aún les sorprendería más. Pero me refiero a todos: los tíos, los primos… Puede que a Luna no, pero ya me entiendes.

Rose se rió un poco y se acomodó en el sofá.

—Podría ser divertido —dijo entonces Dominique con un suspiro.

—¿Perdón? Serían capaces de sacarnos de la escuela y encerrarnos a cada una en una torre a cien kilómetros de distancia.

—Por eso sería divertido; seguro que si se lo decimos primero a tu padre no se espera a consultarlo con nadie y, de tan alterado que está, se olvida de quitarnos las varitas. Las caras que pondrían al vernos en la cama, juntas, a la mañana siguiente... —cerró los ojos con una sonrisa divertida y traviesa en los labios, imaginándoselo.

Luego se imaginó que Rose se habría sonrojado y los abrió para mirarla con algo de cariño. Había acertado, claro.

—Bueno, volviendo al tema principal… No creo que sea así. Algún prejuicio tienen, pero saben que has crecido y que... bueno, que...

—¿Qué? —preguntó la rubia, dudando del significado de sus palabras de verdad.

—Tienen que saber que tienes una vida sexual. Ya tienes dieciséis años —prosiguió Rose cerrando los ojos con fuerza.

Dominique se echó a reír y abrazó la cintura de su prima. Era una chica realmente adorable, siempre tímida y estudiosa pero bonita y sensual en la cama. Aunque le diera vergüenza hablar del tema y se le pusieran las mejillas del color rojo de su casa, como en aquél momento.

—Sí, pero perdí la virginidad antes. Te lo expliqué. Y tú eres más joven.

—Ya.

—De todas maneras, no lo entenderían. Supongo que sus prejuicios pueden justificarse mínimamente. Por ejemplo, tus padres estaban en guerra y no podían pararse a pensar en el sexo. Habría demasiado miedo en el aire, ¿no?

Rose no estaba del todo de acuerdo, aunque la chica tenía su punto.

—Por otra parte, las parejas se casaban más rápido. Tenían más prisa por hacer las cosas porque era probable que estuvieran muertos al día siguiente.

—Sí, eso pasó con mis padres.

El comentario se quedó flotando en el aire, que se iba calentando poco a poco, durante unos segundos. Después la pelirroja dijo:

—Pero ellos se querían de verdad, Nique.

Sin poder resistirse a su prima, Dominique hizo que bajara la cabeza mientras decía 'ven aquí' y alzó un poco la suya para besarla suavemente.

—Claro que sí, pero me parece que el hecho que ellos tuvieran vida sexual en aquella época cuando tus padres probablemente no se hubieran dado su primer beso no cambia nada.

Rose suspiró.

—¿Preferirías que pensaran que eres una chica rebelde que enamora a todo el que le da gana sin pensar en las consecuencias de sus actos?

—¿Esa imagen tienes de mí?

—Más o menos. Te conozco mejor que eso pero no puedes negar que es bastante cierto.

—Vale —aceptó Dominique riendo—. Pero lo que preferiría sería que no se creyeran que soy incapaz de pensar por mí misma, que siempre estaré en su sombra.

Entonces Rose lo comprendió todo un poquito mejor. Ella no se refería a esos prejuicios en realidad. Estaba pensando en otra cosa bastante diferente y eso, siendo sinceros, preocupaba bastante a la hija de los padres remilgados.

—Estás pensando en Vic, ¿verdad? —le preguntó.

Vio que Dominique desviaba la vista abriendo un poco los ojos y oyó su susurro por encima del crispar de las llamas del fuego.

—No exactamente, pero...

—Pero sí. Lo comprendo —añadió suavizando el tono—. ¿Crees que siempre han pensado que ella es mejor que tú? ¿Qué es su gran hija ejemplar y que tú deberías ser como ella, fuerte y todo ese rollo?

Dominique no abrió la boca. Parecía estar verdaderamente ansiosa por poder cambiar de tema pronto.

—Nique... —prosiguió Rose—, tú eres mejor que todas esas tonterías. Debes empezar a comprender que tomos somos distintos y que es normal que nuestros padres tengan cierta imagen de nosotros que no es cierta. Que nos comparen interiormente. Es algo común. Pero tú eres mejor que Victoire para mí. Eres especial.

Dominique la miró con los ojos vidriosos como si fuera una niña pequeña, indefensa ante sus palabras bien escogidas. Rose era la persona más madura en esa relación y ella era consciente de eso, no porque sacara mejores notas ni nada relacionado con lo académico. Simplemente había nacido así.

—Apuesto a que Ted también le dice eso a Vic.

—Probablemente —se vio obligada a aceptar la menor.

Dominique se incorporó lentamente para poder sentarse a horcajadas sobre la pobre Rose, juntando sus caderas. Pegó su frente a la de su prima y miró hacia abajo, tragando saliva. No estaba exactamente nerviosa pero ella no era buena diciendo estas cosas.

—Oye, Rose —la aludida la miró a los ojos—. Tú también eres especial.