Capítulo II


Dominic contempló el desayuno con orgullo, colocando las rodajas de panceta bien tostada y los omelets en el centro de la mesa, junto con una garrafa de jugo de naranja y dos platos atiborrados de fruta fresca.

─Tengo hambre ─fue el escueto y perezoso saludo de Nick al que recibió con una taza de café en mano.

─Buenos días para ti también.

Se acomodaron en la mesa los dos estaban intentando idear una manera de evitar a los acosadores sin tener que acudir a su hermano. Cuando Nick había vaciado la mitad del contenido de su taza le preguntó si ya podían comer a lo que Dominic se negó contemplando el lugar de Dave con expresión confusa. La noche anterior había ido a buscarlo a la piscina lucía ausente y pensativo, y el que tardara en bajar para la hora del desayuno empezaba a sembrar sus dudas acerca de si su hermano mayor estaría bien.

─¿Ya podemos comer? ─ Nick preguntó por enésima vez, echándole un rápido vistazo a su reloj ─. A este paso vamos a llegar tarde.

─¿No te preocupa? ─ Dominic sabía la respuesta pese a cualquier comentario mordaz que Nick se atreviera a soltar ─.Tú come, iré a ver como está.

Dominic se encontró de frente con su hermano Dave que estaba haciéndose el nudo de la corbata con bastante dificultad por lo apurado que estaba.

─Buenos días. Lamento la tardanza. Se me pegaron las sábanas ─observó la mesa y dio un silbido ─. Está impresionante Dominic.

─No se acostumbren, que hay veces en las que es a mí a quien se le pegan las sábanas ─escuchó un mentiroso en tono bromista de parte de Nick que lo hizo reír entre dientes antes de acercarse a Dave y apartarle las manos de la corbata ─. Déjame eso a mí, creo que te haces más nudos en las manos que a la corbata.─ No pareces del tipo al que se le pegan las sábanas.

Dave se sentó y empezó a comer. Se había dormido cerca de las 2 am pero no quería preocupar a sus hermanos.

─Sólo tuve una mala noche. Nada importante ─observó a Nick y se animó a hablarle ─. ¿Te vas a unir al equipo de americano?

─¿Al equipo…? ─Nick se volvió hacia Dominic, quien se apresuró a contestar.

─Si, ¿recuerdas que el profesor Hudson nos invitó a unirnos al equipo de americano de la escuela?

─Oh, eso ─Nick carraspeó después de entender la indirecta de Dominic ─. Si...Digo. Sí. Si pienso unirme. Cuando menos presentar las pruebas para entrar ─contestó tratando de recuperar su tono hosco después de lucir confundido ─. Después de todo era pateador en mi antiguo equipo.

─Yo era mariscal ─Dave rió comiendo sin percatarse de la reacción de Nick ─. Era demasiado pesado pero a la entrenadora le encantaban mis pases. Az siempre evitó que me dieran unas palizas enormes. Conquistamos un título cada año mientras jugamos ─para Nick todo aquello era una bofetada tras otra.

─Yo también puedo ser mariscal de campo. Es sólo que jamás había aplicado para ese puesto ─Dominic miró de reojo su mandíbula tensa y su entrecejo fruncido ─. Y estoy seguro que también puedo ser un jugador estrella. ¡Ya lo verás! ─Apuró su desayuno y se levantó de la mesa tan rápido que Dave no supo qué pasó.

Cuando Nick se perdió tras el umbral Dominic cerró los ojos y suspiró, pasándose la mano por la frente, dejando que sus esperanzas de ver a sus dos hermanos mayores conviviendo de buena manera se esfumaran con su aliento. Dave se despidió tenso y marchó. Dominic se quedó solo en medio de ese ambiente tan cargado, de pronto, el vaso donde Nick había estado bebiendo jugo, se cuarteo y de la nada se hizo pedazos ante sus ojos.

Asustado intentó pegar un salto fuera de la silla pero sus pies se enredaron el uno con el otro provocando su caída. Se arrastró por el suelo y boqueó, exhalando un grito ahogado al escuchar el sonido de pasos acercándose a él a toda velocidad.

─¿Dominic? Coño, ¿qué pasó?

No contestó. Nick lo llamó una vez tras otra hasta que Dominic pareció escucharlo, pero a pesar de eso no le contestó. Tenía el rostro blanco y los ojos abiertos como platos, y aunque estaba deseoso de saber que carajos le había ocurrido optó por ofrecerle un abrazo, una mano para levantarse y tiempo para recuperarse.

Cuando las mejillas blancas de Dominic adquirieron algo de color partieron directo a la escuela con la duda de Nick bailando sobre sus cabezas.


Dave estaba en mangas de camisa después de haber estado todo el día hablando con cada uno de sus directivos y escuchar sus opiniones. Faltaban dos horas para la salida y se sentía muy cansado pero con miles de ideas girando en su cabeza. Sonrió cuando golpeó la puerta de diseño, inconscientemente de alisó la camisa de seda verde e intentó acomodarse la corbata pero Kurt Hummel fue más rápido.

─Señor Hummel.

─Jefe Karofsky ─Cuando Kurt Hummel le abrió la puerta lo recibió con un audífono en el oído izquierdo y una sonrisa ladina en el rostro. A pesar de ser un día de trabajo común y corriente el diseñador iba vestido con innegable elegancia: unos entallados pantalones negros que le lamían las piernas, una camisa blanca abotonada hasta el cuello, un chaleco de terciopelo azul ceñido a su cintura y un atractivo saco color onix con dos llamativas franjas color índigo a la altura de los hombros. Todo coronado con un broche plateado cerca del corazón y unos zapatos mocasines negros─. Había perdido la esperanza de que pasara a verme hoy. ¿Debo tomarme como ofensa que sea a la última persona que visita?

Dave boqueó y de pronto se sintió terriblemente mal vestido.

─Su oficina es la última. Lo siento ─Dave echó una ojeada a la computadora de Kurt ─. Esos no se ven diseños muy industriales.

De un instante a otro notó como la expresión de Hummel se ensombreció. Apresuró el paso hasta su ordenador, le echó un último vistazo a sus creaciones y abrió un nuevo archivo con varios diseños industriales. Entre las notas de pie rezaban los materiales que él sugería serán los más propicios para tal o cual tarea. Para el calzado de dama sugería emplear tacones cortos, corridos o flats, incluso modelos oxford; para los varones, en cambios, lo mocasines y ciertas zapatillas deportivas estaban entre las sugerencias.

A pesar de la simplicidad del diseño la sugerencia de material era exquisito y adecuado y Hummel se esforzó por hacer que se diferenciaran los unos de los otros: la forma y brocado de las hebillas, los patrones sutiles impresos en la piel, pequeños detalles en color…

─Son estos─ Dave notó que el tono coqueto que había empleado cuando llegó se había evaporado para ser sustituido por una voz segura, contundente, digna de un buen vendedor ─. Son los diseños innovadores de los que le hablé ayer. Los he presentado a los anteriores jefes de planta pero suelen rechazarlos. Los diseños son muy radicales para la empresa; eso fue lo que dijo Martin cuando supo de ellos ─sus últimas palabras fueron más calmadas acompañadas por una media sonrisa ─. Pero su opinión vale tanto como un billete falso. Usted es el jefe, ¿qué opina, señor Karofsky?

─Nuestra empresa se dedica al calzado para el uso rudo. Calzado para personas que trabajan duro y necesitan las normas de seguridad establecidas. Aunque creo que tus diseños pueden abrirnos otros mercados, te prometo que le haré llegar la propuesta al señor Adams. Tal vez hagamos un estudio de mercado. Estos ─Dave se tomó el atrevimiento de remover la mano de Kurt y abrir la pestaña anterior ─, son bastante ambiciosos. Prácticamente de diseñador opulento.

─Esa era la intención ─Dave notó como un rubor había salpicado las mejillas de Hummel. Éste era tan notorio como cierto brillo que iluminaba los ojos verde azules─. Y gracias por considerar mostrarle la propuesta de mis diseños al señor Adams. Estoy en deuda con usted ─Hummel carraspeó para aclararse la garganta, cerrando los ojos por unos instantes como si tratara de recuperar la compostura ─. En cuanto a los diseños de uso rudo ─apartó la mano de Dave del mouse para abrir un nuevo archivo, tomándose más tiempo del necesario en el roce entre sus pieles ─. Estos son los modelos de los que usted habla. Aquellos que cumplen con las regulaciones de seguridad.

Dave realmente no entendía la emoción de Kurt. Como jefe, lo mínimo que debía hacer era decirle a los Adams sobre los proyectos de sus empleados y hacerles notar que los chicos trabajaban duro. No entendía porque los otros no habían llevado las ideas a oídos de los Adams, aunque si era un poco mal pensado, aún quedaba mucha gente homofóbica en el mundo.

─Le haré tres preguntas señor Hummel ─dijo después de ver el trabajo de Kurt ─. ¿Hasta dónde pretende llegar en esta fábrica?

─No muy lejos ─admitió tras calmarse, recargando su peso en su pierna derecha ─. Tanto como se pueda en un año.

Dave asintió, iba a ser duro dejar de ver ese pedazo de hombre pero entendía que la gente como Hummel quisiera emigrar hacia Nueva York.

─¿Cómo se siente trabajando en esta fábrica? ─esa pregunta dibujó una sonrisa fastidiada en su rostro.

─Fastidiado. Aburrido. Sin muchas oportunidades de crecer hasta donde yo quiero ─aseguró ─. Le queda una pregunta, jefe. Deme con todo lo que tenga ─era un poco frustrante para Kurt ver la cara de poker de su jefe, era como si el tipo no riera jamás.

─¿Qué espera de mí? ─Esas eran sus tres preguntas básicas y se las había hecho a todos los ejecutivos de la fábrica.

─Eso no importa. Acaba de exceder mis expectativas ─ante la expresión interrogante de Dave, Kurt continuó ─. Cuando lo vi pensé que era un hombre atractivo y estirado tratando de ganarse a sus trabajadores con una actitud firme pero agradable. Laboralmente hablando deduje que cumpliría con sus responsabilidades al pie de la letra, como todos, y al llegar a mi departamento toda su estima o aparente interés por mi persona se esfumaría apenas viera lo molesto y testarudo que soy con mis diseños extravagantes.

─Buscar una oportunidad mejor nunca podrá ser una extravagancia. Va muy bien señor Hummel, no deje que nadie le haga creer lo contrario ─Dave observó su reloj ─. Bien, ¿algo más?

─Si. ¿Lo que quiero de usted se limita al aspecto laboral? ─Ronroneó Hummel recuperando su tono coqueto.

Dave pensó en esas miles de películas porno que sus amigos le recomendaban. Dave las odiaba, todas empezaban con una escena similar esa, donde el jefe aceptaba el coqueteo y luego venía una mamada fingida, una follada aún más fingida y unos ruidos estridentes que le provocaban lástima más que excitación. Aunque en ese momento no le molestó para nada la idea de recibir una buena mamada de Kurt, hacía mucho tiempo que no estaba con un hombre y se veía que Hummel era un puto amo en esos menesteres.

─Personalmente intentaré siempre tener la puerta abierta para cualquier sugerencia señor Hummel ─Dave le dio un pase de torero impresionante. Resistirse a alguien como Kurt era como para recibir un corazón púrpura ─. Estaré en contacto con usted ─Dave salió de la oficina y sonrió. Después de todo no estaba tan mal si alguien como Kurt le estaba coqueteando, aunque cabía la posibilidad que Hummel tuviese malos gustos.


Para la hora del almuerzo Dominic encontró a Nick bañado en granizado de uva apartando una mesa para ellos dos. Fue por su comida nada apetitosa, se sentó a su lado y lo abrazó, escuchando poco después las réplicas de Nick de como a ninguno de los maestros parecía importarle que sus alumnos lucieran bañados con granizados todos los días.

─¿Le tienen miedo a sus alumnos? ─ Dominic no los culpaba si así fuera ─ ¿Qué tal tu día?

"Un infierno". Pensó Dominic pero decidió mentirle a su hermano para no generar más problemas.

─Bien ─. Supuso que Nick no le creyó pero le siguió la corriente.

Nick le informó que después de clase el entrenador le pondría un examen para entrar al equipo.

Dominic, en cambio, se encerró en el baño, echándole un vistazo a su reflejo por enésima vez. Aún allí podía escuchar las burlas; si cerraba los ojos podía visualizar las miradas acusadoras siguiendo sus pasos y los golpes de aquella mañana todavía le dolían. Estaba seguro que su cuerpo sería una oda a los moretones una vez que terminara la semana. Por más que lo intentó no logró remover en su totalidad el color azul de su piel. Tenía los labios pálidos y su camisa color hueso estropeada.

Aunque fuera muy cobarde no salió de ese baño hasta que Nick le avisó que las pruebas habían terminado. Se encontraron fuera de los probadores y marcharon juntos, Nick emocionado y Dominic feliz por él, tan sólo esperando que el actual mariscal de campo no hiciera nada radical en contra de Nick si este era escogido en su lugar.


Nick tiró su lápiz, estaba harto y aburrido, le gustaban las matemáticas pero la forma de hacerlo en McKinley era tan pesada y tan aburrida que estaba empezando a odiarlas. Tiró su espalda sobre la silla y cerró los ojos. En un momento su silla resbaló y él cayó, una de las maderas del piso se había roto con el impacto.

─Genial ─gruñó. Levantó la silla e intentó arreglar la madera del piso.

Un trozo había caído, metió la mano y la retiró de inmediato. Se asustó al sentir algo distinto a la madera. Cogió su teléfono e iluminó el agujero, vio algo que parecía ser un libro y rió pensando en lo tonto que había sido al asustarse por un libro. Lo tomó y lo empezó a hojear indistintamente.

La pasta era negra. Las hojas estaban amarillentas y viejas, tenía un olor extraño. Era una mezcla del tiempo y la humedad a la que seguramente había estado expuesto el libro. Pudo notar una fecha 28 de febrero la de 1986. En la primera página tenía una frase curiosa: Quizá has acabado con tu pasado pero tu pasado no ha acabado contigo.

─¿Nick? ─Los golpes de Dominic lo hicieron sobresaltarse. Dejó el libro sobre su escritorio y le abrió a su hermano.

─Dime.

─Dave ya llego ─Nick asintió haciendo una mueca.

Esa noche Dave volvió a preguntar sobre su día y ellos volvieron a mentir pero esa noche Dave confirmó que algo no andaba bien cuando Dominic le rehuyó a su mirada y Nick lo enfrentaba con más furia, como si por primera vez tuviera algo que reclamarle.

─¿Y cómo te ha ido a ti en el trabajo? ─ Dave se sorprendió ante la repentina pregunta de Dominic ─. Ni ayer ni hoy nos has comentado nada acerca de eso. ¿Es muy complicado ser el gerente?

─Es divertido en algunas cosas. Sobre todo cuando escuchas nuevas ideas y puedes hacer enojar al tipo que quería tu puesto. Pero es extremadamente estresante.

Dominic lo acribilló con preguntas, una cada vez más curiosa que la otra. Le preguntó acerca del hombre que quería su puesto, del por qué era estresante, incluso escuchaban con atención aunque no entendieran gran parte de lo que decía. Dave pudo notar que, aunque intentaba parecer aburrido, Nick también lo escuchaba con cierto interés.

─No es por nada pero ¿cómo se pueden tener nuevas ideas relacionadas con calzado de trabajo? Todos son iguales ─Dominic les sirvió a cada uno un trozo de pay de queso con fresas que había comprado de regreso a casa.

─Parece que nuestro joven diseñador tiene mucho tiempo libre y está haciendo cosas espectaculares.

─Tal vez no le gusta lo que hace ─Dominic y Dave miraron a Nick algo impresionados. Nick, en cambio, parecía ignorarlos mientras picoteaba su postre ─. No le guste trabajar allí porque no es precisamente lo que él esperaba. Tal vez haya escogido ese lugar por la paga.

─Es una posibilidad ─Dominic lo apoyó, sonriendo alegre por el notorio avance.

─Su padre está enfermo. Él vino de Nueva York para cuidarlo así que si lo más seguro es que éste ahí por la paga.

Conversaron por quince minutos más antes de que Dominic y Nick pasaran a retirarse. Dave se sorprendió gratamente cuando, al menos Dominic, se acercó a darle un abrazo de despedida.


Kurt Hummel

Por medio de la presente le informó que las ideas sobre los nuevos proyectos desarrollados por usted ya están en manos de Frank Adams para su análisis.

Sin más por el momento, muy atentamente suyo:

D P K

CEO

Hummel releyó el mensaje al menos una docena de veces antes de asimilar el contenido. Se relamió los labios, cogió las llaves y cerró la oficina del taller. Al entrar a la casa encontró a su padre sentado y dormitando en el sofá.

Sonrió y lo besó en una mejilla. Por más que Kurt le hubiera dicho que entre Finn y él se alternarían la tarea de abrir y cerrar el taller Burt Hummel se empecinaba en hacerlo él o, cuando menos, estar despierto para ello. Saludó a Carole mientras esta preparaba el desayuno y se fue de largo escaleras arriba hasta su cuarto dispuesto a darse una ducha antes de ir a la fábrica.

La fábrica. Tan solo de pensar en ella se sentía aburrido. Había aceptado el trabajo como diseñador de la planta porque, no mucho tiempo atrás, su padre sufrió un ataque cardíaco. El médico le ordenó reposar y mejorar su alimentación y Burt, casi a regañadientes, aceptó. Sin embargo el tratamiento de Burt no era precisamente barato y su madrastra Carole con su sueldo de enfermera no podía costearlo. Kurt se encontró en la necesidad de encontrar un buen empleo con una buena paga en Nueva York, sin embargo no tuvo suerte. Kurt decidió volver a Lima dispuesto a conseguir cualquier empleo y poder cuidar a su padre. Su hermano Finn había escuchado hablar de que se solicitaba un diseñador en una empresa de calzado de uso industrial y Kurt no tardó en aplicar. Fue aceptado pero el trabajo le parecía aburrido, monótono y poco creativo; la gente era desabrida, homofóbica y sin personalidad; y los gerentes le infundían tanto respeto como la mierda de paloma.

"Aunque no éste..."

Kurt pensó en su nuevo jefe y en el correo que acababa de leer mientras el agua fría le lavaba el sudor. David Karofsky era un hombre un par de años mayor que él, atractivo y, si no era gay, podía apostar toda su ropa Praga en que era bisexual. Ningún hombre hetero se le quedaba viendo las nalgas cada que se le presentaba la oportunidad. Pero por sobre todo, Dave le provocaba curiosidad. Era severo pero justo, tenía un sentido del humor que parecía congeniar con el suyo y lo sorprendía. Ajeno a lo que él había esperado de Karofsky el hombre se interesó en sus diseños personales y le propuso hablar con el señor Adams. Aunque Kurt no le creyó en ese momento agradeció sus palabras, pero ahora que había cumplido su promesa estaba feliz y anonadado.

Hasta cierto punto se sentía decepcionado de no poder hablar con él, y de un par de asuntos más; pero ese correo le daba una excusa perfecta para poder dirigirle la palabra.

Salió de la ducha, analizó su guardarropa tenía que vestirse para herir de muerte.

Cuando bajó su hermano y su padre desayunaban y Carole iba de salida al hospital. Los besó en la mejilla, se despidió de su madre y se sentó a desayunar, escuchando distraídamente a Finn y a su papá hablando de la escuela donde su hermano trabajaba.

─Ya que Rachel, Mercedes, Blaine y unos más piensan regresar a Lima en vacaciones Puck y yo pensamos que sería inspirador para los chicos del coro escuchar a los campeones del coro de McKindley de hace unos años.

─¿Eso me involucra a mí también? ─la mirada de Finn lo hizo reír ─. Si no debo de trabajar ese día, me apunto.

─¡Eso sería maravilloso! Se me acaban las ideas para subirles el ánimo a los chicos ─ Finn frunció las cejas ─ muchos de mis chicos están siendo destrozados. Uno de los nuevos que parece seguir en el closet la pasa muy mal, pero cuando intento hablar con él, me evita.

─Si sigue teniendo problemas el día de la presentación intentaré hablar con él.

Apuró su desayuno, le pidió a Finn que cuidara a su padre y se marchó.


Kurt llegó a la oficina casi barrido. Saludó a sus compañeros con su sarcasmo, dejó sus cosas en su oficina y caminó con paso firme y apresurado hasta el despacho de Dave, tocando un par de veces la puerta y esperando respuesta.

─Adelante ─Dave no prestó demasiada atención a la persona que estaba entrando a su oficina.

─Si no lo conociera tan bien diría que me está ignorando ─Kurt bromeó; cerró la puerta a sus espaldas y miró a Dave apoyando la espalda en la puerta.

─Lo siento ─se puso de pie instintivamente y de pronto se sintió ridículo ─, pensé que era mi asistente. ¿En que puede ayudarle señor Hummel? ─Dave colocó su poker face que era inquebrantable.

─En nada. Vengo a agradecerle ─La voz de Kurt fue melosa, casi seductora. Cuando Dave no pareció hacerle caso se rió. Le habría gustado entrever alguna reacción ─. Es en serio, jefe Karofsky. Vengo a agradecerle por mandarle mis diseños al señor Adams. Leí su correo esta mañana.

─Suelo cumplir mis promesas señor Hummel, además sus ideas me resultan bastante buenas. Tiene mucho talento.

─Eso ya lo sabía pero es bueno escucharlo de alguien que no soy yo. Comenzaba a pensar que mis personalidades múltiples eran las únicas que apreciaban mis dotes.

─Claro que no. Usted tiene mucha madera, le vamos a extrañar cuando se vaya ─tal vez una mamada de agradecimiento no estaría nada mal, pensó Dave observando los labios de Kurt muy discretamente.

─No me quiera echar tan pronto, aún le queda aguantarme diez meses más ─Kurt le tendió la mano ─de todas maneras gracias, señor Karofsky. Sería bueno verlo fuera de la oficina, para variar.

─Ah… ─¿Le estaba pidiendo una cita? Coño. Dave tenía tiempo sin estar con un hombre, su última relación había sido con una hermosa chica de Texas que se había ido destrozándole el corazón. Claro que por alguna extraña razón siempre había disfrutado más el sexo con los hombres y su polla lo estaba recordando en ese momento ─. Tal vez… ─el sonido de su móvil interrumpió sus respuesta. Cuando vio la fotografía de Dominic lo tomó de inmediato ─. Lo siento, es mi hermano, tengo que tomar la llamada. Estamos en contacto.

─Estamos en contacto ─Kurt le apretó la mano, le sonrió y se marchó, recriminándose a sí mismo de donde había sacado el salir con su jefe ─.

"Pero ya me rechazó, así que dudo que pase de esto" se dijo a sí mismo mientras se perdía por el pasillo.

─ ...y el profesor Hudson dijo que era muy importante que los padres de familia vinieran. Es algo así como...un informe de los profesores de cómo nos ha ido en este semestre. Nosotros llegamos un par de meses tarde pero el maestro dijo que eso no es de importancia. Sé que estás muy ocupado y por eso quería saber si podrías venir.

─Claro que sí. ¿Cuándo es? ─Había perdido la oportunidad de una mamada pero sus hermanos eran más importantes.

─Pasado mañana ─Dominic admitió avergonzado ─. Íbamos a decirte antes, pero lo olvidamos ─. Pero Dominic sabía que aquello era una mentira. Nick y él estaban decididos a no informarle nada a Dave por temor a que algún profesor mencionara sus crecientes problemas en la escuela; pero tras una amenazante advertencia de parte de la entrenadora Sylvester no les quedó de otra que informarlo.

─Genial. Así podré dejarme la barba para verme mayor ─Dave bromeó. Se sentía de buenas, y era por Kurt. Para que se engañaba.

Intercambiaron un par de bromas hasta que el sonido de una voz burlona tras Dominic los interrumpió.

─Dave, tengo que irme. Nos vemos en casa ─Y, sin más, colgó, dejando a Dave un poco sorprendido.

Dave observó el móvil extrañado. Después de todo era muy buena idea ir a la escuela de los chicos y cerciorarse de que McKinley era lo que le habían dicho.


Dominic guardó su móvil después de la llamada con su hermano. No podía creer que el tiempo hubiese pasado tan rápido. La escuela había sido dura a lo largo de ese mes y su incorporación al coro de la escuela no había aligerado su carga. Los primeros días fueron los más duros. Había llorado con cada golpe, cada granizado en la cara y cara palabra cargada de mofa y odio hacia su persona. Con el tiempo trató de parecer imperturbable, no aceptaba ni negaba ninguna de las acusaciones e incluso a veces les hacía frente a varios jugadores del equipo de fútbol antes de cumplir con su nada glamoroso destino. Claro, eso no significaba que no le dolieran.

Nick, por el contrario, no lo había pasado tan mal. Siendo escogido como el pateador del equipo y aspirante a mariscal de campo la gente lo respetaba. Obviamente muchos de sus compañeros lo molestaban por haber aceptado también estar en el club del coro, pero las puyas eran menos crueles y constantes.

Con el paso de los días descubrió que no era el único del que se mofaban. Varios chicos, entre ellos Jorah, Allison, Scott y Luka, eran víctimas de los ataques de los populares.

─¿Estás bien? ─Dominic asintió ausentemente frunciendo el entrecejo mientras hacía un recuento de los golpes en su cuerpo. Tenía el torso, los brazos y partes de las piernas tapizados con hematomas: algunos nauseabundamente amarillentos y otros preocupantemente morados, casi negros ─. ¿Trajiste una muda de ropa? Creo que yo tengo una camisa de manga larga en mi casillero.

─Te debo un favor – Dominic lucía avergonzado con su rostro enrojecido por el granizado de cereza y los ojos irritado al entrarle hielo en ellos. Jorah cabeceó y le apretó un hombro.

─Iré por ella –. Vio a su amigo salir y cerró la puerta a sus espaldas. Respiró hondo, se miró al espejo y se permitió sentirse acabado.

─Nos consideran escoria social ─ Jorah le explicó en su segundo día en el coro. El chico piel negra, una cabeza y media más alto que él, de sonrisa fácil y con una facilidad envidiable en el baile ─. Eso no cambiará. Pero lo que debes hacer es recordarte que no lo eres. El que ellos lo griten no significa que tengan razón ─. Fue por él que Dominic procuró intentar hacerles frente, pero por más que lo intentaba terminaba sintiéndose igual de cansado, derrotado y débil.

─¿Piensas que el profesor Hudson le diga algo a mi hermano?

─Estoy casi seguro ─Eso era a lo que Dominic temía ─. Cosas similares pasan desde que él estaba en el colegio. Su hermanastro lo pasó tan mal como tú, tal vez peor. Seguramente piensa que sea lo mejor para tí y Nick y no hay manera de que no le hable de todo esto. Ni aunque se lo ruegues. Tal vez deban de hablar con él antes de que se entere por un tercero.

Dominic asintió ausente, miró su reloj y le recordó a Jorah que debían volver a clase. Salieron a los pasillos y agradecieron que no hubiera nadie alrededor. Jorah lo abrazó por los hombros, le revolvió el pelo y lo hizo enrojecer antes de marcharse, dejándolo a él tratando de decidir si lo mejor era hablar con Dave antes o después de que su maestro conversara con él.


Nick se dejó caer en su silla con una toalla en la cabeza, una camisa holgada y calzoncillos limpios. Estaba agotado por las prácticas de fútbol. El entrenador Puckerman era incansable y, tras haberle pedido que lo considerara como mariscal de campo, el hombre era más duro con él; quería pensar que era porque veía madera de líder en él y no porque quisiera verlo caer.

Echó un vistazo a su ordenador y frunció el entrecejo, tenía mucha tarea que hacer y no tenía ánimos de empezar. Resignado se agachó, abrió una gaveta y se dispuso a sacar los libros que necesitaba cuando su mirada se desvió hasta el libro cubierto de cuero negro que había encontrado a pocos días de haberse mudado.

Apretó los labios, tomó sus libros y cerró el cajón con un poco más de fuerza de la que debió. Allí estaba de nuevo esas ganas imperiosas de tomar el libro entre sus manos y perderse entre sus páginas. Sentía curiosidad por saber el contenido de esas páginas, por descubrir el por qué de la frase escrita en la primera página o lo que tuviera que decirle la persona que lo escribió. Estaba casi seguro de que era un diario y aunque cierta parte de él le decía que hurgar en las posesiones de otros era incorrecto, la otra le aseguraba que a un muerto no le iba a importar que leyera su diario.

─ Ésta es una locura, tengo cosas más importantes que hacer ─Abrió sus libros, puso algo de música y trató de concentrarse en su tarea de álgebra, pero por más que lo intentó su mirada siempre regresaba al cajón donde el libro estaba, aguardando por ser leído.

Por varias horas estuvo así, con su atención volando de sus deberes al diario. No fue sino pasadas de las ocho que terminó, estirándose y recordando repentinamente que tenía hambre.

─Pero no comeremos nada hasta que Dave llegue─ rumió con falsa molestia, revisando su celular y confirmando que Dave les decía que llegaría un poco tarde esa noche.

Las olvidadas ganas de leer el misterioso libro se renovaron y en vista que ya no había nada que pudiera detenerlo cogió el diario.

La primera hoja estaba vacía, amarillenta, y antigua. El tiempo había marcado la hoja con manchas y las esquinas ya estaban algo mordidas por las termitas. En la siguiente hoja estaba la frase que tanto le había gustado, incluso le parecía que las letras pulcras estaban más marcadas. Estaba seguro que habían utilizado una finísima pluma fuente, él mismo tenía una que su padre le había regalado en su cumpleaños.

La siguiente hoja empezaba con la fecha: 26 de febrero de 1986.

Hola amigo, tengo demasiadas cosas en mi mente y he decidido empezar a plasmarlas. Creo que lo primero que debería hacer es presentarme. Mi nombre es Lucas Reynolds, todos me llaman Luke y lo odio. Mis padres me dieron un nombre y así es como todos me deberían de llamar.

Claro que mis padres parecen haber olvidado mi nombre, incluso parecen haber olvidado mi existencia y todo es porque no soy tan bueno como mi hermana mayor: Elisa.

A pesar de que es sólo es un año mayor que yo, ella no ha dejado de ser la adoración de mis padres porque es perfecta. Es tan duro vivir a la sombra de ella, de su inteligencia, de su angelical sonrisa, de su hermosura casi etérea, no hay en ella nada que no sea magnífico.

La amo pero al mismo tiempo quisiera destruirla. ¿Eso es posible querido amigo?

Nick dejó de leer, sintió que la lectura era tan poderosa que lo atraía demasiado, lo cerró y lo dejó en su cajón. Iba a continuar después, tenía que hacerlo, había algo en las palabras de Lucas que lo atrapaban.

─Nick, es hora de cenar... ─sintió que Dominic le tocaba el hombro.

─No necesitabas asomarte. De hecho pudiste haber llamado a la puerta ─le dijo algo molestó.

─Eso hice pero parecías no escucharme. Pensé que tenías los audífonos puestos ─Nick se reprendió internamente por su respuesta. Carraspeó, se puso de pie y abrazó a su hermano por los hombros.

─Lo siento, estaba leyendo el libro de Juego de Tronos que me prestaste y me distraje. Es bastante absorbente, la verdad ─eso fue suficiente para que Dominic se distrajera y comenzara a preguntarle en qué parte iba. Por suerte llevaba leído algo de la novela y pudo contestarle mientras bajaban los escalones.

Cuando vio a Dave acomodado en la cabecera de la mesa recordó a Lucas y tragó saliva con dificultad. Sus palabras retumbaban en su cabeza, como si hubiera leído algo que él mismo hubiese pensado.


El fic será actualizado los viernes por la noche o los sábados por la mañana.

Espero que les guste.