Teen Titans NO me pertenece ni sus personajes; a no ser si son O.C's inventados, éstos inventos sí me pertenecen.
Me sorprende ver que después de tanto tiempo, hayan personas que sigan leyendo esta historia... la verdad que no sé cómo expresar mi gratitud hacia ustedes :). Les agradezco mucho los reviews... ya había olvidado lo feliz y satisfecha de sí misma se siente una autora al recibir uno en alguna de sus historias.
De nuevo gracias a Red X; Lucila Wheeler; Asdfghjk 3; Allica . is'm... los reviews anónimos no podré responderlos por MP, pero sí por acá :)
No les quito más tiempo... disfruten de la lectura y recuerden: esta corrección es para arreglar ciertos traspiés, errores y algunas "exageraciones" en cuanto a las ganas de llorar de los personajes xD.
Capítulo II: Interrogatorio (Editado)
P.O.V Raven:
―... y entonces, cuando Starfire lanzó uno de sus disparos de energía hacia allí, el muy demente apretó el botón y la sala entera se vino abajo. ¿No es verdad, Star?
―¡Oh sí! Y nuestro amigo Chico Bestia se convirtió en un rinoceronte y apartó varios de los grandes escombros que habían caído desde el techo.
―Pf, no fue nada... ―comentó como quien no quiere la cosa él, observando el brillo de sus garras como si la respuesta a todos los misterios del mundo se hallase allí camuflada ―Cualquiera en mi lugar lo hubiera hecho.
―Después Robin logró detener al villano malvado. ―continuó la alienígena, juntando ambas manos sobre su regazo ―.Fue increíble, nuestro amigo logró que se hiciera justicia.
Me mordí los labios en un intento por no mandarlos a callar de malas maneras: al fin y al cabo, ellos habían ido hasta allí apenas regresaron de la misión solo para ver cómo estaba yo. Dirigí mi mirada hacia el artefacto que tenía inyectado en mi antebrazo, ofendida -hasta cierto punto, porque sabía que Cyborg había hecho todo para que yo estuviese bien sin importar qué- con el método invasor al que me habían tenido que someter. Todo era realmente frustrante.
No recordaba cómo llegué del cuarto hasta la enfermería, ni tampoco recordaba mucho qué fue lo que había sucedido momentos antes de mi desmayo. La confusión y la falta de información, eran para mí un insulto y para ser honestos, mi humor había comenzado a arder.
―Raven, ¿es la primera vez que usas una vía? ―La pregunta de Chico Bestia me regresó hasta allí, cortando mis cavilaciones. Asentí sin muchas ganas de hablar, en un gesto distante y poco amistoso. Él no captó la indirecta ―¿Te dolió?
―No lo sé. ―dije sin más, con mi típico tono de voz. Él frunció el ceño, confundido.
―¿Cómo es que no sabes si te dolió o no? ―volvió a la carga, rascándose la barbilla. Yo, por mi parte, cerré mis párpados, inhalando aire para poder juntar paciencia.
―Estaba inconsciente cuando Cyborg me enchufó esto. ―En un instante, rompió a reír.
―Enchufó. ―repitió, entre risitas tontas. Mis labios formaron una tensa línea: Azar, era un buen momento para irme a meditar y poner bajo control mis desbocadas emociones negativas.. o sino terminaría lastimando a quien no se lo merecía.
―Ugh, amigo Chico Bestia, ¿cuál es el término correcto, si no es "enchufar"? ―quiso saber Starfire con inocencia, volcando toda su atención sobre él. Y como cada vez que alguien ponía suma atención sobre él, se irguió sobre la silla y puso gesto interesante.
―Bueno Star, se dice "conectó". ―Rodé los ojos, arrepintiéndome ya que el gesto me provocó un sutil mareo ―¿Ves, Raven? También puedo decir cosas importantes, no solo chistes. ―me sacó la lengua, en un gesto infantil.
Estaba a punto de responderle con un comentario mordaz, cuando de pronto las puertas corredizas se abrieron, dejando al paso un aroma dulzón. Los tres nos giramos en esa dirección, curiosos; acto seguido, una silueta ingresó cargando consigo una bandeja con objetos encima, haciendo equilibrio con gran maestría.
―Buenas, Raven. ―saludó con respeto Robin ―Chicos, ¿que tal si van a asearse y luego, si así quieren, vuelven?
Starfire asintió sonriendo enormemente, emprendiendo vuelo hacia la salida. Chico Bestia la siguió, no sin antes ambos saludarme y decirme -para mi cierto desgano- que en un rato volverían. En cuanto los dos nos dejaron solos, el silencio reinó en la estancia.
―Menos mal... ―susurré, entrecerrando mis ojos con cansancio. Dirigí entonces mis orbes hacia el nuevo visitante, dudosa.
―Es hora de comer. ―notificó, dejando la bandeja sobre una de las mesas y acercándose hasta donde estaba acostada. Tocó unos botones de la camilla, y esta se subió hasta dejarme levemente inclinada en posición vertical. Volvió a tomar la bandeja, alcanzándomela, y yo la coloqué sobre mi regazo.
―¿Starfire tuvo que ver con esto? ―inquirí sin rodeos, señalando en un gesto con mi mentón al plato con galletitas recién horneadas. En otras palabras: no pensaba ingerir nada que Starfire hubiese preparado.
―No, no te preocupes. Cortesía de Cyborg. ―aclaró Robin, tomando una para probarla ―¿Lo ves?
Me quedé en silencio, y asentí. Bueno, al menos podía estar segura de que no me intoxicaría también: Cyborg era sin lugar a dudas, de los cinco, quien mejor cocinaba.
―¿Cómo estás? ―soltó entonces, bajando su tono de voz. Quité mis ojos de su anatomía, ciertamente enojada con la estúpida pregunta, y no respondí ―Lo siento... creo entender que la respuesta es obvia. ―se disculpó, rascándose la nuca avergonzado.
A decir verdad, no estaba enojada con él... estaba enojada conmigo misma. Por dejar que todos me vieran débil, por sentir que dependía de los demás. Yo no era así, y ahora me ocurría todo lo contrario. Quería que dejaran de traerme las cosas, que dejaran de «cuidarme» mientras dormía; que dejaran de estar pendientes de mí.
Todo era denigrante.
─El té lo hizo Cyborg, al igual que la masa. Dijo que es del que te gusta. ─hizo una pausa, esperando a que yo le dijera algo; al ver que no pensaba hablarle -por segunda vez-, prosiguió ―Debes comer un poco, él dijo que no desayunaste.
El aroma de galletitas recién horneadas llegó hasta mi nariz, llenándome los pulmones con delicia. Tenía hambre... y mucha. Aguardé algunos segundos, pensando en cómo reaccionar; no había sido muy educada con Robin desde que había llegado. Una ínfima y casi nula punzada de arrepentimiento, me obligó a responderle.
─Gracias... no tenían que haberse molestado. ─murmuré en un tono en el que casi ni se escuchó. Él asintió, captando mis disculpas indirectas por mis actitudes anteriores. Sin prisas, tomé una de las galletas que habían en el plato y empecé a comer. No podía negarlo: estaban muy sabrosas. Tragué paciente y miré a Robin, esperando un par de segundos más para hablarle ―Están buenas.
Dirigí mis ojos hacia mi taza de té, contemplando el humo vacilante con aroma a hiervas que se desdibujaba en el aire, y luego levanté la mirada hacia mi líder, deteniéndome en su rostro más tiempo de lo normal. Tenía manchas de tierra y algún que otro rasguño adornándole la mejilla, además del gran morado que probablemente le había provocado un golpe por parte del enemigo; él no había llegado de luchar contra el mal que ya había ido directamente a ocuparse de mi estado de salud, y eso era, sin dudas, un gesto que yo valoraba mucho.
Me sentí un poco violenta en cuanto caí en cuenta de que me había quedado viéndolo como una tonta, y proseguí a beber mi infusión, cortando cualquier lazo visual.
―Dime la verdad, Raven. ―esperé a que prosiguiera, sin denotar mi expectación ―¿Qué hiciste ayer que te dejó así?
Junté toda la paciencia del mundo para no lanzar el suspiro que casi escapa de mis pulmones, el cual le daría a entender lo mucho que me hastiaba tratar ese asunto.
―No hice nada. ―contesté con monotonía, volviendo a sorber un poco de té. Le vi morderse los labios, claramente reteniendo algunas palabras. Rayos... odiaba esa faceta suya, en la que tenía que cuestionarlo todo.
―No es costumbre que estés de este modo. ―dijo, como si quisiera explicarse ―Quisiera que comprendas que además de ser tu líder, también soy tu amigo... y que puedes confiar en mí.
Tuve suerte de no ponerme a toser allí mismo, pues luego de oír aquello, me atraganté con mi bebida. Una sensación desagradable quedó bailoteando en mi garganta, obligándome a carraspear con bastante fuerza.
―Creo que entiendo lo que quieres decirme. ―notifiqué con cierto calor instalándose en mis pómulos: no era mi estilo hablar sobre los sentimientos, y menos con Robin ―Solo que de verdad que no tienes de qué preocuparte. Ya estoy bien.
―Pero no te puedes curar, ¿no te parece sospechoso? ―recalcó aquel detalle, con su intachable característica detectivesca e ignorando mi intento por zanjar el tema de una vez.
―¿Insinúas que algo externo a mí podría haberme provocado esto? ―hice una pausa, arqueando una de mis cejas con fastidio ―Robin, no todo lo que ocurre en el mundo tiene que ver con los villanos. ―Mi comentario provocó lo que yo -secretamente- buscaba: fastidiarlo. No quería convertirme en una cretina con aquellos seres que lo único que buscaban era verme bien, pero mi límite ese día estaba rayando lo absurdo.
―Estoy preocupado. ―soltó, con una pizca de ofensa en su tono de voz. Eso no hizo más que avivar la llama de enfado que venía crepitando en mi interior ―No puedo ver a un integrante de mi equipo en este estado.
Una bombilla de luz explotó a lo lejos: ¡¿qué clase de hipocresía era esa? Cuando Chico Bestia caía enfermo de algo, Robin no se ponía así de pesado. Me sentía como si estuviera en la sala de un interrogatorio, Azar bendito.
―Ya estuvo bien. Al fin y al cabo, aún te quedan tres integrantes más, ¿no es así? Solo déjalo―rumié con mucho esfuerzo, y por fin comprendió que la charla se acababa allí mismo. Él estaba enfadado, y no hablemos de mí, porque ya había quedado más que claro que yo estaba a punto de salir volando lejos de todos esos pares de ojos que me observaban con lástima.
«Como si pudieras volar... no tienes poderes, ¿recuerdas?» me dije a mí misma.
De reojo, le vi ponerse en pie e iniciar el camino de regreso hacia los pisos superiores, fuera de la enfermería. Creí que se largaría sin decir nada, mas en el último trecho frenó su andar, asomando su cabeza por encima de su hombro y creando un silencio que zumbaba en mis oídos de forma desagradable.
―Me sorprende que digas eso, creí que eras inteligente. ―dijo aquello con claras intensiones de herirme el ego, teniendo éxito ―Tú y los chicos son más que unos simples integrantes para mí.
Se abrieron las puertas, dejándole el paso a la brillante luz del pasillo y luego se cerró, sin estar ya dentro del cuarto. Me quedé pensativa por un momento, un largo momento en el que pretendía adivinar qué sentía Robin en ese instante.
Una sensación de extraña incomodidad se instaló en mi pecho, haciéndome sentir algo arrepentida por mi comportamiento.
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Mayqui, ¡cambio y fuera!
