Bueno, aquí está el siguiente capítulo.
Y gracias por comentar, siempre me pone muy contenta :)
Lo siento si tengo faltas de ortografía, tampoco me importa si me las corregís, es más, estaría bastante agradecida.
Siempre lo había sabido y Lady Stark se lo recordaba constantemente. A veces le gustaría poder decir a la mujer que no hacía falta que se lo repitiese, no era algo que se pudiese olvidar, lo que eres. Pero, aparte de que sería lo más grosero que decir y los bastardos no podían permitirse algo así, no podía decírselo por un simple hecho, de vez en cuando si lo hacía, si se olvidaba.
¡Y esa no era la peor parte! Cuando esos momentos pasaban, tenía la certeza de que pertenecía a una familia, una completa y verdadera, no "media" familia.
Claro que sabía que Robb lo apreciaba como hermano, sin embargo, él conocía su posición y el hecho de que tenía un estatus superior, que Jon no podría alcanzar nunca. Era divertido pasar tiempo con él, pero también un constante recordatorio de que si su vida estuviese en peligro, Robb, no sería uno de los primeros en arriesgarse tanto por él como para poner en juego su vida. Por eso eran medio hermanos.
Y su padre parecía cuidarlo tanto como a sus hijos, sin embargo, él estaba ocupado mucho tiempo dirigiendo el Norte, por lo que tampoco lo veía tanto como a él le gustaría. Pero Jon sabía que su padre lo quería y que lo protegía de casi toda la furia de Lady Stark, por lo que estaba muy agradecido. Sabía que se preocupaba por él mucho, de verdad, pero, la mayoría de las veces, sentía como si hubiese un pequeño muro fino que estaba allí, en medio de los dos, recordándole algo a su padre que Jon no podía ver, y, aun con todo su esfuerzo, jamás lograría traspasar para que lo viese como sus otros hermanos. Por eso él también era su media familia.
Luego estaba Sansa que… bueno, Sansa podía ser una gran excepción en su casi familia, porque ella emularía siempre los pasos de Lady Stark y lo trataría con frialdad. Quizás no tanta como se esperaría en otro bastardo de otra familia, pero ella no lo veía como familia, sino como un conocido cercano, y él, siendo completamente sinceros, tampoco sería capaz de considerarla una hermana.
Después estaba Bran, el más pequeño de la familia, aunque pronto iba a dejar de serlo, también pelirrojo (como casi todos los niños Stark). A él no se le podía contar todavía demasiado, era apenas un bebé, que tenía que depender de su madre para ir a casi todos lados, por lo que Jon no lo veía demasiado y, además, Lady Stark parecía aún más cariñosa con él que con sus otros hijos (incluso un poco más que con Sansa, que la iba persiguiendo de lado a lado como un perrito) y por tanto, parecía guardarlo con mucho celo de las manos de Jon, como si fuese a secuestrarlo o algo así. Por eso, aun a pesar de que le quería, seguían siendo medio hermanos.
A Lady Stark ni la contaba, sería una pérdida de tiempo y de imaginación (imaginación para ver algo donde no lo había).
Y aun así seguía quedándose callado cuando la madre de sus medio hermanos le recordaba lo que era y lo que no tendría jamás (un sitio en su familia) y continuaba olvidándose, de vez en cuando, su estatus de bastardo. Y todo por ella.
Ella era pequeña para su edad, escuálida, con muy poca educación (si es que tenía alguna), rencorosa y vengativa, sobre todo con Sansa… Vamos, muy poca cosa, por lo menos a primera vista. Pero, a pesar de todo, era la única que le había aceptado plenamente en su familia, desde la primera vez que la vio y se rió, desde la primera vez que observó su carita de bebé, desde la primera vez que ella lo miró.
La sensación de no ser un bastardo empezó allí y, a partir de entonces, cada vez que estaba en su presencia, a solas, donde nadie más lo veía con ojos de reconocimiento para lo que era, había como un velo que los cubría y se sentía de verdad plenamente aceptado y no de una mala manera.
Para Arya, Jon no era el bastardo de Lord Eddard Stark, ni la mancha en el honor del siempre impecable Ned, ni una astilla en el costado de Lady Catelyn. Para ella, Jon era su familia, muchas veces, la más cercana familia, más que incluso su padre, con el cual siempre había tenido una extraña afinidad que ninguno de sus hermanos había poseído ni lo haría nunca.
Ella le hacía olvidar las miradas, las palabras, los insultos, el trato… ¡Incluso a Lady Stark! Con ella no tenía una medio familia, la tenía de verdad, por eso siempre sería su persona favorita. Y no solo era él quien lo pensaba, afortunadamente.
Arya iba a él cuando se raspaba una rodilla o se caía, cuando tenía dudas acudía a él, si lloraba o se sentía triste corría hacia Jon, pero no solo eso, había momentos en que él mismo no se sentía bien, ya fuese por su madrastra o por ser bastardo o por estar enfado con él mundo, daba igual, simplemente, cuando estaba deprimido, Jon también iba a Arya y ella se comportaba extraño (como algunas veces) y ya no era una niña pequeña que pensase que era el centro del mundo y todo el mundo era feliz. En esos momentos, se sentaría con él, en el Bosque de Dios o algún rincón solitario y le diría palabras de consuelo que no solían salir de la boca de un niño tan pequeño, le acariciaría el pelo, incluso de vez en cuando cantaría algo, lo que no se le daba tan mal como parecía (para su desastrosa educación como una dama).
Y por eso confiaba en ella más que en cualquier persona. Claro, había unos cuantos temas, cosas que solo hablaría con Robb, porque era de su edad y eran cosas de chicos, como quien era la niña más bonita que alguno de ellos conocían, o cosas de mayores, que estaba seguro de que Arya no comprendería y, por tanto, no compartía con ella. Pero los secretos importantes, sus pensamientos más profundos, solo los hablaría con ella y Arya, a veces poco comprensiva con un montón de cosas, veía su punto de vista y lo aceptaba, ocasionalmente abriendo o cerrándole puertas que no había contemplado antes.
Por eso ella, a pesar de su imperfección, para él siempre sería perfecta, su hermana de verdad, su familia sin un "media" o un "casi".
Aun así, sabíendo que ella era la persona que más lo conocía de todo el mundo, Jon no lo hacía como ella. Arya parecía saber de hasta el último recoveco del alma de Jon, sin embargo, él, en ocasiones, ni si quiera estaba seguro de saber ni la mitad de ella.
Estaban esos raros momentos, como cuando lo consolaba, que sacaba un lado de ella completamente desconocido para él e instantes en que miraba al espacio o actuaba de un modo extraño, uno que no sabía definir, y lo perdía completamente. Y ese lado de ella era uno que Jon no estaba muy seguro de querer conocer, porque muy de vez en cuando, iría llorando a su lado, buscándolo furiosamente hasta encontrarlo, inconsolable, hasta que lo veía, ni si quiera hablaba con él en esas raras ocasiones, solo lo observaba desde cierta distancia, como si no estuviese segura de acercarse y ver algo que ni él sabía.
Esos episodios habían pasado más de una vez y delante de unos cuantos, como Lady Stark o su padre o algunos de las personas en el servicio, como el maestre Luwin, que la habían visto correr a toda velocidad y, curiosos, habían ido en pos de ella al llamarla y no responder, viéndola pararse en seco cuando lo divisaba, algo que él también notaba, aunque se hacia el tonto. En el mismo momento en que sus ojos se clavaban en él se tranquilizaba y su postura tensa se iba, lo contemplaba por unos minutos, normalmente suspirando y se daba la vuelta, marchándose lejos, sin hablar con Jon, como si no hubiese pasado.
Por eso abundaban unos pocos rumores, que se acallaban rápidamente después de las miradas de sus señores, sobre ella, que no había logrado escuchar nunca.
Pero lo que importaba de todo eso es que ella lo hacía sentir querido y perteneciente a algo, a pesar de que no todo lo conformaba ella y no siempre estaban juntos, como en ese instante, que estaba en unas clases aburridas con el maestre Luwin (Unas que no debería de tener por su condición de bastardo, pero que su padre se había obstinado en que tuviese).
–…Y la casa Tyrell ¿Qué dónde está? – preguntó el viejo maestre, mirando a Robb (junto con quien, Jon, daba las clases).
– En Altojardín – respondió sin dudar, pero con cara de sueño.
Jon no podía permitirse parecer aburrido, por lo menos demasiado, porque los bastardos no podían comportarse tan superiores como para que eso les pudiese aburrir y las clases eran algo que no concedían a muchos como él.
– Bien, bien ¿Y su lema cuál es? – volvió a dirigir su cuestionamiento a Robb (Jon creía que era para conseguir pillarle).
– Mmm… – dudó y parecía que lo que quería el maestre, en secreto, se concedió –. Es… Nunca doblegado, nunca roto.
Ni si quiera parecía que quisiese decir eso.
– Mal. Ese es el lema de la casa Martell – le rectificó el anciano, suspirando con cansancio y volviendo la cara hacia Jon –. ¿Podrías decirlo tú, Jon?
Se lo pensó un momento, para estar seguro, pero asintió con confianza.
– Crecer fuerte.
A él tampoco le pareció muy difícil, después de todo, los Tyrell parecían tener una especie de complejo por las flores, todo lo suyo tenía que ver que las plantas, "Altojardín", el escudo de una "rosa", lo de "crecer fuerte". Aunque el lema parecía más un recordatorio, para que no se olvidasen de regar las plantas que seguro que tenían allí, regarlas y crecerán fuertes. Seguro que alguno de sus hijos tenía nombre de flores.
– Así es. Como iba diciendo, la casa Tyrell, los que antes ostentaban el título de Gran Mayordomo de Altojardín de los reyes del Dominio, antes de la llegada de Aegon el Conquistador, que…
Uf, por supuesto que no tenía quejas de ir a las clases, pero le gustaría que fuesen un poco más cortas o divertidas, cualquiera le venía bien (y eso solo era una petición), porque el maestre Luwin tenía una voz muy monótona, que dormiría a cualquiera y desearía que acabasen las clases casi al instante de comenzarlas.
Estaba de verdad considerando si sería una buena idea coger la misma postura que Robb, el cual parecía estar bastante cómodo para echar una siesta, cuando Lady Stark apareció por la puerta.
No creía que pudiese estar tan agradecido con alguien que intentaba hacer su vida imposible, pero allí estaba su salvadora, de la que se sentía un poco agradecido (por no decir tremendamente) cuando pareció que de verdad se llevaría al maestre Luwin.
Al parecer, de lo que oyó mientras la señora intentaba ignorarlo completamente, Bran había cogido un resfriado y tenía una leve fiebre que quería que el hombre mayor revisase.
– Mañana seguiremos las clases – anunció, mirándolos solo un segundo antes de salir por la puerta, al remolque de Lady Stark.
Y, cuando salió de la habitación, Robb se levantó de un salto, con renovado vigor, y Jon podría haber besado a la madre de su hermano si le hubiesen dado la oportunidad.
Los dos niños parecían que no serían más felices en todos sus diez días del nombre.
– ¡Vamos al patio de armas! – casi corearon los dos juntos.
A partir de allí hicieron una carrera por ver quien llegaba antes a su destino. Una competición muy reñida y pareja, hasta que se cruzaron con alguien por el camino, que parecía estar intentando esconderse, por lo que había pasado imperceptible a la mirada de Robb, pero no a la de Jon, que vio el movimiento de su cuerpo en la oscuridad y se paró de inmediato, sin que el otro niño se diese cuenta, porque siguió hacia adelante.
Jon observó con aire sospechoso la oscuridad, que se había quedado completamente quieta.
– ¿Qué estás haciendo exactamente, hermanita? – sonó casual y no muy fuerte, pero para ella debió sonar como un grito, debido a que saltó bruscamente de su escondite, directa en la luz.
Arya tenía un rostro sorprendido, con los ojos de plató, sin embargo, cuando lo reconoció, eso fue sustituido con vergüenza y unas mejillas bien rojas, por la manera en que la había cogido desprevenida, aunque pronto se le pasó.
– Yo – se interrumpió, carraspeando con su voz aguda –. Estaba intentando… – pareció indecisa, a punto de contestar –. Nada. Nada de nada – finalizó, cambiando de idea.
Para sus cinco días del nombre parecía mucho más complicada de comprender que un niño pequeño normal.
– Puedes decírmelo, incluso te puedo ayudar – comentó, intentando alentarla con una sonrisa (parecía que ella siempre estaba más dispuesta a colaborar cuando sonreía).
– ¿Quieres ir a coger comida conmigo? – dijo, devolviéndole el gesto y mostrando sus pequeños dientes de leche.
Él amplió su sonrisa y asintió con la cabeza, toda idea de ir con Robb o saber que le pasaba a Arya desaparecidas de la cabeza (nadie podría echarle la culpa, era un niño en crecimiento y, bueno, tenía hambre).
– Esperó que haya tarta de frutas – era un día caluroso de verano, a Jon le apetecía algo fresco.
– Y después podemos ir al Bosque de Dios a comérnoslos allí – planificó la niña mientras se dirigían hacía un pasillo a la derecha, donde había una puerta, para entrar a las cocinas –, por ese sitió no va a entrar mi madre.
Aunque Jon veía poco probable que Lady Stark saliese de la habitación de Bran en todo el día, si lo que había dicho era cierto, no hizo comentario alguno, también quería ir allí, le gustaba el lugar. Y pronto estuvieron saliendo de la fortaleza con toda la comida que habían podido coger.
Cuando pasaban por el patio de prácticas Jon vio a Robb observando y hablando con Theon Greyjoy, un niño, un poco mayor, que su padre había llevado como pupilo y que a Jon no le gustaba nada, tal vez y solo tal vez, porque se burlaba de él casi constantemente que estaba en su presencia.
– Venga Jon, no te distraigas – siseó con reproche su hermanita, tirando de él como podía, porque tenía las manos repletas de cosas.
– Ya voy, ya voy.
Se apresuraron hacia el bosque, sin cruzarse con nadie por el camino. Pasaron del árbol arciano hacía un claro detrás de este, donde no estaba el estanque de agua y allí se acomodaron, uno en frente del otro.
No tardaron en devorar las cosas más sabrosas con las que se habían hecho sus manos, mientras reían y se contaban historias, como Arya cuando le informó de varias cosas que le había hecho a Sansa recientemente o quejándose de ella, porque era uno de los temas favoritos de la niña.
– Es que ni si quiera sé porque le gustan tanto las canciones de caballeros, todo el rato, ella y Jane Pool están suspirando por alguno.
– Y no te olvides del príncipe Joffrey.
Su hermanita dio un resoplido más propio de un caballo que de una dama.
– También hablan de Trystane Martell, que es hijo de un príncipe y de todos los que sean como uno ¿Pero tiene alguna idea de cómo es uno? – rodo los ojos exagerada –. Solo de las estúpidas canciones.
Su ira crecía cada vez más e hizo todo lo que pudo para calmarla.
– Bueno da igual. De todos modos no te enfades tanto, tú tampoco conoces a ninguno, puede que alguno sea tan terriblemente cursi que empiece la guerra por una chica – lo ultimó debió habérselo tragado antes incluso de hablar (Jon estaba pasando por una etapa de no mucho gusto por las niñas, menos por su hermana, claro).
Arya pareció escupir fuego helado de los ojos cuándos se clavaron exclusivamente en él.
Te puedo asegurar que no son los príncipes los que comienzan guerras – murmuró más acida que un limón –. Pero no vamos a ir por esos berenjenales – hizo una pausa y luego suspiro, empezando a arrancar cosas del claro y jugar con ellas. Jon no le prestó mucha atención a eso –. Solo digo que ella no reconocería a un príncipe ni aunque lo tuviese enfrente de su nariz.
Todos los tonos infantiles que hubiese podido tener salieron de ella con un soplo de aire y la amargura relleno su voz, como si a ella de verdad le importase algunas cosas de ellas cuando lo había odiado toda su vida, desde que tenía uso de razón.
Se quedaron un rato callados, Arya enfrascada en lo que estaba haciendo y Jon en sus pensamientos, porque la conversación no tenían ganas de seguirla ninguno de los dos, o eso pensó.
Estaban en el silenció relajado, cuando el niño se aburrió de ver el cielo, que se llenaba otra vez de nubes espesas, aunque el Sol aún no lo habían tapado, y, cuando se fijó en lo que tenía en sus manos Arya, no pudo evitar reírse, mientras la observaba acabarlo.
– ¿Qué pasa, hermanita, te estas convirtiendo en Sansa? – Preguntó burlonamente – ¿Qué será lo próximo? ¿Vestidos rosas, una mejora rápida con la aguja?
La vio levantar la vista, completamente terminado su trabajo y echar la cabeza atrás para reírse con él, divertida y no enfadada (como Jon esperaba).
– No, estúpido, esto es para ti – dijo levantándose y acercándose a él, que no se movió por la sorpresa –. Tu sí que deberías tener el babeó obsesivo de Sansa y Jane Pool – de repente puso una cara de asco y horror –. Mejor no, quita eso, yo jamás las dejaría, sí eso pasase yo misma les pegó en la nariz que seguro que duele – le garantizo a modo de tranquilizarlo, aunque eso solo le hizo reírse –. Pero eso si, quien se merece esto eres tú.
Luego le plantó en la cabeza una corona de rosas azules de invierno que había estado tejiendo todo ese tiempo, sonriendo orgullosa.
