Capítulo 2: EL CAMPAMENTO DE HAGRID
—¿Qué te atacó quién? —preguntó sorprendida Hermione. Estaban en el gran salón tomando el desayuno. Alex leía "El Libro Reglamentario de Hechizos, nivel 6" y Ron comía todo lo que veía por delante.
—Um mabo enbapuchado cob um buchibo — dijo Ron embuchado.
—Un mago encapuchado con un cuchillo —tradujo Harry.
—Yo solo lo vi cuando salió por la puerta —dijo Ron, cuando finalmente tragó la comida.
Al cabo de un rato, las lechuzas mensajeras llenaron el salón. Hermione recibió su ejemplar de El Profeta y Alex recibió un pequeño paquete con una carta.
—Me lo mandó —exclamó Alex abriendo el paquete—. Es el libro de la historia de Estados Unidos —dijo a Hermione—. Si quieres, te lo presto.
—¡Claro! —dijo Hermione—. Me encanta leer.
—¿Por qué a las mujeres le gustan tanto leer? —susurró Ron. Harry se encogió de hombros.
Después del desayuno, fueron hacia la primera clase, la clase de pociones que quedaba en una de las mazmorras del castillo. Todos se sentaron en sus respectivos lugares.
—Veo que tenemos una alumna nueva —dijo fríamente Snape mirando a Alex—. ¿Cómo te llamas?
Alex se puso de pie torpemente.
—A... a... Alexandra Spence —balbuceó Alex poniéndose colorada—. Sí, ese es mi nombre...
—Ojalá, señorita Spence, que no sea tan mala alumna como algunos... —dijo Snape mirando a Harry y Ron—. Hoy comenzaremos con la poción multijugos. ¿Alguien sabe para qué sirve esta poción?
Hermione, Harry, Ron y Alex alzaron la mano. Snape, ignorando a Hermione, apuntó a Harry con el dedo.
—A ver, Potter, veamos qué sabe...
—La poción multijugos sirve para cambiar la apariencia física de quién la bebe.
Snape agitó su varita y la preparación de la poción apareció en la pizarra.
—Solo copien, no la vamos a hacerla, porque está prohibida por el Ministerio de la Magia. ¡Ah! Luego les diré el resultado de sus MHB. —Después de toda la clase copiar la poción, Snape dictó los resultados comenzando con los de Slytherin— ...Malfoy, tiene una E... Parkinson tiene una S... Crabbe tiene un A... Goyle tiene un A... —después de unos cuantos minutos, comenzó con los de Gryffindor con cara de asco— ...Granger tiene una E... —dijo monótonamente— ...Longbotton tiene una S... Patil tiene una A... Thomas tiene una S... Finnigan tiene una S... una A tiene Brown... Weasley tiene una S —Ron casi cae de la silla de tan contento— ...y Potter tiene una E —dijo Snape con cierto mal humor. Harry sonrió—. Señorita Spence, ¿Usted tuvo MHB en su colegio?
—Ehhhh... sí —dijo, poniéndose de nuevo colorada—. Me saqué una E.
En ese momento, tocó el timbre y todos salieron atropelladamente. Harry, Ron, Hermione y Alex se dirigieron al salón de la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras para conocer al nuevo profesor, aunque Ron andaba quejándose que quería ir a comer al gran salón. Alex lo miró con reproche.
—Disculpen, no voy con ustedes —dijo Hermione—. Necesito ir a la biblioteca.
—Voy contigo —dijo Alex.
—Entonces vine aquí para nada —dijo Ron enojado.
—Vamos nosotros —dijo Harry golpeando la puerta—. Ojalá que no sea igual a los anteriores, excepto Lupin.
—Chicas... son todas iguales —suspiró Ron.
Entraron en el aula donde encontraron al mismo mago que estaba en el banquete.
—Hola —saludó el mago amablemente—. Ustedes son... —miró unos pergaminos que estaban en su mesa—... Weasley y Potter, ¿no? —ambos asintieron—. Soy el profesor Michael Spence.
—¿Tiene algún parentesco con Alex? —preguntó Harry curioso.
—Es mi sobrina, ¿la conocen?
—Infelizmente sí —susurró Ron a Harry.
—Sí —contestó Harry. El profesor miró a Ron, sonrió, cerró sus ojos y su pelo quedó colorado igual al de Ron—. ¿Usted es metamorfomago?
—No, soy metamorfoanimago.
—¿Y qué es eso? —preguntó Harry.
—Puedo cambiar mi apariencia, pero también puedo convertirme en cualquier animal que quiera —se transformó en un tigre y luego volvió a su forma original—. Es divertido.
Tocó el timbre y los alumnos de Gryffindor y los de Ravenclaw entraron precipitadamente al salón. Harry y Ron buscaron un lugar en la primera fila y Hermione y Alex se sentaron al lado de los dos. El profesor Spence se aclaró ruidosamente la garganta y toda la clase hizo silencio.
—Yo soy el profesor Michael Spence y les daré clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. En este año practicaremos bastante la defensa. Weasley, ¿qué es a lo que más temes?
—A las arañas —dijo Ron mirando con recelo al profesor.
El profesor se achicó hasta convertirse en una tarántula peluda. Harry vio que Ron corría su silla hacia atrás, mientras el profesor saltaba hacia el pupitre frente a Ron.
—Atácame —dijo la araña—. Usa el maleficio que quieras.
Ron alzó la varita con la mano temblorosa y dijo en un susurro:
— Pe... Petrificus totalus!
Antes de que el maleficio lo acertara, el profesor se transformó en humano otra vez y bloqueó el conjuro lanzado por Ron.
—Muy bien, Weasley, pero tienes que controlar el miedo, sino el conjuro puede transformarse en algo perjudicial para ti. Bueno —se dirigió a su escritorio y agarró unos pergaminos y dijo—, tengo sus resultados de las MHB y parece que a todos les fue bastante bien.
Después de decir los resultados de las MHB de los alumnos de Ravenclaw, comenzó a decir de los de Gryffindor:
—...Granger tiene un E, parece que es muy buena alumna —Harry vio que Hermione se sonrojaba—. Weasley tiene una E —Ron soltó un suspiro de alivio—, y Potter tiene una E. Ahora les daré un cuestionario sobre lo que aprendieron hasta ahora. Supe que tuvieron problemas con los profesores anteriores, pero trataré de conseguir que aprendan bastante en este año —pasó por todas las mesas y repartió las hojas con el cuestionario—. Ahora tienen 30 minutos para hacerlo y... ¡comiencen!
Harry leyó la primera pregunta ("Cuál es el conjuro de desarme") y le pareció bastante fácil. Mojó su pluma y comenzó a escribir. Pasados los treinta minutos, el profesor Spence recogió las hojas y antes de que tocara el timbre dijo:
—Estudien el capítulo uno del libro "Los monstruos oscuros" para la próxima clase —en ese momento se escuchó el timbre y todos salieron—. Potter, Spence, necesito hablar con ustedes.
Harry miró a Ron y a Hermione.
—Nos encontramos en el gran salón —dijo Ron y luego susurró—. Cuidado con ella...
Harry se limitó a sonreír y fue al escritorio del profesor Spence, donde Alex y el profesor conversaban animadamente.
—Ah, Harry —dijo el profesor cuando lo vio—, Dumbledore me pidió que les enseñara oclumancia a ustedes dos.
—¿A ella también? —preguntó Harry con cierta curiosidad.
—Ella te ayudará. En su escuela le enseñaban legeremancia y oclumancia, así que practicarás con ella. Los espero hoy a las cinco.
Harry salió de la sala con Alex hacia el gran salón, donde los esperaban Hermione y Ron. Se sentaron y comenzaron a charlar.
—¿Qué hay esta tarde? —preguntó Harry.
—Cuidado de Criaturas Mágicas —dijo Hermione rápidamente—. Ojalá que Hagrid no nos haga cuidar alguna criatura peligrosa, aunque no me molestaría de los thetrals de nuevo.
—O cuidar a Grawp —comentó Ron—. ¿Con quién tenemos?.
—Con Slytherin —dijo Harry con voz apagada.
Terminaron de comer y se dirigieron a la cabaña de Hagrid. El día estaba nublado y Hagrid, para sorpresa de Harry, no estaba con ningún animal, sino que estaba sentado en un tronco con Fang.
—Hola, Harry —dijo cuando llegaron—, ¿nueva amiga? —preguntó mirando a Alex.
—Soy Alex Spence —dijo ella.
—¿Qué estudiaremos hoy? —preguntó Hermione mirando hacia todos los lados.
—Tengo una sorpresa para ustedes —dijo sin dar más detalles.
Llegaron los otros alumnos de Gryffindor y de Slytherin.
—Potter, veo que conseguiste otra idiota para andar contigo, ¿no? —Harry se dio vuelta y quedó cara a cara con Draco Malfoy, que iba escoltado, como siempre, por Crabbe y Goyle.
—¡Más idiota serás tú, estúpido! —dijo Alex cortante—. ¿Por qué no vas a dar un paseo con el calamar gigante?, te hará bien, principalmente si te come...
Malfoy no se inmutó.
—Miren, el pequeñito Potter necesita que una estúpida chica lo defienda... pobrecito...
Harry apretó los puños, enojado, preparado para responderle, pero Hermione lo interrumpió:
—No le hagas caso, es un...
¡PAF!
Todos miraron a Alex, que había dado un puñetazo en el medio de la cara de Malfoy.
—Te voy a... —gritó Malfoy, pero se calló al ver a Hagrid acercándose.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó, pero nadie le respondió—. Bueno, no importa. Tengo una noticia: este fin de semana haremos un campamento para estudiar los animales nocturnos y los que viven en campo abierto.
Hubo muchos gritos de aprobación y Harry notó que Malfoy no estaba muy contento con eso. Pasaron toda la tarde viendo los preparativos para el campamento que sería realizado en los alrededores de Hogsmeade. Cuando volvían al castillo, Harry oyó que todos comentaban de la pelea entre Alex y Malfoy.
—Fuiste muy valiente al enfrentar Malfoy —dijo Hermione.
—Sí, eres la mejor chica que he conocido —dijo Ron, Hermione lo miró con cierto desprecio—, siempre supe que eres la mejor.
Fueron a la clase de la profesora McGonagall, que daba transformaciones. En las MHB, Harry y Ron se sacaron una S y Hermione, como siempre, una E.
Después tuvieron la clase de encantamiento con el pequeño profesor Flitwick y los tres se sacaron una E en sus MHB. Harry estaba un poco ansioso para tener la clase de oclumancia.
Al llegar las cinco, Harry y Alex se dirigieron al despacho del profesor Spence.
—Hola, chicos —dijo el profesor—. Qué bueno que vinieron. Bueno, comenzaremos. Alex, ponte enfrente a Harry; y tú, Harry, quédate en este lado del escritorio.
Harry se puso enfrente a Alex, que solo los separaba la mesa. Alex levantó la varita y lo mismo hizo Harry.
— Legeremens —dijo Alex y Harry vio algunos momentos de su vida pasando por delante de sus pensamientos. Sintió su cuerpo pesado y cayó.
—Harry, no te estás esforzando —dijo el profesor al terminar el efecto del hechizo— Antes de que Alex entre en tu mente, tienes que protegerte.
—Lo intentaré —miró a Alex que se preparaba de nuevo. Harry se puso de pie.
— Legeremens.
— Protego! — gritó Harry y en ese momento vio a una niña de cuatro años de cabellos negros observando por detrás de una puerta a un grupo de hombres encapuchados que apuntaban con sus varitas a una mujer rubia, con los mismos ojos azules de Alex, muy hermosa, que cerraba la puerta de la habitación para proteger a su hija y luego, una explosión.
— Rictusempra! —la voz de Alex sonaba en su mente.
Harry sintió el impacto del hechizo y cayó al piso. Al cesar el efecto, Harry abrió los ojos y vio a Alex que parecía estar a punto de llorar. De repente, ella salió del aula. Harry quedó observando el rellano de la puerta. Esa debería ser la madre de Alex a quien mataron los mortífagos. Ahora, ya se había dado cuenta porque Alex odiaba tanto a Voldemort: él había mandado matar a su madre.
—¿Qué pasó? —le preguntó el profesor Spence.
—Vi como murió su madre —contestó Harry poniéndose de pie.
—Harry —dijo el profesor—. Ver la muerte de sus seres queridos fue algo muy doloroso para ella. Tú ya debes saber eso, ¿no?. Será mejor no comentarle nada.
—De acuerdo —contestó Harry.
—Y si no te importa, seguiremos otro día.
—Está bien.
Harry salió y fue a la sala común de Gryffindor, donde encontró a Ron y a Hermione haciendo los deberes que había mandado el profesor Flitwick.
—¿Ya terminó? —preguntó Ron—. Pensé que estarías toda la tarde.
—Alex se sintió mal, y se fue —explicó Harry.
—¿Qué pasó? —preguntó Hermione preocupada.
Harry contó lo que había visto. Cuando terminó, Hermione sorprendida, dejó caer el frasco de tinta y Ron quedó contemplando el libro de "Encantamientos, nivel 6" sin decir nada.
—Pero, ¿por qué los mortífagos mataron a la madre de Alex? —preguntó Hermione intrigada.
—No sé —dijo Harry.
Nadie dijo más nada y Harry comenzó a hacer los deberes.
El fin de semana llegó rápidamente. Harry, Ron y Hermione no comentaron nada con Alex de lo que Harry había visto. En la mañana del sábado, después de prontos los preparativos para el campamento, Hagrid llevó a los alumnos de Gryffindor y de Slytherin a acampar.
En el camino a la zona del bosque que iban a acampar se encontraron con unas criaturas del tamaño de Quaffles, de color verde amarronado, con miembros cortos que le hacían difíciles sus desplazamientos.
—Estos son los Mathelycos, ¿alguien sabe lo que hacen? —preguntó Hagrid.
Harry no se sorprendió cuando Hermione alzó la mano.
—Protegen a las plantas contra las plagas.
—Excelente, Hermione, cinco puntos para Gryffindor.
Al llegar al local todos comenzaron a levantar las carpas, pero en el momento en que terminaron de armar la primera cabaña se escuchó un grito proveniente de algún lugar por entre los árboles. Harry, Ron, Hermione y Alex corrieron hacia allá y vieron que Neville retrocedía, manteniendo la vista en una serpiente que estaba erguida, lista para atacar.
—La... la pisé sin querer —dijo Neville con la voz temblorosa—. Fue sin querer...
Alex se aproximó de la serpiente y se agachó. La miró y silbó, pero Harry comprendió lo que ella dijo:
—El chico no te vio. No le hagas nada. Pero, por las dudas, no andes por aquí, hay muchos humanos y pueden hacerte algo.
Para sorpresa de todos, la serpiente se alejó lo más rápido que pudo y se escabulló por entre los pastos. Alex se puso de pie, miró a Neville y sonrió.
—No te hará nada —dijo ella—. Pero más cuidado la próxima vez.
Neville, atónito, corrió hacia el campamento pálido y sin decir nada.
—¿Hablas pársel? —preguntó Ron con voz débil.
—No tenía muchos amigos —dijo ella tristemente—, todos tenían miedo de mí solamente porque hablo con las serpientes...
Alex comenzó a correr en dirección al campamento, pero cuando pasó por Harry, este la tomó del brazo.
—¿Por qué siempre te vas así? —Harry la miró en los ojos y un dolor agudo recorrió su cicatriz. Harry soltó a Alex, que salió corriendo. El dolor se hacía más fuerte.
—¿Qué te pasa, Harry? —preguntó Hermione preocupada.
—Me duele la cicatriz —contestó, frotándose la frente con la mano. Los tres volvieron al campamento. Hagrid conversaba con Neville, que todavía estaba pálido.
El día pasó tranquilo. Alex todavía no había aparecido, cosa que preocupó a Hermione. Por la noche, Harry y Ron fueron a la cabaña de los chicos a dormir.
Harry se acostó, pensando en por que le había dolido la cicatriz. Luego de unos minutos, durmió. Soñó que estaba en el cementerio donde había renacido Voldemort. Vio a Alex atada en la misma lapide que él había estado años atrás. Voldemort la apuntaba con la varita.
—Hazlo, tendrás que hacerlo, te lo ordeno —tronó Voldemort.
—¡No, no lo haré, él es mi amigo! —gritó Alex—. Puedes hasta matarme, pero no haré lo que me pides...
— Crucio!
Harry escuchó el grito de dolor de Alex; buscó su varita, pero no la encontró. Sintió que se alejaba, veía a los dos cada vez más distantes. En la oscuridad resonó la carcajada de Lord Voldemort. Quería hacer algo, pero no conseguía.
—Harry, despierta —Harry abrió los ojos y vio a Ron—. Estabas gritando "déjala" sin parar...
—¿Dónde está Alex? —preguntó Harry de inmediato, levantándose de la cama bruscamente.
—Creo que en la cabaña de las chicas —contestó Ron—, ¿por qué?
Harry se vistió y corrió hacia la otra cabaña seguido por Ron y golpeó la puerta. Hermione la atendió soñolienta.
—¿Qué quieres?
—Alex —preguntó Harry bruscamente—, ¿dónde está?
—Ahora que lo mencionas, ella todavía no ha venido...
—Entonces Voldemort la tiene. Yo los vi. La obligaba a hacer algo que no quería. Tenemos que encontrarla...
—Harry, talvez sea otra trampa del Innombrable —dijo Ron.
—¡No!, yo los vi y ella no está aquí. Voldemort la atrapó.
—Harry, Ron tiene razón, talvez sea una trampa, como aquello de la profecía...
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Hagrid aproximándose con una farola en la mano.
—Harry vio que Voldemort está con Alex —contestó Hermione.
—¿Dónde está ella? —preguntó Hagrid preocupado.
—No lo sabemos —contestó Ron—. Esta desaparecida desde hoy de mañana. No la he visto en todo el día.
—Tenemos que decir eso a Dumbledore. Mañana de mañana...
—¡No! —interrumpió Harry—. Alex corre peligro. Tenemos que ir ahora. Harry, decisivo, se dirigió hacia el castillo a pie.
—¡Espera! —gritó Ron, cuando Harry estaba a lo lejos—, vamos contigo.
Ron y Hermione corrieron para alcanzarlo. Harry estaba concentrado en salvar a la chica. Por su culpa habían muerto Cedric y Sirius, pero de esta vez salvaría a Alex. Caminaron rápidamente hasta llegar a los portones de Hogwarts. Harry comenzó a correr. Atravesó el patio y siguió por los pasillos hasta llegar al de Dumbledore. Pararon delante de la gárgola de piedra.
—¿Sabes la contraseña, Harry? —preguntó Ron.
—No —contestó.
—Tenemos que intentar —apremió Hermione.
—¿Qué hacen aquí? —la voz de la profesora McGonagall se escuchó tras ellos.
—Precisamos hablar con Dumbledore —dijo Harry tenso— Es urgente, por favor...
La profesora vació por un momento, pero cedió.
—Cerveza de mantequilla —dijo. La gárgola se movió y los chicos se subieron en ella.
Cuando la escalera paró de girar, Harry golpeó la gran puerta de roble. Esta se abrió y los tres entraron silenciosamente.
—¿Qué pasa, Harry? —Dumbledore bajaba por las escaleras que estaba cerca del escritorio. Llevaba un camisón largo de lana y un gorro de dormir—. Son la una de la mañana, ¿no deberías estar acampando?
—Profesor —se apresuró a decir Harry—, Voldemort tiene a Alex.
Harry contó rápidamente cuando Alex habló con la serpiente y del sueño que había tenido.
—Harry —dijo Dumbledore calmamente —, hay cosas que nadie sabe sobre Alexandra Spence. Cosas que ni tú ni nadie imagina.
—¿Qué cosas?
—El sueño que tuviste fue un aviso. Por ahora no les puedo decir nada —miró a los tres por encima de sus lentes de media luna. Fue hasta su escritorio y se sentó. Juntó las yemas de sus dedos y continuó—. Alex es una chica que guarda muchos misterios.
—Profesor, a la madre de Alex la mataron los mortífagos, ¿por qué?
—Lo descubrirás luego —Dumbledore sonrió —Alex está en la enfermería, se sintió mal, no va a volver al campamento.
Harry se sintió como si le sacaran un peso de encima. Alex estaba a salvo, pero, ¿cuáles serían los secretos que guardaba? Salieron del despacho y fueron hacia la torre de Gryffindor.
—Viste, no era nada como para preocuparse —dijo Ron.
Pero Harry no estaba muy convencido.
