Capítulo Uno


Reglas:

1. Harás lo que él diga, ese será tu trabajo.

2. Limpiarás vuestra casa. Bolsas para basura, trapeador, cubeta, escoba, esas son tus herramientas.

3. Le prepararás el desayuno todas las mañanas. Por el resto de tu vida.

4. No comerás ni beberás si él no lo ordena. Comerás después de que él lo haya hecho y solo las sobras.

5. Si el timbre suena significa que él ha traído una. Tienes diez segundos para abrir los cerrojos.

6. Cada noche él trae un periódico, al terminar de leerlo buscarás historias sobre personas perdidas, las recortarás bien y con cuidado, y las agregarás al álbum.

7. Con los tesoros: las licencias en el cofre y el dinero en la botella.

8. La televisión está prohibida para ti si él no te la ofrece.

9. Si alguien toca la puerta. Nadie lo hará.

10. Si le robas serás castigado. Si intentas escapar o no tienes limpia la casa serás castigado. Si lo pones nervioso o le estorbas serás castigado.

11. Él te llamará Reek. Él se llama Ramsay pero tú debes llamarlo padre.

Este es el mundo, el, tú y ellas... nada más.


Theon estaba guardando una licencia en el cofre cuando el timbre sonó. «Uno.» Sus piernas se movieron con rapidez, las cadenas al principio fueron un impedimento pero se acostumbró para que en vez de estorbar le fueran de ayuda. Y era una nueva, más ligera y larga que se enganchaba en la pared de la cocina, era tan extensa como el interior de la casa pero no eran suficientemente largas para dejarlo salir. «Dos. Tres.» El pasillo. «Cuatro.» La sala de estar. «Cinco. Seis.» La cocina. «Siete.» La puerta. «Ocho.» Dos cerrojos. «Nueve.» Tres cerrojos más. «Diez.» De regreso a la cocina, pegado a la mesada.

Los dedos de Ramsay jalaban unos largos cabellos rubios. Los gritos provenían de una mujer joven que pataleaba, dejó de hacerlo al ser arrojada al suelo, la cabeza le rebotó y logró un estrepitoso eco. Desde allí fue arrastrada hasta la habitación.

Al cubrirse la cabeza con la capucha del buzo se recostó en la cama y trató de dormir, no obstante, los gritos de la mujer eran muy fuertes y sobrepasaban la tela que cubría sus orejas. Las apretó con las manos y los gritos ya no se le clavaron con tanto ímpetu. Se escabulló debajo de la mesa, allí los ruidos no podían alcanzarlo y le fue de gran ayuda durante esos ocho años.

Entonces los gritos se detuvieron, no porque estuviera cubierto por la mesa sino porque realmente lo habían hecho. La puerta se abrió y en vez de ser los pasos de Ramsay los que se escucharon fueron los sollozos de la mujer. Ella corrió con tambaleos a la puerta en la sala de estar y al no poder abrirla fue hasta la cocina. Tenía menos ropa con la que llegó y cortes por todo el cuerpo, la sangre le adornaba la piel.

— ¿Cómo salgo de aquí?

Theon al notar que la estaba viendo agachó la cabeza y la ignoró. Ella siguió recorriendo la habitación buscando alguna salida, sabía que no encontraría ninguna, una vez el intentó hacer lo mismo y de mucho que le sirvió.

— ¿Por dónde? ¿Cuál es la salida?

Ella se le acercó, el corte en el pecho era amplio por lo que la sangre salía a trompicones. Más y más cerca, su respiración se agitaba, se alejó tanto como pudo —rezó para que Ramsay supiera que él quiso alejarse — y la mujer de todas formas le capturó los hombros.

— ¡Por favor, solo quiero irme a casa! ¿Cómo diablos salgo de aquí? Dime-

Y eso fue todo lo que escuchó, la voz se cortó y de un momento a otro la cabeza cayó. Un cuchillo se clavó en la parte posterior de esta, por donde los cabellos se juntaban en una coleta. Las manos en sus hombros lo soltaron y el cuerpo se derrumbó en el suelo. Y parado en la sala de estar se encontraba Ramsay.

—Una niña difícil. —Dijo al recuperar el cuchillo. —Ve por algo de alcohol, una aguja e hilo.

Ramsay se sentó en la cama y el por detrás, mojó el algodón con el alcohol y lo pasó por la herida debajo del ojo izquierdo. El corte tenía el mismo largo que el ojo, no tan ancho. Ramsay se retorció al momento en que el algodón se extendió por cada sección de la herida. Preparó la aguja, sus dedos temblaban y sudaban.

—Es más divertido cuando luchan. Ella sí que me dio pelea.

Su muñeca se apoyó en la mejilla y presionando la aguja con sus dedos comenzó a atravesar la piel. Unos pequeños huecos de adentro a fuera, la piel se levantaba al tener la aguja cubierta y a su vez esta se ensangrentaba.

— ¿Estas escuchándome, Reek?

—S-sí, lo hago.

—Muy bien, escuchar es bueno.

Tironeaba el hilo juntando las pieles separadas. Volver a clavar la aguja era la parte más difícil, debía controlar el temblor de sus manos y encontrar el lugar indicado para crear el hueco. Y quitarla de la piel era más cómodo, sus dedos se posaban en la piel auxiliándole al quitar la aguja.

—Y salió corriendo. Te ha dado más trabajo, Reek, ha llenado toda la casa de sangre.

Ató el hilo con cuidado, un círculo y se articulaban al final del corte. Ramsay frunció el ceño. Guardó el alcohol, el hilo y la aguja, y comenzó a fregar el suelo con sus viejos amigos el cepillo y la cubeta. El piso era lo más fácil, quitar la sangre del colchón y las sábanas era lo complicado. Una vez tardó una noche entera en quitar la sangre del colchón, estaba seca y adherida a las capas más profundas, y por ello fue castigado por retrasar el sueño de Ramsay.

Con la pala cavó un hueco del largo de la mujer y lo suficientemente profundo para que cupiera todo el cuerpo y la tierra encima de este. El hueco estaba próximo al de Kyra, cada año Ramsay le permitía llorarla. Las mujeres eran depositadas en la bodega, era una habitación que Ramsay agregó con paredes de chapa. Archivó la licencia en el cofre, se llamaba Violet, y el dinero en la botella, era poco. Arrastró a la mujer por la tierra, no quería ensuciarla y tampoco tenía la fuerza para levantarla en sus brazos.

En la cocina se enderezó, aunque mantuvo la cabeza gacha. Ramsay bebía una cerveza y apoyaba un brazo en un grueso libro.

—He terminado de limpiar, Padre. ¿Puedo dormir ahora?

—No, Reek, estaba pensando en que podríamos conversar. Trabajo todo el día y tengo poco tiempo contigo, debes sentirte solo sin nadie con quien hablar. Ven aquí, siéntate, tengamos un momento familiar.

Se sentó enfrente, sus yemas apenas se apoyaron en la madera, moviéndose con nerviosismo los dedos. Escasas oportunidades fueron las que se le ordenaron posponer su sueño, no se quejaba y no se permitía los bostezos. Ramsay ladeó la cabeza y se obligó a elevar sus ojos.

— ¿Quieres aprender cosas? —Le preguntó. —Porque saber es importante, de lo contrario los demás te van a pisotear. Yo se cosas que deberías aprender y no dejare que mi hijo sea un ignorante. —El libro se le fue acercado. —Tómalo, es para ti. Vas a estudiar y aprenderás.

— ¿Sobre qué? —Despacio sus dedos montaron el libro, era azul y de tapa dura.

—Sobre la gente, que es lo que tienen en su interior.

— ¿Por qué?

—Sin educación estas perdido. Has visto algunas cosas, te he mostrado algunas cosas pero no las has entendido. Armas rompecabezas, de esos que tienen la imagen fuera de la caja ¿cierto?

—Sí, lo hago.

Cuando era bueno Ramsay lo recompensaba con un rompecabezas, eran esos que se conseguían en cualquier tienda. Era minucioso al armarlos para que el cartón no se rompiera y pudiera usarlo más de una vez. No eran complejos, lograba armar tres en una misma tarde y de esa forma forzaba a Ramsay para que le trajera muchos más. Esos eran sus únicos juguetes además de la escoba.

—Las personas son así, imágenes en el exterior y piezas por dentro. Este libro es sobre el rompecabezas humano. Tú debes estudiarlo y aprenderás a despedazar a una persona, volverla a armar y entenderla. Así que estúdialo, solo estudia, ¿no querrás estar encadenado aquí el resto de tu vida, no?

—No, no. —Sus palabras salieron del agitado corazón.

— ¿No, verdad? Hay esperanzas aun para ti, estudia duro y luego tal vez podamos llegar a un acuerdo.

—Un acuerdo, ¿para qué?

—Para desencadenarte y salir, podrás traer a alguien. Ya creciste, creo que pronto querrás traer a una mujer.

—No haré rompecabezas, no quiero matarlas.

Theon lo pensó muy bien y soltó el libro, dándole un pequeño impulso hacia el otro. No era feliz teniendo que enterrarlas y menos lo sería si él tenía que ser el causante de ese entierro. No quería que la sangre ajena se le pegara en el cuero, no quería un cuchillo entre sus manos, no quería ser como Ramsay. Era más fácil ser Reek.

Ramsay suspiró y golpeando con los puños la mesa se puso en pie. — ¡Te estoy ofreciendo el obsequio de la sabiduría! ¡Y tú lo desprecias! ¡Estarás encadenado a esa pared toda tu maldita vida, muchacho! —Estaba cerca, muy cerca. Theon se encogió, sus hombros se levantaban y su espalda se encorvaba. —No iba a mostrártelo, pero ya que te comportas así. Mira eso, ese hombre es a quien llamabas padre.

La palma descansó en la mesa, de esta se descubría una foto. «Papá.» No lo recordaba así, ese hombre era muy viejo para ser su padre, aunque ese barco si lo recordaba. Todos los veranos la familia Greyjoy se embarcaba en el mar, iban a bordo del Silencio, el barco de su tío Euron.

—Está teniendo unas felices vacaciones, tiene una gran vida. ¿Lo ves? No es alguien que te echa de menos. —Ramsay le sostuvo y elevó el rostro, los dedos le apretaron las mejillas. —Solo me tienes a mí, a nadie más. —Le miró por un momento y finalmente lo soltó. —Ve, ve a la cama.

«Él no te echa de menos. No le importas.» Sabía que no era cierto, no podía serlo, no quería creer eso. «Él no te ha buscado y no te buscara.» El hombre en esa foto no era su padre, esas facciones no las recordaba. Quizás no lo reconocía por tanto tiempo trascurrido sin verlo y Ramsay no le mentiría, él siempre le decía la verdad.

—Quítate esos harapos. —Le indicó. —Quiero follarte, esa inútil no servía para eso.

Primero el pantalón, el buzo y la camiseta —anteriormente fue de Ramsay, estaba estirada y era grande para sus flacos huesos —, y por último la ropa interior. Ramsay día por media pedía lo mismo y no es que le molestara, era lo único que le gustaba de aquel hombre. En la cama se arrodilló, con sus palmas en el colchón arqueó su espalda hacia abajo y aguardó a que Ramsay se le arrimara.

El rostro se le enrojecía al estar al tanto de que los ojos de Ramsay se detenían en cada detalle de sus flacas piernas. Y esos gruesos labios estarían húmedos, brillantes por la saliva que los teñiría.

—Eres tan huesudo, Reek. Tu cuerpo no es lindo, necesitas comer más. —Le dijo, deseó que más tarde recordara esas palabras. —Vamos, haz algo para que mi polla se ponga dura, tus flacos huesos no son suficientes. Rápido, haz lo que te enseñé.

Ramsay le enseñó a hacerlo y muy pocas veces lo puso en práctica por lo que todavía le era dificultoso conseguirlo. Sus piernas se distanciaron, su cadera se meneó hasta desmoronarse en el colchón. Sus piernas tomaron una mínima subida y descendieron premurosas, una y otra vez lo mismo.

Su polla se rozaba con el colchón, la fricción le hacía gemir y le causaba la molesta hinchazón. Esa era la exclusiva forma que podía utilizar para frotarse por sí mismo, sus manos debían esforzarse para quedarse apartadas y no asistirle. Dependía de su cadera y de cuán rápido sus piernas pudieran moverse.

Y no bastaba con eso, no lo satisfacía lo rápido ni fuerte que se sacudiera, no alcanzaba el punto máximo de su clímax que le hacía eyacular. Necesitaba las brutas manos de Ramsay rodeando su miembro y apretándolo hasta forzar la salida de su semilla.

—Por favor, Padre, ayúdame.

— ¿Ayudarte con qué?

—Con mi polla. Ayúdame a venirme, Papi.

—Como tú desees, Reek.

El aire fue más caliente a medida que Ramsay acortó la distancia entre ambos. Theon no se atrevió a verlo, las manos le recorrieron la espina dorsal y se estremeció. Los dedos se atoraron en la punta, húmeda, y se extendieron con suavidad por el tronco. Subieron y bajaron, una vez apacibles, las demás hoscas y ásperas. No fueron más de tres de las posteriores para que su semilla brotara.

—Bien hecho, Reek. —Le oprimió el miembro hasta que todo el líquido terminara de prorrumpir. —Y ahora, ¿qué quieres que haga contigo?

—Fóllame. —Dijo con el tono que una queja tendría. —Lléname con tu polla, Papi.

Sus piernas regresaron a la posición inicial, no temblaban por miedo sino por la irritante espera. Ramsay le acomodó la pelvis y colocó la polla en su trasero, en el apartamiento de sus nalgas. La rigidez se deslizaba de arriba abajo, palpando su entrada en un movimiento de burla. Theon se mordió el labio inferior, le gustaba estar así, a la merced de Ramsay, no obstante, odiaba los juegos previos. Y no podía moverse para concluir con ellos, eso no sería del agrado del otro.

—Por favor, no me hagas esperar más. Por favor, fóllame, Papi.

—Oh mi niño sucio, si fueras más paciente lo disfrutarías más.

Ramsay simplemente empujó su cadera y abarcó la completa longitud de su entrada. Gritó, su cuello se estiró y su cabeza se inclinó hacia atrás. Sus dedos se encresparon, su boca se abrió y la saliva le corrió por las comisuras. Una de las manos de Ramsay se le plantaba en los cabellos y la otra en la cintura, las yemas se le clavaban y lo tiraban al otro cuerpo.

Una embestida tras otra, más bruscas y cerradas. Su interior ardía, la polla de Ramsay golpeaba su próstata haciéndole retorcer. No controlaba su voz ni sus labios, estos se sacudían sin dejarle agruparlos. La fuerza aumentaba y un minúsculo dolor aparecía, era insignificante al lado de la fruición. Que le gustara a tal medida le hacía sentir indecente.

Más profundo, una, dos o tres veces más y se acabó. El semen lo rellenó, Ramsay gruñó y de su boca se expulsó un prolongado gemido. El cuerpo contrario descansó en su espalda unos segundos, hasta que las respiraciones se normalizaron.

—Gracias, Papi. —Agradeció al momento en que Ramsay lo liberó y el frio vientre le lamió la piel del trasero.

—Duerme bien, mi dulce Reek. —Ramsay le besó la frente, después la nariz y la boca, tenía un gusto dulce en los labios y uno agrio en la lengua.


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