No saben cómo me alegraron el día esos reviews xD En serio que si…. Muchas y miles de gracias por todo su apoyo y como siempre se los digo: no los defraudaré.
2. Pelea
-¿Quién eres tú? –preguntó Ginny viendo a todos lados pues al parecer estaba sola.
-¡OH! Me agrada que te intereses. Soy la narradora… o mejor dicho, la que escribe todo lo que te pasa (n/a: quería salir en esta historia, créanme que no será tan malo como parece).
-Me siento en un programa para niños.
-Me alegro de que no te haya asustado –dije alzando las cejas.
-En realidad, me siento en un Chat. ¿Sabes que es?
-Ni te lo imaginas. El Messenger es mi vida.
-Espera, espera… ¿Por qué haces que Michael sea un imbécil?
-¡Ah, no! Mi trabajo no es eso.
-¿Por qué no me lo puedes decir? ¡Ah! –gritó asustada Ginny. Se estaba mirando en el espejo y acababa de ver que la puerta se acababa de abrir. Era Ron.
-¿Con quién hablabas? –preguntó Ron mirando alrededor con la varita en la mano.
-Con nadie. A veces me gusta…
-Decirme piropos –le susurré al oído.
-¿Decirme piropos? –preguntó Ginny sobresaltada.
-¿Decirme piropos? –repitió Ron riendo –Como sea. ¿Quieres cenar?
-Claro… en un minuto… ok –se rindió Ginny y salió no sin antes mirar la habitación.
-Pensé que te quedaría grande la ropa –dijo Ron alzando las cejas. Por segunda vez en esa noche se levantó la camisa un poco para que viera el contorno del short que estaba amarrado con una liga para cabello.
-Buen truco.
-Fue lo mismo que dijo Harry –dijo Ginny sonriendo. Ron alzó las cejas con sorpresa.
-¿Quién cocinó? –preguntó Ginny al entrar en la cocina.
-Pedimos pizza –respondió Harry señalando la caja que había al centro de la mesa.
- Mmm… pepperonni (n/a: no sé como se escribe). Que rico. –dijo abriendo la caja.
Comieron normal. Hablando de cosas tontas y riendo. Era la 1 de la madrugada y Ron se había quedado dormido.
-No creo que debas estar despierta –dijo Harry recogiendo los platos.
-¡Mamá y papá! -Exclamó Ginny a la vez que aventaba los platos -¿me prestas tú teléfono?
-Claro, claro.
Se escuchaban los gritos de la señora Weasley detrás de la bocina del teléfono.
-Mamá, estoy bien. Mira, no te llamé porque pensé que seguían cenando.
-Mamá. Tranquila.
-Michael se quedó viendo la película porque a mí no me gusto. Por mi fueron Harry y Ron. Sí, aquí está Harry. Harry, te manda saludos mamá.
-Ah, yo igual.
-Él igual, mamá. Sí. Creo que por hoy me quedaré aquí. Sí, es demasiado tarde. Claro estoy bien. Buenas noches. Te quiero. Recuerda que el teléfono tiene que estar colgado bien o no recibirás llamadas. Algún día lo entenderás. Bye.
-¿Terminaste? –preguntó Harry tratando de lavar los platos.
-Sí, te ayudo.
-No, no, ya lo tengo –pero en ese momento la manguerilla que se usa para lavar las verduras saltó y lanzó agua por todos lados empapándolos todos. Ron se levantó de un brinco. Ginny y Harry rieron.
-Yo creo que no. Quítate –dijo Ginny empujando a Harry de la cadera. La manguerilla volvió a lanzar chorros de agua mojándole toda la cara a Ginny.
-Ninguno puede hacerlo bien –negó Ron con la cabeza sonriendo y se puso a lavarlos dejándolos sorprendidos.
-Wow –dijo Ginny.
-Que no te impresione –dijo Harry sonriendo –Lo hace siempre.
Ginny, Harry y Ron se quedaron platicando hasta las tres de la madrugada.
-Debería ir a dormirme, mañana tengo que estar en el trabajo a las seis… ¡Mierda! Sólo dormiré 3 horas…buenas noches –anunció Ron.
-¿Tu no vas temprano? –preguntó Ginny después de que Ron se fue.
-No, yo no voy a recibir a Hermione –dijo Harry con una pícara sonrisa.
-¡Escuché eso! –gritó Ron desde su habitación. Harry y Ginny se rieron entre dientes.
WwWwWwWw
Ginny entró en su habitación, o mejor dicho la habitación de Harry, y se acostó en la cama. Era muy cómoda.
-¿Amiga que no puedo ver? –me preguntó Ginny.
-¿Sí?
-Buenas noches.
-Buenas noches, Ginny.
Tuvo un sueño extraño. Ella se encontraba sola en la parte trasera del coche de Harry escudriñando la oscuridad. Alguien tocaba en su ventana. Era Michael. Pero atrás de él se encontraba un mono verde de aquella espantosa caricatura con una bola de fuego que le aventaba a ella. De la nada, Harry salía a protegerla luchando con una espada y vestido como un sexy pirata. Sentía frío. Volteaba a ver su cuerpo y descubrió que traía un estúpido traje de calabaza. Volteó a ver una casa y vio a Ron vestido de calavera y saludándola con una sonrisa macabra. Una araña le saltaba a la cabeza y él gritaba. Se paró asustada revolviendo las sábanas. Qué extraño había sido eso. Después empezó a reír. ¿Mono verde de la espantosa caricatura? ¿Ella vestida de calabaza?
-Jajaja… jajaja… ¡JAJAJA!
WwWwWwWw
Ron llegó a su trabajo demasiado dormido para estar de pie. Si Ginny no se hubiera reído tan alto no se hubiera despertado. Bien, había que darle las gracias. Ese día había roto el código de seguridad 1901 (no aparecerte a menos que sea una emergencia), pero simplemente era una emergencia ya que conducir en su estado adormilado era como conducir en estado de ebriedad.
Romilda Vane estaba esperando junto a su oficina. No, estaba esperando que Harry llegara con él. Ésta llevaba años queriéndole, pero él… creo que prestaba más atención a las pelusas que se formaban en las esquinas de los cuartos de limpieza.
-Hola, Ron.
-Deja de fingir, Vane –respondió éste poniendo los ojos en blanco –Harry se quedó con Ginny en el departamento.
-¿Ginny? ¿Con Harry en el departamento? ¿Son novios?
-¡No, que va! Son solo amigos –dijo Ron enfatizando la palabra amigos.
-Pues eso es muy poco probable…
-¿A qué te refieres, Vena?
-Es Vane… -replicó Romilda apretando los dientes. Como quiera prosiguió explicándole a Ron –La posibilidad de que una mujer y un hombre sean amigos… como un hombre con un hombre o una mujer con una mujer… es de una en un millón.
-¿Por qué?
-¡Es obvio! Porque siempre uno… si no son los dos… termina enamorándose.
-No lo creo –dijo Ron sin darle importancia enarcando las cejas.
-Como quieras. ¿Por qué llegas tan temprano hoy? ¿No es tu rutina llegar siempre tarde?
-Piérdete.
-Pelo de zanahoria…
Ron entró a su oficina. ¡Y pensar que vería a Hermione en un par de minutos! Mientras esperaba se puso a pensar en Hermione, en él, en los helados que vendían en la esquina, Hermione, helados, Hermione, pastel, Hermione, helados, Hermione…
…
Harry estaba junto a Ginny sentado en un sillón frente a él. Estaban agarrados de la mano, de la cuál, Ginny llevaba un… ¿anillo de compromiso? ¿Por qué llevaría eso? ¿Qué estaba pasando? Entonces Harry empezó a hablar:
-Nos casamos.
-Nos amamos –admitió Ginny.
-Queremos que seas el padrino.
-Pero de nuestros hijos van a ser los demás porque sino me matan –decía Ginny.
Ron sentía que se moría. ¿Su pequeña hermana se casaba con su mejor amigo? ¿Pensaban tener hijos? ¿Boda?
-Esperen, esperen –decía Ron asustado.
-No, no esperaremos nada, Ron. Nos amamos, ¿comprendes? –decía Ginny. Entonces Harry y ella se besaron apasionadamente y asqueroso a la vez.
-¡Aaah! ¡No! –Ron se despertó de un brinco. Tenía el pulso acelerado. Después empezó a reírse. ¿Harry y Ginny casados? ¡Nunca! De pronto sintió una mano en el hombro. Volteó. Ahí estaba. Su preciosa Hermione.
WwWwWwWw
Harry y Ginny estaban almorzando (cocinado por Ginny, obvio) en el departamento. Todavía llevaban pijama, pues se acababan de levantar. Hablaban de la cita de ayer.
-Resultó un tremendo desastre desde que llegó –comentaba Ginny. Yo escuchaba divertida.
-¿No le vas a contar o sí? –le susurré.
-Cállate –me dijo sonriendo. Harry la miró sorprendido.
-¿Qué? –preguntó.
-Ignórame. A veces tengo mis ataques de locura –respondió. Yo sonreí.
-Continúa.
-Bien. Timbra y viene con su estúpido corte de pelo del tal Gokú. Pero eso no es todo… me enseña el horrendo traje que traía puesto y ¡espera que me lo ponga!
-Patético –decía Harry negando con la cabeza.
-¡Losé! Y la película no estaba en nuestro idioma… ¡No! El idiota la quería ver en chino y la vimos en chino… ¿o era japonés? –dijo Ginny golpeando la mesa para después poner cara de desconcierto. Harry no aguanto más. Se descruzó de brazos para partirse de risa. Ginny entrecerró los ojos -¿Te estás burlando?
-Vamos, no te puedes enojar con él –le dije con una sonrisa tierna.
-¿Por qué no? –me preguntó en voz muy baja.
-¡Míralo! Parece un niño… ve como se retuerce –le contesté. Harry se cayó de la silla. Ginny lo miró con ojos tiernos.
-Tienes razón.
-¿En qué? –preguntó Harry. Estaba acostado en el piso -¿En que es gracioso? Sí, tengo razón.
-Idiota –dijo Ginny sonriendo y ofreciéndole una mano para ayudarlo a levantarse. Harry la agarró. Los dos se quedaron viendo los platos.
-Ron no está –dijo Ginny. Harry tragó saliva –Descuida. Ya lo hago yo.
-¿Segura? –preguntamos Harry y yo.
-Segura –nos respondió.
-Gracias. Tengo que bañarme –dijo Harry mientras yo levantaba las cejas.
-Claro. Me voy dentro de unos minutos.
-¿Cómo te vas a ir? ¿Qué te vas a poner? –preguntó Harry.
-Improvisaré y pediré un taxi.
-¿Pero hoy no era la cosa esa de Hermione?
-Cierto… Mmm… ¿Me llevarías?
-Claro. Que te diviertas… lavando… eso.
-Igual –dijimos Ginny y yo.
Harry sonrió y entró a su cuarto. A los pocos minutos se escuchó la regadera.
-¿También te puede escuchar? –me preguntó Ginny.
-La verdad no losé… creo que si me lo propongo sí, pero no estoy segura.
-Pero él puede escuchar cuando hablo contigo –dijo Ginny.
-Sí… en verdad te escuchan hablando sola –dije riéndome.
-¿Algún día te veré? –me preguntó.
-Quizá… ahora ponte a lavar los platos.
Gran error. En cuanto Ginny se volteó a lavarlos y abrió la llave, el agua salió por la manguerilla empapándola toda.
-¡Como odio esta cosa!
Sonó el timbre del departamento. Ginny cerró la llave y la dejó la manguerilla en su lugar. Al abrir se encontró cara a cara con Cho Chang. Ésta la miraba con cara de víbora como una sin vergüenzas mientras la veía de pies a cabeza.
-¡Ay, no! Debí haber traído el bate de quidditch –dijo Ginny sarcásticamente. Se cruzaron de brazos. En ese preciso instante salió Harry de su cuarto con una toalla blanca amarrada a la cintura. Se sacudía el cabello despreocupadamente y traía gotitas de agua por todo el pecho. Ginny se mordió los labios sonriendo.
-¿Te mojó la manguera asesina? –preguntó Harry riendo. Ginny todavía no reaccionaba.
-¿Me podrías decir que hace… ésta… con tu ropa, en tu departamento y mojada igual que tú como si…?
-¡Ah! Hola, Cho –dijo Harry. Ginny sonrió. Harry fue a la cocina, agarró un jugo "Minute Maid" de naranja (n/a: lo siento, los amo) y se fue a su cuarto a cambiar. Ginny se quedó en la puerta tapando la entrada lo suficiente para que Cho no entrara. Cho estaba fuera de quicio. Ginny se divertía de lo lindo.
-No le rompas la cara –le susurré divertida. Ginny rió entre dientes y Cho la miraba con cara de fingido miedo. Ginny sacó la lengua y Cho la empujó para pasar. Ginny estuvo a punto de patearla. Harry salió del cuarto y le mandó una mirada de advertencia; Cho sonrió mirándola como si fuera basura –OK… rómpele la pierna.
-¿Qué te trae por acá? –preguntó Harry.
-No lo sé… ayer estaba cansada –contestó. Ginny cerró la puerta de un portazo. Enojada, volteó. Abrió la boca para hablar pero al ver la cara de Harry la cerró –Y veo que tu no perdiste el tiempo con una… pobre ilusa que lo único que puede ganar es a un… Dragón Ball Maniaco.
-Con el que espero que no te hayas acostado –dijo Ginny cruzada de brazos.
-No me acostaría con uno tuyo ni aunque me pagaras mil galeones… ¡Aaah! Lo olvidaba, no los tienes…
-Discúlpate ahora mismo –rugió Harry.
-No.
-¡Discúlpate! –dijimos Harry y yo casi gritando.
-Déjala, Harry. Prefiero tener bajos recursos a ser una ZORRA que se acuesta con los jueces, los amigos, los desconocidos y ¡como olvidarlo!, los jefes. Te puede dar SIDA, ¿sabes? ¿Nunca te dieron esa clase tus papás?
-Eso es todo, perra –dijo Cho con cara de maniaca. Agarró un horrible jarrón que le había mandado Tía Petunia a Harry y se lo aventó. Ginny lo esquivó por un pelo.
-¡Oh! ¡Cuidado! –dijo Harry.
-Sí, a la otra atínale… -replicó Ginny dándole la espalda. Se hincó para recoger el jarrón. Harry volteó a ver a Cho, pero esta estaba a lado de Ginny con un cuchillo en la mano. Harry corrió hacia ellas.
-¡No seas estúpida! –gritó Harry mientras la agarraba por la muñeca. Ginny y yo volteamos. Ginny se tiró al suelo y se cortó profundamente con un pedazo del jarrón justo en medio de la mano. Gritó.
-¡Ginny! ¿Estás bien? –preguntaba Harry mientras Ginny se trataba de incorporar agarrándose la mano. Cho movía el brazo con desesperación y le hizo un corte a Harry en la cara.
-¿Qué se supone que estás haciendo? ¡Sal de aquí! –grité yo. Después me enojé porque nadie me escuchaba. Entonces Ginny me hizo el favor:
-¿Qué se supone que estás haciendo?
-¡Sí, sal de aquí! –complementó Harry. No pude evitar sonreír.
-¡No hasta que arreglemos las cosas!
-Claro, y con un cuchillo las vas a arreglar, ¿no? –gritó Ginny.
-Está bien. Me sentaré –dijo Cho. Ginny la miró con un odio muy potente y Harry la calmó con una mirada de "contente por unos minutos". Ginny puso los ojos en blanco.
-Vamos a curarte eso… -dijo Harry.
-Ya no me duele.
-Tengo que ponerte una venda antes de que te desangres y sacarte los pedacitos de jarrón.
-Creo que me gusta así como está ahora…
Harry sonrió y se la llevó a la cocina. Regresaron unos 10 minutos después. Ginny traía una venda en toda la mano y Harry un curita en el corte de la cara. Se sentaron frente a ella en el piso. Me puse junto a ellos:
-No puedo creer lo que acabo de ver.
-Ni yo… no sé como Harry la puede aguantar… pero en cuanto salga voy a agarrar una pesa y se la voy a aventar a esa… -susurró Ginny.
-¿Por qué está ella aquí? –preguntó Cho. Ginny puso los ojos en blanco, otra vez.
-Por que tuvimos que salvarla de una emergencia y no pudimos llevarla a la madriguera.
-Claro, su casucha… -dijo Cho mirando a otro lado con una sonrisa reprimida. Ginny hizo ademán de pararse. Harry la sujetó por la cintura y dijo:
-Era todo lo que quería escuchar, terminamos.
